Poemas en este tema
Sociedad y el Mundo
Rubén Darío
Canto A La Argentina
Talle de vals es de Viena,
ojo morisco es de España,
crespa y espesa pestaña
es de latina sirena;
de Britania será esa piel
cual la de la pulpa del lis
y que se sonrosa en el
rostro angélico de la miss;
esa ondulante elegancia
es de la estelar París,
y esa luminosa fragancia
de las entrañas del país.
Concentración de hechizos varios,
mezcla de esencias y vigores,
nórdico oro, mármoles patios,
algo de la perla y del lirio,
música plástica, visión
del más encantador martirio,
voluptuosidad, ilusión,
placidez que todo mitiga,
o pasión que todo lo arrolla,
leona amante o dulce enemiga,
tal la triunfante Venus criolla.
ojo morisco es de España,
crespa y espesa pestaña
es de latina sirena;
de Britania será esa piel
cual la de la pulpa del lis
y que se sonrosa en el
rostro angélico de la miss;
esa ondulante elegancia
es de la estelar París,
y esa luminosa fragancia
de las entrañas del país.
Concentración de hechizos varios,
mezcla de esencias y vigores,
nórdico oro, mármoles patios,
algo de la perla y del lirio,
música plástica, visión
del más encantador martirio,
voluptuosidad, ilusión,
placidez que todo mitiga,
o pasión que todo lo arrolla,
leona amante o dulce enemiga,
tal la triunfante Venus criolla.
606
Rubén Darío
Canto A La Argentina
¡Oh, Sol! ¡Oh, padre teogénico!
¡Sol simbólico que irradias
en el pabellón! Salomónico
y helénico, lumbre de Arcadias,
mítico, incásico, mágico!
¡Foibos, triunfante en el trágico
vencimiento de las sombras;
Tabú y Tótem del abismo!
¡Oh, Sol! que inspiras y asombras,
que perdure tu portento
que el orbe todo ilumina
tal como en el firmamento
desde la enseña argentina.
Y con la lluvia sagrada
y con el aire propicio,
brinda a la tierra labrada
en el rural ejercicio
plurales savias y fragancias
y el dón de matriz y de ubre
que de cosechas pingües cubre
los edenes de las estancias.
Ilumina el advenimiento
del creciente pensamiento
que crea el caudal en la banca,
o en el taller la estatua blanca
que decora el monumento.
Al lírico que el verso arranca
del corazón del instrumento.
A los que un Píndaro diera,
por los olímpicos juegos,
por el salto, por la carrera
la oda cara a los griegos,
que se cerniría sonora
sobre el aquilino aeroplano
que es grifo, pegaso y quimera;
sobre el remero que evoca
haciendo volar la prora
los de la pristina galera;
sobre los que en lucha loca
disputan la elástica esfera;
sobre las sudorosas frentes
de los sanos adolescentes.
Ilumina el casco griego
que cubre la cabeza altiva
de los combatientes del fuego;
vierte tu luz genitiva
sobre las mil procesiones
que arbolan sus estandartes
y cantan en sus canciones
la paz, la dicha y las artes.
Van los magistrados egregios,
van las espadas relumbrosas,
van las pompas y lujos regios,
van las niñas de los colegios
como lirios y como rosas.
¡Sonad, oh claros clarines,
sonad tambores guerreros,
en el milagroso escenario;
los nombres de los paladines,
nombres oros, nombres aceros,
se oyen en vuestros sones fieros
en la fiesta del Centenario!
Viento de amor en la floresta
cívica pasa. Es la fiesta
de las guirnaldas de fe,
de los ramos de esperanza,
de los mirtos de amor y de
los olivos de bonanza.
Hojas de roble, hojas de hiedra,
para el fundador de ciudades,
que puso la primera piedra,
que unificó las voluntades,
que dedicara las vigilias,
que consagrara los dineros,
al colmenar de los obreros
y a los nidos de las familias.
¡Sol simbólico que irradias
en el pabellón! Salomónico
y helénico, lumbre de Arcadias,
mítico, incásico, mágico!
¡Foibos, triunfante en el trágico
vencimiento de las sombras;
Tabú y Tótem del abismo!
¡Oh, Sol! que inspiras y asombras,
que perdure tu portento
que el orbe todo ilumina
tal como en el firmamento
desde la enseña argentina.
Y con la lluvia sagrada
y con el aire propicio,
brinda a la tierra labrada
en el rural ejercicio
plurales savias y fragancias
y el dón de matriz y de ubre
que de cosechas pingües cubre
los edenes de las estancias.
Ilumina el advenimiento
del creciente pensamiento
que crea el caudal en la banca,
o en el taller la estatua blanca
que decora el monumento.
Al lírico que el verso arranca
del corazón del instrumento.
A los que un Píndaro diera,
por los olímpicos juegos,
por el salto, por la carrera
la oda cara a los griegos,
que se cerniría sonora
sobre el aquilino aeroplano
que es grifo, pegaso y quimera;
sobre el remero que evoca
haciendo volar la prora
los de la pristina galera;
sobre los que en lucha loca
disputan la elástica esfera;
sobre las sudorosas frentes
de los sanos adolescentes.
