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Francisco de Quevedo
Elogio Funeral A Don Melchor De Bracamonte, Hijo De Los Condes De Peñaranda, Gran Soldado, Sin Premi
Siempre, Melchor, fue bienaventurada
Tu vida en tantos trances en el suelo;
Y es bienaventurada ya en el Cielo,
En donde sólo pudo ser premiada.
Sin ti quedó la Guerra desarmada
Y el mérito agraviado sin consuelo;
La Nobleza y Valor en llanto y duelo
Y la satisfacción mal difamada.
Cuanto no te premiaron, mereciste,
Y el premio en tu valor acobardaste,
Y el excederle fue lo que tuviste.
El cargo que en el mundo no alcanzaste
Es el que yace, el huérfano y el triste,
Que tú de su desdén te coronaste.
Tu vida en tantos trances en el suelo;
Y es bienaventurada ya en el Cielo,
En donde sólo pudo ser premiada.
Sin ti quedó la Guerra desarmada
Y el mérito agraviado sin consuelo;
La Nobleza y Valor en llanto y duelo
Y la satisfacción mal difamada.
Cuanto no te premiaron, mereciste,
Y el premio en tu valor acobardaste,
Y el excederle fue lo que tuviste.
El cargo que en el mundo no alcanzaste
Es el que yace, el huérfano y el triste,
Que tú de su desdén te coronaste.
548
Francisco de Quevedo
Epitafio Del Sepulcro, Y Con Las Armas Del Duque De Osuna Habla El Mármol
Memoria soy del más glorioso pecho
Que España en su defensa vio triunfante;
En mí podrás, amigo Caminante,
Un rato descansar del largo trecho.
Lágrimas de soldados han deshecho
En mí las resistencias de diamante;
Yo cierro al que el Ocaso y el Levante
A su Victoria dio Círculo estrecho.
Estas Armas, vïudas de su Dueño,
Que visten de funesta valentía
Este, si humilde, venturoso leño,
Del grande Osuna son; Él las vestía,
Hasta que apresurado el postrer sueño,
Le ennegreció con Noche el blanco Día.
Que España en su defensa vio triunfante;
En mí podrás, amigo Caminante,
Un rato descansar del largo trecho.
Lágrimas de soldados han deshecho
En mí las resistencias de diamante;
Yo cierro al que el Ocaso y el Levante
A su Victoria dio Círculo estrecho.
Estas Armas, vïudas de su Dueño,
Que visten de funesta valentía
Este, si humilde, venturoso leño,
Del grande Osuna son; Él las vestía,
Hasta que apresurado el postrer sueño,
Le ennegreció con Noche el blanco Día.
524
Francisco de Quevedo
Agradece, En Alegoría Continuada, A Sus Trabajos Su Desengaño, Y Su Escarmiento
¡Qué bien me parecéis, jarcias y entenas,
Vistiendo de naufragios los Altares,
Que son peso glorioso a los pilares,
Que esperé ver tras mi destierro apenas!
Símbolo sois de ya rotas cadenas
Que impidieron mi vuelta en largos mares;
Mas bien podéis, santísimos Lugares,
Agradecer mis Votos en mis penas.
No tanto me alegrárades con hojas
En los robles antiguos, remos graves,
Como colgados en el Templo, y rotos.
Premiad con mi escarmiento mis congojas;
Usurpe al Mar mi nave muchas naves;
Débanme el desengaño los Pilotos.
Vistiendo de naufragios los Altares,
Que son peso glorioso a los pilares,
Que esperé ver tras mi destierro apenas!
Símbolo sois de ya rotas cadenas
Que impidieron mi vuelta en largos mares;
Mas bien podéis, santísimos Lugares,
Agradecer mis Votos en mis penas.
No tanto me alegrárades con hojas
En los robles antiguos, remos graves,
Como colgados en el Templo, y rotos.
Premiad con mi escarmiento mis congojas;
Usurpe al Mar mi nave muchas naves;
Débanme el desengaño los Pilotos.
511
Francisco de Quevedo
Arrepentimiento Y Lágrimas Debidas Al Engaño De La Vida
Huye sin percibirse lento el día,
Y la hora secreta y recatada
Con silencio se acerca, y despreciada,
Lleva tras sí la edad lozana mía.
