Otros
Oliverio Girondo
Croquis Sevillano
apergamina la epidermis de las camisas ahorcadas en medio de la calle.
¡Ventanas con aliento y labios de mujer!
Pasan perros con caderas de bailarín. Chulos con los pantalones
lustrados al betún. Jamelgos que el domingo se arrancarán
las tripas en la plaza de toros.
¡Los patios fabrican azahares y noviazgos!
Hay una capa prendida a una reja con crispaciones de murciélago.
Un cura de Zurbarán, que vende a un anticuario una casulla
robada en la sacristía. Unos ojos excesivos, que sacan llagas al
mirar.
Las mujeres tienen los poros abiertos como ventositas y una temperatura
siete décimos más elevada que la normal.
Oliverio Girondo
Exvoto
Las chicas de Flores, tienen los ojos dulces, como las almendras
azucaradas de la Confitería del Molino, y usan moños de
seda que les liban las nalgas en un aleteo de mariposa.
Las chicas de Flores, se pasean tomadas de los brazos, para
transmitirse sus estremecimientos, y si alguien las mira en las
pupilas, aprietan las piernas, de miedo de que el sexo se les caiga en
la vereda.
Al atardecer, todas ellas cuelgan sus pechos sin madurar del ramaje de
hierro de los balcones, para que sus vestidos se empurpuren al
sentirlas desnudas, y de noche, a remolque de sus mamas empavesadas
como fragatas van a pasearse por la plaza, para que los hombres les
eyaculen palabras al oído, y sus pezones fosforescentes se
enciendan y se apaguen como luciérnagas.
Las chicas de Flores, viven en la angustia de que las nalgas se les
pudran, como manzanas que se han dejado pasar, y el deseo de los
hombres las sofoca tanto, que a veces quisieran desembarazarse de
él como de un corsé, ya que no tienen el coraje de
cortarse el cuerpo a pedacitos y arrojárselo, a todos los que
les pasan la vereda.
Oliverio Girondo
Exvoto
Las chicas de Flores, tienen los ojos dulces, como las almendras
azucaradas de la Confitería del Molino, y usan moños de
seda que les liban las nalgas en un aleteo de mariposa.
Las chicas de Flores, se pasean tomadas de los brazos, para
transmitirse sus estremecimientos, y si alguien las mira en las
pupilas, aprietan las piernas, de miedo de que el sexo se les caiga en
la vereda.
Al atardecer, todas ellas cuelgan sus pechos sin madurar del ramaje de
hierro de los balcones, para que sus vestidos se empurpuren al
sentirlas desnudas, y de noche, a remolque de sus mamas empavesadas
como fragatas van a pasearse por la plaza, para que los hombres les
eyaculen palabras al oído, y sus pezones fosforescentes se
enciendan y se apaguen como luciérnagas.
Las chicas de Flores, viven en la angustia de que las nalgas se les
pudran, como manzanas que se han dejado pasar, y el deseo de los
hombres las sofoca tanto, que a veces quisieran desembarazarse de
él como de un corsé, ya que no tienen el coraje de
cortarse el cuerpo a pedacitos y arrojárselo, a todos los que
les pasan la vereda.
Oliverio Girondo
Exvoto
Las chicas de Flores, tienen los ojos dulces, como las almendras
azucaradas de la Confitería del Molino, y usan moños de
seda que les liban las nalgas en un aleteo de mariposa.
Las chicas de Flores, se pasean tomadas de los brazos, para
transmitirse sus estremecimientos, y si alguien las mira en las
pupilas, aprietan las piernas, de miedo de que el sexo se les caiga en
la vereda.
Al atardecer, todas ellas cuelgan sus pechos sin madurar del ramaje de
hierro de los balcones, para que sus vestidos se empurpuren al
sentirlas desnudas, y de noche, a remolque de sus mamas empavesadas
como fragatas van a pasearse por la plaza, para que los hombres les
eyaculen palabras al oído, y sus pezones fosforescentes se
enciendan y se apaguen como luciérnagas.
