Creatividad e Inspiración
Roberto Juarroz
79
pintar retratos sin modelo.
Después,
pintar autorretratos sin modelo.
Quizá se pueda entonces
pintar la nada con modelo.
Roberto Juarroz
40
sacrificar el nombre de las cosas
para ganar su presencia.
El mundo es un llamado desnudo,
una voz y no un nombre,
una voz con su propio eco a cuestas.
Y la palabra del hombre es una parte de esa voz,
no una señal con el dedo,
ni un rótulo de archivo,
ni un perfil de diccionario,
ni una cédula de identidad sonora,
ni un banderín indicativo
de la topografía del abismo.
El oficio de la palabra,
más allá de la pequeña miseria
y la pequeña ternura de designar esto o aquello,
es un acto de amor: crear presencia.
El oficio de la palabra
es la posibilidad de que el mundo diga al mundo,
la posibilidad de que el mundo diga al hombre.
La palabra: ese cuerpo hacia todo.
La palabra: esos ojos abiertos.
Roberto Juarroz
1
mantiene unido al mundo,
no lo deja caerse.
Y aunque yo no sepa qué pasa con los ciegos,
mis ojos van a apoyarse en una espalda
que puede ser de dios.
Sin embargo,
ellos buscan otra red, otro hilo,
que anda cerrando ojos con un traje prestado
y descuelga una lluvia ya sin suelo ni cielo.
Mis ojos buscan eso
que nos hace sacarnos los zapatos
para ver si hay algo más sosteniéndonos debajo
o inventar un pájaro
para averiguar si existe el aire
o crear un mundo
para saber si hay dios
o ponernos el sombrero
para comprobar que existimos.
Rubén Darío
Rimas
un enjambre de pájaros duerme
en mudo reposo,
sin que el beso del sol los despierte.
Hay un verde laurel. En sus ramas
que el terral melancólico mueve,
se advierte una lira,
sin que nadie esa lira descuelgue.
¡Quién pudiera, al influjo sagrado
de un soplo celeste,
despertar en el árbol florido
las rimas que duermen!
¡Y flotando en la luz el espíritu,
mientras arde en la sangre la fiebre,
como «un himno gigante y extraño»
arrancar a la lira de Bécquer!
Roque Dalton García
Como La Siempreviva
es como la siempreviva
paga su precio
a la existencia
en término de asperidad.
Entre las piedras y el fuego,
frente a la tempestad
o en medio de la sequía,
por sobre las banderas
del odio necesario
y el hermosísimo empuje
de la cólera,
la flor de mi poesía busca siempre
el aire,
el humus,
la savia,
el sol,
de la ternura.
Rubén Darío
J j Palma
ya de un morisco alcázar el capitel sutil,
ya, como Benvenuto, del oro de una copa
forma un joyel artístico, prodigio del buril.
Pinta las dulces Gracias, o la desnuda Europa,
en el pulido borde de un vaso de marfil,
o a Diana, diosa virgen de desceñida ropa,
con aire cinegético, o en grupo pastoril.
La musa que al poeta sus cánticos inspira
no lleva la vibrante trompeta de metal,
ni es la bacante loca que canta y que delira,
en el amor fogosa, y en el placer triunfal;
ella al cantor ofrece la septicorde lira,
o, rítmica y sonora, la flauta de cristal.
Rubén Darío
Autumnal
yerran nubes tranquilas
en el azul; en las ardientes manos
se posan las cabezas pensativas.
¡Ah los suspiros! ¡Ah los dulces sueños!
¡Ah las tristezas íntimas!
¡Ah el polvo de oro que en el aire flota,
tras cuyas ondas trémulas se miran
los ojos tiernos y húmedos,
las bocas inundadas de sonrisas,
las crespas cabelleras
y los dedos de rosa que acarician!
En las pálidas tardes
me cuenta un hada amiga
las historias secretas
llenas de poesía;
lo que cantan los pájaros,
lo que llevan las brisas,
lo que vaga en las nieblas,
lo que sueñan las niñas.
