Otros
Efraín Huerta
Línea Del Alba
III
Tienes la frente al alba:
ella cuenta los poros de tu cuerpo,
en laderas del sueño,
con los hombros quemados.
En el alba se vierte la costumbre del alma,
se agita el pulso del deseo
como si fuera un ciervo
duramente alanceado
con agujas de bronce
o pestañas de vírgenes.
Tienes la frente al alba
y pedazos de niebla
volando de tus senos
a mis manos.
Efraín Huerta
Esa Sonrisa
Si de un vuelo la esencia iluminase
esta celda que a tientas desconozco,
si de un frágil destello, de una brisa
juvenil o poema, en breves pétalos,
descendiese tu vida; si a mi vida
una virtud le diera buena suerte,
expresaría el poema, la bondad
de tu sereno gesto al apoyarse
tus alas, tu sonrisa y tu belleza
en el clavel de fiebre de mi alma.
Pues tu sonrisa leve manifiesta
una resuelta forma de animar,
de dar ágiles signos, no al sollozo
en que todo se pierde, sino al beso
de impecable factura, de dominio.
Si la sonrisa es nido, el beso es sueño
de virginal angustia y melodía.
Si un día tus pies besé desesperado,
fue tan solo por darme la delicia
de alzar los ojos y mirar al cielo.
Al cielo de tus ojos y tu frente,
al inquietante cielo donde vuelos
de pensamientos gimen, donde una
y otra vez me dedico a descubrir
la desolada nube de mi amor.
Es mejor hablar claro y no decir
que se siente la angustia por sistema.
Es mejor que te diga: No me olvides,
y si me olvidas dame, de tu boca
la fría miseria del final, la muerte.
Pero nada dirás, lo estoy sabiendo,
cuando en dulces instantes como flores,
vienes de nuevo a mí, y en tu sonrisa
aprendo la lección definitiva:
el alba temblorosa de tu boca.
15 de junio de 1943
Efraín Huerta
Esa Sonrisa
Si de un vuelo la esencia iluminase
esta celda que a tientas desconozco,
si de un frágil destello, de una brisa
juvenil o poema, en breves pétalos,
descendiese tu vida; si a mi vida
una virtud le diera buena suerte,
expresaría el poema, la bondad
de tu sereno gesto al apoyarse
tus alas, tu sonrisa y tu belleza
en el clavel de fiebre de mi alma.
Pues tu sonrisa leve manifiesta
una resuelta forma de animar,
de dar ágiles signos, no al sollozo
en que todo se pierde, sino al beso
de impecable factura, de dominio.
Si la sonrisa es nido, el beso es sueño
de virginal angustia y melodía.
Si un día tus pies besé desesperado,
fue tan solo por darme la delicia
de alzar los ojos y mirar al cielo.
Al cielo de tus ojos y tu frente,
al inquietante cielo donde vuelos
de pensamientos gimen, donde una
y otra vez me dedico a descubrir
la desolada nube de mi amor.
Es mejor hablar claro y no decir
que se siente la angustia por sistema.
Es mejor que te diga: No me olvides,
y si me olvidas dame, de tu boca
la fría miseria del final, la muerte.
Pero nada dirás, lo estoy sabiendo,
cuando en dulces instantes como flores,
vienes de nuevo a mí, y en tu sonrisa
aprendo la lección definitiva:
el alba temblorosa de tu boca.
15 de junio de 1943
Efraín Huerta
Absoluto Amor
Como una limpia mañana de besos morenos
cuando las plumas de la aurora comenzaron
a marcar iniciales en el cielo. Como recta
caída y amanecer perfecto.
Amada inmensa
como una violeta de cobalto puro
y la palabra clara del deseo.
Gota de anís en el crepúsculo
te amo con aquella esperanza del suicida poeta
que se meció en el mar
con la más grande de las perezas románticas.
Te miro así
como mirarían las violetas una mañana
ahogada en un rocío de recuerdos.
Es la primera vez que un absoluto amor de oro
hace rumbo en mis venas.
Así lo creo te amo
y un orgullo de plata me corre por el cuerpo.
1935
Efraín Huerta
Absoluto Amor
Como una limpia mañana de besos morenos
cuando las plumas de la aurora comenzaron
a marcar iniciales en el cielo. Como recta
caída y amanecer perfecto.
Amada inmensa
como una violeta de cobalto puro
y la palabra clara del deseo.
