Poemas en este tema
Emociones y Sentimientos
Francisco de Quevedo
A Una Dama Tuerta Y Muy Hermosa
Para agotar sus luces la hermosura
en un ojo no más de vuestra cara,
grande ejemplar y de belleza rara
tuvo en el sol, que en una luz se apura.
Imitáis, pues, aquella arquitectura
de la vista del cielo, hermosa y clara;
que muchos ojos, y de luz avara,
sola la noche los ostenta obscura.
Si en un ojo no mas, que en vos es día,
tienen cuantos le ven muerte y prisiones,
al otro le faltara monarquía.
Aun faltan a sus rayos corazones,
victorias a su ardiente valentía
y al triunfo de sus luces aún naciones.
en un ojo no más de vuestra cara,
grande ejemplar y de belleza rara
tuvo en el sol, que en una luz se apura.
Imitáis, pues, aquella arquitectura
de la vista del cielo, hermosa y clara;
que muchos ojos, y de luz avara,
sola la noche los ostenta obscura.
Si en un ojo no mas, que en vos es día,
tienen cuantos le ven muerte y prisiones,
al otro le faltara monarquía.
Aun faltan a sus rayos corazones,
victorias a su ardiente valentía
y al triunfo de sus luces aún naciones.
555
Francisco de Quevedo
A Aminta, Que Teniendo Un Clavel En La Boca, Por Morderle, Se Mordió Los Labios Y Salió
Bastábale al clavel verse vencido
del labio en que se vio (cuando, esforzado
con su propria vergüenza, lo encarnado
a tu rubí se vio más parecido),
sin que, en tu boca hermosa, dividido
fuese de blancas perlas granizado,
pues tu enojo, con él equivocado,
el labio por clavel dejó mordido;
si no cuidado de la sangre fuese,
para que, a presumir de tiria grana,
de tu púrpura líquida aprendiese.
Sangre vertió tu boca soberana,
porque, roja victoria, amaneciese
llanto al clavel y risa a la mañana.
del labio en que se vio (cuando, esforzado
con su propria vergüenza, lo encarnado
a tu rubí se vio más parecido),
sin que, en tu boca hermosa, dividido
fuese de blancas perlas granizado,
pues tu enojo, con él equivocado,
el labio por clavel dejó mordido;
si no cuidado de la sangre fuese,
para que, a presumir de tiria grana,
de tu púrpura líquida aprendiese.
Sangre vertió tu boca soberana,
porque, roja victoria, amaneciese
llanto al clavel y risa a la mañana.
546
Francisco de Quevedo
Funeral Elogio Al Padre Maestro Fr Hortensio Félix Paravicino Y Arteaga, Predicador De Su Ma
El que vivo enseñó, difunto mueve,
y el silencio predica en él difunto:
en este polvo mira y llora junto
la vista cuanto al púlpito le debe.
Sagrado y dulce, el coro de las nueve
enmudece en su voz el contrapunto:
faltó la admiración a todo asunto,
y el fénix que en su pluma se renueve.
Señas te doy del docto y admirable
Hortensio, tales, que callar pudiera
el nombre religioso y venerable.
La Muerte aventurara, si le oyera,
a perder el blasón de inexorable,
y si no fuera sorda, le perdiera.
y el silencio predica en él difunto:
en este polvo mira y llora junto
la vista cuanto al púlpito le debe.
Sagrado y dulce, el coro de las nueve
enmudece en su voz el contrapunto:
faltó la admiración a todo asunto,
y el fénix que en su pluma se renueve.
Señas te doy del docto y admirable
Hortensio, tales, que callar pudiera
el nombre religioso y venerable.
La Muerte aventurara, si le oyera,
a perder el blasón de inexorable,
y si no fuera sorda, le perdiera.
383
Francisco de Quevedo
A Dafne, Huyendo De Apolo
«Tras vos un Alquimista va corriendo,
Dafne, que llaman Sol ¿y vos, tan cruda?
Vos os volvéis murciégalo sin duda,
Pues vais del Sol y de la luz huyendo.
ȃl os quiere gozar a lo que entiendo
Si os coge en esta selva tosca y ruda,
Su aljaba suena, está su bolsa muda,
El perro, pues no ladra, está muriendo.
»Buhonero de signos y Planetas,
Viene haciendo ademanes y figuras
Cargado de bochornos y Cometas».
Esto la dije, y en cortezas duras
De Laurel se ingirió contra sus tretas,
Y en escabeche el Sol se quedó a oscuras.
Dafne, que llaman Sol ¿y vos, tan cruda?
Vos os volvéis murciégalo sin duda,
Pues vais del Sol y de la luz huyendo.
ȃl os quiere gozar a lo que entiendo
Si os coge en esta selva tosca y ruda,
Su aljaba suena, está su bolsa muda,
El perro, pues no ladra, está muriendo.
