Lista de Poemas

Conversaciones con José Pepín Bello

Recuerdo que un día en mi cuarto de la Residencia de Estudiantes Federico [García Lorca] nos leyó, a Juan Ramón Jiménez y a mí, Mariana Pineda. Escena impresionante. Juan Ramón, con los ojos cerrados, lo escuchaba atentamente y mostraba una gran concentración. Cuando acabó de leerla, y tras percatarse de que a los dos nos había complacido, Federico le dijo a Juan Ramón: «Bueno, a ver cuando me la estrena». Juan Ramón Jiménez, sorprendido, le contestó: «¡No, no, eso nunca! Estrenar no!». Él consideraba que era una impureza para ganar dinero. Ya estaba bien con escribir una obra, pero estrenarla no, eso nunca. Que hubiera dinero de por medio de ninguna manera, era inconcebible.
¿El teatro representado no entraba en sus planes?
Tenía un concepto de la dramaturgia un poco extraño. Juan Ramón tenía una salud quebradiza y nunca trabajó. Era un hombre dificilísimo. De una pureza exacerbada, casi un místico. ¡Era intratable! Había que tener cuidado con él. Podías meter sin querer la pata enseguida. Había reñido hace tiempo con la Residencia de Estudiantes. También con muchos de los poetas. Estaba reñido con gente tan encantadora como Dámaso Alonso y Jorge Guillén. A pesar de eso, JR estaba muy informado de lo que hacían las nuevas juventudes de artistas. Dalí y Buñuel le enviaron una carta muy hiriente atacando con firmeza el Platero y yo, diciéndole que era el burro menos burro que habían conocido y acusándolo, eso sí, de «putrefacto».
¿Cómo reaccionó Juan Ramón?
Juan Ramón se enfadó muchísimo. Y les contestó despachándose a su gusto llamándoles maricas. Juan Ramón pretendía vivir del aire. El dinero lo ganaba su esposa, Zenobia Camprubí, alquilando pisos. Ella, que era una mujer muy inteligente, descubrió, hace unos ochenta años, el negocio de los pisos. Los decoraba, los amueblaba y los alquilaba por temporadas de un año a diplomáticos y a científicos. Juan Ramón, gracias a ella, podía dedicarse completamente a escribir poesías.
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Identificación y contexto básico

José Bello Lasierra, conocido artísticamente como Pepín Bello (n. Huesca, 16 de mayo de 1904 - Madrid, 11 de enero de 2008). Fue un pintor, escultor, escritor y pionero del surrealismo en España. Su vida se extendió por más de un siglo, lo que le permitió ser testigo y protagonista de la vanguardia artística del siglo XX. Su padre fue un influyente político y empresario.

Infancia y formación

Nacido en una familia acomodada, Pepín Bello recibió una educación esmerada. Estudió derecho y filosofía y letras en la Universidad de Madrid. Sin embargo, su verdadera formación la encontró en el ambiente artístico y literario de la época, donde entabló amistad con figuras como Salvador Dalí, Federico García Lorca y Luis Buñuel. Fue en este contexto donde se sumergió en las ideas del surrealismo.

Trayectoria literaria

Aunque su producción literaria no fue extensa, Pepín Bello participó activamente en el movimiento surrealista. Escribió textos, colaboró en revistas de vanguardia y mantuvo una intensa correspondencia con otros artistas. Su obra escrita, a menudo fragmentaria y experimental, refleja su pensamiento surrealista y su visión particular del mundo.

Obra, estilo y características literarias

Su obra se caracteriza por la audacia, la transgresión y la exploración del subconsciente. En su faceta pictórica, exploró técnicas y temáticas surrealistas. En la escritura, su estilo es onírico, aforístico y a veces caótico, reflejando la lógica del sueño y la asociación libre. Temas como la libertad, el amor erótico, lo irracional y la crítica a las convenciones sociales son recurrentes.

Contexto cultural e histórico

Pepín Bello fue una figura clave en la Residencia de Estudiantes de Madrid, epicentro de la vanguardia española de los años 20 y 30. Vivió la efervescencia cultural de la época, el auge del surrealismo y la convulsión de la Guerra Civil Española, tras la cual se exilió en París. Su círculo de amistades incluía a las mentes más brillantes de la época, y su vida estuvo marcada por el compromiso con las ideas vanguardistas.

Vida personal

Su vida personal fue tan intensa y bohemia como su obra. Mantuvo relaciones significativas con figuras del arte y la literatura, y su figura generaba fascinación por su carisma y su visión del mundo. Fue un espíritu libre, ajeno a las convenciones sociales y dedicado a la exploración artística.

Reconocimiento y recepción

Aunque en vida no gozó de la fama de algunos de sus contemporáneos, Pepín Bello fue siempre muy respetado en los círculos artísticos y literarios. Su reconocimiento se ha consolidado póstumamente, con la publicación de sus escritos y la revalorización de su figura como uno de los precursores del surrealismo en España.

Influencias y legado

Fue influenciado por el surrealismo francés y, a su vez, influyó en artistas y escritores de generaciones posteriores con su audacia y su espíritu transgresor. Su legado es el de un artista que vivió intensamente la vanguardia y defendió la libertad creativa hasta el final de sus días.

Interpretación y análisis crítico

La obra de Pepín Bello se presta a múltiples interpretaciones, a menudo ligadas al psicoanálisis y a la deconstrucción de la realidad objetiva. Su figura es un símbolo de la resistencia de la vanguardia y de la búsqueda de una expresión artística libre.

Infancia y formación

Fue un gran anfitrión y su casa en Madrid fue un lugar de encuentro para artistas e intelectuales. Se dice que conservaba objetos curiosos y testimonios de sus encuentros con las grandes figuras del arte del siglo XX. Su longevidad le permitió ser un testigo privilegiado de la historia del arte.

Muerte y memoria

Falleció en Madrid en 2008, a la edad de 103 años. Su muerte cerró un capítulo de la historia de la vanguardia española. Sus escritos y su legado artístico continúan siendo objeto de estudio y admiración.