Poemas en este tema
Emociones y Sentimientos
José Martí
¡oh, Nave !
Oh, nave, oh pobre nave:
Pusiste al cielo el rumbo, engaño grave!
¡Y andando por mar seco
Con estrépito horrendo, diste en hueco!
Castga así la tierra a quien la olvida
Y a quien la vida burla, hunde en la vida:
¡Bien solitario estoy, y bien desnudo,
Pero en tu pecho, oh niño, está mi escudo!
Pusiste al cielo el rumbo, engaño grave!
¡Y andando por mar seco
Con estrépito horrendo, diste en hueco!
Castga así la tierra a quien la olvida
Y a quien la vida burla, hunde en la vida:
¡Bien solitario estoy, y bien desnudo,
Pero en tu pecho, oh niño, está mi escudo!
780
José Martí
¡oh, Nave !
Oh, nave, oh pobre nave:
Pusiste al cielo el rumbo, engaño grave!
¡Y andando por mar seco
Con estrépito horrendo, diste en hueco!
Castga así la tierra a quien la olvida
Y a quien la vida burla, hunde en la vida:
¡Bien solitario estoy, y bien desnudo,
Pero en tu pecho, oh niño, está mi escudo!
Pusiste al cielo el rumbo, engaño grave!
¡Y andando por mar seco
Con estrépito horrendo, diste en hueco!
Castga así la tierra a quien la olvida
Y a quien la vida burla, hunde en la vida:
¡Bien solitario estoy, y bien desnudo,
Pero en tu pecho, oh niño, está mi escudo!
780
José Martí
Al Extranjero
Hoja tras hoja de papel consumo:
Rasgos, consejos, iras, letras fieras
Que parecen espadas: Lo que escribo,
Por compasión lo borro, porque el crimen,
El crimen es al fin de mis hermanos.
Huyo de mí, tiemblo del sol; quisiera
Saber dónde hace el topo su guarida,
Dónde oculta su escama la serpiente,
Dónde sueltan la carga los traidores,
Y dónde no hay honor, sino ceniza:
¡Allí, mas sólo allí, decir pudiera
Lo que dicen y viven!, ¡que mi patria
Piensa en unirse al bárbaro extranjero!
Rasgos, consejos, iras, letras fieras
Que parecen espadas: Lo que escribo,
Por compasión lo borro, porque el crimen,
El crimen es al fin de mis hermanos.
Huyo de mí, tiemblo del sol; quisiera
Saber dónde hace el topo su guarida,
Dónde oculta su escama la serpiente,
Dónde sueltan la carga los traidores,
Y dónde no hay honor, sino ceniza:
¡Allí, mas sólo allí, decir pudiera
Lo que dicen y viven!, ¡que mi patria
Piensa en unirse al bárbaro extranjero!
751
José Martí
¡hala, Hala!
Hala, hala
¡Da vueltas a la noria, arrastra el ala!
Rosa que alegra el aire al sol que asoma
De aires te deja ¡estúpida conseja!
Y ven en la olla negra a echar tu aroma.
Alma, que dulcemente te consumes,
Y en esta muerte ves sabrosa suerte,
¡Almas abajo,abajo los perfumes!
La vida es un molino:
Hay que ganar el pan y hacer el vino.
Ya sé que vas sangrando y malherida,
Y a cada gota de tu sangre brota
Una cruz de jacinto florecida.
Ya sé que a cada noche alzas el vuelo
A las estrellas y que bajas de ellas
Con un dolor tan grande corno el cielo.
Morir es un deleite:
Pero un tirano nos echó a la vida,
Y a la terrible lámpara encendida,
¡Alma infeliz! hay que nutrir de aceite.
¡Hala, alma, hala!
¡Da vueltas a la noria, arrastra el ala!
822
José Martí
La Noche Es La Propicia
La noche es la propicia
Amiga de los versos. Quebrantada,
Como la mies bajo la trilla, nace
En las horas ruidosas la Poesía.
A la creación la oscuridad conviene
Las serpientes, de día entrelazadas
Al pensamiento, duermen: las vilezas
Nos causan más horror, vistas a solas.
Deja el silencio una impresión de altura:
- Y con imperio pudoroso, tiende
Por sobre el mundo el corazón sus alas.
¡ Noche amiga, [ ..........Verso incompleto.............. ] noche
creadora!:
Más que el mar, más que el cielo, más que el ruido
De los volcanes, más que la tremenda
Convulsión de la tierra, tu hermosura
Sobre la tierra la rodilla encorva.
A la tarde con paso majestuoso
Por su puerta de acero entra la altiva
Naturaleza, calla, y cubre al mundo,
La oscuridad fecunda de la noche:
Surge el vapor de la fresca tierra,
Pliegan sus bordes las cansadas hojas;
Y en el ramaje azul tiemblan los nidos.
Como en un cesto de coral, sangrientas,
En el día, las bárbaras imágenes
Frente al hombre, se estrujan: tienen miedo:
Y en la taza del cráneo adolorido
Crujen las alas rotas de los cisnes
Que mueren del dolor de su blancura.
¡Oh, cómo pesan en el alma triste
Estas aves crecidas que le nacen
Y mueren sin volar!
¡Flores de plumas
Bajo los pobres versos, estas flores,
Flores de funeral! ¿Donde, lo blanco
Podrá, segura el ala, abrir el vuelo?
¿Dónde no será crimen la hermosura?
Óleo sacerdotal unge las sienes
Cuando el silencio de la noche empieza:
Y como reina que se sienta, brilla
La majestad del hombre acorralada.
