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Luis de Góngora y Argote
De Un Caballero Que Llamó Soneto A Un Romance
Música le pidió ayer su albedrío
A un descendiente de don Peranzules;
Templáronle al momento dos baúles
Con más cuerdas que jarcias un navío.
Cantáronle de cierto amigo mío
Un desafío campal de dos Gazules,
Que en ser por unos ojos entreazules
Fue peor que gatesco el desafío.
Romance fue el cantado, y que no pudo
Dejarle de entender, si el muy discreto
No era sordo, o el músico era mudo.
Y de que le entendió yo os lo prometo,
Pues envió a decir con don Bermudo:
«Que vuelvan a cantar aquel soneto».
A un descendiente de don Peranzules;
Templáronle al momento dos baúles
Con más cuerdas que jarcias un navío.
Cantáronle de cierto amigo mío
Un desafío campal de dos Gazules,
Que en ser por unos ojos entreazules
Fue peor que gatesco el desafío.
Romance fue el cantado, y que no pudo
Dejarle de entender, si el muy discreto
No era sordo, o el músico era mudo.
Y de que le entendió yo os lo prometo,
Pues envió a decir con don Bermudo:
«Que vuelvan a cantar aquel soneto».
310
Luis de Góngora y Argote
De Chinches Y De Mulas Voy Comido,
De chinches y de mulas voy comido,
Las unas culpa de una cama vieja,
Las otras de un Señor que me las deja
Veinte días y más, y se ha partido.
De vos, madera anciana, me despido,
Miembros de algún navío de vendeja,
Patria común de la nación bermeja,
Que un mes sin deudo de mi sangre ha sido.
Venid, mulas, con cuyos pies me ha dado
Tal coz el que quizá tendrá mancilla
De ver que me coméis el otro lado.
A Dios, Corte envainada en una villa,
A Dios, toril de los que has sido prado,
Que en mi rincón me espera una morcilla.
Las unas culpa de una cama vieja,
Las otras de un Señor que me las deja
Veinte días y más, y se ha partido.
De vos, madera anciana, me despido,
Miembros de algún navío de vendeja,
Patria común de la nación bermeja,
Que un mes sin deudo de mi sangre ha sido.
Venid, mulas, con cuyos pies me ha dado
Tal coz el que quizá tendrá mancilla
De ver que me coméis el otro lado.
A Dios, Corte envainada en una villa,
A Dios, toril de los que has sido prado,
Que en mi rincón me espera una morcilla.
306
Luis de Góngora y Argote
¿son De Tolú, O Son De Puertorrico
¿Son de Tolú, o son de Puertorrico,
Ilustre y hermosísima María,
O son de las montañas de Bujía
La fiera mona y el disforme mico?
Gracioso está el balcón, yo os certifico;
Desnudadle de hoy más de celosía.
Goce Cuenca una y otra monería,
Den a unos de cola, a otros de hocico.
Un papagayo os dejaré, señora
(Pues ya tan mal se corresponde a ruegos
Y a cartas de señoras principales),
Que os repita el parlero cada hora
Como es ya mejor Cuenca para ciegos,
Habiéndose de ver fierezas tales.
Ilustre y hermosísima María,
O son de las montañas de Bujía
La fiera mona y el disforme mico?
Gracioso está el balcón, yo os certifico;
Desnudadle de hoy más de celosía.
Goce Cuenca una y otra monería,
Den a unos de cola, a otros de hocico.
Un papagayo os dejaré, señora
(Pues ya tan mal se corresponde a ruegos
Y a cartas de señoras principales),
Que os repita el parlero cada hora
Como es ya mejor Cuenca para ciegos,
Habiéndose de ver fierezas tales.
285
Luis de Góngora y Argote
Señora Doña Puente Segoviana
Señora doña puente segoviana,
Cuyos ojos están llorando arena,
Si es por el río, muy enhorabuena,
Aunque estáis para viuda muy galana.
De estangurria murió. No hay castellana
Lavandera que no llore de pena,
Y fulano sotillo se condena
De olmos negros a loba luterana.
Bien es verdad que dicen los doctores
Que no es muerto, sino que del estío
Le causan parasismos los calores;
Que a los primeros del diciembre frío,
De sus mulas harán estos señores
Que los orines den salud al río.