La Vida nueva que en niñez ardía,
La juventud robusta y engañada,
En el postrer invierno sepultada
Yace entre negra sombra y nieve fría.
No sentí resbalar mudos los años;
Hoy los lloro pasados, y los veo
Riendo de mis lágrimas y daños.
Mi penitencia deba a mi deseo,
Pues me deben la Vida mis engaños,
Y espero el mal que paso y no le creo.
Y la hora secreta y recatada
Con silencio se acerca, y despreciada,
Lleva tras sí la edad lozana mía.
La Vida nueva que en niñez ardía,
La juventud robusta y engañada,
En el postrer invierno sepultada
Yace entre negra sombra y nieve fría.
No sentí resbalar mudos los años;
Hoy los lloro pasados, y los veo
Riendo de mis lágrimas y daños.
Mi penitencia deba a mi deseo,
Pues me deben la Vida mis engaños,
Y espero el mal que paso y no le creo.
543
Francisco de Quevedo
Conveniencias De No Usar De Los Ojos, De Los Oídos, Y De La Lengua
Oír, Ver y Callar, remedio fuera
En tiempo que la Vista y el Oído
Y la Lengua pudieran ser sentido,
Y no delito que ofender pudiera.
Hoy, sordos los remeros con la cera,
Golfo navegaré que (encanecido
De huesos, no de espumas) con bramido
Sepulta a quien oyó Voz lisonjera.
Sin ser oído y sin oír, ociosos
Ojos y orejas, viviré olvidado
Del ceño de los hombres poderosos.
Si es delito saber quién ha pecado,
Los vicios escudriñen los curiosos:
Y viva yo Ignorante, e Ignorado.
En tiempo que la Vista y el Oído
Y la Lengua pudieran ser sentido,
Y no delito que ofender pudiera.
Hoy, sordos los remeros con la cera,
Golfo navegaré que (encanecido
De huesos, no de espumas) con bramido
Sepulta a quien oyó Voz lisonjera.
Sin ser oído y sin oír, ociosos
Ojos y orejas, viviré olvidado
Del ceño de los hombres poderosos.
Si es delito saber quién ha pecado,
Los vicios escudriñen los curiosos:
Y viva yo Ignorante, e Ignorado.
553
Francisco de Quevedo
Signifícase La Propia Brevedad De La Vida, Sin Pensar, Y Con Padecer, Salteada De La Muerte
Fue sueño Ayer; Mañana será tierra:
Poco antes nada, y poco después humo,
¡Y destino ambiciones, y presumo
Apenas punto al cerco que me cierra!
Breve combate de importuna guerra,
En mi defensa soy peligro sumo:
Y mientras con mis armas me consumo,
Menos me hospeda el cuerpo, que me entierra.
Ya no es Ayer; Mañana no ha llegado;
Hoy pasa, y es, y fue, con movimiento
Que a la muerte me lleva despeñado.
Azadas son la hora y el momento,
Que a jornal de mi pena y mi cuidado,
Cavan en mi vivir mi monumento.
Poco antes nada, y poco después humo,
¡Y destino ambiciones, y presumo
Apenas punto al cerco que me cierra!
Breve combate de importuna guerra,
En mi defensa soy peligro sumo:
Y mientras con mis armas me consumo,
Menos me hospeda el cuerpo, que me entierra.
Ya no es Ayer; Mañana no ha llegado;
Hoy pasa, y es, y fue, con movimiento
Que a la muerte me lleva despeñado.
Azadas son la hora y el momento,
Que a jornal de mi pena y mi cuidado,
Cavan en mi vivir mi monumento.
514
Francisco de Quevedo
Castiga A Los Glotones Y Bebedores, Que Con Los Desórdenes Suyos Aceleran La Enfermedad Y La Vejez
Que los años por ti vuelen tan leves,
Pides a Dios; que el rostro sus pisadas
No sienta, y que a las greñas bien peinadas
No pase corva la vejez sus nieves.
