Felicidad y Alegría
Ludwig van Beethoven
Recomendad a vuestros hijos que sean virtuosos. Sólo la virtud puede traer la felicidad, no el dinero
Ludwig van Beethoven
La música debe hacer saltar fuego en el corazón del hombre y lágrimas de los ojos de la mujer
Ludwig van Beethoven
Que la amistad, junto con el bien, crezcan como la sombra de la noche hasta que se apague el sol de la vida
Honoré de Balzac
Puede uno amar sin ser feliz. Puede uno ser feliz sin amar. Pero, amar y ser feliz es algo prodigioso
Francis Bacon
La felicidad de los grandes consiste no en sentirse felices, sino en comprender cuan felices piensan otros que han de ser ellos
Jane Austen
Los sentimientos son absurdos. Y, si piensas en el sexo de aquellos a los que se dirigen, son una auténtica locura
Henri-Frédéric Amiel
No esperemos a ser buenos y cordiales. Apresurémonos ya desde ahora a alegrar el corazón de nuestros compañeros durante la corta travesía de la vida
Amado Nervo
Es para mí una cosa inexplicable por qué se siente uno capaz de ser bueno al sentirse amado
Amado Nervo
La felicidad es como las neblinas ligeras: cuando estamos dentro de ellas, no las vemos
Ignacio Manuel Altamirano
En la primavera de la vida, hasta las espinas florecen y hasta las penas tienen un sabor de felicidad
Joseph Addison
Una mente alegre es la bendición más grande que un hombre puede disfrutar en este mundo
Arthur Schopenhauer
La más plena satisfacción, la tranquilidad postrera, el auténtico estado deseable se nos representan siempre y tan sólo en el cuadro, en la obra de arte, en la poesía, en la música. Por supuesto, de ahí podría extraerse la esperanza de que tienen que estar en algún lugar.
Arthur Schopenhauer
Para que el mundo o el hombre alcanzasen la felicidad suprema y auténtica haría falta, ante todo, detener el tiempo .
Arthur Schopenhauer
Precisamente porque toda felicidad es negativa ocurre que, cuando finalmente y en alguna ocasión llega a ser total, no cobramos conciencia de su existencia hasta que desaparece, pues se desliza sobre nosotros ligera y suavemente, y después la carencia, sentida positivamente, se convierte en la expresión de la felicidad desperdiciada: entonces nos convencemos de que no hicimos nada para conservarla y a la privación se añade el arrepentimiento.