Poemas en este tema
Sociedad y el Mundo
José Cadalso
Anacreóntica
Unos pasan, amigo,
estas noches de enero
junto al balcón de Cloris,
con lluvia, nieve y hielo;
otros la pica al hombro,
sobre murallas puestos,
hambrientos y desnudos,
pero de gloria llenos;
otros al campo raso,
las distancias midiendo
que hay de Venus a Marte,
que hay de Mercurio a Venus;
otros en el recinto
del lúgubre aposento,
de Newton o Descartes
los libros revolviendo;
otros contando ansiosos
sus mal habidos pesos,
atando y desatando
los antiguos talegos.
Pero acá lo pasamos
junto al rincón del fuego,
asando unas castañas,
ardiendo un tronco entero,
hablando de las viñas,
contando alegres cuentos,
bebiendo grandes copas,
comiendo buenos quesos;
y a fe que de este modo
no nos importa un bledo
cuanto enloquece a muchos,
que serían muy cuerdos
si hicieran en la corte
lo que en la aldea hacemos.
estas noches de enero
junto al balcón de Cloris,
con lluvia, nieve y hielo;
otros la pica al hombro,
sobre murallas puestos,
hambrientos y desnudos,
pero de gloria llenos;
otros al campo raso,
las distancias midiendo
que hay de Venus a Marte,
que hay de Mercurio a Venus;
otros en el recinto
del lúgubre aposento,
de Newton o Descartes
los libros revolviendo;
otros contando ansiosos
sus mal habidos pesos,
atando y desatando
los antiguos talegos.
Pero acá lo pasamos
junto al rincón del fuego,
asando unas castañas,
ardiendo un tronco entero,
hablando de las viñas,
contando alegres cuentos,
bebiendo grandes copas,
comiendo buenos quesos;
y a fe que de este modo
no nos importa un bledo
cuanto enloquece a muchos,
que serían muy cuerdos
si hicieran en la corte
lo que en la aldea hacemos.
617
José Cadalso
Anacreóntica
Unos pasan, amigo,
estas noches de enero
junto al balcón de Cloris,
con lluvia, nieve y hielo;
otros la pica al hombro,
sobre murallas puestos,
hambrientos y desnudos,
pero de gloria llenos;
otros al campo raso,
las distancias midiendo
que hay de Venus a Marte,
que hay de Mercurio a Venus;
otros en el recinto
del lúgubre aposento,
de Newton o Descartes
los libros revolviendo;
otros contando ansiosos
sus mal habidos pesos,
atando y desatando
los antiguos talegos.
Pero acá lo pasamos
junto al rincón del fuego,
asando unas castañas,
ardiendo un tronco entero,
hablando de las viñas,
contando alegres cuentos,
bebiendo grandes copas,
comiendo buenos quesos;
y a fe que de este modo
no nos importa un bledo
cuanto enloquece a muchos,
que serían muy cuerdos
si hicieran en la corte
lo que en la aldea hacemos.
estas noches de enero
junto al balcón de Cloris,
con lluvia, nieve y hielo;
otros la pica al hombro,
sobre murallas puestos,
hambrientos y desnudos,
pero de gloria llenos;
otros al campo raso,
las distancias midiendo
que hay de Venus a Marte,
que hay de Mercurio a Venus;
otros en el recinto
del lúgubre aposento,
de Newton o Descartes
los libros revolviendo;
otros contando ansiosos
sus mal habidos pesos,
atando y desatando
los antiguos talegos.
Pero acá lo pasamos
junto al rincón del fuego,
asando unas castañas,
ardiendo un tronco entero,
hablando de las viñas,
contando alegres cuentos,
bebiendo grandes copas,
comiendo buenos quesos;
y a fe que de este modo
no nos importa un bledo
cuanto enloquece a muchos,
que serían muy cuerdos
si hicieran en la corte
lo que en la aldea hacemos.
617
José Cadalso
Idilio Anacreóntico A Batilo
Ya no verán, oh Tormes,
tus áridas orillas
los manes de Galeno
y del Estagirista.
Alza la anciana frente
tanto tiempo oprimida,
y esparce por el campo
desde hoy jovial la vista.
¿No ves como se acercan
con música divina
a tus arenas sacras
el gusto y la alegría?
En torno de ellas vuelvan
los juegos y las risas,
cerca vienen las Musas,
del gran Febo seguidas.
En medio de aquel carro,
¿no ves cómo camina
un joven, de quien tiene
Ganímedes envidia?
¿No escuchas que al acento
de su süave lira
las nueve musas cantan
y el verde prado pisan?
Para adornar sus sienes
y cabellos que brillan
más que el oro que llega
de las lejanas Indias,
tejiendo van guirnaldas;
y de Flora las ninfas
para tejerle flores
van y vienen a prisa.
Pues ese mismo joven
es por quien tus orillas
verán llegar las gracias,
el gusto y la alegría,
huyendo de sus voces
y célica armonía
los manes de Galeno
y del Estagirista.
tus áridas orillas
los manes de Galeno
y del Estagirista.
Alza la anciana frente
tanto tiempo oprimida,
y esparce por el campo
desde hoy jovial la vista.
¿No ves como se acercan
con música divina
a tus arenas sacras
el gusto y la alegría?
En torno de ellas vuelvan
los juegos y las risas,
cerca vienen las Musas,
del gran Febo seguidas.
En medio de aquel carro,
¿no ves cómo camina
un joven, de quien tiene
Ganímedes envidia?
¿No escuchas que al acento
de su süave lira
las nueve musas cantan
y el verde prado pisan?
Para adornar sus sienes
y cabellos que brillan
más que el oro que llega
de las lejanas Indias,
tejiendo van guirnaldas;
y de Flora las ninfas
para tejerle flores
van y vienen a prisa.
Pues ese mismo joven
es por quien tus orillas
verán llegar las gracias,
el gusto y la alegría,
huyendo de sus voces
y célica armonía
los manes de Galeno
y del Estagirista.
690
José Cadalso
Oda Sáfico-adónica A La Nave En Que Se Embarcó Ortelio En Bilbao Para Inglaterra
Ya deja Ortelio la paterna casa,
ya le recibes, navecilla humilde,
ya queda lejos la jamás domada
cántabra gente.
Nave que llevas tan amable vida,
céfiro grato llévete sereno,
hasta que pongas a la amiga costa
áncora firme.
Alce Neptuno el húmido tridente,
abra las ondas para darte paso,
salgan en coros ninfas y tritones
para guiarte.
Ni toques costa, ni movible arena,
ni sople hinchado contra tu velamen,
gúmena y jarcia, desde el alto polo
hórrido norte.
Las naves altas de cañón tremendo,
con la bandera del amado Carlos,
no te abandonen al atroz pirata
que África cría.
Ni temas golpes de la suerte aleve.
Yo pido al cielo para ti bonanza,
y al que le ruega por su dulce amigo,
Júpiter oye.
ya le recibes, navecilla humilde,
ya queda lejos la jamás domada
cántabra gente.
Nave que llevas tan amable vida,
céfiro grato llévete sereno,
hasta que pongas a la amiga costa
áncora firme.
Alce Neptuno el húmido tridente,
abra las ondas para darte paso,
salgan en coros ninfas y tritones
para guiarte.
Ni toques costa, ni movible arena,
ni sople hinchado contra tu velamen,
gúmena y jarcia, desde el alto polo
hórrido norte.
Las naves altas de cañón tremendo,
con la bandera del amado Carlos,
no te abandonen al atroz pirata
que África cría.
Ni temas golpes de la suerte aleve.
Yo pido al cielo para ti bonanza,
y al que le ruega por su dulce amigo,
Júpiter oye.
