Otros
César Vallejo
Cesa El Anhelo, Rabo Al Aire
seco. Mi propia sangre me salpica en líneas femeninas, y hasta
la misma urbe sale a ver esto que se para de improviso.
—Qué ocurre aquí, en este hijo del hombre? —clama la
urbe, y en una sala del Louvre, un niño llora de terror a la
vista del retrato de otro niño.
—Qué ocurre aquí, en este hijo de mujer? —clama la urbe,
y a una estatua del siglo de los Ludovico, le nace una brizna de yerba
en plena palma de la mano.
Cesa el anhelo, a la altura de la mano enarbolada. Y yo me escondo
detrás de mí mismo, a aguaitarme si paso por lo bajo o
merodeo en alto.
César Vallejo
Cesa El Anhelo, Rabo Al Aire
seco. Mi propia sangre me salpica en líneas femeninas, y hasta
la misma urbe sale a ver esto que se para de improviso.
—Qué ocurre aquí, en este hijo del hombre? —clama la
urbe, y en una sala del Louvre, un niño llora de terror a la
vista del retrato de otro niño.
—Qué ocurre aquí, en este hijo de mujer? —clama la urbe,
y a una estatua del siglo de los Ludovico, le nace una brizna de yerba
en plena palma de la mano.
Cesa el anhelo, a la altura de la mano enarbolada. Y yo me escondo
detrás de mí mismo, a aguaitarme si paso por lo bajo o
merodeo en alto.
César Vallejo
Algo Te Identifica Con El Que Se Aleja De Ti
común de volver: de ahí tu más grande pesadumbre.
Algo te separa del que se queda contigo, y es la esclavitud
común de partir: de ahí tus más nimios regocijos.
Me dirijo, en esta forma, a las individualidades colectivas, tanto como
a las colectividades individuales y a los que, entre unas y otras,
yacen marchando al son de las fronteras o, simplemente, marcan el paso
inmóvil en el borde del mundo.
Algo típicamente neutro, de inexorablemente neutro,
interpónese entre el ladrón y su víctima. Esto,
así mismo, puede discernirse tratándose del cirujano y
del paciente. Horrible medialuna, convexa y solar, cobija a unos y
otros. Porque el objeto hurtado tiene también su peso
indiferente, y el órgano intervenido, también su grasa
triste.
¿Qué hay de más desesperante en la tierra, que la
imposibilidad en que se halla el hombre feliz de ser infortunado y el
hombre bueno, de ser malvado?
¡Alejarse! ¡Quedarse! ¡Volver! ¡Partir! Toda la
mecánica social cabe en estas palabras.
César Vallejo
Existe Un Mutilado, No De Un Combate Sino De Un Abrazo
sino de la paz. Perdió el rostro en el amor y no en el odio. Lo
perdió en el curso normal de la vida y no en un accidente. Lo
perdió en el orden de la naturaleza y no en el desorden de los
hombres. El coronel Piccot, Presidente de «Les Gueules
Cassées», lleva la boca comida por la pólvora de
1914. Este mutilado que conozco, lleva el rostro comido por el aire
inmortal e inmemorial.
Rostro muerto sobre el tronco vivo. Rostro yerto y pegado con clavo a
la cabeza viva. Este rostro resulta ser el dorso del cráneo, el
cráneo del cráneo. Vi una vez un árbol darme la
espalda y vi otra vez un camino que me daba la espalda. Un árbol
de espaldas sólo crece en los lugares donde nunca nació
ni murió nadie. Un camino de espaldas sólo avanza por los
lugares donde ha habido todas las muertes y ningún nacimiento.
El mutilado de la paz y del amor, del abrazo y del orden y que lleva el
rostro muerto sobre el tronco vivo, nació a la sombra de un
árbol de espaldas y su existencia transcurre a lo largo de un
camino de espaldas.
