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Evaristo Carriego
La Música Lejana Que Nos Llega
Accede, te lo ruego así Dejemos,
mientras se enfría el té que has preparado,
de leer el capítulo empezado:
amada, cierra el libro y escuchemos
Y calla, por favor Guarda tus finas
burlas: ten la vergüenza, no imposible,
de que tu dulce voz halle insensible,
rebelde el corazón que aún dominas.
¿Ves? Llega como un breve pensamiento
que pone en fuga el arrepentimiento
Bebe toda la onda, hermana mía,
no dejes en la copa nada, nada
Emborráchate, amada:
la música es el vino hecho armonía.
mientras se enfría el té que has preparado,
de leer el capítulo empezado:
amada, cierra el libro y escuchemos
Y calla, por favor Guarda tus finas
burlas: ten la vergüenza, no imposible,
de que tu dulce voz halle insensible,
rebelde el corazón que aún dominas.
¿Ves? Llega como un breve pensamiento
que pone en fuga el arrepentimiento
Bebe toda la onda, hermana mía,
no dejes en la copa nada, nada
Emborráchate, amada:
la música es el vino hecho armonía.
403
Evaristo Carriego
Conversando
El libro sin abrir y el vaso lleno,
con esto, para mí, nada hay ausente.
Podemos conversar tranquilamente:
la excelencia del vino me hace bueno.
Hermano, ya lo ves, ni una exigencia
me reprocha la vida así me agrada,
de lo demás no quiero saber nada
Practico una virtud: la indiferencia.
Me disgusta tener preocupaciones
que hayan de conmoverme. En mis rincones
vivo la vida a la manera eximia
del que es feliz, porque en verdad te digo:
la esposa del señor de la vendimia
se ha fugado conmigo.
con esto, para mí, nada hay ausente.
Podemos conversar tranquilamente:
la excelencia del vino me hace bueno.
Hermano, ya lo ves, ni una exigencia
me reprocha la vida así me agrada,
de lo demás no quiero saber nada
Practico una virtud: la indiferencia.
Me disgusta tener preocupaciones
que hayan de conmoverme. En mis rincones
vivo la vida a la manera eximia
del que es feliz, porque en verdad te digo:
la esposa del señor de la vendimia
se ha fugado conmigo.
475
Evaristo Carriego
Como En Los Buenos Tiempos
A veces, miro un poco entristecido
la fiel evocación de ese retrato
donde estás viva, aunque hace mucho rato,
digo bien, mucho rato que te has ido.
¡Y apenas la impresión que nada deja!
Tal vez he preferido más perderte
que haber seguido amándote, hasta verte
con la vergüenza de sentirte vieja.
Y, sin embargo, acaso mentiría,
si quisiera decir que todavía
no he cesado de oírte junto al piano
que nadie ha vuelto a abrir, como en ninguna
emoción de aquel tiempo tan lejano
cuando aún eras prima de la luna.
la fiel evocación de ese retrato
donde estás viva, aunque hace mucho rato,
digo bien, mucho rato que te has ido.
¡Y apenas la impresión que nada deja!
Tal vez he preferido más perderte
que haber seguido amándote, hasta verte
con la vergüenza de sentirte vieja.
Y, sin embargo, acaso mentiría,
si quisiera decir que todavía
no he cesado de oírte junto al piano
que nadie ha vuelto a abrir, como en ninguna
emoción de aquel tiempo tan lejano
cuando aún eras prima de la luna.
498
Evaristo Carriego
Como En Los Buenos Tiempos
A veces, miro un poco entristecido
la fiel evocación de ese retrato
donde estás viva, aunque hace mucho rato,
digo bien, mucho rato que te has ido.
¡Y apenas la impresión que nada deja!
Tal vez he preferido más perderte
que haber seguido amándote, hasta verte
con la vergüenza de sentirte vieja.
Y, sin embargo, acaso mentiría,
si quisiera decir que todavía
no he cesado de oírte junto al piano
que nadie ha vuelto a abrir, como en ninguna
emoción de aquel tiempo tan lejano
cuando aún eras prima de la luna.
la fiel evocación de ese retrato
donde estás viva, aunque hace mucho rato,
digo bien, mucho rato que te has ido.
