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José Martí
Cese, Señora, El Duelo
Cese, señora, el duelo en vuestro canto,
¿Qué fuera nuestra vida sin enojos?
¡Vivir es padecer! ¡sufrir es santo!
¿Cómo fueran tan bellos vuestros ojos
Si alguna vez no los mojara el llanto?
Romped las cuerdas del amargo duelo.
Quien sufre como vos sufrís, señora:
Es más que una mujer, algo del cielo,
Que de él huyó y entre nosotros mora.
¿Qué fuera nuestra vida sin enojos?
¡Vivir es padecer! ¡sufrir es santo!
¿Cómo fueran tan bellos vuestros ojos
Si alguna vez no los mojara el llanto?
Romped las cuerdas del amargo duelo.
Quien sufre como vos sufrís, señora:
Es más que una mujer, algo del cielo,
Que de él huyó y entre nosotros mora.
712
José Martí
¡dolor! ¡dolor! Eterna Vida Mía
¡Dolor! ¡Dolor! eterna vida mía,
Ser de mi ser, sin cuyo aliento muero!
Ser de mi ser, sin cuyo aliento muero!
1.002
José Martí
Tengo Un Huésped
Tengo un huésped muy inquieto
Del lado del corazón.—
¡Muy celoso, muy celoso!—
Dormir no sabe mi huésped: no.—
Como una sierpe se enrosca
Mas no como sierpe, no:—
Como hoguera que consume
El lado donde está mi corazón!—
Del lado del corazón.—
¡Muy celoso, muy celoso!—
Dormir no sabe mi huésped: no.—
Como una sierpe se enrosca
Mas no como sierpe, no:—
Como hoguera que consume
El lado donde está mi corazón!—
633
José Martí
Tengo Un Huésped
Tengo un huésped muy inquieto
Del lado del corazón.—
¡Muy celoso, muy celoso!—
Dormir no sabe mi huésped: no.—
Como una sierpe se enrosca
Mas no como sierpe, no:—
Como hoguera que consume
El lado donde está mi corazón!—
Del lado del corazón.—
¡Muy celoso, muy celoso!—
Dormir no sabe mi huésped: no.—
Como una sierpe se enrosca
Mas no como sierpe, no:—
Como hoguera que consume
El lado donde está mi corazón!—
633
José Martí
Tengo Un Huésped
Hurgue un huésped muy inquieto
Del lado del corazón.—
¡Muy celoso, muy celoso!—
Dormir no sabe mi huésped: no.—
Como una sierpe, se enrosca
Mas no como sierpe, no:—
¡Como hoguera que consume
El lado donde está mi corazón!—
Del lado del corazón.—
¡Muy celoso, muy celoso!—
Dormir no sabe mi huésped: no.—
Como una sierpe, se enrosca
Mas no como sierpe, no:—
¡Como hoguera que consume
El lado donde está mi corazón!—
707
José Martí
Tengo Un Huésped
Hurgue un huésped muy inquieto
Del lado del corazón.—
¡Muy celoso, muy celoso!—
Dormir no sabe mi huésped: no.—
Como una sierpe, se enrosca
Mas no como sierpe, no:—
¡Como hoguera que consume
El lado donde está mi corazón!—
Del lado del corazón.—
¡Muy celoso, muy celoso!—
Dormir no sabe mi huésped: no.—
Como una sierpe, se enrosca
Mas no como sierpe, no:—
¡Como hoguera que consume
El lado donde está mi corazón!—
707
José Martí
Tengo Un Huésped
Hurgue un huésped muy inquieto
Del lado del corazón.—
¡Muy celoso, muy celoso!—
Dormir no sabe mi huésped: no.—
Como una sierpe, se enrosca
Mas no como sierpe, no:—
¡Como hoguera que consume
El lado donde está mi corazón!—
Del lado del corazón.—
¡Muy celoso, muy celoso!—
Dormir no sabe mi huésped: no.—
Como una sierpe, se enrosca
Mas no como sierpe, no:—
¡Como hoguera que consume
El lado donde está mi corazón!—
707
José Martí
Dentro De Mí
Dentro de mí hay un león enfrenado:
De mi corazón he labrado sus riendas:
Tú me lo rompiste: cuando lo vi roto
Me pareció bien enfrenar a la fiera.
