Poemas en este tema
Sociedad y el Mundo
Anônimo
Romance Xi De La Infanta Doña Urraca, Que Se Fue Para Cabezón A Quejarse Muy Malamente
—Morir vos queredes, padre, ¡San Miguel vos haya el alma!
Mandastes las vuestra tierras a quien se vos antojara:
diste a don Sancho a Castilla, Castilla la bien nombrada,
a don Alfonso a León con Asturias y Sanabria,
a don García a Galicia con Portugal la preciada,
¡y a mí, porque soy mujer, dejáisme desheredada!
Irme he yo de tierra en tierra como una mujer errada;
mi lindo cuerpo daría a quien bien se me antojara,
a los moros por dinero y a los cristianos de gracia;
de lo que ganar pudiere, haré bien por vuestra alma.
Allí preguntara el rey: —¿Quién es esa que así habla?
Respondiera el arzobispo: —Vuestra hija doña Urraca.
—Calledes, hija, calledes, no digades tal palabra,
que mujer que tal decía merecía ser quemada.
Allá en tierra leonesa un rincón se me olvidaba,
Zamora tiene por nombre, Zamora la bien cercada,
de un lado la cerca el Duero, del otro peña tajada.
¡Quien vos la quitare, hija, la mi maldición le caiga!
Todos dicen: «Amen, amen», sino don Sancho que calla.
Mandastes las vuestra tierras a quien se vos antojara:
diste a don Sancho a Castilla, Castilla la bien nombrada,
a don Alfonso a León con Asturias y Sanabria,
a don García a Galicia con Portugal la preciada,
¡y a mí, porque soy mujer, dejáisme desheredada!
Irme he yo de tierra en tierra como una mujer errada;
mi lindo cuerpo daría a quien bien se me antojara,
a los moros por dinero y a los cristianos de gracia;
de lo que ganar pudiere, haré bien por vuestra alma.
Allí preguntara el rey: —¿Quién es esa que así habla?
Respondiera el arzobispo: —Vuestra hija doña Urraca.
—Calledes, hija, calledes, no digades tal palabra,
que mujer que tal decía merecía ser quemada.
Allá en tierra leonesa un rincón se me olvidaba,
Zamora tiene por nombre, Zamora la bien cercada,
de un lado la cerca el Duero, del otro peña tajada.
¡Quien vos la quitare, hija, la mi maldición le caiga!
Todos dicen: «Amen, amen», sino don Sancho que calla.
457
Anônimo
Romance Xi De La Infanta Doña Urraca, Que Se Fue Para Cabezón A Quejarse Muy Malamente
—Morir vos queredes, padre, ¡San Miguel vos haya el alma!
Mandastes las vuestra tierras a quien se vos antojara:
diste a don Sancho a Castilla, Castilla la bien nombrada,
a don Alfonso a León con Asturias y Sanabria,
a don García a Galicia con Portugal la preciada,
¡y a mí, porque soy mujer, dejáisme desheredada!
Irme he yo de tierra en tierra como una mujer errada;
mi lindo cuerpo daría a quien bien se me antojara,
a los moros por dinero y a los cristianos de gracia;
de lo que ganar pudiere, haré bien por vuestra alma.
Allí preguntara el rey: —¿Quién es esa que así habla?
Respondiera el arzobispo: —Vuestra hija doña Urraca.
—Calledes, hija, calledes, no digades tal palabra,
que mujer que tal decía merecía ser quemada.
Allá en tierra leonesa un rincón se me olvidaba,
Zamora tiene por nombre, Zamora la bien cercada,
de un lado la cerca el Duero, del otro peña tajada.
¡Quien vos la quitare, hija, la mi maldición le caiga!
Todos dicen: «Amen, amen», sino don Sancho que calla.
Mandastes las vuestra tierras a quien se vos antojara:
diste a don Sancho a Castilla, Castilla la bien nombrada,
a don Alfonso a León con Asturias y Sanabria,
a don García a Galicia con Portugal la preciada,
¡y a mí, porque soy mujer, dejáisme desheredada!
Irme he yo de tierra en tierra como una mujer errada;
mi lindo cuerpo daría a quien bien se me antojara,
a los moros por dinero y a los cristianos de gracia;
de lo que ganar pudiere, haré bien por vuestra alma.
Allí preguntara el rey: —¿Quién es esa que así habla?
Respondiera el arzobispo: —Vuestra hija doña Urraca.
—Calledes, hija, calledes, no digades tal palabra,
que mujer que tal decía merecía ser quemada.
Allá en tierra leonesa un rincón se me olvidaba,
Zamora tiene por nombre, Zamora la bien cercada,
de un lado la cerca el Duero, del otro peña tajada.
¡Quien vos la quitare, hija, la mi maldición le caiga!
Todos dicen: «Amen, amen», sino don Sancho que calla.
457
Anônimo
Romance X De La Muerte Del Rey Don Fernando En El Castillo De Cabezón, A Una Corta Jornada De
Doliente estaba, doliente, ese buen rey don Fernando;
los pies tiene cara oriente y la candela en la mano.
A su cabecera tiene arzobispos y perlados;
a su man derecha tiene los sus hijos todos cuatro:
los tres eran de la reina y el uno era bastardo.
Ese que bastardo era quedaba mejor librado:
abad era de Sahagund, arzobispo de Santiago,
y del Papa cardenal, en las Españas legado.
—Si yo no muriera, hijo, vos fuérades Padre Santo,
mas con la renta que os queda, bien podréis, hijo, alcanzarlo.
los pies tiene cara oriente y la candela en la mano.
A su cabecera tiene arzobispos y perlados;
a su man derecha tiene los sus hijos todos cuatro:
los tres eran de la reina y el uno era bastardo.
Ese que bastardo era quedaba mejor librado:
abad era de Sahagund, arzobispo de Santiago,
y del Papa cardenal, en las Españas legado.
—Si yo no muriera, hijo, vos fuérades Padre Santo,
mas con la renta que os queda, bien podréis, hijo, alcanzarlo.