585
José Cadalso
Canción De Dalmiro A Moratín
El semidiós que alzándose a la cumbre
del alto Olimpo, prueba la ambrosía
entre la muchedumbre
de dioses en la mesa del Tonante,
y en copa de diamante
purpúreo néctar bebe
al son de la armonía
de los astros que en torno el cielo mueve;
si desciende algún
día
al mundo, le fastidian los manjares
del huerto, viña, monte, campo y mares.
Desde que el campo elíseo al tierno Orfeo
oyó cantar su amor en tono blando
y el ardiente deseo
de volver a lograr su dulce esposa
cuya lira amorosa
mientras duró cantando
de Sísifo y de Tántalo un momento
paró todo el tormento,
ya no se admira cuando
algún mortal al verse en tal delicia
las gracias canta a su deidad propicia.
Quien vio, surcado el mar, minas gigantes,
sangrientas Amazonas, gente extraña
y límites distantes
de humana audacia no, mas sí del mundo,
y el piélago profundo
hiende con ancha nave
volviendo rico a España
en el tranquilo hogar vivir no sabe.
Desprecia la cabaña,
la barca y red que le ocupó primero
antes que fuese osado marinero.
El joven que una vez del tracio Marte
de pálidos cadáveres cercado
tremoló el estandarte
y en el carro triunfal fue conducido
en su patria aplaudido
con bélico trofeo
y júbilo aclamado
en su patria aplaudido
por volver a la lid arde en deseo.
Ya desdeña el arado,
hijos, esposa, padre, mesa y lecho;
sólo el guerrero ardor le llena el pecho.
Y el que al divino Moratín oyere
los metros que el timbreo dios le inspira,
y el brío con que hiere
la cítara de Píndaro sagrada,
ya nunca más le agrada
la humana voz, ni sones
de otra cualquiera lira,
por más que suenen ínclitas canciones
que necio el vulgo admira.
Canta, pues, entre todos el primero,
y calle Ercilla, Herrera, Horacio, Homero.
Canción dile a mi amigo,
que me falta el aliento,
y que cuando cantar su gloria intento
callo mil veces más de lo que digo.
del alto Olimpo, prueba la ambrosía
entre la muchedumbre
de dioses en la mesa del Tonante,
y en copa de diamante
purpúreo néctar bebe
al son de la armonía
de los astros que en torno el cielo mueve;
si desciende algún
día
al mundo, le fastidian los manjares
del huerto, viña, monte, campo y mares.
Desde que el campo elíseo al tierno Orfeo
oyó cantar su amor en tono blando
y el ardiente deseo
de volver a lograr su dulce esposa
cuya lira amorosa
mientras duró cantando
de Sísifo y de Tántalo un momento
paró todo el tormento,
ya no se admira cuando
algún mortal al verse en tal delicia
las gracias canta a su deidad propicia.
Quien vio, surcado el mar, minas gigantes,
sangrientas Amazonas, gente extraña
y límites distantes
de humana audacia no, mas sí del mundo,
y el piélago profundo
hiende con ancha nave
volviendo rico a España
en el tranquilo hogar vivir no sabe.
Desprecia la cabaña,
la barca y red que le ocupó primero
antes que fuese osado marinero.
El joven que una vez del tracio Marte
de pálidos cadáveres cercado
tremoló el estandarte
y en el carro triunfal fue conducido
en su patria aplaudido
con bélico trofeo
y júbilo aclamado
en su patria aplaudido
por volver a la lid arde en deseo.
Ya desdeña el arado,
hijos, esposa, padre, mesa y lecho;
sólo el guerrero ardor le llena el pecho.
Y el que al divino Moratín oyere
los metros que el timbreo dios le inspira,
y el brío con que hiere
la cítara de Píndaro sagrada,
ya nunca más le agrada
la humana voz, ni sones
de otra cualquiera lira,
por más que suenen ínclitas canciones
que necio el vulgo admira.
Canta, pues, entre todos el primero,
y calle Ercilla, Herrera, Horacio, Homero.
Canción dile a mi amigo,
que me falta el aliento,
y que cuando cantar su gloria intento
callo mil veces más de lo que digo.
721
José Cadalso
Al Estilo Magnífico De Don Nicolás Fernández De Moratín En Sus Composiciones Heroicas
El semidiós que alzándose a la cumbre
del alto Olimpo, prueba la ambrosía
entre la muchedumbre
de dioses en la mesa del Tonante,
y en copa de diamante
purpúreo néctar bebe
al son de la armonía
de los astros que en torno al cielo mueve;
si desciende algún
día
al mundo, le fastidian los manjares
del huerto, viña, campo, monte y mares.
Desde que el campo elíseo al tierno Orfeo
oyó cantar su amor en tono blando,
y el ardiente deseo
de volver a lograr su dulce esposa
(cuya lira amorosa,
mientras duró sonando,
de Sísifo y de Tántalo un momento
paré todo el tormento),
ya no se admira cuando
algún mortal, al verse en tal delicia,
las gracias canta a su deidad propicia.
Quien vio surcado el mar, minas, gigantes,
sangrientas amazonas, gente extraña
y límites distantes
(de humana audacia no, mas sí del mundo)
y el piélago profundo
hiende con ancha nave;
volviendo rico a España,
en el tranquilo hogar vivir no sabe,
desprecia la cabaña,
la barca y red que le ocupó primero
antes que fuese osado marinero.
El joven que una vez del tracio Marte,
de pálidos cadáveres cercado,
tremoló el estandarte,
y en el carro triunfal fue conducido,
en su patria aplaudido
con bélico trofeo
y júbilo aclamado;
por volver a la lid arde en deseo,
y desdeña el arado,
hijo, esposa, padre, mesa y lecho;
sólo el guerrero honor le llena el pecho.
Y el que al divino Moratín oyere
los metros que el timbreo dios le inspira,
y el brío con que hiere
la cítara de Píndaro sagrada,
ya nunca más le agrada
la humana voz ni sones
de otra cualquiera lira,
por más que suenen ínclitas canciones
que necio el vulgo admira.
Canta, pues, entre todos el primero,
y calle Ercilla, Herrera, Horacio, Homero.
Canción, dile a mi amigo
que me falta el aliento;
y que cuando cantar su gloria intento,
callo mil veces más de lo que digo.
del alto Olimpo, prueba la ambrosía
entre la muchedumbre
de dioses en la mesa del Tonante,
y en copa de diamante
purpúreo néctar bebe
al son de la armonía
de los astros que en torno al cielo mueve;
si desciende algún
día
al mundo, le fastidian los manjares
del huerto, viña, campo, monte y mares.
Desde que el campo elíseo al tierno Orfeo
oyó cantar su amor en tono blando,
y el ardiente deseo
de volver a lograr su dulce esposa
(cuya lira amorosa,
mientras duró sonando,
de Sísifo y de Tántalo un momento
paré todo el tormento),
ya no se admira cuando
algún mortal, al verse en tal delicia,
las gracias canta a su deidad propicia.
Quien vio surcado el mar, minas, gigantes,
sangrientas amazonas, gente extraña
y límites distantes
(de humana audacia no, mas sí del mundo)
y el piélago profundo
hiende con ancha nave;
volviendo rico a España,
en el tranquilo hogar vivir no sabe,
desprecia la cabaña,
la barca y red que le ocupó primero
antes que fuese osado marinero.
El joven que una vez del tracio Marte,
de pálidos cadáveres cercado,
tremoló el estandarte,
y en el carro triunfal fue conducido,
en su patria aplaudido
con bélico trofeo
y júbilo aclamado;
por volver a la lid arde en deseo,
y desdeña el arado,
hijo, esposa, padre, mesa y lecho;
sólo el guerrero honor le llena el pecho.
Y el que al divino Moratín oyere
los metros que el timbreo dios le inspira,
y el brío con que hiere
la cítara de Píndaro sagrada,
ya nunca más le agrada
la humana voz ni sones
de otra cualquiera lira,
por más que suenen ínclitas canciones
que necio el vulgo admira.