»Buhonero de signos y Planetas,
Viene haciendo ademanes y figuras
Cargado de bochornos y Cometas».
Esto la dije, y en cortezas duras
De Laurel se ingirió contra sus tretas,
Y en escabeche el Sol se quedó a oscuras.
704
Francisco de Quevedo
Desnuda A La Mujer De La Mayor Parte Ajena Que La Compone
Si no duerme su cara con Filena,
Ni con sus dientes come y su vestido
Las tres partes le hurta a su marido,
Y la cuarta el afeite le cercena,
Si entera con él come y con él cena,
Mas debajo del lecho mal cumplido
Todo su bulto esconde, reducido
A Chapinzanco y Moño por almena,
¿Por qué te espantas, Fabio, que abrazado
A su mujer, la busque y la pregone,
Si, desnuda, se halla descasado?
Si cuentas por mujer lo que compone
A la mujer, no acuestes a tu lado
La mujer, sino el fardo que se pone.
Ni con sus dientes come y su vestido
Las tres partes le hurta a su marido,
Y la cuarta el afeite le cercena,
Si entera con él come y con él cena,
Mas debajo del lecho mal cumplido
Todo su bulto esconde, reducido
A Chapinzanco y Moño por almena,
¿Por qué te espantas, Fabio, que abrazado
A su mujer, la busque y la pregone,
Si, desnuda, se halla descasado?
Si cuentas por mujer lo que compone
A la mujer, no acuestes a tu lado
La mujer, sino el fardo que se pone.
529
Francisco de Quevedo
Epitafio De Una Dueña, Que Idea También Puede Ser De Todas
Fue más larga que paga de tramposo,
Más gorda que mentira de Indiano,
Más sucia que pastel en el verano,
Más necia y presumida que un dichoso,
Más amiga de pícaros que el coso,
Más engañosa que el primer manzano,
Más que un coche alcahueta, por lo anciano,
Más pronosticadora que un potroso.
Más charló que una Azuda y una Aceña,
Y tuvo más enredos que una araña,
Más humos que seis mil hornos de leña.
De mula de alquiler sirvió en España,
Que fue buen noviciado para Dueña,
Y muerta pide, y enterrada engaña.
Más gorda que mentira de Indiano,
Más sucia que pastel en el verano,
Más necia y presumida que un dichoso,
Más amiga de pícaros que el coso,
Más engañosa que el primer manzano,
Más que un coche alcahueta, por lo anciano,
Más pronosticadora que un potroso.
Más charló que una Azuda y una Aceña,
Y tuvo más enredos que una araña,
Más humos que seis mil hornos de leña.
De mula de alquiler sirvió en España,
Que fue buen noviciado para Dueña,
Y muerta pide, y enterrada engaña.
590
Francisco de Quevedo
Epitafio De Una Dueña, Que Idea También Puede Ser De Todas
Fue más larga que paga de tramposo,
Más gorda que mentira de Indiano,
Más sucia que pastel en el verano,
Más necia y presumida que un dichoso,
Más amiga de pícaros que el coso,
Más engañosa que el primer manzano,
Más que un coche alcahueta, por lo anciano,
Más pronosticadora que un potroso.
Más charló que una Azuda y una Aceña,
Y tuvo más enredos que una araña,
Más humos que seis mil hornos de leña.
De mula de alquiler sirvió en España,
Que fue buen noviciado para Dueña,
Y muerta pide, y enterrada engaña.
Más gorda que mentira de Indiano,
Más sucia que pastel en el verano,
Más necia y presumida que un dichoso,
Más amiga de pícaros que el coso,
Más engañosa que el primer manzano,
Más que un coche alcahueta, por lo anciano,
Más pronosticadora que un potroso.
Más charló que una Azuda y una Aceña,
Y tuvo más enredos que una araña,
Más humos que seis mil hornos de leña.
De mula de alquiler sirvió en España,
Que fue buen noviciado para Dueña,
Y muerta pide, y enterrada engaña.
590
Francisco de Quevedo
Hastío De Un Casado Al Tercero Día
Antiyer nos casamos, hoy querría
Doña Pérez, saber ciertas verdades:
Decidme ¿cuánto número de edades
Enfunda el Matrimonio en sólo un día?
Un antiyer soltero ser solía,
Y hoy casado, un sinfín de Navidades
Han puesto dos marchitas voluntades
Y más de mil antaños en la mía.
Esto de ser marido un año arreo,
Aun a los azacanes empalaga,
Todo lo cotidiano es mucho y feo.
Mujer que dura un mes se vuelve plaga,
Aun con los diablos fue dichoso Orfeo,
Pues perdió la mujer que tuvo en paga.
Doña Pérez, saber ciertas verdades:
Decidme ¿cuánto número de edades
Enfunda el Matrimonio en sólo un día?
Un antiyer soltero ser solía,
Y hoy casado, un sinfín de Navidades
Han puesto dos marchitas voluntades
Y más de mil antaños en la mía.