526
Anônimo
Romance Ii De Cómo Jimena, La Hija Del Conde Lozano, Pide Al Rey Venganza
Grande rumor se levanta de gritos, armas y voces
en el palacio de Burgos, donde son los ricoshombres.
Bajó el rey de su aposento y con él toda la corte,
y a las puertas del palacio hallan a Jimena Gómez,
desmelenado el cabello, llorando a su padre el conde;
y a Rodrigo de Vivar ensangrentado el estoque.
Vieron al soberbio mozo el rostro airado se pone,
de doña Jimena oyendo lo que dicen sus clamores:
—¡Justicia, buen rey, te pido y venganza de traidores;
así se logren tus hijos y de tus hazañas goces,
que aquel que no la mantiene de rey no merece el nombre!
Y tú, matador cruel, no por mujer me perdones:
la muerte, traidor, te pido, no me la niegues ni estorbes,
pues mataste un caballero, el mejor de los mejores.
En esto, viendo Jimena que Rodrigo no responde,
y que tomando las riendas en su caballo se pone,
el rostro volviendo a todos, por obligalles da voces,
y viendo que no le siguen grita: —¡Venganza, señores!
en el palacio de Burgos, donde son los ricoshombres.
Bajó el rey de su aposento y con él toda la corte,
y a las puertas del palacio hallan a Jimena Gómez,
desmelenado el cabello, llorando a su padre el conde;
y a Rodrigo de Vivar ensangrentado el estoque.
Vieron al soberbio mozo el rostro airado se pone,
de doña Jimena oyendo lo que dicen sus clamores:
—¡Justicia, buen rey, te pido y venganza de traidores;
así se logren tus hijos y de tus hazañas goces,
que aquel que no la mantiene de rey no merece el nombre!
Y tú, matador cruel, no por mujer me perdones:
la muerte, traidor, te pido, no me la niegues ni estorbes,
pues mataste un caballero, el mejor de los mejores.
En esto, viendo Jimena que Rodrigo no responde,
y que tomando las riendas en su caballo se pone,
el rostro volviendo a todos, por obligalles da voces,
y viendo que no le siguen grita: —¡Venganza, señores!
445
Anônimo
Romance Ii De Cómo Jimena, La Hija Del Conde Lozano, Pide Al Rey Venganza
Grande rumor se levanta de gritos, armas y voces
en el palacio de Burgos, donde son los ricoshombres.
Bajó el rey de su aposento y con él toda la corte,
y a las puertas del palacio hallan a Jimena Gómez,
desmelenado el cabello, llorando a su padre el conde;
y a Rodrigo de Vivar ensangrentado el estoque.
Vieron al soberbio mozo el rostro airado se pone,
de doña Jimena oyendo lo que dicen sus clamores:
—¡Justicia, buen rey, te pido y venganza de traidores;
así se logren tus hijos y de tus hazañas goces,
que aquel que no la mantiene de rey no merece el nombre!
Y tú, matador cruel, no por mujer me perdones:
la muerte, traidor, te pido, no me la niegues ni estorbes,
pues mataste un caballero, el mejor de los mejores.
En esto, viendo Jimena que Rodrigo no responde,
y que tomando las riendas en su caballo se pone,
el rostro volviendo a todos, por obligalles da voces,
y viendo que no le siguen grita: —¡Venganza, señores!
en el palacio de Burgos, donde son los ricoshombres.
Bajó el rey de su aposento y con él toda la corte,
y a las puertas del palacio hallan a Jimena Gómez,
desmelenado el cabello, llorando a su padre el conde;
y a Rodrigo de Vivar ensangrentado el estoque.
Vieron al soberbio mozo el rostro airado se pone,
de doña Jimena oyendo lo que dicen sus clamores:
—¡Justicia, buen rey, te pido y venganza de traidores;
así se logren tus hijos y de tus hazañas goces,
que aquel que no la mantiene de rey no merece el nombre!
Y tú, matador cruel, no por mujer me perdones:
la muerte, traidor, te pido, no me la niegues ni estorbes,
pues mataste un caballero, el mejor de los mejores.
En esto, viendo Jimena que Rodrigo no responde,
y que tomando las riendas en su caballo se pone,
el rostro volviendo a todos, por obligalles da voces,
y viendo que no le siguen grita: —¡Venganza, señores!
445
Anônimo
Romance Ii De Cómo Jimena, La Hija Del Conde Lozano, Pide Al Rey Venganza
Grande rumor se levanta de gritos, armas y voces
en el palacio de Burgos, donde son los ricoshombres.
Bajó el rey de su aposento y con él toda la corte,
y a las puertas del palacio hallan a Jimena Gómez,
desmelenado el cabello, llorando a su padre el conde;
y a Rodrigo de Vivar ensangrentado el estoque.
Vieron al soberbio mozo el rostro airado se pone,
de doña Jimena oyendo lo que dicen sus clamores:
—¡Justicia, buen rey, te pido y venganza de traidores;
así se logren tus hijos y de tus hazañas goces,
que aquel que no la mantiene de rey no merece el nombre!
Y tú, matador cruel, no por mujer me perdones:
la muerte, traidor, te pido, no me la niegues ni estorbes,
pues mataste un caballero, el mejor de los mejores.
En esto, viendo Jimena que Rodrigo no responde,
y que tomando las riendas en su caballo se pone,
el rostro volviendo a todos, por obligalles da voces,
y viendo que no le siguen grita: —¡Venganza, señores!
en el palacio de Burgos, donde son los ricoshombres.
Bajó el rey de su aposento y con él toda la corte,
y a las puertas del palacio hallan a Jimena Gómez,
desmelenado el cabello, llorando a su padre el conde;
y a Rodrigo de Vivar ensangrentado el estoque.
Vieron al soberbio mozo el rostro airado se pone,
de doña Jimena oyendo lo que dicen sus clamores:
—¡Justicia, buen rey, te pido y venganza de traidores;
así se logren tus hijos y de tus hazañas goces,
que aquel que no la mantiene de rey no merece el nombre!
Y tú, matador cruel, no por mujer me perdones:
la muerte, traidor, te pido, no me la niegues ni estorbes,
pues mataste un caballero, el mejor de los mejores.
