Manuel Gutiérrez Nájera

Manuel Gutiérrez Nájera

1859–1895 · vivió 35 años -- --

Manuel Gutiérrez Nájera fue un destacado poeta, cuentista y crítico literario mexicano, considerado uno de los precursores del modernismo en Hispanoamérica. Su obra, marcada por la elegancia, la musicalidad y la melancolía, abordó temas como el amor, la belleza efímera, la infancia perdida y la introspección. A través de un estilo refinado y un lenguaje cuidado, Nájera introdujo nuevas sensibilidades estéticas que sentaron las bases para la renovación de la poesía en el continente.

n. 1859-12-22 · m. 1895-02-03

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Para Entonces

Quiero morir cuando decline el día,
en alta mar y con la cara al cielo;
donde parezca sueño la agonía,
y el alma, un ave que remonta el vuelo.

No escuchar en los últimos instantes,
ya con el cielo y con el mar a solas,
más voces ni plegarias sollozantes
que el majestuoso tumbo de las olas.

Morir cuando la luz, triste, retira
sus áureas redes de la onda verde,
y ser como ese sol que lento expira:
algo muy luminoso que se pierde.

Morir, y joven: antes que destruya
el tiempo aleve la gentil corona;
cuando la vida dice aún: «soy tuya»,
aunque sepamos bien que nos traiciona.
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Biografía

Identificación y contexto básico

Manuel Gutiérrez Nájera (conocido también por su seudónimo "El Duque Job") fue un escritor mexicano nacido en Ciudad de México. Es una figura clave en la transición del Romanticismo al Modernismo en la literatura hispanoamericana.

Infancia y formación

Nació en una familia acomodada y recibió una educación esmerada. Desde joven mostró una gran inclinación por la literatura, leyendo vorazmente a los autores clásicos y contemporáneos. Su formación autodidacta fue fundamental para el desarrollo de su estilo literario.

Trayectoria literaria

Gutiérrez Nájera inició su carrera literaria en su juventud, colaborando en diversas publicaciones periódicas de la época. Fue uno de los fundadores de la prestigiosa "Revista Azul", un hito en la difusión de las nuevas corrientes literarias en México. Su obra se caracteriza por una evolución hacia la depuración formal y la sutileza temática.

Obra, estilo y características literarias

Su obra poética, aunque no muy extensa, es de gran calidad. Se distingue por su lirismo melancólico, la musicalidad del verso y la exquisitez del lenguaje. Temas recurrentes son el amor idealizado, la fugacidad del tiempo, la evocación de la infancia y la reflexión sobre la propia existencia. Utilizó formas clásicas como el soneto, pero con una sensibilidad renovada. Su prosa, igualmente cuidada, abunda en cuentos y crónicas de corte intimista y descriptivo.

Contexto cultural e histórico

Vivió en un período de profundos cambios en México, marcado por la influencia de las ideas positivistas y el auge del Porfiriato. Fue un agente activo en la vida cultural de su tiempo, promoviendo la modernización de las letras mexicanas y abriendo el camino a los poetas modernistas.

Vida personal

Su vida, aunque relativamente corta, estuvo marcada por una salud delicada y una profunda sensibilidad. Sus relaciones personales y sus reflexiones íntimas se plasmaron en su obra con un tono a menudo elegíaco y nostálgico.

Reconocimiento y recepción

En su época, fue reconocido por su talento y su influencia en los círculos literarios. Hoy en día, su figura es fundamental para entender el nacimiento del Modernismo en Hispanoamérica, siendo considerado uno de sus iniciadores.

Influencias y legado

Influenciado por poetas franceses como Gautier y Verlaine, Gutiérrez Nájera supo adaptar esas corrientes a la realidad y sensibilidad hispanoamericana. Su legado se encuentra en la renovación del lenguaje poético, la introducción de nuevas temáticas y su contribución a la consolidación de una identidad literaria propia.

Interpretación y análisis crítico

Su obra es analizada como un puente entre la tradición romántica y las innovaciones modernistas, destacando su habilidad para combinar la forma con el sentimiento y la reflexión.

Infancia y formación

El seudónimo "El Duque Job" refleja su afición por la ironía y un cierto dandismo intelectual. Su figura es a menudo asociada con la bohemia literaria de finales del siglo XIX.

Muerte y memoria

Falleció joven, dejando una obra que, a pesar de su brevedad, dejó una huella imborrable en la historia de la literatura en español.

