Poemas en este tema
Vida y Existencia
Duque de Rivas
Una Antigualla De Sevilla Romance Segundo El Juez
Las cuatro esferas doradas,
Que ensartadas en un perno,
Obra colosal de moros
Con resaltos y letreros,
De la torre de Sevilla
Eran remate soberbio,
Do el gallardo Giraldillo
Hoy marea el mudable viento
(Esferas que pocos años
Después derrumbó en el suelo
Un terremoto) brillaban
Del sol matutino al fuego,
Cuando en una sala estrecha
Del antiguo Alcázar regio,
Que entonces reedificaban
Tal cual hoy mismo lo vemos,
En un sillón de respaldo
Sentado está el Rey Don Pedro,
Joven de gallardo talle,
Mas de semblante severo.
A reverente distancia,
Una rodilla en el suelo,
Vestido de negra toga,
Blanca barba, albo cabello,
Y con la vara de Alcalde
Rendida. al poder supremo,
Martín Fernández Cerón
Era emblema del respeto.
Y estas palabras de entrambos
Recogió el dorado techo,
Y la tradición guardólas
Para que hoy suenen de nuevo:
R. —«¿Con que en medio de Sevilla
Amaneció un hombre muerto,
Y no venís a decirme
Que está ya el matador preso?»
A. —«Señor, desde antes del alba,
En que el cadáver sangriento
Recogí, varias pesquisas
Inútilmente se han hecho».
R. —«Más pronta justicia,
Alcalde, Ha de haber donde yo reino,
Y a sus vigilantes ojos
Nada ha de estar encubierto».
A. —«Tal vez, señor, los judíos,
Tal vez los moros, sospecho...»
R. —«¿Y os vais tras de las sospechas
Cuando hay un testigo, y bueno?
»¿No me habéis, Alcalde, dicho,
Que un candil se halló en el suelo
Cerca del cadáver?... Basta,
Que el candil os diga el reo».
A. —«Un candil no tiene lengua».
R. —«Pero tiénela su dueño.
Y a moverla se le obliga
Con las cuerdas del tormento.
»Y ¡vive Dios! que esta noche
Ha de estar en aquel puesto
O vuestra cabeza, Alcalde,
O la cabeza del reo».
Que ensartadas en un perno,
Obra colosal de moros
Con resaltos y letreros,
De la torre de Sevilla
Eran remate soberbio,
Do el gallardo Giraldillo
Hoy marea el mudable viento
(Esferas que pocos años
Después derrumbó en el suelo
Un terremoto) brillaban
Del sol matutino al fuego,
Cuando en una sala estrecha
Del antiguo Alcázar regio,
Que entonces reedificaban
Tal cual hoy mismo lo vemos,
En un sillón de respaldo
Sentado está el Rey Don Pedro,
Joven de gallardo talle,
Mas de semblante severo.
A reverente distancia,
Una rodilla en el suelo,
Vestido de negra toga,
Blanca barba, albo cabello,
Y con la vara de Alcalde
Rendida. al poder supremo,
Martín Fernández Cerón
Era emblema del respeto.
Y estas palabras de entrambos
Recogió el dorado techo,
Y la tradición guardólas
Para que hoy suenen de nuevo:
R. —«¿Con que en medio de Sevilla
Amaneció un hombre muerto,
Y no venís a decirme
Que está ya el matador preso?»
A. —«Señor, desde antes del alba,
En que el cadáver sangriento
Recogí, varias pesquisas
Inútilmente se han hecho».
R. —«Más pronta justicia,
Alcalde, Ha de haber donde yo reino,
Y a sus vigilantes ojos
Nada ha de estar encubierto».
A. —«Tal vez, señor, los judíos,
Tal vez los moros, sospecho...»
R. —«¿Y os vais tras de las sospechas
Cuando hay un testigo, y bueno?
»¿No me habéis, Alcalde, dicho,
Que un candil se halló en el suelo
Cerca del cadáver?... Basta,
Que el candil os diga el reo».
A. —«Un candil no tiene lengua».
R. —«Pero tiénela su dueño.
Y a moverla se le obliga
Con las cuerdas del tormento.
»Y ¡vive Dios! que esta noche
Ha de estar en aquel puesto
O vuestra cabeza, Alcalde,
O la cabeza del reo».
888
Duque de Rivas
El Alcázar De Sevilla Romance Tercero
Cual de solitaria torre
En torno están revolando
Fieras aves de rapiña,
Cuando el sol baja al ocaso,
Así en torno de Don Pedro
Vuelan pensamientos varios,
Cuyas sombras ofuscaban
De su semblante los rasgos.