Antes, cual la llama que en la estera prende,
Mi cólera ardía, lucía y se apagaba:
Como del león generoso en la selva
La fiebre se enciende; lo ciega y se calma.
Pero, ya no puedes: las riendas le he puesto
Y al juicio he subido en el león a caballo:
La furia del juicio es tenaz: ya no puedes.
Dentro de mí hay un león enfrenado.
De mi corazón he labrado sus riendas:
Tú me lo rompiste: cuando lo vi roto
Me pareció bien enfrenar a la fiera.
Antes, cual la llama que en la estera prende,
Mi cólera ardía, lucía y se apagaba:
Como del león generoso en la selva
La fiebre se enciende; lo ciega y se calma.
Pero, ya no puedes: las riendas le he puesto
Y al juicio he subido en el león a caballo:
La furia del juicio es tenaz: ya no puedes.
Dentro de mí hay un león enfrenado.
1.298
José Martí
Dentro De Mí
Dentro de mí hay un león enfrenado:
De mi corazón he labrado sus riendas:
Tú me lo rompiste: cuando lo vi roto
Me pareció bien enfrenar a la fiera.
Antes, cual la llama que en la estera prende,
Mi cólera ardía, lucía y se apagaba:
Como del león generoso en la selva
La fiebre se enciende; lo ciega y se calma.
Pero, ya no puedes: las riendas le he puesto
Y al juicio he subido en el león a caballo:
La furia del juicio es tenaz: ya no puedes.
Dentro de mí hay un león enfrenado.
De mi corazón he labrado sus riendas:
Tú me lo rompiste: cuando lo vi roto
Me pareció bien enfrenar a la fiera.
Antes, cual la llama que en la estera prende,
Mi cólera ardía, lucía y se apagaba:
Como del león generoso en la selva
La fiebre se enciende; lo ciega y se calma.
Pero, ya no puedes: las riendas le he puesto
Y al juicio he subido en el león a caballo:
La furia del juicio es tenaz: ya no puedes.
Dentro de mí hay un león enfrenado.
1.298
José Martí
Como Fiera Enjaulada
Como fiera enjaulada
Mi asiento dejo—empujo la entornada
Puerta, vuelvo a mi libro,
Los anchos ojos en sus letras clavo,
Como cuerdas heridas, tiemblo y vibro,—
Y ruge, y muerde el alma atormentada,
Como en cuerpo de mármol encerrada.—
Mi asiento dejo—empujo la entornada
Puerta, vuelvo a mi libro,
Los anchos ojos en sus letras clavo,
Como cuerdas heridas, tiemblo y vibro,—
Y ruge, y muerde el alma atormentada,
Como en cuerpo de mármol encerrada.—
824
José Martí
Como Fiera Enjaulada
Como fiera enjaulada
Mi asiento dejo—empujo la entornada
Puerta, vuelvo a mi libro,
Los anchos ojos en sus letras clavo,
Como cuerdas heridas, tiemblo y vibro,—
Y ruge, y muerde el alma atormentada,
Como en cuerpo de mármol encerrada.—
Mi asiento dejo—empujo la entornada
Puerta, vuelvo a mi libro,
Los anchos ojos en sus letras clavo,
Como cuerdas heridas, tiemblo y vibro,—
Y ruge, y muerde el alma atormentada,
Como en cuerpo de mármol encerrada.—
824
José Martí
Como Fiera Enjaulada
Como fiera enjaulada
Mi asiento dejo—empujo la entornada
Puerta, vuelvo a mi libro,
Los anchos ojos en sus letras clavo,
Como cuerdas heridas, tiemblo y vibro,—
Y ruge, y muerde el alma atormentada,
Como en cuerpo de mármol encerrada.—
Mi asiento dejo—empujo la entornada
Puerta, vuelvo a mi libro,
Los anchos ojos en sus letras clavo,
Como cuerdas heridas, tiemblo y vibro,—
Y ruge, y muerde el alma atormentada,
Como en cuerpo de mármol encerrada.—
824
José Martí
Pues A Vivir Venimos
Pues a vivir venirnos—y es la ofrenda
Esta existencia que los hombres hacen
A su final pureza—aunque el veneno
De un cruel amor la ardiente sangre encienda,
—Aunque a su indómita bestia arnés echemos
De ricas piedras persas recamado,—
—Aunque de daga aguda el pecho sea
Con herida perenne traspasado—
Vengan daga, y corcel, y amor que mate:—
¡Eso es al fin vivir!—
El bardo, como un pájaro, recoge
Pajas para su nido—de las voces
Que pueblan el silencio, de la triste
Vida común, en que las almas luchan
Como animadas perlas en los senos
Enclavadas de un monte lucharían.