Esto le pides y, borracho bebes
Las vendimias en tazas coronadas;
Y para el vientre tuyo las manadas
Que Apulia pasta son bocados breves.
A Dios le pides lo que tú te quitas;
La Enfermedad y la Vejez te tragas,
Y estar de ellas exento solicitas.
Pero en rugosa piel la deuda pagas
De las embrïagueces que vomitas,
Y en la salud que comilón estragas.
Pides a Dios; que el rostro sus pisadas
No sienta, y que a las greñas bien peinadas
No pase corva la vejez sus nieves.
Esto le pides y, borracho bebes
Las vendimias en tazas coronadas;
Y para el vientre tuyo las manadas
Que Apulia pasta son bocados breves.
A Dios le pides lo que tú te quitas;
La Enfermedad y la Vejez te tragas,
Y estar de ellas exento solicitas.
Pero en rugosa piel la deuda pagas
De las embrïagueces que vomitas,
Y en la salud que comilón estragas.
603
Francisco de Quevedo
Represéntase La Brevedad De Lo Que Se Vive, Y Cuán Nada Parece Lo Que Se Vivió
«¡Ah de la vida!»... ¿Nadie me responde?
¡Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
Las Horas mi locura las esconde.
¡Que sin poder saber cómo ni adónde
La Salud y la Edad se hayan huido!
Falta la vida, asiste lo vivido,
Y no hay calamidad que no me ronde.
Ayer se fue; Mañana no ha llegado;
Hoy se está yendo sin parar un punto:
Soy un fue, y un será, y un es cansado.
En el Hoy y Mañana y Ayer, junto
Pañales y mortaja, y he quedado
Presentes sucesiones de difunto.
¡Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
Las Horas mi locura las esconde.
¡Que sin poder saber cómo ni adónde
La Salud y la Edad se hayan huido!
Falta la vida, asiste lo vivido,
Y no hay calamidad que no me ronde.
Ayer se fue; Mañana no ha llegado;
Hoy se está yendo sin parar un punto:
Soy un fue, y un será, y un es cansado.
En el Hoy y Mañana y Ayer, junto
Pañales y mortaja, y he quedado
Presentes sucesiones de difunto.
575
Francisco de Quevedo
A Un Amigo Que Retirado De La Corte Pasó Su Edad
Dichoso tú, que alegre en tu cabaña,
Mozo y viejo espiraste la aura pura,
Y te sirven de cuna y sepultura,
De paja el techo, el suelo de espadaña.
En esa soledad que libre baña
Callado Sol con lumbre más segura,
La vida al día más espacio dura,
Y la hora sin voz te desengaña.
No cuentas por los Cónsules los años;
Hacen tu calendario tus cosechas;
Pisas todo tu mundo sin engaños.
De todo lo que ignoras te aprovechas;
Ni anhelas premios ni padeces daños,
Y te dilatas cuanto más te estrechas.
Mozo y viejo espiraste la aura pura,
Y te sirven de cuna y sepultura,
De paja el techo, el suelo de espadaña.
En esa soledad que libre baña
Callado Sol con lumbre más segura,
La vida al día más espacio dura,
Y la hora sin voz te desengaña.
No cuentas por los Cónsules los años;
Hacen tu calendario tus cosechas;
Pisas todo tu mundo sin engaños.
De todo lo que ignoras te aprovechas;
Ni anhelas premios ni padeces daños,
Y te dilatas cuanto más te estrechas.
553
Francisco de Quevedo
Enseña Cómo No Es Rico El Que Tiene Mucho Caudal
Quitar codicia, no añadir dinero,
Hace ricos los hombres, Casimiro:
Puedes arder en púrpura de Tiro,
Y no alcanzar descanso verdadero.
Señor te llamas; yo te considero
Cuando el hombre interior que vives miro,
Esclavo de las ansias y el suspiro,
Y de tus propias culpas prisionero.
Al asiento de l'alma suba el oro,
No al sepulcro del oro l'alma baje,
Ni le compita a Dios su precio el lodo.
Descifra las mentiras del tesoro,
Pues falta (y es del Cielo este lenguaje)
Al pobre, mucho, y al avaro todo.