Vibra el amor, gozan las flores, se abre
Al beso [ ..........Verso incompleto.............. ] de un creador que cruza
La sazonada mente: el frío invita
A la divinidad; y envuelve al mundo
La casta soledad, madre del verso.
1.205
José Martí
Vino De Chianti
Hay un derecho
Natural al amor: ¿reside acaso,
Chianti, en tu áspera gota, en tu mordente
Vino, que habla y engendra, o en la justa sabia
Unión de la hermosura y el deseo?
Cuanto es bello, ya es mío: no cortejo,
Ni engaño vil, ni mentiroso adulo:
De los menores es el amarillo
Oro que entre las rocas serpentea,
De los menores: para mí es el oro
Del vello rubio y de la piel trigueña.
Mi título al nacer puso en mi cuna,
El sol que al cielo consagró mi frente.
Yo sólo sé de amor. Tiemblo espantado
Cuando, como culebras, las pasiones
Del hombre envuelven tercas mi rodilla;
Ciñen mis muslos, y echan a mis alas,
Lucha pueril, las lívidas cabezas:
Por ellas tiemblo, no por mí, a mis alas
No llegarán jamás: antes las cubro
Para que ni las vean: el bochorno
Del hombre es mi bochorno: mis mejillas
Sufren de la maldad del Universo:
Loco es mi amor, y, como el sol, revienta
En luz, pinta la nube, alegra la onda.
Y con suave calor, como la amiga
Mano que al tigre tempestuoso aquieta,
Dorna la sombra, y pálido difunde
Su beldad estelar en las negruzcas
Sirtes, tremendas abras, alevosos
Despeñaderos, donde el lobo atisba,
Arropado en la noche, al que la espanta
Con el fulgor de su alba vestidura.
800
José Martí
Vierte, Corazón, Tu Pena
Vierte, corazón, tu pena
Donde no se llegue a ver,
Por soberbia, y por no ser
Motivo de pena ajena.
Yo te quiero, verso amigo,
Porque cuando siento el pecho
Ya muy cargado y deshecho,
Parto la carga contigo.
Tú me sufres, tú aposentas
En tu regazo amoroso,
Todo mi amor doloroso,
Todas mis ansias y afrentas.
Tú, porque yo pueda en calma
Amar y hacer bien, consientes
En enturbiar tus corrientes
Con cuanto me agobia el alma.
Tú, porque yo cruce fiero
La tierra, y sin odio, y puro,
Te arrastras, pálido y duro,
Mi amoroso compañero.
Mi vida así se encamina
Al cielo limpia y serena,
Y tú me cargas mi pena
Con tu paciencia divina.
Y porque mi cruel costumbre
De echarme en ti se desvía
De tu dichosa armonía
Y natural mansedumbre;
Porque mis penas arrojo
Sobre tu seno, y lo azotan,
Y tu corriente alborotan,
Y acá lívido, allá rojo,
Blanco allá como la muerte,
Ora arremetes y ruges,
Ora con el peso crujes
De un dolor más que tú fuerte,
¿Habré, como me aconseja
Un corazón mal nacido,
De dejar en el olvido
A aquel que nunca me deja?
¡Verso, nos hablan de un Dios
Adonde van los difuntos:
Verso, o nos condenan juntos,
O nos salvamos los dos!
Donde no se llegue a ver,
Por soberbia, y por no ser
Motivo de pena ajena.
Yo te quiero, verso amigo,
Porque cuando siento el pecho
Ya muy cargado y deshecho,
Parto la carga contigo.
Tú me sufres, tú aposentas
En tu regazo amoroso,
Todo mi amor doloroso,
Todas mis ansias y afrentas.
Tú, porque yo pueda en calma
Amar y hacer bien, consientes
En enturbiar tus corrientes
Con cuanto me agobia el alma.
Tú, porque yo cruce fiero
La tierra, y sin odio, y puro,
Te arrastras, pálido y duro,
Mi amoroso compañero.
Mi vida así se encamina
Al cielo limpia y serena,
Y tú me cargas mi pena
Con tu paciencia divina.
Y porque mi cruel costumbre
De echarme en ti se desvía
De tu dichosa armonía
Y natural mansedumbre;
Porque mis penas arrojo
Sobre tu seno, y lo azotan,
Y tu corriente alborotan,
Y acá lívido, allá rojo,
Blanco allá como la muerte,
Ora arremetes y ruges,
Ora con el peso crujes
De un dolor más que tú fuerte,
¿Habré, como me aconseja
Un corazón mal nacido,
De dejar en el olvido
A aquel que nunca me deja?
¡Verso, nos hablan de un Dios
Adonde van los difuntos:
Verso, o nos condenan juntos,
O nos salvamos los dos!
946
José Martí
Vierte, Corazón, Tu Pena
Vierte, corazón, tu pena
Donde no se llegue a ver,
Por soberbia, y por no ser
Motivo de pena ajena.
Yo te quiero, verso amigo,
Porque cuando siento el pecho
Ya muy cargado y deshecho,
Parto la carga contigo.
Tú me sufres, tú aposentas
En tu regazo amoroso,
Todo mi amor doloroso,
Todas mis ansias y afrentas.
Tú, porque yo pueda en calma
Amar y hacer bien, consientes
En enturbiar tus corrientes
Con cuanto me agobia el alma.
Tú, porque yo cruce fiero
La tierra, y sin odio, y puro,
Te arrastras, pálido y duro,
Mi amoroso compañero.
Mi vida así se encamina
Al cielo limpia y serena,
Y tú me cargas mi pena
Con tu paciencia divina.
