Poemas en este tema
Emociones y Sentimientos
José María Hinojosa
Ya No Me Besas
Un viento inesperado hizo vibrar las puertas
y nuestros labios eran de cristal en la noche
empapados en sangre dejada por los besos
de las bocas perdidas en medio de los bosques.
El fuego calcinaba nuestros labios de piedra
y su ceniza roja cegaba nuestros ojos
llenos de indiferencia entre cuatro murallas
amasadas con cráneos y arena de los trópicos.
Aquella fue la última vez que nos encontramos,
llevabas la cabeza de pájaros florida
y de flores de almendro las sienes recubiertas
entre lenguas de fuego y voces doloridas.
El rumbo de los barcos era desconocido
y el de las caravanas que van por el desierto
dejando sólo un rastro sobre el agua y la arena
de mástiles heridos y de huesos sangrientos.
Aquella fue la última noche que nuestros labios
de cristal y de sangre unieron nuestro aliento
mientras la libertad desplegaba sus alas
de nuestra nuca herida por el último beso.
y nuestros labios eran de cristal en la noche
empapados en sangre dejada por los besos
de las bocas perdidas en medio de los bosques.
El fuego calcinaba nuestros labios de piedra
y su ceniza roja cegaba nuestros ojos
llenos de indiferencia entre cuatro murallas
amasadas con cráneos y arena de los trópicos.
Aquella fue la última vez que nos encontramos,
llevabas la cabeza de pájaros florida
y de flores de almendro las sienes recubiertas
entre lenguas de fuego y voces doloridas.
El rumbo de los barcos era desconocido
y el de las caravanas que van por el desierto
dejando sólo un rastro sobre el agua y la arena
de mástiles heridos y de huesos sangrientos.
Aquella fue la última noche que nuestros labios
de cristal y de sangre unieron nuestro aliento
mientras la libertad desplegaba sus alas
de nuestra nuca herida por el último beso.
409
José María Hinojosa
Huyendo Del Destino
En medio de este hueco redondo y transparente
que me persigue siempre a través de la tierra
retumban los hachazos que separan las ramas
brotadas en el tronco de mármol patinado
por el humo de pólvora y la luz de la luna
filtrada entre los dedos de tus manos de nieve.
Tus brazos recogían en sus siete colores
la lluvia de mi frente y la espuma del agua
perdiéndose en las aguas tu cabellera rubia
mientras que tu cabeza flotaba entre las olas
verde entre verdes algas con los labios abiertos
por la caricia última de mis labios de fuego.
que me persigue siempre a través de la tierra
retumban los hachazos que separan las ramas
brotadas en el tronco de mármol patinado
por el humo de pólvora y la luz de la luna
filtrada entre los dedos de tus manos de nieve.
Tus brazos recogían en sus siete colores
la lluvia de mi frente y la espuma del agua
perdiéndose en las aguas tu cabellera rubia
mientras que tu cabeza flotaba entre las olas
verde entre verdes algas con los labios abiertos
por la caricia última de mis labios de fuego.
481
José María Hinojosa
Mi Corazón Perdido
En su cuerpo de espuma nacían las espigas
que en ráfagas de viento llenan con sus rumores
mi corazón perdido en el mar de su lengua
mi corazón hallado en medio del desierto
por cadenas de voces en oasis de sangre.
Mi corazón perdido busca entre sus encajes
la llama que devore las ansias de su sombra
y las nieves que bajen de las altas montañas.
que en ráfagas de viento llenan con sus rumores
mi corazón perdido en el mar de su lengua
mi corazón hallado en medio del desierto
por cadenas de voces en oasis de sangre.
Mi corazón perdido busca entre sus encajes
la llama que devore las ansias de su sombra
y las nieves que bajen de las altas montañas.
435
José María Hinojosa
El Fuego Calcina Nuestras Carnes
Este brazo de fuego
quemaba mi costado
recubierto de brotes
plenos de savia verde
cuando tu cabellera
fue de piedra en el viento
y mis sueños se abrían
en pétalos de carne.
Estos aires de fuego
derretirán la nieve
lejana de los polos
al cuajar en el árbol
nuestros dos corazones.
quemaba mi costado
recubierto de brotes
plenos de savia verde
cuando tu cabellera
fue de piedra en el viento
y mis sueños se abrían
en pétalos de carne.
Estos aires de fuego
derretirán la nieve
lejana de los polos
al cuajar en el árbol
nuestros dos corazones.
417
José María Hinojosa
Pasión Sin Límites
Vuela mi corazón
unido con los pájaros
y deja entre los árboles
un invisible rastro
de alegría y de sangre.
Las gotas de rocío
se helaron en las manos
abiertas y floridas
de los enamorados
perdidos en la brisa.