Las chicas de Flores, viven en la angustia de que las nalgas se les
pudran, como manzanas que se han dejado pasar, y el deseo de los
hombres las sofoca tanto, que a veces quisieran desembarazarse de
él como de un corsé, ya que no tienen el coraje de
cortarse el cuerpo a pedacitos y arrojárselo, a todos los que
les pasan la vereda.
Oliverio Girondo
Milonga
blancas de payaso, baldes de níquel que trasuntan enflaquecidos
brazos y espaldas de “cocottes”.
El bandoneón canta con esperezos de gusano baboso, contradice el
pelo rojo de la alfombra, imanta los pezones, los pubis y la punta de
los zapatos.
Machos que se quiebran en un corte ritual, la cabeza hundida entre los
hombros, la jeta hinchada de palabras soeces.
Hembras con las ancas nerviosas, un poquitito de espuma en las axilas,
y los ojos demasiado aceitados.
De pronto se oye un fracaso de cristales. Las mesas dan un corcovo y
pegan cuatro patadas en el aire. Un enorme espejo se derrumba con las
columnas y la gente que tenía dentro; mientras entre un oleaje
de brazos y de espaldas estallan las trompadas, como una rueda de
cohetes de bengala.
Junto con el vigilante, entra la aurora vestida de violeta.
Oliverio Girondo
Milonga
blancas de payaso, baldes de níquel que trasuntan enflaquecidos
brazos y espaldas de “cocottes”.
El bandoneón canta con esperezos de gusano baboso, contradice el
pelo rojo de la alfombra, imanta los pezones, los pubis y la punta de
los zapatos.
Machos que se quiebran en un corte ritual, la cabeza hundida entre los
hombros, la jeta hinchada de palabras soeces.
Hembras con las ancas nerviosas, un poquitito de espuma en las axilas,
y los ojos demasiado aceitados.
De pronto se oye un fracaso de cristales. Las mesas dan un corcovo y
pegan cuatro patadas en el aire. Un enorme espejo se derrumba con las
columnas y la gente que tenía dentro; mientras entre un oleaje
de brazos y de espaldas estallan las trompadas, como una rueda de
cohetes de bengala.
Junto con el vigilante, entra la aurora vestida de violeta.
Oliverio Girondo
Apunte Callejero
bizcos buscando una sonrisa sobre las mesas. El ruido de los
automóviles destiñe las hojas de los árboles. En
un quinto piso, alguien se crucifica al abrir de par en par una ventana.
Pienso en dónde guardaré los quioscos, los faroles, los
transeúntes, que se me entran por las pupilas. Me siento tan
lleno que tengo miedo de estallar... Necesitaría dejar
algún lastre sobre la vereda...
Al llegar a una esquina, mi sombra se separa de mí, y de pronto,
se arroja entre las ruedas de un tranvía.
Oliverio Girondo
Croquis En La Arena
Brazos.
Piernas amputadas.
Cuerpos que se reintegran. Cabezas flotantes de caucho.
Al tornearles los cuerpos a las bañistas, las olas alargan sus
virutas sobre el aserrín de la playa.
¡Todo es oro y azul!
La sombra de los toldos. Los ojos de las chicas que se inyectan novelas
y horizontes. Mi alegría, de zapatos de goma, que me hace
rebotar sobre la arena.
Por ochenta centavos, los fotógrafos venden los cuerpos de las
mujeres que se bañan.
Hay quioscos que explotan la dramaticidad de la rompiente. Sirvientas
cluecas. Sifones irascibles, con extracto de mar. Rocas con pechos
algosos de marinero y corazones pintados de esgrimista. Bandadas de
gaviotas, que fingen el vuelo destrozado de un pedazo blanco de papel.
¡Y ante todo está el mar!
¡El mar!... ritmo de divagaciones. ¡El mar! con su baba y
con su epilepsia.
