Poemas en este tema
Emociones y Sentimientos
Anônimo
Romance Xviii Cuenta Cómo Arias Gonzalo Se Preparaba Para Lidiar El Reto
Tristes van los zamoranos metidos en gran quebranto;
retados son de traidores, de alevosos son llamados;
más quieren todos ser muertos que no traidores nombrados.
Día era de san Millán, ese día señalado,
todos duermen en Zamora, mas no duerme Arias Gonzalo;
aún no es bien amanecido que el cielo estaba estrellado,
castigando está a sus hijos, a todos cuatro está armando,
las palabras que les dice son de mancilla y quebranto:
—Yo he de lidiar el primero con don Diego el castellano:
si con mentira nos reta, vencerle he y hágoos salvos;
pero si cualquier traidor hay entre los zamoranos,
y él nos reta con verdad, muerto quedaré en el campo.
Morir quiero y no ver muerte de hijos que tanto amo.
Las armas pide el buen viejo, sus hijos le están armando,
las grebas le están poniendo; doña Urraca que allí ha entrado,
llorando de los sus ojos y el cabello destrenzado:
—¿Para qué tomas las armas? ¿Dónde vas, mi viejo amo:
pues sabéis, si vos morís, perdido es todo mi estado?
¡Acordaos que prometistes a mi padre don Fernando
de nunca desampararme ni dejar de vuestra mano!
Caballeros de la infanta a don Arias van rogando
que les deje la batalla, que la tomarán de grado;
mas él sólo da sus armas a su hijo don Fernando:
—¡Dios vaya contigo, hijo, la mi bendición te mando;
ve a salvar los de Zamora; como Cristo a los humanos!
Sin poner pie en el estribo don Fernando ha cabalgado.
Por aquel postigo viejo galopando se ha alejado
adonde estaban los jueces, que ya le están esperando;
partido les han el sol, dejado les han el campo.
retados son de traidores, de alevosos son llamados;
más quieren todos ser muertos que no traidores nombrados.
Día era de san Millán, ese día señalado,
todos duermen en Zamora, mas no duerme Arias Gonzalo;
aún no es bien amanecido que el cielo estaba estrellado,
castigando está a sus hijos, a todos cuatro está armando,
las palabras que les dice son de mancilla y quebranto:
—Yo he de lidiar el primero con don Diego el castellano:
si con mentira nos reta, vencerle he y hágoos salvos;
pero si cualquier traidor hay entre los zamoranos,
y él nos reta con verdad, muerto quedaré en el campo.
Morir quiero y no ver muerte de hijos que tanto amo.
Las armas pide el buen viejo, sus hijos le están armando,
las grebas le están poniendo; doña Urraca que allí ha entrado,
llorando de los sus ojos y el cabello destrenzado:
—¿Para qué tomas las armas? ¿Dónde vas, mi viejo amo:
pues sabéis, si vos morís, perdido es todo mi estado?
¡Acordaos que prometistes a mi padre don Fernando
de nunca desampararme ni dejar de vuestra mano!
Caballeros de la infanta a don Arias van rogando
que les deje la batalla, que la tomarán de grado;
mas él sólo da sus armas a su hijo don Fernando:
—¡Dios vaya contigo, hijo, la mi bendición te mando;
ve a salvar los de Zamora; como Cristo a los humanos!
Sin poner pie en el estribo don Fernando ha cabalgado.
Por aquel postigo viejo galopando se ha alejado
adonde estaban los jueces, que ya le están esperando;
partido les han el sol, dejado les han el campo.
392
Anônimo
Romance Xv Del Caballero Leal Zamorano Y De Vellido Dolfos, Que Se Salió De Zamora Para Con F
Sobre el muro de Zamora; vide un caballero erguido;
al real de los castellanos da con grande grito:
—¡Guarte, guarte, rey don Sancho, no digas que no te aviso,
que del cerco de Zamora un traidor había salido;
Vellido Dolfos se llama, hijo de Dolfos Vellido,
si gran traidor fue su padre, mayor traidor es el hijo;
cuatro traiciones ha hecho, y con ésta serán cinco!
Si te engaña, rey don Sancho, no digas que no te aviso.
Gritos dan en el real: ¡A don Sancho han mal herido!
¡Muerto le ha Vellido Dolfos; gran traición ha cometido!
Desque le tuviera muerto, metióse por un postigo,
por las calle de Zamora va dando voces y gritos:
—¡Tiempo era, doña Urraca, de cumplir lo prometido!
al real de los castellanos da con grande grito:
—¡Guarte, guarte, rey don Sancho, no digas que no te aviso,
que del cerco de Zamora un traidor había salido;
Vellido Dolfos se llama, hijo de Dolfos Vellido,
si gran traidor fue su padre, mayor traidor es el hijo;
cuatro traiciones ha hecho, y con ésta serán cinco!
Si te engaña, rey don Sancho, no digas que no te aviso.
Gritos dan en el real: ¡A don Sancho han mal herido!
¡Muerto le ha Vellido Dolfos; gran traición ha cometido!
Desque le tuviera muerto, metióse por un postigo,
por las calle de Zamora va dando voces y gritos:
—¡Tiempo era, doña Urraca, de cumplir lo prometido!
506
Anônimo
Romance Xi De La Infanta Doña Urraca, Que Se Fue Para Cabezón A Quejarse Muy Malamente
—Morir vos queredes, padre, ¡San Miguel vos haya el alma!
Mandastes las vuestra tierras a quien se vos antojara:
diste a don Sancho a Castilla, Castilla la bien nombrada,
a don Alfonso a León con Asturias y Sanabria,
a don García a Galicia con Portugal la preciada,
¡y a mí, porque soy mujer, dejáisme desheredada!
Irme he yo de tierra en tierra como una mujer errada;
mi lindo cuerpo daría a quien bien se me antojara,
a los moros por dinero y a los cristianos de gracia;
de lo que ganar pudiere, haré bien por vuestra alma.
Allí preguntara el rey: —¿Quién es esa que así habla?
Respondiera el arzobispo: —Vuestra hija doña Urraca.
—Calledes, hija, calledes, no digades tal palabra,
que mujer que tal decía merecía ser quemada.
Allá en tierra leonesa un rincón se me olvidaba,
Zamora tiene por nombre, Zamora la bien cercada,
de un lado la cerca el Duero, del otro peña tajada.
¡Quien vos la quitare, hija, la mi maldición le caiga!