¡Y apenas la impresión que nada deja!
Tal vez he preferido más perderte
que haber seguido amándote, hasta verte
con la vergüenza de sentirte vieja.
Y, sin embargo, acaso mentiría,
si quisiera decir que todavía
no he cesado de oírte junto al piano
que nadie ha vuelto a abrir, como en ninguna
emoción de aquel tiempo tan lejano
cuando aún eras prima de la luna.
498
Evaristo Carriego
¿recuerdas?
Las rosas del balcón eran celosas
novias bajo el agravio de la fina
ironía falaz de una vecina
que se ponía a reír de ciertas cosas.
Tu perdón desdeñoso fue a las rosas
y tus labios a mí. La muselina
de la suave penumbra vespertina
te envolvió en no sé qué ansias misteriosas.
Dijo el piano motivos pasionales,
al temblar tus magnolias pectorales
con miel de invitaciones al pecado
de tu posible ruego incomprendido
terminó la canción con un gemido
de alondra torturada en el teclado.
novias bajo el agravio de la fina
ironía falaz de una vecina
que se ponía a reír de ciertas cosas.
Tu perdón desdeñoso fue a las rosas
y tus labios a mí. La muselina
de la suave penumbra vespertina
te envolvió en no sé qué ansias misteriosas.
Dijo el piano motivos pasionales,
al temblar tus magnolias pectorales
con miel de invitaciones al pecado
de tu posible ruego incomprendido
terminó la canción con un gemido
de alondra torturada en el teclado.
502
Evaristo Carriego
¿recuerdas?
Las rosas del balcón eran celosas
novias bajo el agravio de la fina
ironía falaz de una vecina
que se ponía a reír de ciertas cosas.
Tu perdón desdeñoso fue a las rosas
y tus labios a mí. La muselina
de la suave penumbra vespertina
te envolvió en no sé qué ansias misteriosas.
Dijo el piano motivos pasionales,
al temblar tus magnolias pectorales
con miel de invitaciones al pecado
de tu posible ruego incomprendido
terminó la canción con un gemido
de alondra torturada en el teclado.
novias bajo el agravio de la fina
ironía falaz de una vecina
que se ponía a reír de ciertas cosas.
Tu perdón desdeñoso fue a las rosas
y tus labios a mí. La muselina
de la suave penumbra vespertina
te envolvió en no sé qué ansias misteriosas.
Dijo el piano motivos pasionales,
al temblar tus magnolias pectorales
con miel de invitaciones al pecado
de tu posible ruego incomprendido
terminó la canción con un gemido
de alondra torturada en el teclado.
502
Evaristo Carriego
Aquella Vez En El Lago
La góndola volvía. Frente a frente
estábamos, en esa inolvidable
vieja tarde de otoño, purpurada
por la sangre del sol en el poniente.
Y porque te mostrabas displicente
a tu mismo abandono abandonada,
se me antojó decir, sin decir nada,
lo que quiero ocultar inútilmente.
Callaste, y como al agitar el rico
blasonado marfil de tu abanico
hubo una muda negación sencilla
en la leve ironía de tu boca,
yo me quedé pensando en una loca
degollación de cisnes en la orilla.
estábamos, en esa inolvidable
vieja tarde de otoño, purpurada
por la sangre del sol en el poniente.
Y porque te mostrabas displicente
a tu mismo abandono abandonada,
se me antojó decir, sin decir nada,
lo que quiero ocultar inútilmente.
Callaste, y como al agitar el rico
blasonado marfil de tu abanico
hubo una muda negación sencilla
en la leve ironía de tu boca,
yo me quedé pensando en una loca
degollación de cisnes en la orilla.
564
Evaristo Carriego
Aquella Vez En El Lago
La góndola volvía. Frente a frente
estábamos, en esa inolvidable
vieja tarde de otoño, purpurada
por la sangre del sol en el poniente.
Y porque te mostrabas displicente
a tu mismo abandono abandonada,
se me antojó decir, sin decir nada,
lo que quiero ocultar inútilmente.
Callaste, y como al agitar el rico
blasonado marfil de tu abanico
hubo una muda negación sencilla
en la leve ironía de tu boca,
yo me quedé pensando en una loca
degollación de cisnes en la orilla.
estábamos, en esa inolvidable
vieja tarde de otoño, purpurada
por la sangre del sol en el poniente.
