Poemas en este tema
Otros
José Martí
Dormida
Más que en los libros amargos
El estudio de la vida,
Pláceme, en dulces letargos,
Verla dormida:—
De sus pestañas al peso
El ancho párpado entorna,
Lirio que, al sol que se torna,
Se cierra pidiendo un beso.
Y luego como fragante
Magnolia que desenvuelve
Sus blancas hojas, revuelve
El tenue encaje flotante:—
De mi capricho al vagar
Imagínala mi Amor,
¡Una Venus del pudor
Surgiendo de un nuevo mar!
Cuando la lámpara vaga
En este templo de amores,
Con sus blandos resplandores
Más que la alumbra, la halaga;
Cuando la ropa ligera
Sobre su cutis rosado,
Ondula como el alado
Pabellón de Primavera;
Cuando su seno desnudo,
Indefenso, a mi respeto—
Pone más valla que el peto
De bravo guerrero rudo;
Siento que puede el amor,
Dormida y desnuda al verla,
Dejar perla a la que es perla,
Dejar flor a la que es flor; —
Sobre sus labios podría
Los labios míos posar,
Y en su seno reclinar
La pobre cabeza mía,—
Y con mi aliento volver
Mariposa a la crisálida;
Y a la clara rosa pálida
Animar y enrojecer,
Pero aquí, desde la sombra
Donde amante la contemplo,
Manchar no quiero del templo
Con paso impuro la alfombra.
Al acercarme, en ligera
Procesión avergonzado,
¿No volaría el alado
Pabellón de primavera?
¡Al reflejarme, el espejo,
Que la copia entre albas hojas,
Negras las tornara y rojas
De la lámpara al reflejo!—
Dicen que suele volar
Por los espacios perdida
El alma, y en otra vida
Sus alas puras bañar;
Dicen que vuelve a venir
A su cuerpo con la Aurora,
Para volver —¡la traidora!—
Con cada noche a partir,
Y si su espíritu en leda
Beatitud los cielos hiende,
De esa mujer que se extiende
Bella ante mí ¿qué me queda?
Blanco cuerpo, línea fría.
Molde hueco, vaso roto,
¡Y viajera por lo ignoto
La luz que los encendía!—
Y ¿a mí que tanto te quiero,
Delicada peregrina,
Turbar la marcha divina
De tu espíritu viajero?—
¡Duerme entre tus blancas galas!
¡Duerme, mariposa mía!
Vuela bien:—¡mi mano impía
No irá a cortarte las alas!—
El estudio de la vida,
Pláceme, en dulces letargos,
Verla dormida:—
De sus pestañas al peso
El ancho párpado entorna,
Lirio que, al sol que se torna,
Se cierra pidiendo un beso.
Y luego como fragante
Magnolia que desenvuelve
Sus blancas hojas, revuelve
El tenue encaje flotante:—
De mi capricho al vagar
Imagínala mi Amor,
¡Una Venus del pudor
Surgiendo de un nuevo mar!
Cuando la lámpara vaga
En este templo de amores,
Con sus blandos resplandores
Más que la alumbra, la halaga;
Cuando la ropa ligera
Sobre su cutis rosado,
Ondula como el alado
Pabellón de Primavera;
Cuando su seno desnudo,
Indefenso, a mi respeto—
Pone más valla que el peto
De bravo guerrero rudo;
Siento que puede el amor,
Dormida y desnuda al verla,
Dejar perla a la que es perla,
Dejar flor a la que es flor; —
Sobre sus labios podría
Los labios míos posar,
Y en su seno reclinar
La pobre cabeza mía,—
Y con mi aliento volver
Mariposa a la crisálida;
Y a la clara rosa pálida
Animar y enrojecer,
Pero aquí, desde la sombra
Donde amante la contemplo,
Manchar no quiero del templo
Con paso impuro la alfombra.
Al acercarme, en ligera
Procesión avergonzado,
¿No volaría el alado
Pabellón de primavera?
¡Al reflejarme, el espejo,
Que la copia entre albas hojas,
Negras las tornara y rojas
De la lámpara al reflejo!—
Dicen que suele volar
Por los espacios perdida
El alma, y en otra vida
Sus alas puras bañar;
Dicen que vuelve a venir
A su cuerpo con la Aurora,
Para volver —¡la traidora!—
Con cada noche a partir,
Y si su espíritu en leda
Beatitud los cielos hiende,
De esa mujer que se extiende
Bella ante mí ¿qué me queda?
Blanco cuerpo, línea fría.
Molde hueco, vaso roto,
¡Y viajera por lo ignoto
La luz que los encendía!—
Y ¿a mí que tanto te quiero,
Delicada peregrina,
Turbar la marcha divina
De tu espíritu viajero?—
¡Duerme entre tus blancas galas!
¡Duerme, mariposa mía!
