Poemas en este tema
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David Escobar Galindo
Devocionario (poema 226)
Despertar en lo oscuro es siempre un juego.
Se descubre el milagro de las manos.
El corazón sorprende, por lo exacto.
La sangre salta cuerda entre las sienes.
Y la memoria juega a ser delfín
en la burbuja azul de la placenta.
Se descubre el milagro de las manos.
El corazón sorprende, por lo exacto.
La sangre salta cuerda entre las sienes.
Y la memoria juega a ser delfín
en la burbuja azul de la placenta.
506
David Escobar Galindo
Devocionario (poema 194)
Voy a decir por fin la gran verdad:
La salvación del alma es otro cuerpo.
El beso es el vital salvoconducto.
Al cruzar la barrera de las venas,
la eternidad ya tiene garantía.
¡Puede dormir tranquilo el universo!
La salvación del alma es otro cuerpo.
El beso es el vital salvoconducto.
Al cruzar la barrera de las venas,
la eternidad ya tiene garantía.
¡Puede dormir tranquilo el universo!
549
David Escobar Galindo
Devocionario (poema 204)
La corrompida niebla me seduce
con su fulgor de reina deshojada.
Corro entre sus ramajes como un niño
que va brotando en ecos y membranas.
Y entre sus piernas —de repente ingrávido—
me transfiguro en surtidor de semen.
con su fulgor de reina deshojada.
Corro entre sus ramajes como un niño
que va brotando en ecos y membranas.
Y entre sus piernas —de repente ingrávido—
me transfiguro en surtidor de semen.
428
David Escobar Galindo
Devocionario (poema 161)
Vagando por las calles infinitas
descubrí que en mis pasos, desafiándome,
regresaba un poeta sedentario,
fieramente interior. Los inasibles
lazos de su nostalgia me envolvían,
como un augurio impávido. Soy tiempo.
descubrí que en mis pasos, desafiándome,
regresaba un poeta sedentario,
fieramente interior. Los inasibles
lazos de su nostalgia me envolvían,
como un augurio impávido. Soy tiempo.
572
David Escobar Galindo
Devocionario (poema 161)
Vagando por las calles infinitas
descubrí que en mis pasos, desafiándome,
regresaba un poeta sedentario,
fieramente interior. Los inasibles
lazos de su nostalgia me envolvían,
como un augurio impávido. Soy tiempo.
descubrí que en mis pasos, desafiándome,
regresaba un poeta sedentario,
fieramente interior. Los inasibles
lazos de su nostalgia me envolvían,
como un augurio impávido. Soy tiempo.
572
David Escobar Galindo
Devocionario (poema 176)
El barro es la placenta. Recordamos
esa otra eternidad: La de sabernos
seguros en la caja del enigma.
La gota va creciendo, sin sentirlo.
De pronto estalla el tímpano del sueño,
y se escapan los siglos por un grito.
esa otra eternidad: La de sabernos
seguros en la caja del enigma.
La gota va creciendo, sin sentirlo.
De pronto estalla el tímpano del sueño,
y se escapan los siglos por un grito.
516
David Escobar Galindo
Diálogo En La Tiniebla
No busco la verdad, pero persigo
su estela cautivante, su aleteo
que es la réplica infiel de lo que creo
y el huidizo fulgor de lo que digo.
La verdad absoluta es un castigo
que quizás no merezca mi deseo.
Y su ausencia es el último trofeo
que desvela mi angustia de testigo.
Me quedo con la flor de la pregunta,
aspirando el aroma sin respuesta,
dejando que el silencio apenas hable.
Y al sentir que la lágrima despunta,
la verdad, como un grillo, me contesta
desde el jardín del vértigo insondable.
su estela cautivante, su aleteo
que es la réplica infiel de lo que creo
y el huidizo fulgor de lo que digo.
La verdad absoluta es un castigo
que quizás no merezca mi deseo.
Y su ausencia es el último trofeo
que desvela mi angustia de testigo.
Me quedo con la flor de la pregunta,
aspirando el aroma sin respuesta,
dejando que el silencio apenas hable.
Y al sentir que la lágrima despunta,
la verdad, como un grillo, me contesta
desde el jardín del vértigo insondable.
522
David Escobar Galindo
Ars Poética
¡Belleza, flor de sueño, al fin alientas
después de tanto espanto y tanto llanto!
Porque también tu gracia puede tanto,
Tanto más que el crujir de las afrentas.
Después de la dolencia del espanto,
Cómo surgen tus músicas sedientas:
Surtidores que ayer fueron tormentas
Murmullos que mañana serán canto.
