Sociedad y el Mundo
Gonzalo de Berceo
Martirio De San Lorenzo
por el mando que tienes como por tu piedad,
comprende mi flaqueza y mi necesidad;
seremos perdedores yo mismo y mi ciudad».
Gonzalo de Berceo
Martirio De San Lorenzo
por el mando que tienes como por tu piedad,
comprende mi flaqueza y mi necesidad;
seremos perdedores yo mismo y mi ciudad».
Gonzalo de Berceo
Escomienza La Vida Del Glorioso Confesor Sancto Domingo De Silos
Et de don Ihesuchristo, fijo de la Gloriosa,
Et del Spíritu Sancto, que egual d'ellos posa,
De un confesor sancto quiero fer una prosa.
Quiero fer una prosa en román paladino,
En qual suele el pueblo fablar a su vecino,
Ca non so tan letrado por fer otro latino:
Bien valdrá, como creo, un vaso de bon vino.
Quiero que lo sepades luego de la primera
Cuya es la ystoria, metervos en carrera:
Es de Sancto Domingo toda bien verdadera,
El que diçen de Silos, que salva la frontera.
En el nomne de Dios, que nombramos primero
Suyo sea el preçio, yo seré su obrero,
Galardón del laçerio yo en él lo espero,
Que por poco serviçio da galardón larguero.
Señor Sancto Domingo, dizlo la escritura,
Natural fue de Cañas, non de basa natura,
Lealmente fue fecho a toda derechura,
De todo muy derecho, sin nula depresura.
Parientes ovo buenos, del Criador amigos,
Que siguíen los ensiemplos de los padres antigos.
Bien sabíen escusarse de ganar enemigos:
Bien les veníe en mientes de los buenos castigos.
Juhán avíe nomne, el su padre ondrado,
Del liñaje de Mans un omne señalado,
Amador de derecho, de seso acabado,
No l'falsaríe su dicho por aver monedado.
El nombre de la madre deçir non lo sabría.
Como non fue escripto non l'devinaría;
Mas váyala el nombre de Dios, e Sancta María:
Prosigamos el curso, tengamos nuestra vía.
La çepa era buena, emprendió buen sarmiento,
Non fue como caña, que la torna el viento,
Ca luego así prendió, como de buen çimiento,
De oír vanidades non le prendíe taliento.
Gonzalo de Berceo
Introducción
si vos me escuchássedes por vuestro consiment,
querríavos contar un buen aveniment:
terrédeslo en cabo por bueno verament.
Yo maestro Gonçalvo de Verceo nomnado,
yendo en romería caeçí en un prado,
verde e bien sençido, de flores bien poblado,
logar cobdiçiaduero pora omne cansado.
Davan olor sovejo las flores bien olientes,
refrescavan en omne las [carnes] e las mientes,
manavan cada canto fuentes claras corrientes,
en verano bien frías, en ivierno calientes.
Avién y grand abondo de buenas arboledas,
milgranos e figueras, peros e mazanedas,
e muchas otras fructas de diversas monedas,
mas no avié ningunas podridas [nin] azedas.
La verdura del prado, la odor de las flores,
las sombras de los árbores de temprados savores,
refrescáronme todo e perdí los sudores:
podrié vevir el omne con aquellos olores.
Nunqua trobé en sieglo logar tan deleitoso,
nin sombra tan temprada, [nin] olor tan sabroso:
descargué mi ropiella por yazer más viçioso,
poséme a la sombra de un árbor fermoso.
Yaziendo a la sombra perdí todos cuidados,
odí sonos de aves dulces e modulados:
nunqua udieron omnes órganos más temprados,
nin que formar pudiessen sones más acordados.
Unas tenién la quinta e las otras doblavan,
otras tenién el punto, errar no las dexavan:
al posar [e] al mover, todas se esperavan,
aves torpes nin roncas ý non se acostavan.
Non serié organista nin serié vïolero,
nin giga nin salterio nin mano de rotero,
nin estrument nin lengua nin tan claro vocero
cuyo canto valiesse con esto un dinero.
Peroque [nos] dissiemos todas estas bondades,
non contamos las diezmas, esto bien lo creades:
que avié de noblezas tantas diversidades
que no las contarien priores [nin] abbades.
El prado que vos digo avié otra bondat:
por calor nin por frío non perdié su beltat,
siempre estava verde en su entegredat,
non [perdié] la verdura por nulla tempestat.
