Citas
Citas para inspirar y reflexionar
Dada la manera de ser del hombre actual, ser conciso equivale a estar inspirado.
Para saber hablar es preciso saber escuchar.
Las palabras son como las hojas; cuando abundan, poco fruto hay entre ellas.
Muchas veces lo que se calla hace más impresión que lo que se dice.
En general, quienes no tienen nada que decir invierten el mayor tiempo posible en no decir nada.
Medir las palabras no es necesariamente endulzar su expresión, sino haber previsto y aceptado las consecuencias de ellas.
Si rey fuera, instituyera cátedras para enseñar a callar.
Hay algunos hombres que no dicen lo que piensan y otros que piensan demasiado lo que dicen.
El hombre respira mejor cuando mantiene la boca cerrada.
Se habla poco cuando la vanidad no toma parte en la conversación.
La verdadera elocuencia consiste en no decir más de lo que es preciso.
Hay personas que hablan un momento antes de pensar lo que van a decir.
Nadie habla con acierto sino el que calla de buena gana.
Más obran quintaesencias que fárragos.
El que guarda silencio no declara contra sí mismo.
El mundo andaría mejor si la gente abriera más los ojos y cerrara más la boca.
Hase de hablar como en testamento, que, a menos palabras, menos pleitos.
Se tiende a poner palabras allí donde faltan ideas.
El hombre sabio, incluso cuando calla, dice más que el necio cuando habla.
Cuando el hombre abre la boca se juzga a sí mismo.
De no hablar sino cuando fuere preciso, raramente despegaríamos los labios.
El medio más seguro de mantener la palabra dada es no darla nunca
El mejor uso que se puede hacer de la palabra es callarse.
Cuando no se piensa lo que se dice es cuando se dice lo que se piensa.
En la declaración de los derechos del hombre se olvidaron de incluir el derecho a contradecirse.
El que sabe hablar, sabe también cuándo hacerlo.
El hombre es el único animal que se ruboriza. O que debería ruborizarse.
¿Es usted un hombre honrado o un granuja? Hombre, mitad y mitad, como todo el mundo.
El perrito faldero sospecha que todo el universo conspira para cogerle el sitio.
El ingrato es peor cuando se disculpa.
Hay tres clases de ingratos: los que olvidan el favor, los que lo hacen pagar y los que se vengan.
Hay dos clases de perdedores: el buen perdedor y el que no puede disimularlo.
Somos gente extraña. Nos pasamos la vida haciendo cosas que detestamos con objeto de ganar dinero para comprar cosas que no necesitamos e impresionar a personas que no nos caen bien.
Todo hombre tiene su trasero moral que no muestra sin necesidad y que cubre mientras puede con los calzoncillos de la buena educación.
Los pícaros han puesto de moda el burlarse de los que se resisten a ser pícaros.
A menudo nos avergonzaríamos de nuestras más bellas acciones si el mundo viera los motivos que las producen.
Adáptate tú al mundo, porque tu cabeza es demasiado pequeña para que el mundo entero se adapte a ella.
Nadie se hace malvado de repente.
El símbolo de la ingratitud no es la serpiente, sino el hombre.
A la hora de la siembra faltan algunos que aparecen a la hora de la cosecha.
Errar es humano, pero echarle la culpa a otro es más humano.
La debilidad de actitud se vuelve debilidad de carácter.
Ten cuidado con el hombre que nada ambiciona.
En las cosas grandes, los hombres se muestran como les conviene; en las pequeñas, se muestran tal como son.
Cada uno es como Dios le hizo, y aun peor muchas veces.
La ambición jamás se detiene, ni siquiera en la cima de la grandeza.
Lo peor que hacen los malos es obligarnos a dudar de los buenos.
Estudié la vida de grandes y famosos hombres y mujeres, y descubrí que aquellos que llegaron a destacar fueron los que emprendían todo trabajo que les tocase hacer con el vigor, energía y entusiasmo del que eran capaces.