Canta, pues, entre todos el primero,
y calle Ercilla, Herrera, Horacio, Homero.
Canción, dile a mi amigo
que me falta el aliento;
y que cuando cantar su gloria intento,
callo mil veces más de lo que digo.
804
José Cadalso
Al Estilo Magnífico De Don Nicolás Fernández De Moratín En Sus Composiciones Heroicas
El semidiós que alzándose a la cumbre
del alto Olimpo, prueba la ambrosía
entre la muchedumbre
de dioses en la mesa del Tonante,
y en copa de diamante
purpúreo néctar bebe
al son de la armonía
de los astros que en torno al cielo mueve;
si desciende algún
día
al mundo, le fastidian los manjares
del huerto, viña, campo, monte y mares.
Desde que el campo elíseo al tierno Orfeo
oyó cantar su amor en tono blando,
y el ardiente deseo
de volver a lograr su dulce esposa
(cuya lira amorosa,
mientras duró sonando,
de Sísifo y de Tántalo un momento
paré todo el tormento),
ya no se admira cuando
algún mortal, al verse en tal delicia,
las gracias canta a su deidad propicia.
Quien vio surcado el mar, minas, gigantes,
sangrientas amazonas, gente extraña
y límites distantes
(de humana audacia no, mas sí del mundo)
y el piélago profundo
hiende con ancha nave;
volviendo rico a España,
en el tranquilo hogar vivir no sabe,
desprecia la cabaña,
la barca y red que le ocupó primero
antes que fuese osado marinero.
El joven que una vez del tracio Marte,
de pálidos cadáveres cercado,
tremoló el estandarte,
y en el carro triunfal fue conducido,
en su patria aplaudido
con bélico trofeo
y júbilo aclamado;
por volver a la lid arde en deseo,
y desdeña el arado,
hijo, esposa, padre, mesa y lecho;
sólo el guerrero honor le llena el pecho.
Y el que al divino Moratín oyere
los metros que el timbreo dios le inspira,
y el brío con que hiere
la cítara de Píndaro sagrada,
ya nunca más le agrada
la humana voz ni sones
de otra cualquiera lira,
por más que suenen ínclitas canciones
que necio el vulgo admira.
Canta, pues, entre todos el primero,
y calle Ercilla, Herrera, Horacio, Homero.
Canción, dile a mi amigo
que me falta el aliento;
y que cuando cantar su gloria intento,
callo mil veces más de lo que digo.
del alto Olimpo, prueba la ambrosía
entre la muchedumbre
de dioses en la mesa del Tonante,
y en copa de diamante
purpúreo néctar bebe
al son de la armonía
de los astros que en torno al cielo mueve;
si desciende algún
día
al mundo, le fastidian los manjares
del huerto, viña, campo, monte y mares.
Desde que el campo elíseo al tierno Orfeo
oyó cantar su amor en tono blando,
y el ardiente deseo
de volver a lograr su dulce esposa
(cuya lira amorosa,
mientras duró sonando,
de Sísifo y de Tántalo un momento
paré todo el tormento),
ya no se admira cuando
algún mortal, al verse en tal delicia,
las gracias canta a su deidad propicia.
Quien vio surcado el mar, minas, gigantes,
sangrientas amazonas, gente extraña
y límites distantes
(de humana audacia no, mas sí del mundo)
y el piélago profundo
hiende con ancha nave;
volviendo rico a España,
en el tranquilo hogar vivir no sabe,
desprecia la cabaña,
la barca y red que le ocupó primero
antes que fuese osado marinero.
El joven que una vez del tracio Marte,
de pálidos cadáveres cercado,
tremoló el estandarte,
y en el carro triunfal fue conducido,
en su patria aplaudido
con bélico trofeo
y júbilo aclamado;
por volver a la lid arde en deseo,
y desdeña el arado,
hijo, esposa, padre, mesa y lecho;
sólo el guerrero honor le llena el pecho.
Y el que al divino Moratín oyere
los metros que el timbreo dios le inspira,
y el brío con que hiere
la cítara de Píndaro sagrada,
ya nunca más le agrada
la humana voz ni sones
de otra cualquiera lira,
por más que suenen ínclitas canciones
que necio el vulgo admira.
Canta, pues, entre todos el primero,
y calle Ercilla, Herrera, Horacio, Homero.
Canción, dile a mi amigo
que me falta el aliento;
y que cuando cantar su gloria intento,
callo mil veces más de lo que digo.
804
Julia de Burgos
Yo Misma Fui Mi Ruta
Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese:
un intento de vida;
un juego al escondite con mi ser.
Pero yo estaba hecha de presentes,
y mis pies planos sobre la tierra promisora
no resistían caminar hacia atrás,
y seguían adelante, adelante,
burlando las cenizas para alcanzar el beso
de los senderos nuevos.
A cada paso adelantado en mi ruta hacia el frente
rasgaba mis espaldas el aleteo desesperado
de los troncos viejos.
Pero la rama estaba desprendida para siempre,
y a cada nuevo azote la mirada mía
se separaba más y más y más de los lejanos
horizontes aprendidos:
y mi rostro iba tomando la espresión que le venía de
adentro,
la expresión definida que asomaba un sentimiento
de liberación íntima;
un sentimiento que surgía
del equilibrio sostenido entre mi vida
y la verdad del beso de los senderos nuevos.
Ya definido mi rumbo en el presente,
me sentí brote de todos los suelos de la tierra,
de los suelos sin historia,
de los suelos sin porvenir,
del suelo siempre suelo sin orillas
de todos los hombres y de todas las épocas.
Y fui toda en mí como fue en mí la
vida…
Yo quiese ser como los hombres quisieron que yo
fuese:
un intento de vida;
un juego al escondite con mi ser.
Pero yo estaba hecha de presentes;
cuando ya los heraldos me anunciaban
en el regio desfile de los troncos viejos,
se me torció el deseo de seguir a los hombres,
y el homenaje se quedó esperándome.
un intento de vida;
un juego al escondite con mi ser.
Pero yo estaba hecha de presentes,
y mis pies planos sobre la tierra promisora
no resistían caminar hacia atrás,
y seguían adelante, adelante,
burlando las cenizas para alcanzar el beso
de los senderos nuevos.
A cada paso adelantado en mi ruta hacia el frente
rasgaba mis espaldas el aleteo desesperado
de los troncos viejos.
Pero la rama estaba desprendida para siempre,
y a cada nuevo azote la mirada mía
se separaba más y más y más de los lejanos
horizontes aprendidos:
y mi rostro iba tomando la espresión que le venía de
adentro,
la expresión definida que asomaba un sentimiento
de liberación íntima;
un sentimiento que surgía
del equilibrio sostenido entre mi vida
y la verdad del beso de los senderos nuevos.
Ya definido mi rumbo en el presente,
me sentí brote de todos los suelos de la tierra,
de los suelos sin historia,
de los suelos sin porvenir,
del suelo siempre suelo sin orillas
de todos los hombres y de todas las épocas.
Y fui toda en mí como fue en mí la
vida…
Yo quiese ser como los hombres quisieron que yo
fuese:
un intento de vida;
un juego al escondite con mi ser.
Pero yo estaba hecha de presentes;
cuando ya los heraldos me anunciaban
en el regio desfile de los troncos viejos,
se me torció el deseo de seguir a los hombres,
y el homenaje se quedó esperándome.
1.051
Julia de Burgos
Yo Misma Fui Mi Ruta
Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese:
un intento de vida;
un juego al escondite con mi ser.
Pero yo estaba hecha de presentes,
y mis pies planos sobre la tierra promisora
no resistían caminar hacia atrás,
y seguían adelante, adelante,
burlando las cenizas para alcanzar el beso
de los senderos nuevos.