Ya ocupa su airada mente
El poder de sus hermanos,
A los que mató la madre,
Y a quienes llama bastardos;
Ya de los grandes inquietos
La insolencia y desacato,
O la mengua del tesoro
Sin medios de repararlo;
Ya la linda Doña Aldonza,
A quien tiene a buen recaudo;
O las sangrientas fantasmas
De inocentes que ha matado;
Ya una proyectada empresa
Rompiendo la fe de un pacto,
Contra el moro granadino,
O una traición o un engaño.
Mas, como las mismas aves
Se van escondiendo al cabo,
Entre las almenas rotas
Del castillo solitario,
Y sólo constante queda,
En torno de él volteando,
La más voraz, la más fuerte,
La que no admite descanso,
Así aquel tropel confuso
De pensamientos extraños,
En que se encontró Don Pedro
Envuelto pequeño rato,
En su pecho y su cabeza
Fueron nidos encontrando,
Y quedó despierta y viva,
Dándole gran sobresalto,
La imagen de Don Fadrique,
El mejor de sus hermanos,
Norma de los caballeros
Y Maestre de Santiago.
En torno están revolando
Fieras aves de rapiña,
Cuando el sol baja al ocaso,
Así en torno de Don Pedro
Vuelan pensamientos varios,
Cuyas sombras ofuscaban
De su semblante los rasgos.
Ya ocupa su airada mente
El poder de sus hermanos,
A los que mató la madre,
Y a quienes llama bastardos;
Ya de los grandes inquietos
La insolencia y desacato,
O la mengua del tesoro
Sin medios de repararlo;
Ya la linda Doña Aldonza,
A quien tiene a buen recaudo;
O las sangrientas fantasmas
De inocentes que ha matado;
Ya una proyectada empresa
Rompiendo la fe de un pacto,
Contra el moro granadino,
O una traición o un engaño.
Mas, como las mismas aves
Se van escondiendo al cabo,
Entre las almenas rotas
Del castillo solitario,
Y sólo constante queda,
En torno de él volteando,
La más voraz, la más fuerte,
La que no admite descanso,
Así aquel tropel confuso
De pensamientos extraños,
En que se encontró Don Pedro
Envuelto pequeño rato,
En su pecho y su cabeza
Fueron nidos encontrando,
Y quedó despierta y viva,
Dándole gran sobresalto,
La imagen de Don Fadrique,
El mejor de sus hermanos,
Norma de los caballeros
Y Maestre de Santiago.
774
Duque de Rivas
Álvaro De Luna Romance Tercero Las Calles – La Capilla – El Palacio
Para quien al día siguiente
Mira la muerte segura,
El declinar de la tarde
Solemnidad tiene mucha
En el sol, que va a ponerse,
Y espeso vapor ofusca
(Semejante a un rey que el trono
A su pesar desocupa,
Y dignidad conservando
Del mundo huye, y se sepulta
Donde los hombres no advierten
Su dolor y desventuras),
Con honda atención los ojos
Clavó don Alvaro de Luna.
Así que lo vió traspuesto
Lanzó un suspiro de angustia,
Como el que lanza el amante,
Cuando el horizonte oculta
El bajel, en que su amada
Los desiertos mares surca
Para no volver. Ansioso
Lleva sus miradas mudas
A los montes apartados,
Cuyas cumbres aun relumbran,
A los ya enlutados bosques,
A las calladas llanuras,
A los altos campanarios
Que entre nieblas se dibujan.
Retardar el despedirse
De la perspectiva augusta
Que presenta el universo,
Parece que sólo busca,
Y al notar que poco a poco
La luz menguante y confusa
Del crepúsculo confunde
La escena que la circunda,
Piensa ya ver de la muerte
La terrible sombra, en cuya
Obscuridad para siempre
Corre a hundirse, y se atribula.
Sus pensamientos penetran
Los doctos frailes, y endulzan
Con eternas esperanzas
Su meditación profunda
Mira la muerte segura,
El declinar de la tarde
Solemnidad tiene mucha
En el sol, que va a ponerse,
Y espeso vapor ofusca
(Semejante a un rey que el trono
A su pesar desocupa,
Y dignidad conservando
Del mundo huye, y se sepulta
Donde los hombres no advierten
Su dolor y desventuras),
Con honda atención los ojos
Clavó don Alvaro de Luna.