Ilumina el casco griego
que cubre la cabeza altiva
de los combatientes del fuego;
vierte tu luz genitiva
sobre las mil procesiones
que arbolan sus estandartes
y cantan en sus canciones
la paz, la dicha y las artes.
Van los magistrados egregios,
van las espadas relumbrosas,
van las pompas y lujos regios,
van las niñas de los colegios
como lirios y como rosas.
¡Sonad, oh claros clarines,
sonad tambores guerreros,
en el milagroso escenario;
los nombres de los paladines,
nombres oros, nombres aceros,
se oyen en vuestros sones fieros
en la fiesta del Centenario!
Viento de amor en la floresta
cívica pasa. Es la fiesta
de las guirnaldas de fe,
de los ramos de esperanza,
de los mirtos de amor y de
los olivos de bonanza.
Hojas de roble, hojas de hiedra,
para el fundador de ciudades,
que puso la primera piedra,
que unificó las voluntades,
que dedicara las vigilias,
que consagrara los dineros,
al colmenar de los obreros
y a los nidos de las familias.
692
Rubén Darío
Canto A La Argentina
¡Oh, Sol! ¡Oh, padre teogénico!
¡Sol simbólico que irradias
en el pabellón! Salomónico
y helénico, lumbre de Arcadias,
mítico, incásico, mágico!
¡Foibos, triunfante en el trágico
vencimiento de las sombras;
Tabú y Tótem del abismo!
¡Oh, Sol! que inspiras y asombras,
que perdure tu portento
que el orbe todo ilumina
tal como en el firmamento
desde la enseña argentina.
Y con la lluvia sagrada
y con el aire propicio,
brinda a la tierra labrada
en el rural ejercicio
plurales savias y fragancias
y el dón de matriz y de ubre
que de cosechas pingües cubre
los edenes de las estancias.
Ilumina el advenimiento
del creciente pensamiento
que crea el caudal en la banca,
o en el taller la estatua blanca
que decora el monumento.
Al lírico que el verso arranca
del corazón del instrumento.
A los que un Píndaro diera,
por los olímpicos juegos,
por el salto, por la carrera
la oda cara a los griegos,
que se cerniría sonora
sobre el aquilino aeroplano
que es grifo, pegaso y quimera;
sobre el remero que evoca
haciendo volar la prora
los de la pristina galera;
sobre los que en lucha loca
disputan la elástica esfera;
sobre las sudorosas frentes
de los sanos adolescentes.
Ilumina el casco griego
que cubre la cabeza altiva
de los combatientes del fuego;
vierte tu luz genitiva
sobre las mil procesiones
que arbolan sus estandartes
y cantan en sus canciones
la paz, la dicha y las artes.
Van los magistrados egregios,
van las espadas relumbrosas,
van las pompas y lujos regios,
van las niñas de los colegios
como lirios y como rosas.
¡Sonad, oh claros clarines,
sonad tambores guerreros,
en el milagroso escenario;
los nombres de los paladines,
nombres oros, nombres aceros,
se oyen en vuestros sones fieros
en la fiesta del Centenario!
Viento de amor en la floresta
cívica pasa. Es la fiesta
de las guirnaldas de fe,
de los ramos de esperanza,
de los mirtos de amor y de
los olivos de bonanza.
Hojas de roble, hojas de hiedra,
para el fundador de ciudades,
que puso la primera piedra,
que unificó las voluntades,
que dedicara las vigilias,
que consagrara los dineros,
al colmenar de los obreros
y a los nidos de las familias.
¡Sol simbólico que irradias
en el pabellón! Salomónico
y helénico, lumbre de Arcadias,
mítico, incásico, mágico!
¡Foibos, triunfante en el trágico
vencimiento de las sombras;
Tabú y Tótem del abismo!
¡Oh, Sol! que inspiras y asombras,
que perdure tu portento
que el orbe todo ilumina
tal como en el firmamento
desde la enseña argentina.
Y con la lluvia sagrada
y con el aire propicio,
brinda a la tierra labrada
en el rural ejercicio
plurales savias y fragancias
y el dón de matriz y de ubre
que de cosechas pingües cubre
los edenes de las estancias.
Ilumina el advenimiento
del creciente pensamiento
que crea el caudal en la banca,
o en el taller la estatua blanca
que decora el monumento.
Al lírico que el verso arranca
del corazón del instrumento.
A los que un Píndaro diera,
por los olímpicos juegos,
por el salto, por la carrera
la oda cara a los griegos,
que se cerniría sonora
sobre el aquilino aeroplano
que es grifo, pegaso y quimera;
sobre el remero que evoca
haciendo volar la prora
los de la pristina galera;
sobre los que en lucha loca
disputan la elástica esfera;
sobre las sudorosas frentes
de los sanos adolescentes.
