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Ignacio Manuel Altamirano
El envidioso, a los hombres irritables causa cólera. A los reflexivos, tan sólo inspira lástima
Ignacio Manuel Altamirano
Si la culebra pudiese hablar, sería el mayor calumniador del león. Por eso, los hombres reptiles persiguen con su lengua a las almas superiores
Ignacio Manuel Altamirano
La envidia es el cáncer del talento. No tener envidia es un privilegio de salud que debe agradecerse a los dioses más que la salud física
Ignacio Manuel Altamirano
El mayor castigo que puede imponerse a la envidia es el desprecio. Hacerle caso es permitirle saborear un síntoma de victoria
Ignacio Manuel Altamirano
El antagonismo para el hombre de mérito es el combate noble. Para el envidioso es la cruel tortura
Ignacio Manuel Altamirano
La fidelidad y la gratitud son dos flores raras que se encuentran difícilmente
Ignacio Manuel Altamirano
La envidia es proteiforme. Sus manifestaciones más comunes son la crítica amarga, la sátira, la diatriba, la injuria, la calumnia, la insinuación pérfida, la compasión fingida. Pero su forma más peligrosa es la adulación servil
Joseph Addison
Una mente alegre es la bendición más grande que un hombre puede disfrutar en este mundo
Arthur Schopenhauer
Desde el punto de vista del pasado, da exactamente igual que algo se haya vivido realmente o que se haya soñado . [ Spicilegia, p. 444].
Arthur Schopenhauer
El comienzo de la teología es el miedo: por eso, si los hombres fueran felices, nunca hubiera habido teología [...]. El filosofar se inicia con el abandono de este camino.
Arthur Schopenhauer
La más plena satisfacción, la tranquilidad postrera, el auténtico estado deseable se nos representan siempre y tan sólo en el cuadro, en la obra de arte, en la poesía, en la música. Por supuesto, de ahí podría extraerse la esperanza de que tienen que estar en algún lugar.
Arthur Schopenhauer
Para que el mundo o el hombre alcanzasen la felicidad suprema y auténtica haría falta, ante todo, detener el tiempo .
Arthur Schopenhauer
El asombro filosófico es en el fondo perturbador y desconsolador [...]. La índole del asombro que empuja a filosofar nace, desde luego, del espectáculo del mal físico y el mal moral en el mundo.
Arthur Schopenhauer
Entonces habló el viejo y gris padre desierto 2 : «Hijo mío, si no fuera así, si yo no fuera el triste y árido desierto, si fuera floreado, verde y animado, tú no serías un oasis, un lugar privilegiado al que incluso en la lejanía el caminante alaba; sino que serías sin más una pequeña parte de mí, diminuta e inadvertida. Por eso, soporta con paciencia lo que es condición de tu distinción y gloria».