Se escondió tu vigilia donde pudo,
Durmió entre los escombros hecha un nudo,
Se ocultó en un rincón de la cornisa.
Pero ha venido el tiempo del sosiego.
¡Y tú, belleza, manantial de fuego,
renaces otra vez de la ceniza!
después de tanto espanto y tanto llanto!
Porque también tu gracia puede tanto,
Tanto más que el crujir de las afrentas.
Después de la dolencia del espanto,
Cómo surgen tus músicas sedientas:
Surtidores que ayer fueron tormentas
Murmullos que mañana serán canto.
Se escondió tu vigilia donde pudo,
Durmió entre los escombros hecha un nudo,
Se ocultó en un rincón de la cornisa.
Pero ha venido el tiempo del sosiego.
¡Y tú, belleza, manantial de fuego,
renaces otra vez de la ceniza!
494
David Escobar Galindo
La Palabra Es Un Pétalo
La palabra es un pétalo
que el viento desprendió de la magnolia.
En el árbol, la flor
sigue estando completa,
porque la herida es invisible.
El pétalo que vuela solitario
al volar se convierte en otros pétalos,
y así en la levedad del cielo abierto
se dispersan magnolias incontables.
Y la magnolia original asume
la pasión de la víctima.
que el viento desprendió de la magnolia.
En el árbol, la flor
sigue estando completa,
porque la herida es invisible.
El pétalo que vuela solitario
al volar se convierte en otros pétalos,
y así en la levedad del cielo abierto
se dispersan magnolias incontables.
Y la magnolia original asume
la pasión de la víctima.
385
David Escobar Galindo
Dos Pájaros Que Beben
Dos pájaros que beben
en una sola gota de rocío.
Dos lágrimas de lluvia
que caen juntas desde un solo alero.
Dos hojas que se duermen
en un solo recodo del follaje.
Dos manos que descubren el destino
en una sola rosa.
Dos mástiles que inventan la distancia
en una sola imagen.
Y así tú y yo en poder de la unidad.
en una sola gota de rocío.
Dos lágrimas de lluvia
que caen juntas desde un solo alero.
Dos hojas que se duermen
en un solo recodo del follaje.
Dos manos que descubren el destino
en una sola rosa.
Dos mástiles que inventan la distancia
en una sola imagen.
Y así tú y yo en poder de la unidad.
487
David Escobar Galindo
La Rosa Muerta Mira
La rosa muerta mira
a través del cristal el grávido paisaje
La rosa viva observa
a través del cristal la estancia sola.
La rosa muerta sigue viva
en la cruz de las nubes.
La rosa viva está encerrada
en la celosa paz del tiempo.
La rosa muerta sueña con su fuerza viviente.
La rosa viva asume la devoción del salmo.
Porque ambas son la misma rosa.
a través del cristal el grávido paisaje
La rosa viva observa
a través del cristal la estancia sola.
La rosa muerta sigue viva
en la cruz de las nubes.
La rosa viva está encerrada
en la celosa paz del tiempo.
La rosa muerta sueña con su fuerza viviente.
La rosa viva asume la devoción del salmo.
Porque ambas son la misma rosa.
449
David Escobar Galindo
La Rosa Muerta Mira
La rosa muerta mira
a través del cristal el grávido paisaje
La rosa viva observa
a través del cristal la estancia sola.
La rosa muerta sigue viva
en la cruz de las nubes.
La rosa viva está encerrada
en la celosa paz del tiempo.
La rosa muerta sueña con su fuerza viviente.
La rosa viva asume la devoción del salmo.
Porque ambas son la misma rosa.
a través del cristal el grávido paisaje
La rosa viva observa
a través del cristal la estancia sola.
La rosa muerta sigue viva
en la cruz de las nubes.
La rosa viva está encerrada
en la celosa paz del tiempo.
La rosa muerta sueña con su fuerza viviente.
La rosa viva asume la devoción del salmo.
Porque ambas son la misma rosa.
449
David Escobar Galindo
Las Ramas Del Ciprés
Las ramas del ciprés
se ven mejor en el estanque quieto.
Es como si el reflejo definiera
más hondamente su naturaleza.
Y cuando hay un temblor
en las aguas tocadas por la brisa,
es aún más flagrante aquel reflejo.
Acaso igual nos pasará a nosotros:
nos veremos mejor cuando asomemos
al estanque irisado
por el sutil asombro de la muerte.
se ven mejor en el estanque quieto.
Es como si el reflejo definiera
más hondamente su naturaleza.