Ilumina el casco griego
que cubre la cabeza altiva
de los combatientes del fuego;
vierte tu luz genitiva
sobre las mil procesiones
que arbolan sus estandartes
y cantan en sus canciones
la paz, la dicha y las artes.
Van los magistrados egregios,
van las espadas relumbrosas,
van las pompas y lujos regios,
van las niñas de los colegios
como lirios y como rosas.
¡Sonad, oh claros clarines,
sonad tambores guerreros,
en el milagroso escenario;
los nombres de los paladines,
nombres oros, nombres aceros,
se oyen en vuestros sones fieros
en la fiesta del Centenario!
Viento de amor en la floresta
cívica pasa. Es la fiesta
de las guirnaldas de fe,
de los ramos de esperanza,
de los mirtos de amor y de
los olivos de bonanza.
Hojas de roble, hojas de hiedra,
para el fundador de ciudades,
que puso la primera piedra,
que unificó las voluntades,
que dedicara las vigilias,
que consagrara los dineros,
al colmenar de los obreros
y a los nidos de las familias.
692
Rubén Darío
Canto A La Argentina
Conspicuas guirnaldas de gloria
a aquellos antiguos que hacen
de bronce y de mármol la historia.
Hoy los abuelos renacen
en la floración de los nietos.
Por sublimes amuletos
lo antes soñado ahora existe,
y la Argentina reviste
su presente manto suntuario
y piensa en los brillos futuros
en la fiesta del Centenario.
Ahora es cuando los videntes
de los porvenires obscuros
miran las estrellas polares,
e interpretando los orientes
cantan cármenes seculares.
Hoy los cuatro caballos sacros
las fogosas narices hinchan,
como en versos y simulacros,
huellan nubes, al sol relinchan,
y a un más allá se encaminan
marcando el cielo de huellas;
mientras otros astros declinan
ellos van entre las estrellas
por obra de la ley eterna
que el ritmo del orbe gobierna.
Ante la cuadriga que crina
de orgullos de olimpo su llama,
voz de augurio animador clama:
¡Hay en la tierra una Argentina!
a aquellos antiguos que hacen
de bronce y de mármol la historia.
Hoy los abuelos renacen
en la floración de los nietos.
Por sublimes amuletos
lo antes soñado ahora existe,
y la Argentina reviste
su presente manto suntuario
y piensa en los brillos futuros
en la fiesta del Centenario.
Ahora es cuando los videntes
de los porvenires obscuros
miran las estrellas polares,
e interpretando los orientes
cantan cármenes seculares.
Hoy los cuatro caballos sacros
las fogosas narices hinchan,
como en versos y simulacros,
huellan nubes, al sol relinchan,
y a un más allá se encaminan
marcando el cielo de huellas;
mientras otros astros declinan
ellos van entre las estrellas
por obra de la ley eterna
que el ritmo del orbe gobierna.
Ante la cuadriga que crina
de orgullos de olimpo su llama,
voz de augurio animador clama:
¡Hay en la tierra una Argentina!
670
Rubén Darío
Canto A La Argentina
Héroes de la guerra gaucha,
lanceros, infantes, soldados
todos, héroes mil consagrados,
centauros de fábula cierta,
sacrificados del terruño,
granaderos el rayo al puño,
locos de gloria, ¡despierta
al sol la mente! La Fama
a todos ilustres proclama,
sus hechos ínclitos nombra,
constela con ellos la sombra
y forma un halo en el azur,
a la dantesca Cruz del Sur.
Así la sideral retórica
de las odas y de las águilas
va en sublimes hipérboles
a ofrendar sus rítmicos dones
al gran Dios de las naciones.
¡Por todo, el himno! La expresión
del colosal corazón
de esa patria palpitante:
la nieve de la cordillera
y el azul forman la bandera
que sostiene un brazo de Atlante.
La Argentina de fuertes pechos
confía en su seno fecundo
y ofrece hogares y derechos
a los ciudadanos del mundo.
lanceros, infantes, soldados
todos, héroes mil consagrados,
centauros de fábula cierta,
sacrificados del terruño,
granaderos el rayo al puño,
locos de gloria, ¡despierta
al sol la mente! La Fama
a todos ilustres proclama,
sus hechos ínclitos nombra,
constela con ellos la sombra
y forma un halo en el azur,
a la dantesca Cruz del Sur.
Así la sideral retórica
de las odas y de las águilas
va en sublimes hipérboles
a ofrendar sus rítmicos dones
al gran Dios de las naciones.
¡Por todo, el himno! La expresión
del colosal corazón
de esa patria palpitante:
la nieve de la cordillera
y el azul forman la bandera
que sostiene un brazo de Atlante.
La Argentina de fuertes pechos
confía en su seno fecundo
y ofrece hogares y derechos
a los ciudadanos del mundo.
698
Rubén Darío
Canto A La Argentina
Héroes de la guerra gaucha,
lanceros, infantes, soldados
todos, héroes mil consagrados,
centauros de fábula cierta,
sacrificados del terruño,
granaderos el rayo al puño,
locos de gloria, ¡despierta
al sol la mente! La Fama
a todos ilustres proclama,
sus hechos ínclitos nombra,
constela con ellos la sombra
y forma un halo en el azur,
a la dantesca Cruz del Sur.