Manamano que fui en tierra acostado,
de todo el lazerio fui luego folgado;
oblidé toda cuita, [e] lazerio passado:
¡Qui allí se morasse serié bienventurado!
Los omnes e las aves, quantos acaecién,
levavan de las flores quantas levar querién,
mas mengua en el prado ninguna non façién:
por una que levavan tres e quatro nacién.
Semeja esti prado egual de Paraíso,
en qui Dios tan grand graçia, tan grand bendiçión miso;
él que crió tal cosa maestro fue anviso:
omne que ý morasse nunqua perdrié el viso.
El fructo de los árbores era dulz e sabrido,
si don Adam oviesse de tal fructo comido,
de tan mala manera non serié decibido,
nin tomarién tal danno Eva [nin] so marido.
Sennores e amigos, lo que dicho avemos
palavra es oscura, esponerla queremos:
tolgamos la corteza, al meollo entremos,
prendamos lo de dentro, lo de fuera dessemos.
Todos quantos vevimos, que en piedes andamos,
siquiere en [presión] o en lecho yagamos,
todos somos romeos que camino [pasamos],
San Peidro lo diz esto, por él vos lo provamos.
Quanto aquí vivimos en ageno moramos;
la ficança durable suso la esperamos;
la nuestra romería estonz la acabamos,
quando a Paraíso las almas envïamos.
En esta romería avemos un buen prado
en qui trova repaire tot romeo cansado,
la Virgin Glorïosa, madre del buen Criado,
del qual otro ninguno egual non fue trobado.
Esti prado fue siempre verde en onestat,
ca nunca hobo mácula la su virginidat,
post partum et in partu fue virgin de verdat,
illesa, incorrupta en su entegredat.
Las quatro fuentes claras que del prado manavan,
los quatro evangelios, esso significavan,
ca los evangelistas quatro que los dictavan,
quando los escrivién, con ella se fablavan.
Quanto escrivién ellos, ella lo emendava,
esso era bien firme lo que ella laudava;
parece que el riego todo d'ella manava
quando a menos d'ella nada non se guiava.
La sombra de los árbores, buena, dulz e sanía,
en qui ave repaire toda la romería,
sí son las oraciones que fas Santa María
que por los peccadores ruega noch e día.
Quantos que son en mundo, justos e peccadores,
coronados e legos, reys e emperadores,
allí corremos todos, vassallos e sennores,
todos a la su sombra imos coger las flores.
Los árbores que facen sombra dulz e donosa
son los santos miraclos que faz la Glorïosa,
ca son mucho más dulzes que azúcar sabrosa,
la que dan al enfermo en la cuita raviosa.
Las aves que organan entre essos fructales,
que han las dulzes vozes, dizen cantos leales,
estos son Agustino, Gregorio, otros tales,
[quantos] que escrivieron los sos fechos reales.
Estos avién con ella amor e atenencia,
en laudar los sos fechos metién toda femencia;
todos fablavan d'ella, cascuno su sentencia,
pero tenién por todo todos una creencia.
El rosennor que canta por fin maestría,
siquiere la calandria que faz grand melodía,
mucho cantó mejor el barón Isaía
e los otros prophetas, onrrada compannía.
Cantaron los apóstolos muedo muy natural,
confessores e mártires [facién otro] tal;
las vírgenes siguieron la gran Madre caudal,
cantan delante d'ella canto bien festival.
Por todas las eglesias, esto es cada día,
cantan laudes ant ella toda la clerecía:
todos li façen cort a la Virgo María;
estos son rossennoles de gran placentería.
Tornemos ennas flores que componen el prado,
que lo façen fermoso, apuesto e temprado;
las flores son los nomnes que li da el dictado
a la Virgo María, madre del buen Criado.
La benedicta Virgen es estrella clamada,
estrella de los mares, guïona deseada,
es de los marineros en las cuitas guardada,
ca quando éssa veden es la nave guiada.
Es clamada, y éslo de los cielos, reína,
tiemplo de Jesu Christo, estrella matutina,
sennora natural, pïadosa vezina,
de cuerpos e de almas salud e medicina.
Ella es vellocino que fue de Gedeón,
en qui vino la pluvia, una grand vissïón;
ella es dicha fonda de David el varón
con la qual confondió al gigant tan fellon.
