Otros
José Martí
Cese, Señora, El Duelo
¿Qué fuera nuestra vida sin enojos?
¡Vivir es padecer! ¡sufrir es santo!
¿Cómo fueran tan bellos vuestros ojos
Si alguna vez no los mojara el llanto?
Romped las cuerdas del amargo duelo.
Quien sufre como vos sufrís, señora:
Es más que una mujer, algo del cielo,
Que de él huyó y entre nosotros mora.
José Martí
¡dolor! ¡dolor! Eterna Vida Mía
Ser de mi ser, sin cuyo aliento muero!
José Martí
Tengo Un Huésped
Del lado del corazón.—
¡Muy celoso, muy celoso!—
Dormir no sabe mi huésped: no.—
Como una sierpe se enrosca
Mas no como sierpe, no:—
Como hoguera que consume
El lado donde está mi corazón!—
José Martí
Dentro De Mí
De mi corazón he labrado sus riendas:
Tú me lo rompiste: cuando lo vi roto
Me pareció bien enfrenar a la fiera.
Antes, cual la llama que en la estera prende,
Mi cólera ardía, lucía y se apagaba:
Como del león generoso en la selva
La fiebre se enciende; lo ciega y se calma.
Pero, ya no puedes: las riendas le he puesto
Y al juicio he subido en el león a caballo:
La furia del juicio es tenaz: ya no puedes.
Dentro de mí hay un león enfrenado.
José Martí
Tengo Un Huésped
Del lado del corazón.—
¡Muy celoso, muy celoso!—
Dormir no sabe mi huésped: no.—
Como una sierpe, se enrosca
Mas no como sierpe, no:—
¡Como hoguera que consume
El lado donde está mi corazón!—
José Martí
Como Fiera Enjaulada
Mi asiento dejo—empujo la entornada
Puerta, vuelvo a mi libro,
Los anchos ojos en sus letras clavo,
Como cuerdas heridas, tiemblo y vibro,—
Y ruge, y muerde el alma atormentada,
Como en cuerpo de mármol encerrada.—
José Martí
Como Fiera Enjaulada
Mi asiento dejo—empujo la entornada
Puerta, vuelvo a mi libro,
Los anchos ojos en sus letras clavo,
Como cuerdas heridas, tiemblo y vibro,—
Y ruge, y muerde el alma atormentada,
Como en cuerpo de mármol encerrada.—
José Martí
La Madre Está Sentada
Junto a la cuna:—
Por la ventana gótica calada
Entran risueños quiebros de luna.
La madre está espantada,
La cuna junto,
Más blanca que la sábana calada
Brilla a la luna su hijo difunto—
¿Sombra... por qué te llevas
Mi Serafín?
—Yo necesito de flores nuevas
En mi jardín. —
Ahí murió la madre arrodillada
Junto a la cuna:
Por la ventana gótica calada
Entraba quieta la mansa luna:—
¡Loco el que al cielo o a los astros fía
Su pena o su alegría!—
Se es en la vida—leño abandonado,
Al capricho del mar alborotado:—
Y flor, húmeda y seca, que los vientos
Arrebatan violentos;—
O respetan y halagan caprichosos;—
¡Juguetes ¡ay! de locos poderosos!—
Corderos ¡ay! nacidos
A manchar su vellón, y a andar perdidos!—
¡Sin más mentor, desde la blanca cuna
Que la razón vendada, y la fortuna!—
¿Música? Si es un hurto: si la muerte
A esa edad infantil no tiene derecho;—
Si el pesar no se ahorra,
Si la sentencia es fiera,
Si volverá aunque corra,
Si volverá a vivir, ¡aunque se muera!—
Verdad que no es perdido
El tiempo ya vivido—
Y como de la tierra lo arrebata
La muerte en su sencilla edad de plata:
Cuando torne ese espíritu en forma nueva,
¡Volverá con la edad que ahora se lleva!—
No hay muerto, por bien muerto
Que en las entrañas de la tierra yazga,
Que en otra forma, o en su forma misma,
Más vivo luego y más audaz no salga.