Esta existencia que los hombres hacen
A su final pureza—aunque el veneno
De un cruel amor la ardiente sangre encienda,
—Aunque a su indómita bestia arnés echemos
De ricas piedras persas recamado,—
—Aunque de daga aguda el pecho sea
Con herida perenne traspasado—
Vengan daga, y corcel, y amor que mate:—
¡Eso es al fin vivir!—
El bardo, como un pájaro, recoge
Pajas para su nido—de las voces
Que pueblan el silencio, de la triste
Vida común, en que las almas luchan
Como animadas perlas en los senos
Enclavadas de un monte lucharían.
634
José Martí
Obra Y Amor
La obra-delante, y el amor-adentro:—
Y el amor, remolino avaricioso,
El alma entera arrastra al hondo centro;
La obra perece—y el amor celoso,
Luego que por su culpa el hombre yerra,
Con culpa y sin vigor lo deja en tierra.
Y el amor, remolino avaricioso,
El alma entera arrastra al hondo centro;
La obra perece—y el amor celoso,
Luego que por su culpa el hombre yerra,
Con culpa y sin vigor lo deja en tierra.
769
José Martí
Obra Y Amor
La obra-delante, y el amor-adentro:—
Y el amor, remolino avaricioso,
El alma entera arrastra al hondo centro;
La obra perece—y el amor celoso,
Luego que por su culpa el hombre yerra,
Con culpa y sin vigor lo deja en tierra.
Y el amor, remolino avaricioso,
El alma entera arrastra al hondo centro;
La obra perece—y el amor celoso,
Luego que por su culpa el hombre yerra,
Con culpa y sin vigor lo deja en tierra.
769
José Martí
Quieren, Oh Mi Dolor
Quieren, oh mi dolor, que a tu hermosura
De su ornamento natural despoje,
Que el árbol pode, que la flor deshoje,
Que haga al manto viril broche y cintura:
Quieren que el verso arrebatado en dura
Cárcel sonante y apretada aherroje,
Cual la espiga deshecha en la alta troje
O en el tosco lagar la vid madura.
No, vive Dios! La cómica alquilada
El paso ensaye y el sollozo en donde
Betunosa la faz, gime e implora:—
El gran dolor, el alma desolada,
Ni con carmín su lividez esconde,
Ni se trenza el cabello cuando llora.
De su ornamento natural despoje,
Que el árbol pode, que la flor deshoje,
Que haga al manto viril broche y cintura:
Quieren que el verso arrebatado en dura
Cárcel sonante y apretada aherroje,
Cual la espiga deshecha en la alta troje
O en el tosco lagar la vid madura.
No, vive Dios! La cómica alquilada
El paso ensaye y el sollozo en donde
Betunosa la faz, gime e implora:—
El gran dolor, el alma desolada,
Ni con carmín su lividez esconde,
Ni se trenza el cabello cuando llora.
772
José Martí
Quieren, Oh Mi Dolor
Quieren, oh mi dolor, que a tu hermosura
De su ornamento natural despoje,
Que el árbol pode, que la flor deshoje,
Que haga al manto viril broche y cintura:
Quieren que el verso arrebatado en dura
Cárcel sonante y apretada aherroje,
Cual la espiga deshecha en la alta troje
O en el tosco lagar la vid madura.