Así que lo vió traspuesto
Lanzó un suspiro de angustia,
Como el que lanza el amante,
Cuando el horizonte oculta
El bajel, en que su amada
Los desiertos mares surca
Para no volver. Ansioso
Lleva sus miradas mudas
A los montes apartados,
Cuyas cumbres aun relumbran,
A los ya enlutados bosques,
A las calladas llanuras,
A los altos campanarios
Que entre nieblas se dibujan.
Retardar el despedirse
De la perspectiva augusta
Que presenta el universo,
Parece que sólo busca,
Y al notar que poco a poco
La luz menguante y confusa
Del crepúsculo confunde
La escena que la circunda,
Piensa ya ver de la muerte
La terrible sombra, en cuya
Obscuridad para siempre
Corre a hundirse, y se atribula.
Sus pensamientos penetran
Los doctos frailes, y endulzan
Con eternas esperanzas
Su meditación profunda
707
Duque de Rivas
Álvaro De Luna Romance Tercero Las Calles – La Capilla – El Palacio
Para quien al día siguiente
Mira la muerte segura,
El declinar de la tarde
Solemnidad tiene mucha
En el sol, que va a ponerse,
Y espeso vapor ofusca
(Semejante a un rey que el trono
A su pesar desocupa,
Y dignidad conservando
Del mundo huye, y se sepulta
Donde los hombres no advierten
Su dolor y desventuras),
Con honda atención los ojos
Clavó don Alvaro de Luna.
Así que lo vió traspuesto
Lanzó un suspiro de angustia,
Como el que lanza el amante,
Cuando el horizonte oculta
El bajel, en que su amada
Los desiertos mares surca
Para no volver. Ansioso
Lleva sus miradas mudas
A los montes apartados,
Cuyas cumbres aun relumbran,
A los ya enlutados bosques,
A las calladas llanuras,
A los altos campanarios
Que entre nieblas se dibujan.
Retardar el despedirse
De la perspectiva augusta
Que presenta el universo,
Parece que sólo busca,
Y al notar que poco a poco
La luz menguante y confusa
Del crepúsculo confunde
La escena que la circunda,
Piensa ya ver de la muerte
La terrible sombra, en cuya
Obscuridad para siempre
Corre a hundirse, y se atribula.
Sus pensamientos penetran
Los doctos frailes, y endulzan
Con eternas esperanzas
Su meditación profunda
Mira la muerte segura,
El declinar de la tarde
Solemnidad tiene mucha
En el sol, que va a ponerse,
Y espeso vapor ofusca
(Semejante a un rey que el trono
A su pesar desocupa,
Y dignidad conservando
Del mundo huye, y se sepulta
Donde los hombres no advierten
Su dolor y desventuras),
Con honda atención los ojos
Clavó don Alvaro de Luna.
Así que lo vió traspuesto
Lanzó un suspiro de angustia,
Como el que lanza el amante,
Cuando el horizonte oculta
El bajel, en que su amada
Los desiertos mares surca
Para no volver. Ansioso
Lleva sus miradas mudas
A los montes apartados,
Cuyas cumbres aun relumbran,
A los ya enlutados bosques,
A las calladas llanuras,
A los altos campanarios
Que entre nieblas se dibujan.
Retardar el despedirse
De la perspectiva augusta
Que presenta el universo,
Parece que sólo busca,
Y al notar que poco a poco
La luz menguante y confusa
Del crepúsculo confunde
La escena que la circunda,
Piensa ya ver de la muerte
La terrible sombra, en cuya
Obscuridad para siempre
Corre a hundirse, y se atribula.
Sus pensamientos penetran
Los doctos frailes, y endulzan
Con eternas esperanzas
Su meditación profunda
707
Duque de Rivas
Álvaro De Luna Romance Tercero Las Calles – La Capilla – El Palacio
Para quien al día siguiente
Mira la muerte segura,
El declinar de la tarde
Solemnidad tiene mucha
En el sol, que va a ponerse,
Y espeso vapor ofusca
(Semejante a un rey que el trono
A su pesar desocupa,
Y dignidad conservando
Del mundo huye, y se sepulta
Donde los hombres no advierten
Su dolor y desventuras),
Con honda atención los ojos
Clavó don Alvaro de Luna.
Así que lo vió traspuesto
Lanzó un suspiro de angustia,
Como el que lanza el amante,
Cuando el horizonte oculta
El bajel, en que su amada
Los desiertos mares surca
Para no volver. Ansioso
Lleva sus miradas mudas
A los montes apartados,
Cuyas cumbres aun relumbran,
A los ya enlutados bosques,
A las calladas llanuras,
A los altos campanarios
Que entre nieblas se dibujan.
