Otros
Evaristo Carriego
Ninguna Más
nunca más, nunca más tendremos novia,
y pasarán los años pero nunca
más volveremos a querer a otra.
Ya lo ves. Y pensar que nos decías,
afligida quizá de verte sola,
que cuando te murieses
ni te recordaríamos. ¡Qué tonta!
Sí. Pasarán los años, pero siempre
como un recuerdo bueno, a toda hora
estarás con nosotros.
Con nosotros Porque eres cariñosa
como nadie lo fue. Te lo decimos
tarde, ¿No es cierto? Un poco tarde, ahora
que no nos puedes escuchar. Muchachas
como tú ha habido pocas.
No temas nada, te recordaremos,
y te recordaremos a ti sola:
ninguna más, ninguna más. Ya nunca
más volveremos a querer a otra.
Evaristo Carriego
Ninguna Más
nunca más, nunca más tendremos novia,
y pasarán los años pero nunca
más volveremos a querer a otra.
Ya lo ves. Y pensar que nos decías,
afligida quizá de verte sola,
que cuando te murieses
ni te recordaríamos. ¡Qué tonta!
Sí. Pasarán los años, pero siempre
como un recuerdo bueno, a toda hora
estarás con nosotros.
Con nosotros Porque eres cariñosa
como nadie lo fue. Te lo decimos
tarde, ¿No es cierto? Un poco tarde, ahora
que no nos puedes escuchar. Muchachas
como tú ha habido pocas.
No temas nada, te recordaremos,
y te recordaremos a ti sola:
ninguna más, ninguna más. Ya nunca
más volveremos a querer a otra.
Evaristo Carriego
Reíd Mucho, Hermanitas
tan fresca y tan sonora, con esa risa fuerte
que llena nuestra casa de salud. La sonrisa
no es para vosotras todavía: ¡Qué suerte!
Que vuestra risa sea como una, y vierta
su chorro alegre sobre nuestra melancolía,
sea como una caja de música que abierta
perennemente suena desde que empieza el día.
Hermanas: reíd de una vez toda vuestra sana
alegría de dueñas del patio, que mañana
¡Ah, mañana! Quién sabe si os habremos de oír.
¡Ay, hermanas, hermanas juguetonas!, ¡Ay, locas
rabietas de la abuela!, ¿Cuál de esas lindas bocas
será la que primero dejará de reír?
Evaristo Carriego
Reíd Mucho, Hermanitas
tan fresca y tan sonora, con esa risa fuerte
que llena nuestra casa de salud. La sonrisa
no es para vosotras todavía: ¡Qué suerte!
Que vuestra risa sea como una, y vierta
su chorro alegre sobre nuestra melancolía,
sea como una caja de música que abierta
perennemente suena desde que empieza el día.
Hermanas: reíd de una vez toda vuestra sana
alegría de dueñas del patio, que mañana
¡Ah, mañana! Quién sabe si os habremos de oír.
¡Ay, hermanas, hermanas juguetonas!, ¡Ay, locas
rabietas de la abuela!, ¿Cuál de esas lindas bocas
será la que primero dejará de reír?
Evaristo Carriego
Los Viejos Se Van
a mí no sé qué me da
¡Se van los viejos! Los pobres
poquito a poco se van.
Y se van tan despacito
que ni lo sienten, ¿Será
el consuelo de saber
que se habrán de ir en paz?
¡Ah! Todo es inútil: nada
los detendrá: ¿Pasarán
este otoño, o el invierno
otra vez los hallará
contándonos por las noches
cosas de la mocedad?
Y cuando no estén, ¿Durante
cuánto tiempo aún se oirá
su voz querida en la casa
desierta?
¿Cómo serán
en el recuerdo las caras
que ya no veremos más?
¡Que ya no veremos! ¿Nunca
se te ha ocurrido pensar
en el silencio que dejan
aquellos que se nos van?
Y en nosotros mismos, piensas
alguna vez, ¿Es verdad?
En nosotros, que también
nos tendremos que callar.
Cuando nos llegue la hora
como a los viejos, ¿Habrá
para nosotros la dulce
confortación familiar
que tanto alivia? ¿Qué labio
piadoso nos besará?
¿Nos sentiremos muy solos?
¿Y nos iremos en paz?
Evaristo Carriego
Sola
las buenas amigas, las locas
de siempre.
¡Qué alegres se fueron!,
¡Qué risas las suyas!
