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Sociedad y el Mundo

Gonzalo de Berceo

Gonzalo de Berceo

Escomienza La Vida Del Glorioso Confesor Sancto Domingo De Silos

En el nomne del Padre, que fizo toda cosa,
Et de don Ihesuchristo, fijo de la Gloriosa,
Et del Spíritu Sancto, que egual d'ellos posa,
De un confesor sancto quiero fer una prosa.

Quiero fer una prosa en román paladino,
En qual suele el pueblo fablar a su vecino,
Ca non so tan letrado por fer otro latino:
Bien valdrá, como creo, un vaso de bon vino.

Quiero que lo sepades luego de la primera
Cuya es la ystoria, metervos en carrera:
Es de Sancto Domingo toda bien verdadera,
El que diçen de Silos, que salva la frontera.

En el nomne de Dios, que nombramos primero
Suyo sea el preçio, yo seré su obrero,
Galardón del laçerio yo en él lo espero,
Que por poco serviçio da galardón larguero.

Señor Sancto Domingo, dizlo la escritura,
Natural fue de Cañas, non de basa natura,
Lealmente fue fecho a toda derechura,
De todo muy derecho, sin nula depresura.

Parientes ovo buenos, del Criador amigos,
Que siguíen los ensiemplos de los padres antigos.
Bien sabíen escusarse de ganar enemigos:
Bien les veníe en mientes de los buenos castigos.

Juhán avíe nomne, el su padre ondrado,
Del liñaje de Mans un omne señalado,
Amador de derecho, de seso acabado,
No l'falsaríe su dicho por aver monedado.

El nombre de la madre deçir non lo sabría.
Como non fue escripto non l'devinaría;
Mas váyala el nombre de Dios, e Sancta María:
Prosigamos el curso, tengamos nuestra vía.

La çepa era buena, emprendió buen sarmiento,
Non fue como caña, que la torna el viento,
Ca luego así prendió, como de buen çimiento,
De oír vanidades non le prendíe taliento.
502
Gonzalo de Berceo

Gonzalo de Berceo

Introducción

Amigos e vassallos de Dios omnipotent,
si vos me escuchássedes por vuestro consiment,
querríavos contar un buen aveniment:
terrédeslo en cabo por bueno verament.

Yo maestro Gonçalvo de Verceo nomnado,
yendo en romería caeçí en un prado,
verde e bien sençido, de flores bien poblado,
logar cobdiçiaduero pora omne cansado.

Davan olor sovejo las flores bien olientes,
refrescavan en omne las [carnes] e las mientes,
manavan cada canto fuentes claras corrientes,
en verano bien frías, en ivierno calientes.

Avién y grand abondo de buenas arboledas,
milgranos e figueras, peros e mazanedas,
e muchas otras fructas de diversas monedas,
mas no avié ningunas podridas [nin] azedas.

La verdura del prado, la odor de las flores,
las sombras de los árbores de temprados savores,
refrescáronme todo e perdí los sudores:
podrié vevir el omne con aquellos olores.

Nunqua trobé en sieglo logar tan deleitoso,
nin sombra tan temprada, [nin] olor tan sabroso:
descargué mi ropiella por yazer más viçioso,
poséme a la sombra de un árbor fermoso.

Yaziendo a la sombra perdí todos cuidados,
odí sonos de aves dulces e modulados:
nunqua udieron omnes órganos más temprados,
nin que formar pudiessen sones más acordados.

Unas tenién la quinta e las otras doblavan,
otras tenién el punto, errar no las dexavan:
al posar [e] al mover, todas se esperavan,
aves torpes nin roncas ý non se acostavan.

Non serié organista nin serié vïolero,
nin giga nin salterio nin mano de rotero,
nin estrument nin lengua nin tan claro vocero
cuyo canto valiesse con esto un dinero.

Peroque [nos] dissiemos todas estas bondades,
non contamos las diezmas, esto bien lo creades:
que avié de noblezas tantas diversidades
que no las contarien priores [nin] abbades.

El prado que vos digo avié otra bondat:
por calor nin por frío non perdié su beltat,
siempre estava verde en su entegredat,
non [perdié] la verdura por nulla tempestat.

Manamano que fui en tierra acostado,
de todo el lazerio fui luego folgado;
oblidé toda cuita, [e] lazerio passado:
¡Qui allí se morasse serié bienventurado!

Los omnes e las aves, quantos acaecién,
levavan de las flores quantas levar querién,
mas mengua en el prado ninguna non façién:
por una que levavan tres e quatro nacién.

Semeja esti prado egual de Paraíso,
en qui Dios tan grand graçia, tan grand bendiçión miso;
él que crió tal cosa maestro fue anviso:
omne que ý morasse nunqua perdrié el viso.