Vuela mi corazón,
mi corazón atado
con cadenas de estrellas
a la sombra de un árbol
atado con cadenas
y con cantos de pájaros.
unido con los pájaros
y deja entre los árboles
un invisible rastro
de alegría y de sangre.
Las gotas de rocío
se helaron en las manos
abiertas y floridas
de los enamorados
perdidos en la brisa.
Vuela mi corazón,
mi corazón atado
con cadenas de estrellas
a la sombra de un árbol
atado con cadenas
y con cantos de pájaros.
427
José María Hinojosa
Mi Alegría
Vino a mí en espiral,
con vuelo de mañana,
su voz hecha sonrisa
de lucero del alba.
Mi sangre baña el río
en aleteo de agallas;
queda el cuerpo sin sangre
y oye la voz del alba.
Está mi cuerpo frío
ya tendido en la playa,
y huyendo de la luz
desaparece el alba.
Su voz hecha sonrisa
vino a mí en espiral;
mi gesto sin aristas
fue a ella en espiral.
con vuelo de mañana,
su voz hecha sonrisa
de lucero del alba.
Mi sangre baña el río
en aleteo de agallas;
queda el cuerpo sin sangre
y oye la voz del alba.
Está mi cuerpo frío
ya tendido en la playa,
y huyendo de la luz
desaparece el alba.
Su voz hecha sonrisa
vino a mí en espiral;
mi gesto sin aristas
fue a ella en espiral.
465
Juan de Mena
Cantar De Macías
«Amores me dieron corona de amores
por que mi nombre por más bocas ande.
Entonces non era mi mal menos grande
quando me davan plazer sus dolores.
Vencen el seso los dulces errores,
mas no duran siempre segund luego plazen;
pues me fizieron de mal que vos fazen,
sabed al amor desamar, amadores.
por que mi nombre por más bocas ande.
Entonces non era mi mal menos grande
quando me davan plazer sus dolores.
Vencen el seso los dulces errores,
mas no duran siempre segund luego plazen;
pues me fizieron de mal que vos fazen,
sabed al amor desamar, amadores.
449
Juan de Mena
Cantar De Macías
«Amores me dieron corona de amores
por que mi nombre por más bocas ande.
Entonces non era mi mal menos grande
quando me davan plazer sus dolores.
Vencen el seso los dulces errores,
mas no duran siempre segund luego plazen;
pues me fizieron de mal que vos fazen,
sabed al amor desamar, amadores.
por que mi nombre por más bocas ande.
Entonces non era mi mal menos grande
quando me davan plazer sus dolores.
Vencen el seso los dulces errores,
mas no duran siempre segund luego plazen;
pues me fizieron de mal que vos fazen,
sabed al amor desamar, amadores.
449
Juan de Mena
Cantar De Macías
»Fuit un peligro tan apassionado;
sabed ser alegres, dexat de ser tristes.
Sabed desservir quien tanto servistes,
a otros que amores dat vuestro cuidado;
los quales si diesen por un igual grado
sus pocos plazeres segund su dolor,
no se quexara ningund amador,
ni desesperara ningund desamado.»
sabed ser alegres, dexat de ser tristes.
Sabed desservir quien tanto servistes,
a otros que amores dat vuestro cuidado;
los quales si diesen por un igual grado
sus pocos plazeres segund su dolor,
no se quexara ningund amador,
ni desesperara ningund desamado.»
531
Juan de Mena
Cantar De Macías
»Fuit un peligro tan apassionado;
sabed ser alegres, dexat de ser tristes.
Sabed desservir quien tanto servistes,
a otros que amores dat vuestro cuidado;
los quales si diesen por un igual grado
sus pocos plazeres segund su dolor,
no se quexara ningund amador,
ni desesperara ningund desamado.»
sabed ser alegres, dexat de ser tristes.
Sabed desservir quien tanto servistes,
a otros que amores dat vuestro cuidado;
los quales si diesen por un igual grado
sus pocos plazeres segund su dolor,
no se quexara ningund amador,
ni desesperara ningund desamado.»
531
Juan de Mena
Cómo Falló Macías
Tanto anduvimos el cerco mirando,
que nos fallamos con nuestro Macías,
e vimos que estava llorando los días
con que su vida tomó fin amando.
Lleguéme más çerca, turbado ya quando
vi ser un tal ombre de nuestra nación,
e vi que dezía tal triste canción,
en elegíaco verso cantando:
que nos fallamos con nuestro Macías,
e vimos que estava llorando los días
con que su vida tomó fin amando.
Lleguéme más çerca, turbado ya quando
vi ser un tal ombre de nuestra nación,
e vi que dezía tal triste canción,
en elegíaco verso cantando:
420
José Martí
¿cómo Me Has De Querer?