Esto de ser marido un año arreo,
Aun a los azacanes empalaga,
Todo lo cotidiano es mucho y feo.
Mujer que dura un mes se vuelve plaga,
Aun con los diablos fue dichoso Orfeo,
Pues perdió la mujer que tuvo en paga.
553
Francisco de Quevedo
Letrilla Satírica
La Morena que yo adoro
Y más que a mi vida quiero,
En Verano toma el acero
Y en todos tiempos el oro.
Opilóse, en conclusión,
Y levantóse a tomar
Acero para gastar
Mi hacienda y su opilación.
La cuesta de mi bolsón
Sube, y nunca menos cuesta;
Mala enfermedad es ésta,
Si la ingrata que yo adoro
Y más que mi vida quiero,
En verano toma el acero
Y en todos tiempos el oro.
Anda por sanarse a sí,
Y anda por dejarme en cueros;
Toma acero, y muestra aceros
De no dejar blanca en mí.
Mi bolsa peligra aquí,
Ya en la postrer boqueada;
La suya nunca cerrada
Para chupar el tesoro
De mi florido dinero,
Tomando en verano acero
Y en todos tiempos el oro.
Es niña que por tomar
Madruga antes que amanezca,
Porque en mi bolsa anochezca;
Que andar tras esto es su andar.
De beber se fue a opilar;
Chupando se desopila,
Mi dinero despabila.
El que la dora es Medoro;
El que no, pellejo y cuero:
En verano toma el acero
Y en todos tiempos el oro.
Y más que a mi vida quiero,
En Verano toma el acero
Y en todos tiempos el oro.
Opilóse, en conclusión,
Y levantóse a tomar
Acero para gastar
Mi hacienda y su opilación.
La cuesta de mi bolsón
Sube, y nunca menos cuesta;
Mala enfermedad es ésta,
Si la ingrata que yo adoro
Y más que mi vida quiero,
En verano toma el acero
Y en todos tiempos el oro.
Anda por sanarse a sí,
Y anda por dejarme en cueros;
Toma acero, y muestra aceros
De no dejar blanca en mí.
Mi bolsa peligra aquí,
Ya en la postrer boqueada;
La suya nunca cerrada
Para chupar el tesoro
De mi florido dinero,
Tomando en verano acero
Y en todos tiempos el oro.
Es niña que por tomar
Madruga antes que amanezca,
Porque en mi bolsa anochezca;
Que andar tras esto es su andar.
De beber se fue a opilar;
Chupando se desopila,
Mi dinero despabila.
El que la dora es Medoro;
El que no, pellejo y cuero:
En verano toma el acero
Y en todos tiempos el oro.
833
Francisco de Quevedo
Letrilla Satírica - Todas Ponemos
Sabed, vecinas,
Que mujeres y gallinas
Todas ponemos,
Unas cuernos y otras huevos.
Viénense a diferenciar
La gallina y la mujer,
En que ellas saben poner,
Nosotras sólo quitar;
Y en lo que es cacarear
El mismo tono tenemos.
Todas ponemos,
Unas cuernos y otras huevos.
Docientas gallinas hallo
Yo con un gallo contentas;
Mas si nuestros gallos cuentas,
Mil que den son nuestro gallo;
Y cuando llegan al fallo,
En Cuclillos los volvemos.
Todas ponemos,
Unas cuernos y otras huevos.
En gallinas regaladas
Tener pepita es gran daño,
Y en las mujeres de ogaño
Lo es el ser despepitadas.
Las viejas son emplumadas,
Por darnos con que volemos.
Todas ponemos,
Unas cuernos y otras huevos.
Que mujeres y gallinas
Todas ponemos,
Unas cuernos y otras huevos.
Viénense a diferenciar
La gallina y la mujer,
En que ellas saben poner,
Nosotras sólo quitar;
Y en lo que es cacarear
El mismo tono tenemos.
Todas ponemos,
Unas cuernos y otras huevos.
Docientas gallinas hallo
Yo con un gallo contentas;
Mas si nuestros gallos cuentas,
Mil que den son nuestro gallo;
Y cuando llegan al fallo,
En Cuclillos los volvemos.
Todas ponemos,
Unas cuernos y otras huevos.
En gallinas regaladas
Tener pepita es gran daño,
Y en las mujeres de ogaño
Lo es el ser despepitadas.
Las viejas son emplumadas,
Por darnos con que volemos.
Todas ponemos,
Unas cuernos y otras huevos.
726
Francisco de Quevedo
Continúa La Significación De Su Amor Con La Hermosura Que Le Causa, Reduciéndole A Doctrina Platónic
Lisis, por duplicado ardiente Sirio
Miras con guerra y muerte el alma mía,
Y en uno y otro Sol abres el día,
Influyendo en la luz dulce martirio.