Todos dicen: «Amen, amen», sino don Sancho que calla.
Mandastes las vuestra tierras a quien se vos antojara:
diste a don Sancho a Castilla, Castilla la bien nombrada,
a don Alfonso a León con Asturias y Sanabria,
a don García a Galicia con Portugal la preciada,
¡y a mí, porque soy mujer, dejáisme desheredada!
Irme he yo de tierra en tierra como una mujer errada;
mi lindo cuerpo daría a quien bien se me antojara,
a los moros por dinero y a los cristianos de gracia;
de lo que ganar pudiere, haré bien por vuestra alma.
Allí preguntara el rey: —¿Quién es esa que así habla?
Respondiera el arzobispo: —Vuestra hija doña Urraca.
—Calledes, hija, calledes, no digades tal palabra,
que mujer que tal decía merecía ser quemada.
Allá en tierra leonesa un rincón se me olvidaba,
Zamora tiene por nombre, Zamora la bien cercada,
de un lado la cerca el Duero, del otro peña tajada.
¡Quien vos la quitare, hija, la mi maldición le caiga!
Todos dicen: «Amen, amen», sino don Sancho que calla.
457
Anônimo
Romance X De La Muerte Del Rey Don Fernando En El Castillo De Cabezón, A Una Corta Jornada De
Doliente estaba, doliente, ese buen rey don Fernando;
los pies tiene cara oriente y la candela en la mano.
A su cabecera tiene arzobispos y perlados;
a su man derecha tiene los sus hijos todos cuatro:
los tres eran de la reina y el uno era bastardo.
Ese que bastardo era quedaba mejor librado:
abad era de Sahagund, arzobispo de Santiago,
y del Papa cardenal, en las Españas legado.
—Si yo no muriera, hijo, vos fuérades Padre Santo,
mas con la renta que os queda, bien podréis, hijo, alcanzarlo.
los pies tiene cara oriente y la candela en la mano.
A su cabecera tiene arzobispos y perlados;
a su man derecha tiene los sus hijos todos cuatro:
los tres eran de la reina y el uno era bastardo.
Ese que bastardo era quedaba mejor librado:
abad era de Sahagund, arzobispo de Santiago,
y del Papa cardenal, en las Españas legado.
—Si yo no muriera, hijo, vos fuérades Padre Santo,
mas con la renta que os queda, bien podréis, hijo, alcanzarlo.
526
Anônimo
Romance Viii Carta De Doña Jimena Al Rey
En los solares de Burgos a su Rodrigo aguardando,
tan encinta está Jimena, que muy cedo aguarda el parto;
cuando demás dolorida una mañana en disanto,
bañada en lágrimas tiernas, escribe al rey don Fernando:
«A vos, el mi señor rey, el bueno, el aventurado,
el magno, el conquistador, el agradecido, el sabio,
la vuestra sierva Jimena, fija del conde Lozano,
desde Burgos os saluda, donde vive lacerando.
Perdonédesme señor, que no tengo pecho falso,
y si mal talante os tengo, no puedo disimulallo.
¿Qué ley de Dios vos otorga que podáis, por tiempo tanto
como ha que fincáis en lides, descasar a los casados?
¿Qué buena razón consiente que a mi marido velado
no le soltéis para mí sino una vez en el año?
Y esa vez que lo soltáis, fasta los pies del caballo
tan teñido en sangre viene, que pone pavor mirallo;
y no bien mis brazos toca cuando se duerme en mis brazos,
y en sueños gime y forcejea, que cuida que está lidiando,
y apenas el alba rompe, cuando lo están acuciando
las esculcas y adalides para que se vuelva al campo.
Llorando vos lo pedí y en mi soledad cuidando
de cobrar padre y marido, ni uno tengo, ni otro alcanzo.
Y como otro bien no tengo y me lo habedes quitado,
en guisa lo lloro vivo cual si estuviese enterrado.
Si lo facéis por honralle, asaz Rodrigo es honrado,
pues no tiene barba, y tiene reyes moros por vasallos.
Yo finco, señor, encinta, que en nueve meses he entrado
y me pueden empecer las lágrimas que derramo.
Dad este escrito a las llamas, non se fega de él palacio,
que en malos barruntadores no me será bien contado».
tan encinta está Jimena, que muy cedo aguarda el parto;
cuando demás dolorida una mañana en disanto,
bañada en lágrimas tiernas, escribe al rey don Fernando:
«A vos, el mi señor rey, el bueno, el aventurado,
el magno, el conquistador, el agradecido, el sabio,
la vuestra sierva Jimena, fija del conde Lozano,
desde Burgos os saluda, donde vive lacerando.
Perdonédesme señor, que no tengo pecho falso,
y si mal talante os tengo, no puedo disimulallo.
¿Qué ley de Dios vos otorga que podáis, por tiempo tanto
como ha que fincáis en lides, descasar a los casados?
¿Qué buena razón consiente que a mi marido velado
no le soltéis para mí sino una vez en el año?
Y esa vez que lo soltáis, fasta los pies del caballo
tan teñido en sangre viene, que pone pavor mirallo;
y no bien mis brazos toca cuando se duerme en mis brazos,
y en sueños gime y forcejea, que cuida que está lidiando,
y apenas el alba rompe, cuando lo están acuciando
las esculcas y adalides para que se vuelva al campo.
Llorando vos lo pedí y en mi soledad cuidando
de cobrar padre y marido, ni uno tengo, ni otro alcanzo.
Y como otro bien no tengo y me lo habedes quitado,
en guisa lo lloro vivo cual si estuviese enterrado.
Si lo facéis por honralle, asaz Rodrigo es honrado,
pues no tiene barba, y tiene reyes moros por vasallos.
Yo finco, señor, encinta, que en nueve meses he entrado
y me pueden empecer las lágrimas que derramo.
Dad este escrito a las llamas, non se fega de él palacio,
que en malos barruntadores no me será bien contado».
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Anônimo
Romance Viii Carta De Doña Jimena Al Rey
En los solares de Burgos a su Rodrigo aguardando,
tan encinta está Jimena, que muy cedo aguarda el parto;
cuando demás dolorida una mañana en disanto,
bañada en lágrimas tiernas, escribe al rey don Fernando:
«A vos, el mi señor rey, el bueno, el aventurado,
el magno, el conquistador, el agradecido, el sabio,
la vuestra sierva Jimena, fija del conde Lozano,
desde Burgos os saluda, donde vive lacerando.
