MISMA SANGRE
De parto.
Abierta sobre la tierra.
Las manos asidas al hierro frio
Inaugurando la carne.
Consintiendo el desprendimiento de su cuerpo.
Cediéndole paso al dolor y a la alegría.
Respirando entrecortado
Refugiándose en el grito.
Sin aliento,
Ronca de insultos y plegarias,
A la espera.
Sin búcaros, ni espejos
Mientras un río de sangre tibia perfuma el aire
Y emerge al fin de la honda herida.
Indiferente…
Como un vetusto rey,
Heroico y diminuto,
Callado,
Atado aún a esa mujer,
Esa mujer que acaricia exhausta
Su pequeño pecho
Vibrante de latidos.
Lara Ribero
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