Ella es dicha fuent de qui todos bevemos,
ella nos dio el cevo de qui todos comemos;
ella es dicha puerto a qui todos corremos,
e puerta por la qual entrada atendemos.
Ella es dicha puerta en sí bien encerrada,
pora nos es abierta pora darnos la entrada;
ella es la palomba de fiel bien esmerada,
en qui non cae ira, siempre está pagada.
Ella con grand derecho es clamada Sïon,
ca es nuestra talaya, nuestra defensïón:
ella es dicha trono del reï Salomón,
reï de grand justicia, sabio por mirazón.
Non es nomne ninguno que bien derecho venga
que en alguna guisa a ella non avenga;
non ha tal que raíz en ella no la tenga,
nin Sancho nin Domingo, nin Sancha nin Domenga.
Es dicha vid, es uva, almendra, malgranada,
que de granos de graçia está toda calcada,
oliva, cedro, bálssamo, palma bien ajumada,
piértega en que sovo la serpiente alzada.
El fust que Moïsés enna mano portava
que confondió los sabios que Faraón preciava,
el que abrió los mares e depués los cerrava,
si non a la Gloriosa ál non significava.
Si metiéremos mientes en ell otro bastón
que partió la contienda que fue por Aarón,
ál non significava, como diz la lectión,
si non a la Gloriosa, esto bien con razón.
Sennores e amigos, en vano contendemos,
entramos en grand pozo, fondo no'l trovaremos;
más serién los sus nomnes que nos d'ella leemos
que las flores del campo, del más grand que savemos.
Desuso lo dissiemos que eran los fructales
en qui facién las aves los cantos generales,
los sus sanctos miraclos, grandes e principales,
los quales organamos ennas fiestas caubdales.
Quiero dexar con tanto las aves cantadores,
las sombras e las aguas, las devantdichas flores;
quiero d'estos fructales tan plenos de dulzores
fer unos pocos viessos, amigos e sennores.
Quiero en estos árbores un ratiello sobir
e de los sos miraclos algunos escrivir;
la Gloriosa me guíe que lo pueda complir,
ca yo non me trevría en ello a venir.
Terrélo por miráculo que lo faz la Gloriosa
si guiarme quisiere a mí en esta cosa;
Madre, plena de gracia, reína poderosa,
tú me guía en ello, ca eres pïadosa.
Gabino-Alejandro Carriedo
Muerte Mortal
exequia y funeral, el llanto
se oye en el eco diario
del urbanismo ciudadano.
Llamo a la guardia, embalo
aquellos recuerdos de que hablo,
multiplico la voz y añado
la división de lo soñado.
Sí, levemente yo indago
funerales y exequias y el plazo
inexorable está marcado
en lo negro y oro del catafalco.
En la monotonía de los salmos
en el patético cristal ovalado,
da el incienso.
Gabino-Alejandro Carriedo
Sonetos Al Bies
y en todo huerto habita un manco
y en todo banco duerme un tuerto.
En todo puerto hay un estanco
y en todo embuste hay algo cierto
y en todo negro hay mucho blanco.
Esto decía el rey Arturo
dándoles de comer a sus prebostes
pasta de alpiste del mejor que había.
Y les decía que fumarse un puro
después de ese comer equivaldría
a un alza innecesaria de los costes.
2. Todos los días muere un poco
el fontanero de la esquina.
Todos los días sale un loco
de algún rincón de la cocina.
Esta es la realidad que toco
cuando trabajo en la oficina
viendo en la acera al que camina
sacándose y comiendo un moco.
Y es el misterio que yo invoco
que nadie ve ni lo adivina
ni lo resuelvo yo tampoco.
¡Así es la gente de cretina!
Gabino-Alejandro Carriedo
La Mano
(Bourdelle)
Apoyada en el cosmos,
la mano se hace móvil
modulación, trabaja
para no diluirse.
Crea formas y leyes
que se van conjugando,
dinámica energía
que la vida prolonga.
La mano: ese misterio
de expresión, esa mente
manual que todo lo hace:
ella inicia la acción.
Mente lúcida, invero-
símilmente perfecta,
la mano es una máquina
en constante vigilia.
