Otros
José María Hinojosa
Pasión Sin Límites
unido con los pájaros
y deja entre los árboles
un invisible rastro
de alegría y de sangre.
Las gotas de rocío
se helaron en las manos
abiertas y floridas
de los enamorados
perdidos en la brisa.
Vuela mi corazón,
mi corazón atado
con cadenas de estrellas
a la sombra de un árbol
atado con cadenas
y con cantos de pájaros.
José María Hinojosa
El Fuego Calcina Nuestras Carnes
quemaba mi costado
recubierto de brotes
plenos de savia verde
cuando tu cabellera
fue de piedra en el viento
y mis sueños se abrían
en pétalos de carne.
Estos aires de fuego
derretirán la nieve
lejana de los polos
al cuajar en el árbol
nuestros dos corazones.
José María Hinojosa
Erótica Imprevista
eludí la pasión
de la mujer sin carne.
Eludí la pasión,
dentro de mi ramaje
y sin quererlo yo.
Perdida entre arenales
la mujer, ya voló
mi carne con su carne.
José María Hinojosa
Mi Alegría
con vuelo de mañana,
su voz hecha sonrisa
de lucero del alba.
Mi sangre baña el río
en aleteo de agallas;
queda el cuerpo sin sangre
y oye la voz del alba.
Está mi cuerpo frío
ya tendido en la playa,
y huyendo de la luz
desaparece el alba.
Su voz hecha sonrisa
vino a mí en espiral;
mi gesto sin aristas
fue a ella en espiral.
José María Hinojosa
Mi Alegría
con vuelo de mañana,
su voz hecha sonrisa
de lucero del alba.
Mi sangre baña el río
en aleteo de agallas;
queda el cuerpo sin sangre
y oye la voz del alba.
Está mi cuerpo frío
ya tendido en la playa,
y huyendo de la luz
desaparece el alba.
Su voz hecha sonrisa
vino a mí en espiral;
mi gesto sin aristas
fue a ella en espiral.
José María Hinojosa
Sse
la memoria de los siglos;
sólo conservo alientos
de papiros añejos.
Y tengo la nostalgia de mí mismo
de cuando sabios eran mis consejos,
del tiempo en que mi olor
no era el de museo.
No puedo resistir
ver correr de mis ojos
arenales de lágrimas
formados por escombros.
Yo perdí la noción del calendario
y de días microbios,
pero continuaré mi papel de hierático,
con sonrisa de insomnio,
en este film inacabado.
Mi voz, mi signo indescifrado,
no lo busquéis en el presente,
buscadlo en el pasado.
José María Hinojosa
Puerto
y no obstante estaba llena
de siluetas y misterios.
Fuimos palpando en su frente
todos nuestros pensamientos.
Quedó la noche vacía
aún con los barcos del puerto,
¿de dónde será este barco
y quiénes sus marineros?
Quedó la noche vacía,
¿y dónde irá este velero?
¿qué mares desgarrará,
y qué vientos?
El mar crujía la luz
del faro, en el antepuerto.
Cogidas de las cinturas
que sus ritmos habían hecho,
las canciones marineras
iban recorriendo el puerto,
y salían por alta mar
entre las olas de viento.
Quedó la noche vacía
de cantos de marineros.
José María Hinojosa
Calma
A Luis Buñuel
¿Dónde se acaba el mar?
¿Dónde comienza el cielo?
Los barcos van flotando.
o remontan el vuelo?
Se perdió el horizonte,
en el juego mimético
del cielo y de las aguas.
Se fundió el movimiento,
en un solo color
azul, el azul quieto.
Se funden los colores;
se apaga el movimiento.
Un solo color queda;
no existe barlovento.
¿Dónde se acaba el mar?
¿Dónde comienza el cielo?
José María Hinojosa
Dolor
que se rompe
al templarla.
La punta de la flecha
fue untada
de tristeza.
