Citas
Citas para inspirar y reflexionar
Todos los hechos de la vida social y hasta los de los sentimientos pueden encasillarse en estas dos célebres palabras: oferta y demanda.
Dios no ayuda al cobarde.
Sólo la actividad orientada hacia un determinado fin hace soportable la vida.
La buena voluntad encuentra siempre el modelo y la oportunidad.
Empieza por hacer lo necesario, luego lo que es posible, y de pronto te encontrarás haciendo lo imposible.
Cuanto más alto coloque el hombre su meta, tanto más crecerá.
Lo mismo da la victoria que hacer gloriosa la derrota.
El fruto de la suerte sólo cae cuando está maduro.
La vida es magnífica en tanto nos consume.
¡No olvidéis un instante / que es quedarse atrás no ir adelante!
¿Por qué el tipo que dice: «Yo no sé hacer discursos» no lo deja estar en vez de tratar de hacer una demostración?
Hay un tipo de ignorantes, fruto de los tiempos, que defienden su ignorancia con razonamientos; son ignorantes sistemáticos.
Calumniad, calumniad: algo siempre quedará.
La lámpara del genio tiene menos aceite que la lámpara de la vida.
El hombre es más razonador que razonable.
Todas las demás cosas deben; el hombre es el ser que quiere.
En materia de ingratas e ingratos venimos a salir tantas a tantos.
La adulación es una moneda falsa que tiene curso gracias solo a nuestra vanidad.
El amor propio es el peor de los aduladores.
A los puros todas las cosas les parecen puras.
Es necesario tener tanta discreción para dar consejos como docilidad para recibirlos.
Hablamos muy poco, excepto cuando la vanidad nos hace hablar.
Hermanos, no temáis al pecado de los hombres; amad al hombre aún en su pecado, pues un tal amor aseméjase a Dios.
Hay poca gente lo bastante cuerda que prefiera la censura provechosa a la alabanza traidora.
Nuestra envidia dura siempre mas que la dicha de aquellos que envidiamos.
Aunque los hombres se vanaglorian de sus grandes obras, frecuentemente no son estas el resultado de un noble proposito, sino efecto del azar.
La naturaleza de los hombres soberbios y viles es mostrarse insolentes en la prosperidad y abyectos y humildes en la adversidad.
Los hombres ofenden antes al que aman que al que temen.
No son buenos los extremos aunque sea en la virtud.
La mayoría de las personas adquiere la conciencia donde se acaban sus privilegios.
Nuestra venganza será el perdón.
Todos tenemos la fuerza necesaria para soportar los males ajenos.
Si podéis curar, curad; si no podéis curar, calmad; si no podéis calmar, consolad.
No hay más qye una manera de ser feliz: vivir para los demás.
Es culpa mía, culpa mía personal, si el mundo va mal.
Comprenderlo todo es perdonarlo todo.
La sinceridad es abrir el corazón.
El mal que hacemos no nos procura tanto odio y hostilidad como nuestras buenas acciones.
Cuando reconozco a un hermano en mi prójimo sólo entonces soy hombre.
La vida nunca nos depara lo que queremos en el momento apropiado. Las aventuras ocurren, pero no puntualmente.
La vida es dulce o amarga; es corta o larga. ¿Qué importa? El que la goza la halla corta, y el que la sufre la halla larga.
La muerte no es más que un cambio de misión.
Gran libro es la vejez. ¡Lástima que el hombre tenga que morirse cuando comienza a leerlo con provecho!
Todo engaña menos lo que está en ti.
El horizonte está en los ojos y no en la realidad.
Nada es cierto, excepto lo poco que está al alcance de nuestra inteligencia.
Ausencia: Bálsamo que cura males de amor.
Sin un corazón lleno de amor y sin unas manos generosas, es imposible curar a un hombre enfermo de su soledad.