Sociedad y el Mundo
Mario Benedetti
Miles De Ojos
felicitación. Para el ex torturador (todavía no se
sentía cómodo con esa partícula: ex) ya no
había peligro. La tan cuestionada ley de amnistía ahora
tenía el aval del voto popular. A las felicitaciones él
había respondido con risas, con murmullos de aprobación,
con entusiasmo, sin escrúpulos. Sin embargo no se sentía
eufórico. Desayunó a solas, como siempre. A pesar de sus
cuarenta, se mantenía soltero. Estaba Eugenia, claro, pero en
una zona siempre provisional. Recogió los diarios que
habían deslizado bajo la puerta, pero se salteó
precisamente aquellas páginas, aparatosamente tituladas, que
analizaban la ahora confirmada amnistía. Sólo se detuvo
en Internacionales y en Deportes. Luego se dedicó a regar las
plantas y el césped del fondo. La recomendación oficial
decía que, hasta nuevo aviso, era imprescindible ahorrar agua
corriente y prohibía especialmente el riego de jardines. Pero
él gozaba de amnistía. Todo le estaba permitido. Si le
habían perdonado torturas, violaciones y muertes, no lo iban a
condenar por un gasto excesivo de agua. Democracia es democracia. El
agua salía con fuerza tal que algunos tallitos, los más
débiles, se inclinaban e incluso hubo uno que se quebró.
Lo apartó con el pie. Así estuvo dos horas. Regaba y
volvía a regar, dos o tres veces las mismas plantas, que ya no
agradecían la lluvia. Cuando sintió en los pies el
frío de las zapatillas húmedas, cerró por fin la
canilla, entró en la casa y se vistió informalmente para
ir al supermercado. Una vez allí, hizo un buen surtido de
bebidas y comestibles hasta llenar prácticamente el carrito y se
puso en la cola de la Caja. Un signo de igualdad y fraternidad,
pensó: aunque estaba amnistiado, de todos modos se resignaba a
hacer la cola. De pronto sintió que una mano fuerte le tomaba el
brazo y experimentó una corriente eléctrica. ¿Como
una picana? No. Simplemente una corriente eléctrica. Se dio
vuelta con rapidez y con cierta violencia y se encontró con un
vecino de rostro amable, un poco sorprendido por la reacción que
había provocado. Disculpe, dijo el señor, sólo
quería avisarle que se le cayó la billetera. Él
sintió que las mejillas le ardían. Emitió un breve
tartamudeo de excusas y agradecimiento y recogió la billetera.
Precisamente en ese momento había llegado su turno, así
que fue colocando sus compras frente a la cajera, pagó, y
metió todo en la bolsa que había traído a esos
efectos. Cuando abandonaba el supermercado, oyó que alguien le
decía, al pasar, enhorabuena, nadie hizo comentario alguno pero
él comprobó que uno de los clientes, un bancario que
pasaba a diario frente a su casa haciendo jogging, levantaba
inequívocamente las cejas. Pensó en los perros de caza,
cuando, al detectar la proximidad de la presa, levantan las orejas.
¿Él sería la presa? Boludeces, muchacho,
boludeces. Estoy amnistiado. Un hombre sin deudas con la sociedad. Todo
lo hice por obediencia debida (con alguna yapa, como es natural), mi
conciencia y yo estamos en paz. Ya en la casa, fue vaciando la bolsa,
metió en la heladera lo que correspondía, y lo
demás en la despensita, sin mayor orden. Mañana, cuando
viniera Antonia a hacer la limpieza, sabría a qué estante
pertenecía cada cosa. Encendió la radio pero sólo
había rock, así que la apagó y se quedó un
buen rato contemplando el techo y sus crecientes manchas de humedad.
Llamar al constructor, anotó mentalmente. Después fue al
dormitorio, se desnudó, se duchó, se vistió de
nuevo pero con ropa de salir, fue al garaje, encendió el motor
del Peugeot, pensó hacer todo el camino por la Rambla pero mejor
no, siempre es más seguro por Bulevar España y Maldonado.
Qué tontería. ¿Más seguro? Vamos, vamos, si
estoy amnistiado. Y rumbeó hacia la Rambla. No había
muchos coches. A la altura del puertito del Buceo, lo pasó un
Mercedes, que de pronto frenó. El conductor le hizo señas
para que se detuviera. Él vaciló. Sólo por una
décima de segundo. El corazón le golpeaba con fuerza. La
Rambla jamás es segura. Fue sólo un instante, pero en ese
destello calculó que, si bien había suficiente distancia
como para esquivar al otro coche y huir, el motor del otro era mucho
más potente y le daría alcance sin problemas. De modo que
se resignó y frenó junto al Mercedes. El otro
asomó una cara sonriente. Lleva la valija abierta, amigo,
¿no se había dado cuenta? No, no se había dado
cuenta, así que dijo gracias, ha sido muy amable, y se
bajó para cerrar la valija. Sin embargo, la valija no estaba
abierta. Todo él se llenó de sospecha y
prevención, pero el Mercedes ya había arrancado y se
había perdido tras la curva. Miró hacia atrás,
hacia el costado, hacia adelante. No había otros coches a la
vista. ¿Podría ser que la valija se cerrara sola?
