Lista de Poemas

Te Amo Infancia, Te Amo

Te amo, infancia, te amo
porque aún me guardas un césped con cabras,
tardes con cielos de cometas
y racimos de frutas en los pesados ramajes.
1.253

Canto V

A veces caigo en mí, como viniendo de ti,
y me recojo en una tristeza inmóvil,
como una bandera que ha olvidado el viento.
Por mis sentidos pasan ángeles del crepúsculo
y lentos me aprisionan los círculos nocturnos.
Venimos de la noche y hacia la noche vamos.
Escucha. Yo te llamo desde un reloj de piedra,
donde caen las sombras, donde el silencio cae.
604

Escritos en la piedra, de Por arte de sol

En el valle que rodean montañas de la infancia
encontramos escritos en la piedra,
serpientes cinceladas, astros,
en un verano de negras termiteras.
En el silencio del tiempo vuelan los gavilanes,
cantan cigarras de tristeza
como en una apartada tarde de domingo.
Con el verano se desnudan los árboles,
se seca la tierra con sus calabazas.
Pero volverán las lluvias
y de nuevo nacerán las hojas
y los pequeños grillos de las praderas
bajo el soplo de una misteriosa nostalgia del mundo.

Y así para siempre
en torno a estos escritos en la piedra,
que recuerdan una raza antigua
y tal vez hablan de Dios.
498

En el fondo forestal del día, de Bosque doliente

El acto simple de la araña que teje una estrella
en la penumbra,
el paso elástico del gato hacia la mariposa,
la mano que resbala por la espalda tibia del caballo,
el olor sideral de la flor del café,
el sabor azul de la vainilla,
me detienen en el fondo del día.

Hay un resplandor cóncavo de helechos,
una resonancia de insectos,
una presencia cambiante del agua en los rincones pétreos.

Reconozco aquí mi edad hecha de sonidos silvestres,
de lumbre de orquídea,
de cálido espacio forestal,
donde el pájaro carpintero hace sonar el tiempo.
Aquí el atardecer inventa una roja pedrería,
una constelación de luciérnagas,
una caída de hojas lúcidas hacia los sentidos,
hacia el fondo del día,
donde se encantan mis huesos agrestes.
575

Canto Xv

Sí, la noche sostenida en las grandes hojas espesas,
en las lianas que bajan hasta las aguas negras,
como lentas serpientes encantadas por los brujos,
en los brillos que huyen como soplos azules,
dando un temblor fugaz a las ocultas flores,
te dio el secreto antiguo de mi ardorosa tierra.
Tocaste las raíces, las piedras y las frutas,
abrazando los árboles, corriste por pantanos,
penetraste en las cuevas, heriste el armadillo,
que semeja un cruzado de bruñidas corazas,
perdido en las penumbras de la selva y el río.
Viste las madrugadas de las lluvias calientes
y oíste el murmurar de árboles y animales,
ese reclamo eterno de la tierra en la noche
que a veces llora y grita y ronca en la pantera.
Y viste el estallido de las grandes semillas,
y el nacer de la hoja y el abrir de la flor.
Y hablaste, circundado por venados atónitos:
“¡Ampárame, oh tierra maravillosa!
Yo me estaré contigo adorando tus peñas
que en las penumbras tienen rostros de nuevos dioses.
Yo vengo de los puertos, de las casas oscuras,
donde el viento de enero destruye niños pobres,
donde el pan ha dejado de ser pan para los hombres.
Yo vengo de la guerra, del llanto y de la cruz.
¡Ampárame, oh tierra maravillosa!”
528

Escritos En La Piedra

En el valle que rodean montañas de la infancia
encontramos escritos en la piedra,
serpientes cinceladas, astros,
en un verano de negras termiteras.
En el silencio del tiempo vuelan los gavilanes,
cantan cigarras de tristeza
como en una apartada tarde de domingo.
Con el verano se desnudan los árboles,
se seca la tierra con sus calabazas.
Pero volverán las lluvias
y de nuevo nacerán las hojas
y los pequeños grillos de las praderas
bajo el soplo de una misteriosa nostalgia del mundo.
Y así para siempre
en torno a estos escritos en la piedra,
que recuerdan una raza antigua
y tal vez hablan de Dios.
571

