Otros
Macedonio Fernández
Creía Yo
romper el gajo con que Muerte toca.
Mas poco Muerte puede
si en corazón de Amor su miedo muere.
Mas poco Muerte puede, pues no puede
entrar su miedo en pecho donde Amor.
Que Muerte rige a Vida; Amor a Muerte.
Macedonio Fernández
Poema Al Astro De Luz Memorial
el chispear del viaje de indiferencia de las otras estrellas molesta
y agita, y no nos mira.
Heridos de ellas, corremos a ti cuando apareces
y con dolor nuestro comienza la ausencia tuya.
Sí; porque pudiera que el móvil chispear de las estrellas
sea dolor como hay dolor en nosotros
pero es que tú, luna, que también sufres, miras y acompañas.
Eres más sabia o afortunada en la mitigación participante.
Qué es la luna no lo sabemos hombres y aun artistas y poetas,
qué sentido tiene su ser y sus modos, su adhesión a la tierra,
su seguimiento al sol, su mediación mnemónica entre la tierra
y el sol y por qué quiere hacer diurnales unas y no otras de las
noches terrenas, y tantas cosas más neciamente explicadas, que de
ella ignoramos pero que sólo puede explicarlas la doctrina del misterio.
Que el sol te atrae, que la tierra también, que recibes la luz
del sol y sin amor, por fuerza la reflejas a la tierra, éstas no
son explicaciones; no se nos dice por qué el sol brilla, por qué
en torno suyo gira la luna en torno de la tierra, ya que pudo ser otramente;
por qué hay una luz interceptable, por qué hay una luz que
tiene sombras, por qué ceden a su paso unas cosas y otras no y hay
lo opaco y lo traslúcido.
Mecánica dirá por qué, pero yo no pregunto sino
para qué razón para el alma, pues conciencia se anula si
admite un mundo rígido, y todo el porqué físico no
es más que decirme el antes de algo, o sea una evasión no
una respuesta.
Lo que anhelamos explicar es qué debemos sentir y adivinar ante
estos hechos, ante el comportamiento lunar, qué nos quiere decir
y de qué manera concierta con el misterio total único. La
espontaneidad, el acontecer libre, no es una respuesta; es un renunciamiento
explicativo.
Todavía no poeta, no soy poeta, no hay poeta, pues de eso no
se sabe. Hasta ahora, pues, sólo vivimos.
Debió enseñarsenos y debimos entenderlo antes que nuestro
saber ignorado innato y luego nuestro acto nos hicieran gustar por primera
vez el pecho materno. ¿Pero cómo, se dirá, ha de esperar
el niño a conocer el sentido de la luna para empezar a nutrirse,
si en tanto morirá? ¿Pero por qué, digo yo, ha de
precisar nutrirse antes de entender el sentido de la luna y se ha de morir
si deja lo uno por lo otro? La ciencia nada explica, es evidente; pero
el poeta no lo dijo nunca tampoco, aún.
Y yo miraré la próxima luna todavía sin entenderla.
Oh luna, que puede amarse, bien me pareces pobrecita del cielo.
Macedonio Fernández
Poema Al Astro De Luz Memorial
el chispear del viaje de indiferencia de las otras estrellas molesta
y agita, y no nos mira.
Heridos de ellas, corremos a ti cuando apareces
y con dolor nuestro comienza la ausencia tuya.
Sí; porque pudiera que el móvil chispear de las estrellas
sea dolor como hay dolor en nosotros
pero es que tú, luna, que también sufres, miras y acompañas.
Eres más sabia o afortunada en la mitigación participante.
Qué es la luna no lo sabemos hombres y aun artistas y poetas,
qué sentido tiene su ser y sus modos, su adhesión a la tierra,
su seguimiento al sol, su mediación mnemónica entre la tierra
y el sol y por qué quiere hacer diurnales unas y no otras de las
noches terrenas, y tantas cosas más neciamente explicadas, que de
ella ignoramos pero que sólo puede explicarlas la doctrina del misterio.