En esto, viendo Jimena que Rodrigo no responde,
y que tomando las riendas en su caballo se pone,
el rostro volviendo a todos, por obligalles da voces,
y viendo que no le siguen grita: —¡Venganza, señores!
445
Anônimo
Romance Iii En Que Doña Jimena Pide De Nuevo Justicia Al Rey
En Burgos está el buen rey asentado a su yantar,
cuando la Jimena Gómez se le vino a querellar;
cubierta paños de luto, tocas de negro cendal;
las rodillas por el suelo, comenzara de fablar;
—Con mancilla vivo, rey; con ella vive mi madre;
cada día que amanece veo quien mató a mi padre
caballero en un caballo y en su mano un gavilán;
por hacerme más enojo cébalo en mi palomar;
con sangre de mis palomas ensangentó mi brial.
¡Hacedme, buen rey justicia, no me la queráis negar!
Rey que non face justicia non debía de reinar,
ni comer pan a manteles, ni con la reina folgar.
El rey cuando aquesto oyera comenzara de pensar:
«Si yo prendo o mato al Cid, mis cortes revolverse han;
pues, si lo dejo de hacer, Dios me lo demandará».
Allí habló doña Jimena palabras bien de notar:
—Yo te lo diría, rey, como lo has de remediar.
Mantén tú bien las tus cortes, no te las revuelva nadie,
y al que mi padre mató dámelo para casar,
que quien tanto mal me hizo sé que algún bien me fará.
—Siempre lo he oído decir, y ahora veo que es verdad,
que el seso de las mujeres no era cosa natural:
hasta aquí pidió justicia, ya quiere con él casar.
Mandaré una carta al Cid, mandarle quiero llamar.
Las palabras no son dichas, la carta camino va;
mensajero que la lleva dado la había a su padre.
cuando la Jimena Gómez se le vino a querellar;
cubierta paños de luto, tocas de negro cendal;
las rodillas por el suelo, comenzara de fablar;
—Con mancilla vivo, rey; con ella vive mi madre;
cada día que amanece veo quien mató a mi padre
caballero en un caballo y en su mano un gavilán;
por hacerme más enojo cébalo en mi palomar;
con sangre de mis palomas ensangentó mi brial.
¡Hacedme, buen rey justicia, no me la queráis negar!
Rey que non face justicia non debía de reinar,
ni comer pan a manteles, ni con la reina folgar.
El rey cuando aquesto oyera comenzara de pensar:
«Si yo prendo o mato al Cid, mis cortes revolverse han;
pues, si lo dejo de hacer, Dios me lo demandará».
Allí habló doña Jimena palabras bien de notar:
—Yo te lo diría, rey, como lo has de remediar.
Mantén tú bien las tus cortes, no te las revuelva nadie,
y al que mi padre mató dámelo para casar,
que quien tanto mal me hizo sé que algún bien me fará.
—Siempre lo he oído decir, y ahora veo que es verdad,
que el seso de las mujeres no era cosa natural:
hasta aquí pidió justicia, ya quiere con él casar.
Mandaré una carta al Cid, mandarle quiero llamar.
Las palabras no son dichas, la carta camino va;
mensajero que la lleva dado la había a su padre.
484
Anônimo
Romance Iii En Que Doña Jimena Pide De Nuevo Justicia Al Rey
En Burgos está el buen rey asentado a su yantar,
cuando la Jimena Gómez se le vino a querellar;
cubierta paños de luto, tocas de negro cendal;
las rodillas por el suelo, comenzara de fablar;
—Con mancilla vivo, rey; con ella vive mi madre;
cada día que amanece veo quien mató a mi padre
caballero en un caballo y en su mano un gavilán;
por hacerme más enojo cébalo en mi palomar;
con sangre de mis palomas ensangentó mi brial.
¡Hacedme, buen rey justicia, no me la queráis negar!
Rey que non face justicia non debía de reinar,
ni comer pan a manteles, ni con la reina folgar.
El rey cuando aquesto oyera comenzara de pensar:
«Si yo prendo o mato al Cid, mis cortes revolverse han;
pues, si lo dejo de hacer, Dios me lo demandará».
Allí habló doña Jimena palabras bien de notar:
—Yo te lo diría, rey, como lo has de remediar.
Mantén tú bien las tus cortes, no te las revuelva nadie,
y al que mi padre mató dámelo para casar,
que quien tanto mal me hizo sé que algún bien me fará.
—Siempre lo he oído decir, y ahora veo que es verdad,
que el seso de las mujeres no era cosa natural:
hasta aquí pidió justicia, ya quiere con él casar.
Mandaré una carta al Cid, mandarle quiero llamar.
Las palabras no son dichas, la carta camino va;
mensajero que la lleva dado la había a su padre.
cuando la Jimena Gómez se le vino a querellar;
cubierta paños de luto, tocas de negro cendal;
las rodillas por el suelo, comenzara de fablar;
—Con mancilla vivo, rey; con ella vive mi madre;
cada día que amanece veo quien mató a mi padre
caballero en un caballo y en su mano un gavilán;
por hacerme más enojo cébalo en mi palomar;
con sangre de mis palomas ensangentó mi brial.
¡Hacedme, buen rey justicia, no me la queráis negar!
Rey que non face justicia non debía de reinar,
ni comer pan a manteles, ni con la reina folgar.
El rey cuando aquesto oyera comenzara de pensar:
«Si yo prendo o mato al Cid, mis cortes revolverse han;
pues, si lo dejo de hacer, Dios me lo demandará».
Allí habló doña Jimena palabras bien de notar:
—Yo te lo diría, rey, como lo has de remediar.
Mantén tú bien las tus cortes, no te las revuelva nadie,
y al que mi padre mató dámelo para casar,
que quien tanto mal me hizo sé que algún bien me fará.
—Siempre lo he oído decir, y ahora veo que es verdad,
que el seso de las mujeres no era cosa natural:
hasta aquí pidió justicia, ya quiere con él casar.
Mandaré una carta al Cid, mandarle quiero llamar.