Gira la estrella
en el vacío,
y deja deslumbrada
la caverna.
Silencio de silencio.
Ni abriendo nuevos cauces
al momento,
quita sus letanías
del desierto desierto.
El sentimiento
se vuelve más espeso.
José María Hinojosa
Dolor
que se rompe
al templarla.
La punta de la flecha
fue untada
de tristeza.
Gira la estrella
en el vacío,
y deja deslumbrada
la caverna.
Silencio de silencio.
Ni abriendo nuevos cauces
al momento,
quita sus letanías
del desierto desierto.
El sentimiento
se vuelve más espeso.
José María Hinojosa
Ambiente
en alta mar,
entre las olas
y el huracán.
Y el águila, en el aire
sabe mejor mirar,
embistiendo a las nubes
que le impiden volar.
Rompe los zancos
y comienza a andar,
sobre la tierra,
sobre la tierra de verdad.
José María Hinojosa
Canción
un marinero en su barca,
velas eran sus deseos,
y su pensamiento, el viento.
Si yo fuera marinero
sólo tendría en mi pecho
una hélice y un remo.
Como marinero no soy,
cuando me embarque en el mar
sólo llevaré el recuerdo
del ritmo de los remeros.
José María Hinojosa
Sencillez
repiquetearon
en el tamboril
del espacio.
Parábolas de nubes
forman un halo
de cristal,
sobre el monte nevado.
Una línea
y un plano.
Quiero poner mi vista
sólo en el espacio,
que es sencillo
y a la vez complicado.
José María Hinojosa
Elegía Posible
adónde llegaré?
Si el globo se perdiera,
caería, en qué tierra?
Si el barco naufragara,
me hundiría, en qué agua?
Yo solo me embarqué,
nadie sabe porqué.
¡Pero yo sí lo sé!
José María Hinojosa
Campo - Cañada
A Federico G. Lorca
Ladera
cubierta de hierba.
Arroyo
sin fondo.
Un lentisco
extiende sus ramas
en círculo.
El mirlo
se deja caer
con un vuelo rítmico
y clava su flecha negra
en un plano
verde, liso.
Retamas
de filamentos grises
erguidos.
Piedras
con moho amarillo.
Una cabra
y sus dos cabritillos
transponen el viso.
El silencio gira
buscando un ruido.
José María Hinojosa
Campo - Cañada
A Federico G. Lorca
Ladera
cubierta de hierba.
Arroyo
sin fondo.
Un lentisco
extiende sus ramas
en círculo.
El mirlo
se deja caer
con un vuelo rítmico
y clava su flecha negra
en un plano
verde, liso.
Retamas
de filamentos grises
erguidos.
Piedras
con moho amarillo.
Una cabra
y sus dos cabritillos
transponen el viso.
El silencio gira
buscando un ruido.
José María Hinojosa
Campo - Sementera
A Manuel Altolaguirre
El gañán
ve encender
la candela del cielo,
al amanecer.
Llega a la besana
y empieza a devanar
el ovillo de la tierra.
De vez en cuando canta.
Yunto. Yunto.
Al abrir el surco,
la tierra se besa
y se queda quieta.
Yunto. Yunto.
El gañán sigue devanando
su madeja,
pero nunca se acaba.
De vez en cuando canta.
Yunto. Yunto.
¡Pero nunca se acaba!
José María Hinojosa
Campo - Álamos
junto al arroyo fresco.
Álamos blancos
junto al arroyo claro.
Álamos blancos
y negros,
cogidos del brazo,
van cantando
al son de la brisa,
por el arroyo abajo.
Juan de Mena
Invocación
dándome alas de don virtuoso,
y por que discurra por donde non oso,
conbida mi lengua con algo que fable.
Levante la Fama su boz inefable,
por que los fechos que son al presente
vayan de gente sabidos en gente;
olvido non prive lo que es memorable.
Juan de Mena
Invocación
dándome alas de don virtuoso,
y por que discurra por donde non oso,
conbida mi lengua con algo que fable.