Hace ricos los hombres, Casimiro:
Puedes arder en púrpura de Tiro,
Y no alcanzar descanso verdadero.
Señor te llamas; yo te considero
Cuando el hombre interior que vives miro,
Esclavo de las ansias y el suspiro,
Y de tus propias culpas prisionero.
Al asiento de l'alma suba el oro,
No al sepulcro del oro l'alma baje,
Ni le compita a Dios su precio el lodo.
Descifra las mentiras del tesoro,
Pues falta (y es del Cielo este lenguaje)
Al pobre, mucho, y al avaro todo.
462
Francisco de Quevedo
Desterrado Scipión A Una Rústica Casería Suya, Recuerda Consigo La Gloria De Sus Hechos Y De Su Post
Faltar pudo a Scipión Roma opulenta,
Mas a Roma Scipíón faltar no pudo;
Sea Blasón de su envidia, que mi escudo,
Que del Mundo triunfó, cede a su afrenta.
Si el mérito Africano la amedrenta,
De hazañas y laureles me desnudo;
Muera en destierro en este baño rudo,
Y Roma de mi ultraje esté contenta.
Que no escarmiente alguno en mí quisiera,
Viendo la ofensa que me da por pago,
Porque no falte quien servirla quiera.
Nadie llore mi ruina ni mi estrago,
Pues será a mi Ceniza cuando muera,
Epitafio Aníbal, Urna Cartago.
Mas a Roma Scipíón faltar no pudo;
Sea Blasón de su envidia, que mi escudo,
Que del Mundo triunfó, cede a su afrenta.
Si el mérito Africano la amedrenta,
De hazañas y laureles me desnudo;
Muera en destierro en este baño rudo,
Y Roma de mi ultraje esté contenta.
Que no escarmiente alguno en mí quisiera,
Viendo la ofensa que me da por pago,
Porque no falte quien servirla quiera.
Nadie llore mi ruina ni mi estrago,
Pues será a mi Ceniza cuando muera,
Epitafio Aníbal, Urna Cartago.
441
Francisco de Quevedo
Desterrado Scipión A Una Rústica Casería Suya, Recuerda Consigo La Gloria De Sus Hechos Y De Su Post
Faltar pudo a Scipión Roma opulenta,
Mas a Roma Scipíón faltar no pudo;
Sea Blasón de su envidia, que mi escudo,
Que del Mundo triunfó, cede a su afrenta.
Si el mérito Africano la amedrenta,
De hazañas y laureles me desnudo;
Muera en destierro en este baño rudo,
Y Roma de mi ultraje esté contenta.
Que no escarmiente alguno en mí quisiera,
Viendo la ofensa que me da por pago,
Porque no falte quien servirla quiera.
Nadie llore mi ruina ni mi estrago,
Pues será a mi Ceniza cuando muera,
Epitafio Aníbal, Urna Cartago.
Mas a Roma Scipíón faltar no pudo;
Sea Blasón de su envidia, que mi escudo,
Que del Mundo triunfó, cede a su afrenta.
Si el mérito Africano la amedrenta,
De hazañas y laureles me desnudo;
Muera en destierro en este baño rudo,
Y Roma de mi ultraje esté contenta.
Que no escarmiente alguno en mí quisiera,
Viendo la ofensa que me da por pago,
Porque no falte quien servirla quiera.
Nadie llore mi ruina ni mi estrago,
Pues será a mi Ceniza cuando muera,
Epitafio Aníbal, Urna Cartago.
441
Francisco de Quevedo
A Roma Sepultada En Sus Ruinas
Buscas en Roma a Roma ¡oh peregrino!
y en Roma misma a Roma no la hallas:
cadáver son las que ostentó murallas
y tumba de sí proprio el Aventino.
Yace donde reinaba el Palatino
y limadas del tiempo, las medallas
más se muestran destrozo a las batallas
de las edades que Blasón Latino.
Sólo el Tibre quedó, cuya corriente,
si ciudad la regó, ya sepultura
la llora con funesto son doliente.
¡Oh Roma en tu grandeza, en tu hermosura,
huyó lo que era firme y solamente
lo fugitivo permanece y dura!
y en Roma misma a Roma no la hallas:
cadáver son las que ostentó murallas
y tumba de sí proprio el Aventino.