Perdonédesme señor, que no tengo pecho falso,
y si mal talante os tengo, no puedo disimulallo.
¿Qué ley de Dios vos otorga que podáis, por tiempo tanto
como ha que fincáis en lides, descasar a los casados?
¿Qué buena razón consiente que a mi marido velado
no le soltéis para mí sino una vez en el año?
Y esa vez que lo soltáis, fasta los pies del caballo
tan teñido en sangre viene, que pone pavor mirallo;
y no bien mis brazos toca cuando se duerme en mis brazos,
y en sueños gime y forcejea, que cuida que está lidiando,
y apenas el alba rompe, cuando lo están acuciando
las esculcas y adalides para que se vuelva al campo.
Llorando vos lo pedí y en mi soledad cuidando
de cobrar padre y marido, ni uno tengo, ni otro alcanzo.
Y como otro bien no tengo y me lo habedes quitado,
en guisa lo lloro vivo cual si estuviese enterrado.
Si lo facéis por honralle, asaz Rodrigo es honrado,
pues no tiene barba, y tiene reyes moros por vasallos.
Yo finco, señor, encinta, que en nueve meses he entrado
y me pueden empecer las lágrimas que derramo.
Dad este escrito a las llamas, non se fega de él palacio,
que en malos barruntadores no me será bien contado».
tan encinta está Jimena, que muy cedo aguarda el parto;
cuando demás dolorida una mañana en disanto,
bañada en lágrimas tiernas, escribe al rey don Fernando:
«A vos, el mi señor rey, el bueno, el aventurado,
el magno, el conquistador, el agradecido, el sabio,
la vuestra sierva Jimena, fija del conde Lozano,
desde Burgos os saluda, donde vive lacerando.
Perdonédesme señor, que no tengo pecho falso,
y si mal talante os tengo, no puedo disimulallo.
¿Qué ley de Dios vos otorga que podáis, por tiempo tanto
como ha que fincáis en lides, descasar a los casados?
¿Qué buena razón consiente que a mi marido velado
no le soltéis para mí sino una vez en el año?
Y esa vez que lo soltáis, fasta los pies del caballo
tan teñido en sangre viene, que pone pavor mirallo;
y no bien mis brazos toca cuando se duerme en mis brazos,
y en sueños gime y forcejea, que cuida que está lidiando,
y apenas el alba rompe, cuando lo están acuciando
las esculcas y adalides para que se vuelva al campo.
Llorando vos lo pedí y en mi soledad cuidando
de cobrar padre y marido, ni uno tengo, ni otro alcanzo.
Y como otro bien no tengo y me lo habedes quitado,
en guisa lo lloro vivo cual si estuviese enterrado.
Si lo facéis por honralle, asaz Rodrigo es honrado,
pues no tiene barba, y tiene reyes moros por vasallos.
Yo finco, señor, encinta, que en nueve meses he entrado
y me pueden empecer las lágrimas que derramo.
Dad este escrito a las llamas, non se fega de él palacio,
que en malos barruntadores no me será bien contado».
671
Anônimo
Romance Ix La Respuesta Del Rey
Pidiendo a las diez del día papel a su secretario,
a la carta de Jimena responde el rey por su mano;
y después de hacer la cruz con cuatro puntos y un rasgo,
aquestas palabras pone a guisa de cortesano:
«A vos, la noble Jimena, la del marido envidiado,
vos envío mis saludos en fe de quereros tanto.
Que estáis de mi querellosa, decís en vuestro despacho,
que non vos suelto el marido sino una vez en el año,
»y que cuando vos le suelto, en lugar de regalaros,
en vuestros brazos se duerme como viene tan cansado.
Si supiérades, señora, que vos quitaba el velado
para mis namoramientos, fuera bien el lamentarlo;
»mas si sólo vos lo quito para lidiar en el campo
con los moros convecinos, non vos fago mucho agravio;
que si yo no hubiera puesto las mis huertas a su cargo,
ni vos fuerais más que dueña, ni él fuera más que un hidalgo.
»A no vos tener encinta, señora, el vuestro velado
creyera de su dormir lo que me habedes contado.
Más pues el parto esperáis... si os falta un marido al lado,
no importa, que sobra un rey que os hará cien mil regalos.
»Decís que entregue a las llamas la carta que habéis mandado;
a contener herejías, fuera digna de tal caso;
mas pues razones contiene dignas de los siete sabios,
mejor es para mi archivo que non para el fuego ingrato.
»Y porque guardéis la mía y no la fagáis pedazos,
por ella a lo que pariéredes prometo buen aguinaldo:
si fuere hijo, daréle una espada y un caballo
y cien mil maravedís para ayuda de su gasto;
»si fija, para su dote prometo poner en cambio
desde el día en que naciere de plata cuarenta marcos.
Con esto ceso, señora, y no de estar suplicando
a la Virgen vos ayude en los dolores del parto».
a la carta de Jimena responde el rey por su mano;
y después de hacer la cruz con cuatro puntos y un rasgo,
aquestas palabras pone a guisa de cortesano:
«A vos, la noble Jimena, la del marido envidiado,
vos envío mis saludos en fe de quereros tanto.
Que estáis de mi querellosa, decís en vuestro despacho,
que non vos suelto el marido sino una vez en el año,
»y que cuando vos le suelto, en lugar de regalaros,
en vuestros brazos se duerme como viene tan cansado.
Si supiérades, señora, que vos quitaba el velado
para mis namoramientos, fuera bien el lamentarlo;
»mas si sólo vos lo quito para lidiar en el campo
con los moros convecinos, non vos fago mucho agravio;
que si yo no hubiera puesto las mis huertas a su cargo,
ni vos fuerais más que dueña, ni él fuera más que un hidalgo.
»A no vos tener encinta, señora, el vuestro velado
creyera de su dormir lo que me habedes contado.
Más pues el parto esperáis... si os falta un marido al lado,
no importa, que sobra un rey que os hará cien mil regalos.
»Decís que entregue a las llamas la carta que habéis mandado;
a contener herejías, fuera digna de tal caso;
mas pues razones contiene dignas de los siete sabios,
mejor es para mi archivo que non para el fuego ingrato.
»Y porque guardéis la mía y no la fagáis pedazos,
por ella a lo que pariéredes prometo buen aguinaldo:
si fuere hijo, daréle una espada y un caballo
y cien mil maravedís para ayuda de su gasto;
»si fija, para su dote prometo poner en cambio
desde el día en que naciere de plata cuarenta marcos.