Gabino-Alejandro Carriedo
Castilla
amarilla
amor de arcilla
Castilla
Llana dura
andadura
honda y dura
llanura
Castilla
mar de arcilla
amarilla
Si hembra
Siembra
Si cosecha
cosa hecha
Mar de arcilla
Castilla
casta astilla
amarilla
Honda y dura
llanura
llana y dura
andadura
Amor de arcilla
si hembra
siembra
Castilla
Si siega dura
cosecha
cosa hecha
asegura
Gabino-Alejandro Carriedo
Honestidad Y Cometido Del Arquitecto Antonio Miró
con las lentes de su bondad
lento mirar hacia la altura
que el edificio crece sin cesar
miró Miró la gente dura
parapetada en su vanidad
la vio pequeña de estatura
genitiva negativa letal
miró Miró la regla pura
para su cálculo racional
reglamentando la textura
de esta función fundamental
miró Miró con voz oscura
desde su telescopio catalán
y vio la vida por ventura
como es: arte y oficio de cristal
Gabino-Alejandro Carriedo
Honestidad Y Cometido Del Arquitecto Antonio Miró
con las lentes de su bondad
lento mirar hacia la altura
que el edificio crece sin cesar
miró Miró la gente dura
parapetada en su vanidad
la vio pequeña de estatura
genitiva negativa letal
miró Miró la regla pura
para su cálculo racional
reglamentando la textura
de esta función fundamental
miró Miró con voz oscura
desde su telescopio catalán
y vio la vida por ventura
como es: arte y oficio de cristal
Gabino-Alejandro Carriedo
Teoría De La Agricultura
a medio cocer.
Viene por el sendero el labrador adormecido
con la pesada carga de los años,
saluda al prójimo con su mano encallecida
y mira, qué lástima, la tierra tan bonita,
con su puesta de sol, y el silencio, y los primeros cantos de los
grillos
cuando los pájaros se han puesto a dormir,
qué lástima, con lo que cuesta todo,
piensa que no compensa romperse los huesos,
hacerse viejo y sentencioso y arrugarse
mientras se escucha, idéntica, la campana,
mientras el hijo salta del terrón al cuartel,
y viceversa.
El labrador acostumbrado a rascarse los bolsillos
mira la tierra que no es suya,
vuelve la vista atrás y contempla el panorama,
qué lástima, tan bonito que parece una tarjeta
postal, con los surcos, con la noria, con la remolacha,
con los sarmientos, con las gavillas, con los garbanzos
fidelísimamente retratados al atardecer ,
cuando las amapolas tienen un brillo póstumo
y el labrador se acuerda de su padre
por el sendero si venía con la carga
de panes amarillos ya mirar se ponía
la serena amplitud de este paisaje
que había de comérsele.
Viene por el sendero adormecido
el labrador mirando a las hormigas, qué lástima, tan
diminutas,
tan olvidadas, que cualquiera las pisa
sin que nadie por ello sienta atropellados
los derechos humanos.
Viene para cederle al hijo la herramienta.
Gabino-Alejandro Carriedo
Teoría De La Construcción
A vuestros materiales sometidos.
P. N.
Siento y me crezco y me recrezco oyendo
gemir la grúa, el compresor, la hormigonera
dentro de mí. Venía
tu material, oh pueblo, a punto.
Se levantaba el edificio
—jácenas y pilares, riostras y bovedillas—.
Iba creciendo la estructura,
los paramentos de ladrillo visto,
los enlucidos de tu yeso negro,
las manos empeñadas y rendidas
a vuestros materiales sometidos.
Yo me crecía al ver a las cuadrillas
los cercos recibir. Los oficiales
alicataban la pared. Yo hacía
como que no veía, pero abría
tu primer saco de cemento
y, oh pueblo, ¿para qué?
Contemplando me paso ese trajín
de los camiones que descargan áridos,
oigo también las cantos digitales
de las manos partidas y entregadas.
a vuestros materiales sometidos.
Más tarde —lo recuerdo— iba en aumento
la popular indignación. Tenemos
de común las baldosas, el forjado,
los tubos de la luz, la cal, la noble
carpintería de taller, quién sabe,
pero, pueblo, quién sabe la herramienta
que habrá que manejar. Si gimo,
si tú gimes, si él tiembla, si gemimos,
si vosotros gemís y si ellos tiemblan,
tarde o temprano habrá que abrir las puertas
a vuestros materiales sometidos.