Cuyos ojos están llorando arena,
Si es por el río, muy enhorabuena,
Aunque estáis para viuda muy galana.
De estangurria murió. No hay castellana
Lavandera que no llore de pena,
Y fulano sotillo se condena
De olmos negros a loba luterana.
Bien es verdad que dicen los doctores
Que no es muerto, sino que del estío
Le causan parasismos los calores;
Que a los primeros del diciembre frío,
De sus mulas harán estos señores
Que los orines den salud al río.
374
Luis de Góngora y Argote
Señora Doña Puente Segoviana
Señora doña puente segoviana,
Cuyos ojos están llorando arena,
Si es por el río, muy enhorabuena,
Aunque estáis para viuda muy galana.
De estangurria murió. No hay castellana
Lavandera que no llore de pena,
Y fulano sotillo se condena
De olmos negros a loba luterana.
Bien es verdad que dicen los doctores
Que no es muerto, sino que del estío
Le causan parasismos los calores;
Que a los primeros del diciembre frío,
De sus mulas harán estos señores
Que los orines den salud al río.
Cuyos ojos están llorando arena,
Si es por el río, muy enhorabuena,
Aunque estáis para viuda muy galana.
De estangurria murió. No hay castellana
Lavandera que no llore de pena,
Y fulano sotillo se condena
De olmos negros a loba luterana.
Bien es verdad que dicen los doctores
Que no es muerto, sino que del estío
Le causan parasismos los calores;
Que a los primeros del diciembre frío,
De sus mulas harán estos señores
Que los orines den salud al río.
374
Luis de Góngora y Argote
Al Duque De Feria, De La Señora Doña Catalina De Acuña
Oh marinero, tú que, cortesano,
Al Palacio le fías tus entenas,
Al Palacio Real, que de Sirenas
Es un segundo mar napolitano,
Los remos deja, y una y otra mano
De las orejas las desvía apenas;
Que escollo es, cuando no sirte de arenas,
La dulce voz de un serafín humano.
Cual su acento, tu muerte será clara
Si espira suavidad, si gloria espira
Su armonía mortal, su beldad rara.
Huye de la que, armada de una lira,
Si rocas mueve, si bajeles para,
Cantando mata al que matando mira.
Al Palacio le fías tus entenas,
Al Palacio Real, que de Sirenas
Es un segundo mar napolitano,
Los remos deja, y una y otra mano
De las orejas las desvía apenas;
Que escollo es, cuando no sirte de arenas,
La dulce voz de un serafín humano.
Cual su acento, tu muerte será clara
Si espira suavidad, si gloria espira
Su armonía mortal, su beldad rara.
Huye de la que, armada de una lira,
Si rocas mueve, si bajeles para,
Cantando mata al que matando mira.
327
Luis de Góngora y Argote
En El Cristal De Tu Divina Mano
En el cristal de tu divina mano
De Amor bebí el dulcísimo veneno,
Néctar ardiente que me abrasa el seno,
Y templar con la ausencia pensé en vano.
Tal, Claudia bella, del rapaz tirano
Es arpón de oro tu mirar sereno,
Que cuanto más ausente dél, más peno,
De sus golpes el pecho menos sano.
Tus cadenas al pie, lloro al rüido
De un eslabón y otro mi destierro,
Más desviado, pero más perdido.
¿Cuándo será aquel día que por yerro,
Oh serafín, desates, bien nacido,
Con manos de cristal nudos de hierro?
De Amor bebí el dulcísimo veneno,
Néctar ardiente que me abrasa el seno,
Y templar con la ausencia pensé en vano.
Tal, Claudia bella, del rapaz tirano
Es arpón de oro tu mirar sereno,
Que cuanto más ausente dél, más peno,
De sus golpes el pecho menos sano.
Tus cadenas al pie, lloro al rüido
De un eslabón y otro mi destierro,
Más desviado, pero más perdido.
¿Cuándo será aquel día que por yerro,
Oh serafín, desates, bien nacido,
Con manos de cristal nudos de hierro?
351
Luis de Góngora y Argote
En El Cristal De Tu Divina Mano
En el cristal de tu divina mano
De Amor bebí el dulcísimo veneno,
Néctar ardiente que me abrasa el seno,
Y templar con la ausencia pensé en vano.
