Citas en este tema
Sociedad y el Mundo
Niccolò Machiavelli
E l odio nace cuando el príncipe roba y usurpa los bienes y las mujeres de sus súbditos, de lo cual tiene que abstenerse
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Niccolò Machiavelli
Ninguna fuerza doma, ningún tiempo consume, ningún mérito iguala, el nombre de la libertad
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Niccolò Machiavelli
Un príncipe que tenga una ciudad fuerte y que no sea odiado por su pueblo no puede ser atacado
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Niccolò Machiavelli
Los hombres rara vez tienen el valor suficiente para ser o extremadamente buenos o extremadamente malos
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Niccolò Machiavelli
Jamás persona alguna de humilde estado ha ganado gran poder sólo por medio de la fuerza, pero sí sólo con la astucia
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Niccolò Machiavelli
Un príncipe jamás predica otra cosa que concordia y buena fe. Y es enemigo acérrimo de ambas, ya que si las hubiese observado, habría perdido más de una vez la fama y las tierras
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Niccolò Machiavelli
Un príncipe jamás predica otra cosa que concordia y buena fe. Y es enemigo acérrimo de ambas, ya que si las hubiese observado, habría perdido más de una vez la fama y las tierras
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Niccolò Machiavelli
Es más sensato quedarse con la fama de tacaño, que genera una mala fama sin odio, que por buscar la reputación de liberal, ganarse la fama de ladrón que genera mala fama y odio a la vez; se debe ocultar el liberalismo
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Niccolò Machiavelli
Los que llegan a ser príncipe por la fortuna, les resulta fácil ascender, pero muy difícil mantenerse en el poder
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Niccolò Machiavelli
Los que llegan a ser príncipe por la fortuna, les resulta fácil ascender, pero muy difícil mantenerse en el poder
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Niccolò Machiavelli
La fortuna es mujer y, si se quiere dominarla, hay que maltratarla y tenerla a freno
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Niccolò Machiavelli
Aquel que en un principado no advierte los males cuando nacen no es verdaderamente sabio, y es un don que pocos tienen
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Niccolò Machiavelli
Castigar a uno o dos transgresores para que sirva de ejemplo es más benévolo que ser demasiado compasivo
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Niccolò Machiavelli
Cuando los estados que se conquistan están acostumbrados a vivir en libertad, hay tres formas de conservarlos: destruirlos, vivir allí personalmente o dejar que sigan viviendo con sus leyes
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