A cada paso adelantado en mi ruta hacia el frente
rasgaba mis espaldas el aleteo desesperado
de los troncos viejos.
Pero la rama estaba desprendida para siempre,
y a cada nuevo azote la mirada mía
se separaba más y más y más de los lejanos
horizontes aprendidos:
y mi rostro iba tomando la espresión que le venía de
adentro,
la expresión definida que asomaba un sentimiento
de liberación íntima;
un sentimiento que surgía
del equilibrio sostenido entre mi vida
y la verdad del beso de los senderos nuevos.
Ya definido mi rumbo en el presente,
me sentí brote de todos los suelos de la tierra,
de los suelos sin historia,
de los suelos sin porvenir,
del suelo siempre suelo sin orillas
de todos los hombres y de todas las épocas.
Y fui toda en mí como fue en mí la
vida…
Yo quiese ser como los hombres quisieron que yo
fuese:
un intento de vida;
un juego al escondite con mi ser.
Pero yo estaba hecha de presentes;
cuando ya los heraldos me anunciaban
en el regio desfile de los troncos viejos,
se me torció el deseo de seguir a los hombres,
y el homenaje se quedó esperándome.
un intento de vida;
un juego al escondite con mi ser.
Pero yo estaba hecha de presentes,
y mis pies planos sobre la tierra promisora
no resistían caminar hacia atrás,
y seguían adelante, adelante,
burlando las cenizas para alcanzar el beso
de los senderos nuevos.
A cada paso adelantado en mi ruta hacia el frente
rasgaba mis espaldas el aleteo desesperado
de los troncos viejos.
Pero la rama estaba desprendida para siempre,
y a cada nuevo azote la mirada mía
se separaba más y más y más de los lejanos
horizontes aprendidos:
y mi rostro iba tomando la espresión que le venía de
adentro,
la expresión definida que asomaba un sentimiento
de liberación íntima;
un sentimiento que surgía
del equilibrio sostenido entre mi vida
y la verdad del beso de los senderos nuevos.
Ya definido mi rumbo en el presente,
me sentí brote de todos los suelos de la tierra,
de los suelos sin historia,
de los suelos sin porvenir,
del suelo siempre suelo sin orillas
de todos los hombres y de todas las épocas.
Y fui toda en mí como fue en mí la
vida…
Yo quiese ser como los hombres quisieron que yo
fuese:
un intento de vida;
un juego al escondite con mi ser.
Pero yo estaba hecha de presentes;
cuando ya los heraldos me anunciaban
en el regio desfile de los troncos viejos,
se me torció el deseo de seguir a los hombres,
y el homenaje se quedó esperándome.
1.051
Julia de Burgos
A José Martí
Yo vengo de la tierna mitad de tu destino;
del sendero amputado al rumbo de tu estrella;
el último destello del resplandor andino,
que se extravió en la sombra, perdido de tu huella.
Yo vengo de una isla que tembló por tu trino,
que izó tu alma más fuerte, tu llamada más bella;
a la que diste sangre, como diste camino
(que al caer por tu Cuba, ya caíste por ella).
Y por ella, la América debe un soplo a tu lumbre;
su tiniebla hace un nudo de dolor en tu cumbre,
recio Dios antillano, pulso eterno, Martí.
Porque tengamos cerca de la muerte, un consuelo,
Puerto Rico, mi patria, te reclama en su suelo,
y por mi voz herida, se conduce hasta ti!
del sendero amputado al rumbo de tu estrella;
el último destello del resplandor andino,
que se extravió en la sombra, perdido de tu huella.
Yo vengo de una isla que tembló por tu trino,
que izó tu alma más fuerte, tu llamada más bella;
a la que diste sangre, como diste camino
(que al caer por tu Cuba, ya caíste por ella).
Y por ella, la América debe un soplo a tu lumbre;
su tiniebla hace un nudo de dolor en tu cumbre,
recio Dios antillano, pulso eterno, Martí.
Porque tengamos cerca de la muerte, un consuelo,
Puerto Rico, mi patria, te reclama en su suelo,
y por mi voz herida, se conduce hasta ti!
493
Juan Bautista de Arriaza y Superviela
El Dos De Mayo De 1808 Himno
Día
terrible lleno de gloria
lleno de sangre, lleno
de horrores
nunca te ocultes a la
memoria
de los que tengan
patria y honor.
Este es el día que con voz tirana
Ya sois esclavos la
ambición gritó;
y el noble pueblo, que lo oyó indignado,
Muertos sí, dijo, style="font-style: italic;">pero esclavos no.
El hueco bronce, asolador del mundo,
al vil decreto se escuchó tronar:
mas el puñal que a los tiranos turba
aun mas tremendo comenzó a brillar.
Ay como viste tus alegres calles,
tus anchas plazas, infeliz Madrid,
en fuego y humo parecer volcanes
y hacerse campos de sangrienta lid!
La lealtad, y la perfidia armada,
se vio aquel día con furor luchar;
volviendo el pueblo generosa guerra
por la que aleve le asaltó en su hogar.
¿Y a quién afrentas proponéis, tiranos?
¿a quién al miedo imagináis rendir?
¿al fiel Daoíz, al leal Velarde,
que nunca saben sin honor vivir?
El mundo aplaude su respuesta hermosa:
tender el brazo al tronador metal,
morir hollando sus contrarios muertos,
y ser de gloria a su nación señal.
Temblando vimos al francés impío,
que en cien batallas no turbó la faz,
de tanto jóven, que sin armas fiero,
entre las filas se le arroja audaz.
Víctimas buscan sus airadas manos
pero el error les arrancó el puñal;
y ¡ay! que si el día fue funesto y duro,
aun más la noche se enlutó fatal.
Noche terrible, al angustiado padre
buscando el hijo que en su hogar faltó,
noche cruel para la tierna esposa
que yermo el lecho de su amor se halló,
noche fatal, en que preguntan todos,
y a todos llanto por respuesta dan,
noche en que frena de la Parca el fallo,
y ¡ay! dicen todos, ¡quiénes
morirán!
Sensibles hijas de la hermosa Iberia,
pues sois modelos de filial piedad,
los ojos, llenos de ternura y gracia,
volved en llanto a la infeliz ciudad:
Ved a la muerte nuestros caros hijos
entre verdugos el traidor llevar;
y el odio preste a vuestros ojos rayos,
si de dolor ya no podéis llorar.
Esos que veis, que maniatados llevan
al bello Prado, que el placer formó,
son los primeros corazones grandes
en que su fuego libertad prendió:
Vedlos cuan firmes a la muerte marchan,
y el noble ejemplo de morir nos dan;
sus cuerpos yacen en sangrienta pira,
sus almas libres al Empíreo van.
Por mil heridas sus abiertos pechos
oid cual gritan con horrenda voz:
«Venganza hermanos: y la madre España
nunca sea presa del francés feroz».
Entre las sombras de tan triste noche
este gemido se escuchó vagar,
gozad en paz ¡oh, del suplicio gloria!
Que aun brazos quedan que os sabrán vengar.
¡Noche terrible,
llena de gloria,
llena de sangre, llena
de horror,
nunca te ocultes a la
memoria
de los que tengan
patria y honor!
terrible lleno de gloria
lleno de sangre, lleno
de horrores
nunca te ocultes a la
memoria
de los que tengan
patria y honor.
Este es el día que con voz tirana
Ya sois esclavos la
ambición gritó;
y el noble pueblo, que lo oyó indignado,
Muertos sí, dijo, style="font-style: italic;">pero esclavos no.
El hueco bronce, asolador del mundo,
al vil decreto se escuchó tronar:
mas el puñal que a los tiranos turba
aun mas tremendo comenzó a brillar.
Ay como viste tus alegres calles,
tus anchas plazas, infeliz Madrid,
en fuego y humo parecer volcanes
y hacerse campos de sangrienta lid!