Retardar el despedirse
De la perspectiva augusta
Que presenta el universo,
Parece que sólo busca,
Y al notar que poco a poco
La luz menguante y confusa
Del crepúsculo confunde
La escena que la circunda,
Piensa ya ver de la muerte
La terrible sombra, en cuya
Obscuridad para siempre
Corre a hundirse, y se atribula.
Sus pensamientos penetran
Los doctos frailes, y endulzan
Con eternas esperanzas
Su meditación profunda
Mira la muerte segura,
El declinar de la tarde
Solemnidad tiene mucha
En el sol, que va a ponerse,
Y espeso vapor ofusca
(Semejante a un rey que el trono
A su pesar desocupa,
Y dignidad conservando
Del mundo huye, y se sepulta
Donde los hombres no advierten
Su dolor y desventuras),
Con honda atención los ojos
Clavó don Alvaro de Luna.
Así que lo vió traspuesto
Lanzó un suspiro de angustia,
Como el que lanza el amante,
Cuando el horizonte oculta
El bajel, en que su amada
Los desiertos mares surca
Para no volver. Ansioso
Lleva sus miradas mudas
A los montes apartados,
Cuyas cumbres aun relumbran,
A los ya enlutados bosques,
A las calladas llanuras,
A los altos campanarios
Que entre nieblas se dibujan.
Retardar el despedirse
De la perspectiva augusta
Que presenta el universo,
Parece que sólo busca,
Y al notar que poco a poco
La luz menguante y confusa
Del crepúsculo confunde
La escena que la circunda,
Piensa ya ver de la muerte
La terrible sombra, en cuya
Obscuridad para siempre
Corre a hundirse, y se atribula.
Sus pensamientos penetran
Los doctos frailes, y endulzan
Con eternas esperanzas
Su meditación profunda
707
Duque de Rivas
La Vuelta Deseada Romance Segundo
Todo el mundo es mudable,
Ni el bien ni el mal son eternos:
La apacible primavera
Sigue al riguroso invierno.
A la obscura noche el día,
Y a la borrasca, que al cielo
Empañó con densas nubes
Y asustó con rudos truenos,
La calma serena y pura.
Así suelen a los tiempos
De desventuras y llantos,
Seguir de paz y consuelo.
Del Rhin en la orilla helada,
Abrumado de sí mesmo,
Vargas proscripto gemía,
Su fortuna maldiciendo,
Cuando noticias recibe
De que la patria le ha abierto
Lar, puertas... Júzgalo absorto
Ilusión de su deseo;
Mas Jacinta se lo escribe,
Y cuanto ella dice, es cierto.
Otra carta …de la madre
De Jacinta … que al momento,
Vuele a Sevilla, le ruega,
En donde dará Himeneo,
El día de su llegada,
A tan constante amor premio.
Ni el bien ni el mal son eternos:
La apacible primavera
Sigue al riguroso invierno.
A la obscura noche el día,
Y a la borrasca, que al cielo
Empañó con densas nubes
Y asustó con rudos truenos,
La calma serena y pura.
Así suelen a los tiempos
De desventuras y llantos,
Seguir de paz y consuelo.
Del Rhin en la orilla helada,
Abrumado de sí mesmo,
Vargas proscripto gemía,
Su fortuna maldiciendo,
Cuando noticias recibe
De que la patria le ha abierto
Lar, puertas... Júzgalo absorto
Ilusión de su deseo;
Mas Jacinta se lo escribe,
Y cuanto ella dice, es cierto.
Otra carta …de la madre
De Jacinta … que al momento,
Vuele a Sevilla, le ruega,
En donde dará Himeneo,
El día de su llegada,
A tan constante amor premio.
713
Duque de Rivas
La Vuelta Deseada Romance Primero
Entre aquellos olivares
que Torreblanca domina,
Y ciñen de un lado y otro
El camino de Sevilla,
Por un atajo atraviesa,
Para llegar más de prisa,
Una carretela verde
Con una gran baca encima;
Toda cubierta de barro,
Tableros, muelles y viga,
De barro seco y reciente
Y de tierras muy distintas.