Como el rostro está yerto y difunto, toda la vida
psíquica, toda la expresión animal de este hombre, se
refugia, para traducirse al exterior, en el peludo cráneo, en el
tórax y en las extremidades. Los impulsos de su ser profundo, al
salir, retroceden del rostro y la respiración, el olfato, la
vista el oído, la palabra, el resplandor humano de su ser,
funcionan y se expresan por el pecho, por los hombros, por el cabello,
por las costillas, por los brazos y las piernas y los pies.
Mutilado del rostro, tapado del rostro, cerrado del rostro, este hombre
no obstante, está entero y nada le hace falta. No tiene ojos y
ve y llora. No tiene narices y huele y respira. No tiene oídos y
escucha. No tiene boca y habla y sonríe. No tiene frente y
piensa y se sume en sí mismo. No tiene mentón y quiere y
subsiste. Jesús conocía al mutilado de la función,
que tenía ojos y no veía y tenía orejas y no
oía. Yo conozco al mutilado del órgano, que ve sin ojos y
oye sin orejas.
César Vallejo
Nómina De Huesos
—Que muestre las dos manos a la vez.
Y esto no fue posible.
—Que, mientras llora, le tomen la medida de sus pasos.
Y esto no fue posible.
—Que piense un pensamiento idéntico, en el tiempo en que un
cero permanece inútil.
Y esto no fue posible.
—Que haga una locura.
Y esto no fue posible.
—Que entre él y otro hombre semejante a él, se
interponga una muchedumbre de hombres como él.
Y esto no fue posible.
—Que le comparen consigo mismo.
Y esto no fue posible.
—Que le llamen, en fin, por su nombre.
Y esto no fue posible.
César Vallejo
Nómina De Huesos
—Que muestre las dos manos a la vez.
Y esto no fue posible.
—Que, mientras llora, le tomen la medida de sus pasos.
Y esto no fue posible.
—Que piense un pensamiento idéntico, en el tiempo en que un
cero permanece inútil.
Y esto no fue posible.
—Que haga una locura.
Y esto no fue posible.
—Que entre él y otro hombre semejante a él, se
interponga una muchedumbre de hombres como él.
Y esto no fue posible.
—Que le comparen consigo mismo.
Y esto no fue posible.
—Que le llamen, en fin, por su nombre.
Y esto no fue posible.
César Vallejo
Hallazgo De La Vida
presencia de la vida. ¡Señores! Ruego a ustedes dejarme
libre un momento, para saborear esta emoción formidable,
espontánea y reciente de la vida, que hoy, por la primera vez,
me extasía y me hace dichoso hasta las lágrimas.
Mi gozo viene de lo inédito de mi emoción. Mi
exultación viene de que antes no sentí la presencia de la
vida. No la he sentido nunca. Miente quien diga que la he sentido.
Miente y su mentira me hiere a tal punto que me haría
desgraciado. Mi gozo viene de mi fe en este hallazgo personal de la
vida, y nadie puede ir contra esta fe. Al que fuera, se le
caería la lengua, se le caerían los huesos y
correría el peligro de recoger otros, ajenos, para mantenerse de
pie ante mis ojos.
Nunca, sino ahora, ha habido vida. Nunca, sino ahora, han pasado
gentes. Nunca, sino ahora, ha habido casas y avenidas, aire y
horizonte. Si viniese ahora mi amigo Peyriet, les diría que yo
no le conozco y que debemos empezar de nuevo. ¿Cuándo, en
efecto, le he conocido a mi amigo Peyriet? Hoy sería la primera
vez que nos conocemos. Le diría que se vaya y regrese y entre a
verme, como si no me conociera, es decir, por la primera vez.
Ahora yo no conozco a nadie ni nada. Me advierto en un país
extraño, en el que todo cobra relieve de nacimiento, luz de
epifanía inmarcesible. No, señor. No hable usted a ese
caballero. Usted no lo conoce y le sorprendería tan inopinada
parla. No ponga usted el pie sobre esa piedrecilla: quién sabe
no es piedra y vaya usted a dar en el vacío. Sea usted
precavido, puesto que estamos en un mundo absolutamente inconocido.
