Citas
Citas para inspirar y reflexionar
Lo peor que le puede ocurrir a un paranoico es que le persigan de verdad.
No basta con huir, hay que huir en la buena dirección.
La cosa más espantosa de todas es que millones de personas en los países pobres van a morir de hambre ante nuestros ojos... fijos sobre los televisores.
Es muy fácil vivir haciéndose el tonto. De haberlo sabido antes me habría declarado idiota desde mi juventud, y puede que a estas alturas hasta fuera más inteligente. Pero quise tener ingenio demasiado pronto, y heme aquí hecho un imbécil.
A todo hombre que ha llegado alto le gusta pensar que lo ha conseguido todo por sí solo; y la mujer sonríe y lo deja pasar. Es nuestro chiste privado. Toda mujer lo sabe.
Sabes, no es verdad que la mujer fuera hecha a partir de la costilla del hombre; fue hecha realmente a partir del hueso de la risa del codo.
El sexo en el matrimonio es como las medicinas. Tres veces al día la primera semana. Luego una vez al día durante otra semana. Luego una vez cada tres o cuatro días y así hasta que las condiciones mejoran.
El amor aconseja interrumpir en la cama los ejercicios espirituales.
No importa gran cosa con quién vas a casarte, puesto que a la mañana siguiente verás que te has casado con alguien muy diferente.
Todo hombre enamorado es un loco de atar que no está atado.
Es bastante difícil ser eficiente sin resultar molesto.
Todos los hechos de la vida social y hasta los de los sentimientos pueden encasillarse en estas dos célebres palabras: oferta y demanda.
Dios no ayuda al cobarde.
Sólo la actividad orientada hacia un determinado fin hace soportable la vida.
Me puedo caer, me puedo herir, puedo quebrarme, pero con eso no desaparecerá mi fuerza de voluntad. Detrás de cada logro hay otro desafío.
Empieza por hacer lo necesario, luego lo que es posible, y de pronto te encontrarás haciendo lo imposible.
La buena voluntad encuentra siempre el modelo y la oportunidad.
Cuanto más alto coloque el hombre su meta, tanto más crecerá.
Lo mismo da la victoria que hacer gloriosa la derrota.
El fruto de la suerte sólo cae cuando está maduro.
¡No olvidéis un instante / que es quedarse atrás no ir adelante!
La vida es magnífica en tanto nos consume.
¿Por qué el tipo que dice: «Yo no sé hacer discursos» no lo deja estar en vez de tratar de hacer una demostración?
¡Maldito mal el mío! / Si puedes, huye de él: se llama hastío.
Calumniad, calumniad: algo siempre quedará.
Serás doblemente desgraciado si no sabes sobrellevar tu desgracia.
Hay un tipo de ignorantes, fruto de los tiempos, que defienden su ignorancia con razonamientos; son ignorantes sistemáticos.
La lámpara del genio tiene menos aceite que la lámpara de la vida.
El hombre es más razonador que razonable.
En materia de ingratas e ingratos venimos a salir tantas a tantos.
La adulación es una moneda falsa que tiene curso gracias solo a nuestra vanidad.
Todas las demás cosas deben; el hombre es el ser que quiere.
Es necesario tener tanta discreción para dar consejos como docilidad para recibirlos.
El amor propio es el peor de los aduladores.
A los puros todas las cosas les parecen puras.
Hablamos muy poco, excepto cuando la vanidad nos hace hablar.
Hay poca gente lo bastante cuerda que prefiera la censura provechosa a la alabanza traidora.
Hermanos, no temáis al pecado de los hombres; amad al hombre aún en su pecado, pues un tal amor aseméjase a Dios.
Nuestra envidia dura siempre mas que la dicha de aquellos que envidiamos.
Aunque los hombres se vanaglorian de sus grandes obras, frecuentemente no son estas el resultado de un noble proposito, sino efecto del azar.
Los hombres ofenden antes al que aman que al que temen.
La naturaleza de los hombres soberbios y viles es mostrarse insolentes en la prosperidad y abyectos y humildes en la adversidad.
No son buenos los extremos aunque sea en la virtud.
Nuestra venganza será el perdón.
Si podéis curar, curad; si no podéis curar, calmad; si no podéis calmar, consolad.
La mayoría de las personas adquiere la conciencia donde se acaban sus privilegios.
No hay más qye una manera de ser feliz: vivir para los demás.
Todos tenemos la fuerza necesaria para soportar los males ajenos.