Cuatro andaluces caballos
Que en torno lodo salpican,
En humo y sudor envueltos,
De ella presurosos tiran;
Y del postillón las voces
Con que los nombra y anima,
Del látigo los chasquidos
Que los acosan y hostigan,
El son de los cascabeles,
Y el de las ruedas que giran
Rápidas, tras sí dejando
Dos huellas no interrumpidas,
Forman estruendo confuso,
Y que viene posta avisan
A los carros y arrieros,
Que hacia un lado se desvían.
Dentro de la carretela
Un hombre aun joven, camina,
Que revuelve a todos lados
La desencajada vista.
Es Vargas: alegre torna
De su patria a las delicias,
Después de vagar seis años
Emigrado en otros climas.
Antiguos amigos halla
En cuantos objetos mira,
y en árboles, tapias, lindes,
Dulces memorias antiguas:
Lo pasado y lo presente
Anudando va, y delira
Entre esperanzas risueñas
Y entre ya pasadas dichas.
que Torreblanca domina,
Y ciñen de un lado y otro
El camino de Sevilla,
Por un atajo atraviesa,
Para llegar más de prisa,
Una carretela verde
Con una gran baca encima;
Toda cubierta de barro,
Tableros, muelles y viga,
De barro seco y reciente
Y de tierras muy distintas.
Cuatro andaluces caballos
Que en torno lodo salpican,
En humo y sudor envueltos,
De ella presurosos tiran;
Y del postillón las voces
Con que los nombra y anima,
Del látigo los chasquidos
Que los acosan y hostigan,
El son de los cascabeles,
Y el de las ruedas que giran
Rápidas, tras sí dejando
Dos huellas no interrumpidas,
Forman estruendo confuso,
Y que viene posta avisan
A los carros y arrieros,
Que hacia un lado se desvían.
Dentro de la carretela
Un hombre aun joven, camina,
Que revuelve a todos lados
La desencajada vista.
Es Vargas: alegre torna
De su patria a las delicias,
Después de vagar seis años
Emigrado en otros climas.
Antiguos amigos halla
En cuantos objetos mira,
y en árboles, tapias, lindes,
Dulces memorias antiguas:
Lo pasado y lo presente
Anudando va, y delira
Entre esperanzas risueñas
Y entre ya pasadas dichas.
771
Duque de Rivas
La Vuelta Deseada Romance Primero
Entre aquellos olivares
que Torreblanca domina,
Y ciñen de un lado y otro
El camino de Sevilla,
Por un atajo atraviesa,
Para llegar más de prisa,
Una carretela verde
Con una gran baca encima;
Toda cubierta de barro,
Tableros, muelles y viga,
De barro seco y reciente
Y de tierras muy distintas.
Cuatro andaluces caballos
Que en torno lodo salpican,
En humo y sudor envueltos,
De ella presurosos tiran;
Y del postillón las voces
Con que los nombra y anima,
Del látigo los chasquidos
Que los acosan y hostigan,
El son de los cascabeles,
Y el de las ruedas que giran
Rápidas, tras sí dejando
Dos huellas no interrumpidas,
Forman estruendo confuso,
Y que viene posta avisan
A los carros y arrieros,
Que hacia un lado se desvían.
Dentro de la carretela
Un hombre aun joven, camina,
Que revuelve a todos lados
La desencajada vista.
Es Vargas: alegre torna
De su patria a las delicias,
Después de vagar seis años
Emigrado en otros climas.
Antiguos amigos halla
En cuantos objetos mira,
y en árboles, tapias, lindes,
Dulces memorias antiguas:
Lo pasado y lo presente
Anudando va, y delira
Entre esperanzas risueñas
Y entre ya pasadas dichas.
que Torreblanca domina,
Y ciñen de un lado y otro
El camino de Sevilla,
Por un atajo atraviesa,
Para llegar más de prisa,
Una carretela verde
Con una gran baca encima;
Toda cubierta de barro,
Tableros, muelles y viga,
De barro seco y reciente
Y de tierras muy distintas.
Cuatro andaluces caballos
Que en torno lodo salpican,
En humo y sudor envueltos,
De ella presurosos tiran;
Y del postillón las voces
Con que los nombra y anima,
Del látigo los chasquidos
Que los acosan y hostigan,
El son de los cascabeles,
Y el de las ruedas que giran
Rápidas, tras sí dejando
Dos huellas no interrumpidas,
Forman estruendo confuso,
Y que viene posta avisan
A los carros y arrieros,
Que hacia un lado se desvían.
Dentro de la carretela
Un hombre aun joven, camina,
Que revuelve a todos lados
La desencajada vista.
Es Vargas: alegre torna
De su patria a las delicias,
Después de vagar seis años
Emigrado en otros climas.