¡Cuán poco tiempo he vivido! Mi nacimiento es tan
reciente, que no hay unidad de medida para contar mi edad. ¡Si
acabo de nacer! ¡Si aún no he vivido todavía!
Señores: soy tan pequeñito, que el día apenas cabe
en mí!
Nunca, sino ahora, oí el estruendo de los carros, que cargan
piedras para una gran construcción del boulevard Haussmann.
Nunca, sino ahora avancé paralelamente a la primavera,
diciéndola: «Si la muerte hubiera sido otra...».
Nunca, sino ahora, vi la luz áurea del sol sobre las
cúpulas de Sacre-Coeur. Nunca, sino ahora, se me acercó
un niño y me miró hondamente con su boca. Nunca, sino
ahora, supe que existía una puerta, otra puerta y el canto
cordial de las distancias.
¡Dejadme! La vida me ha dado ahora en toda mi muerte.
César Vallejo
Voy A Hablar De La Esperanza
como artista, como hombre ni como simple ser vivo siquiera. Yo no sufro
este dolor como católico, como mahometano ni como ateo. Hoy
sufro solamente. Si no me llamase César Vallejo, también
sufriría este mismo dolor. Si no fuese artista, también
lo sufriría. Si no fuese hombre ni ser vivo siquiera,
también lo sufriría. Si no fuese católico, ateo ni
mahometano, también lo sufriría. Hoy sufro desde
más abajo. Hoy sufro solamente.
Me duelo ahora sin explicaciones. Mi dolor es tan hondo, que no tuvo ya
causa ni carece de causa. ¿Qué sería su causa?
¿Dónde está aquello tan importante, que dejase de
ser su causa? Nada es su causa; nada ha podido dejar de ser su causa.
¿A qué ha nacido este dolor, por sí mismo? Mi
dolor es del viento del norte y del viento del sur, como esos huevos
neutros que algunas aves raras ponen del viento. Si hubiera muerto mi
novia, mi dolor sería igual. Si la vida fuese, en fin, de otro
modo, mi dolor sería igual. Hoy sufro desde más arriba.
Hoy sufro solamente.
Miro el dolor del hambriento y veo que su hambre anda tan lejos de mi
sufrimiento, que de quedarme ayuno hasta morir, saldría siempre
de mi tumba una brizna de yerba al menos. Lo mismo el enamorado.
¡Qué sangre la suya más engendrada, para la
mía sin fuente ni consumo!
Yo creía hasta ahora que todas las cosas del universo eran,
inevitablemente, padres o hijos. Pero he aquí que mi dolor de
hoy no es padre ni es hijo. Le falta espalda para anochecer, tanto como
le sobra pecho para amanecer y si lo pusiesen en la estancia oscura, no
daría luz y si lo pusiesen en una estancia luminosa, no
echaría sombra. Hoy sufro suceda lo que suceda. Hoy sufro
solamente.
César Vallejo
Voy A Hablar De La Esperanza
como artista, como hombre ni como simple ser vivo siquiera. Yo no sufro
este dolor como católico, como mahometano ni como ateo. Hoy
sufro solamente. Si no me llamase César Vallejo, también
sufriría este mismo dolor. Si no fuese artista, también
lo sufriría. Si no fuese hombre ni ser vivo siquiera,
también lo sufriría. Si no fuese católico, ateo ni
mahometano, también lo sufriría. Hoy sufro desde
más abajo. Hoy sufro solamente.
Me duelo ahora sin explicaciones. Mi dolor es tan hondo, que no tuvo ya
causa ni carece de causa. ¿Qué sería su causa?
¿Dónde está aquello tan importante, que dejase de
ser su causa? Nada es su causa; nada ha podido dejar de ser su causa.