Una vez sentí el ansia
de una sed infinita.
Dije al hada amorosa:
—Quiero en el alma mía
tener la aspiración honda, profunda,
inmensa: luz, calor, aroma, vida.
Ella me dijo: —¡Ven!— con el acento
con que hablaría un arpa. En él había
un divino aroma de esperanza.
¡Oh sed del ideal!
Sobre la cima
de un monte, a medianoche,
me mostró las estrellas encendidas.
Era un jardín de oro
con pétalos de llama que titilan.
Exclamé: —Más...
La aurora
vino después. La aurora sonreía,
con la luz en la frente,
como la joven tímida
que abre la reja, y la sorprenden luego
ciertas curiosas, mágicas pupilas.
Y dije: —Más...— Sonriendo
la celeste hada amiga
prorrumpió: —¡Y bien! ¡Las flores!
Y las flores
estaban frescas, lindas,
empapadas de olor: la rosa virgen,
la blanca margarita,
la azucena gentil y las volúbiles
que cuelgan de la rama estremecida.
Y dije: —Más...
El viento
arrastraba rumores, ecos, risas,
murmullos misteriosos, aleteos,
músicas nunca oídas.
El hada entonces me llevó hasta el velo
que nos cubre las ansias infinitas,
la inspiración profunda
y el alma de las liras.
Y los rasgó. Allí todo era aurora.
En el fondo se vía
un bello rostro de mujer.
¡Oh; nunca,
Piérides, diréis las sacras dichas
que en el alma sintiera!
Con su vaga sonrisa:
—¿Más?... —dijo el hada.
Y yo tenía entonces
clavadas las pupilas
en el azul; y en mis ardientes manos
se posó mi cabeza pensativa...
Rubén Darío
A Juan Ramón Jiménez
para empezar, valiente, la divina pelea?
¿Has visto si resiste el metal de tu idea
la furia del mandoble y el peso de la maza?
¿Te sientes con la sangre de la celeste raza
que vida con los números pitagóricos crea?
¿Y, como el fuerte Herakles al león de Nemea,
a los sangrientos tigres del mal darías caza?
¿Te enternece el azul de una noche tranquila?
¿Escuchas pensativo el sonar de la esquila
cuando el Angelus dice el alma de la tarde?...
¿Tu corazón las voces ocultas interpreta?
Sigue, entonces, tu rumbo de amor. Eres poeta.
La belleza te cubra de luz y Dios te guarde.
Rubén Darío
Balada En Honor De Las Musas De Carne Y Hueso
y aun para dar sonrisas a la muerte,
que la áurea copa donde Venus vierte
la esencia azul de su viña encendida.
Por respirar los perfumes de Armida
y por sorber el vino de su beso,
vino de ardor, de beso, de embeleso,
fuérase al cielo en la bestia de Orlando,
¡Voz de oro y miel para decir cantando:
la mejor musa es la de carne y hueso!
Cabellos largos en la buhardilla,
noches de insomnio al blancor del invierno,
pan de dolor con la sal de lo eterno
y ojos de ardor en que Juvencia brilla;
el tiempo en vano mueve su cuchilla,
el hilo de oro permanece ileso;
visión de gloria para el libro impreso
que en sueños va como una mariposa
y una esperanza en la boca de rosa:
¡La mejor musa es la de carne y hueso!
Regio automóvil, regia cetrería,
borla y muceta, heráldica fortuna,
nada son como a la luz de la Luna
una mujer hecha una melodía.
Barca de amar busca la fantasía,
no el yacht de Alfonso o la barca de Creso.
Da al cuerpo llama y fortifica el seso
ese archivado y vital paraíso;
pasad de largo, Abelardo y Narciso:
¡La mejor musa es la de carne y hueso!
Clío está en esa frente hecha de Aurora,
Euterpe canta en esta lengua fina,
Talía ríe en la boca divina,
Melpómene es ese gesto que implora;
en estos pies Terpsícore se adora,
cuello inclinado es de Erato embeleso,
Polymnia intenta a Calíope proceso
por esos ojos en que Amor se quema.