Gota de anís en el crepúsculo
te amo con aquella esperanza del suicida poeta
que se meció en el mar
con la más grande de las perezas románticas.
Te miro así
como mirarían las violetas una mañana
ahogada en un rocío de recuerdos.
Es la primera vez que un absoluto amor de oro
hace rumbo en mis venas.
Así lo creo te amo
y un orgullo de plata me corre por el cuerpo.
1935
Efraín Huerta
Continuidad
Continuidad niebla prohibida
gota
violeta declive de mi sueño
rúbrica fiel de una misma palabra
aurora torbellino desnudo
reflejo en ruinas de tu aniversario
preguntas adheridas
a la evasión solemne de tus muslos.
Insistes en compacta sucesión de movimientos
como metales en abismo sin tregua
en la piadosa geometría de tus labios
y tanto de ternura destilada en mis venas
el grito de mis dientes
en la hiedra morena
que resucita tu cabello delgado.
Dominio y sombra en el escorzo
debujo de tu beso
continuidad dorada de tu cuerpo.
Efraín Huerta
Pausa Recuerdo De Anne Sten
Recuerdo de Anne Sten
Entre lirios azules y aristas de recuerdos
envueltos en pañuelo de seda,
todo lo que es mi vida. Deshecha
en una raya de la noche,
en ese vidrio que sangra en la ventana,
sobre tus hombros.
Entre la luz y el cadáver de una hora,
mi vida. Sin cantos, sin esquinas.
Lenta y precisa, acostada en los días,
en el nivel de la lluvia y el frío,
vestida de reflejos, esbelta,
distraída, te presentas junto a la novedad
de verme solo. Te sonríes
y el dibujo de tu boca ya lanza
en fuga los silencios y los lirios.
El pañuelo que vuela, abandonado,
sin haber memorizado un camino,
un descanso, una futura ausencia.
—Mi soledad te huye.
Este humo pretende perforar las paredes,
el agua se desbanda por el suelo,
tu retrato se desconoce tuyo.
Mi soledad me pertenece.
Nunca se cansó tanto el vidrio de reloj
como ahora, anotando tus senos,
tus cabellos, tu asombro
enfrente de mi angustia.
Entre ruidos de lirios parece tu recuerdo,
se ahoga tu perfil. Y mi vida camina
inmersa en lo absoluto de las noches,
sin gritarte, sin verte.
Efraín Huerta
Elegía
Ahora te soñé, así como eras: sin deslices en la voz,
con inmóviles sombras en los brazos
y tus genitales segundos de estatua.
Así como eres todavía: copiándote a ti misma,
cuando no eres ya sino la espuma de tu propia vida.
Bien te sentí en mi sueño como verso divinizado.
Mi tristeza no cabía en el fondo de mi dolor
y fue a manchar la noche de violeta.
El propio ruido de tus piernas habría despertado
los estanques, los recuerdos que a veces olvidamos en los huecos de los
jardines,
las horas que nunca fueron más allá
de donde hoy se desangran segundo por segundo,
el silencio de muchas ventanas,
antiguos y pulidos razonamientos, montañas de destinos.
De un seno tuyo al otro sollozaba un poco de ternura.
Anoche te soñé y no puedo decirte mañana mi secreto
-porque el amor es un magnífico manzano
con frutos de metal envueltos en piel de inteligencia,
con hojas que recuerdan gravemente el futuro
y raíces como brazos sumidos en una nieve de santidad-
la misma ruta de mis dedos no podría encontrarte
ahí donde te guardas tan perfecta.
Yo no sabría elegir sino violentamente mi presencia:
te llenaría de asombro; acaso tu memoria no me crea.
Mi fatiga te gritaría un absoluto amor.
Por el cristal de aumento de la luna
la sonrisa de Dios estallaría.
Y mi cuerpo se deshace en gotas de mañana.
Efraín Huerta
Ser De Ti (fragmento)
Para Adela María Salinas
I
Ser de ti y en tu rostro
asir nuestros espacios;
limitar lo invisible
muy cerca de tus labios.
Prenderme con mi noche
y olvidarme en tus aguas;
deshojar nuestros campos
en el cristal del aire.
En medio de mis años
intimar tus corolas
y en el claro de tu alma
deslizar mis delirios.
Ser de ti con la música
que inventamos al mundo
y en el contorno nuestro
cristalizar paisajes.
II
Nubes cerca de ti
flotando en medio
de la voz que del agua
se acerca a tus oídos.