¿Por qué no? Boludeces, muchacho, boludeces. Pero cuando
volvió a empuñar el volante, dejó abierta la
gaveta donde estaba el revólver y por supuesto no siguió
por la Rambla. Cuando llegó al Centro, y a pesar de que en esa
cuadra había dos sitios libres, no se arriesgó a dejar el
coche en la calle y lo llevó a una playa de estacionamiento.
Recordó que debía comprarse una camisa. Entró en
una tienda y le dijo al vendedor que la quería blanca, de mangas
largas, para vestir. ¿Es para usted? Sí, es para
mí. ¿La quiere con el cuello flojo o más bien
apretado? ¿Cómo apretado, qué quiere decir con
eso? Oh, no lo tome a mal, me parece bien que lo quiera flojo, hoy en
día nadie usa una camisa que lo estrangule. Hoy en día.
Naturalmente. Hoy en día nadie. Estoy amnistiado. Nadie quiere
que lo estrangulen. Ya no se usa. Se llevó la camisa blanca,
para vestir, de mangas largas, y de cuello flojo (39 en vez de 38, que
era su número). Le pareció carísima, pero no
quería llamar la atención, así que pagó con
un gesto de soberbia y a la vez de despreocupación por el
dinero, y empezó a caminar por Dieciocho. Desde un auto,
detenido porque el semáforo estaba en rojo, un desconocido le
gritó: felicidades. ¿Quién será? Por las
dudas saludó con la mano y entonces el otro le mostró la
lengua. Su intención fue acercarse, pero el semáforo se
había puesto verde y el auto arrancó con estruendo, entre
las risotadas de sus ocupantes. Guarangos, sólo eso, se dijo.
Pero por qué lo de felicidades. ¿Por la amnistía?
¿O simplemente había sido una palabra amable, destinada a
servir de contraste con el gesto ofensivo que la iba a seguir? Vaya,
después de todo no era la primera lengua que veía, por
cierto había visto otras, más dramáticas que la de
ese idiota. Cosas del pasado. Abur. Por orden del presidente, la buena
gente había cerrado los ojos de la nuca. Ahora ya no iban a
escribir verdugos a la cárcel, verdad y justicia, y otras
sandeces. Ahora habían aprendido a decir: se le cayó la
billetera, enhorabuena, amigo lleva la valija abierta, felicidades.
Almorzó solo, en un restaurante donde nadie lo conocía.
Sin embargo, cuando estaba en el churrasco a la pimienta, vio que desde
otra mesa alguien lo saludaba, pero estaba tan lejos que su
miopía no le permitió distinguir quién era. Al
rato vino el mozo con una tarjetita. El nombre era del corresponsal de
una agencia internacional, y había unas líneas
recién escritas: Tengo sumo interés en hacerle una
entrevista. Sobre la amnistía, ya se lo habrá imaginado.
Le pidió al mozo que le dijera a ese señor que muchas
gracias, pero que no era posible. Ya no pudo seguir comiendo a gusto.
Al concluir no pidió café sino un té de boldo,
pero ni así. Salió rápidamente, sin mirar al
corresponsal, que se quedó en el fondo, haciendo señas en
vano. Iría a lo de Eugenia, era la hora. Ella le había
telefoneado bien temprano para decirle que lo esperaba con
champán. Un alivio. Por lo menos aquel apartamento, que
él había financiado, era tierra conocida y no devastada.
Eugenia estaba vestida poco menos que para una fiesta. Estarás
tranquilo ahora, me imagino, fue la bienvenida. Sí, bastante.
Pero no lo estaba y ella lo advirtió. No seas estúpido,
mi amor, ese asunto se acabó, ya lo dijo el presidente, ahora
hay que mirar hacia adelante. En una ocasión como ésta, y
tras el brindis de rigor (por la democracia, dijo Eugenia, y
soltó una carcajada), estaba más que cantado que
irían a la cama. Y fueron. Durante todo el trámite,
él estuvo con la cabeza en otra parte, pero así y todo
pudo cumplir como un buen soldado. En un momento, ella había
apretado su abrazo de forma exagerada y él sintió que se
asfixiaba. Por un momento tuvo pánico, casi se mareó.