Las palabras no son dichas, la carta camino va;
mensajero que la lleva dado la había a su padre.
484
Anônimo
Entrevista De Bernardo Con El Rey
Con cartas sus mensajeros el rey al Carpio envió:
Bernardo, como es discreto, de traición se receló:
las cartas echó en el suelo y al mensajero habló:
—Mensajero eres, amigo, no mereces culpa, no,
mas al rey que acá te envía dígasle tú esta razón:
que no le estimo yo a él ni aun a cuantos con él son;
mas por ver lo que me quiere todavía allá iré yo.
Y mandó juntar los suyos, de esta suerte les habló:
—Cuatrocientos sois, los míos, los que comedes mi pan:
los ciento irán al Carpio para el Carpio guardar,
los ciento por los caminos, que a nadie dejen pasar;
doscientos iréis conmigo para con el rey hablar;
si mala me la dijere, peor se la he de tornar.
Por sus jornadas contadas a la corte fue a llegar:
—Dios os mantenga, buen rey, y a cuantos con vos están.
—Mal vengades vos, Bernardo, traidor, hijo de mal padre,
dite yo el Carpio en tenencia, tú tómaslo en heredad.
—Mentides, el rey, mentides, que no dices la verdad,
que si yo fuese traidor, a vos os cabría en parte;
acordáseos debía de aquella del Encinal,
cuando gentes extranjeras allí os trataron tan mal,
que os mataron el caballo y aun a vos querían matar;
Bernardo, como traidor, de entre ellos os fue a sacar.
Allí me diste el Carpio de juro y de heredad,
prometísteme a mi padre, no me guardaste verdad.
—Prendedlo, mis caballeros, que igualado se me ha.
—Aquí, aquí los mis doscientos, los que comedes mi pan,
que hoy era venido el día que honra habemos de ganar.
El rey, de que aquesto viera, de esta suerte fue a hablar:
—¿Qué ha sido aquesto, Bernardo; que así enojado te has?
¿Lo que hombre dice de burla de veras vas a tomar?
Yo te dó el Carpio, Bernardo, de juro y de heredad.
—Aquestas burlas, el rey no son burlas de burlar;
llamásteme de traidor, traidor, hijo de mal padre:
el Carpio yo no lo quiero, bien lo podéis vos guardar,
que cuando yo lo quisiere, muy bien lo sabré ganar.
Bernardo, como es discreto, de traición se receló:
las cartas echó en el suelo y al mensajero habló:
—Mensajero eres, amigo, no mereces culpa, no,
mas al rey que acá te envía dígasle tú esta razón:
que no le estimo yo a él ni aun a cuantos con él son;
mas por ver lo que me quiere todavía allá iré yo.
Y mandó juntar los suyos, de esta suerte les habló:
—Cuatrocientos sois, los míos, los que comedes mi pan:
los ciento irán al Carpio para el Carpio guardar,
los ciento por los caminos, que a nadie dejen pasar;
doscientos iréis conmigo para con el rey hablar;
si mala me la dijere, peor se la he de tornar.
Por sus jornadas contadas a la corte fue a llegar:
—Dios os mantenga, buen rey, y a cuantos con vos están.
—Mal vengades vos, Bernardo, traidor, hijo de mal padre,
dite yo el Carpio en tenencia, tú tómaslo en heredad.
—Mentides, el rey, mentides, que no dices la verdad,
que si yo fuese traidor, a vos os cabría en parte;
acordáseos debía de aquella del Encinal,
cuando gentes extranjeras allí os trataron tan mal,
que os mataron el caballo y aun a vos querían matar;
Bernardo, como traidor, de entre ellos os fue a sacar.
Allí me diste el Carpio de juro y de heredad,
prometísteme a mi padre, no me guardaste verdad.
—Prendedlo, mis caballeros, que igualado se me ha.
—Aquí, aquí los mis doscientos, los que comedes mi pan,
que hoy era venido el día que honra habemos de ganar.
El rey, de que aquesto viera, de esta suerte fue a hablar:
—¿Qué ha sido aquesto, Bernardo; que así enojado te has?
¿Lo que hombre dice de burla de veras vas a tomar?
Yo te dó el Carpio, Bernardo, de juro y de heredad.
—Aquestas burlas, el rey no son burlas de burlar;
llamásteme de traidor, traidor, hijo de mal padre:
el Carpio yo no lo quiero, bien lo podéis vos guardar,
que cuando yo lo quisiere, muy bien lo sabré ganar.
546
Anônimo
Entrevista De Bernardo Con El Rey
Con cartas sus mensajeros el rey al Carpio envió:
Bernardo, como es discreto, de traición se receló:
las cartas echó en el suelo y al mensajero habló:
—Mensajero eres, amigo, no mereces culpa, no,
mas al rey que acá te envía dígasle tú esta razón:
que no le estimo yo a él ni aun a cuantos con él son;
mas por ver lo que me quiere todavía allá iré yo.
Y mandó juntar los suyos, de esta suerte les habló:
—Cuatrocientos sois, los míos, los que comedes mi pan:
los ciento irán al Carpio para el Carpio guardar,
los ciento por los caminos, que a nadie dejen pasar;
doscientos iréis conmigo para con el rey hablar;
si mala me la dijere, peor se la he de tornar.
Por sus jornadas contadas a la corte fue a llegar:
—Dios os mantenga, buen rey, y a cuantos con vos están.
—Mal vengades vos, Bernardo, traidor, hijo de mal padre,
dite yo el Carpio en tenencia, tú tómaslo en heredad.
—Mentides, el rey, mentides, que no dices la verdad,
que si yo fuese traidor, a vos os cabría en parte;
acordáseos debía de aquella del Encinal,
cuando gentes extranjeras allí os trataron tan mal,
que os mataron el caballo y aun a vos querían matar;
Bernardo, como traidor, de entre ellos os fue a sacar.
Allí me diste el Carpio de juro y de heredad,
prometísteme a mi padre, no me guardaste verdad.
—Prendedlo, mis caballeros, que igualado se me ha.