Urania rige todo ese sistema:
¡La mejor musa es la de carne y hueso!
No protestéis con celo protestante,
contra el panal de rosas y claveles
en que Tiziano moja sus pinceles
y gusta el cielo de Beatrice el Dante.
Por eso existe el verso de diamante,
por eso el iris tiéndese y por eso
humano genio es celeste progreso.
Líricos cantan y meditan sabios
por esos pechos y por esos labios:
¡La mejor musa es la de carne y hueso!
ENVÍO:
Gregorio: nada al cantor determina
como el gentil estímulo del beso.
Gloria al sabor de la boca divina.
¡La mejor musa es la de carne y hueso!
Rosalía de Castro
Aunque No Alcancen Gloria
pensé escribiendo lbro tan pequeño,
son fáciles y breves mis canciones
y acaso alcancen mi anhelado sueño.
Pues bien puede guardarlas la memoria
tal como, pese al tiempo y la distancia,
y al fuego asolador de las pasiones,
cortas, pero fervientes oraciones.
Por eso son, aunque no alcancen gloria,
tan fáciles y breves mis canciones.
Rosalía de Castro
Aún Otra Amarga Gota En El Mar Sin Orillas
donde lo grande pasa de prisa y lo pequeño
desaparece o se hunde, como piedra arrojada
de las aguas profundas al estancado légamo.
Vicio, pasión, o acaso enfermedad del alma,
débil a caer vuelve siempre en la tentación.
Y escribe como escriben las olas en la arena,
el viento en la laguna y en la neblina el sol.
Mas nunca nos asombra que trine o cante el ave,
ni que eterna repita sus murmullos el agua;
canta, pues, ¡oh poeta!, canta, que no eres menos
que el ave y el arroyo que armonioso se arrastra.
Pedro Salinas
Fe Mía
de papel,
tantas veces que la hice
yo con mis manos.
Ni me fío de la otra
rosa verdadera,
hija del sol y sazón,
la prometida del viento.
De ti que nunca te hice,
de ti que nunca te hicieron,
de ti me fío, redondo
seguro azar.
Pedro Salinas
35 Bujías
la soltaré. Está presa,
aquí arriba, invisible.
Yo la veo en su claro
castillo de cristal, y la vigilan
—cien mil lanzas— los rayos
—cien mil rayos— del sol. Pero de noche,
cerradas las ventanas
para que no la vean
—guiñadoras espías— las estrellas,
la soltaré. (Apretar un botón.)
Caerá toda de arriba
a besarme, a envolverme
de bendición, de claro, de amor, pura.
En el cuarto ella y yo no más, amantes
eternos, ella mi iluminadora
musa dócil en contra
de secretos en masa de la noche
—afuera—
descifraremos formas leves, signos,
perseguidos en mares de blancura
por mí, por ella, artificial princesa,
amada eléctrica.
Pablo de Rokha
Balada De Pablo De Rokha
al azar de los sucesos, como quien come, bebe o anda y porque sí;
moriría si NO cantase, moriría si NO cantase; el acontecimiento
floreal del poema estimula mis nervios sonantes, no puedo hablar, entono,
pienso en canciones, no puedo hablar, no puedo hablar; las ruidosas, trascendentales
epopeyas me definen, e ignoro el sentido de mi flauta; aprendí a
cantar siendo nebulosa, odio, odio las utilitarias, labores, zafias, cuotidianas,
prosaicas, y amo la ociosidad ilustre de lo bello; cantar, cantar, cantar...—he
ahí lo único que sabes, Pablo de Rokha!...