Siento y me crezco y me recrezco oyendo
chirriar la grúa, el compresor, la hormigonera
dentro de mí. Y está,
tu voluntad, oh pueblo, apunto.
y el edificio crece
—jácenas y pilares, riostras y bovedillas—,
crece pausadamente, pero crece
e inevitablemente irá creciendo
hasta adquirir la forma de la estrella
que ha de prestarles dimensiones válidas
a vuestros materiales sometidos.
Gabino-Alejandro Carriedo
Teoría De La Construcción
A vuestros materiales sometidos.
P. N.
Siento y me crezco y me recrezco oyendo
gemir la grúa, el compresor, la hormigonera
dentro de mí. Venía
tu material, oh pueblo, a punto.
Se levantaba el edificio
—jácenas y pilares, riostras y bovedillas—.
Iba creciendo la estructura,
los paramentos de ladrillo visto,
los enlucidos de tu yeso negro,
las manos empeñadas y rendidas
a vuestros materiales sometidos.
Yo me crecía al ver a las cuadrillas
los cercos recibir. Los oficiales
alicataban la pared. Yo hacía
como que no veía, pero abría
tu primer saco de cemento
y, oh pueblo, ¿para qué?
Contemplando me paso ese trajín
de los camiones que descargan áridos,
oigo también las cantos digitales
de las manos partidas y entregadas.
a vuestros materiales sometidos.
Más tarde —lo recuerdo— iba en aumento
la popular indignación. Tenemos
de común las baldosas, el forjado,
los tubos de la luz, la cal, la noble
carpintería de taller, quién sabe,
pero, pueblo, quién sabe la herramienta
que habrá que manejar. Si gimo,
si tú gimes, si él tiembla, si gemimos,
si vosotros gemís y si ellos tiemblan,
tarde o temprano habrá que abrir las puertas
a vuestros materiales sometidos.
Siento y me crezco y me recrezco oyendo
chirriar la grúa, el compresor, la hormigonera
dentro de mí. Y está,
tu voluntad, oh pueblo, apunto.
y el edificio crece
—jácenas y pilares, riostras y bovedillas—,
crece pausadamente, pero crece
e inevitablemente irá creciendo
hasta adquirir la forma de la estrella
que ha de prestarles dimensiones válidas
a vuestros materiales sometidos.
Gabino-Alejandro Carriedo
Teoría De La Construcción
A vuestros materiales sometidos.
P. N.
Siento y me crezco y me recrezco oyendo
gemir la grúa, el compresor, la hormigonera
dentro de mí. Venía
tu material, oh pueblo, a punto.
Se levantaba el edificio
—jácenas y pilares, riostras y bovedillas—.
Iba creciendo la estructura,
los paramentos de ladrillo visto,
los enlucidos de tu yeso negro,
las manos empeñadas y rendidas
a vuestros materiales sometidos.
Yo me crecía al ver a las cuadrillas
los cercos recibir. Los oficiales
alicataban la pared. Yo hacía
como que no veía, pero abría
tu primer saco de cemento
y, oh pueblo, ¿para qué?
Contemplando me paso ese trajín
de los camiones que descargan áridos,
oigo también las cantos digitales
de las manos partidas y entregadas.
a vuestros materiales sometidos.
Más tarde —lo recuerdo— iba en aumento
la popular indignación. Tenemos
de común las baldosas, el forjado,
los tubos de la luz, la cal, la noble
carpintería de taller, quién sabe,
pero, pueblo, quién sabe la herramienta
que habrá que manejar. Si gimo,
si tú gimes, si él tiembla, si gemimos,
si vosotros gemís y si ellos tiemblan,
tarde o temprano habrá que abrir las puertas
a vuestros materiales sometidos.
Siento y me crezco y me recrezco oyendo
chirriar la grúa, el compresor, la hormigonera
dentro de mí. Y está,
tu voluntad, oh pueblo, apunto.
y el edificio crece
—jácenas y pilares, riostras y bovedillas—,
crece pausadamente, pero crece
e inevitablemente irá creciendo
hasta adquirir la forma de la estrella
que ha de prestarles dimensiones válidas
a vuestros materiales sometidos.
Gabino-Alejandro Carriedo
Mensaje Desde La Ciudad
«Desde la entraña se elevó mi grito»
Dámaso alonso
Me inicio en tu dolor en esta noche
preñada de delirios y silencios.
Te encuentro traspasada en ese río
que pasa por debajo de nosotros.