Doctas Sirenas en veneno Tirio
Con tus labios pronuncian melodía,
Y en incendios de nieve hermosa y fría,
Adora primaveras mi delirio.
Amo y no espero, porque adoro amando;
Ni mancha al Amor puro mi deseo,
Que cortés vive y muere idolatrando.
Lo que conozco y no lo que poseo
Sigo, sin presumir méritos, cuando
Prefiero a lo que miro lo que creo.
Miras con guerra y muerte el alma mía,
Y en uno y otro Sol abres el día,
Influyendo en la luz dulce martirio.
Doctas Sirenas en veneno Tirio
Con tus labios pronuncian melodía,
Y en incendios de nieve hermosa y fría,
Adora primaveras mi delirio.
Amo y no espero, porque adoro amando;
Ni mancha al Amor puro mi deseo,
Que cortés vive y muere idolatrando.
Lo que conozco y no lo que poseo
Sigo, sin presumir méritos, cuando
Prefiero a lo que miro lo que creo.
444
Francisco de Quevedo
Retrato De Lisi Que Traía En Una Sortija
En breve cárcel traigo aprisionado,
Con toda su familia de oro ardiente,
El cerco de la luz resplandeciente,
Y grande imperio del Amor cerrado.
Traigo el campo que pacen estrellado
Las Fieras altas de la piel luciente;
Y a escondidas del Cielo y del Oriente,
Día de luz y parto mejorado.
Traigo todas las Indias en mi mano,
Perlas que en un diamante por rubíes,
Pronuncian con desdén sonoro hielo,
Y razonan tal vez fuego tirano
Relámpagos de risa carmesíes,
Auroras, gala y presunción del Cielo.
Con toda su familia de oro ardiente,
El cerco de la luz resplandeciente,
Y grande imperio del Amor cerrado.
Traigo el campo que pacen estrellado
Las Fieras altas de la piel luciente;
Y a escondidas del Cielo y del Oriente,
Día de luz y parto mejorado.
Traigo todas las Indias en mi mano,
Perlas que en un diamante por rubíes,
Pronuncian con desdén sonoro hielo,
Y razonan tal vez fuego tirano
Relámpagos de risa carmesíes,
Auroras, gala y presunción del Cielo.
713
Francisco de Quevedo
Amor De Sola Una Vista Nace, Vive, Crece Y Se Perpetúa
Diez años de mi vida se ha llevado
En veloz fuga y sorda el Sol ardiente,
Después que en tus dos ojos vi el Oriente,
Lísida, en hermosura duplicado.
Diez años en mis venas he guardado
El dulce fuego que alimento ausente
De mi sangre. Diez años en mi mente
Con imperio tus luces han reinado.
Basta ver una vez grande Hermosura,
Que una vez vista eternamente enciende,
Y en l'alma impresa eternamente dura.
Llama que a la inmortal vida trasciende,
Ni teme con el cuerpo sepultura,
Ni el Tiempo la marchita ni la ofende.
En veloz fuga y sorda el Sol ardiente,
Después que en tus dos ojos vi el Oriente,
Lísida, en hermosura duplicado.
Diez años en mis venas he guardado
El dulce fuego que alimento ausente
De mi sangre. Diez años en mi mente
Con imperio tus luces han reinado.
Basta ver una vez grande Hermosura,
Que una vez vista eternamente enciende,
Y en l'alma impresa eternamente dura.
Llama que a la inmortal vida trasciende,
Ni teme con el cuerpo sepultura,
Ni el Tiempo la marchita ni la ofende.
516
Francisco de Quevedo
Advierte Con Su Peligro A Los Que Leyeren Sus Llamas
Si fuere que después, al postrer día
Que negro y frío sueño desatare
Mi vida, se leyere o se cantare
Mi fatiga en amar, la pena mía,
Cualquier que de talante hermoso fía
Serena libertad, si me escuchare,
Si en mi perdido error escarmentare,
Deberá su quietud a mi porfía.
Atrás se queda, Lisi, el sexto año
De mi suspiro: yo, para escarmiento
De los que han de venir, paso adelante.
¡Oh en el Reino de Amor huésped extraño!
Sé docto con la pena y el tormento
De un ciego y sin ventura fiel amante.
Que negro y frío sueño desatare
Mi vida, se leyere o se cantare
Mi fatiga en amar, la pena mía,
Cualquier que de talante hermoso fía
Serena libertad, si me escuchare,
Si en mi perdido error escarmentare,
Deberá su quietud a mi porfía.
Atrás se queda, Lisi, el sexto año
De mi suspiro: yo, para escarmiento
De los que han de venir, paso adelante.
¡Oh en el Reino de Amor huésped extraño!
Sé docto con la pena y el tormento
De un ciego y sin ventura fiel amante.
442
Francisco de Quevedo
Amor Impreso En El Alma, Que Dura Después De Las Cenizas
Si hija de mi Amor mi Muerte fuese,
¡Qué parto tan dichoso que sería
El de mi Amor contra la vida mía!