* * *
Los sofismas universales, las cosmicas, subterráneas leyes dinámicas,
dinámicas me rigen, mi canción natural, polifónica
se abre, se abre más allá del espíritu, la ancha belleza
subconciente, trágica, matemática, fúnebre, guía
mis pasos en la oscura claridad; cruzo las épocas cantando como
un gran sueño deforme, mi verdad es la verdadera verdad, el corazón
orquestal, musical, orquestal, dionysiaco, flota en la augusta perfecta,
la eximia resonancia unánime, los fenómenos convergen a él,
y agrandan su sonora sonoridad sonora, sonora; y estas fatales manos van,
sonámbulas, apartando la vida externa, —conceptos, fórmulas,
costumbres, apariencias,—mi intuición sigue los caminos de las cosas,
vidente, iluminada y feliz; todo se hace canto en mis huesos, todo se hace
canto en mis huesos.
* * *
Pus, llanto y nieblas lúgubres, dolor, solo dolor mamo en los
roñosos pechos de la vida, no tengo casa y mi vestido es pobre;
sin embargo, mis cantares absurdos, inéditos, modestísimos
suman el pensamiento, TODO el pensamiento de la raza y la voz del instante;
soy un país HECHO poeta, por la gracia de Dios; desprecio el determinismo
de las ciencias parciales, convencionales, pues mi sabiduría monumental
surje pariendo axiomas desde lo infinito, y su elocuencia errante, fabulosa
y terrible crea mundos e inventa universos continuamente; afirmo o niego,
y mi pasión gigante atraviesa tronando el pueblo imbécil
del prejuicio, la mala aldea clerical de la rutina.
* * *
Atardeciendo me arrodillé junto a una inmensa y gris piedra
humilde, democrática, trágica, y su oratoria, su elocuencia
inmóvil habló conmigo en aquel sordo lenguaje cosmopolita
e ingenuo del ritmo universal; hoy, tendido a la sombra de los lagos he
sentido el llanto de los muertos flotando en las corolas; oigo crecer las
plantas y morir, los viajeros planetas degollados igual que animales, el
sol se pone al fondo de mis años lúgubres, amarillos, amarillos,
amarillos, las espigas van naciéndome, a media noche los eternos
ríos lloran a la orilla de mi tristeza y a mis dolores maximalistas
se les caen las hojas;. . .«buenos días, buenos días
árbol», dije al reventar la mañana sobre las rubias
cumbres chilenas, y más tarde clamaba: «estrellas, SOIS estrellas,
oh! prodigio...»
* * *
Mis pensamientos hacen sonar los siglos, todos los siglos; voy caminando,
caminando, caminando musicalmente y mis actos son himnos, cánticos
naturales, completamente naturales; las campanas del tiempo repican cuando
me oyen sentirme; constituyo el principio y la razón primordial
de todas las tonadas, el eco de mis trancos restalla en la eternidad, los
triángulos paradójicos de mi actitud resumen el gesto, el
gesto, la figura del super hombre loco que balanceó la cuna macabra
del orbe e iba enseñándole a hablar.
* * *
Los cantos de mi lengua tienen ojos y pies, ojos y pies, músculos,
alma, sensaciones, grandiosidad de héroes y pequeñas costumbres
modestas, simplisísimas, mínimas, simplisísimas de
recién nacidos, aullan y hacen congojas enormes, enormes, enormemente
enormes, sonríen, lloran, sonríen, escupen al cielo infame
o echan serpientes por la boca, obran, obran lomismo que gentes o pájaros,
dignifican el reino animal, el reino vegetal, el reino mineral, y son bestias
de mármol, bestias, bestias cuya sangre ardiendo y triste, triste,
asciende a ellos desde las entrañas del globo, y cuyo ser poliédrico,
múltiple, simultáneo está en los quinientos HORIZONTES
geográficos; florecen gozosos, redondos, sonoros en Octubre, dan
frutos rurales a principios de Mayo y Junio o a fines de Agosto, maduran
todo el año y desde nunca, desde nunca; anarquistas, estridentes,
impávidos, crean un individuo y una gigante realidad nueva, algo
que antes, antes, algo que antes no estaba en la tierra, prolongan mi anatomía
terrible hacia lo absoluto, aún existiendo independientemente; ¡tocad
su cuerpo, tocad su cuerpo y os ensangrentareis los dedos MISERABLES!..