Y porque mi cruel costumbre
De echarme en ti se desvía
De tu dichosa armonía
Y natural mansedumbre;
Porque mis penas arrojo
Sobre tu seno, y lo azotan,
Y tu corriente alborotan,
Y acá lívido, allá rojo,
Blanco allá como la muerte,
Ora arremetes y ruges,
Ora con el peso crujes
De un dolor más que tú fuerte,
¿Habré, como me aconseja
Un corazón mal nacido,
De dejar en el olvido
A aquel que nunca me deja?
¡Verso, nos hablan de un Dios
Adonde van los difuntos:
Verso, o nos condenan juntos,
O nos salvamos los dos!
Donde no se llegue a ver,
Por soberbia, y por no ser
Motivo de pena ajena.
Yo te quiero, verso amigo,
Porque cuando siento el pecho
Ya muy cargado y deshecho,
Parto la carga contigo.
Tú me sufres, tú aposentas
En tu regazo amoroso,
Todo mi amor doloroso,
Todas mis ansias y afrentas.
Tú, porque yo pueda en calma
Amar y hacer bien, consientes
En enturbiar tus corrientes
Con cuanto me agobia el alma.
Tú, porque yo cruce fiero
La tierra, y sin odio, y puro,
Te arrastras, pálido y duro,
Mi amoroso compañero.
Mi vida así se encamina
Al cielo limpia y serena,
Y tú me cargas mi pena
Con tu paciencia divina.
Y porque mi cruel costumbre
De echarme en ti se desvía
De tu dichosa armonía
Y natural mansedumbre;
Porque mis penas arrojo
Sobre tu seno, y lo azotan,
Y tu corriente alborotan,
Y acá lívido, allá rojo,
Blanco allá como la muerte,
Ora arremetes y ruges,
Ora con el peso crujes
De un dolor más que tú fuerte,
¿Habré, como me aconseja
Un corazón mal nacido,
De dejar en el olvido
A aquel que nunca me deja?
¡Verso, nos hablan de un Dios
Adonde van los difuntos:
Verso, o nos condenan juntos,
O nos salvamos los dos!
946
José Martí
Vierte, Corazón, Tu Pena
Vierte, corazón, tu pena
Donde no se llegue a ver,
Por soberbia, y por no ser
Motivo de pena ajena.
Yo te quiero, verso amigo,
Porque cuando siento el pecho
Ya muy cargado y deshecho,
Parto la carga contigo.
Tú me sufres, tú aposentas
En tu regazo amoroso,
Todo mi amor doloroso,
Todas mis ansias y afrentas.
Tú, porque yo pueda en calma
Amar y hacer bien, consientes
En enturbiar tus corrientes
Con cuanto me agobia el alma.
Tú, porque yo cruce fiero
La tierra, y sin odio, y puro,
Te arrastras, pálido y duro,
Mi amoroso compañero.
Mi vida así se encamina
Al cielo limpia y serena,
Y tú me cargas mi pena
Con tu paciencia divina.
Y porque mi cruel costumbre
De echarme en ti se desvía
De tu dichosa armonía
Y natural mansedumbre;
Porque mis penas arrojo
Sobre tu seno, y lo azotan,
Y tu corriente alborotan,
Y acá lívido, allá rojo,
Blanco allá como la muerte,
Ora arremetes y ruges,
Ora con el peso crujes
De un dolor más que tú fuerte,
¿Habré, como me aconseja
Un corazón mal nacido,
De dejar en el olvido
A aquel que nunca me deja?
¡Verso, nos hablan de un Dios
Adonde van los difuntos:
Verso, o nos condenan juntos,
O nos salvamos los dos!
Donde no se llegue a ver,
Por soberbia, y por no ser
Motivo de pena ajena.
Yo te quiero, verso amigo,
Porque cuando siento el pecho
Ya muy cargado y deshecho,
Parto la carga contigo.
Tú me sufres, tú aposentas
En tu regazo amoroso,
Todo mi amor doloroso,
Todas mis ansias y afrentas.
Tú, porque yo pueda en calma
Amar y hacer bien, consientes
En enturbiar tus corrientes
Con cuanto me agobia el alma.
Tú, porque yo cruce fiero
La tierra, y sin odio, y puro,
Te arrastras, pálido y duro,
Mi amoroso compañero.
Mi vida así se encamina
Al cielo limpia y serena,
Y tú me cargas mi pena
Con tu paciencia divina.
Y porque mi cruel costumbre
De echarme en ti se desvía
De tu dichosa armonía
Y natural mansedumbre;
Porque mis penas arrojo
Sobre tu seno, y lo azotan,
Y tu corriente alborotan,
Y acá lívido, allá rojo,
Blanco allá como la muerte,
Ora arremetes y ruges,
Ora con el peso crujes
De un dolor más que tú fuerte,
¿Habré, como me aconseja
Un corazón mal nacido,
De dejar en el olvido
A aquel que nunca me deja?
¡Verso, nos hablan de un Dios
Adonde van los difuntos:
Verso, o nos condenan juntos,
O nos salvamos los dos!
946
José Martí
Estas Que Ofrezco, No Son Composiciones Acabadas
Estas que ofrezco, no son composiciones acabadas: son, ¡ay de
mí! notas de imágenes tomadas al vuelo, y como para que
no se escapasen, entre la muchedumbre antiática de las calles,
entre el rodar estruendoso y arrebatado de los ferrocarriles, o en los
quehaceres apremiantes e inflexibles de un escritorio de comercio
refugio cariñoso del proscripto.