Poemas

30

Para Entonces

Quiero morir cuando decline el día,
en alta mar y con la cara al cielo;
donde parezca sueño la agonía,
y el alma, un ave que remonta el vuelo.

No escuchar en los últimos instantes,
ya con el cielo y con el mar a solas,
más voces ni plegarias sollozantes
que el majestuoso tumbo de las olas.

Morir cuando la luz, triste, retira
sus áureas redes de la onda verde,
y ser como ese sol que lento expira:
algo muy luminoso que se pierde.

Morir, y joven: antes que destruya
el tiempo aleve la gentil corona;
cuando la vida dice aún: «soy tuya»,
aunque sepamos bien que nos traiciona.
1.579

En Un Abanico

Ala que en ebúrneos mimbres
mecerán dedos pequeños,
columpia cuando te cimbres
¡muchos sueños, muchos sueños!

Y sostenlos en el aire,
ya que leve el sueño es,
con la gracia y el donaire
de abanico japonés.
995

Mariposas

Ora blancas cual copos de nieve,
ora negras, azules o rojas,
en miríadas esmaltan el aire
y en los pétalos frescos retozan.
Leves saltan del cáliz abierto
como prófugas almas de rosas,
y con gracia gentil se columpian
en sus verdes hamacas de hojas.
Una chispa de luz les da vida
y una gota al caer las ahoga,
aparecen al claro del día
y ya muertas las halla la sombra.

¿Quién conoce sus nidos ocultos?
¿En qué sitio de noche reposan?
Las coquetas no tienen morada...
Las volubles no tienen alcoba...
Nacen, aman, y brillan y mueren
en el aire, al morir se transforman,
y se van, sin dejarnos su huella,
cual de tenue llovizna las gotas.
Tal vez unas en flores se truecan
y llamadas al cielo las otras,
con millones de alitas compactas
el arcoiris espléndido forman.
Vagabundas ¿en dónde está el nido?
Sultanita ¿qué harén te aprisiona?
¿A qué amante prefieres, coqueta?
¿En qué tumba dormís, mariposas?

¡Así vuelan y pasan y expiran
las quimeras de amor y de gloria,
esas alas brillantes del alma,
ora blancas, azules o rojas!
¿Quién conoce en qué sitio os perdisteis,
ilusiones que sois mariposas?
¡Cuán ligero voló vuestro enjambre
al caer en el alma la sombra!

Tú, la blanca, ¿por qué ya no vienes?
¿No eras fresco azahar de mi novia?
Te formé con un grumo del cirio
que de niño llevé a la parroquia;
eres casta, creyente, sencilla
y al posarte temblando en mi boca
murmurabas, heraldo de goces,
¡ya está cerca tu noche de bodas!

Ya no viene la blanca la buena.
Ya no viene tampoco la roja,
la que en sangre teñí, beso vivo,
al morder unos labios de rosa.
Ni la azul que me dijo: ¡Poeta!
Ni la de oro, promesa de gloria.
¡Ha caído la tarde en el alma!
¡Es de noche... ya no hay mariposas!

Encended ese cirio amarillo...
Ya vendrán en tumulto las otras,
las que tienen las alas muy negras
y se acercan en fúnebre ronda.
Compañeras, la pieza está sola;
si por mi alma os habéis enlutado
¡venid pronto, venid, mariposas!
2.462

Otro Epigrama

Publica El Siglo una cosa
en verso pluscuamperfecto,
y viene firmada: "Sosa"
Y en efecto, en efecto.
1.045

Epigrama

El tesorero Espinosa
ha fabricado una casa,
y así se explica la cosa:
la tesorería, escasa,
y ésta es casa de Espinosa.
906

Para El Álbum

El verso es ave: busca entumecido
follaje espeso y resplandores rojos.
¿Qué nido más caliente que tu nido?
¿Qué sol más luminoso que tus ojos?
974

En Un Abanico

Pobre verso condenado
a mirar tus labios rojos
y en la lumbre de tus ojos
quererse siempre abrasar;
colibrí del que se aleja
el mirto que lo provoca,
y ve de cerca tu boca,
y no la puede besar.
1.801

A Un Triste

¿Por qué de amor la barca voladora
con ágil mano detener no quieres,
y esquivo menosprecias los placeres
de Venus, la impasible vencedora?

A no volver los años juveniles
huyen como saetas disparadas
por mano de invisible Sagitario;
triste vejez, como ladrón nocturno,
sorpréndenos sin guarda ni defensa,
y con la extremidad de su arma inmensa,
la copa del placer vuelca Saturno.