—Aquí, aquí los mis doscientos, los que comedes mi pan,
que hoy era venido el día que honra habemos de ganar.
El rey, de que aquesto viera, de esta suerte fue a hablar:
—¿Qué ha sido aquesto, Bernardo; que así enojado te has?
¿Lo que hombre dice de burla de veras vas a tomar?
Yo te dó el Carpio, Bernardo, de juro y de heredad.
—Aquestas burlas, el rey no son burlas de burlar;
llamásteme de traidor, traidor, hijo de mal padre:
el Carpio yo no lo quiero, bien lo podéis vos guardar,
que cuando yo lo quisiere, muy bien lo sabré ganar.
Bernardo, como es discreto, de traición se receló:
las cartas echó en el suelo y al mensajero habló:
—Mensajero eres, amigo, no mereces culpa, no,
mas al rey que acá te envía dígasle tú esta razón:
que no le estimo yo a él ni aun a cuantos con él son;
mas por ver lo que me quiere todavía allá iré yo.
Y mandó juntar los suyos, de esta suerte les habló:
—Cuatrocientos sois, los míos, los que comedes mi pan:
los ciento irán al Carpio para el Carpio guardar,
los ciento por los caminos, que a nadie dejen pasar;
doscientos iréis conmigo para con el rey hablar;
si mala me la dijere, peor se la he de tornar.
Por sus jornadas contadas a la corte fue a llegar:
—Dios os mantenga, buen rey, y a cuantos con vos están.
—Mal vengades vos, Bernardo, traidor, hijo de mal padre,
dite yo el Carpio en tenencia, tú tómaslo en heredad.
—Mentides, el rey, mentides, que no dices la verdad,
que si yo fuese traidor, a vos os cabría en parte;
acordáseos debía de aquella del Encinal,
cuando gentes extranjeras allí os trataron tan mal,
que os mataron el caballo y aun a vos querían matar;
Bernardo, como traidor, de entre ellos os fue a sacar.
Allí me diste el Carpio de juro y de heredad,
prometísteme a mi padre, no me guardaste verdad.
—Prendedlo, mis caballeros, que igualado se me ha.
—Aquí, aquí los mis doscientos, los que comedes mi pan,
que hoy era venido el día que honra habemos de ganar.
El rey, de que aquesto viera, de esta suerte fue a hablar:
—¿Qué ha sido aquesto, Bernardo; que así enojado te has?
¿Lo que hombre dice de burla de veras vas a tomar?
Yo te dó el Carpio, Bernardo, de juro y de heredad.
—Aquestas burlas, el rey no son burlas de burlar;
llamásteme de traidor, traidor, hijo de mal padre:
el Carpio yo no lo quiero, bien lo podéis vos guardar,
que cuando yo lo quisiere, muy bien lo sabré ganar.
546
Anônimo
Romance I Dice Cómo El Cid Vengó A Su Padre
Pensativo estaba el Cid viéndose de pocos años
para vengar a su padre matando al conde Lozano;
miraba el bando temido del poderoso contrario
que tenía en las montañas mil amigos asturianos;
miraba cómo en la corte de ese buen rey Don Fernando
era su voto el primero, y en guerra el mejor su brazo;
todo le parece poco para vengar este agravio,
el primero que se ha hecho a la sangre de Lain Calvo;
no cura de su niñez, que en el alma del hidalgo
el valor para crecer no tiene cuenta a los años.
Descolgó una espada vieja de Mudarra el castellano,
que estaba toda mohosa, por la muerte de su amo.
«Haz cuenta, valiente espada, que es de Mudarra mi brazo
y que con su brazo riñes porque suyo es el agravio.
Bien puede ser que te corras de verte así en la mi mano,
mas no te podrás correr de volver atrás un paso.
Tan fuerte como tu acero me verás en campo armado;
tan bueno como el primero, segundo dueño has cobrado;
y cuando alguno te venza, del torpe hecho enojado,
hasta la cruz en mi pecho te esconderé muy airado.
Vamos al campo, que es hora de dar al conde Lozano
el castigo que merece tan infame lengua y mano».
Determinado va el Cid, y va tan determinado,
que en espacio de una hora mató al conde y fue vengado.
para vengar a su padre matando al conde Lozano;
miraba el bando temido del poderoso contrario
que tenía en las montañas mil amigos asturianos;
miraba cómo en la corte de ese buen rey Don Fernando
era su voto el primero, y en guerra el mejor su brazo;
todo le parece poco para vengar este agravio,
el primero que se ha hecho a la sangre de Lain Calvo;
no cura de su niñez, que en el alma del hidalgo
el valor para crecer no tiene cuenta a los años.
Descolgó una espada vieja de Mudarra el castellano,
que estaba toda mohosa, por la muerte de su amo.
«Haz cuenta, valiente espada, que es de Mudarra mi brazo
y que con su brazo riñes porque suyo es el agravio.
Bien puede ser que te corras de verte así en la mi mano,
mas no te podrás correr de volver atrás un paso.
Tan fuerte como tu acero me verás en campo armado;
tan bueno como el primero, segundo dueño has cobrado;
y cuando alguno te venza, del torpe hecho enojado,
hasta la cruz en mi pecho te esconderé muy airado.
Vamos al campo, que es hora de dar al conde Lozano
el castigo que merece tan infame lengua y mano».
Determinado va el Cid, y va tan determinado,
que en espacio de una hora mató al conde y fue vengado.
618
Anônimo
De Francia Partió La Niña
De Francia partió la niña, de Francia la bien guarnida,
íbase para París, do padre y madre tenía.
Errado lleva el camino, errada lleva la guía,
arrimárase a un roble por esperar compañía.
Vio venir un caballero que a París lleva la guía.
La niña, desque lo vido, de esta suerte le decía:
—Si te place, caballero, llévesme en tu compañía.
—Pláceme, dijo, señora, pláceme, dijo, mi vida.
Apeóse del caballo por hacerle cortesía;
puso la niña en las ancas y él subiérase en la silla.
En el medio del camino de amores la requería.
La niña, desque lo oyera, díjole con osadía:
—Tate, tate, caballero, no hagáis tal villanía,
hija soy de un malato y de una malatía,
el hombre que a mi llegase malato se tornaría.