Vuela bien:—¡mi mano impía
No irá a cortarte las alas!—
1.001
José Martí
A Adelaida Baralt
De una novela sin arte
La comisión ahí le envío:
¡Bien haya el pecado mío
Ya que a Vd. le deja parte!
Cincuenta y cinco fue el precio:
La quinta es de Vd., la quinta
De cincuenta y cinco, pinta
Once, si yo no soy necio.
Para alivio de desgracias
¡Sea! : de lo que yo no quiero
Aliviarme es del sincero
Deber de darle las gracias.
La comisión ahí le envío:
¡Bien haya el pecado mío
Ya que a Vd. le deja parte!
Cincuenta y cinco fue el precio:
La quinta es de Vd., la quinta
De cincuenta y cinco, pinta
Once, si yo no soy necio.
Para alivio de desgracias
¡Sea! : de lo que yo no quiero
Aliviarme es del sincero
Deber de darle las gracias.
716
José Martí
A Adelaida Baralt
Ayer, linda Adelaida, en la pluviosa
Mañana, vi brillar un soberano
Arbol de luz en flor,—iay! un cubano
Floral,—nave perdida en mar brumosa.
Y en sus ramas posé, como se posa,
Loco de luz y hambriento de verano,
Un viejo colibrí, sin pluma y cano
Sobre la rama de un jazmín en rosa.
¡Mas parto, el ala triste! cruzo el río,
Y hallo a mi padre audaz, nata y espejo
De ancianos de valor, enfermo y frío.
De nostalgia y de lluvia: ¿cómo dejo
Por dar, linda Adelaida, fuego al mío,
Sin fuego y solo el corazón del viejo?
Mañana, vi brillar un soberano
Arbol de luz en flor,—iay! un cubano
Floral,—nave perdida en mar brumosa.
Y en sus ramas posé, como se posa,
Loco de luz y hambriento de verano,
Un viejo colibrí, sin pluma y cano
Sobre la rama de un jazmín en rosa.
¡Mas parto, el ala triste! cruzo el río,
Y hallo a mi padre audaz, nata y espejo
De ancianos de valor, enfermo y frío.
De nostalgia y de lluvia: ¿cómo dejo
Por dar, linda Adelaida, fuego al mío,
Sin fuego y solo el corazón del viejo?
878
José Martí
Para Cecilia Gutiérrez Nájera Y Maillefert
En la cuna sin par nació la airosa
Niña de honda mirada y paso leve,
Que el padre le tejió de milagrosa
Música azul y clavellín de nieve.
Del sol voraz y de la cumbre andina,
Con mirra nueva el séquito de bardos
Vino a regar sobre la cuna fina
Olor de myosotis y luz de nardos.
A las pálidas alas del arpegio,
Preso del cinto a la trenzada cuna,
Colgó liana sutil el bardo regio
De ópalo tenue y claridad de luna.
A las trémulas manos de la ansiosa
Madre feliz, para el collar primero
Virtió el bardo creador la pudorosa
Perla y el iris de su ideal joyero.
De su menudo y fúlgido palacio
Surgió la niña mística, cual sube,
Blanca y azul, por el solemne espacio,
Lleno el seno de lágrimas, la nube.
Verdes los ojos son de la hechicera
Niña, y en ellos tiembla la mirada
Cual onda virgen de la mar viajera
Presa al pasar en concha nacarada.
Fina y severa como el arte grave,
Alísea planta en la existencia apoya,
Y el canto tiene y la inquietud del ave,
Y su mano es el hueco de una joya.
Niña: si el mundo infiel al bardo airoso
Las magias roba con que orló tu cuna,
Tú le ornarás de nuevo el milagroso
Verso de ópalo tenue y luz de luna.
Niña de honda mirada y paso leve,
Que el padre le tejió de milagrosa
Música azul y clavellín de nieve.
Del sol voraz y de la cumbre andina,
Con mirra nueva el séquito de bardos
Vino a regar sobre la cuna fina
Olor de myosotis y luz de nardos.
A las pálidas alas del arpegio,
Preso del cinto a la trenzada cuna,
Colgó liana sutil el bardo regio
De ópalo tenue y claridad de luna.
A las trémulas manos de la ansiosa
Madre feliz, para el collar primero
Virtió el bardo creador la pudorosa
Perla y el iris de su ideal joyero.
De su menudo y fúlgido palacio
Surgió la niña mística, cual sube,
Blanca y azul, por el solemne espacio,
Lleno el seno de lágrimas, la nube.
Verdes los ojos son de la hechicera
Niña, y en ellos tiembla la mirada
Cual onda virgen de la mar viajera
Presa al pasar en concha nacarada.
Fina y severa como el arte grave,
Alísea planta en la existencia apoya,
Y el canto tiene y la inquietud del ave,
Y su mano es el hueco de una joya.