Canto Xiv

Áspero cuero de tigre,
estrellada lentitud de arqueado lomo,
fuerte cabeza insomne,
dientes detenidos en la sombra.
El viento vegetal lame las peñas,
húmedas lumbres vagan por el río,
y tensos pasos hunden
las flores de la noche en la memoria.
635

Canto Xiii

¿Quién me llama, quién me enciende los ojos de leopardos
en la noche de los tamarindos?
Callan las guitarras el soplo misterioso de la muerte,
y las voces callan, y sólo los niños aún no pueden
descansar.
Ellos son los habitantes de la noche,
cuando el silencio se difunde en las estrellas,
y el animal doméstico se mueve por los corredores,
y los pájaros nocturnos visitan la iglesia de la aldea,
por donde pasan todos los muertos,
donde moran santos ensangrentados.
Por las sombras corren caballos sin cabeza,
y las arenas de la calle van hasta el confín,
donde el espanto reúne sus animales de fuego.
Y es la noche que ampara la existencia a solas,
en el niño insomne, en el buey cansado,
en el insecto que se defiende en la hojarasca,
en la curva de las colinas, en los resplandores
de las rocas y los helechos frente a los astros,
en el misterio en que te escucho
con una vasta soledad de mi corazón.
Padre mío, padre de mis sombras.
Y de mi poesía.
598

Canto Xii

Siempre te encuentro, oigo tu voz,
en mis horas más secretas, cuando refulgen las gemas del alma,
como heridas por la luz de los sentidos,
cuando el tiempo me convoca a los acordes del día,
y enciende en torno a mi ser flores silvestres;
cuando la noche viene impulsando colores densos por el cielo,
como batallas del paraíso o anunciaciones sagradas;
cuando el campo se lamenta en sus animales;
cuando la madre llora y sobre su cabeza
la noche derrama su pesadumbre y el querer estar a solas;
cuando siento entrar por la ventana,
a la quieta soledad de la tristeza,
el aire de los árboles cercanos.
Tu vida y tu muerte, tuyas para siempre,
como es para sí el sueño que se ahoga en un pozo perdido,
en mí se juntan y me difunden en la tierra,
en ese instante que se detiene iluminando la memoria,
igual al relámpago que enciende un horizonte sagrado,
en el momento en que el día y la noche se juntan,
plenos de profundidades de lo eterno,
en una densa agitación de oscuros caballos celestes
que se agigantan para el engendro de un poderoso enigma,
sobre las montañas, sobre las ciudades
y las frentes pensativas.
Padre de mi soledad.
Y de mi poesía.
607

Canto Xi

Por ti sé que el remo que regresa del horizonte,
y el hacha que al contacto del árbol
llena de resonancia el día,
y el martillo que aplasta el hierro
y lo moldea como una llama densa,
y la mano que amasa el barro, para la vivienda,
y amasa la harina para los hijos,
y para los hijos de nuestros hijos,
y el escalpelo que transmite sangre a la piedra,
elevando su suave gesto en la penumbra,
y la frente inclinada sobre la maravilla,
hacen la conclusión de la jornada.
Por ti sé que el paso de cada uno es solitario,
como un recuerdo, como un instante,
como la muerte de cada uno.
Por ti sé que el amigo es sagrado,
y que más vale un árbol con frutos
que brillantes monedas de oro.
Pero aquí estoy debatiéndome con sangre, imagen y lamento,
recogido en mi gesto como habitante que sale de la noche.
Por ti me alejo de las ruedas del lujo,
de la serpiente de oro, de la araña de cristal pulido,
de la cortina de azules mariposas.
La tierra nos reclama más cerca de sí misma,
más cerca del sueño en que la vemos.
Ráfagas solitarias se acercan a mi frente,
donde la noche mora temblando en los jazmines.
Fugaces resplandores pasan entre mis huesos,
mientras voy escuchando mis pasos en el polvo.
Avanzo, clamo, caigo, y yo mismo levanto
mi cuerpo abandonado.
Agítanse las sombras al golpe de la sangre,
con el trueno que enluta barrancos y montañas,
y en la humedad enciende cuchillos, ojos, cuerpo
y manos que socavan la soledad oscura.
Camino por escombros, recojo un niño herido
que interminablemente llama hacia las paredes.
Busco un pan, me persiguen
y mis rodillas sangran por largas madrugadas.
Padre de mis huellas,
padre de mi tristeza nocturna.
Y de mi poesía.
574