Con esto ceso, señora, y no de estar suplicando
a la Virgen vos ayude en los dolores del parto».
454
Anônimo
Romance Ii De Cómo Jimena, La Hija Del Conde Lozano, Pide Al Rey Venganza
Grande rumor se levanta de gritos, armas y voces
en el palacio de Burgos, donde son los ricoshombres.
Bajó el rey de su aposento y con él toda la corte,
y a las puertas del palacio hallan a Jimena Gómez,
desmelenado el cabello, llorando a su padre el conde;
y a Rodrigo de Vivar ensangrentado el estoque.
Vieron al soberbio mozo el rostro airado se pone,
de doña Jimena oyendo lo que dicen sus clamores:
—¡Justicia, buen rey, te pido y venganza de traidores;
así se logren tus hijos y de tus hazañas goces,
que aquel que no la mantiene de rey no merece el nombre!
Y tú, matador cruel, no por mujer me perdones:
la muerte, traidor, te pido, no me la niegues ni estorbes,
pues mataste un caballero, el mejor de los mejores.
En esto, viendo Jimena que Rodrigo no responde,
y que tomando las riendas en su caballo se pone,
el rostro volviendo a todos, por obligalles da voces,
y viendo que no le siguen grita: —¡Venganza, señores!
en el palacio de Burgos, donde son los ricoshombres.
Bajó el rey de su aposento y con él toda la corte,
y a las puertas del palacio hallan a Jimena Gómez,
desmelenado el cabello, llorando a su padre el conde;
y a Rodrigo de Vivar ensangrentado el estoque.
Vieron al soberbio mozo el rostro airado se pone,
de doña Jimena oyendo lo que dicen sus clamores:
—¡Justicia, buen rey, te pido y venganza de traidores;
así se logren tus hijos y de tus hazañas goces,
que aquel que no la mantiene de rey no merece el nombre!
Y tú, matador cruel, no por mujer me perdones:
la muerte, traidor, te pido, no me la niegues ni estorbes,
pues mataste un caballero, el mejor de los mejores.
En esto, viendo Jimena que Rodrigo no responde,
y que tomando las riendas en su caballo se pone,
el rostro volviendo a todos, por obligalles da voces,
y viendo que no le siguen grita: —¡Venganza, señores!
445
Anônimo
Romance De Rosaflorida
En Castilla está un castillo, que se llama Rocafrida;
al castillo llaman Roca, y a la fonte llaman Frida.
El pie tenía de oro y almenas de plata fina;
entre almena y almena está una piedra zafira;
tanto relumbra de noche como el sol a mediodía.
Dentro estaba una doncella que llaman Rosaflorida;
siete condes la demandan, tres duques de Lombardía;
a todos les desdeñaba, tanta es su lozanía.
Enamoróse de Montesinos de oídas, que no de vista.
Una noche estando así, gritos da Rosaflorida;
oyérala un camarero, que en su cámara dormía.
—«¿Qu'es aquesto, mi señora? ¿Qu'es esto, Rosaflorida?
»O tenedes mal de amores, o estáis loca sandía».
—«Ni yo tengo mal de amores, ni estoy loca sandía,
»mas llevásesme estas cartas a Francia la bien guarnida;
»diéseslas a Montesinos, la cosa que yo más quería;
»dile que me venga a ver para la Pascua Florida;
»darle he siete castillos los mejores que hay en Castilla;
»y si de mí más quisiere yo mucho más le daría:
»darle he yo este mi cuerpo, el más lindo que hay en Castilla,
»si no es el de mi hermana, que de fuego sea ardida».
al castillo llaman Roca, y a la fonte llaman Frida.
El pie tenía de oro y almenas de plata fina;
entre almena y almena está una piedra zafira;
tanto relumbra de noche como el sol a mediodía.
Dentro estaba una doncella que llaman Rosaflorida;
siete condes la demandan, tres duques de Lombardía;
a todos les desdeñaba, tanta es su lozanía.
Enamoróse de Montesinos de oídas, que no de vista.
Una noche estando así, gritos da Rosaflorida;
oyérala un camarero, que en su cámara dormía.
—«¿Qu'es aquesto, mi señora? ¿Qu'es esto, Rosaflorida?
»O tenedes mal de amores, o estáis loca sandía».
—«Ni yo tengo mal de amores, ni estoy loca sandía,
»mas llevásesme estas cartas a Francia la bien guarnida;
»diéseslas a Montesinos, la cosa que yo más quería;
»dile que me venga a ver para la Pascua Florida;
»darle he siete castillos los mejores que hay en Castilla;
»y si de mí más quisiere yo mucho más le daría:
»darle he yo este mi cuerpo, el más lindo que hay en Castilla,
»si no es el de mi hermana, que de fuego sea ardida».
939
Anônimo
Romance De Rosafresca
Rosafresca, Rosafresca, tan garrida y con amor,
cuando yo os tuve en mis brazos no vos supe servir, no,
y ahora que os serviría no vos puedo haber, no.
—Vuestra fue la culpa, amigo, vuestra fue, que mía no:
enviásteme una carta con un vuestro servidor
y en lugar de recaudar él dijera otra razón:
que érades casado, amigo, allá en tierra de León,
que tenéis mujer hermosa y hijos como una flor.
—Quien vos lo dijo, señora, no vos dijo verdad, no,
que yo nunca entré en Castilla ni allá en tierras de León,
sino cuando era pequeño que no sabía de amor.
cuando yo os tuve en mis brazos no vos supe servir, no,
y ahora que os serviría no vos puedo haber, no.
—Vuestra fue la culpa, amigo, vuestra fue, que mía no:
enviásteme una carta con un vuestro servidor
y en lugar de recaudar él dijera otra razón:
que érades casado, amigo, allá en tierra de León,
que tenéis mujer hermosa y hijos como una flor.
—Quien vos lo dijo, señora, no vos dijo verdad, no,
que yo nunca entré en Castilla ni allá en tierras de León,
sino cuando era pequeño que no sabía de amor.
502
Anônimo
Romance De Rosafresca
Rosafresca, Rosafresca, tan garrida y con amor,
cuando yo os tuve en mis brazos no vos supe servir, no,
y ahora que os serviría no vos puedo haber, no.