José Martí
Obra Y Amor
Y el amor, remolino avaricioso,
El alma entera arrastra al hondo centro;
La obra perece—y el amor celoso,
Luego que por su culpa el hombre yerra,
Con culpa y sin vigor lo deja en tierra.
José Martí
Pues A Vivir Venimos
Esta existencia que los hombres hacen
A su final pureza—aunque el veneno
De un cruel amor la ardiente sangre encienda,
—Aunque a su indómita bestia arnés echemos
De ricas piedras persas recamado,—
—Aunque de daga aguda el pecho sea
Con herida perenne traspasado—
Vengan daga, y corcel, y amor que mate:—
¡Eso es al fin vivir!—
El bardo, como un pájaro, recoge
Pajas para su nido—de las voces
Que pueblan el silencio, de la triste
Vida común, en que las almas luchan
Como animadas perlas en los senos
Enclavadas de un monte lucharían.
José Martí
Pues A Vivir Venimos
Esta existencia que los hombres hacen
A su final pureza—aunque el veneno
De un cruel amor la ardiente sangre encienda,
—Aunque a su indómita bestia arnés echemos
De ricas piedras persas recamado,—
—Aunque de daga aguda el pecho sea
Con herida perenne traspasado—
Vengan daga, y corcel, y amor que mate:—
¡Eso es al fin vivir!—
El bardo, como un pájaro, recoge
Pajas para su nido—de las voces
Que pueblan el silencio, de la triste
Vida común, en que las almas luchan
Como animadas perlas en los senos
Enclavadas de un monte lucharían.
José Martí
De Mis Tristes Estudios
Nauseabundas y bárbaras, resurjo
Lleno el pecho jovial de un amor loco
Por la mujer hermosa y la poesía:
¡Siempre juntas las dos! Dos ojos negros,
A mí que no ando en cuerpos, o ando apenas
Como una antorcha en las tinieblas, vuelven
A mi aterrado espíritu la vida:
¡Dos ojos negros, que entreví, pasando,
Ya hacia la noche, ante una puerta oscura!
José Martí
Siempre Que Hundo La Mente
La saco con un haz de luz de aurora:
Yo percibo los hilos, la juntura,
La flor del Universo: yo pronuncio
Pronta a nacer una inmortal poesía.
No de dioses de altar ni libros viejos
No de flores de Grecia, repintadas
Con menjurjes de moda, no con rastros
De rastros, no con lívidos despojos
Se amansará de las edades muertas:
Sino de las entrañas exploradas
Del Universo, surgirá radiante
Con la luz y las gracias de la vida.
Para vencer, combatirá primero:
E inundará de luz, como la aurora.—
José Martí
Siempre Que Hundo La Mente
La saco con un haz de luz de aurora:
Yo percibo los hilos, la juntura,
La flor del Universo: yo pronuncio
Pronta a nacer una inmortal poesía.
No de dioses de altar ni libros viejos
No de flores de Grecia, repintadas
Con menjurjes de moda, no con rastros
De rastros, no con lívidos despojos
Se amansará de las edades muertas:
Sino de las entrañas exploradas
Del Universo, surgirá radiante
Con la luz y las gracias de la vida.
Para vencer, combatirá primero:
E inundará de luz, como la aurora.—
José Martí
Siempre Que Hundo La Mente
La saco con un haz de luz de aurora:
Yo percibo los hilos, la juntura,
La flor del Universo: yo pronuncio
Pronta a nacer una inmortal poesía.
No de dioses de altar ni libros viejos
No de flores de Grecia, repintadas
Con menjurjes de moda, no con rastros
De rastros, no con lívidos despojos
Se amansará de las edades muertas:
Sino de las entrañas exploradas
Del Universo, surgirá radiante
Con la luz y las gracias de la vida.
Para vencer, combatirá primero:
E inundará de luz, como la aurora.—
José Martí
Yo Puedo Hacer
De esta desdicha una joya;
¡Pero me la habrán de ver!—
No, vive Dios: ¡paso atrás!
Mi pena es mi hija: ¡mi hija
No me la han de ver jamás!
Son cómicos del dolor,
Son llorones de su entierro,
Son mercaderes de amor,
Son indignos de placer
De sufrir y de querer
Los que enseñan y venden
En libros y salas
Su goce o dolor.
