Poemas en este tema
Alma
Roberto Juarroz
61
Pensar nos roba el mirar.
¿Dónde está entonces la visión,
su hebra de música sin variaciones de sonido,
su coincidencia de ojo y sueño,
su espacio donde sólo el pasar encuentra espacio?
¿Dónde está el pensamiento que no roba nada?
Aunque menor que otras,
pensar también es una ausencia.
Y un olvido que crece.
Y además quedarse solo
y abrir la puerta para desaparecer.
¿Dónde está entonces la visión,
su hebra de música sin variaciones de sonido,
su coincidencia de ojo y sueño,
su espacio donde sólo el pasar encuentra espacio?
¿Dónde está el pensamiento que no roba nada?
Aunque menor que otras,
pensar también es una ausencia.
Y un olvido que crece.
Y además quedarse solo
y abrir la puerta para desaparecer.
498
Roberto Juarroz
52
Si alguien,
cayendo de sí mismo en sí mismo,
manotea para sostenerse de sí
y encuentra entre él y él
una puerta que lleva a otra parte,
feliz de él y de él,
pues ha encontrado su borrador más antiguo,
la primera copia.
cayendo de sí mismo en sí mismo,
manotea para sostenerse de sí
y encuentra entre él y él
una puerta que lleva a otra parte,
feliz de él y de él,
pues ha encontrado su borrador más antiguo,
la primera copia.
510
Roberto Juarroz
51
Tu ausencia es el borde
de una pared que detiene al viento
y fabrica con él dos largos túneles
de cuyo fondo volverán tus ojos.
Tu ausencia me suelta
una piel imposible,
que sólo viviría
en la temperatura que se fue con tus manos.
Y en cambio me ata
esta piel que me aprieta los tobillos
y me desemboca locamente
en el costado fiel del corazón.
Tu ausencia me hace llover encima mío
el espacio que queda entre la lluvia.
de una pared que detiene al viento
y fabrica con él dos largos túneles
de cuyo fondo volverán tus ojos.
Tu ausencia me suelta
una piel imposible,
que sólo viviría
en la temperatura que se fue con tus manos.
Y en cambio me ata
esta piel que me aprieta los tobillos
y me desemboca locamente
en el costado fiel del corazón.
Tu ausencia me hace llover encima mío
el espacio que queda entre la lluvia.
467
Roberto Juarroz
39
Nocturnamente único,
el corazón, sin cuello, en la cabeza,
caminas por el mundo con un traje sonoro,
sabor vestido de aguas vivas,
machacando la luna sepia de los muertos.
Andanza que es estar,
sin girasol ni tumbas por los astros,
un pie raíz y otro pie nube,
los ojos corazón palabra cosa,
las manos animales
en su selva de manos.
Y entre cuervos, lisiados e instrumentos,
tu puño en la montaña de ser uno,
despierto aunque te duermas,
aclaración de la palabra hombre
en el lugar humano de la duda de todo.
Al verte, sí, me acuerdo.
No importa de qué, de quién: me acuerdo.
La piel es un viento sólido
que comunica por adentro y afuera
con la piel.
el corazón, sin cuello, en la cabeza,
caminas por el mundo con un traje sonoro,
sabor vestido de aguas vivas,
machacando la luna sepia de los muertos.
Andanza que es estar,
sin girasol ni tumbas por los astros,
un pie raíz y otro pie nube,
los ojos corazón palabra cosa,
las manos animales
en su selva de manos.
Y entre cuervos, lisiados e instrumentos,
tu puño en la montaña de ser uno,
despierto aunque te duermas,
aclaración de la palabra hombre
en el lugar humano de la duda de todo.
Al verte, sí, me acuerdo.
No importa de qué, de quién: me acuerdo.
La piel es un viento sólido
que comunica por adentro y afuera
con la piel.
622
Roberto Juarroz
20
Los recuerdos saltan desde los ojos
como colores desde la jaula de una luz
que no admite más que el blanco,
se van a picotear las mejillas
de algunas cosas que andan perdidas por el mundo
y retornan, otra vez por los ojos,
a su selva de molicie y respaldos.