—Vuestra fue la culpa, amigo, vuestra fue, que mía no:
enviásteme una carta con un vuestro servidor
y en lugar de recaudar él dijera otra razón:
que érades casado, amigo, allá en tierra de León,
que tenéis mujer hermosa y hijos como una flor.
—Quien vos lo dijo, señora, no vos dijo verdad, no,
que yo nunca entré en Castilla ni allá en tierras de León,
sino cuando era pequeño que no sabía de amor.
cuando yo os tuve en mis brazos no vos supe servir, no,
y ahora que os serviría no vos puedo haber, no.
—Vuestra fue la culpa, amigo, vuestra fue, que mía no:
enviásteme una carta con un vuestro servidor
y en lugar de recaudar él dijera otra razón:
que érades casado, amigo, allá en tierra de León,
que tenéis mujer hermosa y hijos como una flor.
—Quien vos lo dijo, señora, no vos dijo verdad, no,
que yo nunca entré en Castilla ni allá en tierras de León,
sino cuando era pequeño que no sabía de amor.
502
Anônimo
Romance De Rosafresca
Rosafresca, Rosafresca, tan garrida y con amor,
cuando yo os tuve en mis brazos no vos supe servir, no,
y ahora que os serviría no vos puedo haber, no.
—Vuestra fue la culpa, amigo, vuestra fue, que mía no:
enviásteme una carta con un vuestro servidor
y en lugar de recaudar él dijera otra razón:
que érades casado, amigo, allá en tierra de León,
que tenéis mujer hermosa y hijos como una flor.
—Quien vos lo dijo, señora, no vos dijo verdad, no,
que yo nunca entré en Castilla ni allá en tierras de León,
sino cuando era pequeño que no sabía de amor.
cuando yo os tuve en mis brazos no vos supe servir, no,
y ahora que os serviría no vos puedo haber, no.
—Vuestra fue la culpa, amigo, vuestra fue, que mía no:
enviásteme una carta con un vuestro servidor
y en lugar de recaudar él dijera otra razón:
que érades casado, amigo, allá en tierra de León,
que tenéis mujer hermosa y hijos como una flor.
—Quien vos lo dijo, señora, no vos dijo verdad, no,
que yo nunca entré en Castilla ni allá en tierras de León,
sino cuando era pequeño que no sabía de amor.
502
Anônimo
Romance De Gerineldo
Levantóse Gerineldo, que al rey dejara dormido,
fuese para la infanta donde estaba en el castillo.
—Abráisme, dijo, señora, abráisme, cuerpo garrido.
—¿Quién sois vos, el caballero, que llamáis a mi postigo?
—Gerineldo soy, señora, vuestro tan querido amigo.
Tomárala por la mano, en un lecho la ha metido,
y besando y abrazando Gerineldo se ha dormido.
Recordado había el rey de un sueño despavorido;
tres veces lo había llamado, ninguna le ha respondido.
—Gerineldo, Gerinaldo, mi camarero pulido;
si me andas en traición, trátasme como a enemigo.
O dormías con la infanta o me has vendido el castillo.
Tomó la espada en la mano, en gran saña va encendido,
fuérase para la cama donde a Gerineldo vido.
El quisiéralo matar, mas criole de chiquito.
Sacara luego la espada, entrambos la ha metido,
porque desque recordase viese cómo era sentido.
Recordado había la infanta y la espada ha conocido.
—Recordados, Gerineldo, que ya érades sentido,
que la espada de mi padre yo me la he bien conocido.
fuese para la infanta donde estaba en el castillo.
—Abráisme, dijo, señora, abráisme, cuerpo garrido.
—¿Quién sois vos, el caballero, que llamáis a mi postigo?
—Gerineldo soy, señora, vuestro tan querido amigo.
Tomárala por la mano, en un lecho la ha metido,
y besando y abrazando Gerineldo se ha dormido.
Recordado había el rey de un sueño despavorido;
tres veces lo había llamado, ninguna le ha respondido.
—Gerineldo, Gerinaldo, mi camarero pulido;
si me andas en traición, trátasme como a enemigo.
O dormías con la infanta o me has vendido el castillo.
Tomó la espada en la mano, en gran saña va encendido,
fuérase para la cama donde a Gerineldo vido.
El quisiéralo matar, mas criole de chiquito.
Sacara luego la espada, entrambos la ha metido,
porque desque recordase viese cómo era sentido.
Recordado había la infanta y la espada ha conocido.
—Recordados, Gerineldo, que ya érades sentido,
que la espada de mi padre yo me la he bien conocido.
700
Anônimo
Romance De Gerineldo
Levantóse Gerineldo, que al rey dejara dormido,
fuese para la infanta donde estaba en el castillo.
—Abráisme, dijo, señora, abráisme, cuerpo garrido.
—¿Quién sois vos, el caballero, que llamáis a mi postigo?
—Gerineldo soy, señora, vuestro tan querido amigo.
Tomárala por la mano, en un lecho la ha metido,
y besando y abrazando Gerineldo se ha dormido.
Recordado había el rey de un sueño despavorido;
tres veces lo había llamado, ninguna le ha respondido.
—Gerineldo, Gerinaldo, mi camarero pulido;
si me andas en traición, trátasme como a enemigo.
O dormías con la infanta o me has vendido el castillo.
Tomó la espada en la mano, en gran saña va encendido,
fuérase para la cama donde a Gerineldo vido.
El quisiéralo matar, mas criole de chiquito.
Sacara luego la espada, entrambos la ha metido,
porque desque recordase viese cómo era sentido.
Recordado había la infanta y la espada ha conocido.
—Recordados, Gerineldo, que ya érades sentido,
que la espada de mi padre yo me la he bien conocido.
fuese para la infanta donde estaba en el castillo.
—Abráisme, dijo, señora, abráisme, cuerpo garrido.
—¿Quién sois vos, el caballero, que llamáis a mi postigo?
—Gerineldo soy, señora, vuestro tan querido amigo.
Tomárala por la mano, en un lecho la ha metido,
y besando y abrazando Gerineldo se ha dormido.
Recordado había el rey de un sueño despavorido;
tres veces lo había llamado, ninguna le ha respondido.
—Gerineldo, Gerinaldo, mi camarero pulido;
si me andas en traición, trátasme como a enemigo.
O dormías con la infanta o me has vendido el castillo.
Tomó la espada en la mano, en gran saña va encendido,
fuérase para la cama donde a Gerineldo vido.
El quisiéralo matar, mas criole de chiquito.