Antiguos amigos halla
En cuantos objetos mira,
y en árboles, tapias, lindes,
Dulces memorias antiguas:
Lo pasado y lo presente
Anudando va, y delira
Entre esperanzas risueñas
Y entre ya pasadas dichas.
771
Dina Posada
Testamento
Porque fuiste reto desmedido
a esta alegría
que no me terminaba de nacer
y no teniendo a la vista
otra vida
sino la que desgastan
mis pasos y mis horas
te designo albacea
de mi último suspiro
a esta alegría
que no me terminaba de nacer
y no teniendo a la vista
otra vida
sino la que desgastan
mis pasos y mis horas
te designo albacea
de mi último suspiro
596
Dina Posada
Carta Final
Quiero morir
con tu espuma carnal
envolviendo
mi pulso casi de polvo
pulpa y zumo
del íntimo adiós
trazarán la sonrisa
que en tus labios de luto
habrás de repetir
mientras el reloj
te aparte el recuerdo
con tu espuma carnal
envolviendo
mi pulso casi de polvo
pulpa y zumo
del íntimo adiós
trazarán la sonrisa
que en tus labios de luto
habrás de repetir
mientras el reloj
te aparte el recuerdo
629
Dina Posada
Climaterio
Pronto se romperá la cadencia
que sostienen mis días lunares
encanecerán mis venas
mi talle tendrá voz
de verano acabado
cálidos destellos
llevarán el paso a mis horas
—no agobies el gesto
mi universo rebasa
los límites de mi cuerpo—
Despéñate en el tiempo
que me bebe
muerde esta vida
que me corre sin freno
reparte tus dedos
en la plenitud de mi tacto
La lumbre de mi lento atardecer
será faro de recios brazos
en las arrugas de tu aliento
que sostienen mis días lunares
encanecerán mis venas
mi talle tendrá voz
de verano acabado
cálidos destellos
llevarán el paso a mis horas
—no agobies el gesto
mi universo rebasa
los límites de mi cuerpo—
Despéñate en el tiempo
que me bebe
muerde esta vida
que me corre sin freno
reparte tus dedos
en la plenitud de mi tacto
La lumbre de mi lento atardecer
será faro de recios brazos
en las arrugas de tu aliento
548
Dina Posada
Climaterio
Pronto se romperá la cadencia
que sostienen mis días lunares
encanecerán mis venas
mi talle tendrá voz
de verano acabado
cálidos destellos
llevarán el paso a mis horas
—no agobies el gesto
mi universo rebasa
los límites de mi cuerpo—
Despéñate en el tiempo
que me bebe
muerde esta vida
que me corre sin freno
reparte tus dedos
en la plenitud de mi tacto
La lumbre de mi lento atardecer
será faro de recios brazos
en las arrugas de tu aliento
que sostienen mis días lunares
encanecerán mis venas
mi talle tendrá voz
de verano acabado
cálidos destellos
llevarán el paso a mis horas
—no agobies el gesto
mi universo rebasa
los límites de mi cuerpo—
Despéñate en el tiempo
que me bebe
muerde esta vida
que me corre sin freno
reparte tus dedos
en la plenitud de mi tacto
La lumbre de mi lento atardecer
será faro de recios brazos
en las arrugas de tu aliento
548
Dina Posada
Orgasmo I
Nerviosa la hora parpadea
ante el tiempo que se ahorca
me rodea me cava me lame
una dicha sin tamaño ni fondo
mis dedos agonizando
en tus costados
se pierden con el mundo
en un suspiro
ante el tiempo que se ahorca
me rodea me cava me lame
una dicha sin tamaño ni fondo
mis dedos agonizando
en tus costados
se pierden con el mundo
en un suspiro
791
Dina Posada
Lunas De Sangre
El tiempo crucifica
el callado río de mi infancia
de la herida descienden
azoradas lunas fecundas
que a compás de pausas
devastarán el rosa de mi vientre
lo advierte mi vulva
conjugando leyes fulminantes
en todo mi cuerpo
el callado río de mi infancia
de la herida descienden
azoradas lunas fecundas
que a compás de pausas
devastarán el rosa de mi vientre
lo advierte mi vulva
conjugando leyes fulminantes
en todo mi cuerpo
585
Dina Posada
Beso Iii
Caótico preludio
quemando voces
opacando voluntades
a la vez que dos lenguas en pacto
remueven hondo combate
quemando voces
opacando voluntades
a la vez que dos lenguas en pacto
