Citas en este tema
Emociones y Sentimientos
Pierre-Auguste Renoir
Pinto con alegría. Con la misma alegría que usted hace el amor con una mujer
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Santiago Ramón y Cajal
Unas veces nos amamos porque nos conocemos. Otras, acaso las más, nos amamos porque nos ignoramos
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Francisco de Quevedo
Quien no ama con todos sus cinco sentidos a una mujer hermosa, no estima de la Naturaleza su mayor cuidado y su mayor obra
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Marcel Proust
Como todo el que no está enamorado, él piensa que se puede elegir a la persona amada en base a interminables deliberaciones sobre sus ventajas e inconvenientes
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Marcel Proust
Cada beso llama otro beso. ¡Con qué naturalidad nacen los besos en esos tiempos primeros del amor! Acuden apretándose unos contra otros. Tan difícil sería contar los besos que se dan en una hora, como las flores de un campo en el mes de mayo
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Marcel Proust
Cada beso llama otro beso. ¡Con qué naturalidad nacen los besos en esos tiempos primeros del amor! Acuden apretándose unos contra otros. Tan difícil sería contar los besos que se dan en una hora, como las flores de un campo en el mes de mayo
17
Marcel Proust
Los celos no son corrientemente más que una inquieta tiranía aplicada a los asuntos del amor
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Edgar Allan Poe
En los corazones de los hombres más temerarios hay cuerdas que no se dejan tocar sin emoción
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Edgar Allan Poe
La muerte de una mujer hermosa es incuestionablemente el tema más poético del mundo. Igualmente, está fuera de duda que los labios más adecuados para ese tema son los del amante en duelo
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Edgar Allan Poe
Las cuatro condiciones para la felicidad son: el amor de una mujer, la vida al aire libre, la ausencia de toda ambición y la creación de una belleza nueva
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Luigi Pirandello
El hombre experimenta una instintiva gratitud hacia la mujer que, sacrificando un poco de su pudor, demuestra querer gustar a uno solo, desafiando la malignidad de los demás. Pero no puede sufrir que después esta mujer ofenda a otra que demuestra sentir por él cierta simpatía
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Francesco Petrarca
Supieron despertar a mi alma grave. Vos manejáis con una y otra llave mi corazón, y de ello estoy contento, dispuesto a navegar a todo viento, que es cuanto hacéis por dulce honor tenido
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Francesco Petrarca
Igual que el navegante a quien el fuerte viento desalienta mira a dos luces del nocturno cielo, lo mismo, en mi tormenta de Amor, miro en dos luces al brillante signo en el que hallo mi único consuelo
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