Así la sideral retórica
de las odas y de las águilas
va en sublimes hipérboles
a ofrendar sus rítmicos dones
al gran Dios de las naciones.
¡Por todo, el himno! La expresión
del colosal corazón
de esa patria palpitante:
la nieve de la cordillera
y el azul forman la bandera
que sostiene un brazo de Atlante.
La Argentina de fuertes pechos
confía en su seno fecundo
y ofrece hogares y derechos
a los ciudadanos del mundo.
lanceros, infantes, soldados
todos, héroes mil consagrados,
centauros de fábula cierta,
sacrificados del terruño,
granaderos el rayo al puño,
locos de gloria, ¡despierta
al sol la mente! La Fama
a todos ilustres proclama,
sus hechos ínclitos nombra,
constela con ellos la sombra
y forma un halo en el azur,
a la dantesca Cruz del Sur.
Así la sideral retórica
de las odas y de las águilas
va en sublimes hipérboles
a ofrendar sus rítmicos dones
al gran Dios de las naciones.
¡Por todo, el himno! La expresión
del colosal corazón
de esa patria palpitante:
la nieve de la cordillera
y el azul forman la bandera
que sostiene un brazo de Atlante.
La Argentina de fuertes pechos
confía en su seno fecundo
y ofrece hogares y derechos
a los ciudadanos del mundo.
698
Rubén Darío
Canto A La Argentina
¡El himno, nobles ancianos!
¡El himno, varones robustos!
Pueriles coros escolares,
¡el himno! Llevad en las manos
palmas, coronad los bustos
de los patricios; a millares
dad flores a los monumentos.
El himno en los instrumentos
de armónicas bandas bélicas
que animan las fiestas pacíficas.
El himno en las bocas angélicas
de las gallardas mujeres,
de las matronas prolíficas,
de las parecidas a Ceres,
de las a Diana asemejadas,
las esposas y las amadas.
El himno en la egregia ciudad
y en el inmenso imperio agrario
anuncie el victorioso día,
y vierta su sonoridad
como una copa de armonía
en la fiesta del Centenario.
¡El himno, varones robustos!
Pueriles coros escolares,
¡el himno! Llevad en las manos
palmas, coronad los bustos
de los patricios; a millares
dad flores a los monumentos.
El himno en los instrumentos
de armónicas bandas bélicas
que animan las fiestas pacíficas.
El himno en las bocas angélicas
de las gallardas mujeres,
de las matronas prolíficas,
de las parecidas a Ceres,
de las a Diana asemejadas,
las esposas y las amadas.
El himno en la egregia ciudad
y en el inmenso imperio agrario
anuncie el victorioso día,
y vierta su sonoridad
como una copa de armonía
en la fiesta del Centenario.
659
Rubén Darío
Canto A La Argentina
¡El himno, nobles ancianos!
¡El himno, varones robustos!
Pueriles coros escolares,
¡el himno! Llevad en las manos
palmas, coronad los bustos
de los patricios; a millares
dad flores a los monumentos.
El himno en los instrumentos
de armónicas bandas bélicas
que animan las fiestas pacíficas.
El himno en las bocas angélicas
de las gallardas mujeres,
de las matronas prolíficas,
de las parecidas a Ceres,
de las a Diana asemejadas,
las esposas y las amadas.
El himno en la egregia ciudad
y en el inmenso imperio agrario
anuncie el victorioso día,
y vierta su sonoridad
como una copa de armonía
en la fiesta del Centenario.
¡El himno, varones robustos!
Pueriles coros escolares,
¡el himno! Llevad en las manos
palmas, coronad los bustos
de los patricios; a millares
dad flores a los monumentos.
El himno en los instrumentos
de armónicas bandas bélicas
que animan las fiestas pacíficas.
El himno en las bocas angélicas
de las gallardas mujeres,
de las matronas prolíficas,
de las parecidas a Ceres,
de las a Diana asemejadas,
las esposas y las amadas.
El himno en la egregia ciudad
y en el inmenso imperio agrario
anuncie el victorioso día,
y vierta su sonoridad
como una copa de armonía
en la fiesta del Centenario.
659
Rubén Darío
Canto A La Argentina
Saludemos las sombras épicas
de los hispanos capitanes,
de los orgullosos virreyes,
de América en los huracanes
águilas bravas de las gestas
o gerifaltes de los reyes;
duros pechos, barbadas testas
y fina espada de Toledo:
capellán, soldado sin miedo,
don Nuño, don Pedro, don Gil,
crucifijo, cogulla, estola,
marinero, alcalde, alguacil,
tricornio, casaca y pistola,
¡y la vieja vida española!
de los hispanos capitanes,
de los orgullosos virreyes,
de América en los huracanes
águilas bravas de las gestas
o gerifaltes de los reyes;
duros pechos, barbadas testas
y fina espada de Toledo:
capellán, soldado sin miedo,
don Nuño, don Pedro, don Gil,
crucifijo, cogulla, estola,
marinero, alcalde, alguacil,
tricornio, casaca y pistola,
¡y la vieja vida española!