Pero hay uno, un recuerdo o tatuaje,
que no quiere pasar de nuevo por los ojos
y se queda dando vueltas como un éxodo mudo,
ojo él mismo, flotando hacia ninguna parte,
memoria que ha abolido el pasado.
¿No llegará la noche, o quizá algo más
hondo,
a formarle otro cuerpo, otra privada selva
de minúsculos signos,
donde pueda, sin tiempo, su alucinante pérdida
ser un sitio ya inmóvil entre manos amantes?
como colores desde la jaula de una luz
que no admite más que el blanco,
se van a picotear las mejillas
de algunas cosas que andan perdidas por el mundo
y retornan, otra vez por los ojos,
a su selva de molicie y respaldos.
Pero hay uno, un recuerdo o tatuaje,
que no quiere pasar de nuevo por los ojos
y se queda dando vueltas como un éxodo mudo,
ojo él mismo, flotando hacia ninguna parte,
memoria que ha abolido el pasado.
¿No llegará la noche, o quizá algo más
hondo,
a formarle otro cuerpo, otra privada selva
de minúsculos signos,
donde pueda, sin tiempo, su alucinante pérdida
ser un sitio ya inmóvil entre manos amantes?
417
Roberto Juarroz
34
Degradación sin rebajas,
sin parihuelas de suspiros disecados con esmero
como especies aparte de las taxonomías,
sin tiendas violáceas donde cultivar las congojas,
sin altibajos de ubres
repletas con el jugo
de fermentar acoplados
en imponderables desniveles.
Tu último velo está en mi sangre.
Lo rasgaremos juntos
para descender desnudos por la fuente que baja,
sin la esgrima venal con que ascendía.
Una rotonda agreste nos separa del mundo,
de la playa de estacionamiento de los besos,
de los domicilios para caricias portátiles,
de la fúnebre virtud de los espejos con horario.
La piel de los que esperan
es demasiado clara.
La mentira de la mentira es darla vuelta.
Toda nuestra verdad es no tenerla.
La incongruencia de estar solos
toma el tren más puntual
hacia las emergencias del olvido.
sin parihuelas de suspiros disecados con esmero
como especies aparte de las taxonomías,
sin tiendas violáceas donde cultivar las congojas,
sin altibajos de ubres
repletas con el jugo
de fermentar acoplados
en imponderables desniveles.
Tu último velo está en mi sangre.
Lo rasgaremos juntos
para descender desnudos por la fuente que baja,
sin la esgrima venal con que ascendía.
Una rotonda agreste nos separa del mundo,
de la playa de estacionamiento de los besos,
de los domicilios para caricias portátiles,
de la fúnebre virtud de los espejos con horario.
La piel de los que esperan
es demasiado clara.
La mentira de la mentira es darla vuelta.
Toda nuestra verdad es no tenerla.
La incongruencia de estar solos
toma el tren más puntual
hacia las emergencias del olvido.
483
Roberto Juarroz
16
El centro no es un punto.
Si lo fuera, resultaría fácil acertarlo.
No es ni siquiera la reducción de un punto a su infinito.
El centro es una ausencia,
de punto, de infinito y aun de ausencia
y sólo se acierta con ausencia.
Mírame después que te hayas ido,
aunque yo esté recién cuando me vaya.
Ahora el centro me ha enseñado a no estar,
pero más tarde el centro estará aquí.
Si lo fuera, resultaría fácil acertarlo.
No es ni siquiera la reducción de un punto a su infinito.
El centro es una ausencia,
de punto, de infinito y aun de ausencia
y sólo se acierta con ausencia.
Mírame después que te hayas ido,
aunque yo esté recién cuando me vaya.
Ahora el centro me ha enseñado a no estar,
pero más tarde el centro estará aquí.