La lealtad, y la perfidia armada,
se vio aquel día con furor luchar;
volviendo el pueblo generosa guerra
por la que aleve le asaltó en su hogar.
¿Y a quién afrentas proponéis, tiranos?
¿a quién al miedo imagináis rendir?
¿al fiel Daoíz, al leal Velarde,
que nunca saben sin honor vivir?
El mundo aplaude su respuesta hermosa:
tender el brazo al tronador metal,
morir hollando sus contrarios muertos,
y ser de gloria a su nación señal.
Temblando vimos al francés impío,
que en cien batallas no turbó la faz,
de tanto jóven, que sin armas fiero,
entre las filas se le arroja audaz.
Víctimas buscan sus airadas manos
pero el error les arrancó el puñal;
y ¡ay! que si el día fue funesto y duro,
aun más la noche se enlutó fatal.
Noche terrible, al angustiado padre
buscando el hijo que en su hogar faltó,
noche cruel para la tierna esposa
que yermo el lecho de su amor se halló,
noche fatal, en que preguntan todos,
y a todos llanto por respuesta dan,
noche en que frena de la Parca el fallo,
y ¡ay! dicen todos, ¡quiénes
morirán!
Sensibles hijas de la hermosa Iberia,
pues sois modelos de filial piedad,
los ojos, llenos de ternura y gracia,
volved en llanto a la infeliz ciudad:
Ved a la muerte nuestros caros hijos
entre verdugos el traidor llevar;
y el odio preste a vuestros ojos rayos,
si de dolor ya no podéis llorar.
Esos que veis, que maniatados llevan
al bello Prado, que el placer formó,
son los primeros corazones grandes
en que su fuego libertad prendió:
Vedlos cuan firmes a la muerte marchan,
y el noble ejemplo de morir nos dan;
sus cuerpos yacen en sangrienta pira,
sus almas libres al Empíreo van.
Por mil heridas sus abiertos pechos
oid cual gritan con horrenda voz:
«Venganza hermanos: y la madre España
nunca sea presa del francés feroz».
Entre las sombras de tan triste noche
este gemido se escuchó vagar,
gozad en paz ¡oh, del suplicio gloria!
Que aun brazos quedan que os sabrán vengar.
¡Noche terrible,
llena de gloria,
llena de sangre, llena
de horror,
nunca te ocultes a la
memoria
de los que tengan
patria y honor!
456
Juan Bautista de Arriaza y Superviela
El Dos De Mayo De 1808 Himno
Día
terrible lleno de gloria
lleno de sangre, lleno
de horrores
nunca te ocultes a la
memoria
de los que tengan
patria y honor.
Este es el día que con voz tirana
Ya sois esclavos la
ambición gritó;
y el noble pueblo, que lo oyó indignado,
Muertos sí, dijo, style="font-style: italic;">pero esclavos no.
El hueco bronce, asolador del mundo,
al vil decreto se escuchó tronar:
mas el puñal que a los tiranos turba
aun mas tremendo comenzó a brillar.
Ay como viste tus alegres calles,
tus anchas plazas, infeliz Madrid,
en fuego y humo parecer volcanes
y hacerse campos de sangrienta lid!
La lealtad, y la perfidia armada,
se vio aquel día con furor luchar;
volviendo el pueblo generosa guerra
por la que aleve le asaltó en su hogar.
¿Y a quién afrentas proponéis, tiranos?
¿a quién al miedo imagináis rendir?
¿al fiel Daoíz, al leal Velarde,
que nunca saben sin honor vivir?
El mundo aplaude su respuesta hermosa:
tender el brazo al tronador metal,
morir hollando sus contrarios muertos,
y ser de gloria a su nación señal.
Temblando vimos al francés impío,
que en cien batallas no turbó la faz,
de tanto jóven, que sin armas fiero,
entre las filas se le arroja audaz.
Víctimas buscan sus airadas manos
pero el error les arrancó el puñal;
y ¡ay! que si el día fue funesto y duro,
aun más la noche se enlutó fatal.
Noche terrible, al angustiado padre
buscando el hijo que en su hogar faltó,
noche cruel para la tierna esposa
que yermo el lecho de su amor se halló,
noche fatal, en que preguntan todos,
y a todos llanto por respuesta dan,
noche en que frena de la Parca el fallo,
y ¡ay! dicen todos, ¡quiénes
morirán!
Sensibles hijas de la hermosa Iberia,
pues sois modelos de filial piedad,
los ojos, llenos de ternura y gracia,
volved en llanto a la infeliz ciudad:
Ved a la muerte nuestros caros hijos
entre verdugos el traidor llevar;
y el odio preste a vuestros ojos rayos,
si de dolor ya no podéis llorar.
Esos que veis, que maniatados llevan
al bello Prado, que el placer formó,
son los primeros corazones grandes
en que su fuego libertad prendió:
Vedlos cuan firmes a la muerte marchan,
y el noble ejemplo de morir nos dan;
sus cuerpos yacen en sangrienta pira,
sus almas libres al Empíreo van.
Por mil heridas sus abiertos pechos
oid cual gritan con horrenda voz:
«Venganza hermanos: y la madre España
nunca sea presa del francés feroz».
Entre las sombras de tan triste noche
este gemido se escuchó vagar,
gozad en paz ¡oh, del suplicio gloria!
Que aun brazos quedan que os sabrán vengar.
¡Noche terrible,
llena de gloria,
llena de sangre, llena
de horror,
nunca te ocultes a la
memoria
de los que tengan
patria y honor!
terrible lleno de gloria
lleno de sangre, lleno
de horrores
nunca te ocultes a la
memoria
de los que tengan
patria y honor.
Este es el día que con voz tirana
Ya sois esclavos la
ambición gritó;
y el noble pueblo, que lo oyó indignado,
Muertos sí, dijo, style="font-style: italic;">pero esclavos no.
El hueco bronce, asolador del mundo,
al vil decreto se escuchó tronar:
mas el puñal que a los tiranos turba
aun mas tremendo comenzó a brillar.
Ay como viste tus alegres calles,
tus anchas plazas, infeliz Madrid,
en fuego y humo parecer volcanes
y hacerse campos de sangrienta lid!
La lealtad, y la perfidia armada,
se vio aquel día con furor luchar;
volviendo el pueblo generosa guerra
por la que aleve le asaltó en su hogar.
¿Y a quién afrentas proponéis, tiranos?
¿a quién al miedo imagináis rendir?
¿al fiel Daoíz, al leal Velarde,
que nunca saben sin honor vivir?
El mundo aplaude su respuesta hermosa:
tender el brazo al tronador metal,
morir hollando sus contrarios muertos,
y ser de gloria a su nación señal.
Temblando vimos al francés impío,
que en cien batallas no turbó la faz,
de tanto jóven, que sin armas fiero,
entre las filas se le arroja audaz.
Víctimas buscan sus airadas manos
pero el error les arrancó el puñal;
y ¡ay! que si el día fue funesto y duro,
aun más la noche se enlutó fatal.
Noche terrible, al angustiado padre
buscando el hijo que en su hogar faltó,
noche cruel para la tierna esposa
que yermo el lecho de su amor se halló,
noche fatal, en que preguntan todos,
y a todos llanto por respuesta dan,
noche en que frena de la Parca el fallo,
y ¡ay! dicen todos, ¡quiénes
morirán!
Sensibles hijas de la hermosa Iberia,
pues sois modelos de filial piedad,
los ojos, llenos de ternura y gracia,
volved en llanto a la infeliz ciudad:
Ved a la muerte nuestros caros hijos
entre verdugos el traidor llevar;
y el odio preste a vuestros ojos rayos,
si de dolor ya no podéis llorar.