remueven hondo combate
617
Dina Posada
Exploradoras
Tus manos
siempre encuentran en mi piel
una senda inexplorada
para zarpar con rabiosa gana
a la apetecida boca
del relámpago carnal
tus manos
saben evadir la rutina
cuando las pienso
se humedece mi memoria
e impaciente las aguardo
siempre encuentran en mi piel
una senda inexplorada
para zarpar con rabiosa gana
a la apetecida boca
del relámpago carnal
tus manos
saben evadir la rutina
cuando las pienso
se humedece mi memoria
e impaciente las aguardo
577
Dina Posada
Cinta Abismal
Es tu lengua
acierto de vigilia
dejándose llevar
por el lascivo
inquieto
travieso
viento moreno
de mis muslos
Hebra de agua tibia
descubriendo
mis pechos despiertos
piruetea con la gana
que el espejo refleja
en una marejada
de pulsos agitados
Lápiz de filo diligente
perfilando mi abertura
que se explaya
enardece
y grita
soltando su vena
salpicando los sentidos
Voluntad de labios
sometiendo
labios a su voluntad
Anzuelo que pesca
sujeta
y
vuela
con mi carne
al punto preciso
donde el resuello
dice
que termina
y
la quietud
clama
por nacer
acierto de vigilia
dejándose llevar
por el lascivo
inquieto
travieso
viento moreno
de mis muslos
Hebra de agua tibia
descubriendo
mis pechos despiertos
piruetea con la gana
que el espejo refleja
en una marejada
de pulsos agitados
Lápiz de filo diligente
perfilando mi abertura
que se explaya
enardece
y grita
soltando su vena
salpicando los sentidos
Voluntad de labios
sometiendo
labios a su voluntad
Anzuelo que pesca
sujeta
y
vuela
con mi carne
al punto preciso
donde el resuello
dice
que termina
y
la quietud
clama
por nacer
588
Dulce María Loynaz
Lección Decimoquinta Desmodus Rufus (murciélago Común)
Recortado del raso con que forran
las cajas de los muertos;
gustador de óleos místicos
y sangre de corderos.
Tú sabes los caminos de la noche
y en tu menudo cuerpo
caben dos glorias que jamás se unen
en otro ser: alas y pecho.
las cajas de los muertos;
gustador de óleos místicos
y sangre de corderos.
Tú sabes los caminos de la noche
y en tu menudo cuerpo
caben dos glorias que jamás se unen
en otro ser: alas y pecho.
982
Dulce María Loynaz
Lección Primera Tegernaria Doméstica (araña Común)
La Araña gris de tiempo y de distancia
tiende su red al mar quieto del aire,
pescadora de moscas y tristezas
cotidianas...
Sabe que el amor tiene
un solo precio que se paga
pronto o tarde: la Muerte.
Y Amor y Muerte con sus hilos ata...
tiende su red al mar quieto del aire,
pescadora de moscas y tristezas
cotidianas...
Sabe que el amor tiene
un solo precio que se paga
pronto o tarde: la Muerte.
Y Amor y Muerte con sus hilos ata...
841
Dulce María Loynaz
La Hija Pródiga
¿Qué me queda por dar, dada mi vida?
Si semilla, aventada a otro surco,
si linfa, derramada en todo suelo,
si llama, en todo tenebrario ardida.
¿Qué me queda por dar, dada mi muerte
también? En cada sueño, en cada día;
mi muerte vertical, mi sorda muerte
que nadie me la sabe todavía.
¡Que me queda por dar, si por dar doy
—y porque es cosa mía, y desde ahora
si Dios no me sujeta o no me corta
las manos torpes — mi resurrección...!
Si semilla, aventada a otro surco,
si linfa, derramada en todo suelo,
si llama, en todo tenebrario ardida.
¿Qué me queda por dar, dada mi muerte
también? En cada sueño, en cada día;
mi muerte vertical, mi sorda muerte
que nadie me la sabe todavía.
¡Que me queda por dar, si por dar doy
—y porque es cosa mía, y desde ahora
si Dios no me sujeta o no me corta
las manos torpes — mi resurrección...!
952
Dulce María Loynaz
La Hija Pródiga
¿Qué me queda por dar, dada mi vida?
Si semilla, aventada a otro surco,
si linfa, derramada en todo suelo,
si llama, en todo tenebrario ardida.
¿Qué me queda por dar, dada mi muerte
también? En cada sueño, en cada día;
mi muerte vertical, mi sorda muerte
que nadie me la sabe todavía.