Y porque te mostrabas displicente
a tu mismo abandono abandonada,
se me antojó decir, sin decir nada,
lo que quiero ocultar inútilmente.
Callaste, y como al agitar el rico
blasonado marfil de tu abanico
hubo una muda negación sencilla
en la leve ironía de tu boca,
yo me quedé pensando en una loca
degollación de cisnes en la orilla.
564
Evaristo Carriego
Aquella Vez En El Lago
La góndola volvía. Frente a frente
estábamos, en esa inolvidable
vieja tarde de otoño, purpurada
por la sangre del sol en el poniente.
Y porque te mostrabas displicente
a tu mismo abandono abandonada,
se me antojó decir, sin decir nada,
lo que quiero ocultar inútilmente.
Callaste, y como al agitar el rico
blasonado marfil de tu abanico
hubo una muda negación sencilla
en la leve ironía de tu boca,
yo me quedé pensando en una loca
degollación de cisnes en la orilla.
estábamos, en esa inolvidable
vieja tarde de otoño, purpurada
por la sangre del sol en el poniente.
Y porque te mostrabas displicente
a tu mismo abandono abandonada,
se me antojó decir, sin decir nada,
lo que quiero ocultar inútilmente.
Callaste, y como al agitar el rico
blasonado marfil de tu abanico
hubo una muda negación sencilla
en la leve ironía de tu boca,
yo me quedé pensando en una loca
degollación de cisnes en la orilla.
564
Evaristo Carriego
Por La Ausente
Fuma de nuevo el viejo su trabajosa
pipa y la madre escucha con indulgencia
el sabido proceso de la dolencia
que aflige a una pariente poco animosa.
El muchacho concluye la fastidiosa
composición, que sobre la negligencia
en la escuela le dieron de penitencia,
por haber olvidado no sé qué cosa
Y en el hondo silencio que de repente
como una obsesión mala llena el ambiente,
muy quedo la hermanita va a comenzar
la oración, noche a noche tartamudeada,
por aquella perdida, desamorada,
que hace ya cinco meses dejó el hogar.
pipa y la madre escucha con indulgencia
el sabido proceso de la dolencia
que aflige a una pariente poco animosa.
El muchacho concluye la fastidiosa
composición, que sobre la negligencia
en la escuela le dieron de penitencia,
por haber olvidado no sé qué cosa
Y en el hondo silencio que de repente
como una obsesión mala llena el ambiente,
muy quedo la hermanita va a comenzar
la oración, noche a noche tartamudeada,
por aquella perdida, desamorada,
que hace ya cinco meses dejó el hogar.
569
Evaristo Carriego
La Vuelta De Caperucita
Entra sin miedo, hermana: no te diremos nada.
¡Qué cambiado está todo, qué cambiado!
¿No es cierto?
¡Si supieras la vida que llevamos pasada!
Mamá ha caído enferma y el pobre viejo ha muerto
Los menores te extrañan todavía, y los otros
verán en ti la hermana perdida que regresa:
puedes quedarte, siempre tendrás entre nosotros,
con el cariño de antes, un lugar en la mesa.
Quédate con nosotros. Sufres y vienes pobre.
Ni un reproche te haremos: ni una palabra sobre
el oculto motivo de tu distanciamiento,
ya demasiado sabes cuánto te hemos querido:
aquel día, ¿Recuerdas? Tuve un presentimiento
¡Si no te hubieras ido!
¡Qué cambiado está todo, qué cambiado!
¿No es cierto?
¡Si supieras la vida que llevamos pasada!
Mamá ha caído enferma y el pobre viejo ha muerto
Los menores te extrañan todavía, y los otros
verán en ti la hermana perdida que regresa:
puedes quedarte, siempre tendrás entre nosotros,
con el cariño de antes, un lugar en la mesa.
Quédate con nosotros. Sufres y vienes pobre.
Ni un reproche te haremos: ni una palabra sobre
el oculto motivo de tu distanciamiento,
ya demasiado sabes cuánto te hemos querido:
aquel día, ¿Recuerdas? Tuve un presentimiento
¡Si no te hubieras ido!