Esos que veis, que maniatados llevan
al bello Prado, que el placer formó,
son los primeros corazones grandes
en que su fuego libertad prendió:
Vedlos cuan firmes a la muerte marchan,
y el noble ejemplo de morir nos dan;
sus cuerpos yacen en sangrienta pira,
sus almas libres al Empíreo van.
Por mil heridas sus abiertos pechos
oid cual gritan con horrenda voz:
«Venganza hermanos: y la madre España
nunca sea presa del francés feroz».
Entre las sombras de tan triste noche
este gemido se escuchó vagar,
gozad en paz ¡oh, del suplicio gloria!
Que aun brazos quedan que os sabrán vengar.
¡Noche terrible,
llena de gloria,
llena de sangre, llena
de horror,
nunca te ocultes a la
memoria
de los que tengan
patria y honor!
456
Juan Bautista de Arriaza y Superviela
El Dos De Mayo De 1808 Himno
Día
terrible lleno de gloria
lleno de sangre, lleno
de horrores
nunca te ocultes a la
memoria
de los que tengan
patria y honor.
Este es el día que con voz tirana
Ya sois esclavos la
ambición gritó;
y el noble pueblo, que lo oyó indignado,
Muertos sí, dijo, style="font-style: italic;">pero esclavos no.
El hueco bronce, asolador del mundo,
al vil decreto se escuchó tronar:
mas el puñal que a los tiranos turba
aun mas tremendo comenzó a brillar.
Ay como viste tus alegres calles,
tus anchas plazas, infeliz Madrid,
en fuego y humo parecer volcanes
y hacerse campos de sangrienta lid!
La lealtad, y la perfidia armada,
se vio aquel día con furor luchar;
volviendo el pueblo generosa guerra
por la que aleve le asaltó en su hogar.
¿Y a quién afrentas proponéis, tiranos?
¿a quién al miedo imagináis rendir?
¿al fiel Daoíz, al leal Velarde,
que nunca saben sin honor vivir?
El mundo aplaude su respuesta hermosa:
tender el brazo al tronador metal,
morir hollando sus contrarios muertos,
y ser de gloria a su nación señal.
Temblando vimos al francés impío,
que en cien batallas no turbó la faz,
de tanto jóven, que sin armas fiero,
entre las filas se le arroja audaz.
Víctimas buscan sus airadas manos
pero el error les arrancó el puñal;
y ¡ay! que si el día fue funesto y duro,
aun más la noche se enlutó fatal.
Noche terrible, al angustiado padre
buscando el hijo que en su hogar faltó,
noche cruel para la tierna esposa
que yermo el lecho de su amor se halló,
noche fatal, en que preguntan todos,
y a todos llanto por respuesta dan,
noche en que frena de la Parca el fallo,
y ¡ay! dicen todos, ¡quiénes
morirán!
Sensibles hijas de la hermosa Iberia,
pues sois modelos de filial piedad,
los ojos, llenos de ternura y gracia,
volved en llanto a la infeliz ciudad:
Ved a la muerte nuestros caros hijos
entre verdugos el traidor llevar;
y el odio preste a vuestros ojos rayos,
si de dolor ya no podéis llorar.
Esos que veis, que maniatados llevan
al bello Prado, que el placer formó,
son los primeros corazones grandes
en que su fuego libertad prendió:
Vedlos cuan firmes a la muerte marchan,
y el noble ejemplo de morir nos dan;
sus cuerpos yacen en sangrienta pira,
sus almas libres al Empíreo van.
Por mil heridas sus abiertos pechos
oid cual gritan con horrenda voz:
«Venganza hermanos: y la madre España
nunca sea presa del francés feroz».
Entre las sombras de tan triste noche
este gemido se escuchó vagar,
gozad en paz ¡oh, del suplicio gloria!
Que aun brazos quedan que os sabrán vengar.
¡Noche terrible,
llena de gloria,
llena de sangre, llena
de horror,
nunca te ocultes a la
memoria
de los que tengan
patria y honor!
terrible lleno de gloria
lleno de sangre, lleno
de horrores
nunca te ocultes a la
memoria
de los que tengan
patria y honor.
Este es el día que con voz tirana
Ya sois esclavos la
ambición gritó;
y el noble pueblo, que lo oyó indignado,
Muertos sí, dijo, style="font-style: italic;">pero esclavos no.
El hueco bronce, asolador del mundo,
al vil decreto se escuchó tronar:
mas el puñal que a los tiranos turba
aun mas tremendo comenzó a brillar.
Ay como viste tus alegres calles,
tus anchas plazas, infeliz Madrid,
en fuego y humo parecer volcanes
y hacerse campos de sangrienta lid!
La lealtad, y la perfidia armada,
se vio aquel día con furor luchar;
volviendo el pueblo generosa guerra
por la que aleve le asaltó en su hogar.
¿Y a quién afrentas proponéis, tiranos?
¿a quién al miedo imagináis rendir?
¿al fiel Daoíz, al leal Velarde,
que nunca saben sin honor vivir?
El mundo aplaude su respuesta hermosa:
tender el brazo al tronador metal,
morir hollando sus contrarios muertos,
y ser de gloria a su nación señal.
Temblando vimos al francés impío,
que en cien batallas no turbó la faz,
de tanto jóven, que sin armas fiero,
entre las filas se le arroja audaz.
Víctimas buscan sus airadas manos
pero el error les arrancó el puñal;
y ¡ay! que si el día fue funesto y duro,
aun más la noche se enlutó fatal.
Noche terrible, al angustiado padre
buscando el hijo que en su hogar faltó,
noche cruel para la tierna esposa
que yermo el lecho de su amor se halló,
noche fatal, en que preguntan todos,
y a todos llanto por respuesta dan,
noche en que frena de la Parca el fallo,
y ¡ay! dicen todos, ¡quiénes
morirán!
Sensibles hijas de la hermosa Iberia,
pues sois modelos de filial piedad,
los ojos, llenos de ternura y gracia,
volved en llanto a la infeliz ciudad:
Ved a la muerte nuestros caros hijos
entre verdugos el traidor llevar;
y el odio preste a vuestros ojos rayos,
si de dolor ya no podéis llorar.
Esos que veis, que maniatados llevan
al bello Prado, que el placer formó,
son los primeros corazones grandes
en que su fuego libertad prendió:
Vedlos cuan firmes a la muerte marchan,
y el noble ejemplo de morir nos dan;
sus cuerpos yacen en sangrienta pira,
sus almas libres al Empíreo van.
Por mil heridas sus abiertos pechos
oid cual gritan con horrenda voz:
«Venganza hermanos: y la madre España
nunca sea presa del francés feroz».
Entre las sombras de tan triste noche
este gemido se escuchó vagar,
gozad en paz ¡oh, del suplicio gloria!
Que aun brazos quedan que os sabrán vengar.
¡Noche terrible,
llena de gloria,
llena de sangre, llena
de horror,
nunca te ocultes a la
memoria
de los que tengan
patria y honor!
456
Juan Bautista de Arriaza y Superviela
En Honor Del Cuerpo De Artillería
Gloria al cuerpo, que el primero
por la boca de un cañón
respondió a Napoleón
«Obedecerte no quiero»
pues ese incendio guerrero,
que ya en todas partes arde,
y aterra al Corso cobarde,
todo es efecto del rayo
disparado en dos de Mayo
por Daoíz y Velarde.
por la boca de un cañón
respondió a Napoleón
«Obedecerte no quiero»
pues ese incendio guerrero,
que ya en todas partes arde,
y aterra al Corso cobarde,
todo es efecto del rayo
disparado en dos de Mayo
por Daoíz y Velarde.