¿Hacia dónde la luz
y las manos del viento?
Rojo algodón de nube
lejos y entre los árboles
una voz que fue tuya
o del agua o del aire.
¿En qué sitio la luz
y tus manos al viento?
III
Luz de luna de bahía
luz que bebía tu boca
con las ansias de los aires
y la inquietud de las olas
luz que bebía tu boca
con la figura ligera
y la suavidad de cielo
en que mis peces nadaban
con las ansias de los aires
y el miedo verde a la muerte
con sus doradas aletas
y sus gracias marineras
y la inquietud de las olas
resbalando en tu figura
como luz de luna abierta
deshecha en tus ojos frescos.
Efraín Huerta
La Estrella Poema De Niebla
poema de niebla
Para Anne Sten
Labios como el sabor del viento en el invierno,
dientes jóvenes de luna consentida en la llama del abrazo.
Se endurecía la noche en tu garganta.
Espacio duro de tus senos. Amarilla y quemada,
la inesperada sombra de tus piernas en la alas de los
pájaros
cuando tus dedos en un juego de látigos
hendían prisas de frío.
Que nos perdonen las sábanas lunares de los árboles
y el sueño arrebatado a las estatuas,
y el agua estremecida con la caída
del deseo. Tenías los ojos limpios, Andrea.
La estrella de tu frente como herida de vino,
enferma, detenida en mi boca.
Había un mundo de silencio en tu cuerpo,
como si la muerte se hubiese mirado en un espejo
o varias rosas en agonía hubieran imaginado
un paraíso de nieve o de cristales.
(Ahí perdura solamente lo desconocido
que nuestros labios apagaron.
El recuerdo es materia de belleza poseída y escrita
en páginas en las que un poco de amor pasó rozando.
Como el recuerdo gritarían las cabelleras
mojadas en acuarelas de angustia.
Así serían las voces de os aires helados
fundiéndose
en las aristas de una montaña de bronce).
Te corría por la espalda una gota de sangre
de mis venas. La noche, con la niebla
y el silencio en medio de los senos, nos veía y procuraba
cambiar su propia ruta.
Que nos perdonen las mismas pinceladas de la aurora.
Exprimidas las horas como cerezas en nuestros labios,
apenas un instante de tus hombros
se deslizó en mi sueño.
Efraín Huerta
Estrella En Alto
crece, fresca y lozana, la ternura,
imitando tu sombra,
inventando tu ausencia
tan honda y sostenida.
Hoy te sueño,
amante:
estrella en alto, huella
de una violeta lenta.
Oscuramente bella la soledad germina en torno de mi cuerpo.
Hoy te sueño, amante:
jugamos a la brisa y al frío.
Tu nombre suena
como tibia pureza inimitable.
Y del cielo a la tierra,
de aquella estrella en alto al dulce ruido de tu pecho,
bajan con inefable rapidez
y como espuma roja
apresurados besos,
recios besos,
crueles besos de hielo en mi memoria.
Un grito de agonía, una blasfemia
vuelve grises tus senos,
y mi sueño,
y esa noble fragancia de tu sexo.
¿Qué esperamos, hermana,
de esta reciente aurora
que nos fatiga tanto?
Mira la estrella,
es blanca, no es azul.
Mírala, y que tus ojos perduren como rosas perfectas.
Enrique González Martínez
Vienes A Mí, Te Acercas Y Te Anuncias
con tan leve rumor, que mi reposo
no turbas, y es un canto milagroso
cada una de las frases que pronuncias.
Vienes a mí, no tiemblas, no vacilas,
y hay al mirarnos atracción tan fuerte,
que lo olvidamos todo, vida y muerte,
suspensos en la luz de tus pupilas.
Y mi vida penetras y te siento
tan cerca de mi propio pensamiento
y hay en la posesión tan honda calma,
que interrogo al misterio en que me abismo
si somos dos reflejos de un ser mismo,
la doble encarnación de una sola alma.
Eugenio Florit
Soneto
por una sombra que tendrá mi frente.
Sólo en mi frente la inquietud presente
que hoy guardo en mí, de mi dolor cautivo.
Blanca la faz, sin el ardor lascivo,
sin el sueño prendiéndose a la mente.
Ya sobre mí, callado eternamente,
la rosa de papel y el verde olivo.
Qué sueño sin ensueños torcedores,
abierta el alma a trémulas caricias
y sobre el corazón fijas las manos.