406
Roberto Juarroz
48
Si uno encuentra de pronto que lleva entre las manos
un ramo del color de los niños perdidos
o de los ojos de los muertos,
ya no puede seguir doblando las esquinas,
ni doliéndole como siempre a las ventanas,
ni haciendo un torniquete del pasado
entre espirales de perros
y oraciones sin dios.
Es preciso entonces conseguir un lugar
donde el amor y la luna
se expendan en envases separados
y la muerte baje por una ranura y no muy cara.
Y es preciso sellar bien los cabellos,
aunque no se los corte,
para que no sigan enredando a la gente
y convirtiéndola en árboles.
Y entonces, sobre todo,
es preciso callar
y devolver.
un ramo del color de los niños perdidos
o de los ojos de los muertos,
ya no puede seguir doblando las esquinas,
ni doliéndole como siempre a las ventanas,
ni haciendo un torniquete del pasado
entre espirales de perros
y oraciones sin dios.
Es preciso entonces conseguir un lugar
donde el amor y la luna
se expendan en envases separados
y la muerte baje por una ranura y no muy cara.
Y es preciso sellar bien los cabellos,
aunque no se los corte,
para que no sigan enredando a la gente
y convirtiéndola en árboles.
Y entonces, sobre todo,
es preciso callar
y devolver.
466
Roberto Juarroz
51
Algún día encontraré una palabra
que penetre en tu vientre y lo fecunde,
que se pare en tu seno
como una mano abierta y cerrada al mismo tiempo.
Hallaré una palabra
que detenga tu cuerpo y lo dé vuelta,
que contenga tu cuerpo
y abra tus ojos como un dios sin nubes
y te usa tu saliva
y te doble las piernas.
Tú tal vez no la escuches
o tal vez no la comprendas.
No será necesario.
Irá por tu interior como una rueda
recorriéndote al fin de punta a punta,
mujer mía y no mía,
y no se detendrá ni cuando mueras.
que penetre en tu vientre y lo fecunde,
que se pare en tu seno
como una mano abierta y cerrada al mismo tiempo.
Hallaré una palabra
que detenga tu cuerpo y lo dé vuelta,
que contenga tu cuerpo
y abra tus ojos como un dios sin nubes
y te usa tu saliva
y te doble las piernas.
Tú tal vez no la escuches
o tal vez no la comprendas.
No será necesario.
Irá por tu interior como una rueda
recorriéndote al fin de punta a punta,
mujer mía y no mía,
y no se detendrá ni cuando mueras.
493
Roberto Juarroz
46
No debiera ser posible
dormirse sin tener cerca
una voz para poderse despertar.
No debiera ser posible
dormirse sin tener cerca
la propia voz para poderse despertar.
No debiera ser posible
dormirse sin despertar
en el momento justo en que el sueño se encuentra
con esos ojos abiertos
que ya no necesitan dormir más.
dormirse sin tener cerca
una voz para poderse despertar.
No debiera ser posible
dormirse sin tener cerca
la propia voz para poderse despertar.
No debiera ser posible
dormirse sin despertar
en el momento justo en que el sueño se encuentra
con esos ojos abiertos
que ya no necesitan dormir más.
516
Roberto Juarroz
44
Porque esta noche duermes lejos
y en una cama con demasiado sueño,
yo estoy aquí despierto,
con una mano mía y otra tuya.
Tú seguirás allí
desnuda como tú
y yo seguiré aquí
desnudo como yo.
Mi boca es ya muy larga y piensa mucho
y tu cabello es corto y tiene sueño.
Ya no hay tiempo para estar
desnudos como uno
los dos.
y en una cama con demasiado sueño,
yo estoy aquí despierto,
con una mano mía y otra tuya.
Tú seguirás allí
desnuda como tú
y yo seguiré aquí
desnudo como yo.
Mi boca es ya muy larga y piensa mucho
y tu cabello es corto y tiene sueño.
Ya no hay tiempo para estar
desnudos como uno
los dos.