¡La zonza!,
Te dijeron al irse. ¡Es claro,
parecías tan triste!
Bueno.
Por fin estás sola No hay nadie,
todas las amigas se fueron
y se halla en silencio la casa.
La abuela descansa, y los chicos
en el distante comedor
juegan despacio, sin dar gritos.
Apenas si afuera, en la calle,
persiste un rumor apagado
de voces. Estás sola, sola,
en la paz grave de tu cuarto.
Vela un momento, y cuando tengas
el corazón bien en reposo
duerme como no duermes hace
mucho: con un sueño de novia.
La última noche de novia
Llegó pronto, ¿Verdad? Mañana
adiós cuartito de soltera,
adiós camita, adiós almohada
del sueño lejano y querido
que no volverá
¿Te sorprende
pensar en eso? Tan sereno,
tan dulce que ahora parece.
¡Por fin vino el novio! Fue larga,
muy larga la espera, ¿Recuerdas?,
Pasaban los años y nada,
ninguno ¡Quedarte soltera!
¡Ay!, Bien lo temías.
En vano
los tiernos coloquios. ¡Qué rabia!,
Aquellas preguntas del primo,
¡Torpe, ciego!
¿Cuándo te casas?
Por fin vino el novio, y por fin
la última noche de novia.
Llegó pronto, ¿Verdad? ¡Tan pronto!
Mañana, mañana
¡Bah! ¿Lloras?
Evaristo Carriego
La Dulce Voz Que Oímos Todos Los Días
Yo no sé por qué será:
te oímos y nos dan muchas
ganas de quererte más.
Tienes una voz tan dulce
y una manera de hablar,
que aunque a veces tú también
estés triste de verdad
haces reír a abuelita
cuando ella quiere llorar.
¡Y ninguno sabe en dónde
encuentras tanta bondad
para poder decir unas
cosas que nos gustan más!
¡Si vieras cómo nos gusta!
No te habrás de imaginar
lo mucho que sufriremos
si tú nos dejas Mamá
dice que cuando te cases
nos tendrás que abandonar,
y eso es mentira: ¿No es cierto
que nunca te casarás?
Nunca nos dejarás solos
porque eres buena ¿Verdad?
¿Alguna vez has pensado
qué haremos si te nos vas?
¿No lo has pensado? Nosotros
no lo queremos pensar.
Si tú te nos vas, ¿Entonces
qué voz extraña vendrá
a decirnos esas cosas
que tú ya no nos dirás?
¿Nos hará olvidar tu voz
la voz que vendrá? ¿Lo hará?
¿Hará reír a abuelita
cuando ella quiere llorar?
Evaristo Carriego
Te Vas
Lo sabemos: ahórrate la pena
de contarnos sonriendo lo que sufres
desde que estás enferma.
¡Ah, te vas sin remedio,
te vas, y sin embargo, no te quejas:
jamás te hemos oído una palabra
que no fuera serena,
serena como tú, como el cariño
de hermanita mayor con que nos besas,
de hermanita mayor que por nosotros
se olvidó de ser novia!
No te quejas,
no quieres afligirnos, pero lloras
cuando nadie te mira, y tu tristeza
silenciosa no tiene una amargura
¿Por qué serás tan buena?
Evaristo Carriego
La Que Se Quedó Para Vestir Santos
serás abuelita sin ser madrecita.
Ayer, recordando tu pesar sereno,
me dio mucha pena tu cara marchita.
¿Ni siquiera una novela empezada?
Quizás el idilio que duró un verano,
hasta que una noche por buena y confiada,
se cansó la novia de aguardar en vano.
Y tú sufrirías, o no sufrirías,
nerviosas esperas, y te quedarías
como es natural,
tan indiferente que al día siguiente
ya no habría nada, nada: solamente
húmedas las puntas de tu delantal.
Evaristo Carriego
La Silla Que Ahora Nadie Ocupa
se halla abstraído el padre desde hace rato:
pocos momentos hace que rechazó el plato
del cual apenas quiso probar la sopa.
De tiempo en tiempo, casi furtivamente,
llega en silencio alguna que otra mirada
hasta la vieja silla desocupada
que alguien, de olvidadizo, colocó enfrente.
Y, mientras se ensombrecen todas las caras,
cesa de pronto el ruido de las cucharas
porque insistentemente, como empujado
por esa idea fija que no se va,
el menor de los hijos ha preguntado
cuándo será el regreso de la mamá.