¿Será el abrazo, o el anís tendría algo?
¿Será posible? ¿Nada menos que Eugenia?
Afortunadamente, todo pasó, Eugenia había aflojado el
abrazo, dijo que había estado regio, él pudo respirar
normalmente, y ella empezó a besarlo, como lo hacía
siempre en la etapa post coitum, de abajo hasta arriba. De pronto
él anunció que se iba. ¿Ya? Esta noche tengo una
reunión y quiero estar despejado, quiero dormir un poco.
¿Es por la amnistía? No, dijo él, receloso, es por
otra cosa. ¿Y dónde es? Él la miró,
desconfiado. A esta altura del partido, no iba a caer en trampa tan
ingenua. También podía suceder que, precisamente por ser
tan ingenua, no fuese trampa. Todavía no lo sé, me
avisarán esta tarde. Nublado está mi cielo, dijo ella,
sí, es mejor que te vayas, a ver si mañana estás
menos tenso. Estoy cansado, sólo eso. Bajó a la calle,
caminó unas cuadras hasta donde había dejado el auto y
antes de arrancar lo examinó con cuidado. Esta vez no
tomó por la Rambla, entre otras cosas porque soplaba un viento
que auguraba tormenta. Trató de ir esquivando (antigua
precaución) las esquinas con semáforos, que obligaban
siempre a detenerse y de hecho convertirse en blanco fijo. Cuando
llegó a casa, notó con asombro que la luz de la cocina
estaba encendida. ¿Y eso? ¿La habré encendido yo
mismo hoy temprano, y luego, cuando me fui, como era de día, no
me di cuenta? Vaya, todo estaba en orden. Quería descansar.
Abrió la cama, se quitó la ropa (siempre dormía
desnudo) y tomó un somnífero suave, suficiente para
descansar unas horas. Por supuesto, no tenía ninguna
reunión esta noche. Experimentó un cosquilleo de
satisfacción cuando advirtió que sus ojos se iban
cerrando. Sólo cuando estuvo profundamente dormido,
comenzó a recorrer un corredor en tinieblas, una suerte de
túnel interminable, cuyas paredes eran sólo ojos, miles y
miles de ojos que lo miraban, sin ningún parpadeo. Y sin
perdón.
Mario Benedetti
Los Tres
14 de julio de 1989
El cadalso y carlota corday los alinearon
en la habitual arruga de la historia
pero danton robespierre marat
no se miran ni se dirigen la palabra
la muerte esa inasible
que fuera su cofrade y su enemiga
los recorre con dulce escalofrío
en tanto que la fama los satura
de himnos desafueros y retórica
matarifes o mártires
pródigos o inclementes
jacobinos o nada
entrañables o impíos
bonne nouvelle o fetiches
patronos de la luz o del terror
blandieron la justicia como fiebre
el amor cual relámpago
la excepción como regla
y la revolución ese eterno entrevero
como última acrobacia inevitable
no obstante hace dos siglos
bregaron deliraron murieron con urgencia
no sin antes mostrar al resto de los tiempos
lo frágiles que eran la cerviz los poderes
y sin embargo esos
huéspedes o anfitriones del peligro
marat danton y robespierre
no se hablaban ni se miraban o al menos
no se hablaron ni se miraron hasta
que de las nuevas arrugas de la historia
emergieron artigas y martí y sandino
y el che y otros abuelos
y bisabuelos cándidos
y al abrazarlos sin hacer distingos
de a poquito los fueron persuadiendo
de que todos lucharon por el hombre
el pobrecito duende de este mundo
Mario Benedetti
Los Tres
14 de julio de 1989
El cadalso y carlota corday los alinearon
en la habitual arruga de la historia
pero danton robespierre marat
no se miran ni se dirigen la palabra
la muerte esa inasible
que fuera su cofrade y su enemiga
los recorre con dulce escalofrío
en tanto que la fama los satura
de himnos desafueros y retórica
matarifes o mártires
pródigos o inclementes
jacobinos o nada
entrañables o impíos
bonne nouvelle o fetiches
patronos de la luz o del terror
blandieron la justicia como fiebre
el amor cual relámpago
la excepción como regla
y la revolución ese eterno entrevero
como última acrobacia inevitable
no obstante hace dos siglos
bregaron deliraron murieron con urgencia
no sin antes mostrar al resto de los tiempos
lo frágiles que eran la cerviz los poderes
y sin embargo esos
huéspedes o anfitriones del peligro
marat danton y robespierre
no se hablaban ni se miraban o al menos
no se hablaron ni se miraron hasta
que de las nuevas arrugas de la historia