!..
* * *
Ariel y Calibán, Egipto, Grecia, Egipto y SOBRE TODO Chile,
los cuadrados países prehistóricos, Jesús de Nazareth,
los cielos, las montañas, el mar y los hombres, los hombres, las
oceánicas multitudes, ciudades, campos, talleres, usinas, árboles,
flores, sepulcros, sanatorios, hospicios u hospitales, brutos de piel terrosa
y lejano mirar lleno de églogas, insectos y aves, pequeñas,
arminosas mujeres pálidas; el cosmos idiota, maravilloso, maravilloso,
maravilloso, maravilloso orienta mis palabras, y rodaré sonando
eternamente, como el viejo nidal, como el viejo nidal, como el viejo nidal
en donde anidan TODOS los gorjeos del mundo!...
Pablo Neruda
Pero Es Verdad Que Se Prepara
la insurrección de los chalecos?
Por qué otra vez la Primavera
ofrece sus vestidos verdes?
Por qué ríe la agricultura
del llanto pálido del cielo?
Cómo logró su libertad
la bicicleta abandonada?
Pablo Neruda
La Poesía
a buscarme. No sé, no sé de dónde
salió, de invierno o río.
No sé cómo ni cuándo,
no, no eran voces, no eran
palabras, ni silencio,
pero desde una calle me llamaba,
desde las ramas de la noche,
de pronto entre los otros,
entre fuegos violentos
o regresando solo,
allí estaba sin rostro
y me tocaba.
Yo no sabía qué decir, mi boca
no sabía
nombrar,
mis ojos eran ciegos,
y algo golpeaba en mi alma,
fiebre o alas perdidas,
y me fui haciendo solo,
descifrando
aquella quemadura,
y escribí la primera línea vaga,
vaga, sin cuerpo, pura
tontería,
pura sabiduría
del que no sabe nada,
y vi de pronto
el cielo
desgranado
y abierto,
planetas,
plantaciones palpitantes,
la sombra perforada,
acribillada
por flechas, fuego y flores,
la noche arrolladora, el universo.
Y yo, mínimo ser,
ebrio del gran vacío
constelado,
a semejanza, a imagen
del misterio,
me sentí parte pura
del abismo,
rodé con las estrellas,
mi corazón se desató en el viento.
Porfirio Barba Jacob
Retrato De Un Joven
y puras; con palabras de ensueño y de emoción:
que haya en la estrofa el ritmo de los golpes cordiales
y en la rima el encanto móvil de la ilusión.
Destacad su figura, neta, contra el azul
del cielo, en la mañana florida, sonreída:
que el sol la bañe al sesgo y la deje bruñida,
que destelle en los ojos una luz encendida,
que haga temblar las carnes un ansia contenida
y que el torso, y la frente, y los brazos nervudos,
y el cándido mirar, y la ciega esperanza,
compendien el radiante misterio de la vida...
Octavio Paz
Semillas Para Un Himno
Instantáneas (pero es verdad que el tiempo no se mide
Hay instantes que estallan y son astros
Otros son un río detenido y unos árboles fijos
Otros son ese mismo río arrasando los mismos árboles)
Infrecuentes
Instantáneas noticias favorables
Dos o tres nubes de cristal de roca
Horas altas como la marea
Estrépito de plumas blancas en el cielo nocturno
Islas en llamas en mitad del Pacífico
Mundos de imágenes suspendidos de un hilo de araña
Y entre todos la muchacha que avanza partiendo en dos las altas aguas
Como el sol la muchacha que se abre paso como la llama que avanza
Como el viento partiendo en dos la cortina de nubes
Bello velero femenino
Bello relámpago partiendo en dos al tiempo
Tus hombros tienen la marca de los dientes del amor
La noche polar arde
Infrecuentes
Instantáneas noticias del mundo
(Cuando el mundo entreabre sus puertas y el ángel cabecea a
la entrada del jardín)
Nunca merecidas
(Todo se nos da por añadidura
En una tierra condenada a repetirse sin tregua
Todos somos indignos
Hasta los muertos enrojecen
Hasta los ciegos deletrean la escritura del látigo
Racimos de mendigos cuelgan de las ciudades
Casas de ira torres de frente obtusa)
Infrecuentes
Instantáneas
No llegan siempre en forma de palabras
Brota una espiga de unos labios
Una forma veloz abre las alas
Imprevistas
Instantáneas
Como en la infancia cuando decíamos «ahí viene
un barco cargado de...»