Niña: si el mundo infiel al bardo airoso
Las magias roba con que orló tu cuna,
Tú le ornarás de nuevo el milagroso
Verso de ópalo tenue y luz de luna.
774
José Martí
Para Cecilia Gutiérrez Nájera Y Maillefert
En la cuna sin par nació la airosa
Niña de honda mirada y paso leve,
Que el padre le tejió de milagrosa
Música azul y clavellín de nieve.
Del sol voraz y de la cumbre andina,
Con mirra nueva el séquito de bardos
Vino a regar sobre la cuna fina
Olor de myosotis y luz de nardos.
A las pálidas alas del arpegio,
Preso del cinto a la trenzada cuna,
Colgó liana sutil el bardo regio
De ópalo tenue y claridad de luna.
A las trémulas manos de la ansiosa
Madre feliz, para el collar primero
Virtió el bardo creador la pudorosa
Perla y el iris de su ideal joyero.
De su menudo y fúlgido palacio
Surgió la niña mística, cual sube,
Blanca y azul, por el solemne espacio,
Lleno el seno de lágrimas, la nube.
Verdes los ojos son de la hechicera
Niña, y en ellos tiembla la mirada
Cual onda virgen de la mar viajera
Presa al pasar en concha nacarada.
Fina y severa como el arte grave,
Alísea planta en la existencia apoya,
Y el canto tiene y la inquietud del ave,
Y su mano es el hueco de una joya.
Niña: si el mundo infiel al bardo airoso
Las magias roba con que orló tu cuna,
Tú le ornarás de nuevo el milagroso
Verso de ópalo tenue y luz de luna.
Niña de honda mirada y paso leve,
Que el padre le tejió de milagrosa
Música azul y clavellín de nieve.
Del sol voraz y de la cumbre andina,
Con mirra nueva el séquito de bardos
Vino a regar sobre la cuna fina
Olor de myosotis y luz de nardos.
A las pálidas alas del arpegio,
Preso del cinto a la trenzada cuna,
Colgó liana sutil el bardo regio
De ópalo tenue y claridad de luna.
A las trémulas manos de la ansiosa
Madre feliz, para el collar primero
Virtió el bardo creador la pudorosa
Perla y el iris de su ideal joyero.
De su menudo y fúlgido palacio
Surgió la niña mística, cual sube,
Blanca y azul, por el solemne espacio,
Lleno el seno de lágrimas, la nube.
Verdes los ojos son de la hechicera
Niña, y en ellos tiembla la mirada
Cual onda virgen de la mar viajera
Presa al pasar en concha nacarada.
Fina y severa como el arte grave,
Alísea planta en la existencia apoya,
Y el canto tiene y la inquietud del ave,
Y su mano es el hueco de una joya.
Niña: si el mundo infiel al bardo airoso
Las magias roba con que orló tu cuna,
Tú le ornarás de nuevo el milagroso
Verso de ópalo tenue y luz de luna.
774
José Martí
Para Cecilia Gutiérrez Nájera Y Maillefert
En la cuna sin par nació la airosa
Niña de honda mirada y paso leve,
Que el padre le tejió de milagrosa
Música azul y clavellín de nieve.
Del sol voraz y de la cumbre andina,
Con mirra nueva el séquito de bardos
Vino a regar sobre la cuna fina
Olor de myosotis y luz de nardos.
A las pálidas alas del arpegio,
Preso del cinto a la trenzada cuna,
Colgó liana sutil el bardo regio
De ópalo tenue y claridad de luna.
A las trémulas manos de la ansiosa
Madre feliz, para el collar primero
Virtió el bardo creador la pudorosa
Perla y el iris de su ideal joyero.
De su menudo y fúlgido palacio
Surgió la niña mística, cual sube,
Blanca y azul, por el solemne espacio,
Lleno el seno de lágrimas, la nube.
Verdes los ojos son de la hechicera
Niña, y en ellos tiembla la mirada
Cual onda virgen de la mar viajera
Presa al pasar en concha nacarada.
Fina y severa como el arte grave,
Alísea planta en la existencia apoya,
Y el canto tiene y la inquietud del ave,
Y su mano es el hueco de una joya.
Niña: si el mundo infiel al bardo airoso
Las magias roba con que orló tu cuna,
Tú le ornarás de nuevo el milagroso
Verso de ópalo tenue y luz de luna.
Niña de honda mirada y paso leve,
Que el padre le tejió de milagrosa
Música azul y clavellín de nieve.
Del sol voraz y de la cumbre andina,
Con mirra nueva el séquito de bardos
Vino a regar sobre la cuna fina
Olor de myosotis y luz de nardos.
A las pálidas alas del arpegio,
Preso del cinto a la trenzada cuna,
Colgó liana sutil el bardo regio
De ópalo tenue y claridad de luna.