Sacara luego la espada, entrambos la ha metido,
porque desque recordase viese cómo era sentido.
Recordado había la infanta y la espada ha conocido.
—Recordados, Gerineldo, que ya érades sentido,
que la espada de mi padre yo me la he bien conocido.
700
Anônimo
Romance De Gerineldo
Levantóse Gerineldo, que al rey dejara dormido,
fuese para la infanta donde estaba en el castillo.
—Abráisme, dijo, señora, abráisme, cuerpo garrido.
—¿Quién sois vos, el caballero, que llamáis a mi postigo?
—Gerineldo soy, señora, vuestro tan querido amigo.
Tomárala por la mano, en un lecho la ha metido,
y besando y abrazando Gerineldo se ha dormido.
Recordado había el rey de un sueño despavorido;
tres veces lo había llamado, ninguna le ha respondido.
—Gerineldo, Gerinaldo, mi camarero pulido;
si me andas en traición, trátasme como a enemigo.
O dormías con la infanta o me has vendido el castillo.
Tomó la espada en la mano, en gran saña va encendido,
fuérase para la cama donde a Gerineldo vido.
El quisiéralo matar, mas criole de chiquito.
Sacara luego la espada, entrambos la ha metido,
porque desque recordase viese cómo era sentido.
Recordado había la infanta y la espada ha conocido.
—Recordados, Gerineldo, que ya érades sentido,
que la espada de mi padre yo me la he bien conocido.
fuese para la infanta donde estaba en el castillo.
—Abráisme, dijo, señora, abráisme, cuerpo garrido.
—¿Quién sois vos, el caballero, que llamáis a mi postigo?
—Gerineldo soy, señora, vuestro tan querido amigo.
Tomárala por la mano, en un lecho la ha metido,
y besando y abrazando Gerineldo se ha dormido.
Recordado había el rey de un sueño despavorido;
tres veces lo había llamado, ninguna le ha respondido.
—Gerineldo, Gerinaldo, mi camarero pulido;
si me andas en traición, trátasme como a enemigo.
O dormías con la infanta o me has vendido el castillo.
Tomó la espada en la mano, en gran saña va encendido,
fuérase para la cama donde a Gerineldo vido.
El quisiéralo matar, mas criole de chiquito.
Sacara luego la espada, entrambos la ha metido,
porque desque recordase viese cómo era sentido.
Recordado había la infanta y la espada ha conocido.
—Recordados, Gerineldo, que ya érades sentido,
que la espada de mi padre yo me la he bien conocido.
700
Anônimo
Romance De Doña Alda
En París está doña Alda, la esposa de don Roldán,
trescientas damas con ella para la acompañar:
todas visten un vestido, todas calzan un calzar,
todas comen a una mesa, todas comían de un pan,
si no era doña Alda, que era la mayoral;
las ciento hilaban oro, las ciento tejen cendal,
las ciento tañen instrumentos para doña Alda holgar.
Al son de los instrumentos doña Alda dormido se ha;
ensoñado había un sueño, un sueño de gran pesar.
Recordó despavorida y con un pavor muy grande;
los gritos daba tan grandes que se oían en la ciudad.
Allí hablaron sus doncellas, bien oiréis lo que dirán:
—¿Qué es aquesto, mi señora? ¿quién es el que os hizo mal?
—Un sueño soñé, doncellas, que me ha dado gran pesar:
que me veía en un monte en un desierto lugar:
do so los montes muy altos un azor vide volar,
tras dél viene una aguililla que lo ahínca muy mal.
El azor, con grande cuita, metióse so mi brial,
el aguililla, con gran ira, de allí lo iba a sacar;
con las uñas lo despluma, con el pico lo deshace.
Allí habló su camarera, bien oiréis lo que dirá:
—Aquese sueño, señora, bien os lo entiendo soltar:
el azor es vuestro esposo que viene de allén la mar,
el águila sedes vos, con la cual ha de casar,
y aquel monte es la iglesia, donde os han de velar.
—Si así es, mi camarera, bien te lo entiendo pagar.
Otro día de mañana cartas de fuera le traen:
tintas venían por dentro, de fuera escritas con sangre,
que su Roldán era muerto en caza de Roncesvalles.
trescientas damas con ella para la acompañar:
todas visten un vestido, todas calzan un calzar,
todas comen a una mesa, todas comían de un pan,
si no era doña Alda, que era la mayoral;
las ciento hilaban oro, las ciento tejen cendal,
las ciento tañen instrumentos para doña Alda holgar.
Al son de los instrumentos doña Alda dormido se ha;
ensoñado había un sueño, un sueño de gran pesar.
Recordó despavorida y con un pavor muy grande;
los gritos daba tan grandes que se oían en la ciudad.
Allí hablaron sus doncellas, bien oiréis lo que dirán:
—¿Qué es aquesto, mi señora? ¿quién es el que os hizo mal?
—Un sueño soñé, doncellas, que me ha dado gran pesar:
que me veía en un monte en un desierto lugar:
do so los montes muy altos un azor vide volar,
tras dél viene una aguililla que lo ahínca muy mal.
El azor, con grande cuita, metióse so mi brial,
el aguililla, con gran ira, de allí lo iba a sacar;
con las uñas lo despluma, con el pico lo deshace.
Allí habló su camarera, bien oiréis lo que dirá:
—Aquese sueño, señora, bien os lo entiendo soltar:
el azor es vuestro esposo que viene de allén la mar,
el águila sedes vos, con la cual ha de casar,
y aquel monte es la iglesia, donde os han de velar.
—Si así es, mi camarera, bien te lo entiendo pagar.
Otro día de mañana cartas de fuera le traen:
tintas venían por dentro, de fuera escritas con sangre,
que su Roldán era muerto en caza de Roncesvalles.
931
Anônimo
Romance De Fontefrida
Fontefrida, Fontefrida, Fontefrida y con amor,
do todas las avecicas van tomar consolación,
si no es la tortolica que está viuda y con dolor.
Por ahí fuera pasar el traidor del ruiseñor,
las palabras que él decía llenas son de traición;
—Si tu quisieses, señora, yo sería tu servidor.
—Vete de ahí, enemigo, malo, falso, engañador,
que ni poso en ramo verde, ni en prado que tenga flor,
que si hallo el agua clara, turbia la bebía yo;
que no quiero haber marido, porque hijos no haya, no,
no quiero placer con ellos, ni menos consolación.