435
Evaristo Carriego
La Vuelta De Caperucita
Entra sin miedo, hermana: no te diremos nada.
¡Qué cambiado está todo, qué cambiado!
¿No es cierto?
¡Si supieras la vida que llevamos pasada!
Mamá ha caído enferma y el pobre viejo ha muerto
Los menores te extrañan todavía, y los otros
verán en ti la hermana perdida que regresa:
puedes quedarte, siempre tendrás entre nosotros,
con el cariño de antes, un lugar en la mesa.
Quédate con nosotros. Sufres y vienes pobre.
Ni un reproche te haremos: ni una palabra sobre
el oculto motivo de tu distanciamiento,
ya demasiado sabes cuánto te hemos querido:
aquel día, ¿Recuerdas? Tuve un presentimiento
¡Si no te hubieras ido!
¡Qué cambiado está todo, qué cambiado!
¿No es cierto?
¡Si supieras la vida que llevamos pasada!
Mamá ha caído enferma y el pobre viejo ha muerto
Los menores te extrañan todavía, y los otros
verán en ti la hermana perdida que regresa:
puedes quedarte, siempre tendrás entre nosotros,
con el cariño de antes, un lugar en la mesa.
Quédate con nosotros. Sufres y vienes pobre.
Ni un reproche te haremos: ni una palabra sobre
el oculto motivo de tu distanciamiento,
ya demasiado sabes cuánto te hemos querido:
aquel día, ¿Recuerdas? Tuve un presentimiento
¡Si no te hubieras ido!
435
Evaristo Carriego
¿qué Será De Ti?
¿Qué será de ti? ¡Hace tanto
que te fuiste! Ya ni sé
cuánto tiempo.
¿De nosotros
te acuerdas alguna vez?
¿Verdad que sí? Tu cariño
de lejos nos seguirá
Lejos de nosotros, ¡Pobre,
qué sola te sentirás!
Si se habla de ti, enseguida
pensamos: ¿Será feliz?
Y a veces te recordamos
con un vago asombro: así
como si estuvieras muerta.
¿Después de aquel largo adiós,
ahora que no eres nuestra,
quién escuchará tu voz?
Madrecita, hermana, dulce
hermana que se nos fue,
hermanita buena, ¿Cuándo
te volveremos a ver?
que te fuiste! Ya ni sé
cuánto tiempo.
¿De nosotros
te acuerdas alguna vez?
¿Verdad que sí? Tu cariño
de lejos nos seguirá
Lejos de nosotros, ¡Pobre,
qué sola te sentirás!
Si se habla de ti, enseguida
pensamos: ¿Será feliz?
Y a veces te recordamos
con un vago asombro: así
como si estuvieras muerta.
¿Después de aquel largo adiós,
ahora que no eres nuestra,
quién escuchará tu voz?
Madrecita, hermana, dulce
hermana que se nos fue,
hermanita buena, ¿Cuándo
te volveremos a ver?
514
Evaristo Carriego
Por Ella
¡Déjala, prima! Deja que suspire
la tía: ella también tiene su pena,
y ríe alguna vez, siquiera, ¡Mira
que no te ríes hace tiempo!
Suena
de improviso tu risa alegre y sana
en la paz de la casa silenciosa
y es como si se abriese una ventana
para que entrase el sol.
¡Tu contagiosa
alegría de antes! La de entonces, esa
de cuando eras comunicativa
como una hermana buena que regresa
después de un largo viaje.
¡La expansiva
alegría de antes! Se la siente
sólo de tiempo en tiempo, en el sereno
olvidar de las cosas
¡Ah, la ausente!
Con ella se nos fue todo lo bueno.
Tú lo dijiste, prima, lo dijiste.
Por ella son estos silencios malos,
por ella todo el mundo anda así, triste,
con una pena igual, sin intervalos
bulliciosos. El patio sin rumores,
nosotros sin saber lo que nos pasa
y sus cartas muy breves y sin flores
¿Qué se habrá hecho de la risa, en casa?
la tía: ella también tiene su pena,
y ríe alguna vez, siquiera, ¡Mira
que no te ríes hace tiempo!
Suena
de improviso tu risa alegre y sana
en la paz de la casa silenciosa
y es como si se abriese una ventana
para que entrase el sol.