El caballero, con temor, palabra no respondía.
A la entrada de París la niña se sonreía.
—¿De qué vos reís, señora? ¿De qué vos reís, mi vida?
—Ríome del caballero y de su gran cobardía:
¡tener la niña en el campo y catarle cortesía!
Caballero, con vergüenza, estas palabras decía:
—Vuelta, vuelta, mi señora, que una cosa se me olvida.
La niña, como discreta, dijo: —Yo no volvería,
ni persona, aunque volviese, en mi cuerpo tocaría:
hija soy del rey de Francia y la reina Constantina,
el hombre que a mí llegase muy caro le costaría.
íbase para París, do padre y madre tenía.
Errado lleva el camino, errada lleva la guía,
arrimárase a un roble por esperar compañía.
Vio venir un caballero que a París lleva la guía.
La niña, desque lo vido, de esta suerte le decía:
—Si te place, caballero, llévesme en tu compañía.
—Pláceme, dijo, señora, pláceme, dijo, mi vida.
Apeóse del caballo por hacerle cortesía;
puso la niña en las ancas y él subiérase en la silla.
En el medio del camino de amores la requería.
La niña, desque lo oyera, díjole con osadía:
—Tate, tate, caballero, no hagáis tal villanía,
hija soy de un malato y de una malatía,
el hombre que a mi llegase malato se tornaría.
El caballero, con temor, palabra no respondía.
A la entrada de París la niña se sonreía.
—¿De qué vos reís, señora? ¿De qué vos reís, mi vida?
—Ríome del caballero y de su gran cobardía:
¡tener la niña en el campo y catarle cortesía!
Caballero, con vergüenza, estas palabras decía:
—Vuelta, vuelta, mi señora, que una cosa se me olvida.
La niña, como discreta, dijo: —Yo no volvería,
ni persona, aunque volviese, en mi cuerpo tocaría:
hija soy del rey de Francia y la reina Constantina,
el hombre que a mí llegase muy caro le costaría.
812
Anônimo
El Infante Arnaldos
¡Quién hubiera tal ventura sobre las aguas del mar
como hubo el infante Arnaldos la mañana de San Juan!
Andando a buscar la caza para su falcón cebar,
vio venir una galera que a tierra quiere llegar;
las velas trae de sedas, la ejarcia de oro torzal,
áncoras tiene de plata, tablas de fino coral.
Marinero que la guía, diciendo viene un cantar,
que la mar ponía en calma, los vientos hace amainar;
los peces que andan al hondo, arriba los hace andar;
las aves que van volando, al mástil vienen posar.
Allí habló el infante Arnaldos, bien oiréis lo que dirá:
—Por tu vida, el marinero, dígasme ora ese cantar.
Respondióle el marinero, tal respuesta le fue a dar:
—Yo no canto mi canción sino a quién conmigo va.
como hubo el infante Arnaldos la mañana de San Juan!
Andando a buscar la caza para su falcón cebar,
vio venir una galera que a tierra quiere llegar;
las velas trae de sedas, la ejarcia de oro torzal,
áncoras tiene de plata, tablas de fino coral.
Marinero que la guía, diciendo viene un cantar,
que la mar ponía en calma, los vientos hace amainar;
los peces que andan al hondo, arriba los hace andar;
las aves que van volando, al mástil vienen posar.
Allí habló el infante Arnaldos, bien oiréis lo que dirá:
—Por tu vida, el marinero, dígasme ora ese cantar.
Respondióle el marinero, tal respuesta le fue a dar:
—Yo no canto mi canción sino a quién conmigo va.
522
Anônimo
El Infante Arnaldos
¡Quién hubiera tal ventura sobre las aguas del mar
como hubo el infante Arnaldos la mañana de San Juan!
Andando a buscar la caza para su falcón cebar,
vio venir una galera que a tierra quiere llegar;
las velas trae de sedas, la ejarcia de oro torzal,
áncoras tiene de plata, tablas de fino coral.
Marinero que la guía, diciendo viene un cantar,
que la mar ponía en calma, los vientos hace amainar;
los peces que andan al hondo, arriba los hace andar;
las aves que van volando, al mástil vienen posar.
Allí habló el infante Arnaldos, bien oiréis lo que dirá:
—Por tu vida, el marinero, dígasme ora ese cantar.
Respondióle el marinero, tal respuesta le fue a dar:
—Yo no canto mi canción sino a quién conmigo va.
como hubo el infante Arnaldos la mañana de San Juan!
Andando a buscar la caza para su falcón cebar,
vio venir una galera que a tierra quiere llegar;
las velas trae de sedas, la ejarcia de oro torzal,
áncoras tiene de plata, tablas de fino coral.
Marinero que la guía, diciendo viene un cantar,
que la mar ponía en calma, los vientos hace amainar;
los peces que andan al hondo, arriba los hace andar;
las aves que van volando, al mástil vienen posar.
Allí habló el infante Arnaldos, bien oiréis lo que dirá:
—Por tu vida, el marinero, dígasme ora ese cantar.
Respondióle el marinero, tal respuesta le fue a dar:
—Yo no canto mi canción sino a quién conmigo va.
522
Luis de Góngora y Argote
A Las Fiestas Del Nacimiento Del Príncipe Don Felipe Domínico Víctor, Y A Los O
Parió la Reina; el Luterano vino
Con seiscientos herejes y herejías;
Gastamos un millón en quince días
En darles joyas, hospedaje y vino.
Hicimos un alarde o desatino,
Y unas fiestas que fueron tropelías,
Al ánglico Legado y sus espías
Del que juró la paz sobre Calvino.
Bautizamos al niño Dominico,
Que nació para serlo en las Españas;
Hicimos un sarao de encantamento;
Quedamos pobres, fue Lutero rico;
Mandáronse escribir estas hazañas
A don Quijote, a Sancho, y su jumento.
Con seiscientos herejes y herejías;
Gastamos un millón en quince días
En darles joyas, hospedaje y vino.