¿Cómo me has de querer? como el animal
Que lleva en sí a sus hijos,
Como al santo en el ara envuelve las lenguas de humo.
La lengua de humo oloroso del incienso,
Como la luz del sol baña la tierra llana.
¿Que no puedes? Yo lo sé. De estrellas
Añorándome está la novia muda;
Yo en mis entrañas tallaré una rosa,
Y como quien engarza en plata una —
Mi corazón engarzaré en su seno:
Caeré a sus pies, inerme, como cae
Suelto el león a los pies de la hermosa
Y con mi cuerpo abrigaré sus plantas
Como olmo fecundo, que aprieta
La raíz de un mal; mi planta humana
Mime en plata, mi mujer de estrella,
Hacia mí tenderá las ramas pías
Y me alzará, como cadáver indio,
Me tendrá expuesto al sol, y de sus brazos
Me iré perdiendo en el azul del cielo,
¡Pues así muero yo de ser amado!
Que lleva en sí a sus hijos,
Como al santo en el ara envuelve las lenguas de humo.
La lengua de humo oloroso del incienso,
Como la luz del sol baña la tierra llana.
¿Que no puedes? Yo lo sé. De estrellas
Añorándome está la novia muda;
Yo en mis entrañas tallaré una rosa,
Y como quien engarza en plata una —
Mi corazón engarzaré en su seno:
Caeré a sus pies, inerme, como cae
Suelto el león a los pies de la hermosa
Y con mi cuerpo abrigaré sus plantas
Como olmo fecundo, que aprieta
La raíz de un mal; mi planta humana
Mime en plata, mi mujer de estrella,
Hacia mí tenderá las ramas pías
Y me alzará, como cadáver indio,
Me tendrá expuesto al sol, y de sus brazos
Me iré perdiendo en el azul del cielo,
¡Pues así muero yo de ser amado!
987
José Martí
Dormida
Más que en los libros amargos
El estudio de la vida,
Pláceme, en dulces letargos,
Verla dormida:—
De sus pestañas al peso
El ancho párpado entorna,
Lirio que, al sol que se torna,
Se cierra pidiendo un beso.
Y luego como fragante
Magnolia que desenvuelve
Sus blancas hojas, revuelve
El tenue encaje flotante:—
De mi capricho al vagar
Imagínala mi Amor,
¡Una Venus del pudor
Surgiendo de un nuevo mar!
Cuando la lámpara vaga
En este templo de amores,
Con sus blandos resplandores
Más que la alumbra, la halaga;
Cuando la ropa ligera
Sobre su cutis rosado,
Ondula como el alado
Pabellón de Primavera;
Cuando su seno desnudo,
Indefenso, a mi respeto—
Pone más valla que el peto
De bravo guerrero rudo;
Siento que puede el amor,
Dormida y desnuda al verla,
Dejar perla a la que es perla,
Dejar flor a la que es flor; —
Sobre sus labios podría
Los labios míos posar,
Y en su seno reclinar
La pobre cabeza mía,—
Y con mi aliento volver
Mariposa a la crisálida;
Y a la clara rosa pálida
Animar y enrojecer,
Pero aquí, desde la sombra
Donde amante la contemplo,
Manchar no quiero del templo
Con paso impuro la alfombra.
Al acercarme, en ligera
Procesión avergonzado,
¿No volaría el alado
Pabellón de primavera?
¡Al reflejarme, el espejo,
Que la copia entre albas hojas,
Negras las tornara y rojas
De la lámpara al reflejo!—
Dicen que suele volar
Por los espacios perdida
El alma, y en otra vida
Sus alas puras bañar;
Dicen que vuelve a venir
A su cuerpo con la Aurora,
Para volver —¡la traidora!—
Con cada noche a partir,
Y si su espíritu en leda
Beatitud los cielos hiende,
De esa mujer que se extiende
Bella ante mí ¿qué me queda?
Blanco cuerpo, línea fría.
Molde hueco, vaso roto,
¡Y viajera por lo ignoto
La luz que los encendía!—
Y ¿a mí que tanto te quiero,
Delicada peregrina,
Turbar la marcha divina
De tu espíritu viajero?—
¡Duerme entre tus blancas galas!
¡Duerme, mariposa mía!
Vuela bien:—¡mi mano impía
No irá a cortarte las alas!—
El estudio de la vida,
Pláceme, en dulces letargos,
Verla dormida:—
De sus pestañas al peso
El ancho párpado entorna,
Lirio que, al sol que se torna,
Se cierra pidiendo un beso.
Y luego como fragante
Magnolia que desenvuelve
Sus blancas hojas, revuelve
El tenue encaje flotante:—
De mi capricho al vagar
Imagínala mi Amor,
¡Una Venus del pudor
Surgiendo de un nuevo mar!