No, vive Dios! La cómica alquilada
El paso ensaye y el sollozo en donde
Betunosa la faz, gime e implora:—
El gran dolor, el alma desolada,
Ni con carmín su lividez esconde,
Ni se trenza el cabello cuando llora.
De su ornamento natural despoje,
Que el árbol pode, que la flor deshoje,
Que haga al manto viril broche y cintura:
Quieren que el verso arrebatado en dura
Cárcel sonante y apretada aherroje,
Cual la espiga deshecha en la alta troje
O en el tosco lagar la vid madura.
No, vive Dios! La cómica alquilada
El paso ensaye y el sollozo en donde
Betunosa la faz, gime e implora:—
El gran dolor, el alma desolada,
Ni con carmín su lividez esconde,
Ni se trenza el cabello cuando llora.
772
José Martí
Tienes El Don
Tienes el don, tienes el verso, tienes
Todo el valor de ti, tienes la altiva
Resolución que arrostra y que cautiva
Y llama las coronas a las sienes.
Tienes la fuga, el verbo, los desdenes
Divinos de quien es, y el habla viva
De quien cruza la tierra cielo arriba
Y ni adula al feliz, ni aguarda bienes.
—¡Pero no tengo el impudor odioso
De enseñar mis entrañas derretidas
En estuche de verso recamado!
Viva mi nombre oscuro y en reposo
Si he de comprar las palmas perseguidas
Sacando al viento mi dolor sagrado.
Todo el valor de ti, tienes la altiva
Resolución que arrostra y que cautiva
Y llama las coronas a las sienes.
Tienes la fuga, el verbo, los desdenes
Divinos de quien es, y el habla viva
De quien cruza la tierra cielo arriba
Y ni adula al feliz, ni aguarda bienes.
—¡Pero no tengo el impudor odioso
De enseñar mis entrañas derretidas
En estuche de verso recamado!
Viva mi nombre oscuro y en reposo
Si he de comprar las palmas perseguidas
Sacando al viento mi dolor sagrado.
1.070
José Martí
Tienes El Don
Tienes el don, tienes el verso, tienes
Todo el valor de ti, tienes la altiva
Resolución que arrostra y que cautiva
Y llama las coronas a las sienes.
Tienes la fuga, el verbo, los desdenes
Divinos de quien es, y el habla viva
De quien cruza la tierra cielo arriba
Y ni adula al feliz, ni aguarda bienes.
—¡Pero no tengo el impudor odioso
De enseñar mis entrañas derretidas
En estuche de verso recamado!
Viva mi nombre oscuro y en reposo
Si he de comprar las palmas perseguidas
Sacando al viento mi dolor sagrado.
Todo el valor de ti, tienes la altiva
Resolución que arrostra y que cautiva
Y llama las coronas a las sienes.
Tienes la fuga, el verbo, los desdenes
Divinos de quien es, y el habla viva
De quien cruza la tierra cielo arriba
Y ni adula al feliz, ni aguarda bienes.
—¡Pero no tengo el impudor odioso
De enseñar mis entrañas derretidas
En estuche de verso recamado!
Viva mi nombre oscuro y en reposo
Si he de comprar las palmas perseguidas
Sacando al viento mi dolor sagrado.
1.070
José Martí
Yo Puedo Hacer
Yo puedo hacer, puedo hacer
De esta desdicha una joya;
¡Pero me la habrán de ver!—
No, vive Dios: ¡paso atrás!
Mi pena es mi hija: ¡mi hija
No me la han de ver jamás!
Son cómicos del dolor,
Son llorones de su entierro,
Son mercaderes de amor,
Son indignos de placer
De sufrir y de querer
Los que enseñan y venden
En libros y salas
Su goce o dolor.
De esta desdicha una joya;
¡Pero me la habrán de ver!—
No, vive Dios: ¡paso atrás!
Mi pena es mi hija: ¡mi hija
No me la han de ver jamás!
Son cómicos del dolor,
Son llorones de su entierro,
Son mercaderes de amor,
Son indignos de placer
De sufrir y de querer
Los que enseñan y venden
En libros y salas
Su goce o dolor.