Yace donde reinaba el Palatino
y limadas del tiempo, las medallas
más se muestran destrozo a las batallas
de las edades que Blasón Latino.
Sólo el Tibre quedó, cuya corriente,
si ciudad la regó, ya sepultura
la llora con funesto son doliente.
¡Oh Roma en tu grandeza, en tu hermosura,
huyó lo que era firme y solamente
lo fugitivo permanece y dura!
630
Francisco de Quevedo
Salmo Xxvi
Después de tantos ratos mal gastados,
tantas obscuras noches mal dormidas;
después de tantas quejas repetidas,
tantos suspiros tristes derramados;
Después de tantos gustos mal logrados
y tantas Justas penas merecidas;
después de tantas lágrimas perdidas
y tantos pasos sin concierto dados,
Sólo se queda entre las manos mías
de un engaño tan vil conocimiento,
acompañado de esperanzas frías.
Y vengo a conocer que en el contento
del mundo, compra el Alma en tales días,
con gran trabajo, su arrepentimiento.
tantas obscuras noches mal dormidas;
después de tantas quejas repetidas,
tantos suspiros tristes derramados;
Después de tantos gustos mal logrados
y tantas Justas penas merecidas;
después de tantas lágrimas perdidas
y tantos pasos sin concierto dados,
Sólo se queda entre las manos mías
de un engaño tan vil conocimiento,
acompañado de esperanzas frías.
Y vengo a conocer que en el contento
del mundo, compra el Alma en tales días,
con gran trabajo, su arrepentimiento.
462
Francisco de Quevedo
Reconocimiento Propio Y Ruego Piadoso Antes De Comulgar
Pues hoy pretendo ser tu monumento,
porque me resucites del pecado,
habítame de gracia, renovado
el hombre antiguo en ciego perdimiento.
Si no, retratarás tu nacimiento
en la nieve de un ánimo obstinado
y en corazón pesebre, acompañado
de brutos apetitos que en mí siento.
Hoy te entierras en mí, siervo villano,
sepulcro, a tanto huésped vil y estrecho,
indigno de tu Cuerpo soberano.
Tierra te cubre en mí, de tierra hecho;
la conciencia me sirve de gusano;
mármol para cubrirte da mi pecho.
porque me resucites del pecado,
habítame de gracia, renovado
el hombre antiguo en ciego perdimiento.
Si no, retratarás tu nacimiento
en la nieve de un ánimo obstinado
y en corazón pesebre, acompañado
de brutos apetitos que en mí siento.
Hoy te entierras en mí, siervo villano,
sepulcro, a tanto huésped vil y estrecho,
indigno de tu Cuerpo soberano.
Tierra te cubre en mí, de tierra hecho;
la conciencia me sirve de gusano;
mármol para cubrirte da mi pecho.
432
Francisco de Quevedo
Salmo Xxii
Pues le quieres hacer el monumento
en mis entrañas a tu cuerpo amado,
limpia, suma limpieza, de pecado,
por tu gloria y mi bien, el aposento.
Si no, retratarás tu nacimiento,
pues entrado en mi pecho disfrazado,
te verán en Pesebre acompañado
de brutos Apetitos que en mí siento.
Hoy te entierras en mí con propia mano,
que soy sepulcro, aunque a tu ser estrecho,
indigno de tu cuerpo soberano.
Tierra te cubre en mí, de tierra hecho;
la conciencia me presta su gusano;
mármol para cubrirte dé mi pecho.
en mis entrañas a tu cuerpo amado,
limpia, suma limpieza, de pecado,
por tu gloria y mi bien, el aposento.
Si no, retratarás tu nacimiento,
pues entrado en mi pecho disfrazado,
te verán en Pesebre acompañado
de brutos Apetitos que en mí siento.
Hoy te entierras en mí con propia mano,
que soy sepulcro, aunque a tu ser estrecho,
indigno de tu cuerpo soberano.
Tierra te cubre en mí, de tierra hecho;
la conciencia me presta su gusano;
mármol para cubrirte dé mi pecho.