¡El mar!... hasta gritar
¡basta!
como en el circo.
Oliverio Girondo
Café-concierto
en el aire, se apagan antes de darse contra el suelo.
Salen unos ojos pantanosos, con mal olor, unos dientes podridos por el
dulzor de las romanzas, unas piernas que hacen humear el escenario.
La mirada del público tiene más densidad y más
calorías que cualquier otra, es una mirada corrosiva que
atraviesa las mallas y apergamina la piel de las artistas.
Hay un grupo de marineros encandilados ante el faro que un “maquereau”
tiene en el dedo meñique, una reunión de prostitutas con
un relente a puerto, un inglés que fabrica niebla con sus
pupilas y su pipa.
La camarera me trae, en una bandeja lunar, sus senos semi-desnudos...
unos senos que me llevaría para calentarme los pies cuando me
acueste.
El telón, al cerrarse, simula un telón entreabierto.
Oliverio Girondo
Mi Lumía
mi lubidulia
mi golocidalove
mi lu tan luz tan tu que me enlucielabisma
y descentratelura
y venusafrodea
y me nirvana el suyo la crucis los desalmes
con sus melimeleos
sus eropsiquisedas sus decúbitos lianas y dermiferios limbos
y
gormullos
mi lu
mi luar
mi mito
demonoave dea rosa
mi pez hada
mi luvisita nimia
mi lubísnea
mi lu más lar
más lampo
mi pulpa lu de vértigo de galaxias de semen de misterio
mi lubella lusola
mi total lu plevida
mi toda lu
lumía.
Oliverio Girondo
Al Gravitar Rotando
en el ser
en las psiquis
en las equis
en las exquisitísicas respuestas
en los enlunamientos
en lo erecto por los excesos lesos del erofrote etcétera
o en el bisueño exhausto del dame toma date hasta
el mismo testuz de tu tan gana
en la no fe que rumia
en lo vivisecante los cateos anímicos la metafisirrata
en los resumiduendes del egogorgo cósmico
en todo gesto injerto
en toda forma hundido polimellado adrroto a ras afaz subrripio
cocopleonasmo exotro
sin lar sin can sin cala sin camastro sin coca sin historia
endosorbienglutido
por los engendros móviles del gravitar rotando bajo el prurito
astrífero
junto a las musaslianas chupaporos pulposas y los no menos
pólipos hijos del hipo lutio
voluntarios del miasma
reconculcado
opreso entre hueros jamases y garfios de escarmiento
paso a pozo nadiando ante harto vagos piensos de finales
compuertas que anegan la esperanza
con la grismía el dubio
los bostezos leopardos la jerga lela
en llaga
al desplegar la sangre sin introitos enanos en el plecoito lato
con todo sueño insomne y todo espectro apuesto
gociferando
amente
en lo no noto nato.
Oliverio Girondo
Al Gravitar Rotando
en el ser
en las psiquis
en las equis
en las exquisitísicas respuestas
en los enlunamientos
en lo erecto por los excesos lesos del erofrote etcétera
o en el bisueño exhausto del dame toma date hasta
el mismo testuz de tu tan gana
en la no fe que rumia
en lo vivisecante los cateos anímicos la metafisirrata
en los resumiduendes del egogorgo cósmico
en todo gesto injerto
en toda forma hundido polimellado adrroto a ras afaz subrripio
cocopleonasmo exotro
sin lar sin can sin cala sin camastro sin coca sin historia
endosorbienglutido
por los engendros móviles del gravitar rotando bajo el prurito
astrífero
junto a las musaslianas chupaporos pulposas y los no menos
pólipos hijos del hipo lutio
voluntarios del miasma
reconculcado
opreso entre hueros jamases y garfios de escarmiento
paso a pozo nadiando ante harto vagos piensos de finales
compuertas que anegan la esperanza
con la grismía el dubio
los bostezos leopardos la jerga lela
en llaga
al desplegar la sangre sin introitos enanos en el plecoito lato
con todo sueño insomne y todo espectro apuesto
gociferando
amente
en lo no noto nato.