José Martí
Quieren, Oh Mi Dolor
De su ornamento natural despoje,
Que el árbol pode, que la flor deshoje,
Que haga al manto viril broche y cintura:
Quieren que el verso arrebatado en dura
Cárcel sonante y apretada aherroje,
Cual la espiga deshecha en la alta troje
O en el tosco lagar la vid madura.
No, vive Dios! La cómica alquilada
El paso ensaye y el sollozo en donde
Betunosa la faz, gime e implora:—
El gran dolor, el alma desolada,
Ni con carmín su lividez esconde,
Ni se trenza el cabello cuando llora.
José Martí
Quieren, Oh Mi Dolor
De su ornamento natural despoje,
Que el árbol pode, que la flor deshoje,
Que haga al manto viril broche y cintura:
Quieren que el verso arrebatado en dura
Cárcel sonante y apretada aherroje,
Cual la espiga deshecha en la alta troje
O en el tosco lagar la vid madura.
No, vive Dios! La cómica alquilada
El paso ensaye y el sollozo en donde
Betunosa la faz, gime e implora:—
El gran dolor, el alma desolada,
Ni con carmín su lividez esconde,
Ni se trenza el cabello cuando llora.
José Martí
Tienes El Don
Todo el valor de ti, tienes la altiva
Resolución que arrostra y que cautiva
Y llama las coronas a las sienes.
Tienes la fuga, el verbo, los desdenes
Divinos de quien es, y el habla viva
De quien cruza la tierra cielo arriba
Y ni adula al feliz, ni aguarda bienes.
—¡Pero no tengo el impudor odioso
De enseñar mis entrañas derretidas
En estuche de verso recamado!
Viva mi nombre oscuro y en reposo
Si he de comprar las palmas perseguidas
Sacando al viento mi dolor sagrado.
José Martí
Tienes El Don
Todo el valor de ti, tienes la altiva
Resolución que arrostra y que cautiva
Y llama las coronas a las sienes.
Tienes la fuga, el verbo, los desdenes
Divinos de quien es, y el habla viva
De quien cruza la tierra cielo arriba
Y ni adula al feliz, ni aguarda bienes.
—¡Pero no tengo el impudor odioso
De enseñar mis entrañas derretidas
En estuche de verso recamado!
Viva mi nombre oscuro y en reposo
Si he de comprar las palmas perseguidas
Sacando al viento mi dolor sagrado.
José Martí
Hervor De Espíritu
La vista fijo y la atención reclamo:
Tu luz enciendo, con tus rayos vibro,
¡Y expulsado de ti, perdón te clamo!
Si te merezco ¡oh padre! si te adoro
¿Qué delito filial he cometido?
¡Puesto que llanto sobrehumano lloro
Delito alguno sobrehumano ha sido!
En vano apago el férvido gemido;
La voladora idea
La frente en vano hacia la tierra inclina:
La sien desenfrenada me golpea,—
¡El cerebro revuelto se ilumina
Y el ojo enardecido centellea!
Cierto corcel intrépido y fogoso
De raudo giro irregular y eterno
Rebelde, piafa, rápido circula,
Detiénese, se lanza
Del cráneo en torno en veloz carrera,
¡Y de polvo divino
Llena, y de nube, la revuelta esfera!
La ciencia, el cerco, el mísero detalle,
El número, la clase, la doctrina;
¡Y bullendo en el mar de mi cerebro
La impaciencia y la cólera divina!
Sentir que sobre el monte
Sol fuera, luminar del horizonte,
Y frente a una ventana,
Doble prisión sobre la interna mía
¡Plegar al libro el alma sobrehumana
Y el alma ardiente a la cadena fría!
Así, encerrada un águila
En un místico cuerpo de paloma
La garra ruda ciega movería
Y en el círculo estrecho,
Del golpe propio desgarrado el pecho
Con el ala enclavada moriría.
José Martí
Marzo
Más que de la ventura nace el verso.