628
Rubén Darío
Canto A La Argentina
¡Que vuestro himno soberbio vibre,
hombres libres en tierra libre!
Nietos de los conquistadores,
renovada sangre de España,
transfundida sangre de Italia,
o de Germania o de Vasconia,
o venidos de la entraña
de Francia, o de la Gran Bretaña,
vida de la Policolonia,
savia de la patria presente,
de la nueva Europa que augura
más grande Argentina futura.
¡Salud, patria, que eres también mía,
puesto que eres de la humanidad:
salud, en nombre de la Poesía,
salud en nombre de la Libertad!
hombres libres en tierra libre!
Nietos de los conquistadores,
renovada sangre de España,
transfundida sangre de Italia,
o de Germania o de Vasconia,
o venidos de la entraña
de Francia, o de la Gran Bretaña,
vida de la Policolonia,
savia de la patria presente,
de la nueva Europa que augura
más grande Argentina futura.
¡Salud, patria, que eres también mía,
puesto que eres de la humanidad:
salud, en nombre de la Poesía,
salud en nombre de la Libertad!
674
Rubén Darío
Canto A La Argentina
¡Que vuestro himno soberbio vibre,
hombres libres en tierra libre!
Nietos de los conquistadores,
renovada sangre de España,
transfundida sangre de Italia,
o de Germania o de Vasconia,
o venidos de la entraña
de Francia, o de la Gran Bretaña,
vida de la Policolonia,
savia de la patria presente,
de la nueva Europa que augura
más grande Argentina futura.
¡Salud, patria, que eres también mía,
puesto que eres de la humanidad:
salud, en nombre de la Poesía,
salud en nombre de la Libertad!
hombres libres en tierra libre!
Nietos de los conquistadores,
renovada sangre de España,
transfundida sangre de Italia,
o de Germania o de Vasconia,
o venidos de la entraña
de Francia, o de la Gran Bretaña,
vida de la Policolonia,
savia de la patria presente,
de la nueva Europa que augura
más grande Argentina futura.
¡Salud, patria, que eres también mía,
puesto que eres de la humanidad:
salud, en nombre de la Poesía,
salud en nombre de la Libertad!
674
Rubén Darío
Canto A La Argentina
Tráfagos, fuerzas urbanas,
trajín de hierro y fragores,
veloz, acerado hipógrifo,
rosales eléctricos, flores
miliunanochescas, pompas
babilónicas, timbres, trompas,
paso de ruedas y yuntas,
voz de domésticos pianos,
hondos rumores humanos,
clamor de voces conjuntas,
pregón, llamada, todo vibra,
pulsación de una tensa fibra,
sensación de un foco vital,
como el latir del corazón
o como la respiración
del pecho de la capital.
trajín de hierro y fragores,
veloz, acerado hipógrifo,
rosales eléctricos, flores
miliunanochescas, pompas
babilónicas, timbres, trompas,
paso de ruedas y yuntas,
voz de domésticos pianos,
hondos rumores humanos,
clamor de voces conjuntas,
pregón, llamada, todo vibra,
pulsación de una tensa fibra,
sensación de un foco vital,
como el latir del corazón
o como la respiración
del pecho de la capital.
640
Rubén Darío
Canto A La Argentina
Se erizaron de chimeneas
los docks; a los puertos flamantes
llegaron músculos e ideas
que enviaban los pueblos distantes.
Se rasparon viejas carcomas,
se redujeron a pedazos
falsos ídolos, armas romas,
e impusieron sus firmes lazos
la fraternidad de los brazos,
la transmisión de los idiomas.
Para dar las gracias a Dios
guarda la ciudad liberal
las naves de su catedral.
Y se verán construidos los
muros de las iglesias todas,
todas igualmente benditas,
las sinagogas, las mezquitas,
las capillas y las pagodas.
Y en la floración eclesiástica,
los que buscan luz en la sombra,
por la media luna o la suástica,
o por la tora, o por la cruz,
irán al Dios que no se nombra
y hallarán en la sombra luz.
los docks; a los puertos flamantes
llegaron músculos e ideas
que enviaban los pueblos distantes.
Se rasparon viejas carcomas,
se redujeron a pedazos
falsos ídolos, armas romas,
e impusieron sus firmes lazos
la fraternidad de los brazos,
la transmisión de los idiomas.
Para dar las gracias a Dios
guarda la ciudad liberal
las naves de su catedral.
Y se verán construidos los
muros de las iglesias todas,
todas igualmente benditas,
las sinagogas, las mezquitas,
las capillas y las pagodas.
Y en la floración eclesiástica,
los que buscan luz en la sombra,
por la media luna o la suástica,
o por la tora, o por la cruz,
irán al Dios que no se nombra
y hallarán en la sombra luz.