500
Roberto Juarroz
39
Voy a alargar caminos de caricia,
con algo de dulzura entre los dientes
y un garabato tibio en los cabellos,
para que el poco sueño que aún nos queda
no se nos caiga.
Voy a alumbrar tu rostro mientras duerme
y mirarlo al revés, donde no duerme.
Voy a juntar raíces por el aire,
catálogos de nieves que no caen
y sitios para párpados.
Voy a tomar al hombre por el centro
y tirarlo a rodar, a ver si llega.
Voy a tomarme a mí, ya me he tomado,
para enlazar de nuevo los cristales
con un redondo material sin tiempo.
Voy a cortar las puntas de la vida
como unas uñas demasiado largas.
con algo de dulzura entre los dientes
y un garabato tibio en los cabellos,
para que el poco sueño que aún nos queda
no se nos caiga.
Voy a alumbrar tu rostro mientras duerme
y mirarlo al revés, donde no duerme.
Voy a juntar raíces por el aire,
catálogos de nieves que no caen
y sitios para párpados.
Voy a tomar al hombre por el centro
y tirarlo a rodar, a ver si llega.
Voy a tomarme a mí, ya me he tomado,
para enlazar de nuevo los cristales
con un redondo material sin tiempo.
Voy a cortar las puntas de la vida
como unas uñas demasiado largas.
511
Roberto Juarroz
33
Sí, hay un fondo.
Pero hay también un más allá del fondo,
un lugar hecho con caras al revés.
Y allí hay pisadas,
pisadas o por lo menos su anticipo,
lectura de ciego que ya no necesita puntos
y lee en lo liso
o tal vez la lectura de sordo
en los labios de un muerto.
Sí, hay un fondo.
Pero es el lugar donde empieza el otro lado,
simétrico de éste,
tal vez éste repetido,
tal vez éste y su doble,
tal vez éste.
Pero hay también un más allá del fondo,
un lugar hecho con caras al revés.
Y allí hay pisadas,
pisadas o por lo menos su anticipo,
lectura de ciego que ya no necesita puntos
y lee en lo liso
o tal vez la lectura de sordo
en los labios de un muerto.
Sí, hay un fondo.
Pero es el lugar donde empieza el otro lado,
simétrico de éste,
tal vez éste repetido,
tal vez éste y su doble,
tal vez éste.
463
Roberto Juarroz
27
Entre pedazos de palabras
y caricias en ruinas,
encontré algunas formas que volvían de la muerte.
Venían de desmorir.
Pero no les bastaba con eso.
Tenían que seguir retrocediendo,
tenían que desvivirlo todo
y después desnacer.
No pude hacerles ninguna pregunta,
ni mirarlas dos veces.
Pero ellas me indicaron el único camino
que tal vez tenga salida,
el que vuelve desde toda la muerte
hacia atrás del nacer,
a encontrarse con la nada del comienzo
para retroceder y desnadarse.
y caricias en ruinas,
encontré algunas formas que volvían de la muerte.
Venían de desmorir.
Pero no les bastaba con eso.
Tenían que seguir retrocediendo,
tenían que desvivirlo todo
y después desnacer.
No pude hacerles ninguna pregunta,
ni mirarlas dos veces.
Pero ellas me indicaron el único camino
que tal vez tenga salida,
el que vuelve desde toda la muerte
hacia atrás del nacer,
a encontrarse con la nada del comienzo
para retroceder y desnadarse.
518
Roberto Juarroz
18
Tú no tienes nombre.
Tal vez nada lo tenga.
Pero hay tanto humo repartido en el mundo,
tanta lluvia inmóvil,
tanto hombre que no puede nacer,
tanto llanto horizontal,
tanto cementerio arrinconado,
tanta ropa muerta
y la soledad ocupa tanta gente,
que el nombre que no tienes me acompaña
y el nombre que nada tiene crea un sitio
en donde está de más la soledad.
Tal vez nada lo tenga.