¡Aprovecha el minuto y el instante!
Hoy te ofrece rendida la hermosura
de sus hechizos el gentil tesoro,
y llamándote ufana en la espesura,
suelta Pomona sus cabellos de oro.

En la popa del barco empavesado
que navega veloz rumbo a Citeres,
de los amigos del clamor te nombra
mientras, tendidas en la egipcia alfombra,
sus crótalos agitan las mujeres.

Deja, por fin, la solitaria playa,
y coronado de fragantes flores
descansa en la barquilla de las diosas.
¿Qué importa lo fugaz de los amores?
¡También expiran jóvenes las rosas!
1.107

Non Omnis Moriar

¡No moriré del todo, amiga mía!
De mi ondulante espíritu disperso
algo en la urna diáfana del verso
piadosa guardará la poesía.

¡No moriré del todo! Cuando herido
caiga a los golpes del dolor humano,
ligera tú, del campo entenebrido
levantarás al moribundo hermano.

Tal vez entonces por la boca inerme
que muda aspira la infinita calma,
oigas la voz de todo lo que duerme
¡con los ojos abiertos de mi alma!

Hondos recuerdos de fugaces días,
ternezas tristes que suspiran solas;
pálidas, enfermizas alegrías
sollozando al compás de las violas...

Todo lo que medroso oculta el hombre
se escapará, vibrante, del poeta,
en áureo ritmo de oración secreta
que invoque en cada cláusula tu nombre.

Y acaso adviertas que de modo extraño
suenan mis versos en tu oído atento,
y en el cristal, que con mi soplo empaño,
mires aparecer mi pensamiento.

Al ver entonces lo que yo soñaba,
dirás de mi errabunda poesía:
era triste, vulgar lo que cantaba...
¡mas, qué canción tan bella la que oía!

Y porque alzo en tu recuerdo notas
del coro universal, vívido y almo;
y porque brillan lágrimas ignotas
en el amargo cáliz de mi salmo;

porque existe la Santa Poesía
y en ella irradias tú, mientras disperso
átomo de mi ser esconda el verso
¡no moriré del todo, amiga mía!
1.468

A La Corregidora

Al viejo primate, las nubes de incienso;
al héroe, los himnos; a Dios, el inmenso
de bosques y mares solemne rumor;
al púgil que vence, la copa murrina;
al mártir, las palmas; y a ti —la heroína—
las hojas de acanto y el trébol en flor.

Hay versos de oro y hay notas de plata;
mas busco, señora, la estrofa escarlata
que sea toda sangre, la estrofa oriental:
y húmedas, vivas, calientes y rojas,
a mí se me tienden las trémulas hojas
que en gráciles redes columpia el rosal.

¡Brotad, nuevas flores! ¡Surgid a la vida!
¡Despliega tus alas, gardenia entumida!
¡Botones, abríos! ¡Oh mirtos, arded!
¡Lucid, amapolas, los ricos briales!
¡Exúberas rosas, los pérsicos chales
de sedas joyantes al aire tended!

¿Oís un murmullo que, débil, remeda
el frote friolento de cauda de seda
en mármoles tersos o limpio marfil?
¿Oís?...¡Es la savia fecunda que asciende,
que hincha los tallos y rompe y enciende
los rojos capullos del príncipe Abril!

¡Oh noble señora! La tierra te canta
el salmo de vida, y a ti se levanta
el germen despierto y el núbil botón,
el lirio gallardo de cáliz erecto,
y fúlgido, leve, vibrando, el insecto
que rasga impaciente su blanda prisión.

La casta azucena, cual tímida monja,
inciensa tus aras; la dalia se esponja
como ave impaciente que quiere volar;
y astuta, prendiendo su encaje a la piedra,
en corvos festones circunda la yedra,
celosa y constante, señora, tu altar.

El chorro del agua con ímpetu rudo,
en alto su acero, brillante y desnudo,
bruñido su casco, rizado el airón,
y el iris por banda, buscándote salta
cual joven amante que brinca a la alta
velada cornisa de abierto balcón.

Venid a la fronda que os brinda hospedaje
¡oh pájaros raudos de rico plumaje!
Los nidos aguardan: ¡venid y cantad!
Cantad a la alondra que dijo al guerrero
el alba anunciando: ¡Desnuda tu acero,
despierta a los tuyos... Es hora... Marchad!
1.085

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Juan nintendo
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pobre