Tal, Claudia bella, del rapaz tirano
Es arpón de oro tu mirar sereno,
Que cuanto más ausente dél, más peno,
De sus golpes el pecho menos sano.
Tus cadenas al pie, lloro al rüido
De un eslabón y otro mi destierro,
Más desviado, pero más perdido.
¿Cuándo será aquel día que por yerro,
Oh serafín, desates, bien nacido,
Con manos de cristal nudos de hierro?
De Amor bebí el dulcísimo veneno,
Néctar ardiente que me abrasa el seno,
Y templar con la ausencia pensé en vano.
Tal, Claudia bella, del rapaz tirano
Es arpón de oro tu mirar sereno,
Que cuanto más ausente dél, más peno,
De sus golpes el pecho menos sano.
Tus cadenas al pie, lloro al rüido
De un eslabón y otro mi destierro,
Más desviado, pero más perdido.
¿Cuándo será aquel día que por yerro,
Oh serafín, desates, bien nacido,
Con manos de cristal nudos de hierro?
351
Luis de Góngora y Argote
De Una Quinta Que Hizo El Obispo Don Antonio Venegas En Burlada, Lugar De Su Dignidad
Este a Pomona, cuando ya no sea
Edificio al silencio dedicado,
Que si el cristal le rompe desatado,
Suave el ruiseñor le lisonjea,
Dulce es refugio, donde se pasea
La quïetud, y donde otro cuidado
Despedido, si no digo burlado,
De los términos huye desta aldea.
Aquí la Primavera ofrece flores
Al gran pastor de pueblos, que enriquece
De luz a España y gloria a los Venegas.
¡Oh peregrino, tú, cualquier que llegas,
Paga en admiración las que te ofrece
El huerto frutas y el jardín olores!
Edificio al silencio dedicado,
Que si el cristal le rompe desatado,
Suave el ruiseñor le lisonjea,
Dulce es refugio, donde se pasea
La quïetud, y donde otro cuidado
Despedido, si no digo burlado,
De los términos huye desta aldea.
Aquí la Primavera ofrece flores
Al gran pastor de pueblos, que enriquece
De luz a España y gloria a los Venegas.
¡Oh peregrino, tú, cualquier que llegas,
Paga en admiración las que te ofrece
El huerto frutas y el jardín olores!
313
Luis de Góngora y Argote
De La Jornada De Larache
—¿De dónde bueno, Juan, con pedorreras?
—Señora tía, de Cagalarache.
—Sobrino, ¿y cuántos fuistes a Alfarache?
—Treinta soldados en tres mil galeras.
—¿Tanta gente?—Tomámoslo de veras
—¿Desembarcastes, Juan?—¡Tarde piache!
Que al dar un Santiago de azabache
Dio la playa más moros que veneras.
—¿Luego es de moros?—Sí, señora tía.
Mucha algaraza, pero poca ropa.
—¿Hiciéronos los perros algún daño?
—No, que en ladrando con su artillería,
A todos nos dio cámaras de popa.
—¡Salud serían para todo el año!
—Señora tía, de Cagalarache.
—Sobrino, ¿y cuántos fuistes a Alfarache?
—Treinta soldados en tres mil galeras.
—¿Tanta gente?—Tomámoslo de veras
—¿Desembarcastes, Juan?—¡Tarde piache!
Que al dar un Santiago de azabache
Dio la playa más moros que veneras.
—¿Luego es de moros?—Sí, señora tía.
Mucha algaraza, pero poca ropa.
—¿Hiciéronos los perros algún daño?
—No, que en ladrando con su artillería,
A todos nos dio cámaras de popa.
—¡Salud serían para todo el año!
355
Luis de Góngora y Argote
A Un Fraile Franciscano, En Agradecimiento De Una Caja De Jalea
Gracias os quiero dar sin cumplimiento,
Dulce fray Diego, por la dulce caja;
Tal sea el ataúd de mi mortaja,
Y de mis guerras tal el instrumento.
Consagrad, Musas, hoy vuestro talento
A la monja que almíbar tal le baja,
Pues quien acabar suele en una paja
Sella ahora el estómago contento.
Cualquier regalo de durazno o pera
Acoto suyo, si podrá un amigo
Escotar un discípulo de Scoto.