¡Qué gloria, que el morir de amar naciese!
Llevara yo en el alma adonde fuese
El fuego en que me abraso, y guardaría
Su llama fiel con la ceniza fría
En el mismo sepulcro en que durmiese.
De esotra parte de la muerte dura
Vivirán en mi sombra mis cuidados,
Y más allá del Lete mi memoria.
Triunfará del olvido tu hermosura;
Mi pura fe y ardiente, de los hados;
Y el no ser, por amar, será mi gloria.
¡Qué parto tan dichoso que sería
El de mi Amor contra la vida mía!
¡Qué gloria, que el morir de amar naciese!
Llevara yo en el alma adonde fuese
El fuego en que me abraso, y guardaría
Su llama fiel con la ceniza fría
En el mismo sepulcro en que durmiese.
De esotra parte de la muerte dura
Vivirán en mi sombra mis cuidados,
Y más allá del Lete mi memoria.
Triunfará del olvido tu hermosura;
Mi pura fe y ardiente, de los hados;
Y el no ser, por amar, será mi gloria.
491
Francisco de Quevedo
Dice Que Su Amor No Tiene Parte Alguna Terrestre
Por ser mayor el cerco de oro ardiente
Del sol que el globo opaco de la tierra,
Y menor que éste el que a la Luna cierra
Las tres caras que muestra diferente,
Ya la vemos menguante, ya creciente,
Ya en la sombra el Eclipse nos la entierra;
Mas a los seis Planetas no hace guerra,
Ni Estrella fija sus injurias siente.
La llama de mi amor, que está clavada
En el alto Cénit del Firmamento,
Ni mengua en sombras ni se ve eclipsada.
Las manchas de la tierra no las siento,
Que no alcanza su noche a la sagrada
Región donde mi fe tiene su asiento.
Del sol que el globo opaco de la tierra,
Y menor que éste el que a la Luna cierra
Las tres caras que muestra diferente,
Ya la vemos menguante, ya creciente,
Ya en la sombra el Eclipse nos la entierra;
Mas a los seis Planetas no hace guerra,
Ni Estrella fija sus injurias siente.
La llama de mi amor, que está clavada
En el alto Cénit del Firmamento,
Ni mengua en sombras ni se ve eclipsada.
Las manchas de la tierra no las siento,
Que no alcanza su noche a la sagrada
Región donde mi fe tiene su asiento.
679
Francisco de Quevedo
Halla En La Causa De Su Amor Todos Los Bienes
Después que te conocí,
Todas las cosas me sobran:
El Sol para tener día,
Abril para tener rosas.
Por mi bien pueden tomar
Otro oficio las Auroras,
Que yo conozco una luz
Que sabe amanecer sombras.
Bien puede buscar la noche
Quien sus Estrellas conozca,
Que para mi Astrología
Ya son oscuras y pocas.
Gaste el Oriente sus minas
Con quien avaro las rompa,
Que yo enriquezco la vista
Con más oro a menos costa.
Bien puede la Margarita
Guardar sus perlas en conchas,
Que Búzano de una Risa
Las pesco yo en una boca.
Contra el Tiempo y la Fortuna
Ya tengo una inhibitoria:
Ni ella me puede hacer triste,
Ni él puede mudarme un hora.
El oficio le ha vacado
A la Muerte tu persona:
A sí misma se padece,
Sola en ti viven sus obras.
Ya no importunan mis ruegos
A los cielos por la gloria,
Que mi bienaventuranza
Tiene jornada más corta.
La sacrosanta Mentira
Que tantas Almas adoran,
Busque en Portugal vasallos,
En Chipre busque Coronas.
Predicaré de manera
Tu belleza por Europa,
Que no haya Herejes de Gracias,
Y que adoren en ti sola.
Todas las cosas me sobran:
El Sol para tener día,
Abril para tener rosas.
Por mi bien pueden tomar
Otro oficio las Auroras,
Que yo conozco una luz
Que sabe amanecer sombras.
Bien puede buscar la noche
Quien sus Estrellas conozca,
Que para mi Astrología
Ya son oscuras y pocas.
Gaste el Oriente sus minas
Con quien avaro las rompa,
Que yo enriquezco la vista
Con más oro a menos costa.
Bien puede la Margarita
Guardar sus perlas en conchas,
Que Búzano de una Risa
Las pesco yo en una boca.
Contra el Tiempo y la Fortuna
Ya tengo una inhibitoria:
Ni ella me puede hacer triste,
Ni él puede mudarme un hora.
El oficio le ha vacado
A la Muerte tu persona:
A sí misma se padece,
Sola en ti viven sus obras.
Ya no importunan mis ruegos
A los cielos por la gloria,
Que mi bienaventuranza
Tiene jornada más corta.