432
Juan Bautista de Arriaza y Superviela
En Honor Del Cuerpo De Artillería
Gloria al cuerpo, que el primero
por la boca de un cañón
respondió a Napoleón
«Obedecerte no quiero»
pues ese incendio guerrero,
que ya en todas partes arde,
y aterra al Corso cobarde,
todo es efecto del rayo
disparado en dos de Mayo
por Daoíz y Velarde.
por la boca de un cañón
respondió a Napoleón
«Obedecerte no quiero»
pues ese incendio guerrero,
que ya en todas partes arde,
y aterra al Corso cobarde,
todo es efecto del rayo
disparado en dos de Mayo
por Daoíz y Velarde.
432
Juan Bautista de Arriaza y Superviela
La Función De Vacas
Grande alboroto, mucha confusión,
voces de “Vaya” y “Venga el boletín”,
gran prisa por sentarse en un tablón,
mucho soldado sobre su rocín;
ya se empieza el magnífico pregón,
ya hace señal Simón con el clarín,
el pregonero grita: “Manda el Rey”,
todo para anunciar que sale un buey.
Luego el toro feroz sale corriendo
(pienso que más de miedo que de ira);
todo el mundo al mirarle tan tremendo,
ligero hacia las vallas se retira;
párase en medio el buey, y yo comprendo
del ceño con que a todas partes mira
que iba diciendo en sí el animal manso:
“Por fin, aquí me matan y descanso”.
Sale luego a echar plantas a la plaza
un jaque presumido de ligero;
zafio, torpe, soez, y con más traza
de mozo de cordel que de torero;
vase acercando al toro con cachaza;
mas no bien llega a ver que el bruto fiero
parte tras él furioso como un diablo,
vuelve la espalda y dice: “Guarda, Pablo”.
Síguese a tan gloriosa maravilla
un general aplauso de la gente;
uno le grita: “Corre, que te pilla”;
otro le dice: “Bárbaro, detente”.
Y al escuchar lo que el concurso chilla,
iba diciendo el corredor valiente:
“Para qué os quiero, pies? dadme socorro.
¿No es corrida de bestias? Pues yo corro”.
A las primeras vueltas ya se halla
el toro solo en medio de la arena;
por no saber qué hacerse, va a la valla,
a ver si en algún tonto el cuerno estrena;
mas desde allí la timida canalla,
que estando en salvo de valor se llena,
al pobre buey ablandan el cogote,
unos con pinchos, y otros con garrote.
En esto, con su capa colorada
sale a la plaza un malcarado pillo;
puesto en jarras, la vista atravesada,
y escupiendo al través por el colmillo,
dice con una voz agacharada:
“Echen, échenme acá el animalillo”;
mas viene el buey; él piensa que le atrapa;
quiere echarle la capa, pero escapa.
Hecha al fin la señal de retirada,
que en otras partes suele ser de entierro,
pues muere el animal de una estocada
o a las furiosas presas de algún perro,
sale el manso y pastor de la vacada,
y al reclamo del áspero cencerro,
la plaza al punto el buey desembaraza,
quedando otros más bueyes en la plaza.
voces de “Vaya” y “Venga el boletín”,
gran prisa por sentarse en un tablón,
mucho soldado sobre su rocín;
ya se empieza el magnífico pregón,
ya hace señal Simón con el clarín,
el pregonero grita: “Manda el Rey”,
todo para anunciar que sale un buey.
Luego el toro feroz sale corriendo
(pienso que más de miedo que de ira);
todo el mundo al mirarle tan tremendo,
ligero hacia las vallas se retira;
párase en medio el buey, y yo comprendo
del ceño con que a todas partes mira
que iba diciendo en sí el animal manso:
“Por fin, aquí me matan y descanso”.
Sale luego a echar plantas a la plaza
un jaque presumido de ligero;
zafio, torpe, soez, y con más traza
de mozo de cordel que de torero;
vase acercando al toro con cachaza;
mas no bien llega a ver que el bruto fiero
parte tras él furioso como un diablo,
vuelve la espalda y dice: “Guarda, Pablo”.
Síguese a tan gloriosa maravilla
un general aplauso de la gente;
uno le grita: “Corre, que te pilla”;
otro le dice: “Bárbaro, detente”.
Y al escuchar lo que el concurso chilla,
iba diciendo el corredor valiente:
“Para qué os quiero, pies? dadme socorro.
¿No es corrida de bestias? Pues yo corro”.
A las primeras vueltas ya se halla
el toro solo en medio de la arena;
por no saber qué hacerse, va a la valla,
a ver si en algún tonto el cuerno estrena;
mas desde allí la timida canalla,
que estando en salvo de valor se llena,
al pobre buey ablandan el cogote,
unos con pinchos, y otros con garrote.
En esto, con su capa colorada
sale a la plaza un malcarado pillo;
puesto en jarras, la vista atravesada,
y escupiendo al través por el colmillo,
dice con una voz agacharada:
“Echen, échenme acá el animalillo”;
mas viene el buey; él piensa que le atrapa;
quiere echarle la capa, pero escapa.
Hecha al fin la señal de retirada,
que en otras partes suele ser de entierro,
pues muere el animal de una estocada
o a las furiosas presas de algún perro,
sale el manso y pastor de la vacada,
y al reclamo del áspero cencerro,
la plaza al punto el buey desembaraza,
quedando otros más bueyes en la plaza.
507
Juan Bautista de Arriaza y Superviela
A La Entrada Victoriosa Del General Ricardos En Conlindres Soneto
Pisa Ricardos la ciudad tomada
y entre el tropel de la vencida gente,
Febo divino, Marte omnipotente,
salen también a celebrar su entrada.
Febo le toma la invencible espada
y con laurel eterno alegremente
ciñe y enjuga la gloriosa frente
de espeso polvo y de sudor bañada.
Contempla Marte el ademán bizarro
y al ver que resplandece en su semblante
la gloria de Cortés y de Pizarro,
alargole la diestra fulminante
e hizo montar en su soberbio carro
al domador del Rosellón triunfante.
y entre el tropel de la vencida gente,
Febo divino, Marte omnipotente,
salen también a celebrar su entrada.
Febo le toma la invencible espada
y con laurel eterno alegremente
ciñe y enjuga la gloriosa frente
de espeso polvo y de sudor bañada.
Contempla Marte el ademán bizarro
y al ver que resplandece en su semblante
la gloria de Cortés y de Pizarro,
alargole la diestra fulminante
e hizo montar en su soberbio carro
al domador del Rosellón triunfante.
330
Juan Bautista de Arriaza y Superviela
A La Entrada Victoriosa Del General Ricardos En Conlindres Soneto
Pisa Ricardos la ciudad tomada
y entre el tropel de la vencida gente,
Febo divino, Marte omnipotente,
salen también a celebrar su entrada.
Febo le toma la invencible espada
y con laurel eterno alegremente
ciñe y enjuga la gloriosa frente
de espeso polvo y de sudor bañada.
Contempla Marte el ademán bizarro
y al ver que resplandece en su semblante
la gloria de Cortés y de Pizarro,
alargole la diestra fulminante
e hizo montar en su soberbio carro
al domador del Rosellón triunfante.
y entre el tropel de la vencida gente,
Febo divino, Marte omnipotente,
salen también a celebrar su entrada.
Febo le toma la invencible espada
y con laurel eterno alegremente
ciñe y enjuga la gloriosa frente
de espeso polvo y de sudor bañada.
Contempla Marte el ademán bizarro
y al ver que resplandece en su semblante
la gloria de Cortés y de Pizarro,
alargole la diestra fulminante
e hizo montar en su soberbio carro
al domador del Rosellón triunfante.
330
Juan Bautista de Arriaza y Superviela
Consejos A Un Militar Soneto
Si por la noble senda del dios Marte
subir quieres al templo de la Fama,
y arrebatar allí la verde rama
que la envidia jamás podrá quitarte,
es fuerza ¡oh! blanco a los estudios darte,
pues a las glorias a que el Dios te llama
no sirve ya el valor que el pecho inflama,
si no le templa y modifica el arte.