Nimia Vicéns
Sueño Del Puerquito Rubio
estaba muy triste,
echado en la esquina
de un sucio corral.
Estaba muy triste,
y su sueño era
que alguna mañana
le nacieran alas de cristal...
El puerquito rubio
no tuvo la culpa
de que lo dejaran sin poder volar.
Cuando repartieron aves para el aire,
peces para el mar
y conchas de nácar
para el arenal, al puerquito rubio
tocó el lodazal.
Cuando quieres trinos
el puerquito rubio
tiene que hozar;
y cuando se oye
su pru-pru tan trsite,
el sueña que canta
sobre el lodazal.
No le dieron nombre
para la poesía;
su nombre el poeta
no mencionaría
con las golondrinas, con las mariposas...
Nadie le diría:
Puerquito de sueño,
puerquito de rosas,
eres de cristal.
Esta mañanita,
porque yo le canto
su sueño tan lindo
de querer volar,
el puerquito rubio
todo enfangadito
se ha echado a llorar.
Puerquito, no llores,
si tú eres de sueño,
si tú eres de rosas,
eres de cristal.
!Que hermoso milagro
hace mi cantar!
El puerquito alegre
se ha puesto a jugar
en la triste esquina
del sucio corral:
hoza asombradito
estrellas de agua
sobre el lodazal.
!Sobre su lomito
parece que nacen,
parece que brillan
alas de cristal!
!Que hermoso milagro
en el lodazal!...
Nimia Vicéns
Sueño Del Puerquito Rubio
estaba muy triste,
echado en la esquina
de un sucio corral.
Estaba muy triste,
y su sueño era
que alguna mañana
le nacieran alas de cristal...
El puerquito rubio
no tuvo la culpa
de que lo dejaran sin poder volar.
Cuando repartieron aves para el aire,
peces para el mar
y conchas de nácar
para el arenal, al puerquito rubio
tocó el lodazal.
Cuando quieres trinos
el puerquito rubio
tiene que hozar;
y cuando se oye
su pru-pru tan trsite,
el sueña que canta
sobre el lodazal.
No le dieron nombre
para la poesía;
su nombre el poeta
no mencionaría
con las golondrinas, con las mariposas...
Nadie le diría:
Puerquito de sueño,
puerquito de rosas,
eres de cristal.
Esta mañanita,
porque yo le canto
su sueño tan lindo
de querer volar,
el puerquito rubio
todo enfangadito
se ha echado a llorar.
Puerquito, no llores,
si tú eres de sueño,
si tú eres de rosas,
eres de cristal.
!Que hermoso milagro
hace mi cantar!
El puerquito alegre
se ha puesto a jugar
en la triste esquina
del sucio corral:
hoza asombradito
estrellas de agua
sobre el lodazal.
!Sobre su lomito
parece que nacen,
parece que brillan
alas de cristal!
!Que hermoso milagro
en el lodazal!...
Nimia Vicéns
Sueño Del Puerquito Rubio
estaba muy triste,
echado en la esquina
de un sucio corral.
Estaba muy triste,
y su sueño era
que alguna mañana
le nacieran alas de cristal...
El puerquito rubio
no tuvo la culpa
de que lo dejaran sin poder volar.
Cuando repartieron aves para el aire,
peces para el mar
y conchas de nácar
para el arenal, al puerquito rubio
tocó el lodazal.
Cuando quieres trinos
el puerquito rubio
tiene que hozar;
y cuando se oye
su pru-pru tan trsite,
el sueña que canta
sobre el lodazal.
No le dieron nombre
para la poesía;
su nombre el poeta
no mencionaría
con las golondrinas, con las mariposas...
Nadie le diría:
Puerquito de sueño,
puerquito de rosas,
eres de cristal.