765
José Martí
Yo Puedo Hacer
Yo puedo hacer, puedo hacer
De esta desdicha una joya;
¡Pero me la habrán de ver!—
No, vive Dios: ¡paso atrás!
Mi pena es mi hija: ¡mi hija
No me la han de ver jamás!
Son cómicos del dolor,
Son llorones de su entierro,
Son mercaderes de amor,
Son indignos de placer
De sufrir y de querer
Los que enseñan y venden
En libros y salas
Su goce o dolor.
De esta desdicha una joya;
¡Pero me la habrán de ver!—
No, vive Dios: ¡paso atrás!
Mi pena es mi hija: ¡mi hija
No me la han de ver jamás!
Son cómicos del dolor,
Son llorones de su entierro,
Son mercaderes de amor,
Son indignos de placer
De sufrir y de querer
Los que enseñan y venden
En libros y salas
Su goce o dolor.
765
José Martí
Hervor De Espíritu
¡Cielo, mi amor!—en vano sobre el libro
La vista fijo y la atención reclamo:
Tu luz enciendo, con tus rayos vibro,
¡Y expulsado de ti, perdón te clamo!
Si te merezco ¡oh padre! si te adoro
¿Qué delito filial he cometido?
¡Puesto que llanto sobrehumano lloro
Delito alguno sobrehumano ha sido!
En vano apago el férvido gemido;
La voladora idea
La frente en vano hacia la tierra inclina:
La sien desenfrenada me golpea,—
¡El cerebro revuelto se ilumina
Y el ojo enardecido centellea!
Cierto corcel intrépido y fogoso
De raudo giro irregular y eterno
Rebelde, piafa, rápido circula,
Detiénese, se lanza
Del cráneo en torno en veloz carrera,
¡Y de polvo divino
Llena, y de nube, la revuelta esfera!
La ciencia, el cerco, el mísero detalle,
El número, la clase, la doctrina;
¡Y bullendo en el mar de mi cerebro
La impaciencia y la cólera divina!
Sentir que sobre el monte
Sol fuera, luminar del horizonte,
Y frente a una ventana,
Doble prisión sobre la interna mía
¡Plegar al libro el alma sobrehumana
Y el alma ardiente a la cadena fría!
Así, encerrada un águila
En un místico cuerpo de paloma
La garra ruda ciega movería
Y en el círculo estrecho,
Del golpe propio desgarrado el pecho
Con el ala enclavada moriría.
La vista fijo y la atención reclamo:
Tu luz enciendo, con tus rayos vibro,
¡Y expulsado de ti, perdón te clamo!
Si te merezco ¡oh padre! si te adoro
¿Qué delito filial he cometido?
¡Puesto que llanto sobrehumano lloro
Delito alguno sobrehumano ha sido!
En vano apago el férvido gemido;
La voladora idea
La frente en vano hacia la tierra inclina:
La sien desenfrenada me golpea,—
¡El cerebro revuelto se ilumina
Y el ojo enardecido centellea!
Cierto corcel intrépido y fogoso
De raudo giro irregular y eterno
Rebelde, piafa, rápido circula,
Detiénese, se lanza
Del cráneo en torno en veloz carrera,
¡Y de polvo divino
Llena, y de nube, la revuelta esfera!
La ciencia, el cerco, el mísero detalle,
El número, la clase, la doctrina;
¡Y bullendo en el mar de mi cerebro
La impaciencia y la cólera divina!
Sentir que sobre el monte
Sol fuera, luminar del horizonte,
Y frente a una ventana,
Doble prisión sobre la interna mía
¡Plegar al libro el alma sobrehumana
Y el alma ardiente a la cadena fría!
Así, encerrada un águila
En un místico cuerpo de paloma
La garra ruda ciega movería
Y en el círculo estrecho,
Del golpe propio desgarrado el pecho
Con el ala enclavada moriría.
768
José Martí
Hervor De Espíritu
¡Cielo, mi amor!—en vano sobre el libro
La vista fijo y la atención reclamo:
Tu luz enciendo, con tus rayos vibro,
¡Y expulsado de ti, perdón te clamo!