Pero hay tanto humo repartido en el mundo,
tanta lluvia inmóvil,
tanto hombre que no puede nacer,
tanto llanto horizontal,
tanto cementerio arrinconado,
tanta ropa muerta
y la soledad ocupa tanta gente,
que el nombre que no tienes me acompaña
y el nombre que nada tiene crea un sitio
en donde está de más la soledad.
496
Roberto Juarroz
15
El amor empieza cuando se rompen los dedos
y se dan vuelta las solapas del traje,
cuando ya no hace falta pero tampoco sobra
la vejez de mirarse,
cuando la torre de los recuerdos, baja o alta,
se agacha hasta la sangre.
El amor empieza cuando Dios termina
y cuando el hombre cae,
mientras las cosas, demasiado eternas,
comienzan a gastarse,
y los signos, las bocas y los signos,
se muerden mutuamente en cualquier parte.
El amor empieza
cuando la luz se agrieta como un muerto disfrazado
sobre la soledad irremediable.
Porque el amor es simplemente eso:
la forma del comienzo
tercamente escondida
detrás de los finales.
y se dan vuelta las solapas del traje,
cuando ya no hace falta pero tampoco sobra
la vejez de mirarse,
cuando la torre de los recuerdos, baja o alta,
se agacha hasta la sangre.
El amor empieza cuando Dios termina
y cuando el hombre cae,
mientras las cosas, demasiado eternas,
comienzan a gastarse,
y los signos, las bocas y los signos,
se muerden mutuamente en cualquier parte.
El amor empieza
cuando la luz se agrieta como un muerto disfrazado
sobre la soledad irremediable.
Porque el amor es simplemente eso:
la forma del comienzo
tercamente escondida
detrás de los finales.
573
Roberto Juarroz
13
Hay palabras que no decimos
y que ponemos sin decirlas en las cosas.
Y las cosas las guardan,
y un día nos contestan con ellas
y nos salvan el mundo,
como un amor secreto
en cuyos dos extremos
hay una sola entrada.
¿No habrá alguna palabra
de esas que no decimos
que hayamos colocado
sin querer en la nada?
y que ponemos sin decirlas en las cosas.
Y las cosas las guardan,
y un día nos contestan con ellas
y nos salvan el mundo,
como un amor secreto
en cuyos dos extremos
hay una sola entrada.
¿No habrá alguna palabra
de esas que no decimos
que hayamos colocado
sin querer en la nada?
481
Roberto Juarroz
4
El fondo de las cosas no es la vida o la muerte.
Me lo prueban
el aire que se descalza en los pájaros,
un tejado de ausencias que acomoda el silencio
y esta mirada mía que se da vuelta en el fondo,
como todas las cosas que se dan vuelta cuando acaban.
Y también me lo prueba
mi niñez que era pan
anterior a la harina,
mi niñez que sabía
que hay humos que descienden,
voces con las que nadie habla,
papeles donde el hombre está inmóvil.
El fondo de las cosas no es la muerte o la vida.
El fondo es otra cosa
que alguna vez sale a la orilla.
Me lo prueban
el aire que se descalza en los pájaros,
un tejado de ausencias que acomoda el silencio
y esta mirada mía que se da vuelta en el fondo,
como todas las cosas que se dan vuelta cuando acaban.
Y también me lo prueba
mi niñez que era pan
anterior a la harina,
mi niñez que sabía
que hay humos que descienden,
voces con las que nadie habla,
papeles donde el hombre está inmóvil.
El fondo de las cosas no es la muerte o la vida.
El fondo es otra cosa
que alguna vez sale a la orilla.
638
Roberto Juarroz
1
Una red de mirada
mantiene unido al mundo,
no lo deja caerse.
Y aunque yo no sepa qué pasa con los ciegos,
mis ojos van a apoyarse en una espalda
que puede ser de dios.
Sin embargo,
ellos buscan otra red, otro hilo,
que anda cerrando ojos con un traje prestado
y descuelga una lluvia ya sin suelo ni cielo.