Qué lejana la voz de los amores.
Con qué sabor la boca a las delicias
de todos los serenos oceanos.
Eugenio Florit
Soneto
por una sombra que tendrá mi frente.
Sólo en mi frente la inquietud presente
que hoy guardo en mí, de mi dolor cautivo.
Blanca la faz, sin el ardor lascivo,
sin el sueño prendiéndose a la mente.
Ya sobre mí, callado eternamente,
la rosa de papel y el verde olivo.
Qué sueño sin ensueños torcedores,
abierta el alma a trémulas caricias
y sobre el corazón fijas las manos.
Qué lejana la voz de los amores.
Con qué sabor la boca a las delicias
de todos los serenos oceanos.
Eugenio Florit
Desde La Nieve
desde el sucio periódico sin dueño,
desde la niebla, desde el tren hundido
con sus cientos de manos que buscan asidero;
desde la fantasía de los anuncios luminosos
y el ruido sin piedad de las bombas de incendio;
desde la noche que nos cae encima
—losa de cielo sin estrellas—;
desde cada momento perdido entre las calles
donde todos los solos del mundo pasan desconocidos;
desde el árbol sin hojas y el camino sin gente,
otra vez, como ayer, como mañana,
acaso ya como todos los días que vendrán, si es que vienen,
entro al silencio.
Ernesto Cardenal
Epigrama
en NOVEDADES:
CENTINELA DE LA PAZ
GENIO DEL TRABAJO
PALADÍN DE LA DEMOCRACIA
EN AMÉRICA
DEFENSOR DEL CATOLICISMO
EN AMÉRICA
EL PROTECTOR DEL PUEBLO
EL BENEFACTOR...?
Le saquean al pueblo
su lenguaje.
Y falsifican las palabras
del pueblo.
(Exactamente como el
dinero del pueblo)
Por eso los poetas
pulimos tanto un poema
Y por eso
son tan importantes
mis poemas de amor.
Ernesto Cardenal
Epigrama
en NOVEDADES:
CENTINELA DE LA PAZ
GENIO DEL TRABAJO
PALADÍN DE LA DEMOCRACIA
EN AMÉRICA
DEFENSOR DEL CATOLICISMO
EN AMÉRICA
EL PROTECTOR DEL PUEBLO
EL BENEFACTOR...?
Le saquean al pueblo
su lenguaje.
Y falsifican las palabras
del pueblo.
(Exactamente como el
dinero del pueblo)
Por eso los poetas
pulimos tanto un poema
Y por eso
son tan importantes
mis poemas de amor.
Ernesto Cardenal
Epigrama
publicar todavía
Circulan de mano en mano
manuscritos
O copiados en mimeografo
pero un día
se olvidará el nombre
del dictador contra quien
fueron escritos,
Y seguirán siendo leídos.
Ernesto Cardenal
Epigrama
muchachas bellas
que han existido
Todas las bellazas
de Troya y las de Acava
Y las de Tebas y
de la Roma de propercio
Y muchas de ellas
dejaron pasar el amor,
Y murieron, y hace
siglos que no existen
Tú que eres bella
ahora en las calles de
Managua
Un día serás como ellas
de un tiempo lejano,
Cuando las gasolineras
sean ruinas románticas.
¡Acuérdate de las
bellezas de las
calles de Troya!
Ah tu despiada
Más cruel
que Tachito.
Ernesto Cardenal
Epigrama
que riela
en una laguna negra
Tu pelo las olas negras
bajo el cielo sin luna
Y el ruelo
de la lechuza en la
noche negra
Ernesto Cardenal
Epigrama
ves tu arroz
y tus frijoles fritos,
con la cuajada
fresca,
y una tortilla caliente,
o un plátano asado,
lo comes sin guardaespaldas
y tu Jícara
de triste
no la prueba
primero un ayudante.
Y después tocas
si quieres en
tu guitarra
una canción
ranchera,
Y no dormís
rodeado de reflectores
y alambradas
y torreones.
Ernesto Cardenal
Epigrama
costarricenses,
Myriam, con estos
versos de amor
mis versos te recordarán
que los rostros
de las rosas se
se parecen al tuyo
las rosas
te recordarán
que hay que cortar
el amor,
Y que tu rostro
pasará como
Grecia y Roma
Cuando no haya
más amor
ni rosas de Costa Rica
Recordarás, Myriam,
esta triste canción