Confieso que de sangre entendí que era
Cámara aquella, y si lo fue, yo digo
Que servidor seáis, y no devoto.
Dulce fray Diego, por la dulce caja;
Tal sea el ataúd de mi mortaja,
Y de mis guerras tal el instrumento.
Consagrad, Musas, hoy vuestro talento
A la monja que almíbar tal le baja,
Pues quien acabar suele en una paja
Sella ahora el estómago contento.
Cualquier regalo de durazno o pera
Acoto suyo, si podrá un amigo
Escotar un discípulo de Scoto.
Confieso que de sangre entendí que era
Cámara aquella, y si lo fue, yo digo
Que servidor seáis, y no devoto.
358
Luis de Góngora y Argote
A Un Fraile Franciscano, En Agradecimiento De Una Caja De Jalea
Gracias os quiero dar sin cumplimiento,
Dulce fray Diego, por la dulce caja;
Tal sea el ataúd de mi mortaja,
Y de mis guerras tal el instrumento.
Consagrad, Musas, hoy vuestro talento
A la monja que almíbar tal le baja,
Pues quien acabar suele en una paja
Sella ahora el estómago contento.
Cualquier regalo de durazno o pera
Acoto suyo, si podrá un amigo
Escotar un discípulo de Scoto.
Confieso que de sangre entendí que era
Cámara aquella, y si lo fue, yo digo
Que servidor seáis, y no devoto.
Dulce fray Diego, por la dulce caja;
Tal sea el ataúd de mi mortaja,
Y de mis guerras tal el instrumento.
Consagrad, Musas, hoy vuestro talento
A la monja que almíbar tal le baja,
Pues quien acabar suele en una paja
Sella ahora el estómago contento.
Cualquier regalo de durazno o pera
Acoto suyo, si podrá un amigo
Escotar un discípulo de Scoto.
Confieso que de sangre entendí que era
Cámara aquella, y si lo fue, yo digo
Que servidor seáis, y no devoto.
358
Luis de Góngora y Argote
A Su Hijo Del Marqués De Ayamonte, Que Excuse La Montería
Deja el monte, garzón bello, no fíes
Tus años dél, ni nuestras esperanzas;
Que murallas de red, bosques de lanzas
Menosprecian los fieros jabalíes.
En sangre a Adonis, si no fue en rubíes,
Tiñeron mal celosas asechanzas,
Y en urna breve funerales danzas
Coronaron sus huesos de alhelíes.
Deja el monte, garzón; poco el luciente
Venablo en Ida aprovechó al mozuelo
Que estrellas pisa ahora en vez de flores.
Cruel verdugo el espumoso diente,
Torpe ministro fue el ligero vuelo
(No sepas más) de celos y de amores.
Tus años dél, ni nuestras esperanzas;
Que murallas de red, bosques de lanzas
Menosprecian los fieros jabalíes.
En sangre a Adonis, si no fue en rubíes,
Tiñeron mal celosas asechanzas,
Y en urna breve funerales danzas
Coronaron sus huesos de alhelíes.
Deja el monte, garzón; poco el luciente
Venablo en Ida aprovechó al mozuelo
Que estrellas pisa ahora en vez de flores.
Cruel verdugo el espumoso diente,
Torpe ministro fue el ligero vuelo
(No sepas más) de celos y de amores.
287
Luis de Góngora y Argote
Al Marqués De Ayamonte
Alta esperanza, gloria del estado,
No sólo de Ayamonte mas de España,
Si quien me da su lira no me engaña,
A más os tiene el cielo destinado.
De vuestra Fama oirá el clarín dorado,
Émulo ya del Sol, cuanto el mar baña;
Que trompas hasta aquí han sido de caña
Las que memorias han solicitado.
Alma al tiempo dará, vida a la historia
Vuestro nombre inmortal ¡oh digno esposo
De beldad soberana y peregrina!
Corónense estos muros ya de gloria,
Que serán cuna y nido generoso
De sucesión real, si no divina.
No sólo de Ayamonte mas de España,
Si quien me da su lira no me engaña,
A más os tiene el cielo destinado.
De vuestra Fama oirá el clarín dorado,
Émulo ya del Sol, cuanto el mar baña;
Que trompas hasta aquí han sido de caña
Las que memorias han solicitado.
Alma al tiempo dará, vida a la historia
Vuestro nombre inmortal ¡oh digno esposo
De beldad soberana y peregrina!
