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Naturaleza y Elementos

Blanca Andreu

Blanca Andreu

En Las Cuadras Del Mar Duermen Términos Blancos

En las cuadras del mar duermen términos blancos,
la espuma que crepita, la droga hecha de liquen que mueve a olvidar:
en los establos del mar reina la urraca, la intriga y la discordia,
nueva versión del agua y del bajo oleaje,
nueva versión del agua derramada desde todas las tierras y las tapias del mundo.

Entre los muros del mar callan los abedules que poseen los símbolos del mirlo,
la última voz del bosque,
calla la yedra bárbara que envenenaba ciervos leves como navajas,
el roble boreal,
arrendajos dormidos como libros celestes, incendios y lechuzas de la grava marina.

En las caballerizas del mar, el mar se ahoga con su métrica ardiente,
la flora, las ojivas y las bocas del mar,
concilio de castaños en vilo verdeherido,
y alguien desde muy lejos abdicando, andando desde lejos a morir entre
lejanas ramas empapadas:
alguien desde muy lejos esperando la flora, las ojivas y las bocas del mar.

Entre noviembre y cascos y corolas
el ángel de los remos camina ensangrentado con olor a madera,
con pupila de pájaro el otoño gravita,
acecha el ángel de los cables y las oscuras verjas, los reductos malignos,
y el ángel de la arcilla, matriz de zarza,
polen y estela de placenta que en otoño florece en muerte.

En las caballerizas del mar el mar se ahoga con su métrica ardiente.
Entre los muros del mar callan los abedules que poseen los símbolos del mirlo avisador.
En las cuadras del mar, como en la muerte,
duermen términos blancos.
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Blanca Andreu

Blanca Andreu

Agosto, Agosto, La Vaga Reverencia Del Tintero Demiurgo

Agosto, agosto, la vaga reverencia del tintero demiurgo,
el claustro manuelino de la palabra gótica,
la luna y la hojarasca del tintero empañado,
el lenguaje escultor que nos ha herido pronunciando el idioma de la piedra.

No te hablé, nunca te hablé
del acento emboscado del mármol,
del granito del sueño,
del alma hecha de verbos de la estatua,
de todo lo que fue causa de vida, bronce adjetivo, oscuro,
la luna y la hojarasca que besa el amaranto
y la luna que muerde mi cinta color vino.
No te hablé, nunca hablé
de la piedra de mica que irradia angustia, espejos.

Y fue el escalofrío
y fue la sangre del papel maduro,
y fue vena de sangre poblada por los náufragos de aristocracia azul,
pájaros caballeros,
monstruoso Lancelot hecho corneja buscando la cintura de Virginia Dormida,
terrible Percival en mis manos tendido,
y fue el escalofrío, y fue la esquividad y fue la ausencia
de los andantes nidos nobiliarios.

Ya ves que desvarío, amor, agosto,
agosto, amor, agosto con su anillo
de apagada maldad,
agosto con sortija de lluvia desdeñosa,
con corona de duelos y de arbustos,
agosto atardeciendo gregoriano y atroz,
mientras muere el arnés de aquella yegua Gilda
que galopaba guantes de tojo y zarzamora,
mientras queda sellada para siempre
la mercromina blanca de mis hojas amadas,
todo lo que escribí como un órgano al sol,
como una escarcha virtuosa,
mientras no resplandece el teatro solitario de metáforas última,
la oda del pétreo barco,
el soneto sumiso de las olas.
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