Y cuando hay un temblor
en las aguas tocadas por la brisa,
es aún más flagrante aquel reflejo.
Acaso igual nos pasará a nosotros:
nos veremos mejor cuando asomemos
al estanque irisado
por el sutil asombro de la muerte.
435
David Escobar Galindo
Lo Ausente No Está Ausente
Lo ausente no está ausente,
sólo apenas distante del instante.
Al poner el oído fantasioso
junto a la laminilla que separa
lo presente y lo ausente,
una vaga corriente se incorpora,
flor que surge del fondo del latido,
y así ya no es posible distinguir
lo que está y lo que estuvo,
y ya la ausencia duerme entre mis sienes
y la presencia es este don distante.
sólo apenas distante del instante.
Al poner el oído fantasioso
junto a la laminilla que separa
lo presente y lo ausente,
una vaga corriente se incorpora,
flor que surge del fondo del latido,
y así ya no es posible distinguir
lo que está y lo que estuvo,
y ya la ausencia duerme entre mis sienes
y la presencia es este don distante.
430
David Escobar Galindo
Vi La Tierra Descalza
Vi la tierra descalza
y quise descalzarme yo también.
Oí el agua desnuda
y quise desnudarme yo también.
Sentí el aire indefenso
y quise estar inerme yo también.
Me habló el fuego en lo oscuro
y quise hallarme solo yo también.
Entonces escuché gemir al semejante
y busqué convertirme en los cuatro elementos
para la redención de ese gemido.
y quise descalzarme yo también.
Oí el agua desnuda
y quise desnudarme yo también.
Sentí el aire indefenso
y quise estar inerme yo también.
Me habló el fuego en lo oscuro
y quise hallarme solo yo también.
Entonces escuché gemir al semejante
y busqué convertirme en los cuatro elementos
para la redención de ese gemido.
535
David Escobar Galindo
Los árboles Callados Vieron Pasar A Lillie
Los árboles callados vieron pasar a Lillie,
Vieron su luz rosada como fruta sin huella,
El sol desvanecido de sus ojos de niña,
La adolescencia verde como el verde manzano,
Los dedos en que pulsan secretos ultramares,
Su esbeltez de doncella campesina y celeste,
la salud del espíritu bajo el aire más libre:
que ahí en la casa llena
de austeras enseñanzas,
labores de cocina
y oficios de bodega,
entre el juego magnánimo
de la leña y la nieve,
ahí leyó la clara
muchacha a sus poetas,
árboles de la lengua,
proféticas raíces,
y una luz más ardiente se unió a su luz profunda,
como un perfume ingresa al aire perfumado,
como el mar se alimenta de sus propias espumas,
oh azul de niña plena de sol y de pañuelos,
claridad sorprendida de las altas montañas,
fulgor del hondo cielo natal de Nuevo México,
y en las venas, brillando, la Germania escondida.
Cómo no amar, entonces esos callados árboles,
Los amigos de Lillie en su diario camino
Hacia la rumorosa escuela de Alburquerque
Donde la joven hecha de esplendente paciencia,
De color amasado con flores de colina,
Abría el maternal poder del pensamiento
Entre las infantiles cabezas desbordantes...
El olor de los campos
Alzados por la lluvia
Templó en su corazón
La confianza evangélica;
La amorosa espesura
Del aire ante sus ojos
Fue quizás la vislumbre
De otros años vibrantes,
Marcados por el hondo
Verdor de la energía;
Y aquellos graves árboles enseñaron a Lillie
La riqueza de todas las altas sencilleces,
El gozo natural de la vida sin tregua:
Árboles del camino
Y árboles del idioma,
Compañeros seguros
De una ardiente jornada
Vieron su luz rosada como fruta sin huella,
El sol desvanecido de sus ojos de niña,
La adolescencia verde como el verde manzano,
Los dedos en que pulsan secretos ultramares,
Su esbeltez de doncella campesina y celeste,
la salud del espíritu bajo el aire más libre:
que ahí en la casa llena
de austeras enseñanzas,
labores de cocina
y oficios de bodega,
entre el juego magnánimo
de la leña y la nieve,
ahí leyó la clara
muchacha a sus poetas,
árboles de la lengua,
proféticas raíces,
y una luz más ardiente se unió a su luz profunda,
como un perfume ingresa al aire perfumado,
como el mar se alimenta de sus propias espumas,
oh azul de niña plena de sol y de pañuelos,
claridad sorprendida de las altas montañas,
fulgor del hondo cielo natal de Nuevo México,
y en las venas, brillando, la Germania escondida.
