Vida y Existencia
Ernesto Cardenal
Epigrama
en sueños
pero el vacío
que dejaste cuando
te fuiste
fue realidad
Ernesto Cardenal
Epigrama
corteses florecieron
nosotros dos
estábamos enamorados
todavía
tienen flores
los corteses
y nosotros
ya somos
dos extraños
Ernesto Cardenal
Epigrama
En la mañana
lleno de aviones
Pareciera que fuera
la revolución
Pero es el cumpleaños
del tirano.
Ileana
la galaxia de Andrómeda,
a 700.000 años luz
Que se puede
mirar a simple vista
en una noche clara
Está más cerca que tú
Otros ojos solitarios están
mirándome desde Andrómeda,
en la noche de ellos
yo a ti no te veo.
Ileana, la distancia es tiempo,
y el tiempo vuela.
A 200 millones
de millas por hora
el universo
Se está expandiendo
hacia la nada
Y tú estás lejos
de mí como
a millones de años.
Ernesto Cardenal
Epigrama
este año
amor mío, y
tengamos una
casita
Y tal vez
se publique mi libro,
O nos vayamos los dos
al extranjero
Tal vez caiga Somoza
amor mío
Ernesto Cardenal
Epigrama
con su madre por la Landetrasse
Y en la esquina
de la Schmiedtor
todas las tardes
Estaba Hitler
esperándola para verla pasar
Los taxis y los omnibus
iban llenos de besos
Y los novios alquilaban botes
en el Danubio.
Pero él no sabía
bailar. Nunca se atrevió
a hablarte
Después pasaba sin su madre
con un cadete.
Y después
no volvió a pasar.
De ahí más tarde
la Gestapo
la anexión de Australia,
La guerra mundial.
Ernesto Cardenal
Epigrama
muchachas bellas
que han existido
Todas las bellazas
de Troya y las de Acava
Y las de Tebas y
de la Roma de propercio
Y muchas de ellas
dejaron pasar el amor,
Y murieron, y hace
siglos que no existen
Tú que eres bella
ahora en las calles de
Managua
Un día serás como ellas
de un tiempo lejano,
Cuando las gasolineras
sean ruinas románticas.
¡Acuérdate de las
bellezas de las
calles de Troya!
Ah tu despiada
Más cruel
que Tachito.
Ernesto Cardenal
Epigrama
a la laguna de Tiscapa
—un barco debajo
de un árbol de quelite—
que tu conoces
(aquella a quien escribo
estos versos, sabrá
que son para ella)
Y tu recuerdas
aquel banco y
aquel quelite;
La luna reflejada
en la laguna de Tiscapa,
Las luces del palacio
del dictador
las ranas cantando
abajo en la laguna
Todavía está aquel
árbol de Quelite
Todavía brillan
las mismas luces;
En la laguna de Tiscapa
se refleja la luna;
Pero aquel banco
esta noche estará vacío
O con otra pareja
que no somos nosotros.
Ernesto Cardenal
Epigrama
unos tiros anoche
Se oyeron
del lado del cementerio.
Nadie sabe a
quien mataron,
o los mataron.
Nadie sabe nada.
Se oyeron unos tiros
anoche.
Eso es todo.
Ernesto Cardenal
Epigrama
aquella calle
de faroles amarillos,
con aquella luna
llena entre los alambres
eléctricos
Y aquella estrella
en la esquina,
una radio lejana,
la torre de la merced
que daba aquellas
once:
Y la luz de oro
de tu puerta
abierta, en esa calle.
Ernesto Cardenal
Tomarse Con Los Brazos El Uno Al Otro
dándose cada uno a los brazos del otro.
Qué diferente sentirte dentro de uno
que sentirse uno solo dentro de uno
es decir, vacío.
¿Será que es soledad tu abrazo
y tus besos sólo sed?
Me parece oírte que de mí no te sacias nunca.
Yo que fui antes buen catador de amarguras.
Ernesto Cardenal
No Tengo Otro Le He Dicho
y repetido muchas veces.