emergieron artigas y martí y sandino
y el che y otros abuelos
y bisabuelos cándidos
y al abrazarlos sin hacer distingos
de a poquito los fueron persuadiendo
de que todos lucharon por el hombre
el pobrecito duende de este mundo
Mario Benedetti
Los Tres
14 de julio de 1989
El cadalso y carlota corday los alinearon
en la habitual arruga de la historia
pero danton robespierre marat
no se miran ni se dirigen la palabra
la muerte esa inasible
que fuera su cofrade y su enemiga
los recorre con dulce escalofrío
en tanto que la fama los satura
de himnos desafueros y retórica
matarifes o mártires
pródigos o inclementes
jacobinos o nada
entrañables o impíos
bonne nouvelle o fetiches
patronos de la luz o del terror
blandieron la justicia como fiebre
el amor cual relámpago
la excepción como regla
y la revolución ese eterno entrevero
como última acrobacia inevitable
no obstante hace dos siglos
bregaron deliraron murieron con urgencia
no sin antes mostrar al resto de los tiempos
lo frágiles que eran la cerviz los poderes
y sin embargo esos
huéspedes o anfitriones del peligro
marat danton y robespierre
no se hablaban ni se miraban o al menos
no se hablaron ni se miraron hasta
que de las nuevas arrugas de la historia
emergieron artigas y martí y sandino
y el che y otros abuelos
y bisabuelos cándidos
y al abrazarlos sin hacer distingos
de a poquito los fueron persuadiendo
de que todos lucharon por el hombre
el pobrecito duende de este mundo
Mario Benedetti
Seísmo
La terre nous amait un peu je me souviensRENÉ CHAR
Quedan las cáscaras de vida
la solidaridad de las columnas
las pausas del escombro
el pavoroso cielo gris
la tierra exasperada
reclama una caricia
que no la olviden
no la olviden nunca
por eso se estremece
de abandono
tan sólo si la aman
si la amamos
volverá a concedernos
el perdón del silencio
el amor de la calma
Mario Benedetti
Seísmo
La terre nous amait un peu je me souviensRENÉ CHAR
Quedan las cáscaras de vida
la solidaridad de las columnas
las pausas del escombro
el pavoroso cielo gris
la tierra exasperada
reclama una caricia
que no la olviden
no la olviden nunca
por eso se estremece
de abandono
tan sólo si la aman
si la amamos
volverá a concedernos
el perdón del silencio
el amor de la calma
Mario Benedetti
El Aguafiestas Falta Sin Aviso
Tal vez se le olvidó tu santo y seña
después de todo no es tan importante
no va a flamear el cielo por su ausencia
ayúdate secúndate solázate
búscate en la quimera de los otros
inventa tus estrellas y repártelas
besa los nombres en sus dos mejillas
deja que el corazón te elija el mundo
abrázate del miedo y no lo sueltes
vuélvete sombra pero no te envicies
sálvate de turbiones y de nieblas
ponte el otoño con su sol de gala
libérate en las manos que te avisan
descúbrete en los ojos que te nombran
ya no vendrá deslígate distánciate
de su resuello de sus sortilegios
de sus malas noticias de su rabia
no dejes que te ensalme de amargura
defiende como loba tu alegría
el tiempo no diseña el pasatiempo
el canto no reclama el desencanto
el viento no vindica el aspaviento
la fiesta no perdona al aguafiestas
Mario Benedetti
Bébete Un Tentempié
arrímate a tu sol si eres satélite
usa tus esperanzas como un sable
desmundízate a ciegas o descálzate
desmilágrate ahora / poco a poco
quítate la ropita sin testigos
arrójale esa cáscara al espejo
preocúpate pregúntale prepárate
sobremuriente no / sobreviviente
desde el carajo al cielo / sin escalas
y si no vienen a buscar tu búsqueda
y te sientes pueril o mendicante
abandonada por tu abandoneón
fabulízate de una vez por todas
métete en tu ropita nuevamente
mundízate milágrate y entonces
apróntate a salir y a salpicarte
calle abajo / novada y renovada
pero antes de asomar la naricita
bebe otro tentempié / por si las moscas
Mario Benedetti
Grafiti Sin Muros
*
De todos los ismos sólo queda el abismo.
*
Los parricidas son huérfanos precoces.
*
Yankee stay home.
*
Más vale estar vivo que mal acompañado.
*
Preciso abogado para defensa en Juicio Final.
*
El ombligo es un hit.
*
Lo grave no es el pecado original sino las fotocopias.
*
Hacer la venia es pecado venial.