¿A qué ha nacido este dolor, por sí mismo? Mi
dolor es del viento del norte y del viento del sur, como esos huevos
neutros que algunas aves raras ponen del viento. Si hubiera muerto mi
novia, mi dolor sería igual. Si la vida fuese, en fin, de otro
modo, mi dolor sería igual. Hoy sufro desde más arriba.
Hoy sufro solamente.
Miro el dolor del hambriento y veo que su hambre anda tan lejos de mi
sufrimiento, que de quedarme ayuno hasta morir, saldría siempre
de mi tumba una brizna de yerba al menos. Lo mismo el enamorado.
¡Qué sangre la suya más engendrada, para la
mía sin fuente ni consumo!
Yo creía hasta ahora que todas las cosas del universo eran,
inevitablemente, padres o hijos. Pero he aquí que mi dolor de
hoy no es padre ni es hijo. Le falta espalda para anochecer, tanto como
le sobra pecho para amanecer y si lo pusiesen en la estancia oscura, no
daría luz y si lo pusiesen en una estancia luminosa, no
echaría sombra. Hoy sufro suceda lo que suceda. Hoy sufro
solamente.
César Vallejo
Voy A Hablar De La Esperanza
como artista, como hombre ni como simple ser vivo siquiera. Yo no sufro
este dolor como católico, como mahometano ni como ateo. Hoy
sufro solamente. Si no me llamase César Vallejo, también
sufriría este mismo dolor. Si no fuese artista, también
lo sufriría. Si no fuese hombre ni ser vivo siquiera,
también lo sufriría. Si no fuese católico, ateo ni
mahometano, también lo sufriría. Hoy sufro desde
más abajo. Hoy sufro solamente.
Me duelo ahora sin explicaciones. Mi dolor es tan hondo, que no tuvo ya
causa ni carece de causa. ¿Qué sería su causa?
¿Dónde está aquello tan importante, que dejase de
ser su causa? Nada es su causa; nada ha podido dejar de ser su causa.
¿A qué ha nacido este dolor, por sí mismo? Mi
dolor es del viento del norte y del viento del sur, como esos huevos
neutros que algunas aves raras ponen del viento. Si hubiera muerto mi
novia, mi dolor sería igual. Si la vida fuese, en fin, de otro
modo, mi dolor sería igual. Hoy sufro desde más arriba.
Hoy sufro solamente.
Miro el dolor del hambriento y veo que su hambre anda tan lejos de mi
sufrimiento, que de quedarme ayuno hasta morir, saldría siempre
de mi tumba una brizna de yerba al menos. Lo mismo el enamorado.
¡Qué sangre la suya más engendrada, para la
mía sin fuente ni consumo!
Yo creía hasta ahora que todas las cosas del universo eran,
inevitablemente, padres o hijos. Pero he aquí que mi dolor de
hoy no es padre ni es hijo. Le falta espalda para anochecer, tanto como
le sobra pecho para amanecer y si lo pusiesen en la estancia oscura, no
daría luz y si lo pusiesen en una estancia luminosa, no
echaría sombra. Hoy sufro suceda lo que suceda. Hoy sufro
solamente.
César Vallejo
El Momento Más Grave De La Vida
—El momento más grave de mi vida estuvo en la batalla del Marne
cuando fui herido en el pecho.
Otro hombre dijo:
—El momento más grave de mi vida, ocurrió en un maremoto
de Yokohama, del cual salvé milagrosamente, refugiado bajo el
alero de una tienda de lacas.
Y otro hombre dijo:
—El momento más grave de mi vida acontece cuando duermo de
día.
Y otro dijo:
—El momento más grave de mi vida ha estado en mi mayor soledad.
Y otro dijo:
—El momento más grave de mi vida fue mi prisión en una
cárcel del Perú.
Y otro dijo:
—El momento más grave de mi vida es el haber sorprendido de
perfil a mi padre.
Y el ultimo hombre dijo:
—El momento más grave de mi vida no ha llegado todavía.