Y oí que decía dentro de mí
no con palabras confusamente
pero precisas, decía dentro de mí
o desde el fondo del universo:
“Y yo no tengo otro más que tú”
Ernesto Cardenal
Oración Por Marilyn Monroe
recibe a esta muchacha conocida en toda la Tierra con el nombre de Marilyn Monroe,
aunque ése no era su verdadero nombre
(pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita violada a los 9 años
y la empleadita de tienda que a los 16 se había querido matar)
y que ahora se presenta ante Ti sin ningún maquillaje
sin su Agente de Prensa
sin fotógrafos y sin firmar autógrafos
sola como un astronauta frente a la noche espacial.
Ella soñó cuando niña que estaba desnuda en una iglesia (según cuenta el Times)
ante una multitud postrada, con las cabezas en el suelo
y tenía que caminar en puntillas para no pisar las cabezas.
Tú conoces nuestros sueños mejor que los psiquiatras.
Iglesia, casa, cueva, son la seguridad del seno materno
pero también algo más que eso...
Las cabezas son los admiradores, es claro
(la masa de cabezas en la oscuridad bajo el chorro de luz).
Pero el templo no son los estudios de la 20th Century-Fox.
El templo —de mármol y oro— es el templo de su cuerpo
en el que está el hijo de Hombre con un látigo en la mano
expulsando a los mercaderes de la 20th Century-Fox
que hicieron de Tu casa de oración una cueva de ladrones.
Señor
en este mundo contaminado de pecados y de radiactividad,
Tú no culparás tan sólo a una empleadita de tienda
que como toda empleadita de tienda soñó con ser estrella de cine.
Y su sueño fue realidad (pero como la realidad del tecnicolor).
Ella no hizo sino actuar según el script que le dimos,
el de nuestras propias vidas, y era un script absurdo.
Perdónala, Señor, y perdónanos a nosotros
por nuestra 20th Century
por esa Colosal Super-Producción en la que todos hemos trabajado.
Ella tenía hambre de amor y le ofrecimos tranquilizantes.
Para la tristeza de no ser santos
se le recomendó el Psicoanálisis.
Recuerda Señor su creciente pavor a la cámara
y el odio al maquillaje insistiendo en maquillarse en cada escena
y cómo se fue haciendo mayor el horror
y mayor la impuntualidad a los estudios.
Como toda empleadita de tienda
soñó ser estrella de cine.
Y su vida fue irreal como un sueño que un psiquiatra interpreta y archiva.
Sus romances fueron un beso con los ojos cerrados
que cuando se abren los ojos
se descubre que fue bajo reflectores
¡y se apagan los reflectores!
Y desmontan las dos paredes del aposento (era un set cinematográfico)
mientras el Director se aleja con su libreta
porque la escena ya fue tomada.
O como un viaje en yate, un beso en Singapur, un baile en Río
la recepción en la mansión del Duque y la Duquesa de Windsor
vistos en la salita del apartamento miserable.
La película terminó sin el beso final.
La hallaron muerta en su cama con la mano en el teléfono.
Y los detectives no supieron a quién iba a llamar.
Fue
como alguien que ha marcado el número de la única voz amiga
y oye tan solo la voz de un disco que le dice: WRONG NUMBER
O como alguien que herido por los gangsters
alarga la mano a un teléfono desconectado.
Señor:
quienquiera que haya sido el que ella iba a llamar
y no llamó (y tal vez no era nadie
o era Alguien cuyo número no está en el Directorio de los Ángeles)
¡contesta Tú al teléfono!
Diego de Torres y Villarroel
El Presente Siglo
que dos mil del pasado y venidero,
pues el letrado, relator, barbero,
¿cuándo trajeron coche sino ahora?
¿cuándo fue la ramera tan señora?
¿cuándo vistió galones el cochero?
¿cuándo bordados de oro el zapatero?;
hasta los hierros este siglo dora;
¿cuándo tuvo la corte más lozanos
coches, carrozas, trajes tan costosos,
más músicos franceses e italianos?
Todo es riqueza y gustos poderosos,
pues no tienen razón los cortesanos,
porque ahora se quejan de viciosos.
Diego de Torres y Villarroel
Villancico Las Aldeanas
una tropa de aldeanas,
quieren dejar su ganado
recogido en estas Pascuas;
con alborozo festivo
buscan pandero y sonajas,
y entre unas y otras haciendas
anda una bulla extremada.
Dúo: Hola, jau, ah
Gileta,
vamos presto, despacha,
recoge esas aves,
los perros espanta;
y al portal caminemos
con gusto y zambra,
a celebrar del Niño
las bellas gracias.