A las trémulas manos de la ansiosa
Madre feliz, para el collar primero
Virtió el bardo creador la pudorosa
Perla y el iris de su ideal joyero.
De su menudo y fúlgido palacio
Surgió la niña mística, cual sube,
Blanca y azul, por el solemne espacio,
Lleno el seno de lágrimas, la nube.
Verdes los ojos son de la hechicera
Niña, y en ellos tiembla la mirada
Cual onda virgen de la mar viajera
Presa al pasar en concha nacarada.
Fina y severa como el arte grave,
Alísea planta en la existencia apoya,
Y el canto tiene y la inquietud del ave,
Y su mano es el hueco de una joya.
Niña: si el mundo infiel al bardo airoso
Las magias roba con que orló tu cuna,
Tú le ornarás de nuevo el milagroso
Verso de ópalo tenue y luz de luna.
774
José Martí
Cuba Nos Une
Cuba nos une en extranjero suelo,
Auras de Cuba nuestro amor desea:
Cuba es tu corazón, Cuba es mi cielo,
Cuba en tu libro mi palabra sea.
Auras de Cuba nuestro amor desea:
Cuba es tu corazón, Cuba es mi cielo,
Cuba en tu libro mi palabra sea.
945
José Martí
¿palabras? Ya Sé, Palabras
¿Palabras? ya sé, palabras,
No me las puedes decir;
Pero mirarme sí puedes:—
¡Basta para vivir!
No me las puedes decir;
Pero mirarme sí puedes:—
¡Basta para vivir!
757
José Martí
¿palabras? Ya Sé, Palabras
¿Palabras? ya sé, palabras,
No me las puedes decir;
Pero mirarme sí puedes:—
¡Basta para vivir!
No me las puedes decir;
Pero mirarme sí puedes:—
¡Basta para vivir!
757
José Martí
Bosque De Rosas
Allí despacio te diré mis cuitas,
¡Allí en tu boca escribiré mis versos!—
¡Ven, que la soledad será tu escudo!
Ven, blanca oveja, (*)
Pero, si acaso lloras, en tus manos
Esconderé mi rostro, y con mis lágrimas
Borraré los extraños versos míos,
¿Sufrir tú, a quien yo amo, y ser yo el casco
Brutal, y tú, mi amada, el lirio roto?
No, mi tímida oveja, yo odio el lobo, (*)
Ven, que la soledad será tu escudo. (*)
¡Oh! la sangre del alma, ¿tú la has visto?
Tiene manos y voz, y al que la vierte
Eternamente entre la sombra acusa.
¡Hay crímenes ocultos, y hay cadáveres
De almas, y hay villanos matadores!
Al bosque ven: del roble más erguido
¡Un pilón labremos, y en el pilón
Cuantos engañen a mujer pongamos!
Ésa es la lidia humana: ¡la tremenda
Batalla de los cascos y los lirios!
Pues los hombres soberbios, ¿no son fieras?
¡Bestias y fieras! Mira, aquí te traigo
Mi bestia muerta y mi furor domado.—
Ven, a callar, a murmurar, al ruido
De las hojas de Abril y los nidales.
Deja, oh mi amada, las paredes mudas
De esta casa ahoyada y ven conmigo
No al mar que bate y ruge sino al bosque
De rosas que hay al fondo de la selva.
Allí es buena la vida, porque es libre,—
Y la virtud, por libre, será cierta,
Por libre, mi respeto meritorio.
Ni el amor, si no es libre, da ventura.
¡Oh, gentes ruines, los que en calma gozan
De robados amores! Si es ajeno
El cariño, el placer de respetarlo
Mayor mil veces es que el de su goce;
¡Del buen obrar qué orgullo al pecho queda
Y cómo en dulces lágrimas rebosa,
Y en extrañas palabras, que parecen
Aleteos, no voces! Y ¡qué culpa
La de fingir amor! ¡Pues hay tormento
Como aquél, sin amar, de hablar de amores!
¡Ven, que allí triste iré, pues yo me veo!
¡Ven, que la soledad será tu escudo!
¡Allí en tu boca escribiré mis versos!—
¡Ven, que la soledad será tu escudo!
Ven, blanca oveja, (*)
Pero, si acaso lloras, en tus manos
Esconderé mi rostro, y con mis lágrimas
Borraré los extraños versos míos,
¿Sufrir tú, a quien yo amo, y ser yo el casco
Brutal, y tú, mi amada, el lirio roto?
No, mi tímida oveja, yo odio el lobo, (*)
Ven, que la soledad será tu escudo. (*)
¡Oh! la sangre del alma, ¿tú la has visto?
Tiene manos y voz, y al que la vierte
Eternamente entre la sombra acusa.
¡Hay crímenes ocultos, y hay cadáveres
De almas, y hay villanos matadores!