Cómo no amar, entonces esos callados árboles,
Los amigos de Lillie en su diario camino
Hacia la rumorosa escuela de Alburquerque
Donde la joven hecha de esplendente paciencia,
De color amasado con flores de colina,
Abría el maternal poder del pensamiento
Entre las infantiles cabezas desbordantes...
El olor de los campos
Alzados por la lluvia
Templó en su corazón
La confianza evangélica;
La amorosa espesura
Del aire ante sus ojos
Fue quizás la vislumbre
De otros años vibrantes,
Marcados por el hondo
Verdor de la energía;
Y aquellos graves árboles enseñaron a Lillie
La riqueza de todas las altas sencilleces,
El gozo natural de la vida sin tregua:
Árboles del camino
Y árboles del idioma,
Compañeros seguros
De una ardiente jornada
443
David Escobar Galindo
Estamento Nocturno
Despréndese la noche
desde su astro más solo,
y cae sobre el miedo de los techos quebrados.
Noche de las esencias como espíritus de aire,
que beben en los ojos abiertos de las bestias.
Se despierta la noche, caída sobre el llano.
Grita por el sonámbulo parado en la ventana.
Pero el silencio es uno: su inocencia mayor
cierra un abrazo de agua bebida o anhelada.
Todos duermen: los pobres,
los ricos, los ausentes,
los árboles de grueso perfume abandonado,
y hasta la piedra sorda con que la casa irrumpe
en el polvo blanquísimo, soledad muerta en vida,
y hasta donde comienza la luz dueña del humo,
ánima respirable de los seres dormidos.
Igual que la epidemia
que agiganta los ojos,
este sabor deshecho
de la armonía que habla
va siendo una gemela
libertad en la sangre
una manera grávida de aprender el sonido
porque tantas personas anónimas confluyen
a una sola medida de temblor en el tiempo:
el pensador recorre cada sombra derruida,
penetra en los armarios y en los aparadores,
sopla sobre el ahogo de las ropas usadas,
pone ceniza de oro en la boca de un niño.
Estado de pureza granítica es el aire,
velocidad de seres humanos sin conciencia
de su heroísmo lento como el sol sin pestañas,
y en ese espacio escribe
mi mano este rescoldo:
la personificada
tortura del espíritu...
Ya los antepasados revuelan por la noche,
con sus máscaras de agua silbante y vanidosa;
en la quietud del campo se rebela un candil,
prende fuego a las nubes de insectos espaciales.
Rompe un sol inocente su huevo prematuro:
ha caído otra lluvia
de sal sobre esta página.
543
David Escobar Galindo
Estamento Nocturno
Despréndese la noche
desde su astro más solo,
y cae sobre el miedo de los techos quebrados.
Noche de las esencias como espíritus de aire,
que beben en los ojos abiertos de las bestias.
Se despierta la noche, caída sobre el llano.
Grita por el sonámbulo parado en la ventana.
Pero el silencio es uno: su inocencia mayor
cierra un abrazo de agua bebida o anhelada.
Todos duermen: los pobres,
los ricos, los ausentes,
los árboles de grueso perfume abandonado,
y hasta la piedra sorda con que la casa irrumpe
en el polvo blanquísimo, soledad muerta en vida,
y hasta donde comienza la luz dueña del humo,
ánima respirable de los seres dormidos.
Igual que la epidemia
que agiganta los ojos,
este sabor deshecho
de la armonía que habla
va siendo una gemela
libertad en la sangre
una manera grávida de aprender el sonido
porque tantas personas anónimas confluyen
a una sola medida de temblor en el tiempo:
el pensador recorre cada sombra derruida,
penetra en los armarios y en los aparadores,
sopla sobre el ahogo de las ropas usadas,
pone ceniza de oro en la boca de un niño.
Estado de pureza granítica es el aire,
velocidad de seres humanos sin conciencia
de su heroísmo lento como el sol sin pestañas,
y en ese espacio escribe
mi mano este rescoldo:
la personificada
tortura del espíritu...
Ya los antepasados revuelan por la noche,
con sus máscaras de agua silbante y vanidosa;
en la quietud del campo se rebela un candil,
prende fuego a las nubes de insectos espaciales.
Rompe un sol inocente su huevo prematuro:
ha caído otra lluvia
de sal sobre esta página.
543
David Escobar Galindo
Guijarros De Humedad (haikús)
Cuadro impecable:
naturaleza muerta,
memoria viva.
naturaleza muerta,
memoria viva.