César Vallejo
El Momento Más Grave De La Vida
—El momento más grave de mi vida estuvo en la batalla del Marne
cuando fui herido en el pecho.
Otro hombre dijo:
—El momento más grave de mi vida, ocurrió en un maremoto
de Yokohama, del cual salvé milagrosamente, refugiado bajo el
alero de una tienda de lacas.
Y otro hombre dijo:
—El momento más grave de mi vida acontece cuando duermo de
día.
Y otro dijo:
—El momento más grave de mi vida ha estado en mi mayor soledad.
Y otro dijo:
—El momento más grave de mi vida fue mi prisión en una
cárcel del Perú.
Y otro dijo:
—El momento más grave de mi vida es el haber sorprendido de
perfil a mi padre.
Y el ultimo hombre dijo:
—El momento más grave de mi vida no ha llegado todavía.
César Vallejo
El Momento Más Grave De La Vida
—El momento más grave de mi vida estuvo en la batalla del Marne
cuando fui herido en el pecho.
Otro hombre dijo:
—El momento más grave de mi vida, ocurrió en un maremoto
de Yokohama, del cual salvé milagrosamente, refugiado bajo el
alero de una tienda de lacas.
Y otro hombre dijo:
—El momento más grave de mi vida acontece cuando duermo de
día.
Y otro dijo:
—El momento más grave de mi vida ha estado en mi mayor soledad.
Y otro dijo:
—El momento más grave de mi vida fue mi prisión en una
cárcel del Perú.
Y otro dijo:
—El momento más grave de mi vida es el haber sorprendido de
perfil a mi padre.
Y el ultimo hombre dijo:
—El momento más grave de mi vida no ha llegado todavía.
César Vallejo
Las Ventanas Se Han Estremecido
universo. Vidrios han caído. Un enfermo lanza su queja: la mitad
por su boca lenguada y sobrante, y toda entera, por el ano de su
espalda.
Es el huracán. Un castaño del jardín de las
Tullerías habráse abatido, al soplo del viento, que mide
ochenta metros por segundo. Capiteles de los barrios antiguos,
habrán caído, hendiendo, matando.
¿De qué punto interrogo, oyendo a ambas riberas de los
océanos, de qué punto viene este huracán, tan
digno de crédito, tan honrado de deuda derecho a las ventanas
del hospital? Ay las direcciones inmutables, que oscilan entre el
huracán y esta pena directa de toser o defecar! Ay! las
direcciones inmutables, que así prenden muerte en las
entrañas del hospital y despiertan células clandestinas a
deshora, en los cadáveres.
¿Qué pensaría de si el enfermo de enfrente,
ése que está durmiendo, si hubiera percibido el
huracán? El pobre duerme, boca arriba, a la cabeza de su
morfina, a los pies de toda su cordura. Un adarme más o menos en
la dosis y le llevarán a enterrar, el vientre roto, la boca
arriba, sordo el huracán, sordo a su vientre roto, ante el cual
suelen los médicos dialogar y cavilar largamente, para, al fin,
pronunciar sus llanas palabras de hombres.
La familia rodea al enfermo agrupándose ante sus sienes
regresivas, indefensas, sudorosas. Ya no existe hogar sino en torno al
velador del pariente enfermo, donde montan guardia impaciente, sus
zapatos vacantes, sus cruces de repuesto, sus píldoras de opio.
La familia rodea la mesita por espacio de un alto dividendo. Una mujer
acomoda en el borde de la mesa, la taza, que casi se ha caído.
Ignoro lo que será del enfermo esta mujer, que le besa y no
puede sanarle con el beso, le mira y no puede sanarle con los ojos, le
habla y no puede sanarle con el verbo. ¿Es su madre? ¿Y
cómo, pues, no puede sanarle? ¿Es su amada? ¿Y
cómo, pues, no puede sanarle? ¿Es su hermana? Y
¿cómo, pues, no puede sanarle? ¿Es, simplemente,
una mujer? ¿Y cómo pues, no puede sanarle? Porque esta
mujer le ha besado, le ha mirado, le ha hablado y hasta le ha cubierto
mejor el cuello al enfermo y ¡cosa verdaderamente asombrosa! no
le ha sanado.