616
Rubén Darío
Canto A La Argentina
Se erizaron de chimeneas
los docks; a los puertos flamantes
llegaron músculos e ideas
que enviaban los pueblos distantes.
Se rasparon viejas carcomas,
se redujeron a pedazos
falsos ídolos, armas romas,
e impusieron sus firmes lazos
la fraternidad de los brazos,
la transmisión de los idiomas.
Para dar las gracias a Dios
guarda la ciudad liberal
las naves de su catedral.
Y se verán construidos los
muros de las iglesias todas,
todas igualmente benditas,
las sinagogas, las mezquitas,
las capillas y las pagodas.
Y en la floración eclesiástica,
los que buscan luz en la sombra,
por la media luna o la suástica,
o por la tora, o por la cruz,
irán al Dios que no se nombra
y hallarán en la sombra luz.
los docks; a los puertos flamantes
llegaron músculos e ideas
que enviaban los pueblos distantes.
Se rasparon viejas carcomas,
se redujeron a pedazos
falsos ídolos, armas romas,
e impusieron sus firmes lazos
la fraternidad de los brazos,
la transmisión de los idiomas.
Para dar las gracias a Dios
guarda la ciudad liberal
las naves de su catedral.
Y se verán construidos los
muros de las iglesias todas,
todas igualmente benditas,
las sinagogas, las mezquitas,
las capillas y las pagodas.
Y en la floración eclesiástica,
los que buscan luz en la sombra,
por la media luna o la suástica,
o por la tora, o por la cruz,
irán al Dios que no se nombra
y hallarán en la sombra luz.
616
Rubén Darío
Canto A La Argentina
Es la fiesta del Centenario.
El Plata, padre extraordinario,
más que del Tíber y el Sena,
más que del Támesis rubio,
más que del azul Danubio
y que del Ganges indiano,
es el misterioso hermano
del Tigris y Éufrates bíblicos,
pues junto a él han de surgir
los adanes del porvenir.
Cual por llamamientos cíclicos,
Argentina, solar de hermanos,
diste por virtuales leyes
hogar a todos los humanos,
templos a todas las greyes,
cetro a todos los soberanos
que decoran sus propias frentes,
que se coronan por sus manos
con kohinoores y regentes
tallados en sus almas propias,
vertedores de cornucopias,
emperadores de simientes,
césares de la labor,
multiplicadores de pan,
más potentes que Gengis-Khan
y que Nabucodonosor.
El Plata, padre extraordinario,
más que del Tíber y el Sena,
más que del Támesis rubio,
más que del azul Danubio
y que del Ganges indiano,
es el misterioso hermano
del Tigris y Éufrates bíblicos,
pues junto a él han de surgir
los adanes del porvenir.
Cual por llamamientos cíclicos,
Argentina, solar de hermanos,
diste por virtuales leyes
hogar a todos los humanos,
templos a todas las greyes,
cetro a todos los soberanos
que decoran sus propias frentes,
que se coronan por sus manos
con kohinoores y regentes
tallados en sus almas propias,
vertedores de cornucopias,
emperadores de simientes,
césares de la labor,
multiplicadores de pan,
más potentes que Gengis-Khan
y que Nabucodonosor.
608
Rubén Darío
Canto A La Argentina
Es la fiesta del Centenario.
El Plata, padre extraordinario,
más que del Tíber y el Sena,
más que del Támesis rubio,
más que del azul Danubio
y que del Ganges indiano,
es el misterioso hermano
del Tigris y Éufrates bíblicos,
pues junto a él han de surgir
los adanes del porvenir.
Cual por llamamientos cíclicos,
Argentina, solar de hermanos,
diste por virtuales leyes
hogar a todos los humanos,
templos a todas las greyes,
cetro a todos los soberanos
que decoran sus propias frentes,
que se coronan por sus manos
con kohinoores y regentes
tallados en sus almas propias,
vertedores de cornucopias,
emperadores de simientes,
césares de la labor,
multiplicadores de pan,
más potentes que Gengis-Khan
y que Nabucodonosor.
El Plata, padre extraordinario,
más que del Tíber y el Sena,
más que del Támesis rubio,
más que del azul Danubio
y que del Ganges indiano,
es el misterioso hermano
del Tigris y Éufrates bíblicos,
pues junto a él han de surgir
los adanes del porvenir.
Cual por llamamientos cíclicos,
Argentina, solar de hermanos,
diste por virtuales leyes
hogar a todos los humanos,
templos a todas las greyes,
cetro a todos los soberanos
que decoran sus propias frentes,
que se coronan por sus manos
con kohinoores y regentes
tallados en sus almas propias,
vertedores de cornucopias,
emperadores de simientes,
césares de la labor,
multiplicadores de pan,
más potentes que Gengis-Khan
y que Nabucodonosor.
608
Rubén Darío
Canto A La Argentina
¡Buenos Aires! es tu fiesta.
Sentada estás en el solio;
el himno desde la floresta
hasta el colosal Capitolio
tiende sus mil plumas de aurora.
Flora propia te decora,
mirada universal te mira.