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Identificación y contexto básico

Vicente Gerbasi fue un poeta, ensayista y diplomático venezolano, considerado una de las figuras más importantes de la poesía de Venezuela en el siglo XX. Su obra está intrínsecamente ligada a la búsqueda de la identidad nacional y a la reflexión sobre la realidad histórica y social de su país.

Infancia y formación

Nacido en Canoabo, Venezuela, su infancia y juventud transcurrieron en un entorno rural que marcaría profundamente su obra. Se formó en Caracas y desarrolló un temprano interés por la literatura, la historia y la política, lo que le llevó a estudiar derecho. Sus lecturas abarcaron desde los clásicos hasta las vanguardias literarias.

Trayectoria literaria

La carrera literaria de Gerbasi se inició en la década de 1940, publicando su primer poemario "Vigilia del alba". A lo largo de su vida, se convirtió en una voz fundamental de la poesía venezolana, explorando temas como la tierra, la historia, la mitología y la condición humana. Su labor como diplomático le permitió mantener un contacto con la cultura internacional, enriqueciendo su perspectiva.

Obra, estilo y características literarias

Entre sus obras más representativas se encuentran "Mi país " (1950), "La ceiba de tierra" (1954) y "Losí" (1980). Su poesía se caracteriza por un lenguaje vigoroso, de gran fuerza expresiva, y por la exploración de temas como la identidad venezolana, la historia de América Latina, la naturaleza exuberante de su tierra y la reflexión sobre el tiempo y la muerte. Su estilo es a menudo épico y telúrico, con una profunda conexión con la tierra y sus mitos.

Contexto cultural e histórico

Gerbasi vivió la convulsa historia de Venezuela en el siglo XX, marcada por dictaduras y cambios políticos. Su obra refleja un compromiso con la realidad de su país y una búsqueda constante de sentido en su historia y su paisaje. Perteneció a una generación de escritores que intentaron definir la venezolanidad a través de la literatura.

Vida personal

Además de su labor literaria, Gerbasi desempeñó una importante carrera diplomática, representando a Venezuela en diversos países. Esta experiencia le brindó una perspectiva amplia sobre las relaciones internacionales y la cultura universal, que se reflejó en su obra.

Reconocimiento y recepción

Vicente Gerbasi fue ampliamente reconocido en Venezuela y en el ámbito latinoamericano. Recibió importantes distinciones y premios literarios, y su obra es estudiada como un pilar de la literatura venezolana contemporánea. Su poesía es valorada por su fuerza telúrica y su profunda reflexión sobre la identidad.

Influencias y legado

Su obra se nutre de la tradición literaria hispanoamericana y de las vanguardias europeas, pero con una voz muy personal y arraigada en la realidad de su tierra. Ha influido en generaciones posteriores de poetas venezolanos por su capacidad para conjugar lo local con lo universal y su potente lenguaje poético.

Interpretación y análisis crítico

La crítica ha destacado en Gerbasi su habilidad para crear una mitología propia de su país, su exploración de la dualidad entre el ser y el devenir, y su profunda indagación en la condición humana a través del prisma de la realidad latinoamericana.

Infancia y formación

Su faceta como diplomático le permitió conocer de cerca otras culturas y realidades, lo que enriqueció su visión del mundo y de la poesía.

Muerte y memoria

Vicente Gerbasi falleció en Caracas, dejando un legado literario y cultural de gran valor para Venezuela y América Latina.