Adivino el secreto de tu sombra,
de tus meditaciones solitarias
y palpo tu ansiedad, bebo la sangre
de tus desentrañadas amarguras.
No me digas que no, que yo estoy lejos
de ti, que no podría comprenderte,
que yo no puedo trasladar tu llanto
—ese llanto que nadie ha sorprendido—
hasta el exhausto mar de mis pupilas.
Que yo solo te sé tan torturada
por el infierno eterno que te quema
y quiero hacerte mía en el delirio
de esta noche preñada de silencios.
Gustavo Adolfo Bécquer
Rima Xxvi
no obstante, amada mía,
pienso, cual tú, que una oda sólo es buena
de un billete del Banco al dorso escrita.
No faltará algún necio que al oírlo
se haga cruces y diga:
—Mujer al fin del siglo diecinueve,
material y prosaica... ¡Boberías!
Voces que hacen correr cuatro poetas
que en invierno se embozan con la lira;
¡Ladridos de los perros a la luna!
Tú sabes y yo sé que en esta vida
con genio es muy contado el que la escribe,
y con oro cualquiera hace poesía.
Gustavo Adolfo Bécquer
Rima Iii
que agita las ideas,
como huracán que empuja
las olas en tropel.
Murmullo que en el alma
se eleva y va creciendo
como volcán que sordo
anuncia que va a arder.
Deformes siluetas
de seres imposibles;
paisajes que aparecen
como al través de un tul.
Colores que fundiéndose
remedan en el aire
los átomos del iris
que nadan en la luz.
Ideas sin palabras,
palabras sin sentido;
cadencias que no tienen
ni ritmo ni compás.
Memorias y deseos
de cosas que no existen;
accesos de alegría,
impulsos de llorar.
Actividad nerviosa
que no halla en qué emplearse;
sin riendas que le guíen,
caballo volador.
Locura que el espíritu
exalta y desfallece,
embriaguez divina
del genio creador...
Tal es la inspiración.
Gigante voz que el caos
ordena en el cerebro
y entre las sombras hace
la luz aparecer.
Brillante rienda de oro
que poderosa enfrena
de la exaltada mente
el volador corcel.
Hilo de luz que en haces
los pensamientos ata;
sol que las nubes rompe
y toca en el zenít.
Inteligente mano
que en un collar de perlas
consigue las indóciles
palabras reunir.
Armonioso ritmo
que con cadencia y número
las fugitivas notas
encierra en el compás.
Cincel que el bloque muerde
la estatua modelando,
y la belleza plástica
añade a la ideal.
Atmósfera en que giran
con orden las ideas,
cual átomos que agrupa
recóndita atracción.
Raudal en cuyas ondas
su sed la fiebre apaga,
oasis que al espíritu
devuelve su vigor...
Tal es nuestra razón.
Con ambas siempre en lucha
y de ambas vencedor,
tan sólo al genio es dado
a un yugo atar las dos.
Gustavo Adolfo Bécquer
Rima Ii
cruza, arrojada al azar,
y que no se sabe dónde
temblando se clavará;
hoja que del árbol seca
arrebata el vendaval,
sin que nadie acierte el surco
donde al polvo volverá;
gigante ola que el viento
riza y empuja en el mar,
y rueda y pasa, y se ignora
qué playa buscando va;
luz que en cercos temblorosos
brilla, próxima a expirar,
y que no se sabe de ellos
cuál el último será;
eso soy yo, que al acaso
cruzo el mundo sin pensar
de dónde vengo ni a dónde
mis pasos me llevarán.
Francisco Villaespesa
Los Jardines De Afrodita
y cuando quiero ríe, y cuando quiero vuela,
y he domado a mi estilo como a un potro salvaje,
a veces con el látigo y a veces con la espuela.
Conozco los secretos del alma del paisaje,
y sé lo que entristece, y sé lo que consuela,
y el viento traicionero y el bárbaro oleaje
conocen la invencible firmeza de mi vela.
Amo los lirios místicos y las rosas carnales,
la luz y las tinieblas, la pena y la alegría,
los ayes de las víctimas y los himnos triunfales.
Y es el eterno y único ensueño de mi estilo
la encarnación del alma cristiana de María
en el mármol pagano de la Venus de Milo.