Corónense estos muros ya de gloria,
Que serán cuna y nido generoso
De sucesión real, si no divina.
309
Luis de Góngora y Argote
A La Marquesa De Ayamonte, Dándole Unas Piedras Bezares Que A él Le Había Dado
Corona de Ayamonte, honor del día,
Estas piedras que dio un enfermo a un sano
Hoy os tiro, mas no escondo la mano,
Por que no digan que es cordobesía;
Que dar piedras a Vuestra Señoría
Tirallas es por medio de ese llano,
Pesadas señas de un deseo liviano,
Lisonjas duras de la Musa mía.
Término sean, pues, y fundamento
De vuestro imperio, y de mi fe constante
Tributo humilde, si no ofrecimiento.
Camino, y sin pasar más adelante,
A vuestra deidad hago el rendimiento
Que al montón de Mercurio el caminante.
Estas piedras que dio un enfermo a un sano
Hoy os tiro, mas no escondo la mano,
Por que no digan que es cordobesía;
Que dar piedras a Vuestra Señoría
Tirallas es por medio de ese llano,
Pesadas señas de un deseo liviano,
Lisonjas duras de la Musa mía.
Término sean, pues, y fundamento
De vuestro imperio, y de mi fe constante
Tributo humilde, si no ofrecimiento.
Camino, y sin pasar más adelante,
A vuestra deidad hago el rendimiento
Que al montón de Mercurio el caminante.
236
Luis de Góngora y Argote
A La Marquesa De Ayamonte, Dándole Unas Piedras Bezares Que A él Le Había Dado
Corona de Ayamonte, honor del día,
Estas piedras que dio un enfermo a un sano
Hoy os tiro, mas no escondo la mano,
Por que no digan que es cordobesía;
Que dar piedras a Vuestra Señoría
Tirallas es por medio de ese llano,
Pesadas señas de un deseo liviano,
Lisonjas duras de la Musa mía.
Término sean, pues, y fundamento
De vuestro imperio, y de mi fe constante
Tributo humilde, si no ofrecimiento.
Camino, y sin pasar más adelante,
A vuestra deidad hago el rendimiento
Que al montón de Mercurio el caminante.
Estas piedras que dio un enfermo a un sano
Hoy os tiro, mas no escondo la mano,
Por que no digan que es cordobesía;
Que dar piedras a Vuestra Señoría
Tirallas es por medio de ese llano,
Pesadas señas de un deseo liviano,
Lisonjas duras de la Musa mía.
Término sean, pues, y fundamento
De vuestro imperio, y de mi fe constante
Tributo humilde, si no ofrecimiento.
Camino, y sin pasar más adelante,
A vuestra deidad hago el rendimiento
Que al montón de Mercurio el caminante.
236
Luis de Góngora y Argote
De La Marquesa De Ayamonte Y Su Hija, En Lepe
A los campos de Lepe, a las arenas
Del abreviado mar en una ría,
Extranjero pastor llegué sin guía,
Con pocas vacas y con muchas penas.
Muro real, orlado de cadenas,
A cuyo capitel se debe el día,
Ofreció a la turbada vista mía
El templo santo de las dos Sirenas:
Casta madre, hija bella, veneradas
Con humildad de prósperos vaqueros,
Con devoción de pobres pescadores.
Si ya a sus aras no les di terneros,
Dieron mis ojos lágrimas cansadas,
Mi fe suspiros, y mis manos flores.
Del abreviado mar en una ría,
Extranjero pastor llegué sin guía,
Con pocas vacas y con muchas penas.
Muro real, orlado de cadenas,
A cuyo capitel se debe el día,
Ofreció a la turbada vista mía
El templo santo de las dos Sirenas:
Casta madre, hija bella, veneradas
Con humildad de prósperos vaqueros,
Con devoción de pobres pescadores.
Si ya a sus aras no les di terneros,
Dieron mis ojos lágrimas cansadas,
Mi fe suspiros, y mis manos flores.
268
Luis de Góngora y Argote
¡oh Qué Malquisto Con Esgueva Quedo,
¡Oh qué malquisto con Esgueva quedo,
Con su agua turbia y con su verde puente!
Miedo le tengo: hallará la gente
En mis calzas los títulos del miedo.