Hicimos un alarde o desatino,
Y unas fiestas que fueron tropelías,
Al ánglico Legado y sus espías
Del que juró la paz sobre Calvino.
Bautizamos al niño Dominico,
Que nació para serlo en las Españas;
Hicimos un sarao de encantamento;
Quedamos pobres, fue Lutero rico;
Mandáronse escribir estas hazañas
A don Quijote, a Sancho, y su jumento.
264
Luis de Góngora y Argote
Llegué A Valladolid; Registré Luego
Llegué a Valladolid; registré luego
Desde el bonete al clavo de la mula;
Guardo el registro, que será mi bula
Contra el cuidado del señor don Diego.
Busqué la Corte en él, y yo estoy ciego,
O en la ciudad no está, o se disimula.
Celebrando dïetas vi a la gula,
Que Platón para todos está en griego.
La lisonja hallé y la ceremonia
Con luto, idolatrados los caciques,
Amor sin fe, interés con sus virotes.
Todo se halla en esta Babilonia,
Como en botica, grandes alambiques,
Y más en ella títulos que botes.
Desde el bonete al clavo de la mula;
Guardo el registro, que será mi bula
Contra el cuidado del señor don Diego.
Busqué la Corte en él, y yo estoy ciego,
O en la ciudad no está, o se disimula.
Celebrando dïetas vi a la gula,
Que Platón para todos está en griego.
La lisonja hallé y la ceremonia
Con luto, idolatrados los caciques,
Amor sin fe, interés con sus virotes.
Todo se halla en esta Babilonia,
Como en botica, grandes alambiques,
Y más en ella títulos que botes.
235
Luis de Góngora y Argote
Valladolid, De Lágrimas Sois Valle
Valladolid, de lágrimas sois valle,
Y no quiero deciros quién las llora,
Valle de Josafat, sin que en vos hora,
Cuanto más día de jüicio se halle.
Pisado he vuestros muros calle a calle,
Donde el engaño con la corte mora,
Y cortesano sucio os hallo ahora,
Siendo villano un tiempo de buen talle.
Todos sois Condes, no sin nuestro daño;
Dígalo el andaluz, que en un infierno
Debajo de una tabla escrita posa.
No encuentra al de Buendía en todo el año;
Al de Chinchón sí ahora, y el invierno
Al de Niebla, al de Nieva, al de Lodosa.
Y no quiero deciros quién las llora,
Valle de Josafat, sin que en vos hora,
Cuanto más día de jüicio se halle.
Pisado he vuestros muros calle a calle,
Donde el engaño con la corte mora,
Y cortesano sucio os hallo ahora,
Siendo villano un tiempo de buen talle.
Todos sois Condes, no sin nuestro daño;
Dígalo el andaluz, que en un infierno
Debajo de una tabla escrita posa.
No encuentra al de Buendía en todo el año;
Al de Chinchón sí ahora, y el invierno
Al de Niebla, al de Nieva, al de Lodosa.
343
Luis de Góngora y Argote
Valladolid, De Lágrimas Sois Valle
Valladolid, de lágrimas sois valle,
Y no quiero deciros quién las llora,
Valle de Josafat, sin que en vos hora,
Cuanto más día de jüicio se halle.
Pisado he vuestros muros calle a calle,
Donde el engaño con la corte mora,
Y cortesano sucio os hallo ahora,
Siendo villano un tiempo de buen talle.
Todos sois Condes, no sin nuestro daño;
Dígalo el andaluz, que en un infierno
Debajo de una tabla escrita posa.
No encuentra al de Buendía en todo el año;
Al de Chinchón sí ahora, y el invierno
Al de Niebla, al de Nieva, al de Lodosa.
Y no quiero deciros quién las llora,
Valle de Josafat, sin que en vos hora,
Cuanto más día de jüicio se halle.
Pisado he vuestros muros calle a calle,
Donde el engaño con la corte mora,
Y cortesano sucio os hallo ahora,
Siendo villano un tiempo de buen talle.
Todos sois Condes, no sin nuestro daño;
Dígalo el andaluz, que en un infierno
Debajo de una tabla escrita posa.
No encuentra al de Buendía en todo el año;
Al de Chinchón sí ahora, y el invierno
Al de Niebla, al de Nieva, al de Lodosa.
343
Luis de Góngora y Argote
Burlándose De Un Caballero Prevenido Para Unas Fiestas
Sea bien matizada la librea,
Las plumas de un color, negro el bonete,
La manga blanca, no muy de roquete,
Y atada al brazo prenda de Niquea;
Cifra que hable, mote que se lea,
Bien guarnecida espada de jinete,
Borceguí nuevo, plata y tafilete,
Jaez propio, bozal no de Guinea;
Caballo valenzuela bien tratado,
Lanza que junte el cuento con el hierro,
Y sin veleta al Amadís, que espera
Entrar cuidosamente descuidado,
Firme en la silla, atento en la carrera...
Y quiera Dios que se atraviese un perro.
Las plumas de un color, negro el bonete,
La manga blanca, no muy de roquete,
Y atada al brazo prenda de Niquea;
Cifra que hable, mote que se lea,
Bien guarnecida espada de jinete,
Borceguí nuevo, plata y tafilete,
Jaez propio, bozal no de Guinea;
Caballo valenzuela bien tratado,
Lanza que junte el cuento con el hierro,
Y sin veleta al Amadís, que espera
Entrar cuidosamente descuidado,
Firme en la silla, atento en la carrera...
Y quiera Dios que se atraviese un perro.
385
Luis de Góngora y Argote
Burlándose De Un Caballero Prevenido Para Unas Fiestas
Sea bien matizada la librea,
Las plumas de un color, negro el bonete,
La manga blanca, no muy de roquete,
Y atada al brazo prenda de Niquea;
Cifra que hable, mote que se lea,
Bien guarnecida espada de jinete,
Borceguí nuevo, plata y tafilete,
Jaez propio, bozal no de Guinea;
Caballo valenzuela bien tratado,
Lanza que junte el cuento con el hierro,
Y sin veleta al Amadís, que espera
Entrar cuidosamente descuidado,
Firme en la silla, atento en la carrera...