Por qué las publico, no sé: tengo un miedo pueril de no
publicarlas ahora. Yo desdeño todo lo mío: y a estos
versos, atormentados y rebeldes, sombríos y querellosos, los
mimo, y los amo.
Otras cosas podría hacer: acaso no las hago, no las intento
acaso, robando horas al sueño, únicas horas mías,
porque me parece la expresión la hembra del acto, y mientras hay
qué hacer, me parece la mera expresión indigno empleo de
fuerzas del hombre. Cada día, de tanta imagen que viene a
azotarme las sienes, y a pasearse, como buscando forma, ante mis ojos,
pudiera hacer un tomo como éste, ¡pero el buey ara
con el arpa de David, que haría sonora la tierra, sino con el
arado, que no es lira! ¡Y se van las imágenes, llorosas y
torvas, desvanecidas corno el humo: y yo me quedo, congojoso y triste,
como quien ha faltado a su deber o no ha hecho bien los honores de la
visita a una dama benévola y hermosa: y a mis solas, y donde
nadie lo sospeche, y sin lágrimas, lloro.
De estos tormentos nace, y con ellos se excusa, este libro de versos.
¡Pudiera surgir de él, como debiera surgir de toda vida,
rumbo a la muerte consoladora, un águila blanca!
Ya sé que están escritos en ritmo desusado, que por esto,
o por serlo de veras, va a parecer a muchos duro. ¿Mas, con
qué derecho puede quebrar la mera voluntad artística, la
vulgar sujeción a tradiciones extrañas e infecundas, la
forma natural y sagrada, en que, como la carne de la idea, envía
el alma los versos a los labios? Ciertos versos pueden hacerse en toda
forma: otros, no. A cada estado de alma, un metro nuevo. Da el amor
versos claros y sonoros, y no sé por qué, en esas horas
de florescencia, vertimiento, grata congoja, vigor pujante y generoso
reboso del espíritu, recuerdo esas gallardas velas blancas que
en el mar sereno cruzan por frente a playas limpias bajo un cielo
bruñido. Del dolor, saltan los versos, como las espadas de la
vaina, cuando las sacude en ellas la ira, como las negras olas de
turbia y alta cresta que azotan los ijares fatigados de un buque
formidable en horas de tormenta.
Se encabritan los versos, como las olas: se rompen con fragor o se
mueven pesadamente, como fieras en jaula y con indómito y
trágico desorden, como las aguas contra el barco. Y parece como
que se escapa de Los versos, escondiendo sus heridas, un alma
sombría, que asciende velozmente por el lúgubre espacio,
envuelta en ropas negras. ¡Cuán extraño que se
abrieran las negras vestiduras y cayera de ellas un ramo de rosas!
¡Flores del destierro!
mí! notas de imágenes tomadas al vuelo, y como para que
no se escapasen, entre la muchedumbre antiática de las calles,
entre el rodar estruendoso y arrebatado de los ferrocarriles, o en los
quehaceres apremiantes e inflexibles de un escritorio de comercio
refugio cariñoso del proscripto.
Por qué las publico, no sé: tengo un miedo pueril de no
publicarlas ahora. Yo desdeño todo lo mío: y a estos
versos, atormentados y rebeldes, sombríos y querellosos, los
mimo, y los amo.
Otras cosas podría hacer: acaso no las hago, no las intento
acaso, robando horas al sueño, únicas horas mías,
porque me parece la expresión la hembra del acto, y mientras hay
qué hacer, me parece la mera expresión indigno empleo de
fuerzas del hombre. Cada día, de tanta imagen que viene a
azotarme las sienes, y a pasearse, como buscando forma, ante mis ojos,
pudiera hacer un tomo como éste, ¡pero el buey ara
con el arpa de David, que haría sonora la tierra, sino con el
arado, que no es lira! ¡Y se van las imágenes, llorosas y
torvas, desvanecidas corno el humo: y yo me quedo, congojoso y triste,
como quien ha faltado a su deber o no ha hecho bien los honores de la
visita a una dama benévola y hermosa: y a mis solas, y donde
nadie lo sospeche, y sin lágrimas, lloro.
De estos tormentos nace, y con ellos se excusa, este libro de versos.
¡Pudiera surgir de él, como debiera surgir de toda vida,
rumbo a la muerte consoladora, un águila blanca!
Ya sé que están escritos en ritmo desusado, que por esto,
o por serlo de veras, va a parecer a muchos duro. ¿Mas, con
qué derecho puede quebrar la mera voluntad artística, la
vulgar sujeción a tradiciones extrañas e infecundas, la
forma natural y sagrada, en que, como la carne de la idea, envía
el alma los versos a los labios? Ciertos versos pueden hacerse en toda
forma: otros, no. A cada estado de alma, un metro nuevo. Da el amor
versos claros y sonoros, y no sé por qué, en esas horas
de florescencia, vertimiento, grata congoja, vigor pujante y generoso
reboso del espíritu, recuerdo esas gallardas velas blancas que
en el mar sereno cruzan por frente a playas limpias bajo un cielo
bruñido. Del dolor, saltan los versos, como las espadas de la
vaina, cuando las sacude en ellas la ira, como las negras olas de
turbia y alta cresta que azotan los ijares fatigados de un buque
formidable en horas de tormenta.
Se encabritan los versos, como las olas: se rompen con fragor o se
mueven pesadamente, como fieras en jaula y con indómito y
trágico desorden, como las aguas contra el barco. Y parece como
que se escapa de Los versos, escondiendo sus heridas, un alma
sombría, que asciende velozmente por el lúgubre espacio,
envuelta en ropas negras. ¡Cuán extraño que se
abrieran las negras vestiduras y cayera de ellas un ramo de rosas!