¿Quiere ser río? Yo se lo concedo;
Corra, que necesaria es su corriente,
Con orden y ruido, el que consiente
Antonio en su reglilla de ordo pedo.
Camine ya con estos pliegos míos
Peón particular, quitado el parte,
Y ejecute en mis versos sus enojos;
Que le confesaré de cualquier arte
Que, como el más notable de los ríos,
Tiene llenos los márgenes de ojos.
Con su agua turbia y con su verde puente!
Miedo le tengo: hallará la gente
En mis calzas los títulos del miedo.
¿Quiere ser río? Yo se lo concedo;
Corra, que necesaria es su corriente,
Con orden y ruido, el que consiente
Antonio en su reglilla de ordo pedo.
Camine ya con estos pliegos míos
Peón particular, quitado el parte,
Y ejecute en mis versos sus enojos;
Que le confesaré de cualquier arte
Que, como el más notable de los ríos,
Tiene llenos los márgenes de ojos.
302
Luis de Góngora y Argote
¿vos Sois Valladolid? ¿vos Sois El Valle
¿Vos sois Valladolid? ¿Vos sois el valle
De olor? ¡Oh fragrantísima ironía!
A rosa oléis, y sois de Alejandría,
Que pide al cuerpo más que puede dalle.
Serenísimas damas de buen talle,
No os andéis cocheando todo el día,
Que en dos mulas mejores que la mía
Se pasea el estiércol por la calle.
Los que en esquinas vuestros corazones
Asáis por quien, alguna noche clara,
Os vertió el pebre y os mechó sin clavos,
¿Pasáis por tal que sirvan los balcones,
Los días a los ojos de la cara,
Las noches a los ojos de los rabos?
De olor? ¡Oh fragrantísima ironía!
A rosa oléis, y sois de Alejandría,
Que pide al cuerpo más que puede dalle.
Serenísimas damas de buen talle,
No os andéis cocheando todo el día,
Que en dos mulas mejores que la mía
Se pasea el estiércol por la calle.
Los que en esquinas vuestros corazones
Asáis por quien, alguna noche clara,
Os vertió el pebre y os mechó sin clavos,
¿Pasáis por tal que sirvan los balcones,
Los días a los ojos de la cara,
Las noches a los ojos de los rabos?
299
Luis de Góngora y Argote
¿vos Sois Valladolid? ¿vos Sois El Valle
¿Vos sois Valladolid? ¿Vos sois el valle
De olor? ¡Oh fragrantísima ironía!
A rosa oléis, y sois de Alejandría,
Que pide al cuerpo más que puede dalle.
Serenísimas damas de buen talle,
No os andéis cocheando todo el día,
Que en dos mulas mejores que la mía
Se pasea el estiércol por la calle.
Los que en esquinas vuestros corazones
Asáis por quien, alguna noche clara,
Os vertió el pebre y os mechó sin clavos,
¿Pasáis por tal que sirvan los balcones,
Los días a los ojos de la cara,
Las noches a los ojos de los rabos?
De olor? ¡Oh fragrantísima ironía!
A rosa oléis, y sois de Alejandría,
Que pide al cuerpo más que puede dalle.
Serenísimas damas de buen talle,
No os andéis cocheando todo el día,
Que en dos mulas mejores que la mía
Se pasea el estiércol por la calle.
Los que en esquinas vuestros corazones
Asáis por quien, alguna noche clara,
Os vertió el pebre y os mechó sin clavos,
¿Pasáis por tal que sirvan los balcones,
Los días a los ojos de la cara,
Las noches a los ojos de los rabos?
299
Luis de Góngora y Argote
Jura Pisuerga A Fe De Caballero
Jura Pisuerga a fe de caballero
Que de vergüenza corre colorado
Sólo en ver que de Esgueva acompañado
Ha de entrar a besar la mano a Duero.
Es sucio Esgueva para compañero
(Culpa de la mujer de algún privado),
Y perezoso para dalle el lado,
Y así ha corrido siempre muy trasero.
Llegados a la puente de Simancas,
Teme Pisuerga, que una estrecha puente
Temella puede el mar sin cobardía.
No se le da a Esguevilla cuatro blancas;
Mas ¿qué mucho, si pasa su corriente
Por más estrechos ojos cada día?