*
Libertad o suerte.
*
Los únicos ángeles de que recelo son los demonios disidentes.
*
Best seller of paradise: “Who's who in hell?”
*
Aggiornamento: Sésamo instaló portero eléctrico.
*
Peor que el stress es cuatro.
Mario Benedetti
Grafiti Sin Muros
*
De todos los ismos sólo queda el abismo.
*
Los parricidas son huérfanos precoces.
*
Yankee stay home.
*
Más vale estar vivo que mal acompañado.
*
Preciso abogado para defensa en Juicio Final.
*
El ombligo es un hit.
*
Lo grave no es el pecado original sino las fotocopias.
*
Hacer la venia es pecado venial.
*
Libertad o suerte.
*
Los únicos ángeles de que recelo son los demonios disidentes.
*
Best seller of paradise: “Who's who in hell?”
*
Aggiornamento: Sésamo instaló portero eléctrico.
*
Peor que el stress es cuatro.
Mario Benedetti
Todo Lo Contrario
es lo contrario de IN?
—OUT — respondió prestamente un alumno.
—No es obligatorio pensar en inglés. En Español, lo
contrario de IN (como prefijo privativo, claro) suele ser la misma
palabra, pero sin esa sílaba.
—Sí, ya sé: insensato y sensato, indócil y
dócil, ¿no?
—Parcialmente correcto. No olvide, muchacho, que lo contrario del
invierno no es el vierno sino el verano.
—No se burle, profesor.
—Vamos a ver. ¿Sería capaz de formar una frase,
más o menos coherente, con palabras que, si son despojadas del
prefijo IN, no confirman la ortodoxia gramatical?
—Probaré, profesor: “Aquel dividuo memorizó sus
cógnitas, se sintió dulgente pero dómito, hizo
ventario de las famias con que tanto lo habían cordiado, y
aunque se resignó a mantenerse cólume, así y todo
en las noches padecía de somnio, ya que le preocupaban la
flación y su cremento”.
—Sulso pero pecable —admitió sin euforia el profesor.
Mario Benedetti
Lingüistas
Lingüística y Afines, la hermosa taquígrafa
recogió sus lápices y papeles y se dirigió hacia
la salida abriéndose paso entre un centenar de lingüistas,
filólogos, semiólogos, críticos estructuralistas y
desconstruccionistas, todos los cuales siguieron su garboso
desplazamiento con una admiración rayana en la
glosemática.
De pronto las diversas acuñaciones cerebrales adquirieron
vigencia fónica:
¡Qué sintagma!
¡Qué polisemia!
¡Qué significante!
¡Qué diacronía!
¡Qué exemplar ceterorum!
¡Qué Zungenspitze!
¡Qué morfema!
La hermosa taquígrafa desfiló impertérrita y
adusta entre aquella selva de fonemas.
Sólo se la vio sonreír, halagada y tal vez vulnerable,
cuando el joven ordenanza, antes de abrirle la puerta, murmuró
casi en su oído: «Cosita linda».
Mario Benedetti
Lingüistas
Lingüística y Afines, la hermosa taquígrafa
recogió sus lápices y papeles y se dirigió hacia
la salida abriéndose paso entre un centenar de lingüistas,
filólogos, semiólogos, críticos estructuralistas y
desconstruccionistas, todos los cuales siguieron su garboso
desplazamiento con una admiración rayana en la
glosemática.
De pronto las diversas acuñaciones cerebrales adquirieron
vigencia fónica:
¡Qué sintagma!
¡Qué polisemia!
¡Qué significante!
¡Qué diacronía!
¡Qué exemplar ceterorum!
¡Qué Zungenspitze!
¡Qué morfema!
La hermosa taquígrafa desfiló impertérrita y
adusta entre aquella selva de fonemas.
Sólo se la vio sonreír, halagada y tal vez vulnerable,
cuando el joven ordenanza, antes de abrirle la puerta, murmuró
casi en su oído: «Cosita linda».
Mario Benedetti
Un Boliviano Con Salida Al Mar
Malvinas le preguntaron a Borges qué solución se le
ocurría para el conflicto, y él, con su sorna
metafísica de siempre, respondió: “Creo que Argentina y
Gran Bretaña tendrían que ponerse de acuerdo y adjudicar
las Malvinas a Bolivia, para que este país logre por fin su
salida al mar”.
En realidad, la ironía de Borges (siempre que la cita sea
verdadera) se basaba en una obsesión que está presente en
todo boliviano, ese alguien que siempre parece estar acechando el
horizonte en busca del esquivo mar que le fue negado. Tiene el
Titicaca, por supuesto, pero el enorme lago sólo le sirve para
que crezca su frustración, ya que en vez de conducirlo a otros
mundos, sólo lo conduce a sí mismo.