Al bosque ven: del roble más erguido
¡Un pilón labremos, y en el pilón
Cuantos engañen a mujer pongamos!
Ésa es la lidia humana: ¡la tremenda
Batalla de los cascos y los lirios!
Pues los hombres soberbios, ¿no son fieras?
¡Bestias y fieras! Mira, aquí te traigo
Mi bestia muerta y mi furor domado.—
Ven, a callar, a murmurar, al ruido
De las hojas de Abril y los nidales.
Deja, oh mi amada, las paredes mudas
De esta casa ahoyada y ven conmigo
No al mar que bate y ruge sino al bosque
De rosas que hay al fondo de la selva.
Allí es buena la vida, porque es libre,—
Y la virtud, por libre, será cierta,
Por libre, mi respeto meritorio.
Ni el amor, si no es libre, da ventura.
¡Oh, gentes ruines, los que en calma gozan
De robados amores! Si es ajeno
El cariño, el placer de respetarlo
Mayor mil veces es que el de su goce;
¡Del buen obrar qué orgullo al pecho queda
Y cómo en dulces lágrimas rebosa,
Y en extrañas palabras, que parecen
Aleteos, no voces! Y ¡qué culpa
La de fingir amor! ¡Pues hay tormento
Como aquél, sin amar, de hablar de amores!
¡Ven, que allí triste iré, pues yo me veo!
¡Ven, que la soledad será tu escudo!
906
José Martí
Mañana, Como Un Monte Que Derrumba
Mañana, como un monte que derrumba
De noche y en sigilo su eminencia,—
Como un vaso de aroma roto y hueco
Caeré sobre la tierra.
De noche y en sigilo su eminencia,—
Como un vaso de aroma roto y hueco
Caeré sobre la tierra.
641
José Martí
En Un Dulce Estupor
En un dulce estupor soñando estaba
Con las bellezas de la tierra mía:
Fuera, el invierno lívido gemía,
Y en mi cuarto sin luz el sol brillaba.
La sombra sobre mí centelleaba
Como un diamante negro, y yo sentía
Que la frente soberbia me crecía,
Y que un águila al cielo me encumbraba.
Iba hinchando este gozo el alma oscura,
Cuando me vi de súbito estrechado
Contra el seno fatal de una hermosura:
Y al sentirme en sus brazos apretado,
Me pareció rodar desde una altura
Y rodar por la tierra despeñado.
Con las bellezas de la tierra mía:
Fuera, el invierno lívido gemía,
Y en mi cuarto sin luz el sol brillaba.
La sombra sobre mí centelleaba
Como un diamante negro, y yo sentía
Que la frente soberbia me crecía,
Y que un águila al cielo me encumbraba.
Iba hinchando este gozo el alma oscura,
Cuando me vi de súbito estrechado
Contra el seno fatal de una hermosura:
Y al sentirme en sus brazos apretado,
Me pareció rodar desde una altura
Y rodar por la tierra despeñado.
736
José Martí
En Un Dulce Estupor
En un dulce estupor soñando estaba
Con las bellezas de la tierra mía:
Fuera, el invierno lívido gemía,
Y en mi cuarto sin luz el sol brillaba.
La sombra sobre mí centelleaba
Como un diamante negro, y yo sentía
Que la frente soberbia me crecía,
Y que un águila al cielo me encumbraba.
Iba hinchando este gozo el alma oscura,
Cuando me vi de súbito estrechado
Contra el seno fatal de una hermosura:
Y al sentirme en sus brazos apretado,
Me pareció rodar desde una altura
Y rodar por la tierra despeñado.
Con las bellezas de la tierra mía:
Fuera, el invierno lívido gemía,
Y en mi cuarto sin luz el sol brillaba.
La sombra sobre mí centelleaba
Como un diamante negro, y yo sentía
Que la frente soberbia me crecía,
Y que un águila al cielo me encumbraba.
Iba hinchando este gozo el alma oscura,
Cuando me vi de súbito estrechado
Contra el seno fatal de una hermosura:
Y al sentirme en sus brazos apretado,
Me pareció rodar desde una altura
Y rodar por la tierra despeñado.
736
José Martí
Vino El Amor Mental
Vino el amor mental: ese enfermizo
Febril, informe, falso amor primero,
¡Ansia de amar que se consagra a un rizo,
Como, si a tiempo pasa, al bravo acero!
Vino el amor social: ese alevoso
Puñal de mango de oro oculto en flores
Que donde clava, infama: ese espantoso
Amor de azar, preñado de dolores.
Vino el amor del corazón: el vago
Y perfumado amor, que al alma asoma
Como el que en bosque duerme, eterno lago,
La que el vuelo aún no alzó, blanca paloma.
Y la púdica lira, al beso ardiente
Blanda jamás, rebosa a esta delicia,
Como entraña de flor, que al alba siente
De la luz no tocada la caricia.—
Febril, informe, falso amor primero,
¡Ansia de amar que se consagra a un rizo,
Como, si a tiempo pasa, al bravo acero!