¡Tu contagiosa
alegría de antes! La de entonces, esa
de cuando eras comunicativa
como una hermana buena que regresa
después de un largo viaje.
¡La expansiva
alegría de antes! Se la siente
sólo de tiempo en tiempo, en el sereno
olvidar de las cosas
¡Ah, la ausente!
Con ella se nos fue todo lo bueno.
Tú lo dijiste, prima, lo dijiste.
Por ella son estos silencios malos,
por ella todo el mundo anda así, triste,
con una pena igual, sin intervalos
bulliciosos. El patio sin rumores,
nosotros sin saber lo que nos pasa
y sus cartas muy breves y sin flores
¿Qué se habrá hecho de la risa, en casa?
548
Evaristo Carriego
Por Ella
¡Déjala, prima! Deja que suspire
la tía: ella también tiene su pena,
y ríe alguna vez, siquiera, ¡Mira
que no te ríes hace tiempo!
Suena
de improviso tu risa alegre y sana
en la paz de la casa silenciosa
y es como si se abriese una ventana
para que entrase el sol.
¡Tu contagiosa
alegría de antes! La de entonces, esa
de cuando eras comunicativa
como una hermana buena que regresa
después de un largo viaje.
¡La expansiva
alegría de antes! Se la siente
sólo de tiempo en tiempo, en el sereno
olvidar de las cosas
¡Ah, la ausente!
Con ella se nos fue todo lo bueno.
Tú lo dijiste, prima, lo dijiste.
Por ella son estos silencios malos,
por ella todo el mundo anda así, triste,
con una pena igual, sin intervalos
bulliciosos. El patio sin rumores,
nosotros sin saber lo que nos pasa
y sus cartas muy breves y sin flores
¿Qué se habrá hecho de la risa, en casa?
la tía: ella también tiene su pena,
y ríe alguna vez, siquiera, ¡Mira
que no te ríes hace tiempo!
Suena
de improviso tu risa alegre y sana
en la paz de la casa silenciosa
y es como si se abriese una ventana
para que entrase el sol.
¡Tu contagiosa
alegría de antes! La de entonces, esa
de cuando eras comunicativa
como una hermana buena que regresa
después de un largo viaje.
¡La expansiva
alegría de antes! Se la siente
sólo de tiempo en tiempo, en el sereno
olvidar de las cosas
¡Ah, la ausente!
Con ella se nos fue todo lo bueno.
Tú lo dijiste, prima, lo dijiste.
Por ella son estos silencios malos,
por ella todo el mundo anda así, triste,
con una pena igual, sin intervalos
bulliciosos. El patio sin rumores,
nosotros sin saber lo que nos pasa
y sus cartas muy breves y sin flores
¿Qué se habrá hecho de la risa, en casa?
548
Evaristo Carriego
Por Ella
¡Déjala, prima! Deja que suspire
la tía: ella también tiene su pena,
y ríe alguna vez, siquiera, ¡Mira
que no te ríes hace tiempo!
Suena
de improviso tu risa alegre y sana
en la paz de la casa silenciosa
y es como si se abriese una ventana
para que entrase el sol.
¡Tu contagiosa
alegría de antes! La de entonces, esa
de cuando eras comunicativa
como una hermana buena que regresa
después de un largo viaje.
¡La expansiva
alegría de antes! Se la siente
sólo de tiempo en tiempo, en el sereno
olvidar de las cosas
¡Ah, la ausente!
Con ella se nos fue todo lo bueno.
Tú lo dijiste, prima, lo dijiste.
Por ella son estos silencios malos,
por ella todo el mundo anda así, triste,
con una pena igual, sin intervalos
bulliciosos. El patio sin rumores,
nosotros sin saber lo que nos pasa
y sus cartas muy breves y sin flores
¿Qué se habrá hecho de la risa, en casa?
la tía: ella también tiene su pena,
y ríe alguna vez, siquiera, ¡Mira
que no te ríes hace tiempo!
Suena
de improviso tu risa alegre y sana
en la paz de la casa silenciosa
y es como si se abriese una ventana
para que entrase el sol.
¡Tu contagiosa
alegría de antes! La de entonces, esa
de cuando eras comunicativa
como una hermana buena que regresa
después de un largo viaje.