De todas maneras, cuando algún boliviano llega al mar, aunque
éste sea ajeno, siempre se trata de un blanco, nunca de un
indio. Hubo un indio, sin embargo, nacido junto a las minas de Oruro,
que por un extraño azar pudo alcanzar el mar prohibido.
Debió ser un niño simpático y bien dispuesto, ya
que una dama paceña, que estaba de paso en Oruro y
pertenecía a una familia acaudalada, lo vio casualmente y se lo
trajo a la capital, allá por los años cincuenta.
Rebautizado como Gualberto Aniceto Morales, aprendió a leer y
aprendió a servir. Y tan bien lo hizo, que cuando sus patrones
viajaron a Europa, lo llevaron consigo, no precisamente para ampliar su
horizonte sino para que los auxiliara en menesteres domésticos.
Así fue que el muchacho (que para ese entonces ya había
cumplido quince años) pudo ir coleccionando en su memoria
imágenes de mar: desde la tibieza verde del Mediterráneo
hasta los golfos helados del Báltico. Cuando al cabo de un
año sus protectores regresaron, Gualberto Aniceto pidió
que lo dejaran viajar a su pueblo para ver a su familia.
Allí, en su pobreza de origen, en la humilde y despojada
querencia, ante la mirada atónita y el silencio compacto de los
suyos, el viajero fue informando larga y pormenorizadamente sobre
farallones, olas, delfines, astilleros, mareas, peces voladores, buques
cisternas, muelles de pescadores, faros que parpadean, tiburones,
gaviotas, enormes transatlánticos.
No obstante, llegó una noche en que se quedó sin
recuerdos y calló. Pero los suyos no suspendieron su expectativa
y siguieron mirándolo, esperando, arracimados sobre el piso de
tierra y con las mejillas hinchadas por la coca. Desde el fondo del
recinto llegó la voz del abuelo, todavía inexorable, a
pesar de sus pulmones carcomidos: “¿Y qué más?”.
Gualberto Aniceto sintió que no podía defraudarlos.
Sabía por experiencia que la nostalgia del mar no tiene fin. Y
fue entonces, sólo entonces, que empezó a hablar de las
sirenas.
Mario Benedetti
Los Candidatos
los candidatos
los candidatos a mosca blanca
a perengano a campeador
a talismán
a vicedéspota
los candidatos a pregonero
a rabdomante a chantapufi
a delator
a mascarón de proa
los candidatos a gran tribuno
a alabancero a estraperlista
a piel de judas
a tercer suplente
los candidatos a iracundito
a viejo verde a peor astilla
a punto muerto
a rey de bastos
por la avenida vienen
los candidatos
desde la acera
solo y deslumbrado
un candidato a candidato
avizora futuro
y se relame
Mario Benedetti
Los Candidatos
los candidatos
los candidatos a mosca blanca
a perengano a campeador
a talismán
a vicedéspota
los candidatos a pregonero
a rabdomante a chantapufi
a delator
a mascarón de proa
los candidatos a gran tribuno
a alabancero a estraperlista
a piel de judas
a tercer suplente
los candidatos a iracundito
a viejo verde a peor astilla
a punto muerto
a rey de bastos
por la avenida vienen
los candidatos
desde la acera
solo y deslumbrado
un candidato a candidato
avizora futuro
y se relame
Mario Benedetti
Los Candidatos
los candidatos
los candidatos a mosca blanca
a perengano a campeador
a talismán
a vicedéspota
los candidatos a pregonero
a rabdomante a chantapufi
a delator
a mascarón de proa
los candidatos a gran tribuno
a alabancero a estraperlista
a piel de judas
a tercer suplente
los candidatos a iracundito
a viejo verde a peor astilla
a punto muerto
a rey de bastos
por la avenida vienen
los candidatos
desde la acera
solo y deslumbrado
un candidato a candidato
avizora futuro
y se relame
Mario Benedetti
El Hijo
no lo habría llamado
ni mario ni orlando ni hamlet
ni hardy ni brenno
como reza mi fardo onomástico
más bien le habría
colgado un monosílabo
algo así como luis o blas o juan
o paz o luz si era mujer
de manera que uno pudiera convocarlo
con sólo respirar
de haber tenido un hijo
le habría enseñado a leer
en los libros y muros
y en los ojos veraces
y también a escribir
pero sólo en las rocas
con un buril de fuego
de modo que las lluvias
limpiaran sus palabras
defendiéndolas
de la envidia y la roña
y eso aunque nadie nunca
se arrimara a leerlas
de haber tenido un hijo
acaso no sabría qué hacer con él
salvo decirle adiós cuando se fuera
con mis heridos ojos
por la vida
Mario Benedetti
Digamos
para buenos colonos
mas por fortuna nuestro
mañana no es tomorrow
Mario Benedetti
La Vuelta De Mambrú
tirabuzón. La almohadilla para descansar después de las
batallas y el tirabuzón para descorchar las efímeras
victorias.