Vino el amor social: ese alevoso
Puñal de mango de oro oculto en flores
Que donde clava, infama: ese espantoso
Amor de azar, preñado de dolores.
Vino el amor del corazón: el vago
Y perfumado amor, que al alma asoma
Como el que en bosque duerme, eterno lago,
La que el vuelo aún no alzó, blanca paloma.
Y la púdica lira, al beso ardiente
Blanda jamás, rebosa a esta delicia,
Como entraña de flor, que al alba siente
De la luz no tocada la caricia.—
712
José Martí
Vino El Amor Mental
Vino el amor mental: ese enfermizo
Febril, informe, falso amor primero,
¡Ansia de amar que se consagra a un rizo,
Como, si a tiempo pasa, al bravo acero!
Vino el amor social: ese alevoso
Puñal de mango de oro oculto en flores
Que donde clava, infama: ese espantoso
Amor de azar, preñado de dolores.
Vino el amor del corazón: el vago
Y perfumado amor, que al alma asoma
Como el que en bosque duerme, eterno lago,
La que el vuelo aún no alzó, blanca paloma.
Y la púdica lira, al beso ardiente
Blanda jamás, rebosa a esta delicia,
Como entraña de flor, que al alba siente
De la luz no tocada la caricia.—
Febril, informe, falso amor primero,
¡Ansia de amar que se consagra a un rizo,
Como, si a tiempo pasa, al bravo acero!
Vino el amor social: ese alevoso
Puñal de mango de oro oculto en flores
Que donde clava, infama: ese espantoso
Amor de azar, preñado de dolores.
Vino el amor del corazón: el vago
Y perfumado amor, que al alma asoma
Como el que en bosque duerme, eterno lago,
La que el vuelo aún no alzó, blanca paloma.
Y la púdica lira, al beso ardiente
Blanda jamás, rebosa a esta delicia,
Como entraña de flor, que al alba siente
De la luz no tocada la caricia.—
712
José Martí
Baile
Yo miro con un triste
Placer, como en la fiesta —
Del noble Jerez pálido
La copa llena guían
Las blancas manos trémulas
Al seco labio rojo: —
Y yo muevo mi mano tristemente
Al corazón vacío,— y a la frente.
Yo veo como un sueño
De gasa blanca y oro,
En que la llama se abre
Camino en tanto alado
Traje que ha de ser luego
Ceniza, húmeda en lágrimas,
Cruzar la alegre corte de oro y gasa,
Y en llanto amargo el rostro se me abrasa.
¡Alma! cuando de vuelta
Dentro del cuerpo laxo,
Del frac innoble libres
O la prisión dichosa
De níveo tul,- la férvida
Fiesta recuerdes,- ¡mira
Que debes embridar el cuerpo loco,
O que te absorbe con su sed a poco!
721
José Martí
Cuando Me Puse A Pensar
Cuando me puse a pensar
La razón me dio a elegir
Entre ser quien soy, o ir
El ser ajeno a emprestar,
Mas me dije: si el copiar
Fuera ley, no nacería
Hombre alguno, pues haría
Lo que antes de él se ha hecho:
Y dije, llamando al pecho,
¡Sé quien eres, alma mía!—
La razón me dio a elegir
Entre ser quien soy, o ir
El ser ajeno a emprestar,
Mas me dije: si el copiar
Fuera ley, no nacería
Hombre alguno, pues haría
Lo que antes de él se ha hecho:
Y dije, llamando al pecho,
¡Sé quien eres, alma mía!—
955
José Martí
Una Virgen Espléndida
Una virgen espléndida — morada
De un sol de amor que por sus negros ojos
Brota, pregunta, abraza y acaricia —
Versos me pide, versos de mujeres.
¡Arrullos de paloma,
Murmullos de sunsunes,1
Suspiros de tojosas!—
Yo podré, en noche ardiente,
Trovando amor al pie de su ventana,
En tal aura envolverla,
Con tal fuego besarla,
Que al nuevo amanecer,— nadie vería
En su cutis la flor que lo teñía.
—¡Calla, mi amigo amor! que nadie sepa
Que yo llevo en los labios la flor roja
Que su mejilla cándida lucía,
Y el candor, y la flor, y el frágil vaso,
Mío es todo, puesto que ella es mía.—
Y la madre amorosa,
De sagrado temor y amor movida,
Dijérale a la pálida — ¿y la rosa
De tu mejilla fresca dónde es ida?
De un sol de amor que por sus negros ojos
Brota, pregunta, abraza y acaricia —
Versos me pide, versos de mujeres.