En tu homenaje pasar veo
a Mercurio y su caduceo,
al rey Apolo y la lira.
Sentada estás en el solio;
el himno desde la floresta
hasta el colosal Capitolio
tiende sus mil plumas de aurora.
Flora propia te decora,
mirada universal te mira.
En tu homenaje pasar veo
a Mercurio y su caduceo,
al rey Apolo y la lira.
628
Rubén Darío
Canto A La Argentina
Se agita la urbe, se alza
la Metrópoli reina, viste
el regio manto, se calza
de oro, tiarada de azur
yergue la testa imperiosa
de Basilea del Sur;
es la fecunda, la copiosa,
la bizarra, grande entre grandes;
la que el gran Cristo de los Andes
bendice, y saluda de lejos
entre los vívidos reflejos
del lumar que la corona,
la Libertad anglo-sajona.
Saluda a la Urbe argentina
el Garibaldi romano,
cabalgante en su colina,
en nombre de Roma materna,
vestida de su memoria
y como su decoro eterna.
La saluda Londres que empuña
el gran Tridente de acero
por dominar el mar entero.
La saluda Berlín casqueada
y con égida y espada
como una Minerva bélica.
Y Nueva York la babélica,
y Melbourne la oceánica,
y las viejas villas asiáticas,
y presididas por Lutecia,
todas las hermanas latinas
y hermanas por la libertad.
La saluda toda urbe viva
en donde creyente y activa
va al porvenir la humanidad.
la Metrópoli reina, viste
el regio manto, se calza
de oro, tiarada de azur
yergue la testa imperiosa
de Basilea del Sur;
es la fecunda, la copiosa,
la bizarra, grande entre grandes;
la que el gran Cristo de los Andes
bendice, y saluda de lejos
entre los vívidos reflejos
del lumar que la corona,
la Libertad anglo-sajona.
Saluda a la Urbe argentina
el Garibaldi romano,
cabalgante en su colina,
en nombre de Roma materna,
vestida de su memoria
y como su decoro eterna.
La saluda Londres que empuña
el gran Tridente de acero
por dominar el mar entero.
La saluda Berlín casqueada
y con égida y espada
como una Minerva bélica.
Y Nueva York la babélica,
y Melbourne la oceánica,
y las viejas villas asiáticas,
y presididas por Lutecia,
todas las hermanas latinas
y hermanas por la libertad.
La saluda toda urbe viva
en donde creyente y activa
va al porvenir la humanidad.
620
Rubén Darío
Canto A La Argentina
Se agita la urbe, se alza
la Metrópoli reina, viste
el regio manto, se calza
de oro, tiarada de azur
yergue la testa imperiosa
de Basilea del Sur;
es la fecunda, la copiosa,
la bizarra, grande entre grandes;
la que el gran Cristo de los Andes
bendice, y saluda de lejos
entre los vívidos reflejos
del lumar que la corona,
la Libertad anglo-sajona.
Saluda a la Urbe argentina
el Garibaldi romano,
cabalgante en su colina,
en nombre de Roma materna,
vestida de su memoria
y como su decoro eterna.
La saluda Londres que empuña
el gran Tridente de acero
por dominar el mar entero.
La saluda Berlín casqueada
y con égida y espada
como una Minerva bélica.
Y Nueva York la babélica,
y Melbourne la oceánica,
y las viejas villas asiáticas,
y presididas por Lutecia,
todas las hermanas latinas
y hermanas por la libertad.
La saluda toda urbe viva
en donde creyente y activa
va al porvenir la humanidad.
la Metrópoli reina, viste
el regio manto, se calza
de oro, tiarada de azur
yergue la testa imperiosa
de Basilea del Sur;
es la fecunda, la copiosa,
la bizarra, grande entre grandes;
la que el gran Cristo de los Andes
bendice, y saluda de lejos
entre los vívidos reflejos
del lumar que la corona,
la Libertad anglo-sajona.
Saluda a la Urbe argentina
el Garibaldi romano,
cabalgante en su colina,
en nombre de Roma materna,
vestida de su memoria
y como su decoro eterna.
La saluda Londres que empuña
el gran Tridente de acero
por dominar el mar entero.
La saluda Berlín casqueada
y con égida y espada
como una Minerva bélica.
Y Nueva York la babélica,
y Melbourne la oceánica,
y las viejas villas asiáticas,
y presididas por Lutecia,
todas las hermanas latinas
y hermanas por la libertad.
La saluda toda urbe viva
en donde creyente y activa
va al porvenir la humanidad.
620
Rubén Darío
Canto A La Argentina
Se agita la urbe, se alza
la Metrópoli reina, viste
el regio manto, se calza
de oro, tiarada de azur
yergue la testa imperiosa
de Basilea del Sur;
es la fecunda, la copiosa,
la bizarra, grande entre grandes;
la que el gran Cristo de los Andes
bendice, y saluda de lejos
entre los vívidos reflejos
del lumar que la corona,
la Libertad anglo-sajona.