Marzo fatal sobre la tierra cruza,
Marzo envidioso: corta la erizada
Ala la nube que al encuentro boga
De su rival, Abril: y el riego mismo
Que flotante vapor, del flanco abierto
Echa a raudales, con mayor frescura
Adorna a Abril: ¡así con lo que hiere,
Gloria mayor da con la envidia!
Vibra el aire y retumba. Desaladas
Huyen las nubes. Adereza la onda
El rápido granizo. Sus caballos
Negros desboca el huracán. Sacude
El Invierno la barba... ¡Inflama el fuego
Los cráteres dormidos!: en los cauces
Rompiendo su cristal el agua asoma
¡A ver pasar el sol: ¡renace el mundo!
Se oye a lo lejos galopar la nieve...
Batalla es el espacio: perseguida
Por el viento brutal, a mis ventanas
Temblando llama y trémula la lluvia.
De la fealdad del hombre a la belleza
Del Universo asciendo: bien castiga
El hombre a quien lo busca: bien consuela
Del hombre ingrato y de su influjo pasajero
La tristeza sublime. ¡En sus radiantes
Alas levanta el alma la tristeza
Con majestad de los reyes no salida!
De codos en mi mesa hundirse miro
Bajo el capuz del aire, como artesa
De aguas turbias el mundo: alas y brazos
Flotan acá y allá, revueltos luego
En la creciente oscuridad: ¡resbalan
Sobre las crestas erizadas, como
chispas de luz, las almas de los niños!
De la fealdad del hombre a la belleza
Del Universo asciendo; el hombre pasa
Y queda el Universo: no me duele
la mordida del hombre: más triunfante
Muestra el alma su luz por la hendidura.
Quien el vaso de fuego muerde airado
Nuevas lenguas le da: la llama herida
Revienta en flor de llama; a cada diente,
Un pétalo de luz: esos florones
De fuego inmaculado, que en la armoniosa
Sombra, la marcha mística del cielo
Con sus llamas dolientes iluminan.
El dolor es la fuerza: la hermosura
Perfecta es el dolor: como de un crimen
Se sufre de gozar: como una mancha
Queda en el cuerpo el beso victorioso
De la mujer astuta: triste y vano
Es el aplauso con que el hombre premia
Al que lo halaga o doma; y cuando el mundo,
Cual Mesalina de gozar cansada,
Revela su fealdad, el alma en fuga
Crece y luce al volar, abre el espanto
Claridades magníficas, el gozo
Corrompe el alma,—y el dolor la eleva!
Hoy es Marzo, dolor ¡y Abril mañana!
José Martí
Marzo
Más que de la ventura nace el verso.
Marzo fatal sobre la tierra cruza,
Marzo envidioso: corta la erizada
Ala la nube que al encuentro boga
De su rival, Abril: y el riego mismo
Que flotante vapor, del flanco abierto
Echa a raudales, con mayor frescura
Adorna a Abril: ¡así con lo que hiere,
Gloria mayor da con la envidia!
Vibra el aire y retumba. Desaladas
Huyen las nubes. Adereza la onda
El rápido granizo. Sus caballos
Negros desboca el huracán. Sacude
El Invierno la barba... ¡Inflama el fuego
Los cráteres dormidos!: en los cauces
Rompiendo su cristal el agua asoma
¡A ver pasar el sol: ¡renace el mundo!
Se oye a lo lejos galopar la nieve...
Batalla es el espacio: perseguida
Por el viento brutal, a mis ventanas
Temblando llama y trémula la lluvia.
De la fealdad del hombre a la belleza
Del Universo asciendo: bien castiga
El hombre a quien lo busca: bien consuela
Del hombre ingrato y de su influjo pasajero
La tristeza sublime. ¡En sus radiantes
Alas levanta el alma la tristeza
Con majestad de los reyes no salida!
De codos en mi mesa hundirse miro
Bajo el capuz del aire, como artesa
De aguas turbias el mundo: alas y brazos
Flotan acá y allá, revueltos luego
En la creciente oscuridad: ¡resbalan
Sobre las crestas erizadas, como
chispas de luz, las almas de los niños!
De la fealdad del hombre a la belleza
Del Universo asciendo; el hombre pasa
Y queda el Universo: no me duele
la mordida del hombre: más triunfante
Muestra el alma su luz por la hendidura.