¡La expansiva
alegría de antes! Se la siente
sólo de tiempo en tiempo, en el sereno
olvidar de las cosas
¡Ah, la ausente!
Con ella se nos fue todo lo bueno.
Tú lo dijiste, prima, lo dijiste.
Por ella son estos silencios malos,
por ella todo el mundo anda así, triste,
con una pena igual, sin intervalos
bulliciosos. El patio sin rumores,
nosotros sin saber lo que nos pasa
y sus cartas muy breves y sin flores
¿Qué se habrá hecho de la risa, en casa?
548
Evaristo Carriego
Aquella Vez Que Vino Tu Recuerdo
La mesa estaba alegre como nunca.
Bebíamos el té: mamá reía
recordando, entre otros,
no se qué antiguo chisme de familia,
una de nuestras primas comentaba
recordando con gracia los modales,
de un testigo irritado el incidente
que presenció en la calle,
los niños se empeñaban, chacoteando,
en continuar el juego interrumpido,
y los demás hablábamos de todas
las cosas de que se habla con cariño.
Estábamos así contentos, cuando
alguno te nombró, y el doloroso
silencio que de pronto ahogó las risas,
con pesadez de plomo,
persistió largo rato. Lo recuerdo
cómo si fuera ahora: nos quedamos
mudos, fríos. Pasaban los minutos,
pasaban y seguíamos callados.
Nadie decía nada pero todos
pensábamos lo mismo. Como siempre
que la conmueve una emoción penosa,
mamá disimulaba ingenuamente
queriendo aparecer tranquila. ¡Pobre!
¡Bien que la conocemos! Las muchachas
fingían ocuparse del vestido
que una de ellas llevaba,
los niños, asombrados de un silencio
tan extraño, salían de la pieza.
Y los demás seguíamos callados
sin mirarnos siquiera.
Bebíamos el té: mamá reía
recordando, entre otros,
no se qué antiguo chisme de familia,
una de nuestras primas comentaba
recordando con gracia los modales,
de un testigo irritado el incidente
que presenció en la calle,
los niños se empeñaban, chacoteando,
en continuar el juego interrumpido,
y los demás hablábamos de todas
las cosas de que se habla con cariño.
Estábamos así contentos, cuando
alguno te nombró, y el doloroso
silencio que de pronto ahogó las risas,
con pesadez de plomo,
persistió largo rato. Lo recuerdo
cómo si fuera ahora: nos quedamos
mudos, fríos. Pasaban los minutos,
pasaban y seguíamos callados.
Nadie decía nada pero todos
pensábamos lo mismo. Como siempre
que la conmueve una emoción penosa,
mamá disimulaba ingenuamente
queriendo aparecer tranquila. ¡Pobre!
¡Bien que la conocemos! Las muchachas
fingían ocuparse del vestido
que una de ellas llevaba,
los niños, asombrados de un silencio
tan extraño, salían de la pieza.
Y los demás seguíamos callados
sin mirarnos siquiera.
420
Evaristo Carriego
Caperucita Roja Que Se Nos Fue
¡Ah, si volvieras! ¡Cómo te extrañan mis hermanos!
La casa es un desquicio: ya no está la hacendosa
muchacha de otros tiempos. ¡Eras la habilidosa
que todo lo sabías hacer con esas manos!
El menor de los chicos, pobrecito, te llama
recordándote siempre lo que le prometieras,
para que les des algo Y a veces ¡Si lo oyeras!
Para que como entonces le prepares la cama.
¡Como entonces! ¿Entiendes? ¡Ah, desde que te
fuiste,
en la casita nuestra todo el mundo anda triste!,
Y temo que los viejos se enfermen, ¡Pobres viejos!
Mi madre disimula, pero a escondidas llora
con el supersticioso temor de verte lejos
Caperucita roja, ¿Dónde estás ahora?
La casa es un desquicio: ya no está la hacendosa
muchacha de otros tiempos. ¡Eras la habilidosa
que todo lo sabías hacer con esas manos!
El menor de los chicos, pobrecito, te llama
recordándote siempre lo que le prometieras,
para que les des algo Y a veces ¡Si lo oyeras!
Para que como entonces le prepares la cama.