Cuando la lámpara vaga
En este templo de amores,
Con sus blandos resplandores
Más que la alumbra, la halaga;
Cuando la ropa ligera
Sobre su cutis rosado,
Ondula como el alado
Pabellón de Primavera;
Cuando su seno desnudo,
Indefenso, a mi respeto—
Pone más valla que el peto
De bravo guerrero rudo;
Siento que puede el amor,
Dormida y desnuda al verla,
Dejar perla a la que es perla,
Dejar flor a la que es flor; —
Sobre sus labios podría
Los labios míos posar,
Y en su seno reclinar
La pobre cabeza mía,—
Y con mi aliento volver
Mariposa a la crisálida;
Y a la clara rosa pálida
Animar y enrojecer,
Pero aquí, desde la sombra
Donde amante la contemplo,
Manchar no quiero del templo
Con paso impuro la alfombra.
Al acercarme, en ligera
Procesión avergonzado,
¿No volaría el alado
Pabellón de primavera?
¡Al reflejarme, el espejo,
Que la copia entre albas hojas,
Negras las tornara y rojas
De la lámpara al reflejo!—
Dicen que suele volar
Por los espacios perdida
El alma, y en otra vida
Sus alas puras bañar;
Dicen que vuelve a venir
A su cuerpo con la Aurora,
Para volver —¡la traidora!—
Con cada noche a partir,
Y si su espíritu en leda
Beatitud los cielos hiende,
De esa mujer que se extiende
Bella ante mí ¿qué me queda?
Blanco cuerpo, línea fría.
Molde hueco, vaso roto,
¡Y viajera por lo ignoto
La luz que los encendía!—
Y ¿a mí que tanto te quiero,
Delicada peregrina,
Turbar la marcha divina
De tu espíritu viajero?—
¡Duerme entre tus blancas galas!
¡Duerme, mariposa mía!
Vuela bien:—¡mi mano impía
No irá a cortarte las alas!—
1.001
José Martí
A Juan Doniila
Juan amigo, y mi señor,
No ha podido usted hacer
Cosa a sus años mejor
Que tomar dueña y mujer.
Dos cosas son en verdad
Las prendas de la salud:
En el pensar, libertad;
En amor, esclavitud.
Con la rodilla rendida,
Bese en mi nombre la mano
A la que alegra la vida
De un caballero cubano.
Muy pronto voy a ir a ver
—Cuando ande menos al vuelo—
A los que van a saber
De qué color es el cielo.
Esté solo, solo, junto
Con su esposa, con su amiga:
Yo inspector celoso, apunto
La socia nueva a la Liga.
No ha podido usted hacer
Cosa a sus años mejor
Que tomar dueña y mujer.
Dos cosas son en verdad
Las prendas de la salud:
En el pensar, libertad;
En amor, esclavitud.
Con la rodilla rendida,
Bese en mi nombre la mano
A la que alegra la vida
De un caballero cubano.
Muy pronto voy a ir a ver
—Cuando ande menos al vuelo—
A los que van a saber
De qué color es el cielo.
Esté solo, solo, junto
Con su esposa, con su amiga:
Yo inspector celoso, apunto
La socia nueva a la Liga.
717
José Martí
A Néstor Ponce De León
A mi señor
Néstor Ponce de León:
Viene a decirme Capriles
Que alguien dijo en Broadway
Que en mi discurso exclamé:
«¡Los anexionistas viles!»
¡Bien, y con mucha razón
Me mandó usted el recado
De tenerme preparado
El espinudo bastón!
Miente como un zascandil
El que diga que me oyó,
Por no pensar como yo
Llamar a un cubano «vil».
Viles se puede llamar
A los que a lucir el sol
Del Diez, con el español
Fueron, temblando, a formar.
Los que al hombro los fusiles,
Negra el alma y blanco el traje,
Ayudaron al ultraje
De su patria—ésos son viles.
Vil viene bien, y no menos,
Al que por la paga vil,
Mata el ánimo viril
Entre los cubanos buenos.
Pero al que duda—¡yo no!
¡Yo no dudo!—que su tierra
Puede después de la guerra
Vivir con paz y con pro;
Al que comparte la fe—
La fe que yo no comparto—
En el cariño del parto,
Que pudo ser y no fue;
Al que piensa—¡yo no pienso
Así!—que, en tanto desdén,
Es dable un inmenso bien
Sin un sacrificio inmenso;
Al que, por odio a la guerra,
Prefiera—¡yo no prefiero!—
El comerciante extranjero
A la virtud de su tierra;
Ése, ¡quién sabe si arguya
En vano! ¡si en la mar fia!
Pero si su tierra es mía,
También es mi tierra suya.
Y puede, de igual derecho,
En brazos de otro soñarla,
Como sueño en conquistarla
Mano a mano y pecho a pecho.