Francisco Villaespesa
A Rogelio Buendía Manzano Poeta Joven
El crimen de la abeja se transforma
en miel. En tu anhelar sigue la norma
del instinto, lo único divino
que resta al barro humano. Peregrino
del Ensueño y creyente de la Forma,
comulga con tu espíritu y conforma
el ritmo de tu paso a tu destino.
Armoniza en tu voz, grave y sonora,
los ecos más remotos y diversos,
y al resplandor glorioso de tu aurora,
del aislamiento en la fecunda calma,
talla en la carne viva de tus versos
todo el lírico Olimpo de tu alma.
Francisco Villaespesa
La Hermana
tengo yo una hermana.
Siempre en primavera
mi llegada espera
tras de la ventana.
Y a la golondrina
que en sus rejas trina
dice con dulzura:
—¡Por aquella espina
que arrancaste a Cristo,
dime si le has visto
cruzar la llanura!
¡El ave su queja
lanza temerosa,
y en la tarde rosa,
bajo el sol se aleja!
Desde su ventana,
mi pálida hermana
pregunta al viajero
que camina triste:
—¡Por tu amor primero,
dime si le viste
por ese sendero!
¡Pero el pasajero
su calvario sube,
y se aleja lento,
dejando una nube
de polvo en el viento!
Desde su ventana
a la luna grita
mi pálida hermana:
—¡Por la faz bendita
del Crucificado,
dime en qué sendero
tu rayo postrero
su paso ha alumbrado!
¡La luna la vaga
llanura ilumina,
trémula declina,
y en el mar se apaga!
Acaso yo, errante,
pasé vacilante
baja tu ventana,
y sin conocerme,
mi pálida hermana,
preguntes al verme
venir tan lejano:
—Dime, peregrino:
¿has visto a mi hermano
por ese camino?
Francisco Villaespesa
Lucha
A Emilio Fernández Vaamonde
De la vida me lanzo en el combate
sin que me selle filiación alguna,
y atrás no he de volver, hasta que ate
a mi triunfante carro la Fortuna!
Contra mis enemigos, terco y rudo,
esgrimiré en la lid, que no me apoca,
por lanza mi razón y como escudo
mi carácter más firme que una roca!
Ni el desengaño pertinaz me arredra,
ni ante los golpes del dolor me humillo:
¡la estatua surge de la tosca piedra
a fuerza de cincel y de martillo!
¡Combatir es vivir!... La luz sublime
entre las sombras de la noche crece:
¡espada que en la lucha no se esgrime,
colgada en la panoplia se enmohece!
Mi razón en peligros no repara.
O subir a la cúspide consigo,
o muero, sin volver atrás la cara,
despreciando, al caer, a mi enemigo!
Ni la derrota en mi valor rehuyo...
Mas, antes de rendirme fatigado,
me encerraré en la torre de mi orgullo,
y en sus escombros moriré aplastado!...
Francisco Villaespesa
Fantasía Morisca
retumba la una.
Bajo el plateado
temblor de la Luna,
la fuente sonora
del patio, entre tanto,
nos cuenta el encanto
de la reina mora.
Un dragón vigila
su lóbrego encierro.
La feroz pupila
se revuelve inquieta.
A quien mira, mata.
La mano de hierro
crispada aún, sujeta
la llave de plata.
Lenta el agua llora;
y la reina mora,
sola con su llanto,
espera el acero
del joven guerrero
que rompa el encanto.
Pálida y sumisa,
bajo una palmera,
con su peine de oro
y marfil, alisa
el negro tesoro
de su cabellera!
El reloj encantado
retumba la una.
Bajo el plateado
temblor de la Luna,
la fuente sonora
del patio, entre tanto,
nos cuenta el encanto
de la reina mora!
Francisco Villaespesa
Adiós A Cuba
me ofreciste un oasis de paz en esta guerra,
por eso al alejarse la errante caravana,
tu recuerdo en el fondo del corazón encierra;
y con él las tristezas de su otoño engalana...
Pupila que la muerte sin mirarte se cierra
no sabrá qué es belleza, porque tú eres, Habana,
la ciudad más hermosa que floreció en la tierra.
¡En mi adiós, como ofrenda, te dejo el alma mía!...
¡Que los dioses te amparen, ciudad de encantamiento,
y que siempre contemple la pupila viajera
sobre el maravilloso cristal de tu bahía
fulgurar ondulante a la gloria del viento
la estrella solitaria que brilla en tu bandera!...