El paciente contempla su calzado vacante. Traen queso. Llevan sierra.
La muerte se acuesta al pie del lecho, a dormir en sus tranquilas aguas
y se duerme. Entonces, los libres pies del hombre enfermo, sin
menudencias ni pormenores innecesarios, se estiran en acento
circunflejo, y se alejan, en una extensión de dos cuerpos de
novios, del corazón.
El cirujano ausculta a los enfermos horas enteras. Hasta donde sus
manos cesan de trabajar y empiezan a jugar, las lleva a tientas,
rozando la piel de los pacientes, en tanto sus párpados
científicos vibran, tocados por la indocta, por la humana
flaqueza del amor. Y he visto a esos enfermos morir precisamente del
amor desdoblado del cirujano, de los largos diagnósticos, de las
dosis exactas, del riguroso análisis de orinas y excrementos. Se
rodeaba de improviso un lecho con un biombo. Médicos y
enfermeros cruzaban delante del ausente, pizarra triste y
próxima, que un niño llenara de números, en un
gran monismo de pálidos miles. Cruzaban así, mirando a
los otros, como si más irreparable fuese morir de apendicitis o
neumonía, y no morir al sesgo del paso de los hombres.
Sirviendo a la causa de la religión, vuela con éxito esta
mosca, a lo largo de la sala. A la hora de la visita de los cirujanos,
sus zumbidos nos perdonan el pecho, ciertamente, pero
desarrollándose luego, se adueñan del aire, para saludar
con genio de mudanza, a los que van a morir. Unos enfermos oyen a esa
mosca hasta durante el dolor y de ellos depende, por eso, el linaje del
disparo, en las noches tremebundas.
¿Cuánto tiempo ha durado la anestesia, que llaman los
hombres? ¡Ciencia de Dios, Teodicea! si se me echa a vivir en
tales condiciones, anestesiado totalmente, volteada mi sensibilidad
para adentro! ¡Ah doctores de las sales, hombres de las esencias,
prójimos de las bases! Pido se me deje con mi tumor de
conciencia, con mi irritada lepra sensitiva, ocurra lo que ocurra
aunque me muera! Dejadme dolerme, si lo queréis, mas dejadme
despierto de sueño, con todo el universo metido, aunque fuese a
las malas, en mi temperatura polvorosa.
En el mundo de la salud perfecta, se reirá por esta perspectiva
en que padezco; pero, en el mismo plano y cortando la baraja del juego,
percute aquí otra risa de contrapunto.
En la casa del dolor, la queja asalta síncopes de gran
compositor, golletes de carácter, que nos hacen cosquillas de
verdad, atroces, arduas, y, cumpliendo lo prometido, nos hielan de
espantosa incertidumbre.
En la casa del dolor, la queja arranca frontera excesiva. No se
reconoce en esta queja de dolor, a la propia queja de la dicha en
éxtasis, cuando el amor y la carne se eximen de azor y cuando,
al regresar, hay discordia bastante para el diálogo.
¿Dónde está, pues, el otro flanco de esta queja de
dolor, si, a estimarla en conjunto, parte ahora del lecho de un hombre?
De la casa del dolor parten quejas tan sordas e inefables y tan
colmadas de tanta plenitud que llorar por ellas sería poco, y
sería ya mucho sonreír.
Se atumulta la sangre en el termómetro.
¡No es grato morir, señor, si en la vida nada se deja y si
en la muerte nada es posible, sino sobre lo que se deja en la vida!
¡No es grato morir, señor, si en la vida nada se deja y si
en la muerte nada es posible, sino sobre lo que se deja en la vida!
¡No es grato morir, señor, si en la vida nada se deja y si
en la muerte nada es posible, sino sobre lo que pudo dejarse en la vida!