La sacrosanta Mentira
Que tantas Almas adoran,
Busque en Portugal vasallos,
En Chipre busque Coronas.
Predicaré de manera
Tu belleza por Europa,
Que no haya Herejes de Gracias,
Y que adoren en ti sola.
383
Francisco de Quevedo
Hero Y Leandro
Esforzóse pobre luz
A contrahacer el Norte,
A ser piloto el deseo,
A ser farol una torre.
Atrevióse a ser Aurora
Una boca a media noche,
A ser bajel un amante,
Y dos ojos a ser Soles.
Embarcó todas sus llamas
El Amor en este joven,
Y caravana de fuego,
Navegó Reinos Salobres.
Nuevo prodigio del Mar
Le admiraron los Tritones;
Con centellas, y no escamas,
El agua le desconoce.
Ya el Mar le encubre enojado,
Ya piadoso le socorre,
Cuna de Venus le mece,
Reino sin piedad le esconde.
Pretensión de mariposa
Le descaminan los Dioses:
Intentos de Salamandra
Permiten que se malogren.
Si llora, crece su muerte,
Que aun no le dejan que llore;
Si ella suspira, le aumenta
Vientos que le descomponen.
Armó el estrecho de Abido,
Juntaron vientos feroces
Contra una vida sin alma
Un ejército de montes:
Indigna hazaña del Golfo,
Siendo amenaza del Orbe,
Juntarse con un Cuidado
Para contrastar un hombre.
Entre la luz y la muerte
La vista dudosa pone;
Grandes Volcanes suspira
Y mucho piélago sorbe.
Pasó el mar en un gemido
Aquel espíritu noble:
Ofensa le hizo Neptuno,
Estrella le hizo Jove,
De los bramidos del Ponto
Hero formaba razones,
Descifrando de la orilla
La confusión en sus voces.
Murió sin saber su muerte,
Y expiraron tan conformes,
Que el verle muerto añadió
La ceremonia del golpe.
De piedad murió la luz,
Leandro murió de amores,
Hero murió de Leandro,
Y Amor de envidia murióse.
A contrahacer el Norte,
A ser piloto el deseo,
A ser farol una torre.
Atrevióse a ser Aurora
Una boca a media noche,
A ser bajel un amante,
Y dos ojos a ser Soles.
Embarcó todas sus llamas
El Amor en este joven,
Y caravana de fuego,
Navegó Reinos Salobres.
Nuevo prodigio del Mar
Le admiraron los Tritones;
Con centellas, y no escamas,
El agua le desconoce.
Ya el Mar le encubre enojado,
Ya piadoso le socorre,
Cuna de Venus le mece,
Reino sin piedad le esconde.
Pretensión de mariposa
Le descaminan los Dioses:
Intentos de Salamandra
Permiten que se malogren.
Si llora, crece su muerte,
Que aun no le dejan que llore;
Si ella suspira, le aumenta
Vientos que le descomponen.
Armó el estrecho de Abido,
Juntaron vientos feroces
Contra una vida sin alma
Un ejército de montes:
Indigna hazaña del Golfo,
Siendo amenaza del Orbe,
Juntarse con un Cuidado
Para contrastar un hombre.
Entre la luz y la muerte
La vista dudosa pone;
Grandes Volcanes suspira
Y mucho piélago sorbe.
Pasó el mar en un gemido
Aquel espíritu noble:
Ofensa le hizo Neptuno,
Estrella le hizo Jove,
De los bramidos del Ponto
Hero formaba razones,
Descifrando de la orilla
La confusión en sus voces.
Murió sin saber su muerte,
Y expiraron tan conformes,
Que el verle muerto añadió
La ceremonia del golpe.
De piedad murió la luz,
Leandro murió de amores,
Hero murió de Leandro,
Y Amor de envidia murióse.
1.065
Francisco de Quevedo
Pasiones De Ausente Enamorado Redondillas
Este amor que yo alimento
De mi propio corazón,
No nace de inclinación
Sino de conocimiento,
Que amor de cosa tan bella,
Y gracia que es infinita,
Si es elección, me acredita;
Si no, acredita mi Estrella.
Y ¿qué Deidad me pudiera
Inclinar a que te amara,
Que ese poder no tornara
Para sí, si le tuviera?
Corrido, Señora, escribo
En el estado presente,
De que estando de ti ausente
Aún parezca que estoy vivo.
Pues ya en mi pena y pasión,
Dulce Tirsi, tengo hechas
De las plumas de tus flechas
Las alas del corazón.
Y sin poder consolarme,
Ausente y amando firme,
Más hago yo en no morirme
Que hará el dolor en matarme.
Tanto he llegado a quererte,
Que siento igual pena en mí
Del ver, no viéndote a ti,
Que adorándote, no verte,
Si bien recelo, Señora,
Que a este amor serás infiel,
Pues ser hermosa y cruel
Te pronostica traidora.