Es bien que por modelo te presentes
de altos varones la inmortal caterva
que en letras y armas fueron excelentes,
pues el lauro que Marte te reserva
para darte por premio a los valientes
se le da por la mano de Minerva.
subir quieres al templo de la Fama,
y arrebatar allí la verde rama
que la envidia jamás podrá quitarte,
es fuerza ¡oh! blanco a los estudios darte,
pues a las glorias a que el Dios te llama
no sirve ya el valor que el pecho inflama,
si no le templa y modifica el arte.
Es bien que por modelo te presentes
de altos varones la inmortal caterva
que en letras y armas fueron excelentes,
pues el lauro que Marte te reserva
para darte por premio a los valientes
se le da por la mano de Minerva.
411
José Ángel Valente
La Poesía
Se fue en el viento,
volvió en el aire.
Le abrí en mi casa
la puerta grande.
Se fue en el viento.
Quedé anhelante.
Se fue en el viento,
volvió en el aire.
Me llevó adonde
no había nadie.
Se fue en el viento,
quedó en mi sangre.
Volvió en el aire.
volvió en el aire.
Le abrí en mi casa
la puerta grande.
Se fue en el viento.
Quedé anhelante.
Se fue en el viento,
volvió en el aire.
Me llevó adonde
no había nadie.
Se fue en el viento,
quedó en mi sangre.
Volvió en el aire.
535
José Ángel Valente
Un Canto
Quisiera un canto
que hiciera estallar en cien palabras ciegas
la palabra intocable.
Un canto.
Mas nunca la palabra como ídolo obeso,
alimentado
de ideas que lo fueron y carcome la lluvia.
La explosión de un silencio.
Un canto nuevo, mío, de mi prójimo,
del adolescente sin palabras que espera ser
nombrado,
de la mujer cuyo deseo sube
en borbotón sangriento a la pálida frente,
de éste que me acusa silencioso,
que silenciosamente me combate,
porque acaso no ignora
que una sola palabra bastaría
para arrasar el mundo,
para extinguir el odio
y arrasarnos...
que hiciera estallar en cien palabras ciegas
la palabra intocable.
Un canto.
Mas nunca la palabra como ídolo obeso,
alimentado
de ideas que lo fueron y carcome la lluvia.
La explosión de un silencio.
Un canto nuevo, mío, de mi prójimo,
del adolescente sin palabras que espera ser
nombrado,
de la mujer cuyo deseo sube
en borbotón sangriento a la pálida frente,
de éste que me acusa silencioso,
que silenciosamente me combate,
porque acaso no ignora
que una sola palabra bastaría
para arrasar el mundo,
para extinguir el odio
y arrasarnos...
505
José Ángel Valente
Poeta En Tiempo De Miseria
Hablaba de prisa.
Hablaba sin oír ni ver ni hablar.
Hablaba como el que huye,
emboscado de pronto entre falsos follajes
de simpatía e irrealidad.
Hablaba sin puntuación y sin silencios,
intercalando en cada pausa gestos de ensayada
alegría para evitar acaso la furtiva pregunta,
la solidaridad con su pasado,
su desnuda verdad.
Hablaba como queriendo borrar su vida ante un
testigo incómodo,
para lo cual se rodeaba de secundarios seres
que de sus desprecios alimentaban
una grosera vanidad.
Compraba así el silencio a duro precio,
la posición estable a duro precio,
el derecho a la vida a duro precio,
a duro precio el pan.
Metal noble tal vez que el martillo batiera
para causa más pura.
Poeta en tiempo de miseria, en tiempo de mentira
y de infidelidad.
Hablaba sin oír ni ver ni hablar.
Hablaba como el que huye,
emboscado de pronto entre falsos follajes
de simpatía e irrealidad.
Hablaba sin puntuación y sin silencios,
intercalando en cada pausa gestos de ensayada
alegría para evitar acaso la furtiva pregunta,
la solidaridad con su pasado,
su desnuda verdad.
Hablaba como queriendo borrar su vida ante un
testigo incómodo,
para lo cual se rodeaba de secundarios seres
que de sus desprecios alimentaban
una grosera vanidad.
Compraba así el silencio a duro precio,
la posición estable a duro precio,
el derecho a la vida a duro precio,
a duro precio el pan.
Metal noble tal vez que el martillo batiera
para causa más pura.
Poeta en tiempo de miseria, en tiempo de mentira
y de infidelidad.
537
José Ángel Valente
Poeta En Tiempo De Miseria
Hablaba de prisa.
Hablaba sin oír ni ver ni hablar.
Hablaba como el que huye,
emboscado de pronto entre falsos follajes
de simpatía e irrealidad.
Hablaba sin puntuación y sin silencios,
intercalando en cada pausa gestos de ensayada
alegría para evitar acaso la furtiva pregunta,
la solidaridad con su pasado,
su desnuda verdad.
Hablaba como queriendo borrar su vida ante un
testigo incómodo,
para lo cual se rodeaba de secundarios seres
que de sus desprecios alimentaban
una grosera vanidad.
Compraba así el silencio a duro precio,
la posición estable a duro precio,
el derecho a la vida a duro precio,
a duro precio el pan.
Metal noble tal vez que el martillo batiera
para causa más pura.
Poeta en tiempo de miseria, en tiempo de mentira
y de infidelidad.
Hablaba sin oír ni ver ni hablar.
Hablaba como el que huye,
emboscado de pronto entre falsos follajes
de simpatía e irrealidad.
Hablaba sin puntuación y sin silencios,
intercalando en cada pausa gestos de ensayada
alegría para evitar acaso la furtiva pregunta,
la solidaridad con su pasado,
su desnuda verdad.
Hablaba como queriendo borrar su vida ante un
testigo incómodo,
para lo cual se rodeaba de secundarios seres
que de sus desprecios alimentaban
una grosera vanidad.
Compraba así el silencio a duro precio,
la posición estable a duro precio,
el derecho a la vida a duro precio,
a duro precio el pan.
Metal noble tal vez que el martillo batiera
para causa más pura.
Poeta en tiempo de miseria, en tiempo de mentira
y de infidelidad.
537
José Ángel Valente
Poeta En Tiempo De Miseria
Hablaba de prisa.
Hablaba sin oír ni ver ni hablar.
Hablaba como el que huye,
emboscado de pronto entre falsos follajes
de simpatía e irrealidad.
Hablaba sin puntuación y sin silencios,
intercalando en cada pausa gestos de ensayada
alegría para evitar acaso la furtiva pregunta,
la solidaridad con su pasado,
su desnuda verdad.
Hablaba como queriendo borrar su vida ante un
testigo incómodo,
para lo cual se rodeaba de secundarios seres
que de sus desprecios alimentaban
una grosera vanidad.
Compraba así el silencio a duro precio,
la posición estable a duro precio,
el derecho a la vida a duro precio,
a duro precio el pan.
Metal noble tal vez que el martillo batiera
para causa más pura.
Poeta en tiempo de miseria, en tiempo de mentira
y de infidelidad.
Hablaba sin oír ni ver ni hablar.
Hablaba como el que huye,
emboscado de pronto entre falsos follajes
de simpatía e irrealidad.
Hablaba sin puntuación y sin silencios,
intercalando en cada pausa gestos de ensayada
alegría para evitar acaso la furtiva pregunta,
la solidaridad con su pasado,
su desnuda verdad.
Hablaba como queriendo borrar su vida ante un
testigo incómodo,
para lo cual se rodeaba de secundarios seres
que de sus desprecios alimentaban
una grosera vanidad.
Compraba así el silencio a duro precio,
la posición estable a duro precio,
el derecho a la vida a duro precio,
a duro precio el pan.
Metal noble tal vez que el martillo batiera
para causa más pura.
Poeta en tiempo de miseria, en tiempo de mentira
y de infidelidad.
537