Que de vergüenza corre colorado
Sólo en ver que de Esgueva acompañado
Ha de entrar a besar la mano a Duero.
Es sucio Esgueva para compañero
(Culpa de la mujer de algún privado),
Y perezoso para dalle el lado,
Y así ha corrido siempre muy trasero.
Llegados a la puente de Simancas,
Teme Pisuerga, que una estrecha puente
Temella puede el mar sin cobardía.
No se le da a Esguevilla cuatro blancas;
Mas ¿qué mucho, si pasa su corriente
Por más estrechos ojos cada día?
246
Luis de Góngora y Argote
De Los Señores Reyes Don Felipe Iii Y Doña Margarita, En Una Montería
Clavar victorïoso y fatigado
Al español Adonis vio la Aurora
Al tronco de una encina vividora
Las prodigiosas armas de un venado.
Conducida llegó a pisar el prado,
Del blanco cisne que en las aguas mora,
Su venus alemana, y fue a tal hora,
Que en sus brazos depuso su cuidado.
«Este trofeo —dijo— a tu infinita
Beldad consagro»; y la lisonja creo
Que en ambos labios se la dejó escrita.
Silbó el aire y la voz de algún deseo,
«¡Viva Filipo, viva Margarita,
—Dijo— los años de tan gran trofeo!»
Al español Adonis vio la Aurora
Al tronco de una encina vividora
Las prodigiosas armas de un venado.
Conducida llegó a pisar el prado,
Del blanco cisne que en las aguas mora,
Su venus alemana, y fue a tal hora,
Que en sus brazos depuso su cuidado.
«Este trofeo —dijo— a tu infinita
Beldad consagro»; y la lisonja creo
Que en ambos labios se la dejó escrita.
Silbó el aire y la voz de algún deseo,
«¡Viva Filipo, viva Margarita,
—Dijo— los años de tan gran trofeo!»
408
Luis de Góngora y Argote
De Unos Papeles Que Una Dama Le Había Escrito, Restituyéndoselos
Yacen aquí los huesos sepultados
De una amistad que al mundo será una,
O ya para experiencia de fortuna
O ya para escarmiento de cuidados.
Nació entre pensamientos, aunque honrados,
Grave al amor, a muchos importuna;
Tanto que la mataron en la cuna
Ojos de invidia y de ponzoña armados.
Breve urna los sella como huesos,
Al fin, de malograda criatura,
Pero versos los honran inmortales,
Que vivirán en el sepulcro impresos,
Siendo la piedra Felixmena dura,
Daliso el escultor, cincel sus males.
De una amistad que al mundo será una,
O ya para experiencia de fortuna
O ya para escarmiento de cuidados.
Nació entre pensamientos, aunque honrados,
Grave al amor, a muchos importuna;
Tanto que la mataron en la cuna
Ojos de invidia y de ponzoña armados.
Breve urna los sella como huesos,
Al fin, de malograda criatura,
Pero versos los honran inmortales,
Que vivirán en el sepulcro impresos,
Siendo la piedra Felixmena dura,
Daliso el escultor, cincel sus males.
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Luis de Góngora y Argote
De Unos Papeles Que Una Dama Le Había Escrito, Restituyéndoselos
Yacen aquí los huesos sepultados
De una amistad que al mundo será una,
O ya para experiencia de fortuna
O ya para escarmiento de cuidados.
Nació entre pensamientos, aunque honrados,
Grave al amor, a muchos importuna;
Tanto que la mataron en la cuna
Ojos de invidia y de ponzoña armados.
Breve urna los sella como huesos,
Al fin, de malograda criatura,
Pero versos los honran inmortales,
Que vivirán en el sepulcro impresos,
Siendo la piedra Felixmena dura,
Daliso el escultor, cincel sus males.
De una amistad que al mundo será una,
O ya para experiencia de fortuna
O ya para escarmiento de cuidados.
Nació entre pensamientos, aunque honrados,
Grave al amor, a muchos importuna;
Tanto que la mataron en la cuna
Ojos de invidia y de ponzoña armados.
Breve urna los sella como huesos,
Al fin, de malograda criatura,
Pero versos los honran inmortales,
Que vivirán en el sepulcro impresos,
Siendo la piedra Felixmena dura,
Daliso el escultor, cincel sus males.
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