Déjame, triste enemigo, malo, falso, mal traidor,
que no quiero ser tu amiga ni casar contigo, no.
do todas las avecicas van tomar consolación,
si no es la tortolica que está viuda y con dolor.
Por ahí fuera pasar el traidor del ruiseñor,
las palabras que él decía llenas son de traición;
—Si tu quisieses, señora, yo sería tu servidor.
—Vete de ahí, enemigo, malo, falso, engañador,
que ni poso en ramo verde, ni en prado que tenga flor,
que si hallo el agua clara, turbia la bebía yo;
que no quiero haber marido, porque hijos no haya, no,
no quiero placer con ellos, ni menos consolación.
Déjame, triste enemigo, malo, falso, mal traidor,
que no quiero ser tu amiga ni casar contigo, no.
654
Anônimo
Romance De Fontefrida
Fontefrida, Fontefrida, Fontefrida y con amor,
do todas las avecicas van tomar consolación,
si no es la tortolica que está viuda y con dolor.
Por ahí fuera pasar el traidor del ruiseñor,
las palabras que él decía llenas son de traición;
—Si tu quisieses, señora, yo sería tu servidor.
—Vete de ahí, enemigo, malo, falso, engañador,
que ni poso en ramo verde, ni en prado que tenga flor,
que si hallo el agua clara, turbia la bebía yo;
que no quiero haber marido, porque hijos no haya, no,
no quiero placer con ellos, ni menos consolación.
Déjame, triste enemigo, malo, falso, mal traidor,
que no quiero ser tu amiga ni casar contigo, no.
do todas las avecicas van tomar consolación,
si no es la tortolica que está viuda y con dolor.
Por ahí fuera pasar el traidor del ruiseñor,
las palabras que él decía llenas son de traición;
—Si tu quisieses, señora, yo sería tu servidor.
—Vete de ahí, enemigo, malo, falso, engañador,
que ni poso en ramo verde, ni en prado que tenga flor,
que si hallo el agua clara, turbia la bebía yo;
que no quiero haber marido, porque hijos no haya, no,
no quiero placer con ellos, ni menos consolación.
Déjame, triste enemigo, malo, falso, mal traidor,
que no quiero ser tu amiga ni casar contigo, no.
654
Anônimo
De Francia Partió La Niña
De Francia partió la niña, de Francia la bien guarnida,
íbase para París, do padre y madre tenía.
Errado lleva el camino, errada lleva la guía,
arrimárase a un roble por esperar compañía.
Vio venir un caballero que a París lleva la guía.
La niña, desque lo vido, de esta suerte le decía:
—Si te place, caballero, llévesme en tu compañía.
—Pláceme, dijo, señora, pláceme, dijo, mi vida.
Apeóse del caballo por hacerle cortesía;
puso la niña en las ancas y él subiérase en la silla.
En el medio del camino de amores la requería.
La niña, desque lo oyera, díjole con osadía:
—Tate, tate, caballero, no hagáis tal villanía,
hija soy de un malato y de una malatía,
el hombre que a mi llegase malato se tornaría.
El caballero, con temor, palabra no respondía.
A la entrada de París la niña se sonreía.
—¿De qué vos reís, señora? ¿De qué vos reís, mi vida?
—Ríome del caballero y de su gran cobardía:
¡tener la niña en el campo y catarle cortesía!
Caballero, con vergüenza, estas palabras decía:
—Vuelta, vuelta, mi señora, que una cosa se me olvida.
La niña, como discreta, dijo: —Yo no volvería,
ni persona, aunque volviese, en mi cuerpo tocaría:
hija soy del rey de Francia y la reina Constantina,
el hombre que a mí llegase muy caro le costaría.
íbase para París, do padre y madre tenía.
Errado lleva el camino, errada lleva la guía,
arrimárase a un roble por esperar compañía.
Vio venir un caballero que a París lleva la guía.
La niña, desque lo vido, de esta suerte le decía:
—Si te place, caballero, llévesme en tu compañía.
—Pláceme, dijo, señora, pláceme, dijo, mi vida.
Apeóse del caballo por hacerle cortesía;
puso la niña en las ancas y él subiérase en la silla.
En el medio del camino de amores la requería.
La niña, desque lo oyera, díjole con osadía:
—Tate, tate, caballero, no hagáis tal villanía,
hija soy de un malato y de una malatía,
el hombre que a mi llegase malato se tornaría.
El caballero, con temor, palabra no respondía.
A la entrada de París la niña se sonreía.
—¿De qué vos reís, señora? ¿De qué vos reís, mi vida?
—Ríome del caballero y de su gran cobardía:
¡tener la niña en el campo y catarle cortesía!
Caballero, con vergüenza, estas palabras decía:
—Vuelta, vuelta, mi señora, que una cosa se me olvida.
La niña, como discreta, dijo: —Yo no volvería,
ni persona, aunque volviese, en mi cuerpo tocaría:
hija soy del rey de Francia y la reina Constantina,
el hombre que a mí llegase muy caro le costaría.
812
Luis de Góngora y Argote
Verdes Juncos Del Duero A Mi Pastora
Verdes juncos del Duero a mi pastora
Tejieron dulce generosa cuna;
Blancas palmas, si el Tajo tiene alguna,
Cubren su pastoral albergue ahora.
Los montes mide y las campañas mora,
Flechando una dorada media luna,
Cual dicen que a las fieras fue importuna
Del Eurota la casta cazadora.
De un blanco armiño el esplendor vestida,
Los blancos pies distinguen de la nieve
Los coturnos que calza esta homicida;
Bien tal, pues montaraz y endurecida,
Contra las fieras sólo un arco mueve,
Y dos arcos tendió contra mi vida.
Tejieron dulce generosa cuna;
Blancas palmas, si el Tajo tiene alguna,
Cubren su pastoral albergue ahora.
Los montes mide y las campañas mora,
Flechando una dorada media luna,
Cual dicen que a las fieras fue importuna
Del Eurota la casta cazadora.
De un blanco armiño el esplendor vestida,
Los blancos pies distinguen de la nieve
Los coturnos que calza esta homicida;
Bien tal, pues montaraz y endurecida,
Contra las fieras sólo un arco mueve,
Y dos arcos tendió contra mi vida.
335
Garcilaso de la Vega
Soneto Xxxvii
Nadi puede ser dichoso,
señora, ni desdichado,
sino que os haya mirado.