¡Arrullos de paloma,
Murmullos de sunsunes,1
Suspiros de tojosas!—
Yo podré, en noche ardiente,
Trovando amor al pie de su ventana,
En tal aura envolverla,
Con tal fuego besarla,
Que al nuevo amanecer,— nadie vería
En su cutis la flor que lo teñía.
—¡Calla, mi amigo amor! que nadie sepa
Que yo llevo en los labios la flor roja
Que su mejilla cándida lucía,
Y el candor, y la flor, y el frágil vaso,
Mío es todo, puesto que ella es mía.—
Y la madre amorosa,
De sagrado temor y amor movida,
Dijérale a la pálida — ¿y la rosa
De tu mejilla fresca dónde es ida?
715
José Martí
Tiene El Alma Del Poeta
Tiene el alma del poeta
Extrañeza singular:
Si en su paso encuentra al hombre
El poeta da en llorar.
Con la voz de un niño tiembla,
Es de amor, y al amor va—
Un amor que no se estrecha
En un límite carnal.
La corteza corrompida
El fruto corromperá.
Del amor de hembra no fío
Si su hoguera han de alumbrar
El quemante sol de estío
O el sol pálido autumnal:
¡Primavera —primavera,
Madre de felicidad!
Extrañeza singular:
Si en su paso encuentra al hombre
El poeta da en llorar.
Con la voz de un niño tiembla,
Es de amor, y al amor va—
Un amor que no se estrecha
En un límite carnal.
La corteza corrompida
El fruto corromperá.
Del amor de hembra no fío
Si su hoguera han de alumbrar
El quemante sol de estío
O el sol pálido autumnal:
¡Primavera —primavera,
Madre de felicidad!
755
José Martí
Es Verdad
Es verdad. Si la máscara discreta
Oculta su tormento al corazón:
Nadie sabe el abismo que el poeta
En los dinteles de la vida vio.—
De verde fue, magnifico y sencillo—
A un suave amor su cuerpo sacudir,
Y tenderse, cruzado pajecillo,
Como en un nido fresco un colibrí.—
De verle fue, con férvida elocuencia,
Ruiseñor vocinglero, arrebatar—
Y luego, junto al libro de la ciencia,
¡Perdonar, sonreír, aletear!—
Fue la pública fama su riqueza,
Un martirio celeste su blasón,—
Y más que oro brillaba su pureza
A la luz de aquel sol que es más que sol.
Dicen que la malvada baila en fiestas
Y en calma escucha el sueño de Macbeth;
Dicen que rompe al son de las orquestas
Su corona primera de mujer:
Crece a la par de la gentil doncella
El árbol puro del primer amor:
Pero, sépalo al fin la infame aquella:
La pureza no da más que una flor.
El pobre mozo, los heroicos labios
Pliega, como quien quiere sonreír—
Y en pie, volviendo a sus infolios sabios
¡Adiós! llorando dice al mes de Abril.
Oculta su tormento al corazón:
Nadie sabe el abismo que el poeta
En los dinteles de la vida vio.—
De verde fue, magnifico y sencillo—
A un suave amor su cuerpo sacudir,
Y tenderse, cruzado pajecillo,
Como en un nido fresco un colibrí.—
De verle fue, con férvida elocuencia,
Ruiseñor vocinglero, arrebatar—
Y luego, junto al libro de la ciencia,
¡Perdonar, sonreír, aletear!—
Fue la pública fama su riqueza,
Un martirio celeste su blasón,—
Y más que oro brillaba su pureza
A la luz de aquel sol que es más que sol.
Dicen que la malvada baila en fiestas
Y en calma escucha el sueño de Macbeth;
Dicen que rompe al son de las orquestas
Su corona primera de mujer:
Crece a la par de la gentil doncella
El árbol puro del primer amor:
Pero, sépalo al fin la infame aquella:
La pureza no da más que una flor.
El pobre mozo, los heroicos labios
Pliega, como quien quiere sonreír—
Y en pie, volviendo a sus infolios sabios
¡Adiós! llorando dice al mes de Abril.
711
José Martí
Es Verdad
Es verdad. Si la máscara discreta
Oculta su tormento al corazón:
Nadie sabe el abismo que el poeta
En los dinteles de la vida vio.—
De verde fue, magnifico y sencillo—
A un suave amor su cuerpo sacudir,
Y tenderse, cruzado pajecillo,
Como en un nido fresco un colibrí.—
De verle fue, con férvida elocuencia,
Ruiseñor vocinglero, arrebatar—
Y luego, junto al libro de la ciencia,
¡Perdonar, sonreír, aletear!—
Fue la pública fama su riqueza,
Un martirio celeste su blasón,—
Y más que oro brillaba su pureza
A la luz de aquel sol que es más que sol.
Dicen que la malvada baila en fiestas
Y en calma escucha el sueño de Macbeth;
Dicen que rompe al son de las orquestas
Su corona primera de mujer:
Crece a la par de la gentil doncella
El árbol puro del primer amor:
Pero, sépalo al fin la infame aquella:
La pureza no da más que una flor.