525
Francisco de Quevedo
Salmo Xix
¡Cómo de entre mis manos te resbalas!
¡Oh, cómo te deslizas, Vida mía!
¡Qué mudos pasos traes, oh muerte fría,
pues con callado pie todo lo igualas!
Ya cuelgan de mi muro tus escalas,
y es tu puerta mayor mi cobardía;
por vida nueva tengo cada día,
que el tiempo cano nace entre las alas.
¡Oh mortal condición! ¡Oh dura suerte!
¡Que no puedo querer ver la mañana
sin temor de si quiero ver mi muerte!
Cualquier instante de la vida humana
es un nuevo argumento que me advierte
cuán frágil es, cuán mísera, y cuán vana.
¡Oh, cómo te deslizas, Vida mía!
¡Qué mudos pasos traes, oh muerte fría,
pues con callado pie todo lo igualas!
Ya cuelgan de mi muro tus escalas,
y es tu puerta mayor mi cobardía;
por vida nueva tengo cada día,
que el tiempo cano nace entre las alas.
¡Oh mortal condición! ¡Oh dura suerte!
¡Que no puedo querer ver la mañana
sin temor de si quiero ver mi muerte!
Cualquier instante de la vida humana
es un nuevo argumento que me advierte
cuán frágil es, cuán mísera, y cuán vana.
685
Francisco de Quevedo
Conoce Las Fuerzas Del Tiempo, Y El Ser Ejecutivo Cobrador De La Muerte
¡Cómo de entre mis manos te resbalas!
¡Oh, cómo te deslizas, Edad mía!
¡Qué mudos pasos traes, oh Muerte fría,
Pues con callado pie todo lo igualas!
Feroz, de tierra el débil muro escalas,
En quien lozana Juventud se fía;
Mas ya mi Corazón del postrer día
Atiende el vuelo, sin mirar las alas.
¡Oh Condición mortal! ¡Oh dura Suerte!
¡Que no puedo querer vivir mañana
Sin la pensión de procurar mi Muerte!
Cualquier instante de la Vida Humana
Es nueva ejecución con que me advierte
Cuán frágil es, cuán mísera, cuán
vana.
¡Oh, cómo te deslizas, Edad mía!
¡Qué mudos pasos traes, oh Muerte fría,
Pues con callado pie todo lo igualas!
Feroz, de tierra el débil muro escalas,
En quien lozana Juventud se fía;
Mas ya mi Corazón del postrer día
Atiende el vuelo, sin mirar las alas.
¡Oh Condición mortal! ¡Oh dura Suerte!
¡Que no puedo querer vivir mañana
Sin la pensión de procurar mi Muerte!
Cualquier instante de la Vida Humana
Es nueva ejecución con que me advierte
Cuán frágil es, cuán mísera, cuán
vana.
1.023
Francisco de Quevedo
Conoce Las Fuerzas Del Tiempo, Y El Ser Ejecutivo Cobrador De La Muerte
¡Cómo de entre mis manos te resbalas!
¡Oh, cómo te deslizas, Edad mía!
¡Qué mudos pasos traes, oh Muerte fría,
Pues con callado pie todo lo igualas!
Feroz, de tierra el débil muro escalas,
En quien lozana Juventud se fía;
Mas ya mi Corazón del postrer día
Atiende el vuelo, sin mirar las alas.
¡Oh Condición mortal! ¡Oh dura Suerte!
¡Que no puedo querer vivir mañana
Sin la pensión de procurar mi Muerte!
Cualquier instante de la Vida Humana
Es nueva ejecución con que me advierte
Cuán frágil es, cuán mísera, cuán
vana.
¡Oh, cómo te deslizas, Edad mía!
¡Qué mudos pasos traes, oh Muerte fría,
Pues con callado pie todo lo igualas!
Feroz, de tierra el débil muro escalas,
En quien lozana Juventud se fía;
Mas ya mi Corazón del postrer día
Atiende el vuelo, sin mirar las alas.
¡Oh Condición mortal! ¡Oh dura Suerte!
¡Que no puedo querer vivir mañana
Sin la pensión de procurar mi Muerte!