¡Como entonces! ¿Entiendes? ¡Ah, desde que te
fuiste,
en la casita nuestra todo el mundo anda triste!,
Y temo que los viejos se enfermen, ¡Pobres viejos!
Mi madre disimula, pero a escondidas llora
con el supersticioso temor de verte lejos
Caperucita roja, ¿Dónde estás ahora?
441
Evaristo Carriego
Caperucita Roja Que Se Nos Fue
¡Ah, si volvieras! ¡Cómo te extrañan mis hermanos!
La casa es un desquicio: ya no está la hacendosa
muchacha de otros tiempos. ¡Eras la habilidosa
que todo lo sabías hacer con esas manos!
El menor de los chicos, pobrecito, te llama
recordándote siempre lo que le prometieras,
para que les des algo Y a veces ¡Si lo oyeras!
Para que como entonces le prepares la cama.
¡Como entonces! ¿Entiendes? ¡Ah, desde que te
fuiste,
en la casita nuestra todo el mundo anda triste!,
Y temo que los viejos se enfermen, ¡Pobres viejos!
Mi madre disimula, pero a escondidas llora
con el supersticioso temor de verte lejos
Caperucita roja, ¿Dónde estás ahora?
La casa es un desquicio: ya no está la hacendosa
muchacha de otros tiempos. ¡Eras la habilidosa
que todo lo sabías hacer con esas manos!
El menor de los chicos, pobrecito, te llama
recordándote siempre lo que le prometieras,
para que les des algo Y a veces ¡Si lo oyeras!
Para que como entonces le prepares la cama.
¡Como entonces! ¿Entiendes? ¡Ah, desde que te
fuiste,
en la casita nuestra todo el mundo anda triste!,
Y temo que los viejos se enfermen, ¡Pobres viejos!
Mi madre disimula, pero a escondidas llora
con el supersticioso temor de verte lejos
Caperucita roja, ¿Dónde estás ahora?
441
Evaristo Carriego
Cuando Llega El Viejo
Todos están callados ahora. El desaliento
que repentinamente siguiera al comentario
de esa duda, persiste como un presentimiento.
El hermano recorre las noticias del diario
que está sobre la mesa. La abuela se ha dormido
y los demás aguardan con el oído alerta
a los ruidos de afuera, y apenas se oye un ruido
las miradas ansiosas se clavan en la puerta.
El silencio se vuelve cada vez más molesto:
una frase que empieza se traduce en un gesto
de impaciencia. ¡La espina de esa preocupación!
Y cuando llega el viejo, que salió hace un instante,
todas las miradas fijas en su semblante
hay una temerosa, larga interrogación.
que repentinamente siguiera al comentario
de esa duda, persiste como un presentimiento.
El hermano recorre las noticias del diario
que está sobre la mesa. La abuela se ha dormido
y los demás aguardan con el oído alerta
a los ruidos de afuera, y apenas se oye un ruido
las miradas ansiosas se clavan en la puerta.
El silencio se vuelve cada vez más molesto:
una frase que empieza se traduce en un gesto
de impaciencia. ¡La espina de esa preocupación!
Y cuando llega el viejo, que salió hace un instante,
todas las miradas fijas en su semblante
hay una temerosa, larga interrogación.
474
Evaristo Carriego
Cuando Llega El Viejo
Todos están callados ahora. El desaliento
que repentinamente siguiera al comentario
de esa duda, persiste como un presentimiento.
El hermano recorre las noticias del diario
que está sobre la mesa. La abuela se ha dormido
y los demás aguardan con el oído alerta
a los ruidos de afuera, y apenas se oye un ruido
las miradas ansiosas se clavan en la puerta.
El silencio se vuelve cada vez más molesto:
una frase que empieza se traduce en un gesto
de impaciencia. ¡La espina de esa preocupación!
Y cuando llega el viejo, que salió hace un instante,
todas las miradas fijas en su semblante
hay una temerosa, larga interrogación.
que repentinamente siguiera al comentario
de esa duda, persiste como un presentimiento.
El hermano recorre las noticias del diario
que está sobre la mesa. La abuela se ha dormido
y los demás aguardan con el oído alerta
a los ruidos de afuera, y apenas se oye un ruido
las miradas ansiosas se clavan en la puerta.
