Tiempo y su Transcurso
Charles Baudelaire
Para no ser los esclavos martirizados del tiempo, embriagaos. ¡Embriagaos sin cesar! Con vino, poesía o virtud, a vuestra guisa
Arthur Schopenhauer
Para que el mundo o el hombre alcanzasen la felicidad suprema y auténtica haría falta, ante todo, detener el tiempo .
Arthur Schopenhauer
El tiempo es como una rueda fijada que gira con la rapidez del rayo sin moverse de su sitio.
Arthur Schopenhauer
El tiempo es eso que siempre nos toma el pelo y cuyos trucos no descubrimos nunca.
Arthur Schopenhauer
Por mucho que cambien las obras y las máscaras en el escenario del mundo, los actores siguen siendo los mismos en todas. Estamos reunidos y nos enfadamos unos con otros, los ojos brillan y las voces se hacen más audibles. De igual manera se han reunido otros hace mil años: era lo mismo y eran los mismos, e igual será dentro de mil años. El dispositivo por el cual no nos damos cuenta de ello es el tiempo.
Arthur Schopenhauer
La infinitud del tiempo y la nihilidad de todo su contenido se siguen recíprocamente la una de la otra. Lo que desde lo inagotable se da sin fin ni medida no puede existir en sí mismo, sólo puede ser un engaño, no puede tener valor alguno.
Arthur Schopenhauer
Lo que se opone a que los hombres lleguen a ser más sabios y prudentes es, entre otras cosas, la brevedad de la vida. Cada treinta años llega una generación nueva que no sabe nada y tiene que empezar desde el comienzo. [apuntes Senilia para los Parerga]
Arthur Schopenhauer
¡Qué insensato resulta lamentarse y quejarse de tiempos remotos en los que se dejó pasar la ocasión para esta o aquella dicha, para este o aquel placer! ¿Qué se habría ganado con ello? La seca momia de un recuerdo. Aunque así ocurre con todo cuanto nos ha tocado en suerte. Por lo tanto, la forma del tiempo es ella misma el medio calculado para enseñarnos la nihilidad de todos los placeres terrenos.
Arthur Schopenhauer
El tiempo es un mecanismo de nuestro cerebro para dar a la por completo nula existencia de las cosas y de nuestro yo una apariencia de realidad mediante la duración.
Arthur Schopenhauer
Nadie ha vivido en el pasado y nadie vivirá en el futuro; sólo en el presente se da toda vida, su posesión, y nunca puede ser arrancada de él. Es este el único consuelo frente a la transitoriedad del individuo, en tanto que la voluntad de vivir está aquí durante mucho tiempo.
Arthur Schopenhauer
Quien considere que su existencia se limita a su vida actual, se considera también una nada viviente: pues hace treinta años no era nada, y dentro de otros treinta volverá a no ser nada.
Arthur Schopenhauer
¿De qué manera podría soportar la voluntad de vivir esta vacía, hueca y dolorosa existencia por un tiempo sin fin si la muerte y su hermano, el nacimiento, no renovaran el intelecto para cada voluntad individual, siendo así el Leteo que le arrebata a lo insoportable al menos la monotonía, en tanto que hace aparecer como algo nuevo lo que siempre se reitera millones de veces? [Apuntes Senilia, empleado en PP, II, § 140]
Arthur Schopenhauer
Si se piensa bien, se comprenderá que, en realidad, todo lo perecedero nunca ha existido verdaderamente 12 .
Arthur Schopenhauer
Cualquier ser situado en el tiempo es, también, un no-ser, ya que el tiempo es lo que hace que las cosas adquieran determinaciones contrapuestas: por eso, los fenómenos que se dan en el tiempo no regresan, pues lo que separa su comienzo y su final es, en sí, algo vaporoso, carente de firmeza, algo relativo, que recibe el nombre de duración.
Arthur Schopenhauer
El reloj mide el tiempo, pero no lo crea . Si todos los relojes quedaran inmóviles, si el mismísimo sol se parara, si cesara cualquier movimiento o cambio, ello no impediría ni por un momento el curso del tiempo, sino que éste continuaría su fluir uniforme y transcurriría sin estar acompañado de cambios.
Arthur Schopenhauer
El mundo no ha sido creado, pues –como dice Ocellus Lucanus 8 – ha existido desde siempre; esto se debe concretamente a que el tiempo está supeditado al ser que conoce, y con ello al mundo, como el mundo al tiempo . El mundo no es posible sin el tiempo, pero el tiempo tampoco sin el mundo. Ambos son por ello inseparables y es tan poco posible siquiera pensar un tiempo en el que no hubo ningún mundo, como un mundo que no existiera en un tiempo.