¡Flores del destierro!
710
José Martí
Estas Que Ofrezco, No Son Composiciones Acabadas
Estas que ofrezco, no son composiciones acabadas: son, ¡ay de
mí! notas de imágenes tomadas al vuelo, y como para que
no se escapasen, entre la muchedumbre antiática de las calles,
entre el rodar estruendoso y arrebatado de los ferrocarriles, o en los
quehaceres apremiantes e inflexibles de un escritorio de comercio
refugio cariñoso del proscripto.
Por qué las publico, no sé: tengo un miedo pueril de no
publicarlas ahora. Yo desdeño todo lo mío: y a estos
versos, atormentados y rebeldes, sombríos y querellosos, los
mimo, y los amo.
Otras cosas podría hacer: acaso no las hago, no las intento
acaso, robando horas al sueño, únicas horas mías,
porque me parece la expresión la hembra del acto, y mientras hay
qué hacer, me parece la mera expresión indigno empleo de
fuerzas del hombre. Cada día, de tanta imagen que viene a
azotarme las sienes, y a pasearse, como buscando forma, ante mis ojos,
pudiera hacer un tomo como éste, ¡pero el buey ara
con el arpa de David, que haría sonora la tierra, sino con el
arado, que no es lira! ¡Y se van las imágenes, llorosas y
torvas, desvanecidas corno el humo: y yo me quedo, congojoso y triste,
como quien ha faltado a su deber o no ha hecho bien los honores de la
visita a una dama benévola y hermosa: y a mis solas, y donde
nadie lo sospeche, y sin lágrimas, lloro.
De estos tormentos nace, y con ellos se excusa, este libro de versos.
¡Pudiera surgir de él, como debiera surgir de toda vida,
rumbo a la muerte consoladora, un águila blanca!
Ya sé que están escritos en ritmo desusado, que por esto,
o por serlo de veras, va a parecer a muchos duro. ¿Mas, con
qué derecho puede quebrar la mera voluntad artística, la
vulgar sujeción a tradiciones extrañas e infecundas, la
forma natural y sagrada, en que, como la carne de la idea, envía
el alma los versos a los labios? Ciertos versos pueden hacerse en toda
forma: otros, no. A cada estado de alma, un metro nuevo. Da el amor
versos claros y sonoros, y no sé por qué, en esas horas
de florescencia, vertimiento, grata congoja, vigor pujante y generoso
reboso del espíritu, recuerdo esas gallardas velas blancas que
en el mar sereno cruzan por frente a playas limpias bajo un cielo
bruñido. Del dolor, saltan los versos, como las espadas de la
vaina, cuando las sacude en ellas la ira, como las negras olas de
turbia y alta cresta que azotan los ijares fatigados de un buque
formidable en horas de tormenta.
Se encabritan los versos, como las olas: se rompen con fragor o se
mueven pesadamente, como fieras en jaula y con indómito y
trágico desorden, como las aguas contra el barco. Y parece como
que se escapa de Los versos, escondiendo sus heridas, un alma
sombría, que asciende velozmente por el lúgubre espacio,
envuelta en ropas negras. ¡Cuán extraño que se
abrieran las negras vestiduras y cayera de ellas un ramo de rosas!
¡Flores del destierro!
mí! notas de imágenes tomadas al vuelo, y como para que
no se escapasen, entre la muchedumbre antiática de las calles,
entre el rodar estruendoso y arrebatado de los ferrocarriles, o en los
quehaceres apremiantes e inflexibles de un escritorio de comercio
refugio cariñoso del proscripto.
Por qué las publico, no sé: tengo un miedo pueril de no
publicarlas ahora. Yo desdeño todo lo mío: y a estos
versos, atormentados y rebeldes, sombríos y querellosos, los
mimo, y los amo.
Otras cosas podría hacer: acaso no las hago, no las intento
acaso, robando horas al sueño, únicas horas mías,
porque me parece la expresión la hembra del acto, y mientras hay
qué hacer, me parece la mera expresión indigno empleo de
fuerzas del hombre. Cada día, de tanta imagen que viene a
azotarme las sienes, y a pasearse, como buscando forma, ante mis ojos,
pudiera hacer un tomo como éste, ¡pero el buey ara
con el arpa de David, que haría sonora la tierra, sino con el
arado, que no es lira! ¡Y se van las imágenes, llorosas y
torvas, desvanecidas corno el humo: y yo me quedo, congojoso y triste,
como quien ha faltado a su deber o no ha hecho bien los honores de la
visita a una dama benévola y hermosa: y a mis solas, y donde
nadie lo sospeche, y sin lágrimas, lloro.
De estos tormentos nace, y con ellos se excusa, este libro de versos.
¡Pudiera surgir de él, como debiera surgir de toda vida,
rumbo a la muerte consoladora, un águila blanca!
Ya sé que están escritos en ritmo desusado, que por esto,
o por serlo de veras, va a parecer a muchos duro. ¿Mas, con
qué derecho puede quebrar la mera voluntad artística, la
vulgar sujeción a tradiciones extrañas e infecundas, la
forma natural y sagrada, en que, como la carne de la idea, envía
el alma los versos a los labios? Ciertos versos pueden hacerse en toda
forma: otros, no. A cada estado de alma, un metro nuevo. Da el amor
versos claros y sonoros, y no sé por qué, en esas horas
de florescencia, vertimiento, grata congoja, vigor pujante y generoso
reboso del espíritu, recuerdo esas gallardas velas blancas que
en el mar sereno cruzan por frente a playas limpias bajo un cielo
bruñido. Del dolor, saltan los versos, como las espadas de la
vaina, cuando las sacude en ellas la ira, como las negras olas de
turbia y alta cresta que azotan los ijares fatigados de un buque
formidable en horas de tormenta.