Que el sol te atrae, que la tierra también, que recibes la luz
del sol y sin amor, por fuerza la reflejas a la tierra, éstas no
son explicaciones; no se nos dice por qué el sol brilla, por qué
en torno suyo gira la luna en torno de la tierra, ya que pudo ser otramente;
por qué hay una luz interceptable, por qué hay una luz que
tiene sombras, por qué ceden a su paso unas cosas y otras no y hay
lo opaco y lo traslúcido.
Mecánica dirá por qué, pero yo no pregunto sino
para qué razón para el alma, pues conciencia se anula si
admite un mundo rígido, y todo el porqué físico no
es más que decirme el antes de algo, o sea una evasión no
una respuesta.
Lo que anhelamos explicar es qué debemos sentir y adivinar ante
estos hechos, ante el comportamiento lunar, qué nos quiere decir
y de qué manera concierta con el misterio total único. La
espontaneidad, el acontecer libre, no es una respuesta; es un renunciamiento
explicativo.
Todavía no poeta, no soy poeta, no hay poeta, pues de eso no
se sabe. Hasta ahora, pues, sólo vivimos.
Debió enseñarsenos y debimos entenderlo antes que nuestro
saber ignorado innato y luego nuestro acto nos hicieran gustar por primera
vez el pecho materno. ¿Pero cómo, se dirá, ha de esperar
el niño a conocer el sentido de la luna para empezar a nutrirse,
si en tanto morirá? ¿Pero por qué, digo yo, ha de
precisar nutrirse antes de entender el sentido de la luna y se ha de morir
si deja lo uno por lo otro? La ciencia nada explica, es evidente; pero
el poeta no lo dijo nunca tampoco, aún.
Y yo miraré la próxima luna todavía sin entenderla.
Oh luna, que puede amarse, bien me pareces pobrecita del cielo.
Meira Delmar
Tapiz
fueron nuestros destinos que un instante
se rozaron apenas en la cruz
del encuentro.
De norte a sur tu paso, de este
a oeste el mío,
entrelazamos el amor de modo
que nunca el tiempo desatarlo pudo,
ni romperlo el olvido.
Meira Delmar
Todavía
una vez en el tiempo ya distante.
Amor en que tú fuiste amado, amante
y yo amante y amada también fuera.
Otro amor sin igual no conociera
nunca el haz de la tierra. Fulgurante,
más que el sol del verano delirante,
toda sombra su lumbre destruyera.
Amor de amor, tan alto y extremado,
que el mismo cielo al serle comparado,
cosa fútil y vana parecía.
La vida canceló su encendimiento...
Y sin embargo en el recuerdo siento
que me quema la sangre todavía.
Meira Delmar
Soneto Para Decir Adiós Al Mar
frente en vivo ejercicio de poesía,
comarca donde piensa luz el día
y la noche sirenas olvidadas.
Sabe a sal la blancura derramada
de tu voz, donde crece la alegría,
y en tu orilla de agua y melodía
se detiene la tierra, enamorada.
Yo grabé tu paisaje de veleros
y tus frágiles cantos repetidos
en mi altísimo escudo marinero.
Y aunque ya tus perfiles he perdido,
hoy te siento en mi sangre, verdadero
capitán de mi sueño desmedido.
Meira Delmar
Soneto Para Decir Adiós Al Mar
frente en vivo ejercicio de poesía,
comarca donde piensa luz el día
y la noche sirenas olvidadas.
Sabe a sal la blancura derramada
de tu voz, donde crece la alegría,
y en tu orilla de agua y melodía
se detiene la tierra, enamorada.
Yo grabé tu paisaje de veleros
y tus frágiles cantos repetidos
en mi altísimo escudo marinero.
Y aunque ya tus perfiles he perdido,
hoy te siento en mi sangre, verdadero
capitán de mi sueño desmedido.
Meira Delmar
Soneto Para Decir Adiós Al Mar
frente en vivo ejercicio de poesía,
comarca donde piensa luz el día
y la noche sirenas olvidadas.
Sabe a sal la blancura derramada
de tu voz, donde crece la alegría,
y en tu orilla de agua y melodía
se detiene la tierra, enamorada.
Yo grabé tu paisaje de veleros
y tus frágiles cantos repetidos
en mi altísimo escudo marinero.