Mis ojos buscan eso
que nos hace sacarnos los zapatos
para ver si hay algo más sosteniéndonos debajo
o inventar un pájaro
para averiguar si existe el aire
o crear un mundo
para saber si hay dios
o ponernos el sombrero
para comprobar que existimos.
mantiene unido al mundo,
no lo deja caerse.
Y aunque yo no sepa qué pasa con los ciegos,
mis ojos van a apoyarse en una espalda
que puede ser de dios.
Sin embargo,
ellos buscan otra red, otro hilo,
que anda cerrando ojos con un traje prestado
y descuelga una lluvia ya sin suelo ni cielo.
Mis ojos buscan eso
que nos hace sacarnos los zapatos
para ver si hay algo más sosteniéndonos debajo
o inventar un pájaro
para averiguar si existe el aire
o crear un mundo
para saber si hay dios
o ponernos el sombrero
para comprobar que existimos.
537
Rafael Cadenas
Tuvo Que Descender
Tuvo que descender
para buscarte,
llegar a sus confines,
sufrir por no reconocer su rostro,
caminar mecánicamente, sin saber si estaba vivo.
para buscarte,
llegar a sus confines,
sufrir por no reconocer su rostro,
caminar mecánicamente, sin saber si estaba vivo.
608
Rafael Cadenas
El Enemigo
Se insinúa con sigilo o irrumpe sin avisar.
Reconozco que estoy condenado a hacerle el juego. Si ambos
fuésemos reales no nos desgastaríamos en esta
persecución,
pero nuestra servidumbre es la misma: somos personajes. Nos
acompaña el miedo.
Mi costumbre es tomar su bando. Le permito que hable por mí.
Me convierte en plato de su odio.
Soy su aliado.
Sí, me usa, me usa para sus fines, que también se vuelven
contra él. La fuente que lo envenena rebosa con jirones
míos,
suyos. Nos confundimos, nos entretejemos, nos intrincamos, sin
querer. Hasta nos perdemos de vista, y ya no sabemos quién
es el que persigue.
Tengo que contrarrestar, con otra voz, sus cargos, pero
casi siempre estoy de su parte.
¿Cuándo tuvo lugar este desplazamiento? Son pocos los
días
en que el enemigo no ha contado con mi apoyo. Nunca en
realidad he sido contrapeso para sus demandas. Me consta, me
consta en mi carne. Siempre firmé sus acusaciones, sus ataques
sorpresivos, sus listas de agravios.
Siempre contó con el respaldo que yo necesitaba para mi tarea.
Sí, siempre a mi acusador lo encontré más eficaz,
y a su
casuística atroz sólo podía oponerle unos ojos
inmóviles.
Reconozco que estoy condenado a hacerle el juego. Si ambos
fuésemos reales no nos desgastaríamos en esta
persecución,
pero nuestra servidumbre es la misma: somos personajes. Nos
acompaña el miedo.
Mi costumbre es tomar su bando. Le permito que hable por mí.
Me convierte en plato de su odio.
Soy su aliado.
Sí, me usa, me usa para sus fines, que también se vuelven
contra él. La fuente que lo envenena rebosa con jirones
míos,
suyos. Nos confundimos, nos entretejemos, nos intrincamos, sin
querer. Hasta nos perdemos de vista, y ya no sabemos quién
es el que persigue.
Tengo que contrarrestar, con otra voz, sus cargos, pero
casi siempre estoy de su parte.
¿Cuándo tuvo lugar este desplazamiento? Son pocos los
días
en que el enemigo no ha contado con mi apoyo. Nunca en
realidad he sido contrapeso para sus demandas. Me consta, me
consta en mi carne. Siempre firmé sus acusaciones, sus ataques
sorpresivos, sus listas de agravios.
Siempre contó con el respaldo que yo necesitaba para mi tarea.
Sí, siempre a mi acusador lo encontré más eficaz,
y a su
casuística atroz sólo podía oponerle unos ojos
inmóviles.
618
Rafael Cadenas
Me Muevo
Me muevo. Uno, dos, tres pasos. Nadie puede negar que avancé un poco.