El fructo de los árbores era dulz e sabrido,
si don Adam oviesse de tal fructo comido,
de tan mala manera non serié decibido,
nin tomarién tal danno Eva [nin] so marido.

Sennores e amigos, lo que dicho avemos
palavra es oscura, esponerla queremos:
tolgamos la corteza, al meollo entremos,
prendamos lo de dentro, lo de fuera dessemos.

Todos quantos vevimos, que en piedes andamos,
siquiere en [presión] o en lecho yagamos,
todos somos romeos que camino [pasamos],
San Peidro lo diz esto, por él vos lo provamos.

Quanto aquí vivimos en ageno moramos;
la ficança durable suso la esperamos;
la nuestra romería estonz la acabamos,
quando a Paraíso las almas envïamos.

En esta romería avemos un buen prado
en qui trova repaire tot romeo cansado,
la Virgin Glorïosa, madre del buen Criado,
del qual otro ninguno egual non fue trobado.

Esti prado fue siempre verde en onestat,
ca nunca hobo mácula la su virginidat,
post partum et in partu fue virgin de verdat,
illesa, incorrupta en su entegredat.

Las quatro fuentes claras que del prado manavan,
los quatro evangelios, esso significavan,
ca los evangelistas quatro que los dictavan,
quando los escrivién, con ella se fablavan.

Quanto escrivién ellos, ella lo emendava,
esso era bien firme lo que ella laudava;
parece que el riego todo d'ella manava
quando a menos d'ella nada non se guiava.

La sombra de los árbores, buena, dulz e sanía,
en qui ave repaire toda la romería,
sí son las oraciones que fas Santa María
que por los peccadores ruega noch e día.

Quantos que son en mundo, justos e peccadores,
coronados e legos, reys e emperadores,
allí corremos todos, vassallos e sennores,
todos a la su sombra imos coger las flores.

Los árbores que facen sombra dulz e donosa
son los santos miraclos que faz la Glorïosa,
ca son mucho más dulzes que azúcar sabrosa,
la que dan al enfermo en la cuita raviosa.

Las aves que organan entre essos fructales,
que han las dulzes vozes, dizen cantos leales,
estos son Agustino, Gregorio, otros tales,
[quantos] que escrivieron los sos fechos reales.

Estos avién con ella amor e atenencia,
en laudar los sos fechos metién toda femencia;
todos fablavan d'ella, cascuno su sentencia,
pero tenién por todo todos una creencia.

El rosennor que canta por fin maestría,
siquiere la calandria que faz grand melodía,
mucho cantó mejor el barón Isaía
e los otros prophetas, onrrada compannía.

Cantaron los apóstolos muedo muy natural,
confessores e mártires [facién otro] tal;
las vírgenes siguieron la gran Madre caudal,
cantan delante d'ella canto bien festival.

Por todas las eglesias, esto es cada día,
cantan laudes ant ella toda la clerecía:
todos li façen cort a la Virgo María;
estos son rossennoles de gran placentería.

Tornemos ennas flores que componen el prado,
que lo façen fermoso, apuesto e temprado;
las flores son los nomnes que li da el dictado
a la Virgo María, madre del buen Criado.

La benedicta Virgen es estrella clamada,
estrella de los mares, guïona deseada,
es de los marineros en las cuitas guardada,
ca quando éssa veden es la nave guiada.

Es clamada, y éslo de los cielos, reína,
tiemplo de Jesu Christo, estrella matutina,
sennora natural, pïadosa vezina,
de cuerpos e de almas salud e medicina.

Ella es vellocino que fue de Gedeón,
en qui vino la pluvia, una grand vissïón;
ella es dicha fonda de David el varón
con la qual confondió al gigant tan fellon.

Ella es dicha fuent de qui todos bevemos,
ella nos dio el cevo de qui todos comemos;
ella es dicha puerto a qui todos corremos,
e puerta por la qual entrada atendemos.

Ella es dicha puerta en sí bien encerrada,
pora nos es abierta pora darnos la entrada;
ella es la palomba de fiel bien esmerada,
en qui non cae ira, siempre está pagada.

Ella con grand derecho es clamada Sïon,
ca es nuestra talaya, nuestra defensïón:
ella es dicha trono del reï Salomón,
reï de grand justicia, sabio por mirazón.

Non es nomne ninguno que bien derecho venga
que en alguna guisa a ella non avenga;
non ha tal que raíz en ella no la tenga,
nin Sancho nin Domingo, nin Sancha nin Domenga.