Saluda a la Urbe argentina
el Garibaldi romano,
cabalgante en su colina,
en nombre de Roma materna,
vestida de su memoria
y como su decoro eterna.
La saluda Londres que empuña
el gran Tridente de acero
por dominar el mar entero.
La saluda Berlín casqueada
y con égida y espada
como una Minerva bélica.
Y Nueva York la babélica,
y Melbourne la oceánica,
y las viejas villas asiáticas,
y presididas por Lutecia,
todas las hermanas latinas
y hermanas por la libertad.
La saluda toda urbe viva
en donde creyente y activa
va al porvenir la humanidad.
la Metrópoli reina, viste
el regio manto, se calza
de oro, tiarada de azur
yergue la testa imperiosa
de Basilea del Sur;
es la fecunda, la copiosa,
la bizarra, grande entre grandes;
la que el gran Cristo de los Andes
bendice, y saluda de lejos
entre los vívidos reflejos
del lumar que la corona,
la Libertad anglo-sajona.
Saluda a la Urbe argentina
el Garibaldi romano,
cabalgante en su colina,
en nombre de Roma materna,
vestida de su memoria
y como su decoro eterna.
La saluda Londres que empuña
el gran Tridente de acero
por dominar el mar entero.
La saluda Berlín casqueada
y con égida y espada
como una Minerva bélica.
Y Nueva York la babélica,
y Melbourne la oceánica,
y las viejas villas asiáticas,
y presididas por Lutecia,
todas las hermanas latinas
y hermanas por la libertad.
La saluda toda urbe viva
en donde creyente y activa
va al porvenir la humanidad.
620
Rubén Darío
Canto A La Argentina
¡Argentina! Tu ser no abriga
la riqueza tentacular
que a Europa finesecular
incubó la furia enemiga.
Y si oyes un día explotar
el trágico odio del iluso,
regando ciega desventura,
es que Ananke la bomba puso
en la mano de la Locura.
¡Demeter, tu magia prolífica
del esfuerzo por la bondad
envíe la hostia pacífica
a la boca de la ciudad!
la riqueza tentacular
que a Europa finesecular
incubó la furia enemiga.
Y si oyes un día explotar
el trágico odio del iluso,
regando ciega desventura,
es que Ananke la bomba puso
en la mano de la Locura.
¡Demeter, tu magia prolífica
del esfuerzo por la bondad
envíe la hostia pacífica
a la boca de la ciudad!
623
Rubén Darío
Canto A La Argentina
¡Argentina! Tu ser no abriga
la riqueza tentacular
que a Europa finesecular
incubó la furia enemiga.
Y si oyes un día explotar
el trágico odio del iluso,
regando ciega desventura,
es que Ananke la bomba puso
en la mano de la Locura.
¡Demeter, tu magia prolífica
del esfuerzo por la bondad
envíe la hostia pacífica
a la boca de la ciudad!
la riqueza tentacular
que a Europa finesecular
incubó la furia enemiga.
Y si oyes un día explotar
el trágico odio del iluso,
regando ciega desventura,
es que Ananke la bomba puso
en la mano de la Locura.
¡Demeter, tu magia prolífica
del esfuerzo por la bondad
envíe la hostia pacífica
a la boca de la ciudad!
623
Rubén Darío
Canto A La Argentina
¡Oh, Pampa! ¡Oh, entraña robusta,
mina del oro supremo!
He aquí que se vio la augusta
resurrección de Triptolemo.
En maternal continente
una república ingente
crea el granero del orbe,
y sangre universal absorbe
para dar vida al orbe entero.
De ese inexhausto granero
saldrán las hostias del mañana;
el hambre será, si no vana,
menos multiplicada y fuerte,
y será el paso de la muerte
menos cruel con la especie humana.
mina del oro supremo!
He aquí que se vio la augusta
resurrección de Triptolemo.
En maternal continente
una república ingente
crea el granero del orbe,
y sangre universal absorbe
para dar vida al orbe entero.
De ese inexhausto granero
saldrán las hostias del mañana;
el hambre será, si no vana,
menos multiplicada y fuerte,
y será el paso de la muerte
menos cruel con la especie humana.
596
Rubén Darío
Canto A La Argentina
¡Oh, Pampa! ¡Oh, entraña robusta,
mina del oro supremo!
He aquí que se vio la augusta
resurrección de Triptolemo.
En maternal continente
una república ingente
crea el granero del orbe,
y sangre universal absorbe
para dar vida al orbe entero.
De ese inexhausto granero
saldrán las hostias del mañana;
el hambre será, si no vana,
menos multiplicada y fuerte,
y será el paso de la muerte
menos cruel con la especie humana.
mina del oro supremo!
He aquí que se vio la augusta
resurrección de Triptolemo.
En maternal continente
una república ingente
crea el granero del orbe,
y sangre universal absorbe
para dar vida al orbe entero.
De ese inexhausto granero
saldrán las hostias del mañana;
el hambre será, si no vana,
menos multiplicada y fuerte,
y será el paso de la muerte
menos cruel con la especie humana.
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