También llevaba un paraguas contra venablos, aguaceros y
palabrotas; un anillo de oro para la suerte y contra los orzuelos y un
llavero con la llave de su más íntimo desván.
Como a menudo le resultaba insoportable la ausencia de la señora
de Mambrú, llevaba un ejemplar del “Cantar de los Cantares”, a
fin de sobrellevar los veranillos de San Juan, un abanico persa y otro
griego.
Llevaba una receta de sangría para sobornar al cándido
enemigo y para el caso de que este no fuera sobornable llevaba un
arcabuz y un verduguillo.
Así mismo unas botas de potro que rara vez usaba, ya que siempre
le había gustado caminar descalzo y un calidoscopio
artesanal, debido probablemente a que Marei, Edison y Lumiere no
habían nacido para inventar el cine.
Llevaba por último, un escudo de arpillera porque los de hierro
pesaban mucho y dos o tres principios fundamentales mezclados con la
capa bajo el morrión.
Nunca se supo como le fue a Mambrú en la guerra, ni cuantas
semanas o siglos se demoró en ellas. Lo cierto es que no
volvió para la Pascua ni para Navidad. Por el contrario,
transcurrieron centenares de Pascuas y Navidades sin que volviera o
enviara noticias. Ya nadie se acordaba de él ni de su perra.
Nadie cantaba ya la canción que en su tiempo era un hit.
Y sin embargo, fue en medio de esa amnesia que regresó en un
vuelo regular de Iberia, exactamente el miércoles pasado. Tan
rozagante que nadie osó atribuirle más de un siglo y
medio. Tan lozano que parecía el bisnieto de Mambrú.
Por supuesto ante retorno tan insólito hubo una conferencia de
prensa en el abarrotado salón Vip. Todos querían conocer
las novedades que traía Mambrú después de tanta
guerra. Cuántas heridas, Cuántos grilletes.
Cuántos casus belis. Cuántos pillajes y zafarranchos de
combate. Cuánto orgullo, cuántas lecciones.
Cuántos laureles, cuántas medallas y cruces y
chafalonías.
Ante el asedio de micrófonos que diecinueve hombres de
prensa blandían como cachiporras, Mambrú, oprimido pero
afable solo alcanzó a decir: —Señores no sé de
qué me están hablando. Traje una brisa con arpegios, una
paciencia que es un río, una memoria de cristal. Un
ruiseñor, dos ruiseñoras, traje una flecha de arco iris y
un túnel pródigo de ecos. Tres rayos tímidos y una
sonata para grillo y piano. Un lorito tartamudo y una canilla que no
tose. Traje un teléfono de ensueño y un aparejo para
náufragos. Traje éste traje y otro más. Y
un faro que baja los párpados, traje un limón
contra la muerte y muchas ganas de vivir.
Fue entonces que nació la calma y hubo un silencio transparente.
Un necio adujo que las pilas se hallaban húmedas de llanto y que
por eso los micrófonos estaban sordos y perplejos.
Poquito a poco aquel asedio se fue estrechando en un abrazo y
Mambrú viejo y joven y único sintió por fin que
estaba en casa.
Mario Benedetti
Habanera
aquí el buitre es un aura tiñosa y circulante
las olas humedecen los pies de las estatuas
y hay mulatas en todos los puntos cardinales
los autos van dejando tuercas en el camino,
los jóvenes son jóvenes de un modo irrefutable
aquí el amor transita sabroso y subversivo
y hay mulatas en todos los puntos cardinales.
Nada de eso es exceso de ron o de delirio
quizá una borrachera de cielo y flamboyanes
lo cierto es que esta noche el carnaval arrolla
y hay mulatas en todos los puntos cardinales.
Es preciso ponernos brevemente de acuerdo
esta ciudad ignora y sabe lo que hace.
Cultiva el imposible y exporta los veranos
y hay mulatas en todos los puntos cardinales.
Aquí flota el orgullo como una garza invicta,
nadie se queda fuera y todo el mundo es alguien.
El sol identifica relajos y candores
y hay mulatas en todos los puntos cardinales.
Como si Marx quisiera bailar el mozambique
o fueran abolidas todas las soledades.
La noche es un sencillo complot contra la muerte
y hay mulatas en todos los puntos cardinales.
