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Trabajo y Profesión

Vicente Gerbasi

Vicente Gerbasi

Canto Xi

Por ti sé que el remo que regresa del horizonte,
y el hacha que al contacto del árbol
llena de resonancia el día,
y el martillo que aplasta el hierro
y lo moldea como una llama densa,
y la mano que amasa el barro, para la vivienda,
y amasa la harina para los hijos,
y para los hijos de nuestros hijos,
y el escalpelo que transmite sangre a la piedra,
elevando su suave gesto en la penumbra,
y la frente inclinada sobre la maravilla,
hacen la conclusión de la jornada.
Por ti sé que el paso de cada uno es solitario,
como un recuerdo, como un instante,
como la muerte de cada uno.
Por ti sé que el amigo es sagrado,
y que más vale un árbol con frutos
que brillantes monedas de oro.
Pero aquí estoy debatiéndome con sangre, imagen y lamento,
recogido en mi gesto como habitante que sale de la noche.
Por ti me alejo de las ruedas del lujo,
de la serpiente de oro, de la araña de cristal pulido,
de la cortina de azules mariposas.
La tierra nos reclama más cerca de sí misma,
más cerca del sueño en que la vemos.
Ráfagas solitarias se acercan a mi frente,
donde la noche mora temblando en los jazmines.
Fugaces resplandores pasan entre mis huesos,
mientras voy escuchando mis pasos en el polvo.
Avanzo, clamo, caigo, y yo mismo levanto
mi cuerpo abandonado.
Agítanse las sombras al golpe de la sangre,
con el trueno que enluta barrancos y montañas,
y en la humedad enciende cuchillos, ojos, cuerpo
y manos que socavan la soledad oscura.
Camino por escombros, recojo un niño herido
que interminablemente llama hacia las paredes.
Busco un pan, me persiguen
y mis rodillas sangran por largas madrugadas.
Padre de mis huellas,
padre de mi tristeza nocturna.
Y de mi poesía.
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Santiago Montobbio

Santiago Montobbio

Trans Tiberim (efístula Moral Contra Todos Y Más Aún En Contra Mía)

Hacen dinero o sueñan con orgullo
en poder hacerlo cualquier día;
hacen dinero y ni siquiera se dan cuenta
de que eso es lo que está muy bien que hagan
aquellos pobrecitos
que hacer otras cosas no sabrían.
Y hacen dinero, hacen dinero y para ello
se machacan y trituran
y no sé por qué ahora de pronto se me ocurre
que a su incomprensible actividad invariablemente le conviene
la palabra dentadura o el vocablo
frigorífico. Porque hacen dinero o se deshacen
pero no saben
ni de alma ni de pájaro.

Mas ante sus agresiones y mordazas
tú no sientas rabia oscura
y menos aún intentes explicarles
que un poeta en tarde gris
puede llegar a ser varios países,
porque fue la dignidad y no la poesía
lo que de verdad no te trajo sin cuidado
y también porque se sabe
que no ha de haber jamás lluvia que ablande
la cejijunta tierra del imbécil.

Así no sientas rabia sorda y así
jamás te expliques: esto sí que
no vayas nunca a hacerlo.
Y que con trabajo y de tus ojos
nada más llueva silencio, que con trabajo,
que con trabajo y para siempre
sea mudo todo gesto. Pues otra cosa
sería caer por completo en el destiempo,
si de hecho ya te importa un bledo
el vivir o tu escribir
y además parece seguro que el silencio
si no da serenidad al menos sí ha de evitar
el fastidio que causa producir
con el propio dolor malentendidos.
Y por ello todo esto debieras
ahora firmarlo, y prometerlo.

Aunque hay también que imaginar que el evidente
intento de homicidio que subyace
tras todo proyecto de escritura
pueda en protagonistas de una mala cinta convertirnos
y conseguir así que al lugar del crimen
volvamos algún día.

Porque, poeta desusado y para un tiempo
de estupidez tan manifiesta, ¿qué tierra
va a serte ya habitable
sino la que solitario construyas con las manos
de tu voz y tu conciencia?
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