Levante la Fama su boz inefable,
por que los fechos que son al presente
vayan de gente sabidos en gente;
olvido non prive lo que es memorable.
Juan de Mena
Invocación
dándome alas de don virtuoso,
y por que discurra por donde non oso,
conbida mi lengua con algo que fable.
Levante la Fama su boz inefable,
por que los fechos que son al presente
vayan de gente sabidos en gente;
olvido non prive lo que es memorable.
José Martí
Todo Soy Canas Ya
Colmar mi corazón: como una copa
Sin vino, o cráneo [ ..........Verso inacabado.............. ] rechazo
La beldad insensata: — y el sentido
¡Ay! ¡no lo es sin la beldad! EI sumo
Sentido es la beldad: ¿en qué soñadas
Cárceles, nubes, rosas, joyas vive
La que me rinda el corazón y dome
Con doble encanto mi ansia de hermosura?
Con su bondad me obliga la que en vano
Quiere mi mente acompañar: la astuta
Que con ágil belleza y luces de oro
Llega volando, y en mis labios secos
Bebe la última miel, y en mis entrañas
Con el ala triunfante se abre un nido,—
Antes que el sol que me la trajo abroche
Su cinto rojo al mundo, antes que muera
El insecto que vive sólo un día,
Ya me enseñó la máscara, y la horrenda
Desnudez y flacura de los huesos.
Como vapor, como visión, como humo,
Ya la beldad de las mujeres miro.
Velos de carne que el tablado esconden
Donde siega cabezas el verdugo
O al más alto postor, cual bestia en cueros,
Vende el rematador la mercancía.
Feria es el mundo: aquélla en blando encaje
Como un cesto de perlas recogida;
Aquélla en sus cojines reclinada
Como un zafiro entre ópalos; aquélla
Donde el genio sublime resplandece
En el alma inmortal, cual vaga el fuego
Fatuo entre las hediondas sepulturas,
Ni fuego son, ni encaje, ni zafiro
Sino piara de cerdos.
¡Flor oscura,
A ti, para morir, el alma ansiosa
Tras sus jornadas negras se encamina!
Tú no te pintas, flor del campo, el rostro
Ni el corazón: no sepas, ay, no sepas
Que no aplacas mi sed, pero tu seno
Honrado es sólo de ampararme digno.
Mancha el vicio al poeta, o la locura
De amar lo vil: con la coraza entera
Ha de morir el hombre: ¡me lastima
Ya la coraza!: endulza, novia, endulza
El dolor de dejarte: luego, luego
Será el festín: ¿no ves que donde muere
El hueso nace el ala?: ¡tú de estrellas
Sabes y de la muerte: tú en las ruinas
Reinas, flor de bondad, dulce señora
Del páramo candente, o el fragoso
Campo de lava en que el jardín expira!
En las luchas de amor las palmas rindo
A la virtud constante y silenciosa.
José Martí
Todo Soy Canas Ya
Colmar mi corazón: como una copa
Sin vino, o cráneo [ ..........Verso inacabado.............. ] rechazo
La beldad insensata: — y el sentido
¡Ay! ¡no lo es sin la beldad! EI sumo
Sentido es la beldad: ¿en qué soñadas
Cárceles, nubes, rosas, joyas vive
La que me rinda el corazón y dome
Con doble encanto mi ansia de hermosura?
Con su bondad me obliga la que en vano
Quiere mi mente acompañar: la astuta
Que con ágil belleza y luces de oro
Llega volando, y en mis labios secos
Bebe la última miel, y en mis entrañas
Con el ala triunfante se abre un nido,—
Antes que el sol que me la trajo abroche
Su cinto rojo al mundo, antes que muera
El insecto que vive sólo un día,
Ya me enseñó la máscara, y la horrenda
Desnudez y flacura de los huesos.