Y aunque ya tus perfiles he perdido,
hoy te siento en mi sangre, verdadero
capitán de mi sueño desmedido.
Meira Delmar
Soneto Marinero
de soles y de júbilo creciente,
y el corazón enamorado siente
más clara la presencia del latido.
Velero que navega repetido
por los quietos espejos de la frente,
regresa tu paisaje lentamente
como si retornara del olvido.
Y surge tu comarca marinera
con una trashumante primavera
de espumas en la mano de cristal.
Y tu voz de colores, y tu alada
corona de blancura trabajada
en gaviotas y pétalos de sal.
Meira Delmar
Soneto Marinero
de soles y de júbilo creciente,
y el corazón enamorado siente
más clara la presencia del latido.
Velero que navega repetido
por los quietos espejos de la frente,
regresa tu paisaje lentamente
como si retornara del olvido.
Y surge tu comarca marinera
con una trashumante primavera
de espumas en la mano de cristal.
Y tu voz de colores, y tu alada
corona de blancura trabajada
en gaviotas y pétalos de sal.
Meira Delmar
Soneto Insistente
de ser libre por gracia del olvido,
me llega entre la noche, como el ruido
del mar en la distancia, tu memoria.
Con ella viene la tenaz historia
de lo que pudo ser y nunca ha sido.
Arduo amor ni ganado ni perdido,
batalla sin derrota y sin victoria.
Cada vez que en mi mano reverdece
la rama del olivo y aparece
después de la tormenta la alegría,
algo tuyo regresa de la nada
y de nuevo destruye la dorada
esperanza fugaz de un claro día.
Meira Delmar
Soneto En Vano
de tu mirada que en azor se muda,
y la noche de sueños me desnuda
con el brillo quemante del desvelo?
¿En qué sitio del aire, el mar, el cielo,
encontrará mi corazón ayuda,
la clara mano que mi mal acuda
y en dulcedumbre me convierta el duelo?
La frente pensativa me rodeas
de lejanas memorias. Me recreas
los rostros del amor enceguecido.
Y es inútil que huya de tu acecho
si te oigo vivir dentro del pecho
con la vida sin muerte del olvido.
Meira Delmar
Soneto Del Amor Evocado
lejano amor cercano todavía,
y se me vuelve más azul el día
en la clara verdad de la hermosura.
Memoria de tu beso, la dulzura
recobra su perdida melodía.
y torna al cielo de la frente mía
el ángel inicial de la ventura.
El viento es otra vez un manso río
de jazmines abiertos. El estío
entreabre su vena rumorosa.
Y el tiempo se detiene desvelado,
a orillas del recuerdo enamorado
que enciende el corazón cuando le roza.
Meira Delmar
Soneto A La Rosa
Huía de sí misma perseguida
por su propia hermosura repetida
en pétalos y en rosa jubilosa.
Con un alto vaivén de mariposa
la rosa, ya en el aire, detenida
quedaba entre la luz, estremecida
de aromas y de fuga luminosa.
Inmóvil sobre el viento desvelado
en rosa de vitral se convertía
la rosa del temblor atormentado.
El día la tocaba. Y era el día
en torno de la rosa, desalado
arroyo de insistente melodía.
Meira Delmar
Soledad
de sentirme tan sola
en mitad de la tarde
y en mitad del trigal;
bajo el cielo de estío
y en los brazos del viento
soy una espiga más.
Nada tengo en el alma
ni una pena pequeña
ni un recuerdo lejano
que me hiciera soñar...
Sólo tengo esta dicha
de estar sola en la tarde
¡con la tarde no más!
Un silencio muy largo
va cayendo en el trigo,
porque ya el sol se aleja
y ya el viento se va
¡quién me diera por siempre
esta dicha indecible
de ser, sola y serena,
un milagro de paz!
Meira Delmar
Romance De Barranquilla
y en el sitio de la brisa,
le dieron un nombre claro
de flor o de lluvia fina.
Un nombre para decirlo
en medio de la sonrisa,
enamorados los ojos
y el corazón: ¡Barranquilla!