Esta mañanita,
porque yo le canto
su sueño tan lindo
de querer volar,
el puerquito rubio
todo enfangadito
se ha echado a llorar.
Puerquito, no llores,
si tú eres de sueño,
si tú eres de rosas,
eres de cristal.
!Que hermoso milagro
hace mi cantar!
El puerquito alegre
se ha puesto a jugar
en la triste esquina
del sucio corral:
hoza asombradito
estrellas de agua
sobre el lodazal.
!Sobre su lomito
parece que nacen,
parece que brillan
alas de cristal!
!Que hermoso milagro
en el lodazal!...
Nimia Vicéns
Glosa En Cántico Triste
el mar levanta el canto:
... ... «¿hacia dónde
tú, si no hay...
... espacio donde puedas contenerte?»
Incansable viajero sin navío
rumbo de ala tendida hacia un país
de imaginaria geografía
donde tan quieto estás... ...
Nimia Vicéns
Ciales Casi Cielo
casi cielo
Cuenca de tierramante de luceros
entraña y corazón de Puerto Rico
Corazón de la Patria
nido y vuelo
Desde la austera meseta castellana
esta ocre luz en grises tamizando
velo de oro en la otoñal nostalgia
¡altos los cielos!
secas vastedades... ...:
Por campos del olvido va el Quijote
las fablas de las piedras
recaundando... ... ...
Yo te recuerdo Ciales casi cielo...
Sueño tu noche de café y de luna
en lírica nostalgia estremecida
con tu Marzo embriagado de azahares
bajo el prodigio de la florecida.
Sueño tu aroma, tus campos y tus nombres
Frontón, Pozas, Caliche, Montebello
y... ... algún amor cantando en el paisaje
esta dolida copla del olvido:
Camino de la Florida
íbamos los dos un día...
en las altísimas copas
de los robles florecidos
¡el amor se nos perdió
no encontramos más la vida!
quedó la rama llorando
y las ropas desprendidas.
En tajo vertical sobre el Cialitos
majestuosas montañas recortadas
levantan un castillo a tu paisaje
mansión de soledad y de hermosura.
Rubí de Octubre el cafetal se cuaja
bajo el sinfónico silencio de tus noches...
Bajo tu cielo Ciales... casi cielo
reposa un corazón... brava semilla
¡el más cialeño de los corazones
germinando los sueños y la vida!
Sí te recuerdo Ciales casi cielo
puedo tocar tus brumas... tus neblinas
tu atmósfera de fronda y de hoja húmeda
tu cielo bajo... tu tristeza amiga
y las estrellas silvestres a la mano.
Sentir la orquesta de La Sonadora
dispersando sonatas en la noche
mientras los ángeles custodios de las guabas
guardianes de tu flor y de tu fruto
mecen la niebla bajo las estrellas.
Embriagarme en tierras de Castilla
con su trópico y flor, jazmín, gardenias
¡rosas de los jardines de la infancia!
La Voz de Dios en trinidad precisa
¡triple en la yerba! suelta sus tres notas:
es el Coquí cantando desde Ciales
la unidad de hermosura borinqueña:
frondas de cafetal, aguas de música
luna sobre el castillo en Cordillera.
Monumentos de verde tus montañas,
ungida tierra de rocío y helecho.
Poetas contemplando tu hermosura
entraña y corazón de Puerto Rico.
Y el hombre triste se consuela y sueña
bajo el influjo del noble poderío
que da su tierra... su casa... su montaña.
Jorge Luis madruga en su ventana
y emite al aire de la Cordillera
breve discurso de morivivises:
«La abeja liba la flor
yo libo, Patria, tu amor»
En la Torre de Ciales, Juan Antonio
varón de la Poesía y de la Patria
clama en tierno rugido su alabanza:
«Gloria a esas manos que trabajan
esas manos negras, blancas, indias
De entre esas manos nos salió la patria
alabanza alabanza alabanza»
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Yo sólo tengo para ti mi Ciales
este verso de amor y de recuerdo
escrito en la nostalgia y la distancia...