Si te merezco ¡oh padre! si te adoro
¿Qué delito filial he cometido?
¡Puesto que llanto sobrehumano lloro
Delito alguno sobrehumano ha sido!
En vano apago el férvido gemido;
La voladora idea
La frente en vano hacia la tierra inclina:
La sien desenfrenada me golpea,—
¡El cerebro revuelto se ilumina
Y el ojo enardecido centellea!
Cierto corcel intrépido y fogoso
De raudo giro irregular y eterno
Rebelde, piafa, rápido circula,
Detiénese, se lanza
Del cráneo en torno en veloz carrera,
¡Y de polvo divino
Llena, y de nube, la revuelta esfera!
La ciencia, el cerco, el mísero detalle,
El número, la clase, la doctrina;
¡Y bullendo en el mar de mi cerebro
La impaciencia y la cólera divina!
Sentir que sobre el monte
Sol fuera, luminar del horizonte,
Y frente a una ventana,
Doble prisión sobre la interna mía
¡Plegar al libro el alma sobrehumana
Y el alma ardiente a la cadena fría!
Así, encerrada un águila
En un místico cuerpo de paloma
La garra ruda ciega movería
Y en el círculo estrecho,
Del golpe propio desgarrado el pecho
Con el ala enclavada moriría.
La vista fijo y la atención reclamo:
Tu luz enciendo, con tus rayos vibro,
¡Y expulsado de ti, perdón te clamo!
Si te merezco ¡oh padre! si te adoro
¿Qué delito filial he cometido?
¡Puesto que llanto sobrehumano lloro
Delito alguno sobrehumano ha sido!
En vano apago el férvido gemido;
La voladora idea
La frente en vano hacia la tierra inclina:
La sien desenfrenada me golpea,—
¡El cerebro revuelto se ilumina
Y el ojo enardecido centellea!
Cierto corcel intrépido y fogoso
De raudo giro irregular y eterno
Rebelde, piafa, rápido circula,
Detiénese, se lanza
Del cráneo en torno en veloz carrera,
¡Y de polvo divino
Llena, y de nube, la revuelta esfera!
La ciencia, el cerco, el mísero detalle,
El número, la clase, la doctrina;
¡Y bullendo en el mar de mi cerebro
La impaciencia y la cólera divina!
Sentir que sobre el monte
Sol fuera, luminar del horizonte,
Y frente a una ventana,
Doble prisión sobre la interna mía
¡Plegar al libro el alma sobrehumana
Y el alma ardiente a la cadena fría!
Así, encerrada un águila
En un místico cuerpo de paloma
La garra ruda ciega movería
Y en el círculo estrecho,
Del golpe propio desgarrado el pecho
Con el ala enclavada moriría.
768
José Martí
Marzo
Vuelvo a ti, pluma fiel. De la desdicha
Más que de la ventura nace el verso.
Marzo fatal sobre la tierra cruza,
Marzo envidioso: corta la erizada
Ala la nube que al encuentro boga
De su rival, Abril: y el riego mismo
Que flotante vapor, del flanco abierto
Echa a raudales, con mayor frescura
Adorna a Abril: ¡así con lo que hiere,
Gloria mayor da con la envidia!
Vibra el aire y retumba. Desaladas
Huyen las nubes. Adereza la onda
El rápido granizo. Sus caballos
Negros desboca el huracán. Sacude
El Invierno la barba... ¡Inflama el fuego
Los cráteres dormidos!: en los cauces
Rompiendo su cristal el agua asoma
¡A ver pasar el sol: ¡renace el mundo!
Se oye a lo lejos galopar la nieve...
Batalla es el espacio: perseguida
Por el viento brutal, a mis ventanas
Temblando llama y trémula la lluvia.
De la fealdad del hombre a la belleza
Del Universo asciendo: bien castiga
El hombre a quien lo busca: bien consuela
Del hombre ingrato y de su influjo pasajero
La tristeza sublime. ¡En sus radiantes
Alas levanta el alma la tristeza
Con majestad de los reyes no salida!