Porque nació frente al alba
¡y el alba es buena madrina!
Con lino de sol y sombra
tejieron años los días
y una mañana sin nubes
despertó moza la niña.
Con los cabellos al viento,
la dulce piel encendida,
y el andar sin descanso
tal aire de gallardía
que el alma de las palmeras
arrodillóse vencida...
Porque nació frente al alba
¡y el alba es buena madrina!
Breves jazmines alados
—casi de luz detenida—
crecen con gracia delgada
cuando sus pasos atisban...
La tarde cuida su gozo,
la noche su sueño cuida,
y ella se viste con seda
de flores amanecidas
sobre la cumbre del árbol
tan solo para vestirla...
Seda dorada del roble
con hebras de melodía,
seda de la acacia roja,
seda de las campanillas
que tienen fugaz el aire
y como el aire palpitan...
Rodea sus altas sienes
un vuelo de golondrinas
y abre jacintos de oro
su diestra mano clarísima.
Porque nació frente al alba
¡Y el alba es buena madrina!
El mar de gritos azules,
el mar del habla encendida,
le trae canciones remotas
y barcas de otras orillas.
El río, tenaz viajero,
con largo asombro la mira,
y le regala blancura
de garzas estremecidas
que suben a la comarca
donde la estrella se inicia.
Y el viento pirata, el viento
de clara estirpe marina,
le ciñe el talle redondo
con brazos de lejanía,
¡y se la lleva consigo
donde la tierra limita
con el batir de campanas
de la triunfal alegría!
Porque nació frente al alba,
y porque el alba madrina,
le dio aquel nombre que pide,
para decirlo, sonrisa...
El nombre que puede ser
de flor o de lluvia fina,
y que también lleva el Ángel
de júbilo: ¡Barranquilla!
Meira Delmar
Secreta Isla
sin que pueda mudarnos alma y alma.
Hemos quedado fijos, uno y otro,
con impasible soledad de estatuas,
tu rostro al fondo de mis ojos quietos,
mi rostro en tu mirada.
En vano están los pájaros, las nubes,
y el cielo siempre huyendo
hacia el ocaso.
El mar, el mar del corazón innúmero
con sus velas tendidas y sus faros.
Los árboles que llegan sonriendo
a través de las hojas iniciales,
la lluvia que modela finas torres
del vidrio, las mañanas,
el estío...
Como ciegos estamos. Como ciegos
de un viento luminoso que nos alza
y nos lleva tenaz, ávidamente,
nadie sabe hasta dónde.
Y todo nos rodea sin tocarnos
en este alucinante amor de amor
y de silencio.
Meira Delmar
Secreta Isla
sin que pueda mudarnos alma y alma.
Hemos quedado fijos, uno y otro,
con impasible soledad de estatuas,
tu rostro al fondo de mis ojos quietos,
mi rostro en tu mirada.
En vano están los pájaros, las nubes,
y el cielo siempre huyendo
hacia el ocaso.
El mar, el mar del corazón innúmero
con sus velas tendidas y sus faros.
Los árboles que llegan sonriendo
a través de las hojas iniciales,
la lluvia que modela finas torres
del vidrio, las mañanas,
el estío...
Como ciegos estamos. Como ciegos
de un viento luminoso que nos alza
y nos lleva tenaz, ávidamente,
nadie sabe hasta dónde.
Y todo nos rodea sin tocarnos
en este alucinante amor de amor
y de silencio.
Meira Delmar
Regresos
llamamos todos nuestra casa.
Subir las viejas escaleras,
abrir las puertas, las ventanas.
Quiero quedarme un rato, un rato
oyendo aquella misma lluvia
que nunca supe a ciencia cierta
si era de agua o si era música.
Quiero salir a los balcones
donde una niña se asomaba
a ver llegar las golondrinas
que con diciembre regresaban.
Tal vez la encuentre todavía
fijos los ojos en el tiempo,
con una llama de distancias
en la pequeña frente ardiendo.
Quiero cruzar el patio tibio
de sol y rosas y cigarras.
Tocar los muros encalados,
el eco ausente de las jaulas.