¡Te salve Dios mi isla Ciales mío!
Yo te recuerdo Ciales desde España
como si dentro del corazón yo te tuviera
dentro del corazón de la Isla mía
¡tantos nombres clavados en tu suelo!
Isla de la Palabra y la Poesía
Puerto Rico
mi Ciales
casi cielo.
Nimia Vicéns
Es
como un siempre estar contigo
cuando la brisa me toca.
Es
como el imposible olvido
de la espiga a la rosa.
Es
como vivir de nuevo
en la caricia...
...la brisa
...la espiga mecida en la alborada.
¿ Sabes ?
Amor es como siempre estar contigo.
Nimia Vicéns
Cuando Una Mujer Sola, Mira Una Flor Caer
Tan leve amada
de ese trémulo espacio
donde viaja su huella
deslizando
aroma de su imagen
al amor...
Un pedazo de cielo
y una rama...
Nada más
cayó al aire la flor.
¡Qué solos nos quedamos
sobre el mundo
mi corazón y yo!
Nicomedes Santa Cruz
A La Muerte De Don Juan Belmonte
Dando pecho y axila a los pitones,
Juan, anónimo Juan, Juan Torerillo
No recibiste clásicas lecciones.
Para llevar a casa veinte duros
Entre la chifla de inhumano coro
Bebiste golpes, aspiraste apuros
Y al aire al suelo al aire y siempre al toro.
Del miedo, que es ingénito en el hombre,
Nació el valor, congénito en el hambre;
Así en la tauromaquia, Juan Sin Nombre
Fue antítesis del gran José Raigambre.
José, nieto de Venus y Vulcano
Fue un semidiós con la esbeltez de Apolo
(Frecuencia tuvo aquel Teseo hispano
En liquidar seis Minotauros, solo).
Mas Juan, el pobre Juan de carne y hueso,
El más mortal de todos los mortales
Opuso a sal valor, arrojo al seso
Y “molinetes” contra “naturales”.
Tres siglos en la historia del toreo
Se derrumbaron ante dos colosos:
Del morisco e hispánico alanceo
Hasta el futuro en los taurino cosos.
Y Joselito muestra al horizonte
Toda una enciclopedia en su percal.
Y remata sus lances Juan Belmonte
Con su “media verónica” renal...
La Muerte se disfraza de capricho,
Y en la más increíble paradoja
Subsiste quien vivió a merced del bicho
Y muere quien “¡no hay toro que lo coja!”...
Quedan atrás los años de la infancia:
Sevilla y su noctámbula capea...
Como un Jasón, Juan, en su rica estancia
Mira en la tauromaquia una Medea.
Porque si en su niñez fue Juan Sin Suerte
Y fue en su adolescencia Juan Sin Pan,
Hoy, ya casi un anciano, es Juan Sin Muerte
Porque la Muerte tuvo miedo a Juan.
Y quien burló a la muerte en tantos ruedos,
Mil veces sentenciado por suicida,
Sólo cuando lo quiso, y con sus dedos
Mató su muerte y se quitó la vida...
A Juan, que no toreó por soleares,
Muerto, no he de llorarlo en seguiriyas.
Sean por martinetes mis cantares,
Cante de yunque y fragua y herrerías:
Cristo de la Expiración
Cachorro de los trianeros,
Bríndale tu absolución
Al mejor de los toreros
Cachorro, si en Viernes Santo
Te faltara un penitente,
Asóciate a nuestro llanto
Que es Juan Belmonte el ausente...
Nicomedes Santa Cruz
La Escuelita
mi labor de colegial
en el Colegio Fiscal
del barrio donde nací.
Tener primaria completa
era raro en mi niñez
(nos sentábamos de a tres
en una sola carpeta).