Cualquier instante de la Vida Humana
Es nueva ejecución con que me advierte
Cuán frágil es, cuán mísera, cuán
vana.
1.023
Francisco de Quevedo
Salmo Xvi
Ven ya, miedo de fuertes y de sabios:
irá la Alma indignada con gemido
debajo de las sombras, y el olvido
beberán por demás mis secos labios.
Por tal manera Curios, Decios, Fabios
fueron; por tal ha de ir cuanto ha nacido.
Si quieres ser a alguno bien venido,
trae con mi vida fin a mis agravios.
Esta lágrima ardiente, con que miro
el negro cerco que rodea a mis ojos,
naturaleza es, no sentimiento.
Con el aire primero este suspiro
empecé, y hoy le acaban mis enojos,
porque me deba todo al monumento.
irá la Alma indignada con gemido
debajo de las sombras, y el olvido
beberán por demás mis secos labios.
Por tal manera Curios, Decios, Fabios
fueron; por tal ha de ir cuanto ha nacido.
Si quieres ser a alguno bien venido,
trae con mi vida fin a mis agravios.
Esta lágrima ardiente, con que miro
el negro cerco que rodea a mis ojos,
naturaleza es, no sentimiento.
Con el aire primero este suspiro
empecé, y hoy le acaban mis enojos,
porque me deba todo al monumento.
567
Francisco de Quevedo
Salmo Xvi
Ven ya, miedo de fuertes y de sabios:
irá la Alma indignada con gemido
debajo de las sombras, y el olvido
beberán por demás mis secos labios.
Por tal manera Curios, Decios, Fabios
fueron; por tal ha de ir cuanto ha nacido.
Si quieres ser a alguno bien venido,
trae con mi vida fin a mis agravios.
Esta lágrima ardiente, con que miro
el negro cerco que rodea a mis ojos,
naturaleza es, no sentimiento.
Con el aire primero este suspiro
empecé, y hoy le acaban mis enojos,
porque me deba todo al monumento.
irá la Alma indignada con gemido
debajo de las sombras, y el olvido
beberán por demás mis secos labios.
Por tal manera Curios, Decios, Fabios
fueron; por tal ha de ir cuanto ha nacido.
Si quieres ser a alguno bien venido,
trae con mi vida fin a mis agravios.
Esta lágrima ardiente, con que miro
el negro cerco que rodea a mis ojos,
naturaleza es, no sentimiento.
Con el aire primero este suspiro
empecé, y hoy le acaban mis enojos,
porque me deba todo al monumento.
567
Francisco de Quevedo
Salmo Xiv
Perdióle a la razón el apetito
el debido respeto,
y es lo peor que piensa que el delito
tan grande, puede a Dios estar secreto,
cuya sabiduría
la oscuridad del corazón del hombre,
desde el cielo mayor, leerá más claro.
Yace esclava del cuerpo la alma mía,
tan olvidada ya del primer nombre
que hasta su perdición compra tan caro,
que no teme otra cosa
sino perder aquel estado infame,
que debiera temer tan solamente,
pues la razón más viva y más forzosa
que me consuela y fuerza a que la llame,
aunque no se arrepiente,
es que está ya tan fea,
lo mejor de la edad pasado y muerto,
que imagino por cierto
que se ha de arrepentir cuando se vea.
Sólo me da cuidado
ver que esta conversión tan prevenida
ha de venir a ser agradecida
más que a mi voluntad, a mi pecado;
pues ella no es tan buena
que desprecie por mala tanta pena,
y él es tan vil y de dolor tan lleno,
aunque muestra regalo,
que sólo tiene bueno
el dar conocimiento de que es malo.
el debido respeto,
y es lo peor que piensa que el delito
tan grande, puede a Dios estar secreto,
cuya sabiduría
la oscuridad del corazón del hombre,
desde el cielo mayor, leerá más claro.
Yace esclava del cuerpo la alma mía,
tan olvidada ya del primer nombre
que hasta su perdición compra tan caro,
que no teme otra cosa
sino perder aquel estado infame,
que debiera temer tan solamente,
pues la razón más viva y más forzosa
que me consuela y fuerza a que la llame,
aunque no se arrepiente,
es que está ya tan fea,
lo mejor de la edad pasado y muerto,
que imagino por cierto
que se ha de arrepentir cuando se vea.