El pobre mozo, los heroicos labios
Pliega, como quien quiere sonreír—
Y en pie, volviendo a sus infolios sabios
¡Adiós! llorando dice al mes de Abril.
Oculta su tormento al corazón:
Nadie sabe el abismo que el poeta
En los dinteles de la vida vio.—
De verde fue, magnifico y sencillo—
A un suave amor su cuerpo sacudir,
Y tenderse, cruzado pajecillo,
Como en un nido fresco un colibrí.—
De verle fue, con férvida elocuencia,
Ruiseñor vocinglero, arrebatar—
Y luego, junto al libro de la ciencia,
¡Perdonar, sonreír, aletear!—
Fue la pública fama su riqueza,
Un martirio celeste su blasón,—
Y más que oro brillaba su pureza
A la luz de aquel sol que es más que sol.
Dicen que la malvada baila en fiestas
Y en calma escucha el sueño de Macbeth;
Dicen que rompe al son de las orquestas
Su corona primera de mujer:
Crece a la par de la gentil doncella
El árbol puro del primer amor:
Pero, sépalo al fin la infame aquella:
La pureza no da más que una flor.
El pobre mozo, los heroicos labios
Pliega, como quien quiere sonreír—
Y en pie, volviendo a sus infolios sabios
¡Adiós! llorando dice al mes de Abril.
711
José Martí
Rosario
Rosario,
En ti pensaba, en tus cabellos
Que el mundo de la sombra envidiaría,
Y puse un punto de mi vida en ellos
Y quise yo soñar que tú eras mía.
Ando yo por la tierra con los ojos,
Alzados —¡oh mi afán!— a tanta altura
Que en ira altiva o míseros sonrojos
Encendiólos la humana criatura.
Vivir: —Saber morir; así me aqueja
Este infausto buscar, este bien fiero,
Y todo el Ser en mi alma se refleja,
¡Y buscando sin fe, de fe me muero!
En ti pensaba, en tus cabellos
Que el mundo de la sombra envidiaría,
Y puse un punto de mi vida en ellos
Y quise yo soñar que tú eras mía.
Ando yo por la tierra con los ojos,
Alzados —¡oh mi afán!— a tanta altura
Que en ira altiva o míseros sonrojos
Encendiólos la humana criatura.
Vivir: —Saber morir; así me aqueja
Este infausto buscar, este bien fiero,
Y todo el Ser en mi alma se refleja,
¡Y buscando sin fe, de fe me muero!
1.004
José Martí
A Emma
No sientas que te falte
el don de hablar que te arrebata el cielo,
no necesita tu belleza esmalte
ni tu alma pura más extenso vuelo.
No mires, niña mía,
en tu mutismo fuente de dolores,
ni llores las palabras que te digan
ni las palabras que te faltan llores.
Si brillan en tu faz tan dulces ojos
que el alma enamorada se va en ellos,
no los nublen jamás tristes enojos,
que todas las mujeres de mis labios,
no son una mirada de tus ojos...
id=p4>Villaviciosa (Madrid), 10 de julio, 1872
el don de hablar que te arrebata el cielo,
no necesita tu belleza esmalte
ni tu alma pura más extenso vuelo.
No mires, niña mía,
en tu mutismo fuente de dolores,
ni llores las palabras que te digan
ni las palabras que te faltan llores.
Si brillan en tu faz tan dulces ojos
que el alma enamorada se va en ellos,
no los nublen jamás tristes enojos,
que todas las mujeres de mis labios,
no son una mirada de tus ojos...
id=p4>Villaviciosa (Madrid), 10 de julio, 1872
1.427
José Martí
A Emma
No sientas que te falte
el don de hablar que te arrebata el cielo,
no necesita tu belleza esmalte
ni tu alma pura más extenso vuelo.
No mires, niña mía,
en tu mutismo fuente de dolores,
ni llores las palabras que te digan
ni las palabras que te faltan llores.
Si brillan en tu faz tan dulces ojos
que el alma enamorada se va en ellos,
no los nublen jamás tristes enojos,
que todas las mujeres de mis labios,
no son una mirada de tus ojos...
id=p4>Villaviciosa (Madrid), 10 de julio, 1872
el don de hablar que te arrebata el cielo,
no necesita tu belleza esmalte
ni tu alma pura más extenso vuelo.
No mires, niña mía,
en tu mutismo fuente de dolores,
ni llores las palabras que te digan
ni las palabras que te faltan llores.
Si brillan en tu faz tan dulces ojos
que el alma enamorada se va en ellos,
no los nublen jamás tristes enojos,
que todas las mujeres de mis labios,
no son una mirada de tus ojos...
id=p4>Villaviciosa (Madrid), 10 de julio, 1872
1.427