¡Qué dijera yo de aquel
De opinión diversa, si
Me llamara vil a mí
Por no opinar como él!
Quiero a Cuba amante y una;
quiero juntar y vencer
¿Y empiezo por ofender
Al que ha nacido en mi cuna?
No hiero al mismo español,
de quien la sangre heredé.
¿Y fratricida, heriré
A mi hermano en pena y sol?
A mis hermanos en pena
No los he de llamar viles,
Los viles son los reptiles
Que viven de fama ajena.
Todo esto es muy simple, todo
Es que nos daban por muertos
El Diez, y al vernos despiertos
Cierran el paso con lodo.
¡Pero quisiera ver yo
Frente a frente al zascandil
Que dice que llamo vil
A mi hermano y que me oyó!
Donde no nos puedan ver
Diré a mi hermano sincero:
«¡Quieres en lecho extranjero
A ti patria, a tu mujer?»
Pero enfrente del tirano
Y del extranjero enfrente.
Al que lo injurie: «¡Detente!»
Le he de gritar: «¡Es mi hermano!»
En la patria de mi amor
Quisiera yo ver nacer
El pueblo que puede ser,
Sin odios y sin color.
Quisiera, en el juego franco
Del pensamiento sin tasa,
Ver fabricando la casa
Rico y pobre, negro y blanco.
Y cuando todas las manos
Son pocas para el afán,
¡Oh patria, las usarán
En herirse los hermanos!
Algo en el alma decide,
En su cólera indignada,
Que es más vil que el que degrada
A un pueblo, el que lo divide.
¿Quién, con injurias, convence?
¿Quién, con epítetos, labra?
Vence el amor. La palabra
Sólo cuando justa, vence.
Si es uno el honor, los modos
Varios se habrán de juntar:
¡Con todos se ha de fundar,
Para el bienestar de todos!
Néstor Ponce de León:
Viene a decirme Capriles
Que alguien dijo en Broadway
Que en mi discurso exclamé:
«¡Los anexionistas viles!»
¡Bien, y con mucha razón
Me mandó usted el recado
De tenerme preparado
El espinudo bastón!
Miente como un zascandil
El que diga que me oyó,
Por no pensar como yo
Llamar a un cubano «vil».
Viles se puede llamar
A los que a lucir el sol
Del Diez, con el español
Fueron, temblando, a formar.
Los que al hombro los fusiles,
Negra el alma y blanco el traje,
Ayudaron al ultraje
De su patria—ésos son viles.
Vil viene bien, y no menos,
Al que por la paga vil,
Mata el ánimo viril
Entre los cubanos buenos.
Pero al que duda—¡yo no!
¡Yo no dudo!—que su tierra
Puede después de la guerra
Vivir con paz y con pro;
Al que comparte la fe—
La fe que yo no comparto—
En el cariño del parto,
Que pudo ser y no fue;
Al que piensa—¡yo no pienso
Así!—que, en tanto desdén,
Es dable un inmenso bien
Sin un sacrificio inmenso;
Al que, por odio a la guerra,
Prefiera—¡yo no prefiero!—
El comerciante extranjero
A la virtud de su tierra;
Ése, ¡quién sabe si arguya
En vano! ¡si en la mar fia!
Pero si su tierra es mía,
También es mi tierra suya.
Y puede, de igual derecho,
En brazos de otro soñarla,
Como sueño en conquistarla
Mano a mano y pecho a pecho.
¡Qué dijera yo de aquel
De opinión diversa, si
Me llamara vil a mí
Por no opinar como él!
Quiero a Cuba amante y una;
quiero juntar y vencer
¿Y empiezo por ofender
Al que ha nacido en mi cuna?
No hiero al mismo español,
de quien la sangre heredé.
¿Y fratricida, heriré
A mi hermano en pena y sol?
A mis hermanos en pena
No los he de llamar viles,
Los viles son los reptiles
Que viven de fama ajena.
Todo esto es muy simple, todo
Es que nos daban por muertos
El Diez, y al vernos despiertos
Cierran el paso con lodo.
¡Pero quisiera ver yo
Frente a frente al zascandil
Que dice que llamo vil
A mi hermano y que me oyó!
Donde no nos puedan ver
Diré a mi hermano sincero:
«¡Quieres en lecho extranjero
A ti patria, a tu mujer?»
Pero enfrente del tirano
Y del extranjero enfrente.
Al que lo injurie: «¡Detente!»
Le he de gritar: «¡Es mi hermano!»
En la patria de mi amor
Quisiera yo ver nacer
El pueblo que puede ser,
Sin odios y sin color.
Quisiera, en el juego franco
Del pensamiento sin tasa,
Ver fabricando la casa
Rico y pobre, negro y blanco.