Acaso aún estén volando
en torno suyo las palomas,
y me señalen el camino
que va borrándose en la sombra.
Quiero saber si lo que busco
queda en el sueño o en la infancia.
Que voy perdido y he de hallarme
en otro sitio, rostro y alma.
Meira Delmar
Raíz Antigua
No es en nosotros
donde empieza a sentirse enamorado
este amor por amor, que nada espera.
Este vago misterio que nos vuelve
habitantes de niebla entre los otros.
Este desposeído
amor, sin tardes que nos miren juntos
a través de los trigos derramados
como un viento de oro por la tierra;
este extraño
amor,
de frío y llama,
de nieve y sol, que nos tomó la vida,
aleve, sigiloso, a espaldas nuestras,
en tanto que tú y yo, los distraídos,
mirábamos pasar nubes y rosas
en el torrente azul de la mañana.
No es de ahora. No.
De lejos viene
—de un silencio de siglos,
de un instante
en que tuvimos otro nombre y otra
sangre fugaz nos inundó las venas—,
este amor por amor,
este sollozo
donde estamos perdidos en querernos
como en un laberinto iluminado.
Meira Delmar
Reclamo
Mi vida era como un agua mansa,
como un agua ceñida...
Antes de ti, ¡qué fácil para el alma
la espera de sus pasos, y qué fácil
su ligera partida...!
Antes de ti, ¡qué fácil la ventura
frente a la lluvia clara y el silencio
de las tardes dormidas...!
Pero contigo, Amor, cómo se vuelven
la espera y el partir angustia viva...
¡Cómo tus manos claras, inasibles,
rompen las horas mías!
Contigo, Amor, la lluvia no es "la lluvia'"
ni me da su regalo de sonrisas,
y es tortura el silencio cuando pasa
por las tardes dormidas...
Meira Delmar
Presencia En El Olvido
nada más, la dorada tarde aquella
en que la primavera se detuvo
a leer con nosotros unos versos,
y prendió entre las ramas del naranjo
azahares nuevos.
Y eres también esa tenaz y leve
melancolía que sus manos mueve
sobre mi corazón,
y casi no es
melancolía.
Alguna vez yo tuve
tu rostro y tus palabras y tus gestos.
¡Hoy no sé qué se hicieron!
Hoy eres solamente
esas pequeñas cosas que se llaman
un día, un libro, el lento
caminar de la mano de la estrella,
y a veces, —pocas veces—, el silencio
fijándome los ojos desolados
en un sitio del aire, como ciegos...
Y este ir por la música temblando
lo mismo que por un lugar incierto.
Yo sé que estás lejano de límite,
perdido en el espacio y en el tiempo...
y por el cauce de mi sangre subes,
llegas, vano fantasma, hasta mi sueño.
Y te quiero mirar, y es esta tarde
dorada, que ya dije,
lo que encuentro...
La tarde que tenía un campanario
invisible y sonoro entre los dedos,
y una humana dulzura en la manera
de entendernos...
Ya tú no tienes rostro. Ya no eres.
Estás en mí como en la piedra el eco.
Meira Delmar
Promesa
iremos dulcemente, con las manos unidas
a escuchar las historias que el arroyo murmura
ante el fácil asombro de las piedras desnudas...
No diremos, amado, una sola palabra:
hablarán nuestros ojos su lenguaje de magia,
y la brisa curiosa llegará muy callada
sin romper el embrujo de la hora encantada…
Después... como un racimo de hermosas uvas nueva
–tronchadas de la vid por manos tempraneras–
yo dejaré en tu boca con un poco de miedo,
el sabor ignorado de mis besos primeros...
Meira Delmar
Promesa
iremos dulcemente, con las manos unidas
a escuchar las historias que el arroyo murmura
ante el fácil asombro de las piedras desnudas...
No diremos, amado, una sola palabra:
hablarán nuestros ojos su lenguaje de magia,
y la brisa curiosa llegará muy callada
sin romper el embrujo de la hora encantada…
Después... como un racimo de hermosas uvas nueva
–tronchadas de la vid por manos tempraneras–
yo dejaré en tu boca con un poco de miedo,
el sabor ignorado de mis besos primeros...