Porque la gloria de veros
en ese punto se quita
que se piensa en mereceros.
Así que, sin conoceros,
nadi puede ser dichoso,
señora, ni desdichado,
sino que os haya mirado.
señora, ni desdichado,
sino que os haya mirado.
Porque la gloria de veros
en ese punto se quita
que se piensa en mereceros.
Así que, sin conoceros,
nadi puede ser dichoso,
señora, ni desdichado,
sino que os haya mirado.
550
Luis de Góngora y Argote
Vuela, Pensamiento, Y Diles
Vuela, pensamiento, y diles
A los ojos que te envío
Que eres mío.
Celosa el alma te envía
Por diligente ministro,
Con poderes de registro
Y con malicias de espía;
Trata los aires de día,
Pisa de noche las salas
Con tan invisibles alas
Cuanto con pasos sutiles.
Vuela, pensamiento, y diles
A los ojos que te envío
Que eres mío.
Tu vuelo con diligencia
Y silencio se concluya,
Antes que venzan la suya
Las condiciones de ausencia;
Que no hay fiar resistencia
De una fe de vidrio tal,
Tras de un muro de cristal,
Y batido de esmeriles.
Vuela, pensamiento, y diles
A los ojos que te envío
Que eres mío.
Mira que su casa escombros
De unos soldados fiambres,
Que perdonando a sus hambres
Amenazan a los hombres;
De los tales no te asombres,
Porque, aunque tuercen los tales
Mostachazos criminales,
Ciñen espadas civiles.
Vuela, pensamiento, y diles
A los ojos que te envío
Que eres mío.
Por tu honra y por la mía,
De esta gente la descartes,
Que le serán estos Martes
Más aciagos que el día;
Pues la lanza de Argalía
Es ya cosa averiguada
Que pudo más por dorada
Que por fuerte la de Aquiles.
Vuela, pensamiento, y diles
A los ojos que te envío
Que eres mío.
Si a músicos entrar dejas,
Ciertos serán mis enojos,
Porque aseguran los ojos
Y saltean las orejas;
Cuando ellos ajenas quejas
Canten, ronda, pensamiento,
Y la voz, no el instrumento
Les quiten tus alguaciles.
Vuela, pensamiento, y diles
A los ojos que te envío
Que eres mío.
A los ojos que te envío
Que eres mío.
Celosa el alma te envía
Por diligente ministro,
Con poderes de registro
Y con malicias de espía;
Trata los aires de día,
Pisa de noche las salas
Con tan invisibles alas
Cuanto con pasos sutiles.
Vuela, pensamiento, y diles
A los ojos que te envío
Que eres mío.
Tu vuelo con diligencia
Y silencio se concluya,
Antes que venzan la suya
Las condiciones de ausencia;
Que no hay fiar resistencia
De una fe de vidrio tal,
Tras de un muro de cristal,
Y batido de esmeriles.
Vuela, pensamiento, y diles
A los ojos que te envío
Que eres mío.
Mira que su casa escombros
De unos soldados fiambres,
Que perdonando a sus hambres
Amenazan a los hombres;
De los tales no te asombres,
Porque, aunque tuercen los tales
Mostachazos criminales,
Ciñen espadas civiles.
Vuela, pensamiento, y diles
A los ojos que te envío
Que eres mío.
Por tu honra y por la mía,
De esta gente la descartes,
Que le serán estos Martes
Más aciagos que el día;
Pues la lanza de Argalía
Es ya cosa averiguada
Que pudo más por dorada
Que por fuerte la de Aquiles.
Vuela, pensamiento, y diles
A los ojos que te envío
Que eres mío.
Si a músicos entrar dejas,
Ciertos serán mis enojos,
Porque aseguran los ojos
Y saltean las orejas;
Cuando ellos ajenas quejas
Canten, ronda, pensamiento,
Y la voz, no el instrumento
Les quiten tus alguaciles.
Vuela, pensamiento, y diles
A los ojos que te envío
Que eres mío.
413
Luis de Góngora y Argote
Muerto Me Lloró El Tormes En Su Orilla,
Muerto me lloró el Tormes en su orilla,
En un parasismal sueño profundo,
En cuanto don Apolo el rubicundo
Tres veces sus caballos desensilla.
Fue mi resurrección la maravilla
Que de Lázaro fue la vuelta al mundo,
De suerte que ya soy otro segundo
Lazarillo de Tormes en Castilla.
Entré a servir a un ciego, que me envía,
Sin alma vivo, y en un dulce fuego,
Que ceniza hará la vida mía.
¡Oh qué dichoso que sería yo luego,
Si a Lazarillo le imitase un día
En la venganza que tomó del ciego!
En un parasismal sueño profundo,
En cuanto don Apolo el rubicundo
Tres veces sus caballos desensilla.
Fue mi resurrección la maravilla
Que de Lázaro fue la vuelta al mundo,
De suerte que ya soy otro segundo
Lazarillo de Tormes en Castilla.
Entré a servir a un ciego, que me envía,
Sin alma vivo, y en un dulce fuego,
Que ceniza hará la vida mía.
¡Oh qué dichoso que sería yo luego,
Si a Lazarillo le imitase un día
En la venganza que tomó del ciego!
330
Luis de Góngora y Argote
Muerto Me Lloró El Tormes En Su Orilla,
Muerto me lloró el Tormes en su orilla,
En un parasismal sueño profundo,
En cuanto don Apolo el rubicundo
Tres veces sus caballos desensilla.
Fue mi resurrección la maravilla
Que de Lázaro fue la vuelta al mundo,
De suerte que ya soy otro segundo
Lazarillo de Tormes en Castilla.
Entré a servir a un ciego, que me envía,
Sin alma vivo, y en un dulce fuego,
Que ceniza hará la vida mía.
¡Oh qué dichoso que sería yo luego,
Si a Lazarillo le imitase un día
En la venganza que tomó del ciego!
En un parasismal sueño profundo,
En cuanto don Apolo el rubicundo
Tres veces sus caballos desensilla.
Fue mi resurrección la maravilla
Que de Lázaro fue la vuelta al mundo,
De suerte que ya soy otro segundo
Lazarillo de Tormes en Castilla.
Entré a servir a un ciego, que me envía,
Sin alma vivo, y en un dulce fuego,
Que ceniza hará la vida mía.
¡Oh qué dichoso que sería yo luego,
Si a Lazarillo le imitase un día
En la venganza que tomó del ciego!
330