Pero traiciones dichosas
Serán, Tirsi, para mí,
Por ver dos caras en ti,
Que han de ser por fuerza hermosas.
Y advierte, que en mi pasión
Se puede tener por cierto
Que es decir Ausente y Muerto
Dos veces una razón.
De mi propio corazón,
No nace de inclinación
Sino de conocimiento,
Que amor de cosa tan bella,
Y gracia que es infinita,
Si es elección, me acredita;
Si no, acredita mi Estrella.
Y ¿qué Deidad me pudiera
Inclinar a que te amara,
Que ese poder no tornara
Para sí, si le tuviera?
Corrido, Señora, escribo
En el estado presente,
De que estando de ti ausente
Aún parezca que estoy vivo.
Pues ya en mi pena y pasión,
Dulce Tirsi, tengo hechas
De las plumas de tus flechas
Las alas del corazón.
Y sin poder consolarme,
Ausente y amando firme,
Más hago yo en no morirme
Que hará el dolor en matarme.
Tanto he llegado a quererte,
Que siento igual pena en mí
Del ver, no viéndote a ti,
Que adorándote, no verte,
Si bien recelo, Señora,
Que a este amor serás infiel,
Pues ser hermosa y cruel
Te pronostica traidora.
Pero traiciones dichosas
Serán, Tirsi, para mí,
Por ver dos caras en ti,
Que han de ser por fuerza hermosas.
Y advierte, que en mi pasión
Se puede tener por cierto
Que es decir Ausente y Muerto
Dos veces una razón.
677
Francisco de Quevedo
Pasiones De Ausente Enamorado Redondillas
Este amor que yo alimento
De mi propio corazón,
No nace de inclinación
Sino de conocimiento,
Que amor de cosa tan bella,
Y gracia que es infinita,
Si es elección, me acredita;
Si no, acredita mi Estrella.
Y ¿qué Deidad me pudiera
Inclinar a que te amara,
Que ese poder no tornara
Para sí, si le tuviera?
Corrido, Señora, escribo
En el estado presente,
De que estando de ti ausente
Aún parezca que estoy vivo.
Pues ya en mi pena y pasión,
Dulce Tirsi, tengo hechas
De las plumas de tus flechas
Las alas del corazón.
Y sin poder consolarme,
Ausente y amando firme,
Más hago yo en no morirme
Que hará el dolor en matarme.
Tanto he llegado a quererte,
Que siento igual pena en mí
Del ver, no viéndote a ti,
Que adorándote, no verte,
Si bien recelo, Señora,
Que a este amor serás infiel,
Pues ser hermosa y cruel
Te pronostica traidora.
Pero traiciones dichosas
Serán, Tirsi, para mí,
Por ver dos caras en ti,
Que han de ser por fuerza hermosas.
Y advierte, que en mi pasión
Se puede tener por cierto
Que es decir Ausente y Muerto
Dos veces una razón.
De mi propio corazón,
No nace de inclinación
Sino de conocimiento,
Que amor de cosa tan bella,
Y gracia que es infinita,
Si es elección, me acredita;
Si no, acredita mi Estrella.
Y ¿qué Deidad me pudiera
Inclinar a que te amara,
Que ese poder no tornara
Para sí, si le tuviera?
Corrido, Señora, escribo
En el estado presente,
De que estando de ti ausente
Aún parezca que estoy vivo.
Pues ya en mi pena y pasión,
Dulce Tirsi, tengo hechas
De las plumas de tus flechas
Las alas del corazón.
Y sin poder consolarme,
Ausente y amando firme,
Más hago yo en no morirme
Que hará el dolor en matarme.
Tanto he llegado a quererte,
Que siento igual pena en mí
Del ver, no viéndote a ti,
Que adorándote, no verte,
Si bien recelo, Señora,
Que a este amor serás infiel,
Pues ser hermosa y cruel
Te pronostica traidora.
Pero traiciones dichosas
Serán, Tirsi, para mí,
Por ver dos caras en ti,
Que han de ser por fuerza hermosas.
Y advierte, que en mi pasión
Se puede tener por cierto
Que es decir Ausente y Muerto
Dos veces una razón.
677
Francisco de Quevedo
A Un Bostezo De Floris Madrigal
Bostezó Floris, y su mano hermosa,
Cortésmente tirana y religiosa,
Tres cruces de sus dedos celestiales
Engastó en perlas y cerró en corales,
Crucificando en labios carmesíes,
O en puertas de rubíes,
Sus dedos de jazmín y casta rosa.
Yo, que alumbradas de sus vivas luces
Sobre claveles rojos vi tres Cruces,
Hurtar quise el engaste de una de ellas,
Por ver si mi delito o mi fortuna,
Por mal o buen Ladrón, me diera una;
Y fuera buen Ladrón, robando Estrellas.