Evaristo Carriego
A Carcavallo En Su Noche
En su noche
A Doña Leonor Acevedo de Borges
Porque esta hora todos la vivimos contigo,
y es propicia la noche y el ambiente es cordial,
vaya el trovar, gustado en el rincón amigo,
con un antiguo y vago sabor sentimental.
Por los que todavía creen un poco en la Luna,
por los que riman una canción de juventud,
por las damas que escuchan, suaves como en alguna
primavera de versos, ¡Compañero, salud!
Salud, por esta hora que vivimos contigo,
salud, porque al conjuro del verso que te digo
realicen su serena gloriosa comunión,
la Amistad y la Lira, la gracia femenina,
un puñado de rosas de la tierra argentina
y una copa del rojo vino del corazón.
Evaristo Carriego
Canillita
que jamás volvamos a encontrar tus huellas?
Sí, nunca hallaremos romero más loco
¡Qué cosas las tuyas! ¡Irte a las estrellas!
No mereces casi que así te lloremos
¡Irte a las estrellas! ¡Adiós, Canillita!
Siempre, siempre, ¿Sabes?, Te reprocharemos
que hayas dejado tan sola a Catita.
¡Por ella, su pobre pajarito bueno,
bésale en los ojos, Jesús Nazareno
que estás en la cruz!
¡Por ella que ahora se queda más triste
que todos los tristes que en el mundo viste,
ciérrale los negros ojazos sin luz!
Evaristo Carriego
De Sobremesa
y mientras saboreaba el café amargo,
me puse a meditar un largo rato:
el alma como nunca de serena.
Bien lo sé que la copa no está llena
de todo lo mejor, y, sin embargo,
por pereza, quizás, ni un solo cargo
le hago a la suerte, que no ha sido buena
Pero, como por una virtud rara
no le muestro a la vida mala cara
ni en las horas que son más fastidiosas,
nunca nadie podrá tener derecho
a exigirme una mueca ¡Tantas cosas
se pueden ocultar bien en el pecho!
Evaristo Carriego
De Sobremesa
y mientras saboreaba el café amargo,
me puse a meditar un largo rato:
el alma como nunca de serena.
Bien lo sé que la copa no está llena
de todo lo mejor, y, sin embargo,
por pereza, quizás, ni un solo cargo
le hago a la suerte, que no ha sido buena
Pero, como por una virtud rara
no le muestro a la vida mala cara
ni en las horas que son más fastidiosas,
nunca nadie podrá tener derecho
a exigirme una mueca ¡Tantas cosas
se pueden ocultar bien en el pecho!
Evaristo Carriego
Conversando
con esto, para mí, nada hay ausente.
Podemos conversar tranquilamente:
la excelencia del vino me hace bueno.
Hermano, ya lo ves, ni una exigencia
me reprocha la vida así me agrada,
de lo demás no quiero saber nada
Practico una virtud: la indiferencia.
Me disgusta tener preocupaciones
que hayan de conmoverme. En mis rincones
vivo la vida a la manera eximia
del que es feliz, porque en verdad te digo:
la esposa del señor de la vendimia
se ha fugado conmigo.
Evaristo Carriego
Cuando Hace Mal Tiempo
sus largas letanías fastidiosas,
me aduermo en las blanduras deliciosas
de las tibias perezas invernales.
El humo del cigarro en espirales
me finge perspectivas caprichosas,
y en la nube azulada van las cosas
insinuando contornos irreales.
¡Qué bueno es el diván en estas frías
tardes, fatales de monotonías!
¡Qué bien se siente uno, así, estirado
con una pesadez sensual! ¡Quisiera
no moverme de aquí! ¡Si se pudiera
vivir eternamente amodorrado!
Evaristo Carriego
Cuando Hace Mal Tiempo
sus largas letanías fastidiosas,
me aduermo en las blanduras deliciosas
de las tibias perezas invernales.
El humo del cigarro en espirales
me finge perspectivas caprichosas,
y en la nube azulada van las cosas
insinuando contornos irreales.
¡Qué bueno es el diván en estas frías
tardes, fatales de monotonías!
¡Qué bien se siente uno, así, estirado
con una pesadez sensual! ¡Quisiera
no moverme de aquí! ¡Si se pudiera
vivir eternamente amodorrado!