Y cuando todas las manos
Son pocas para el afán,
¡Oh patria, las usarán
En herirse los hermanos!
Algo en el alma decide,
En su cólera indignada,
Que es más vil que el que degrada
A un pueblo, el que lo divide.
¿Quién, con injurias, convence?
¿Quién, con epítetos, labra?
Vence el amor. La palabra
Sólo cuando justa, vence.
Si es uno el honor, los modos
Varios se habrán de juntar:
¡Con todos se ha de fundar,
Para el bienestar de todos!
1.205
José Martí
A Adelaida Baralt
Ayer, linda Adelaida, en la pluviosa
Mañana, vi brillar un soberano
Arbol de luz en flor,—iay! un cubano
Floral,—nave perdida en mar brumosa.
Y en sus ramas posé, como se posa,
Loco de luz y hambriento de verano,
Un viejo colibrí, sin pluma y cano
Sobre la rama de un jazmín en rosa.
¡Mas parto, el ala triste! cruzo el río,
Y hallo a mi padre audaz, nata y espejo
De ancianos de valor, enfermo y frío.
De nostalgia y de lluvia: ¿cómo dejo
Por dar, linda Adelaida, fuego al mío,
Sin fuego y solo el corazón del viejo?
Mañana, vi brillar un soberano
Arbol de luz en flor,—iay! un cubano
Floral,—nave perdida en mar brumosa.
Y en sus ramas posé, como se posa,
Loco de luz y hambriento de verano,
Un viejo colibrí, sin pluma y cano
Sobre la rama de un jazmín en rosa.
¡Mas parto, el ala triste! cruzo el río,
Y hallo a mi padre audaz, nata y espejo
De ancianos de valor, enfermo y frío.
De nostalgia y de lluvia: ¿cómo dejo
Por dar, linda Adelaida, fuego al mío,
Sin fuego y solo el corazón del viejo?
878
José Martí
A Adelaida Baralt
Ayer, linda Adelaida, en la pluviosa
Mañana, vi brillar un soberano
Arbol de luz en flor,—iay! un cubano
Floral,—nave perdida en mar brumosa.
Y en sus ramas posé, como se posa,
Loco de luz y hambriento de verano,
Un viejo colibrí, sin pluma y cano
Sobre la rama de un jazmín en rosa.
¡Mas parto, el ala triste! cruzo el río,
Y hallo a mi padre audaz, nata y espejo
De ancianos de valor, enfermo y frío.
De nostalgia y de lluvia: ¿cómo dejo
Por dar, linda Adelaida, fuego al mío,
Sin fuego y solo el corazón del viejo?
Mañana, vi brillar un soberano
Arbol de luz en flor,—iay! un cubano
Floral,—nave perdida en mar brumosa.
Y en sus ramas posé, como se posa,
Loco de luz y hambriento de verano,
Un viejo colibrí, sin pluma y cano
Sobre la rama de un jazmín en rosa.
¡Mas parto, el ala triste! cruzo el río,
Y hallo a mi padre audaz, nata y espejo
De ancianos de valor, enfermo y frío.
De nostalgia y de lluvia: ¿cómo dejo
Por dar, linda Adelaida, fuego al mío,
Sin fuego y solo el corazón del viejo?
878
José Martí
Cuba Nos Une
Cuba nos une en extranjero suelo,
Auras de Cuba nuestro amor desea:
Cuba es tu corazón, Cuba es mi cielo,
Cuba en tu libro mi palabra sea.
Auras de Cuba nuestro amor desea:
Cuba es tu corazón, Cuba es mi cielo,
Cuba en tu libro mi palabra sea.
945
José Martí
Para Cecilia Gutiérrez Nájera Y Maillefert
En la cuna sin par nació la airosa
Niña de honda mirada y paso leve,
Que el padre le tejió de milagrosa
Música azul y clavellín de nieve.
Del sol voraz y de la cumbre andina,
Con mirra nueva el séquito de bardos
Vino a regar sobre la cuna fina
Olor de myosotis y luz de nardos.
A las pálidas alas del arpegio,
Preso del cinto a la trenzada cuna,
Colgó liana sutil el bardo regio
De ópalo tenue y claridad de luna.
A las trémulas manos de la ansiosa
Madre feliz, para el collar primero
Virtió el bardo creador la pudorosa
Perla y el iris de su ideal joyero.
De su menudo y fúlgido palacio
Surgió la niña mística, cual sube,
Blanca y azul, por el solemne espacio,
Lleno el seno de lágrimas, la nube.
Verdes los ojos son de la hechicera
Niña, y en ellos tiembla la mirada
Cual onda virgen de la mar viajera
Presa al pasar en concha nacarada.
Fina y severa como el arte grave,
Alísea planta en la existencia apoya,
Y el canto tiene y la inquietud del ave,
Y su mano es el hueco de una joya.