Mas no pudiendo hurtarlas,
Y mereciendo apenas adorarlas,
Divino Humilladero
De toda libertad, dije, «Yo muero,
Si no en Cruces, por ellas, donde veo
Morir virgen y mártir mi deseo».
Cortésmente tirana y religiosa,
Tres cruces de sus dedos celestiales
Engastó en perlas y cerró en corales,
Crucificando en labios carmesíes,
O en puertas de rubíes,
Sus dedos de jazmín y casta rosa.
Yo, que alumbradas de sus vivas luces
Sobre claveles rojos vi tres Cruces,
Hurtar quise el engaste de una de ellas,
Por ver si mi delito o mi fortuna,
Por mal o buen Ladrón, me diera una;
Y fuera buen Ladrón, robando Estrellas.
Mas no pudiendo hurtarlas,
Y mereciendo apenas adorarlas,
Divino Humilladero
De toda libertad, dije, «Yo muero,
Si no en Cruces, por ellas, donde veo
Morir virgen y mártir mi deseo».
478
Francisco de Quevedo
A Flori, Que Tenía Unos Claveles Entre El Cabello Rubio
Al oro de tu frente unos claveles
Veo matizar, cruentos, con heridas;
Ellos mueren de amor, y a nuestras vidas
Sus amenazas les avisan fieles.
Rúbricas son piadosas y crueles,
Joyas facinerosas y advertidas,
Pues publicando muertes florecidas,
Ensangrientan al Sol rizos doseles.
Mas con tus labios quedan vergonzosos
(Que no compiten flores a rubíes)
Y pálidos después, de temerosos;
Y cuando con relámpagos te ríes,
De púrpura, cobardes, si ambiciosos,
Marchitan sus blasones carmesíes.
Veo matizar, cruentos, con heridas;
Ellos mueren de amor, y a nuestras vidas
Sus amenazas les avisan fieles.
Rúbricas son piadosas y crueles,
Joyas facinerosas y advertidas,
Pues publicando muertes florecidas,
Ensangrientan al Sol rizos doseles.
Mas con tus labios quedan vergonzosos
(Que no compiten flores a rubíes)
Y pálidos después, de temerosos;
Y cuando con relámpagos te ríes,
De púrpura, cobardes, si ambiciosos,
Marchitan sus blasones carmesíes.
392
Francisco de Quevedo
Amante Agradecido A Las Lisonjas Mentirosas De Un Sueño
¡Ay Floralba! Soñé que te... ¿Dirélo?
Sí, pues que sueño fue, que te gozaba;
¿Y quién sino un amante que soñaba,
Juntara tanto infierno a tanto cielo?
Mis llamas con tu nieve y con tu hielo,
Cual suele opuestas flechas de su aljaba,
Mezclaba Amor, y honesto las mezclaba,
Como mi adoración en su desvelo.
Y dije: «Quiera Amor, quiera mi suerte,
Que nunca duerma yo, si estoy despierto,
Y que si duermo, que jamás despierte».
Mas desperté del dulce desconcierto,
Y vi que estuve vivo con la muerte,
Y vi que con la vida estaba muerto.
Sí, pues que sueño fue, que te gozaba;
¿Y quién sino un amante que soñaba,
Juntara tanto infierno a tanto cielo?
Mis llamas con tu nieve y con tu hielo,
Cual suele opuestas flechas de su aljaba,
Mezclaba Amor, y honesto las mezclaba,
Como mi adoración en su desvelo.
Y dije: «Quiera Amor, quiera mi suerte,
Que nunca duerma yo, si estoy despierto,
Y que si duermo, que jamás despierte».
Mas desperté del dulce desconcierto,
Y vi que estuve vivo con la muerte,
Y vi que con la vida estaba muerto.
434
Francisco de Quevedo
A Aminta, Que Se Cubrió Los Ojos Con La Mano
Lo que me quita en fuego, me da en nieve
La mano que tus ojos me recata;
Y no es menos rigor con el que mata,
Ni menos llamas su blancura mueve.
La vista frescos los incendios bebe,
Y volcán por las venas los dilata;
Con miedo atento a la blancura trata
El pecho amante, que la siente aleve.
Si de tus ojos el ardor tirano
Le pasas por tu mano por templarle,
Es gran piedad del corazón humano;
Mas no de ti, que puede al ocultarle,
Pues es de nieve, derretir tu mano,
Si ya tu mano no pretende helarle.
La mano que tus ojos me recata;
Y no es menos rigor con el que mata,
Ni menos llamas su blancura mueve.
La vista frescos los incendios bebe,
Y volcán por las venas los dilata;
Con miedo atento a la blancura trata
El pecho amante, que la siente aleve.
Si de tus ojos el ardor tirano
Le pasas por tu mano por templarle,
Es gran piedad del corazón humano;
Mas no de ti, que puede al ocultarle,
Pues es de nieve, derretir tu mano,
Si ya tu mano no pretende helarle.
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