Se encabritan los versos, como las olas: se rompen con fragor o se
mueven pesadamente, como fieras en jaula y con indómito y
trágico desorden, como las aguas contra el barco. Y parece como
que se escapa de Los versos, escondiendo sus heridas, un alma
sombría, que asciende velozmente por el lúgubre espacio,
envuelta en ropas negras. ¡Cuán extraño que se
abrieran las negras vestiduras y cayera de ellas un ramo de rosas!
¡Flores del destierro!
710
José Martí
Sueño Con Claustros De Mármol
Sueño con claustros de mármol
Donde en silencio divino
Los héroes, de pie, reposan:
¡De noche, a la luz del alma,
Hablo con ellos: de noche!
Están en fila: paseo
Entre las filas: las manos
De piedra les beso: abren
Los ojos de piedra: mueven,
Los labios de piedra: tiemblan
Las barbas de piedra: empuñan
La espada de piedra: lloran:
¡Vibra la espada en la vaina!:
Mudo, les beso la mano.
¡Hablo con ellos, de noche!
Están en fila: paseo
Entre las filas: lloroso
Me abrazo a un mármol: «¡Oh mármol,
Dicen que beben tus hijos
Su propia sangre en las copas
Venenosas de sus dueños!
¡Que hablan la lengua podrida.
De sus rufianes! ¡Que comen
Juntos el pan del oprobio,
En la mesa ensangrentada!
¡Que pierden en lengua inútil
El último fuego!: ¡Dicen,
Oh mármol, mármol dormido,
Que ya se ha muerto tu raza!»
Échame en tierra de un bote
El héroe que abrazo: me ase
Del cuello: barre la tierra
Con mi cabeza: levanta
El brazo, ¡el brazo le luce
Lo mismo que un sol!: resuena
La piedra: buscan el cinto
Las manos blancas: ¡del soclo
Saltan los hombres de mármol!
Donde en silencio divino
Los héroes, de pie, reposan:
¡De noche, a la luz del alma,
Hablo con ellos: de noche!
Están en fila: paseo
Entre las filas: las manos
De piedra les beso: abren
Los ojos de piedra: mueven,
Los labios de piedra: tiemblan
Las barbas de piedra: empuñan
La espada de piedra: lloran:
¡Vibra la espada en la vaina!:
Mudo, les beso la mano.
¡Hablo con ellos, de noche!
Están en fila: paseo
Entre las filas: lloroso
Me abrazo a un mármol: «¡Oh mármol,
Dicen que beben tus hijos
Su propia sangre en las copas
Venenosas de sus dueños!
¡Que hablan la lengua podrida.
De sus rufianes! ¡Que comen
Juntos el pan del oprobio,
En la mesa ensangrentada!
¡Que pierden en lengua inútil
El último fuego!: ¡Dicen,
Oh mármol, mármol dormido,
Que ya se ha muerto tu raza!»
Échame en tierra de un bote
El héroe que abrazo: me ase
Del cuello: barre la tierra
Con mi cabeza: levanta
El brazo, ¡el brazo le luce
Lo mismo que un sol!: resuena
La piedra: buscan el cinto
Las manos blancas: ¡del soclo
Saltan los hombres de mármol!
1.073
José Martí
Sueño Con Claustros De Mármol
Sueño con claustros de mármol
Donde en silencio divino
Los héroes, de pie, reposan:
¡De noche, a la luz del alma,
Hablo con ellos: de noche!
Están en fila: paseo
Entre las filas: las manos
De piedra les beso: abren
Los ojos de piedra: mueven,
Los labios de piedra: tiemblan
Las barbas de piedra: empuñan
La espada de piedra: lloran:
¡Vibra la espada en la vaina!:
Mudo, les beso la mano.
¡Hablo con ellos, de noche!
Están en fila: paseo
Entre las filas: lloroso
Me abrazo a un mármol: «¡Oh mármol,
Dicen que beben tus hijos
Su propia sangre en las copas
Venenosas de sus dueños!
¡Que hablan la lengua podrida.
De sus rufianes! ¡Que comen
Juntos el pan del oprobio,
En la mesa ensangrentada!
¡Que pierden en lengua inútil
El último fuego!: ¡Dicen,
Oh mármol, mármol dormido,
Que ya se ha muerto tu raza!»
Échame en tierra de un bote
El héroe que abrazo: me ase
Del cuello: barre la tierra
Con mi cabeza: levanta
El brazo, ¡el brazo le luce
Lo mismo que un sol!: resuena
La piedra: buscan el cinto
Las manos blancas: ¡del soclo
Saltan los hombres de mármol!
Donde en silencio divino
Los héroes, de pie, reposan:
¡De noche, a la luz del alma,
Hablo con ellos: de noche!
Están en fila: paseo
Entre las filas: las manos
De piedra les beso: abren
Los ojos de piedra: mueven,
Los labios de piedra: tiemblan
Las barbas de piedra: empuñan
La espada de piedra: lloran:
¡Vibra la espada en la vaina!:
Mudo, les beso la mano.
¡Hablo con ellos, de noche!