Niña: si el mundo infiel al bardo airoso
Las magias roba con que orló tu cuna,
Tú le ornarás de nuevo el milagroso
Verso de ópalo tenue y luz de luna.
Niña de honda mirada y paso leve,
Que el padre le tejió de milagrosa
Música azul y clavellín de nieve.
Del sol voraz y de la cumbre andina,
Con mirra nueva el séquito de bardos
Vino a regar sobre la cuna fina
Olor de myosotis y luz de nardos.
A las pálidas alas del arpegio,
Preso del cinto a la trenzada cuna,
Colgó liana sutil el bardo regio
De ópalo tenue y claridad de luna.
A las trémulas manos de la ansiosa
Madre feliz, para el collar primero
Virtió el bardo creador la pudorosa
Perla y el iris de su ideal joyero.
De su menudo y fúlgido palacio
Surgió la niña mística, cual sube,
Blanca y azul, por el solemne espacio,
Lleno el seno de lágrimas, la nube.
Verdes los ojos son de la hechicera
Niña, y en ellos tiembla la mirada
Cual onda virgen de la mar viajera
Presa al pasar en concha nacarada.
Fina y severa como el arte grave,
Alísea planta en la existencia apoya,
Y el canto tiene y la inquietud del ave,
Y su mano es el hueco de una joya.
Niña: si el mundo infiel al bardo airoso
Las magias roba con que orló tu cuna,
Tú le ornarás de nuevo el milagroso
Verso de ópalo tenue y luz de luna.
774
José Martí
¿palabras? Ya Sé, Palabras
¿Palabras? ya sé, palabras,
No me las puedes decir;
Pero mirarme sí puedes:—
¡Basta para vivir!
No me las puedes decir;
Pero mirarme sí puedes:—
¡Basta para vivir!
757
José Martí
Bosque De Rosas
Allí despacio te diré mis cuitas,
¡Allí en tu boca escribiré mis versos!—
¡Ven, que la soledad será tu escudo!
Ven, blanca oveja, (*)
Pero, si acaso lloras, en tus manos
Esconderé mi rostro, y con mis lágrimas
Borraré los extraños versos míos,
¿Sufrir tú, a quien yo amo, y ser yo el casco
Brutal, y tú, mi amada, el lirio roto?
No, mi tímida oveja, yo odio el lobo, (*)
Ven, que la soledad será tu escudo. (*)
¡Oh! la sangre del alma, ¿tú la has visto?
Tiene manos y voz, y al que la vierte
Eternamente entre la sombra acusa.
¡Hay crímenes ocultos, y hay cadáveres
De almas, y hay villanos matadores!
Al bosque ven: del roble más erguido
¡Un pilón labremos, y en el pilón
Cuantos engañen a mujer pongamos!
Ésa es la lidia humana: ¡la tremenda
Batalla de los cascos y los lirios!
Pues los hombres soberbios, ¿no son fieras?
¡Bestias y fieras! Mira, aquí te traigo
Mi bestia muerta y mi furor domado.—
Ven, a callar, a murmurar, al ruido
De las hojas de Abril y los nidales.
Deja, oh mi amada, las paredes mudas
De esta casa ahoyada y ven conmigo
No al mar que bate y ruge sino al bosque
De rosas que hay al fondo de la selva.
Allí es buena la vida, porque es libre,—
Y la virtud, por libre, será cierta,
Por libre, mi respeto meritorio.
Ni el amor, si no es libre, da ventura.
¡Oh, gentes ruines, los que en calma gozan
De robados amores! Si es ajeno
El cariño, el placer de respetarlo
Mayor mil veces es que el de su goce;
¡Del buen obrar qué orgullo al pecho queda
Y cómo en dulces lágrimas rebosa,
Y en extrañas palabras, que parecen
Aleteos, no voces! Y ¡qué culpa
La de fingir amor! ¡Pues hay tormento
Como aquél, sin amar, de hablar de amores!
¡Ven, que allí triste iré, pues yo me veo!
¡Ven, que la soledad será tu escudo!
¡Allí en tu boca escribiré mis versos!—
¡Ven, que la soledad será tu escudo!
Ven, blanca oveja, (*)
Pero, si acaso lloras, en tus manos
Esconderé mi rostro, y con mis lágrimas
Borraré los extraños versos míos,
¿Sufrir tú, a quien yo amo, y ser yo el casco
Brutal, y tú, mi amada, el lirio roto?
No, mi tímida oveja, yo odio el lobo, (*)
Ven, que la soledad será tu escudo. (*)
¡Oh! la sangre del alma, ¿tú la has visto?
Tiene manos y voz, y al que la vierte
Eternamente entre la sombra acusa.