Coro: Hola, jau, ah Gileta,
vamos presto, despacha.
Solo: Pités,
pités, pités.
Coro: Gir, gir, gir, pau, pau,
pau.
Dúo: Ah zagala,
vamos presto, despacha.
Solo: Pités,
pités, pités,
Coro: Gir, gir, gir, pau, pau,
pau.
Solo 2: Quiquiriquí.
Solo 3: Gua, gua, gua.
Dúo: Los perros
espanta.
Solo 3: Gua, gua, gua.
Solo: Ah tuso, anda fuera,
mal haya tu alma.
Solo 2: Quiquiriquí.
Coro: Gir, gir, pau, pau.
Dúo: Prestito,
muchacha.
Coro: Gir, gir, pau, pau.
Solo 2: Quiquiriquí.
Solo 3: Gua, gua, gua.
Dúo: Los perros
espanta.
Solo 1: Ah tuso, anda fuera,
mal haya tu alma.
Coro: Gir, gir, pau, pau.
Dúo: Ah zagala,
alto a buscar
el pandero y sonaja,
y al Niño cantemos
alguna tonada.
Solo 1: Ya todo está
pronto.
Dúo: Pues que suene y
vaya.
Solo 3: Gua, gua, gua.
Solo 1: Ah tuso, anda fuera,
mal haya tu alma.
Coro: Gir, gir, pau, pau.
Solo 1: Atención, que
ya empiezo.
Dúo: Pues dale,
muchacha.
Solo 1: A Belén
caminemos,
zagala hermosa:
andar, andar,
que hay un Niño entre pajas
como unas rosas;
andar, andar, sí, sí,
como unas rosas.
Dúo: Viva, viva
Bartola,
que es linda, extremada.
Solo 3: Gua, gua, gua.
Solo 1: Ah tuso, anda fuera,
mal haya tu alma.
Dúo: Y todos repitan
con gusto y gracia:
Unísono: A Belén
caminemos,
zagala hermosa, etc.
Diego de Torres y Villarroel
A La Memoria De D Juan Domingo De Haro Y Guzmán
al héroe más insigne y portentoso,
es el único triunfo, el más glorioso,
que robar has logrado, muerte airada.
La vida de su fama celebrada,
fe, virtud y valor y celo ansioso,
exentos de tu brazo pavoroso,
en lo eterno aseguran su morada.
Al honor, al aplauso, al ardimiento,
a la piedad, al culto y a la gloria
tocar no pudo tu furor violento.
Pues si de tantas vidas la memoria
eterna vive en este monumento,
¿en qué fundas, oh Parca, tu victoria?
Diego de Torres y Villarroel
Cuenta Los Pasos De La Vida
en grillos de una culpa concebido,
condenado a morir sin ser nacido,
pues estoy no nacido y ya enterrado.
De la estrechez obscura libertado,
salgo informe terrón no conocido,
pues sólo de que aliento es un gemido
melancólico informe de mi estado.
Los ojos abro, y miro lo primero
que es la esfera también cárcel obscura;
sé que se ha de llegar el fin postrero.
Pues ¿adónde me guía mi locura,
si del ser al morir soy prisionero,
en el vientre, en el mundo y sepultura?
Diego de Torres y Villarroel
Dudas En Materia Grave Nacidas Del Estudio
de los libros gasté parte de vida,
y he quedado peor, que está tupida
de ajenos desatinos mi cabeza.
Buscaba en los doctores mi rudeza,
de cierta duda la mejor salida,
y hallé mil opiniones sin medida
pues uno el sí y el otro el no me reza
Mas necio vengo a ser más imprudente
la razón natural está más ruda
pues ya por sí no asiente ni consiente
Antes pudo opinar, ya quedó en muda
¿quien dirá la verdad? Dios solamente
¿y yo que haré? Morirme con la duda.
Dionisio Ridruejo
El Burgo De Osma
de haber sido silencio, así mi olvido
de las cumbres del ser en que ha dormido
baja al tiempo natal y fluye ahora.
Ya es celeste el hollín en la herrería
y el chirriar de la rueda con estopa
del cordelero y riza la garlopa
una miel inmortal de todavía.
Vuelve la yunta de ganar el valle
con su lanza arrastrada y la campana
vuelve a pasar entre la luz y el puente.