Y brotaba instantánea imprevista la palabra convocada
Pez
Álamo
Colibrí
Y así ahora de mi frente zarpa un barco cargado de iniciales
Ávidas de encarnar en imágenes
Instantáneas
Imprevistas cifras del mundo
La luz se abre en las diáfanas terrazas del mediodía
Se interna en el bosque como una sonámbula
Penetra en el cuerpo dormido del agua
Por un instante están los nombres habitados
Octavio Paz
Semillas Para Un Himno
Tres nubes
Y estas pocas palabras
Al alba busca su nombre lo naciente
Sobre los troncos soñolientos centellea la luz
Galopan las montañas a la orilla del mar
El sol entra en las aguas con espuelas
La piedra embiste y rompe claridades
El mar se obstina y crece al pie del horizonte
Tierra confusa inminencia de escultura
El mundo alza la frente aún desnuda
Piedra pulida y lisa para grabar un canto
La luz despliega su abanico de nombres
Hay un comienzo de himno como un árbol
Hay el viento y nombres hermosos en el viento
Oliverio Girondo
Habría
o candor niño
o envión varón habría que osar izar un yo flamante
en gozo
o autoengendrar hundido en el propio ego pozo
un nimio virgo vicio
un semi tic o trauma o trac o toc novicios
un novococo inédito por poco
un mero medio huevo al menos de algo nuevo
e inmerso en el subyo intimísimo
volver a ver reverdecer la fe de ser
y creer en crear
y croar y croar
ante todo ende o duende visiblemente real o inexistente
o hacer hacer
dentro de un nido umbrío y tibio
un hijo mito
mixto de silbo ido y de hipo divo de ídolo
o en rancia última instancia del cotidiano entreasco
a escoplo y soplo mago
remodelar habría los orificios psíquicos y físicos
corrientes
de tanto espectro diario que desnutre la mecha
o un lazariento anhelo que todavía se yerga
como si pudiera
y darle con la proa de la lengua
y darle con las olas de la lengua
y furias y reflujos y mareas
al todo cráter cosmos
sin cráter
de la nada
Oliverio Girondo
Ante El Sabor Inmóvil
persona
cuando no neutros lapsus micropulpos engendros del sotedio
pueden antes que cóncavos ausentes en seminal yacencia
ser otros flujos ácidos del diurno sueño insomne
otros sorbos de páramo
tan viles vivas bilis de nonadas carcomas diametrales
aunque el sabor no cambie
y Ofelia pura costa sea un pescado reflejo de rocío de esclerosada
túnica sin lastre
un fósil loto amóvil entre remansos muslos puros juncos
de espasmo
un maxilar de luna sobre un canto rodado
tierno espectro fluctuante del novilunio arcaico dromedario
lejos ya de su neuro dubitabundo exnovio psiquisauce
aunque el sabor no cambie
y cualquier lacio cuajo invista nuevos huecos ante los ídem
lodos expartos bostezantes
peste con veste huéspedes del macrobarro grávido de muerte
y hueros logros de horas lagrimales
aunque el sabor no cambie
y el menos yo del uno en el total por nada
beato saldo de excoito amodorrado malentetando el asco
explore los estratos de su ámbito si sino
cada vez menos cráter
aunque el sabor no cambie
cada vez más burbúja de algánima no náyade
más amplio menos tránsfuga
tras sus estancas sienes de mercurio
o en las finales radas de lo obsceno de marismas de pelvis bajo el
agua
con su no llanto arena y sus mínimas muertes navegables
aunque el sabor no cambie
y sólo erecto espeso mascaduda insaciado en progresiva resta
ante el incierto ubicuo muy quizás equis deífico se malciña
la angustia interrogante
aunque el sabor no cambie
Oliverio Girondo
Abandoné Las Carambolas Por El Calambur
Abandoné las carambolas por el calambur, los madrigales por los
mamboretás, los entreveros por los entretelones, los invertidos
por los invertebrados. Dejé la sociabilidad a causa de los
sociólogos, de los solistas, de los sodomitas, de los
solitarios. No quise saber nada con los prostáticos.