Se pueden ver mis huellas en el suelo, pero amanezco en el mismo sitio.
¿No me desplacé? Es cierto —verifico las marcas— que ayer no estaba donde ahora estoy,
pero algo me dice que no me he movido. No sé qué significa desplazarme.
Rafael Cadenas
Se pueden ver mis huellas en el suelo, pero amanezco en el mismo sitio.
¿No me desplacé? Es cierto —verifico las marcas— que ayer no estaba donde ahora estoy,
pero algo me dice que no me he movido. No sé qué significa desplazarme.
Rafael Cadenas
658
Ricardo E. Molinari
Soledades
De ayer estoy hablando, de las flores,
de la fuerte agua, transparente y fría,
del alma, de la luna abierta, ¡oh mía!,
de un ángel dulce y solo en los albores.
De tantas noches secas y menores,
del perseguido bien sin alegría;
del aire, de la sombra y la agonía,
de lumbres, cielos y arduos pasadores.
De ti, tiempo llegado y desprendido,
que vas en mí y me dejas en velada:
solitario, desierto y sin sentido.
Y encima de ti, vida delicada,
cabello suave, quieto y advertido,
la muerte sueña y mueve su morada.
de la fuerte agua, transparente y fría,
del alma, de la luna abierta, ¡oh mía!,
de un ángel dulce y solo en los albores.
De tantas noches secas y menores,
del perseguido bien sin alegría;
del aire, de la sombra y la agonía,
de lumbres, cielos y arduos pasadores.
De ti, tiempo llegado y desprendido,
que vas en mí y me dejas en velada:
solitario, desierto y sin sentido.
Y encima de ti, vida delicada,
cabello suave, quieto y advertido,
la muerte sueña y mueve su morada.
394
Ricardo E. Molinari
Hostería De La Rosa Y El Clavel (fragmento)
Déjame esta tarde solo para mí, que tengo la voluntad
perdida en el frío. En olvido inmenso
crecen y mueren los pájaros. Hace un siglo
que no duermo y tengo las uñas quebradas
de peinarme.
En el mes de marzo empieza el Otoño en mi tierra;
yo nací en el Otoño. De noche, cuando el alma
se queda sola con su cuerpo. Alguna vez...
Y el viento herido se queja como un ramo de flores
en un vaso de vino.
Si cada alma
tiene su cuerpo, sus amistades y negocios;
si hasta la de los hombres sucios
tiene su lugar en este mundo y una sonrisa
parecida a sus pensamientos, un cuerpo idéntico
y compañías que viven sin ruborizarse: igual
a los ojos de ellos, a los pies, a las manos,
a la boca y dientes de ellos, tú, entonces,
tienes un deseo
semejante al mío. Yo quiero mezclar un día entre otros,
huir de la tierra muerta,
hacer un día espléndido sin separación, donde tu
perfil
me esté mirando, mientras guardo amores perfectos
dentro de un sombrero.
perdida en el frío. En olvido inmenso
crecen y mueren los pájaros. Hace un siglo
que no duermo y tengo las uñas quebradas
de peinarme.
En el mes de marzo empieza el Otoño en mi tierra;
yo nací en el Otoño. De noche, cuando el alma
se queda sola con su cuerpo. Alguna vez...
Y el viento herido se queja como un ramo de flores
en un vaso de vino.
Si cada alma
tiene su cuerpo, sus amistades y negocios;
si hasta la de los hombres sucios
tiene su lugar en este mundo y una sonrisa
parecida a sus pensamientos, un cuerpo idéntico
y compañías que viven sin ruborizarse: igual
a los ojos de ellos, a los pies, a las manos,
a la boca y dientes de ellos, tú, entonces,
tienes un deseo
semejante al mío. Yo quiero mezclar un día entre otros,
huir de la tierra muerta,
hacer un día espléndido sin separación, donde tu
perfil
me esté mirando, mientras guardo amores perfectos
dentro de un sombrero.
330