Yo creo que la palmeta
la inventaron para mí,
de la vez que una rompí
me apodaron “mano´e fierro”,
y por ser tan mataperro
a cocachos aprendí.
Juguetón de nacimiento,
por dedicarme al recreo
sacaba Diez en Aseo
y Once en Aprovechamiento.
De la Conducta ni cuento
pues, para colmo de mal
era mi voz general
“¡chócala pa la salida!”
dejando a veces perdida
mi labor de colegial.
¡Campeón en lingo y bolero!
¡Rey del trompo con huaraca!
¡Mago haciéndome “la vaca”
y en bolitas, el primero...!
En Aritmética, Cero.
En Geografía, igual.
Doce en examen oral,
Trece en examen escrito.
Si no me “soplan” repito
en el Colegio Fiscal.
Con esa nota mezquina
terminé mi Quinto al tranco,
tiré el guardapolvo blanco
(de costalitos de harina).
Y hoy, parado en una esquina
lloro el tiempo que perdí:
los otros niños de allí
alcanzaron nombre egregio.
Yo no aproveché el Colegio
del barrio donde nací...
Nicomedes Santa Cruz
¡ay Mama!
si tú me vieras...
Estoy perdido en Brasil
Entre cimbreantes palmeras!
Palmeras de talle largo,
Palmas mulatas
Endulzan mi paso amargo
Y alegran mis caminatas.
¡Ay mama,
si tú me vieras...!
Me muero al verlas venir,
Me mata verlas pasar.
No sé si debo reír
O llorar.
¡Ay mama...!
A la sombra de una palma
Quise librarme del sol,
Quise libarme del sol
Y me estoy quemando el alma...
Estoy perdido en Brasil
Entre cimbreantes palmeras.
¡Ay mama,
si tú me vieras,
si tú me vieras,
si tú me vieras...!
¡Ay mama!
Nicomedes Santa Cruz
¡ay Mama!
si tú me vieras...
Estoy perdido en Brasil
Entre cimbreantes palmeras!
Palmeras de talle largo,
Palmas mulatas
Endulzan mi paso amargo
Y alegran mis caminatas.
¡Ay mama,
si tú me vieras...!
Me muero al verlas venir,
Me mata verlas pasar.
No sé si debo reír
O llorar.
¡Ay mama...!
A la sombra de una palma
Quise librarme del sol,
Quise libarme del sol
Y me estoy quemando el alma...
Estoy perdido en Brasil
Entre cimbreantes palmeras.
¡Ay mama,
si tú me vieras,
si tú me vieras,
si tú me vieras...!
¡Ay mama!
Nicomedes Santa Cruz
Talara
Mira al mundo cara a cara;
soporta tu desnudez
... y no digas “yes”, Talara.
Mi raza, al igual que tú
tiene sus zonas ajenas:
tú por petróleo en tus venas,
yo por ser como Esaú.
A veces no es el Perú
lo que está bajo tus pies.
Yo a veces cojo la mies
para que otro se la coma.
Si sólo es nuestro el idioma
Talara, no digas “yes”.
Lo que ganas y te dan
recíbelo sin orgullo:
es un diezmo de lo tuyo,
es migaja de tu pan.
Y si acaso un holgazán
a patriota te retara,
deja que siga la piara
en su cuadrúpeda insidia;
si el mundo entero te envidia
mira al mundo cara a cara.
Pero cuando tus entrañas
ya no tengan más que dar
y no haya qué perforar
en tu mar ni en tus montañas;
cuando lagartos y arañas
a la “rotaria” hagan prez;
cuando la actual fluidez
se extinga como el ocaso,
contra el viento de “El Tablazo”
soporta tu desnudez.
Ese día está lejano
y ojalá no llegue nunca,
más como todo se trunca
pensemos en todo, hermano:
Si te dedicas al grano
yo te traeré agüita clara,
y si en el desierto se ara
te serviré de semilla,
... y no dobles la rodilla,
... y no digas “yes”, Talara.