César Vallejo
Graniza Tánto, Como Para Que Yo Recuerde
y acreciente las perlas
que he recogido del hocico mismo
de cada tempestad.
No se vaya a secar esta lluvia.
A menos que me fuese dado
caer ahora para ella, o que me enterrasen
mojado en el agua
que surtiera de todos los fuegos.
¿Hasta dónde me alcanzará esta lluvia?
Temo me quede con algún flanco seco;
temo que ella se vaya, sin haberme probado
en las sequías de increíbles cuerdas vocales,
por las que,
para dar armonía,
hay siempre que subir ¡nunca bajar!
¿No subimos acaso para abajo?
Canta, lluvia, en la costa aún sin mar!
César Vallejo
Hubo Un Día Tan Rico El Año Pasado !
que ya ni sé qué hacer con él.
Severas madres guías al colegio,
asedian las reflexiones, y nosotros enflechamos
la cara apenas. Para ya tarde saber
que en aquello gozna la travesura
y se rompe la sien.
Qué día el del año pasado,
que ya ni sé qué hacer con él,
rota la sien y todo.
Por esto nos separarán,
por eso y para ya no hagamos mal.
Y las reflexiones técnicas aún dicen
¿no las vas a oír?
que dentro de dos gráfilas oscuras y aparte,
por haber sido niños y también
por habernos juntado mucho en la vida,
reclusos para siempre nos irán a encerrar.
Para que te compongas.
César Vallejo
Hubo Un Día Tan Rico El Año Pasado !
que ya ni sé qué hacer con él.
Severas madres guías al colegio,
asedian las reflexiones, y nosotros enflechamos
la cara apenas. Para ya tarde saber
que en aquello gozna la travesura
y se rompe la sien.
Qué día el del año pasado,
que ya ni sé qué hacer con él,
rota la sien y todo.
Por esto nos separarán,
por eso y para ya no hagamos mal.
Y las reflexiones técnicas aún dicen
¿no las vas a oír?
que dentro de dos gráfilas oscuras y aparte,
por haber sido niños y también
por habernos juntado mucho en la vida,
reclusos para siempre nos irán a encerrar.
Para que te compongas.
César Vallejo
Ha Triunfado Otro Ay La Verdad Está Allí
Y quien tal actúa ¿no va a saber
amaestrar excelentes dijitígrados
para el ratón Sí... No...?
Ha triunfado otro ay y contra nadie.
Oh exósmosis de agua químicamente pura.
Ah míos australes. Oh nuestros divinos.
Tengo pues derecho
a estar verde y contento y peligroso, y a ser
el cincel, miedo del bloque basto y vasto;
a meter la pata y a la risa.
Absurdo, sólo tú eres puro.
Absurdo, este exceso sólo ante ti se
suda de dorado placer.
César Vallejo
Ha Triunfado Otro Ay La Verdad Está Allí
Y quien tal actúa ¿no va a saber
amaestrar excelentes dijitígrados
para el ratón Sí... No...?
Ha triunfado otro ay y contra nadie.
Oh exósmosis de agua químicamente pura.
Ah míos australes. Oh nuestros divinos.
Tengo pues derecho
a estar verde y contento y peligroso, y a ser
el cincel, miedo del bloque basto y vasto;
a meter la pata y a la risa.
Absurdo, sólo tú eres puro.
Absurdo, este exceso sólo ante ti se
suda de dorado placer.
César Vallejo
Lento Salón En Cono, Te Cerraron, Te Cerré
aunque te quise, tú lo sabes,
y hoy de qué manos penderán tus llaves.
Desde estos muros derribamos los últimos
escasos pabellones que cantaban.
Los verdes han crecido. Veo labriegos trabajando,
los cerros llenos de triunfo.
Y el mes y medio transcurrido alcanza
para una mortaja, hasta demás.
Salón de cuatro entradas y sin una salida,
hoy que has honda murria, te hablo
por tus seis dialectos enteros.