Y quiera Dios que se atraviese un perro.
Las plumas de un color, negro el bonete,
La manga blanca, no muy de roquete,
Y atada al brazo prenda de Niquea;
Cifra que hable, mote que se lea,
Bien guarnecida espada de jinete,
Borceguí nuevo, plata y tafilete,
Jaez propio, bozal no de Guinea;
Caballo valenzuela bien tratado,
Lanza que junte el cuento con el hierro,
Y sin veleta al Amadís, que espera
Entrar cuidosamente descuidado,
Firme en la silla, atento en la carrera...
Y quiera Dios que se atraviese un perro.
385
Luis de Góngora y Argote
De Un Caminante Enfermo Que Se Enamoró Donde Fue Hospedado
Descaminado, enfermo, peregrino
En tenebrosa noche, con pie incierto
La confusión pisando del desierto,
Voces en vano dio, pasos sin tino.
Repetido latir, si no vecino,
Distincto oyó de can siempre despierto,
Y en pastoral albergue mal cubierto
Piedad halló, si no halló camino.
Salió el sol, y entre armiños escondida,
Soñolienta beldad con dulce saña
Salteó al no bien sano pasajero.
Pagará el hospedaje con la vida;
Más le valiera errar en la montaña,
Que morir de la suerte que yo muero.
En tenebrosa noche, con pie incierto
La confusión pisando del desierto,
Voces en vano dio, pasos sin tino.
Repetido latir, si no vecino,
Distincto oyó de can siempre despierto,
Y en pastoral albergue mal cubierto
Piedad halló, si no halló camino.
Salió el sol, y entre armiños escondida,
Soñolienta beldad con dulce saña
Salteó al no bien sano pasajero.
Pagará el hospedaje con la vida;
Más le valiera errar en la montaña,
Que morir de la suerte que yo muero.
334
Luis de Góngora y Argote
Duélete De Esa Puente, Manzanares
Duélete de esa puente, Manzanares;
Mira que dice por ahí la gente
Que no eres río para media puente,
Y que ella es puente para muchos mares.
Hoy, arrogante, te ha brotado a pares
Húmedas crestas tu soberbia frente,
Y ayer me dijo humilde tu corriente
Que eran en marzo los caniculares.
Por el alma de aquel que ha pretendido
Con cuatro onzas de agua de chicoria
Purgar la villa y darte lo purgado,
Me dí ¿cómo has menguado y has crecido?
¿Cómo ayer te vi en pena, y hoy en gloria?
—Bebióme un asno ayer, y hoy me ha meado.
Mira que dice por ahí la gente
Que no eres río para media puente,
Y que ella es puente para muchos mares.
Hoy, arrogante, te ha brotado a pares
Húmedas crestas tu soberbia frente,
Y ayer me dijo humilde tu corriente
Que eran en marzo los caniculares.
Por el alma de aquel que ha pretendido
Con cuatro onzas de agua de chicoria
Purgar la villa y darte lo purgado,
Me dí ¿cómo has menguado y has crecido?
¿Cómo ayer te vi en pena, y hoy en gloria?
—Bebióme un asno ayer, y hoy me ha meado.
371
Luis de Góngora y Argote
A La Tela De Justar De Madrid
—Téngoos, señora tela, gran mancilla.
—Dios la tenga de vos, señor soldado.
—¿Cómo estáis acá afuera? —Hoy me han echado,
Por vagabunda, fuera de la Villa.
—¿Dónde están los galanes de Castilla?
—¿Dónde pueden estar, sino en el Prado?
—¿Muchas lanzas habrán en vos quebrado?
—Más respecto me tienen: ¡ni una astilla!
—Pues ¿qué hacéis ahí? —Lo que esa puente,
Puente de anillo, tela de cedazo:
Desear hombres, como ríos ella,
Hombres de duro pecho y fuerte brazo.
—Adiós, tela, que sois muy maldiciente,
Y ésas no son palabras de doncella.
—Dios la tenga de vos, señor soldado.
—¿Cómo estáis acá afuera? —Hoy me han echado,
Por vagabunda, fuera de la Villa.
—¿Dónde están los galanes de Castilla?
—¿Dónde pueden estar, sino en el Prado?
—¿Muchas lanzas habrán en vos quebrado?
—Más respecto me tienen: ¡ni una astilla!
—Pues ¿qué hacéis ahí? —Lo que esa puente,
Puente de anillo, tela de cedazo:
Desear hombres, como ríos ella,
Hombres de duro pecho y fuerte brazo.
—Adiós, tela, que sois muy maldiciente,
Y ésas no son palabras de doncella.
295
Luis de Góngora y Argote
A La Tela De Justar De Madrid
—Téngoos, señora tela, gran mancilla.
—Dios la tenga de vos, señor soldado.
—¿Cómo estáis acá afuera? —Hoy me han echado,
Por vagabunda, fuera de la Villa.
—¿Dónde están los galanes de Castilla?
—¿Dónde pueden estar, sino en el Prado?
—¿Muchas lanzas habrán en vos quebrado?
—Más respecto me tienen: ¡ni una astilla!
—Pues ¿qué hacéis ahí? —Lo que esa puente,
Puente de anillo, tela de cedazo:
Desear hombres, como ríos ella,
Hombres de duro pecho y fuerte brazo.
—Adiós, tela, que sois muy maldiciente,
Y ésas no son palabras de doncella.
—Dios la tenga de vos, señor soldado.
—¿Cómo estáis acá afuera? —Hoy me han echado,
Por vagabunda, fuera de la Villa.
—¿Dónde están los galanes de Castilla?
—¿Dónde pueden estar, sino en el Prado?
—¿Muchas lanzas habrán en vos quebrado?
—Más respecto me tienen: ¡ni una astilla!
—Pues ¿qué hacéis ahí? —Lo que esa puente,
Puente de anillo, tela de cedazo:
Desear hombres, como ríos ella,
Hombres de duro pecho y fuerte brazo.
—Adiós, tela, que sois muy maldiciente,
Y ésas no son palabras de doncella.
295