Sólo me da cuidado
ver que esta conversión tan prevenida
ha de venir a ser agradecida
más que a mi voluntad, a mi pecado;
pues ella no es tan buena
que desprecie por mala tanta pena,
y él es tan vil y de dolor tan lleno,
aunque muestra regalo,
que sólo tiene bueno
el dar conocimiento de que es malo.
475
Francisco de Quevedo
Salmo Xiv
Nególe a la razón el apetito
el debido respeto,
y es lo peor que piensa que un delito
tan grave puede a Dios estar secreto,
cuya sabiduría
la oscuridad del corazón del hombre
desde el cielo mayor, la lee más claro.
Yace esclava del cuerpo la alma mía,
tan olvidada ya del primer nombre
que no teme otra cosa
sino perder aqueste estado infame,
que debiera temer tan solamente,
pues la razón más viva y más forzosa
que me consuela y fuerza a que la llame,
aunque no se arrepiente,
es que está ya tan fea,
que se ha de arrepentir cuando se vea.
Sólo me da cuidado
ver que esta conversión tan conocida
ha de venir a ser agradecida
más que a mi voluntad, a mi pecado;
pues ella no es tan buena
que desprecie por mala tanta pena,
y aunque él es vil, y de dolor tan lleno
que al infierno le igualo,
sólo tiene de bueno
el dar conocimiento de que es malo.
el debido respeto,
y es lo peor que piensa que un delito
tan grave puede a Dios estar secreto,
cuya sabiduría
la oscuridad del corazón del hombre
desde el cielo mayor, la lee más claro.
Yace esclava del cuerpo la alma mía,
tan olvidada ya del primer nombre
que no teme otra cosa
sino perder aqueste estado infame,
que debiera temer tan solamente,
pues la razón más viva y más forzosa
que me consuela y fuerza a que la llame,
aunque no se arrepiente,
es que está ya tan fea,
que se ha de arrepentir cuando se vea.
Sólo me da cuidado
ver que esta conversión tan conocida
ha de venir a ser agradecida
más que a mi voluntad, a mi pecado;
pues ella no es tan buena
que desprecie por mala tanta pena,
y aunque él es vil, y de dolor tan lleno
que al infierno le igualo,
sólo tiene de bueno
el dar conocimiento de que es malo.
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Francisco de Quevedo
Salmo X
Trabajos dulces, dulces penas mías,
pasadas alegrías
que atormentáis ahora mi memoria,
dulce en un tiempo, sí, mas breve gloria
gozada en años y perdida en días;
tarde y sin fruto derramados llantos,
si sois castigo de los cielos santos,
con vosotros me alegro y me enriquezco,
porque sé de mí mismo que os merezco,
y me consuelo más que me lastimo;
mas, si regalos sois, más os estimo,
mirando que en el suelo,
sin merecerlo, me regala el cielo.
Perdí mi libertad, mi bien con ella:
no dejó en todo el cielo alguna Estrella
que no solicitase,
entre llantos, la voz de mi querella,
¡tanto sentí mirar que me dejase!
Mas ya, ver mi dolor, me he consolado
de haber mi bien perdido,
y en parte de perderle me he holgado,
por interés de haberle conocido.
pasadas alegrías
que atormentáis ahora mi memoria,
dulce en un tiempo, sí, mas breve gloria
gozada en años y perdida en días;
tarde y sin fruto derramados llantos,
si sois castigo de los cielos santos,
con vosotros me alegro y me enriquezco,
porque sé de mí mismo que os merezco,
y me consuelo más que me lastimo;
mas, si regalos sois, más os estimo,
mirando que en el suelo,
sin merecerlo, me regala el cielo.
Perdí mi libertad, mi bien con ella:
no dejó en todo el cielo alguna Estrella
que no solicitase,
entre llantos, la voz de mi querella,
¡tanto sentí mirar que me dejase!
Mas ya, ver mi dolor, me he consolado
de haber mi bien perdido,
y en parte de perderle me he holgado,
por interés de haberle conocido.
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