Preferí el sublimado a lo sublime. Lo edificante a lo edificado.
Mi repulsión hacia los parentescos me hizo eludir los
padrinazgos, los padrenuestros. Conjuré las conjuraciones
más concomitantes con las conjugaciones conyugales. Fui
célibe, con el mismo amor propio con que hubiese sido paraguas.
A pesar de mis predilecciones, tuve que distanciarme de los
contrabandistas y de los contrabajos; pero intimé, en cambio,
con la flagelación, con los flamencos.
Lo irreductible me sedujo un instante. Creí, con una buena fe de
voluntario, en la mineralogía y en los minotauros. ¿Por
qué razón los mitos no repoblarían la aridez de
nuestras circunvoluciones? Durante varios siglos, la felicidad, la
fecundidad, la filosofía, la fortuna, ¿no se hospedaron
en una piedra?
¡Mi ineptitud llegó a confundir a un coronel con un
termómetro!
Renuncié a las sociedades de beneficencia, a los ejercicios
respiratorios, a la franela. Aprendí de memoria el horario de
los trenes que no tomaría nunca. Poco a poco me sedujeron el
recato y el bacalao. No consentí ninguna concomitancia con la
concupiscencia, con la constipación. Fui metodista, malabarista,
monogamista. Amé las contradicciones, las contrariedades, los
contrasentidos... y caí en el gatismo, con una violencia de
gatillo.
Nicanor Parra
Test
Un comerciante en urnas y ataúdes?
Un sacerdote que no cree en nada?
Un general que duda de sí mismo?
Un vagabundo que se ríe de todo
Hasta de la vejez y de la muerte?
Un interlocutor de mal carácter?
Un bailarín al borde del abismo?
Un narciso que ama a todo el mundo?
Un bromista sangriento
Deliberadamente miserable
Un poeta que duerme en una silla?
Un alquimista de los tiempos modernos?
Un revolucionario de bolsillo?
Un pequeño burgués?
Un charlatán?
un dios?
un inocente?
Un aldeano de Santiago de Chile?
Subraye la frase que considere correcta.
Qué es la antipoesía:
Un temporal en una taza de té?
Una mancha de nieve en una roca?
Un azafate lleno de excrementos humanos
Como lo cree el padre Salvatierra?
Un espejo que dice la verdad?
Un bofetón al rostro
Del Presidente de la Sociedad de Escritores?
(Dios lo tenga en su santo reino)
Una advertencia a los poetas jóvenes?
Un ataúd a chorro?
Un ataúd a fuerza centrífuga?
Un ataúd a gas de parafina?
Una capilla ardiente sin difunto?
Marque con una cruz
La definición que considere correcta.
Nicanor Parra
La Poesía Terminó Conmigo
No me hago ilusiones al respecto
Yo quería seguir poetizando
Pero se terminó la inspiración.
La poesía se ha portado bien
Yo me he portado horriblemente mal.
Qué gano con decir
Yo me he portado bien
La poesía se ha portado mal
Cuando saben que yo soy el culpable.
¡Está bien que me pase por imbécil!
La poesía se ha portado bien
Yo me he portado horriblemente mal
La poesía terminó conmigo.