Vuelve el mercado a empavesar la calle
con soportales. Vuelve todo y mana
el para siempre ayer eternamente.
Dionisio Ridruejo
Memoria
por las mudas orillas de tu ausencia.
La noche se hizo cuerpo de tu esencia
y el campo abierto se plegó vencido.
Un ayer de tus labios en mi oído,
una huella sonora, una cadencia,
hizo flor de latidos tu presencia
en el último borde del olvido.
Viniste sobre un aire de amapolas.
Como suspiros estallando rojos,
bajo el ardor de las estrellas plenas,
los labios avanzaron como olas.
Y sumiso en el sueño de tus ojos
murió el dolor en las floridas venas.
Dionisio Ridruejo
A Un Pino
soledad de la tarde,
tan concreto en la libre
desolación del aire,
tan alto cuando todo
se confunde y abate
y huye el sol a tu copa
tibio y agonizante.
Cómo me fortalece
la paz de tu combate,
ascensión sin fatiga,
raíz honda y constante.
Tu majestad envuelve
el cielo sin celaje
y en tu recio sosiego
la tierra se complace.
Mis ojos educados
en tu sediento mástil
ascienden y divisan
la soledad más ágil,
mientras sueña el silencio
sin astros y sin aves
como el solo decoro
de tu verde ramaje.
Pino esbelto y tranquilo,
tu soledad te guarde,
y consagre la mía
desunida y errante,
segada de su tierra,
extraña de su aire,
cuando aún es oro virgen
la cumbre de la tarde
y tú clamas e invocas
el tiempo de mi carne
y otro vuelo sin tiempo
que se sueña y se hace.
Duque de Rivas
El Fratricidio Romance Segundo El Castillo
De años y hazañas sepulcro,
Que viandantes y pastores
Miran de noche con susto,
Cuando en tus almenas rotas
Grita el cárabo nocturno,
Y recuerda las consejas
Que de ti repite el vulgo.
Escombros que han perdonado,
Para escarmiento del mundo,
La guadaña de los siglos,
El rayo del cielo justo;
Esqueleto de un gigante,
Peso de un collado inculto,
Cadáver de un delincuente
De quien fué el tiempo verdugo;
Nido de aves de rapiña,
Y de reptiles inmundos
Vivar, y en que eres lo mismo
De lo que eres ha cien lustros;
Pregonero que publicas
Elocuente, aunque tan mudo,
Que siempre han sido los hombres
miseria, opresión, orgullo;
De Montiel viejo castillo.
Montón de piedras y musgo,
Donde en vez de centinelas
Gritan los siniestros buhos,
¡Cuán distinto te contemp1o
De lo que estabas robusto,
La noche aquella que fuiste
Del rey Don Pedro refugio!
Duque de Rivas
Una Antigualla De Sevilla Romance Tercero La Cabeza
Su eterna llama sepulta
El sol, y tierras y cielos
Con negras sombras se enlutan.
De la cárcel de Sevilla,
En una bóveda obscura,
Que una lámpara de cobre
Más bien asombra que alumbra,
Pasaba una extraña escena,
De aquellas que nos angustian
Si en horrenda pesadilla
El sueño nos la dibuja.
Pues no semejaba cosa
De este mundo, aunque se usan
En él cosas harto horrendas,
De que he presenciado muchas,
Sino cosa del infierno,
Funesta y maligna junta
De espectros y de vampiros,
Festín horrible de furias.
En un sillón, sobre gradas,
Se ve en negras vestiduras
Al buen Alcalde Cerón,
Ceño grave, faz adusta.
A su lado, en un bufete
Que más parece una tumba,
Prepara un viejo Notario
Sus pergaminos y plumas.
Y de aquella estancia en medio,
De tablas con sangre sucias,
Se ve un lecho, y sus cortinas
Son cuerdas, garfios, garruchas.
En torno de él dos verdugos
De imbécil facha y robusta,
De un saco de cuero aprestan
Hierros de infaustas figuras.
Sepulcral silencio reina,
Pues solamente se escucha
El chispeo de la llama
En la lámpara que ahúma
La bóveda, y de los hierros
Que los verdugos rebuscan,
El metálico sonido
Con que se apartan y juntan.
Duque de Rivas
El Fratricidio Romance Primero El Español Y El Francés
Doleos de mi señor,
Y deba corona y vida
A un caballero cual vos.