Es dicha vid, es uva, almendra, malgranada,
que de granos de graçia está toda calcada,
oliva, cedro, bálssamo, palma bien ajumada,
piértega en que sovo la serpiente alzada.

El fust que Moïsés enna mano portava
que confondió los sabios que Faraón preciava,
el que abrió los mares e depués los cerrava,
si non a la Gloriosa ál non significava.

Si metiéremos mientes en ell otro bastón
que partió la contienda que fue por Aarón,
ál non significava, como diz la lectión,
si non a la Gloriosa, esto bien con razón.

Sennores e amigos, en vano contendemos,
entramos en grand pozo, fondo no'l trovaremos;
más serién los sus nomnes que nos d'ella leemos
que las flores del campo, del más grand que savemos.

Desuso lo dissiemos que eran los fructales
en qui facién las aves los cantos generales,
los sus sanctos miraclos, grandes e principales,
los quales organamos ennas fiestas caubdales.

Quiero dexar con tanto las aves cantadores,
las sombras e las aguas, las devantdichas flores;
quiero d'estos fructales tan plenos de dulzores
fer unos pocos viessos, amigos e sennores.

Quiero en estos árbores un ratiello sobir
e de los sos miraclos algunos escrivir;
la Gloriosa me guíe que lo pueda complir,
ca yo non me trevría en ello a venir.

Terrélo por miráculo que lo faz la Gloriosa
si guiarme quisiere a mí en esta cosa;
Madre, plena de gracia, reína poderosa,
tú me guía en ello, ca eres pïadosa.
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Gabino-Alejandro Carriedo

Gabino-Alejandro Carriedo

Teoría De La Construcción

TEORÍA DE LA CONSTRUCCIÓN

A vuestros materiales sometidos.
P. N.



Siento y me crezco y me recrezco oyendo

gemir la grúa, el compresor, la hormigonera

dentro de mí. Venía

tu material, oh pueblo, a punto.

Se levantaba el edificio

—jácenas y pilares, riostras y bovedillas—.

Iba creciendo la estructura,

los paramentos de ladrillo visto,

los enlucidos de tu yeso negro,

las manos empeñadas y rendidas

a vuestros materiales sometidos.


Yo me crecía al ver a las cuadrillas

los cercos recibir. Los oficiales

alicataban la pared. Yo hacía

como que no veía, pero abría

tu primer saco de cemento

y, oh pueblo, ¿para qué?

Contemplando me paso ese trajín

de los camiones que descargan áridos,

oigo también las cantos digitales

de las manos partidas y entregadas.

a vuestros materiales sometidos.


Más tarde —lo recuerdo— iba en aumento

la popular indignación. Tenemos

de común las baldosas, el forjado,

los tubos de la luz, la cal, la noble

carpintería de taller, quién sabe,

pero, pueblo, quién sabe la herramienta

que habrá que manejar. Si gimo,

si tú gimes, si él tiembla, si gemimos,

si vosotros gemís y si ellos tiemblan,

tarde o temprano habrá que abrir las puertas

a vuestros materiales sometidos.


Siento y me crezco y me recrezco oyendo

chirriar la grúa, el compresor, la hormigonera

dentro de mí. Y está,

tu voluntad, oh pueblo, apunto.

y el edificio crece

—jácenas y pilares, riostras y bovedillas—,

crece pausadamente, pero crece

e inevitablemente irá creciendo

hasta adquirir la forma de la estrella

que ha de prestarles dimensiones válidas

a vuestros materiales sometidos.

334
Gabino-Alejandro Carriedo

Gabino-Alejandro Carriedo

Teoría De La Construcción

TEORÍA DE LA CONSTRUCCIÓN

A vuestros materiales sometidos.
P. N.



Siento y me crezco y me recrezco oyendo

gemir la grúa, el compresor, la hormigonera

dentro de mí. Venía

tu material, oh pueblo, a punto.

Se levantaba el edificio

—jácenas y pilares, riostras y bovedillas—.

Iba creciendo la estructura,

los paramentos de ladrillo visto,

los enlucidos de tu yeso negro,

las manos empeñadas y rendidas

a vuestros materiales sometidos.


Yo me crecía al ver a las cuadrillas

los cercos recibir. Los oficiales

alicataban la pared. Yo hacía

como que no veía, pero abría

tu primer saco de cemento

y, oh pueblo, ¿para qué?

Contemplando me paso ese trajín

de los camiones que descargan áridos,

oigo también las cantos digitales

de las manos partidas y entregadas.

a vuestros materiales sometidos.