456
David Escobar Galindo
Soneto En El Que Hablando Con Dios Desvive Su Secreto Valimiento
Ábreme, dios, el juego de tus venas,
la voz de tus cartílagos contusos,
la animación floral de tus abusos,
tu cariñoso abismo de sirenas.
No ese estupor de luz en que te entrenas,
ni el salar de tus mares inconclusos,
no, porque pese a crédulos ilusos,
tienes de oscuridad las manos llenas.
Sólo tu ser en mí que hable aprensible:
o mejor esta lengua corrosiva
que se encarna en un verbo remisible.
Alto cuévano de agua fugitiva:
si bebiéndote bebo lo imposible,
no te asustes del dios que te derriba.
la voz de tus cartílagos contusos,
la animación floral de tus abusos,
tu cariñoso abismo de sirenas.
No ese estupor de luz en que te entrenas,
ni el salar de tus mares inconclusos,
no, porque pese a crédulos ilusos,
tienes de oscuridad las manos llenas.
Sólo tu ser en mí que hable aprensible:
o mejor esta lengua corrosiva
que se encarna en un verbo remisible.
Alto cuévano de agua fugitiva:
si bebiéndote bebo lo imposible,
no te asustes del dios que te derriba.
379
David Escobar Galindo
Yo No Soy
Yo no soy Pedro,
Juan,
ni Segismundo.
Yo no soy pura sangre,
ni mestizo,
ni natural del valle o de la estepa.
Mi pensamiento es un pequeño mundo.
Un mundo de orfandad de pura cepa.
Vine de no sé dónde,
un día en que unas manos
se estrecharon a medias.
Y tú —poesía, viento—
ni lo haces más atroz,
ni lo remedias.
Yo no soy Gran Collar,
ni estoy triste,
ni creo en la derrota.
Admiro el rostro inmenso del océano,
pero prefiero el brillo
de una gota.
Me gusta la verdad de los que esperan,
y el amor
hecho vida.
Y creo en el retorno de los tiempos,
en otra dimensión
desconocida.
Recuerdo vagamente algunos signos,
algún destello de mitología,
alguna forma gris de echar la suerte.
Y no le tengo miedo a lo que venga:
ni al ojo solapado de la vida,
ni al párpado sincero de la muerte.
o no soy la bandera,
ni el perdón,
ni el cayado.
No soy el que descubre,
ni el que salva
o reclama ser salvado.
Yo no soy Pedro,
Juan,
ni Segismundo.
Yo soy un soplo de aire.
Un sonido que pasa.
El sonido fugaz de un milagro profundo.
pues soy más que la carne misteriosa
en que alguien —una vez—
me trajo al mundo.
Juan,
ni Segismundo.
Yo no soy pura sangre,
ni mestizo,
ni natural del valle o de la estepa.
Mi pensamiento es un pequeño mundo.
Un mundo de orfandad de pura cepa.
Vine de no sé dónde,
un día en que unas manos
se estrecharon a medias.
Y tú —poesía, viento—
ni lo haces más atroz,
ni lo remedias.
Yo no soy Gran Collar,
ni estoy triste,
ni creo en la derrota.
Admiro el rostro inmenso del océano,
pero prefiero el brillo
de una gota.
Me gusta la verdad de los que esperan,
y el amor
hecho vida.
Y creo en el retorno de los tiempos,
en otra dimensión
desconocida.
Recuerdo vagamente algunos signos,
algún destello de mitología,
alguna forma gris de echar la suerte.
Y no le tengo miedo a lo que venga:
ni al ojo solapado de la vida,
ni al párpado sincero de la muerte.
o no soy la bandera,
ni el perdón,
ni el cayado.
No soy el que descubre,
ni el que salva
o reclama ser salvado.
Yo no soy Pedro,
Juan,
ni Segismundo.
Yo soy un soplo de aire.
Un sonido que pasa.
El sonido fugaz de un milagro profundo.
pues soy más que la carne misteriosa
en que alguien —una vez—
me trajo al mundo.
518
David Escobar Galindo
Porque Dios Tiene Vocación De Espejo
Porque Dios tiene vocación de espejo
es la suma de todas las imágenes:
las que reparte el aire en forma de ojos,
las que en la tierra virgen son semillas,
las que pueblan el agua de aventuras,
las que deshojan la pasión del fuego.
es la suma de todas las imágenes:
las que reparte el aire en forma de ojos,
las que en la tierra virgen son semillas,
las que pueblan el agua de aventuras,
las que deshojan la pasión del fuego.
430