¡Hay crímenes ocultos, y hay cadáveres
De almas, y hay villanos matadores!
Al bosque ven: del roble más erguido
¡Un pilón labremos, y en el pilón
Cuantos engañen a mujer pongamos!
Ésa es la lidia humana: ¡la tremenda
Batalla de los cascos y los lirios!
Pues los hombres soberbios, ¿no son fieras?
¡Bestias y fieras! Mira, aquí te traigo
Mi bestia muerta y mi furor domado.—
Ven, a callar, a murmurar, al ruido
De las hojas de Abril y los nidales.
Deja, oh mi amada, las paredes mudas
De esta casa ahoyada y ven conmigo
No al mar que bate y ruge sino al bosque
De rosas que hay al fondo de la selva.
Allí es buena la vida, porque es libre,—
Y la virtud, por libre, será cierta,
Por libre, mi respeto meritorio.
Ni el amor, si no es libre, da ventura.
¡Oh, gentes ruines, los que en calma gozan
De robados amores! Si es ajeno
El cariño, el placer de respetarlo
Mayor mil veces es que el de su goce;
¡Del buen obrar qué orgullo al pecho queda
Y cómo en dulces lágrimas rebosa,
Y en extrañas palabras, que parecen
Aleteos, no voces! Y ¡qué culpa
La de fingir amor! ¡Pues hay tormento
Como aquél, sin amar, de hablar de amores!
¡Ven, que allí triste iré, pues yo me veo!
¡Ven, que la soledad será tu escudo!
905
José Martí
No Me Quites Las Canas
No me quites las canas
Que son mi nobleza:
Cada cana es la huella de un rayo
Que pasó, sin doblar mi cabeza.
Dame un beso en las canas, mi niña:
¡Que son mi nobleza!
Que son mi nobleza:
Cada cana es la huella de un rayo
Que pasó, sin doblar mi cabeza.
Dame un beso en las canas, mi niña:
¡Que son mi nobleza!
1.144
José Martí
Vino El Amor Mental
Vino el amor mental: ese enfermizo
Febril, informe, falso amor primero,
¡Ansia de amar que se consagra a un rizo,
Como, si a tiempo pasa, al bravo acero!
Vino el amor social: ese alevoso
Puñal de mango de oro oculto en flores
Que donde clava, infama: ese espantoso
Amor de azar, preñado de dolores.
Vino el amor del corazón: el vago
Y perfumado amor, que al alma asoma
Como el que en bosque duerme, eterno lago,
La que el vuelo aún no alzó, blanca paloma.
Y la púdica lira, al beso ardiente
Blanda jamás, rebosa a esta delicia,
Como entraña de flor, que al alba siente
De la luz no tocada la caricia.—
Febril, informe, falso amor primero,
¡Ansia de amar que se consagra a un rizo,
Como, si a tiempo pasa, al bravo acero!
Vino el amor social: ese alevoso
Puñal de mango de oro oculto en flores
Que donde clava, infama: ese espantoso
Amor de azar, preñado de dolores.
Vino el amor del corazón: el vago
Y perfumado amor, que al alma asoma
Como el que en bosque duerme, eterno lago,
La que el vuelo aún no alzó, blanca paloma.
Y la púdica lira, al beso ardiente
Blanda jamás, rebosa a esta delicia,
Como entraña de flor, que al alba siente
De la luz no tocada la caricia.—
712
José Martí
Vino El Amor Mental
Vino el amor mental: ese enfermizo
Febril, informe, falso amor primero,
¡Ansia de amar que se consagra a un rizo,
Como, si a tiempo pasa, al bravo acero!
Vino el amor social: ese alevoso
Puñal de mango de oro oculto en flores
Que donde clava, infama: ese espantoso
Amor de azar, preñado de dolores.
Vino el amor del corazón: el vago
Y perfumado amor, que al alma asoma
Como el que en bosque duerme, eterno lago,
La que el vuelo aún no alzó, blanca paloma.
Y la púdica lira, al beso ardiente
Blanda jamás, rebosa a esta delicia,
Como entraña de flor, que al alba siente
De la luz no tocada la caricia.—
Febril, informe, falso amor primero,
¡Ansia de amar que se consagra a un rizo,
Como, si a tiempo pasa, al bravo acero!
Vino el amor social: ese alevoso
Puñal de mango de oro oculto en flores
Que donde clava, infama: ese espantoso
Amor de azar, preñado de dolores.
Vino el amor del corazón: el vago
Y perfumado amor, que al alma asoma
Como el que en bosque duerme, eterno lago,
La que el vuelo aún no alzó, blanca paloma.
Y la púdica lira, al beso ardiente
Blanda jamás, rebosa a esta delicia,
Como entraña de flor, que al alba siente
De la luz no tocada la caricia.—
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