Ya ni he de violentarte a que me seas,
de para nunca; ya no saltaremos
ningún otro portillo querido.
Julio estaba entonces de nueve. Amor
contó en sonido impar. Y la dulzura
dió para toda la mortaja, hasta demás.
César Vallejo
Serpea El Sol En Tu Mano Fresca
y se derrama cauteloso en tu curiosidad.
Cállate. Nadie sabe que estás en mí,
toda entera. Cállate. No respires. Nadie
sabe mi merienda suculenta de unidad:
legión de oscuridades, amazonas de lloro.
Vanse los carros flajelados por la tarde,
y entre ellos los míos, cara atrás, a las riendas
fatales de tus dedos.
Tus manos y mis manos recíprocas se tienden
polos en guardia, practicando depresiones,
y sienes y costados.
Calla también, crepúsculo futuro,
y recójete a reír en lo íntimo, de este celo
de gallos ajisecos soberbiamente,
soberbiamente ennavajados
de cúpulas, de viudas mitades cerúleas.
Regocíjate, huérfano; bebe tu copa de agua
desde la pulpería de una esquina cualquiera.
César Vallejo
Todos Sonríen Del Desgaire Con Que Voyme A Fondo
celular de comer bien y bien beber.
Los soles andan sin yantar? O hay quien
les da granos como a pajarillos? Francamente,
yo no sé de esto casi nada.
Oh piedra, almohada bienfaciente al fin. Amémonos los vivos a
los vivos, que a las buenas cosas muertas será después. Cuánto tenemos que quererlas
y estrecharlas, cuánto. Amemos las actualidades, que
siempre no estaremos como estamos.
Que interinos Barrancos no hay en los esenciales cementerios.
El porteo va en el alfar, a pico. La jornada nos da en el cogollo, con su
docena de escaleras, escaladas, en horizontizante frustración de pies, por pávidas sandalias
vacantes.
Y temblamos avanzar el paso, que no sabemos si damos con el péndulo, o ya lo hemos cruzado.
César Vallejo
Todos Sonríen Del Desgaire Con Que Voyme A Fondo
celular de comer bien y bien beber.
Los soles andan sin yantar? O hay quien
les da granos como a pajarillos? Francamente,
yo no sé de esto casi nada.
Oh piedra, almohada bienfaciente al fin. Amémonos los vivos a
los vivos, que a las buenas cosas muertas será después. Cuánto tenemos que quererlas
y estrecharlas, cuánto. Amemos las actualidades, que
siempre no estaremos como estamos.
Que interinos Barrancos no hay en los esenciales cementerios.
El porteo va en el alfar, a pico. La jornada nos da en el cogollo, con su
docena de escaleras, escaladas, en horizontizante frustración de pies, por pávidas sandalias
vacantes.
Y temblamos avanzar el paso, que no sabemos si damos con el péndulo, o ya lo hemos cruzado.
César Vallejo
Canta Cerca El Verano, Y Ambos
diversos erramos, al hombro
recodos, cedros, compases unípedos,
espatarrados en la sola recta inevitable.
Canta el verano, y en aquellas paredes
endulzadas de marzo,
lloriquea, gusanea la arácnida acuarela
de la melancolía.
Cuadro enmarcado de trisado anélido, cuadro
que faltó en ese sitio para donde
pensamos que vendría el gran espejo ausente.
Amor, éste es el cuadro que faltó.
Mas, para qué me esforzaría
por dorar pajilla para tal encantada aurícula,
si, a espaldas de astros queridos,
se consiente el vacío, a pesar de todo.
Cuánta madre quedábase adentrada
siempre, en tenaz atavío de carbón, cuando
el cuadro faltaba, y para lo que crecería
al pie de ardua quebrada de mujer.
Así yo me decía: Si vendrá aquel espejo
que de tan esperado, ya pasa de cristal.
Me acababa la vida, ¿para qué?
Me acababa la vida, para alzarnos
sólo de espejo a espejo.