»Ponedlo en cobro esta noche,
Así el cielo os dé favor;
Salvad a un Rey desdichado
Que una batalla perdió.
»Yo con la mano en mi espada,
Y la mente puesta en Dios,
En su real nombre os ofrezco,
Y ved que os lo ofrezco yo,
»En perpetuo señorío
La cumplida, donación
De Soria y de Monteagudo,
De Almansa, Atienza y Serón.
»Y a más doscientas mil doblas
De oro, de ley superior,
Con el cuño de Castilla,
Con el sello de León,
»Para que paguéis la hueste
De allende que está con vos,
Y con que fundéis estado
Donde más os venga en pro.
»Socorred al Rey Don Pedro
Que es legítimo, otro no;
Coronad vuestras proezas
Con tan generosa acción».
Duque de Rivas
Una Antigualla De Sevilla Romance Primero El Candil
ROMANCE PRIMERO
EL CANDIL
Al Excmo. Sr. D. Mauel Cepero.
Más ha de quinientos años,
en una torcida calle,
Que de Sevilla en el centro,
Da paso a otras principales,
Cerca de la media noche,
Cuando la ciudad más grande
Es de un grande cementerio
En silencio y paz imagen,
De dos desnudas espadas
Que trababan un combate,
Turbó el repentino encuentro
Las tinieblas impalpables.
El crujir de los aceros
Sonó por breves instantes,
Lanzando azules centellas,
Meteoro de desastres.
Y al gemido: ¡Dios me valga!
¡Muerto soy! Y al golpe grave
De un cuerpo que a tierra, vino,
El silencio y paz renacen.
* * *
Al punto una ventanilla
De un pobre casuco abren,
Y de tendones y huesos,
Sin jugo, como sin carne,
Una mano y brazo asoman,
Que sostienen por el aire
Un candil, cuyas destellos
Dan luz súbita a la calle.
En pos un rostro aparece
De gomia o bruja espantable,
A que otra marchita mano
O cubre o da sombra en parte.
Ser dijérase la muerte
Que salía a apoderarse
De aquella víctima humana
Que acababan de inmolarle,
O de la, eterna justicia,
De cuyas miradas nadie
Consigue ocultar un crimen,
El testigo formidable,
Pues a la llama mezquina,
Con el ambiente ondeante,
Que dando luz roja al muro
Dibujaba desiguales
Los tejados y azoteas
Sobre el obscuro celaje,
Dando fantásticas formas
A esquinas y bocacalles,
Se vió en medio del arroyo,
Cubierto de lodo y sangre,
El negro bulto tendido
De un traspasado cadáver.
Y de pie a su frente un hombre,
Vestido negro ropaje,
Con una espada en la mano,
Roja hasta los gavilanes.
El cual en el mismo punto,
Sorprendido de encontrarse
Bañada de luz, esconde
La faz en su embozo, y parte,
Aunque no como el culpado
Que se fuga por salvarse,
Sino como el que inocente
Mueve tranquilo el pie y grave.
* * *
Al andar, sus choquezuelas
Formaban ruido notable,
Como el que forman los dados
Al confundirse y mezclarse.
Rumor de poca importancia
En la escena lamentable,
Mas de tan mágico efecto,
Y de un influjo tan grande
En la vieja, que asomaba
El rostro y luz a la calle,
Que, cual si oyera el silbido
De venenosa ceraste,
O crujir las negras alas
Del precipitado Arcángel,
Grita en espantoso aullido,
¡Virgen de los reyes, valme!
Suelta el candil, que en las piedras
Se apaga y aceite esparce,
Y cerrando la ventana
De un golpe, que la deshace,
Bajo su mísero lecho
Corre a tientas a ocultarse,
Tan acongojada y yerta,
Que apenas sus pulsos laten,
Por sorda y ciega haber sido
Aquellos breves instantes,
La mitad diera gustosa
De sus días miserables,
Y hubiera dado los días
De amor y dulces afanes
De su juventud, y dado
Las caricias de sus padres,
Los encantos de la cuna,
Y... en fin, hasta lo que nadie
Enajena, la esperanza,
Bien solo de los mortales:
Pues lo que ha visto la abruma,
Y la aterra lo que sabe,
Que hay vistas que son peligros
Y aciertos que muerte valen.