Más tarde —lo recuerdo— iba en aumento

la popular indignación. Tenemos

de común las baldosas, el forjado,

los tubos de la luz, la cal, la noble

carpintería de taller, quién sabe,

pero, pueblo, quién sabe la herramienta

que habrá que manejar. Si gimo,

si tú gimes, si él tiembla, si gemimos,

si vosotros gemís y si ellos tiemblan,

tarde o temprano habrá que abrir las puertas

a vuestros materiales sometidos.


Siento y me crezco y me recrezco oyendo

chirriar la grúa, el compresor, la hormigonera

dentro de mí. Y está,

tu voluntad, oh pueblo, apunto.

y el edificio crece

—jácenas y pilares, riostras y bovedillas—,

crece pausadamente, pero crece

e inevitablemente irá creciendo

hasta adquirir la forma de la estrella

que ha de prestarles dimensiones válidas

a vuestros materiales sometidos.

334
Gabino-Alejandro Carriedo

Gabino-Alejandro Carriedo

Teoría De La Construcción

TEORÍA DE LA CONSTRUCCIÓN

A vuestros materiales sometidos.
P. N.



Siento y me crezco y me recrezco oyendo

gemir la grúa, el compresor, la hormigonera

dentro de mí. Venía

tu material, oh pueblo, a punto.

Se levantaba el edificio

—jácenas y pilares, riostras y bovedillas—.

Iba creciendo la estructura,

los paramentos de ladrillo visto,

los enlucidos de tu yeso negro,

las manos empeñadas y rendidas

a vuestros materiales sometidos.


Yo me crecía al ver a las cuadrillas

los cercos recibir. Los oficiales

alicataban la pared. Yo hacía

como que no veía, pero abría

tu primer saco de cemento

y, oh pueblo, ¿para qué?

Contemplando me paso ese trajín

de los camiones que descargan áridos,

oigo también las cantos digitales

de las manos partidas y entregadas.

a vuestros materiales sometidos.


Más tarde —lo recuerdo— iba en aumento

la popular indignación. Tenemos

de común las baldosas, el forjado,

los tubos de la luz, la cal, la noble

carpintería de taller, quién sabe,

pero, pueblo, quién sabe la herramienta

que habrá que manejar. Si gimo,

si tú gimes, si él tiembla, si gemimos,

si vosotros gemís y si ellos tiemblan,

tarde o temprano habrá que abrir las puertas

a vuestros materiales sometidos.


Siento y me crezco y me recrezco oyendo

chirriar la grúa, el compresor, la hormigonera

dentro de mí. Y está,

tu voluntad, oh pueblo, apunto.

y el edificio crece

—jácenas y pilares, riostras y bovedillas—,

crece pausadamente, pero crece

e inevitablemente irá creciendo

hasta adquirir la forma de la estrella

que ha de prestarles dimensiones válidas

a vuestros materiales sometidos.

334
Gustavo Adolfo Bécquer

Gustavo Adolfo Bécquer

Rima Iii

Sacudimiento extraño
que agita las ideas,
como huracán que empuja
las olas en tropel.

Murmullo que en el alma
se eleva y va creciendo
como volcán que sordo
anuncia que va a arder.

Deformes siluetas
de seres imposibles;
paisajes que aparecen
como al través de un tul.

Colores que fundiéndose
remedan en el aire
los átomos del iris
que nadan en la luz.

Ideas sin palabras,
palabras sin sentido;
cadencias que no tienen
ni ritmo ni compás.

Memorias y deseos
de cosas que no existen;
accesos de alegría,
impulsos de llorar.

Actividad nerviosa
que no halla en qué emplearse;
sin riendas que le guíen,
caballo volador.

Locura que el espíritu
exalta y desfallece,
embriaguez divina
del genio creador...
Tal es la inspiración.

Gigante voz que el caos
ordena en el cerebro
y entre las sombras hace
la luz aparecer.

Brillante rienda de oro
que poderosa enfrena
de la exaltada mente
el volador corcel.

Hilo de luz que en haces
los pensamientos ata;
sol que las nubes rompe
y toca en el zenít.

Inteligente mano
que en un collar de perlas
consigue las indóciles
palabras reunir.

Armonioso ritmo
que con cadencia y número
las fugitivas notas
encierra en el compás.

Cincel que el bloque muerde
la estatua modelando,
y la belleza plástica
añade a la ideal.

Atmósfera en que giran
con orden las ideas,
cual átomos que agrupa
recóndita atracción.

Raudal en cuyas ondas
su sed la fiebre apaga,
oasis que al espíritu
devuelve su vigor...
Tal es nuestra razón.

Con ambas siempre en lucha
y de ambas vencedor,
tan sólo al genio es dado
a un yugo atar las dos.
790
Francisco Villaespesa

Francisco Villaespesa