De codos en mi mesa hundirse miro
Bajo el capuz del aire, como artesa
De aguas turbias el mundo: alas y brazos
Flotan acá y allá, revueltos luego
En la creciente oscuridad: ¡resbalan
Sobre las crestas erizadas, como
chispas de luz, las almas de los niños!
De la fealdad del hombre a la belleza
Del Universo asciendo; el hombre pasa
Y queda el Universo: no me duele
la mordida del hombre: más triunfante
Muestra el alma su luz por la hendidura.
Quien el vaso de fuego muerde airado
Nuevas lenguas le da: la llama herida
Revienta en flor de llama; a cada diente,
Un pétalo de luz: esos florones
De fuego inmaculado, que en la armoniosa
Sombra, la marcha mística del cielo
Con sus llamas dolientes iluminan.
El dolor es la fuerza: la hermosura
Perfecta es el dolor: como de un crimen
Se sufre de gozar: como una mancha
Queda en el cuerpo el beso victorioso
De la mujer astuta: triste y vano
Es el aplauso con que el hombre premia
Al que lo halaga o doma; y cuando el mundo,
Cual Mesalina de gozar cansada,
Revela su fealdad, el alma en fuga
Crece y luce al volar, abre el espanto
Claridades magníficas, el gozo
Corrompe el alma,—y el dolor la eleva!
Hoy es Marzo, dolor ¡y Abril mañana!
Más que de la ventura nace el verso.
Marzo fatal sobre la tierra cruza,
Marzo envidioso: corta la erizada
Ala la nube que al encuentro boga
De su rival, Abril: y el riego mismo
Que flotante vapor, del flanco abierto
Echa a raudales, con mayor frescura
Adorna a Abril: ¡así con lo que hiere,
Gloria mayor da con la envidia!
Vibra el aire y retumba. Desaladas
Huyen las nubes. Adereza la onda
El rápido granizo. Sus caballos
Negros desboca el huracán. Sacude
El Invierno la barba... ¡Inflama el fuego
Los cráteres dormidos!: en los cauces
Rompiendo su cristal el agua asoma
¡A ver pasar el sol: ¡renace el mundo!
Se oye a lo lejos galopar la nieve...
Batalla es el espacio: perseguida
Por el viento brutal, a mis ventanas
Temblando llama y trémula la lluvia.
De la fealdad del hombre a la belleza
Del Universo asciendo: bien castiga
El hombre a quien lo busca: bien consuela
Del hombre ingrato y de su influjo pasajero
La tristeza sublime. ¡En sus radiantes
Alas levanta el alma la tristeza
Con majestad de los reyes no salida!
De codos en mi mesa hundirse miro
Bajo el capuz del aire, como artesa
De aguas turbias el mundo: alas y brazos
Flotan acá y allá, revueltos luego
En la creciente oscuridad: ¡resbalan
Sobre las crestas erizadas, como
chispas de luz, las almas de los niños!
De la fealdad del hombre a la belleza
Del Universo asciendo; el hombre pasa
Y queda el Universo: no me duele
la mordida del hombre: más triunfante
Muestra el alma su luz por la hendidura.
Quien el vaso de fuego muerde airado
Nuevas lenguas le da: la llama herida
Revienta en flor de llama; a cada diente,
Un pétalo de luz: esos florones
De fuego inmaculado, que en la armoniosa
Sombra, la marcha mística del cielo
Con sus llamas dolientes iluminan.
El dolor es la fuerza: la hermosura
Perfecta es el dolor: como de un crimen
Se sufre de gozar: como una mancha
Queda en el cuerpo el beso victorioso
De la mujer astuta: triste y vano
Es el aplauso con que el hombre premia
Al que lo halaga o doma; y cuando el mundo,
Cual Mesalina de gozar cansada,
Revela su fealdad, el alma en fuga
Crece y luce al volar, abre el espanto
Claridades magníficas, el gozo
Corrompe el alma,—y el dolor la eleva!
Hoy es Marzo, dolor ¡y Abril mañana!
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