El silencio se vuelve cada vez más molesto:
una frase que empieza se traduce en un gesto
de impaciencia. ¡La espina de esa preocupación!
Y cuando llega el viejo, que salió hace un instante,
todas las miradas fijas en su semblante
hay una temerosa, larga interrogación.
474
Evaristo Carriego
La Costurerita Que Dio Aquel Mal Paso
La costurerita que dio aquel mal paso
y lo peor de todo, sin necesidad
con el sinvergüenza que no la hizo caso
después según dicen en la vecindad
se fue hace dos días. Ya no era posible
fingir por más tiempo. Daba compasión
verla aguantar esa maldad insufrible
de las compañeras, ¡Tan sin corazón!
Aunque a nada llevan las conversaciones,
en el barrio corren mil suposiciones
y hasta en algo grave se llega a creer.
¡Qué cara tenía la costurerita,
qué ojos más extraños, esa tardecita
que dejó la casa para no volver!
y lo peor de todo, sin necesidad
con el sinvergüenza que no la hizo caso
después según dicen en la vecindad
se fue hace dos días. Ya no era posible
fingir por más tiempo. Daba compasión
verla aguantar esa maldad insufrible
de las compañeras, ¡Tan sin corazón!
Aunque a nada llevan las conversaciones,
en el barrio corren mil suposiciones
y hasta en algo grave se llega a creer.
¡Qué cara tenía la costurerita,
qué ojos más extraños, esa tardecita
que dejó la casa para no volver!
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Evaristo Carriego
La Inquietud
Les tiene preocupados y triste la tardanza
de la hermana. Los niños no juegan con el gato,
ni recuerdan ahora lo de la adivinanza
que propusiera alguno, para pasar el rato.
De vez en cuando, el padre mira el reloj. Parecen
más largos los minutos. Una palabra dura
no acaba. Las muchachas, que cosen, permanecen
calladas, con los ojos fijos en la costura.
Las diez, y aún no vuelve. Ya ninguno desecha,
como al principio, aquella dolorosa sospecha
El padre, que ha olvidado la lectura empezada,
enciende otro cigarro. Cansados de esperar
los niños se levantan, y sin preguntar nada
dicen las buenas noches y se van a acostar.
de la hermana. Los niños no juegan con el gato,
ni recuerdan ahora lo de la adivinanza
que propusiera alguno, para pasar el rato.
De vez en cuando, el padre mira el reloj. Parecen
más largos los minutos. Una palabra dura
no acaba. Las muchachas, que cosen, permanecen
calladas, con los ojos fijos en la costura.
Las diez, y aún no vuelve. Ya ninguno desecha,
como al principio, aquella dolorosa sospecha
El padre, que ha olvidado la lectura empezada,
enciende otro cigarro. Cansados de esperar
los niños se levantan, y sin preguntar nada
dicen las buenas noches y se van a acostar.
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Evaristo Carriego
La Inquietud
Les tiene preocupados y triste la tardanza
de la hermana. Los niños no juegan con el gato,
ni recuerdan ahora lo de la adivinanza
que propusiera alguno, para pasar el rato.
De vez en cuando, el padre mira el reloj. Parecen
más largos los minutos. Una palabra dura
no acaba. Las muchachas, que cosen, permanecen
calladas, con los ojos fijos en la costura.
Las diez, y aún no vuelve. Ya ninguno desecha,
como al principio, aquella dolorosa sospecha
El padre, que ha olvidado la lectura empezada,
enciende otro cigarro. Cansados de esperar
los niños se levantan, y sin preguntar nada
dicen las buenas noches y se van a acostar.
de la hermana. Los niños no juegan con el gato,
ni recuerdan ahora lo de la adivinanza
que propusiera alguno, para pasar el rato.
De vez en cuando, el padre mira el reloj. Parecen
más largos los minutos. Una palabra dura
no acaba. Las muchachas, que cosen, permanecen
calladas, con los ojos fijos en la costura.
Las diez, y aún no vuelve. Ya ninguno desecha,
como al principio, aquella dolorosa sospecha
El padre, que ha olvidado la lectura empezada,
enciende otro cigarro. Cansados de esperar
los niños se levantan, y sin preguntar nada
dicen las buenas noches y se van a acostar.
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