¡Que me queda por dar, si por dar doy
—y porque es cosa mía, y desde ahora
si Dios no me sujeta o no me corta
las manos torpes — mi resurrección...!
Si semilla, aventada a otro surco,
si linfa, derramada en todo suelo,
si llama, en todo tenebrario ardida.
¿Qué me queda por dar, dada mi muerte
también? En cada sueño, en cada día;
mi muerte vertical, mi sorda muerte
que nadie me la sabe todavía.
¡Que me queda por dar, si por dar doy
—y porque es cosa mía, y desde ahora
si Dios no me sujeta o no me corta
las manos torpes — mi resurrección...!
952
Dulce María Loynaz
La Hija Pródiga
¿Qué me queda por dar, dada mi vida?
Si semilla, aventada a otro surco,
si linfa, derramada en todo suelo,
si llama, en todo tenebrario ardida.
¿Qué me queda por dar, dada mi muerte
también? En cada sueño, en cada día;
mi muerte vertical, mi sorda muerte
que nadie me la sabe todavía.
¡Que me queda por dar, si por dar doy
—y porque es cosa mía, y desde ahora
si Dios no me sujeta o no me corta
las manos torpes — mi resurrección...!
Si semilla, aventada a otro surco,
si linfa, derramada en todo suelo,
si llama, en todo tenebrario ardida.
¿Qué me queda por dar, dada mi muerte
también? En cada sueño, en cada día;
mi muerte vertical, mi sorda muerte
que nadie me la sabe todavía.
¡Que me queda por dar, si por dar doy
—y porque es cosa mía, y desde ahora
si Dios no me sujeta o no me corta
las manos torpes — mi resurrección...!
952
Dulce María Loynaz
El Espejo
Este espejo colgado a la pared,
donde a veces me miro de pasada...
es un estanque muerto que han traído
a la casa.
Cadáver de un estanque es el espejo:
Agua inmóvil y rígida que guarda
dentro de ella colores todavía,
remembranzas
de sol, de sombra... —filos de horizontes
movibles, de la vida que arde y pasa
en derredor y vuelve y no se quema
nunca... —Vaga
reminiscencia que cuajó en el vidrio
y no puede volverse a la lejana
tierra donde arrancaron el estanque,
aún blancas
de luna y de jazmín, aún temblorosas
de lluvias y de pájaros, sus aguas...
Esta es agua amansada por la muerte:
Es fantasma
de un agua viva que brillara un día,
libre en el mundo, tibia, soleada...
¡Abierta al viento alegre que la hacía
bailar...! No baila
más el agua; no copiará los soles
de cada día. Apenas si la alcanza
el rayo mustio que se filtra por
la ventana.
¿En qué frío te helaron tanto tiempo
estanque vertical, que no derramas
tu chorro por la alfombra, que no vuelcas
en la sala
tus paisajes remotos y tu luz
espectral? Agua gris cristalizada,
espejo mío donde algunas veces
tan lejana
me vi, que tuve miedo de quedarme
allí dentro por siempre...Despegada
de mí misma, perdida en ese légamo
de ceniza de estrellas apagadas...
donde a veces me miro de pasada...
es un estanque muerto que han traído
a la casa.
Cadáver de un estanque es el espejo:
Agua inmóvil y rígida que guarda
dentro de ella colores todavía,
remembranzas
de sol, de sombra... —filos de horizontes
movibles, de la vida que arde y pasa
en derredor y vuelve y no se quema
nunca... —Vaga
reminiscencia que cuajó en el vidrio
y no puede volverse a la lejana
tierra donde arrancaron el estanque,
aún blancas
de luna y de jazmín, aún temblorosas
de lluvias y de pájaros, sus aguas...
Esta es agua amansada por la muerte:
Es fantasma
de un agua viva que brillara un día,
libre en el mundo, tibia, soleada...
¡Abierta al viento alegre que la hacía
bailar...! No baila
más el agua; no copiará los soles
de cada día. Apenas si la alcanza
el rayo mustio que se filtra por
la ventana.
¿En qué frío te helaron tanto tiempo
estanque vertical, que no derramas
tu chorro por la alfombra, que no vuelcas
en la sala
tus paisajes remotos y tu luz
espectral? Agua gris cristalizada,
espejo mío donde algunas veces
tan lejana
me vi, que tuve miedo de quedarme
allí dentro por siempre...Despegada
de mí misma, perdida en ese légamo
de ceniza de estrellas apagadas...
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