Mario Benedetti
Los Formales Y El Frío
ella muy lentamente y él como ensimismado
hablaban con medida y doble parsimonia
de temas importantes y de algunos quebrantos
entonces como siempre o como casi siempre
el desvelo social condujo a la cultura
así que por la noche se fueron al teatro
sin tocarse un ojal ni siquiera una uña
su sonrisa la de ella
era como una oferta un anuncio un esbozo
su mirada la de él
iba tomando nota de cómo eran sus ojos
y como a la salida soplaba un aire frío
y unos dedos muy blancos indefensos y tristes
apenas asomaban por las sandalias de ella
no hubo más remedio que entrar en un boliche
y ya que el camarero se demoraba tanto
llegaron cautelosos hasta la confidencia
extra seca y sin hielo por favor y fumaron
y entre el humo el amor era un rostro en la niebla
en sus labios los de él
el silencio era espera la noticia era el frío
en su casa la de ella
halló café instantáneo y confianza y cobijo
una hora tan sólo de memoria y sondeos
hasta que sobrevino un silencio a dos voces
como cualquiera sabe en tales circunstancias
es arduo decir algo que realmente no sobre
él probó sólo falta
que me quede a dormir
y ella también probó y por
qué no te quedas
y él sin mirarla no me lo digas
dos veces
y ella en voz baja bueno y por qué
no te quedas
y sus labios los de él
se quedaron gustosos a besar sin usura
sus pies fríos los de ella
que eran sólo el comienzo de la noche desnuda
fueron investigando deshojando nombrando
proponiéndose metas preguntando a
los cuerpos
mientras la madrugada y los temas candentes
conciliaban el sueño que no durmieron ellos
quién hubiera previsto aquella tarde
que el amor ese célebre informal
se dedicara a ellos tan formales
Mario Benedetti
De Árbol A Árbol
no lo preguntarán
los árboles ¿serán
acaso solidarios?
¿digamos el olivo de jaén
con el terco quebracho de entre ríos?
¿o el triste sauce de tacuarembó
con el castaño de campos elíseos?
¿qué se revelarán de árbol a árbol?
¿desde westfalia avisará la encina
al demacrado alerce del tirol
que administre mejor su trementina?
seguro que los diarios
no lo preguntarán
los árboles ¿serán
acaso solidarios?
¿se sentirá el ombú en su pampa húmeda
un hermano de la ceiba antillana?
¿los de ese bosque y los de aquel jardín
permutarán insectos y hojarasca?
¿se dirán copa a copa que aquel muérdago
otrora tan sagrado entre los galos
usaba chupadores de corteza
como el menos cordial de los parásitos?
seguro que los diarios
no lo preguntarán
los árboles ¿serán
acaso solidarios?
¿sabrán por fin los cedros libaneses
que su voraz y sádico enemigo
no es el ébano gris de camerún
ni el arrayán bastardo ni el morisco
ni la palma lineal de camagüey
sino las hachas de los leñadores
la sierra de las grandes madereras
el rayo como látigo en la noche?
Mario Benedetti
El Sur También Existe
con la amistad surgida
de un trabajo compartido
EL SUR TAMBIÉN EXISTE
Con su ritual de acero
sus grandes chimeneas
sus sabios clandestinos
su canto de sirenas
sus cielos de neón
sus ventas navideñas
su culto de dios padre
y de las charreteras
con sus llaves del reino
el norte es el que ordena
pero aquí abajo abajo
el hambre disponible
recurre al fruto amargo
de lo que otros deciden
mientras el tiempo pasa
y pasan los desfiles
y se hacen otras cosas
que el norte no prohíbe
con su esperanza dura
el sur también existe
con sus predicadores
sus gases que envenenan
su escuela de chicago
sus dueños de la tierra
con sus trapos de lujo
y su pobre osamenta
sus defensas gastadas
sus gastos de defensa
con su gesta invasora
el norte es el que ordena
pero aquí abajo abajo
cada uno en su escondite
hay hombres y mujeres
que saben a qué asirse
aprovechando el sol
y también los eclipses
apartando lo inútil
y usando lo que sirve
con su fe veterana
el sur también existe
con su corno francés
y su academia sueca
su salsa americana
y sus llaves inglesas
con todos sus misiles
y sus enciclopedias
su guerra de galaxias
y su saña opulenta
con todos sus laureles
el norte es el que ordena
pero aquí abajo abajo
cerca de las raíces
es donde la memoria
ningún recuerdo omite
y hay quienes se desmueren
y hay quienes se desviven
y así entre todos logran
lo que era un imposible
que todo el mundo sepa
que el sur también existe