Están en fila: paseo
Entre las filas: lloroso
Me abrazo a un mármol: «¡Oh mármol,
Dicen que beben tus hijos
Su propia sangre en las copas
Venenosas de sus dueños!
¡Que hablan la lengua podrida.
De sus rufianes! ¡Que comen
Juntos el pan del oprobio,
En la mesa ensangrentada!
¡Que pierden en lengua inútil
El último fuego!: ¡Dicen,
Oh mármol, mármol dormido,
Que ya se ha muerto tu raza!»
Échame en tierra de un bote
El héroe que abrazo: me ase
Del cuello: barre la tierra
Con mi cabeza: levanta
El brazo, ¡el brazo le luce
Lo mismo que un sol!: resuena
La piedra: buscan el cinto
Las manos blancas: ¡del soclo
Saltan los hombres de mármol!
1.073
José Martí
En El Extraño Bazar
En el extraño bazar
Del amor, junto a la mar,
La perla triste y sin par
Le tocó por suerte a Agar.
Agar, de tanto tenerla
Al pecho, de tanto verla
Agar, llegó a aborrecerla:
Majó, tiró al mar la perla.
Y cuando Agar, venenosa
De inútil furia, y llorosa,
Pidió al mar la perla hermosa,
Dijo la mar borrascosa:
«¿Qué hiciste, torpe, qué hiciste
De la perla que tuviste?
La majaste, me la diste:
Yo guardo la perla triste».
Del amor, junto a la mar,
La perla triste y sin par
Le tocó por suerte a Agar.
Agar, de tanto tenerla
Al pecho, de tanto verla
Agar, llegó a aborrecerla:
Majó, tiró al mar la perla.
Y cuando Agar, venenosa
De inútil furia, y llorosa,
Pidió al mar la perla hermosa,
Dijo la mar borrascosa:
«¿Qué hiciste, torpe, qué hiciste
De la perla que tuviste?
La majaste, me la diste:
Yo guardo la perla triste».
914
José Martí
En El Extraño Bazar
En el extraño bazar
Del amor, junto a la mar,
La perla triste y sin par
Le tocó por suerte a Agar.
Agar, de tanto tenerla
Al pecho, de tanto verla
Agar, llegó a aborrecerla:
Majó, tiró al mar la perla.
Y cuando Agar, venenosa
De inútil furia, y llorosa,
Pidió al mar la perla hermosa,
Dijo la mar borrascosa:
«¿Qué hiciste, torpe, qué hiciste
De la perla que tuviste?
La majaste, me la diste:
Yo guardo la perla triste».
Del amor, junto a la mar,
La perla triste y sin par
Le tocó por suerte a Agar.
Agar, de tanto tenerla
Al pecho, de tanto verla
Agar, llegó a aborrecerla:
Majó, tiró al mar la perla.
Y cuando Agar, venenosa
De inútil furia, y llorosa,
Pidió al mar la perla hermosa,
Dijo la mar borrascosa:
«¿Qué hiciste, torpe, qué hiciste
De la perla que tuviste?
La majaste, me la diste:
Yo guardo la perla triste».
914
José Martí
Cultivo Una Rosa Blanca
Cultivo una rosa blanca,
En julio como en enero,
Para el amigo sincero
Que me da su mano franca.
Y para el cruel que me arranca
El corazón con que vivo,
Cardo ni oruga cultivo:
Cultivo la rosa blanca.
En julio como en enero,
Para el amigo sincero
Que me da su mano franca.
Y para el cruel que me arranca
El corazón con que vivo,
Cardo ni oruga cultivo:
Cultivo la rosa blanca.
1.830
José Martí
Aquí Está El Pecho, Mujer,
Aquí está el pecho, mujer,
Que ya sé que lo herirás;
¡Más grande debiera ser,
Para que lo hirieses más!
Porque noto, alma torcida,
Que en mi pecho milagroso,
Mientras más honda la herida,
Es mi canto más hermoso.
Que ya sé que lo herirás;
¡Más grande debiera ser,
Para que lo hirieses más!
Porque noto, alma torcida,
Que en mi pecho milagroso,
Mientras más honda la herida,
Es mi canto más hermoso.
864
José Martí
¿del Tirano? Del Tirano
¿Del tirano? Del tirano
Di todo, ¡di más!, y clava
Con furia de mano esclava
Sobre su oprobio al tirano.
¿Del error? Pues del error
Di el antro, di las veredas
Oscuras: di cuanto puedas
Del tirano y del error.
¿De mujer? Bien puede ser
Que mueras de su mordida;
¡Pero no empañes tu vida
Diciendo mal de mujer!
Di todo, ¡di más!, y clava
Con furia de mano esclava
Sobre su oprobio al tirano.
¿Del error? Pues del error
Di el antro, di las veredas
Oscuras: di cuanto puedas
Del tirano y del error.
¿De mujer? Bien puede ser
Que mueras de su mordida;
¡Pero no empañes tu vida
Diciendo mal de mujer!
932
José Martí
De Mi Desdicha Espantosa
De mi desdicha espantosa
Siento, oh estrellas, que muero:
Yo quiero vivir, yo quiero
Ver a una mujer hermosa.
El cabello, como un casco,
Le corona el rostro bello:
Brilla su negro cabello
Como un sable de Damasco.
¿Aquélla?... Pues pon la hiel
Del mundo entero en un haz,
Y tállala en cuerpo, y ¡haz
Un alma entera de hiel!
¿Esta?... Pues esta infeliz
Lleva escarpines rosados,
Y los labios colorados,
Y la cara de barniz.