Evaristo Carriego
La Música Lejana Que Nos Llega
mientras se enfría el té que has preparado,
de leer el capítulo empezado:
amada, cierra el libro y escuchemos
Y calla, por favor Guarda tus finas
burlas: ten la vergüenza, no imposible,
de que tu dulce voz halle insensible,
rebelde el corazón que aún dominas.
¿Ves? Llega como un breve pensamiento
que pone en fuga el arrepentimiento
Bebe toda la onda, hermana mía,
no dejes en la copa nada, nada
Emborráchate, amada:
la música es el vino hecho armonía.
Evaristo Carriego
¿recuerdas?
novias bajo el agravio de la fina
ironía falaz de una vecina
que se ponía a reír de ciertas cosas.
Tu perdón desdeñoso fue a las rosas
y tus labios a mí. La muselina
de la suave penumbra vespertina
te envolvió en no sé qué ansias misteriosas.
Dijo el piano motivos pasionales,
al temblar tus magnolias pectorales
con miel de invitaciones al pecado
de tu posible ruego incomprendido
terminó la canción con un gemido
de alondra torturada en el teclado.
Evaristo Carriego
¿recuerdas?
novias bajo el agravio de la fina
ironía falaz de una vecina
que se ponía a reír de ciertas cosas.
Tu perdón desdeñoso fue a las rosas
y tus labios a mí. La muselina
de la suave penumbra vespertina
te envolvió en no sé qué ansias misteriosas.
Dijo el piano motivos pasionales,
al temblar tus magnolias pectorales
con miel de invitaciones al pecado
de tu posible ruego incomprendido
terminó la canción con un gemido
de alondra torturada en el teclado.
Evaristo Carriego
Como En Los Buenos Tiempos
la fiel evocación de ese retrato
donde estás viva, aunque hace mucho rato,
digo bien, mucho rato que te has ido.
¡Y apenas la impresión que nada deja!
Tal vez he preferido más perderte
que haber seguido amándote, hasta verte
con la vergüenza de sentirte vieja.
Y, sin embargo, acaso mentiría,
si quisiera decir que todavía
no he cesado de oírte junto al piano
que nadie ha vuelto a abrir, como en ninguna
emoción de aquel tiempo tan lejano
cuando aún eras prima de la luna.
Evaristo Carriego
Como En Los Buenos Tiempos
la fiel evocación de ese retrato
donde estás viva, aunque hace mucho rato,
digo bien, mucho rato que te has ido.
¡Y apenas la impresión que nada deja!
Tal vez he preferido más perderte
que haber seguido amándote, hasta verte
con la vergüenza de sentirte vieja.
Y, sin embargo, acaso mentiría,
si quisiera decir que todavía
no he cesado de oírte junto al piano
que nadie ha vuelto a abrir, como en ninguna
emoción de aquel tiempo tan lejano
cuando aún eras prima de la luna.
Evaristo Carriego
La Vuelta De Caperucita
¡Qué cambiado está todo, qué cambiado!
¿No es cierto?
¡Si supieras la vida que llevamos pasada!
Mamá ha caído enferma y el pobre viejo ha muerto
Los menores te extrañan todavía, y los otros
verán en ti la hermana perdida que regresa:
puedes quedarte, siempre tendrás entre nosotros,
con el cariño de antes, un lugar en la mesa.
Quédate con nosotros. Sufres y vienes pobre.
Ni un reproche te haremos: ni una palabra sobre
el oculto motivo de tu distanciamiento,
ya demasiado sabes cuánto te hemos querido:
aquel día, ¿Recuerdas? Tuve un presentimiento
¡Si no te hubieras ido!
Evaristo Carriego
La Vuelta De Caperucita
¡Qué cambiado está todo, qué cambiado!
¿No es cierto?
¡Si supieras la vida que llevamos pasada!
Mamá ha caído enferma y el pobre viejo ha muerto
Los menores te extrañan todavía, y los otros
verán en ti la hermana perdida que regresa:
puedes quedarte, siempre tendrás entre nosotros,
con el cariño de antes, un lugar en la mesa.
Quédate con nosotros. Sufres y vienes pobre.
Ni un reproche te haremos: ni una palabra sobre
el oculto motivo de tu distanciamiento,
ya demasiado sabes cuánto te hemos querido:
aquel día, ¿Recuerdas? Tuve un presentimiento
¡Si no te hubieras ido!