Quien el vaso de fuego muerde airado
Nuevas lenguas le da: la llama herida
Revienta en flor de llama; a cada diente,
Un pétalo de luz: esos florones
De fuego inmaculado, que en la armoniosa
Sombra, la marcha mística del cielo
Con sus llamas dolientes iluminan.
El dolor es la fuerza: la hermosura
Perfecta es el dolor: como de un crimen
Se sufre de gozar: como una mancha
Queda en el cuerpo el beso victorioso
De la mujer astuta: triste y vano
Es el aplauso con que el hombre premia
Al que lo halaga o doma; y cuando el mundo,
Cual Mesalina de gozar cansada,
Revela su fealdad, el alma en fuga
Crece y luce al volar, abre el espanto
Claridades magníficas, el gozo
Corrompe el alma,—y el dolor la eleva!
Hoy es Marzo, dolor ¡y Abril mañana!
José Martí
A Eloy Escobar
A Orestes—
Pílades
No sabe el sol cuando asoma
Cuántas tristezas alumbra;
Ni el amigo cuando pasa
Callado por mi vetusta
Puerta —cuánta devorante
Pena recia mi alma enluta,—
Ni cuánta del mar revuelto
Viene al labio amarga espuma.
No tiene su querellosa
Flautilla cuando modula
Más que quejas de la tierra,
Memorias del cielo augustas,—
Son más tristes que el que mueven
Dentro del ánima turbia
Remembranzas del pasado
Bien que en ruinas se sepulta,
Y la tibia frente orean
Con el aire de las tumbas.
Ni sabe Orestes ingrato
Como a Pílades conturban
De una niña que se queja
Cerca de él, las voces puras,—
Cuando las pálidas manos
De las que amantes las buscan,
—Temerosa de que el vuelo
Al cielo le estorben, hurta!—
Oh! no sabe el excelente
Varón que el solar ilustra
Dónde en el cráter de un mundo
Otro mundo se derrumba,—
Cuánto el que a la falda llega
Del monte verde, en penurias
De alma se aflige, y solloza
Con voces de fiera angustia
Que muerde más, por callada,
Y por sola, más asusta,
No de bellaco injuicioso
El triste Pílades cura;—
Ni de cabos, ni de condes,
Que el hado resuelto encumbra;
Ni de esas aves viajeras
Que con blanda estrofa arrullan
Cuando al casto sol de gloria
O al vivo sol de fortuna—
Cual en torno al mástil suelen
En los mares blancos sulas—
Del glorioso o rico entorno
En corte espesa se juntan,
Para volar con los soles
Donde nuevas albas luzcan.
Mas si de Petrus in cunctis
Y de fascinables turbas,
Y de máximos señores
Vivo en venturosa incuria,
No así de la noble estima
Del varón de ánima justa
Que con alta lengua y hechos
El solar nativo ilustra.—
Llegue el triste, del más triste
A alegrar la casa oscura:
Llegue con su barba luenga
Y su rica fabla culta,
Que va mansa, cual de oro
Arroyo en cuyas espumas
Rozasen las pintadillas
Alas mariposas fúlgidas.
Suelta den al padre hidalgo
El coro alegre de puras
Hijas que con invisibles
Besos, le cercan y escudan,—
Y a su paso atentas vierten
De melancólicas urnas,
Blandas esencias de flores
Que la atmósfera perfuman.
Deje la jaula dorada:
Venga a la de hierro dura:
Entienda las que no salen
A la faz lágrimas turbias:
Bridas tráigase de seda (1)
Con su rica fabla culta,
Que el rebelde tigre embriden
Que en mí clava garra ruda.
Y cuando el zaguán estrecho
Trasponga de la vetusta
Casa que de Dios lo ha sido
Y del Dios que hoy priva y cura,
Y de tristes bardos muertos,
Y bardos, de muerte en busca,
Se abrirán de los naranjos
Del patio añejo en la cúpula
Blancos jazmines, gemelos
De los que adornan mi pluma,
Ora que el alma encamino
Al varón de tierra fúlgida.