El alma lúgubre grita:
«¡Mujer, maldita mujer!»
¡No sé yo quién pueda ser
Entre las dos la maldita!
Siento, oh estrellas, que muero:
Yo quiero vivir, yo quiero
Ver a una mujer hermosa.
El cabello, como un casco,
Le corona el rostro bello:
Brilla su negro cabello
Como un sable de Damasco.
¿Aquélla?... Pues pon la hiel
Del mundo entero en un haz,
Y tállala en cuerpo, y ¡haz
Un alma entera de hiel!
¿Esta?... Pues esta infeliz
Lleva escarpines rosados,
Y los labios colorados,
Y la cara de barniz.
El alma lúgubre grita:
«¡Mujer, maldita mujer!»
¡No sé yo quién pueda ser
Entre las dos la maldita!
632
José Martí
El Enemigo Brutal
El enemigo brutal
Nos pone fuego a la casa:
El sable la calle arrasa,
A la luna tropical.
Pocos salieron ilesos
Del sable del español:
La calle, al salir el sol,
Era un reguero de sesos.
Pasa, entre balas, un coche:
Entran, llorando, a una muerta:
Llama una mano a la puerta
En lo negro de la noche.
No hay bala que no taladre
El portón: y la mujer
Que llama, me ha dado el ser:
Me viene a buscar mi madre.
A la boca de la muerte,
Los valientes habaneros
Se quitaron los sombreros
Ante la matrona fuerte.
Y después que nos besamos
Como dos locos, me dijo:
«¡Vamos pronto, vamos, hijo:
La niña está sola: vamos!».
Nos pone fuego a la casa:
El sable la calle arrasa,
A la luna tropical.
Pocos salieron ilesos
Del sable del español:
La calle, al salir el sol,
Era un reguero de sesos.
Pasa, entre balas, un coche:
Entran, llorando, a una muerta:
Llama una mano a la puerta
En lo negro de la noche.
No hay bala que no taladre
El portón: y la mujer
Que llama, me ha dado el ser:
Me viene a buscar mi madre.
A la boca de la muerte,
Los valientes habaneros
Se quitaron los sombreros
Ante la matrona fuerte.
Y después que nos besamos
Como dos locos, me dijo:
«¡Vamos pronto, vamos, hijo:
La niña está sola: vamos!».
898
José Martí
Yo Que Vivo, Aunque Me He Muerto
Yo que vivo, aunque me he muerto,
Soy un gran descubridor,
Porque anoche he descubierto
La medicina de amor.
Cuando al peso de la cruz
El hombre morir resuelve,
Sale a hacer bien, lo hace, y vuelve
Como de un baño de luz.
Soy un gran descubridor,
Porque anoche he descubierto
La medicina de amor.
Cuando al peso de la cruz
El hombre morir resuelve,
Sale a hacer bien, lo hace, y vuelve
Como de un baño de luz.
733
José Martí
Yo Pienso, Cuando Me Alegro
Yo pienso, cuando me alegro
Como un escolar sencillo,
En el canario amarillo,
Que tiene el ojo tan negro!
Yo quiero, cuando me muera,
Sin patria, pero sin amo,
Tener en mi losa un ramo
De flores, ¡y una bandera!
Como un escolar sencillo,
En el canario amarillo,
Que tiene el ojo tan negro!
Yo quiero, cuando me muera,
Sin patria, pero sin amo,
Tener en mi losa un ramo
De flores, ¡y una bandera!
1.013
José Martí
Ayer La Vi En El Salón
Ayer la vi en el salón
De los pintores, y ayer
Detrás de aquella mujer
Se me saltó el corazón.
Sentada en el suelo rudo
Está en el lienzo: dormido
Al pie, el esposo rendido
Al seno el niño desnudo.
Sobre unas briznas de paja
Se ven mendrugos mondados:
Le cuelga el manto a los lados,
Lo mismo que una mortaja.
No nace en el torvo suelo
Ni una viola, ni una espiga:
¡Muy lejos, la casa amiga,
Muy triste y oscuro el cielo!...
¡Esa es la hermosa mujer
Que me robó el corazón
En el soberbio salón
De los pintores de ayer!
De los pintores, y ayer
Detrás de aquella mujer
Se me saltó el corazón.
Sentada en el suelo rudo
Está en el lienzo: dormido
Al pie, el esposo rendido
Al seno el niño desnudo.
Sobre unas briznas de paja
Se ven mendrugos mondados:
Le cuelga el manto a los lados,
Lo mismo que una mortaja.
No nace en el torvo suelo
Ni una viola, ni una espiga:
¡Muy lejos, la casa amiga,
Muy triste y oscuro el cielo!...
¡Esa es la hermosa mujer
Que me robó el corazón
En el soberbio salón
De los pintores de ayer!
678
José Martí
Por Tus Ojos Encendidos
Por tus ojos encendidos
Y lo mal puesto de un broche,
Pensé que estuviste anoche
Jugando a juegos prohibidos.
Te odié por vil y alevosa:
Te odié con odio de muerte:
Náusea me daba de verte
Tan villana y tan hermosa.
Y por la esquela que vi
Sin saber cómo ni cuándo,
Sé que estuviste llorando
Toda la noche por mí.
Y lo mal puesto de un broche,
Pensé que estuviste anoche
Jugando a juegos prohibidos.
Te odié por vil y alevosa:
Te odié con odio de muerte:
Náusea me daba de verte
Tan villana y tan hermosa.
Y por la esquela que vi
Sin saber cómo ni cuándo,
Sé que estuviste llorando
Toda la noche por mí.
941