Como vapor, como visión, como humo,
Ya la beldad de las mujeres miro.
Velos de carne que el tablado esconden
Donde siega cabezas el verdugo
O al más alto postor, cual bestia en cueros,
Vende el rematador la mercancía.
Feria es el mundo: aquélla en blando encaje
Como un cesto de perlas recogida;
Aquélla en sus cojines reclinada
Como un zafiro entre ópalos; aquélla
Donde el genio sublime resplandece
En el alma inmortal, cual vaga el fuego
Fatuo entre las hediondas sepulturas,
Ni fuego son, ni encaje, ni zafiro
Sino piara de cerdos.
¡Flor oscura,
A ti, para morir, el alma ansiosa
Tras sus jornadas negras se encamina!
Tú no te pintas, flor del campo, el rostro
Ni el corazón: no sepas, ay, no sepas
Que no aplacas mi sed, pero tu seno
Honrado es sólo de ampararme digno.
Mancha el vicio al poeta, o la locura
De amar lo vil: con la coraza entera
Ha de morir el hombre: ¡me lastima
Ya la coraza!: endulza, novia, endulza
El dolor de dejarte: luego, luego
Será el festín: ¿no ves que donde muere
El hueso nace el ala?: ¡tú de estrellas
Sabes y de la muerte: tú en las ruinas
Reinas, flor de bondad, dulce señora
Del páramo candente, o el fragoso
Campo de lava en que el jardín expira!
En las luchas de amor las palmas rindo
A la virtud constante y silenciosa.
José Martí
Dormida
El estudio de la vida,
Pláceme, en dulces letargos,
Verla dormida:—
De sus pestañas al peso
El ancho párpado entorna,
Lirio que, al sol que se torna,
Se cierra pidiendo un beso.
Y luego como fragante
Magnolia que desenvuelve
Sus blancas hojas, revuelve
El tenue encaje flotante:—
De mi capricho al vagar
Imagínala mi Amor,
¡Una Venus del pudor
Surgiendo de un nuevo mar!
Cuando la lámpara vaga
En este templo de amores,
Con sus blandos resplandores
Más que la alumbra, la halaga;
Cuando la ropa ligera
Sobre su cutis rosado,
Ondula como el alado
Pabellón de Primavera;
Cuando su seno desnudo,
Indefenso, a mi respeto—
Pone más valla que el peto
De bravo guerrero rudo;
Siento que puede el amor,
Dormida y desnuda al verla,
Dejar perla a la que es perla,
Dejar flor a la que es flor; —
Sobre sus labios podría
Los labios míos posar,
Y en su seno reclinar
La pobre cabeza mía,—
Y con mi aliento volver
Mariposa a la crisálida;
Y a la clara rosa pálida
Animar y enrojecer,
Pero aquí, desde la sombra
Donde amante la contemplo,
Manchar no quiero del templo
Con paso impuro la alfombra.
Al acercarme, en ligera
Procesión avergonzado,
¿No volaría el alado
Pabellón de primavera?
¡Al reflejarme, el espejo,
Que la copia entre albas hojas,
Negras las tornara y rojas
De la lámpara al reflejo!—
Dicen que suele volar
Por los espacios perdida
El alma, y en otra vida
Sus alas puras bañar;
Dicen que vuelve a venir
A su cuerpo con la Aurora,
Para volver —¡la traidora!—
Con cada noche a partir,
Y si su espíritu en leda
Beatitud los cielos hiende,
De esa mujer que se extiende
Bella ante mí ¿qué me queda?
Blanco cuerpo, línea fría.
Molde hueco, vaso roto,
¡Y viajera por lo ignoto
La luz que los encendía!—
Y ¿a mí que tanto te quiero,
Delicada peregrina,
Turbar la marcha divina
De tu espíritu viajero?—
¡Duerme entre tus blancas galas!
¡Duerme, mariposa mía!
Vuela bien:—¡mi mano impía
No irá a cortarte las alas!—