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Poemas en este tema

Vida y Existencia

Mario Benedetti

Mario Benedetti

Como Si Nada

A Luz, una vez más.


Cuando el no ser queda en suspenso
se abre la vida ese paréntesisPreguntas al azar (1986)


¿Habrá alguna idea que merezca
no ser pensada de nuevo?ELÍAS CANETTI


Il faut souffler sur quelques lueurs
pour faire de la bonne lumière.RENÉ CHAR


GRACIAS

a Alberto, Ambrosio, Claribel, Chus, Roberto, Sealtiel, Willie y por supuesto a Luz, que como siempre me ayudaron con su lectura crítica de estos poemas cuando sólo eran borradores.


CON LUGAR A DUDAS


COMO SI NADA


Si esta pobre existencia es como un puente

colgante entre dos áridos mutismos

vale decir entre dos muertes

a todas luces (o

mejor a todas sombras)

lo inapelable lo definitivo

lo importante vendría a ser la muerte


¿o no?

somos cardúmenes de vivos

que navegamos ciegos / consolables

de muerte a muerte y sin escalas


de esta tregua brevísima querría

llevarme algunas cosas

verbigracia el latido del amor

el libro que releo en los insomnios

la mirada sin niebla de los justos

y otra vez el latido del amor


esto de no ser más / de terminarse

tiene algo de aventura o de presidio

del ocaso al acaso media un palmo

de la nada a la nada va una vida


allá lejos / la simple ceremonia

de esa boca de niño junto a un pecho

de madre manantial

es un envite inútil a la nada

un simulacro espléndido / un adiós


pero la nada espera / no se olvida

de todas sus promesas serviciales

sus lágrimas de paz y protocolo

sus grietas en la tierra y en el cielo


¿cómo no ser curioso?

¿cómo no hacer apuestas a favor

o en contra hasta que alguien

pronuncie el no va más?


estoy henchido de curiosidad

callado como un pino en el crepúsculo

cuando el sol / ese impar / muere de a poco

y también él esconde sus vergüenzas


curioso y en silencio / yo me espío

a ver si la esperanza cicatriza

o si las servidumbres se desmandan

o si el secreto a voces me concierne


estoy flotante de curiosidad

ávido de saber o de sufrirme

flotante entre mis miedos

esclavo de mis auras

señor de mis cenizas


alguna vez la nada será mía

y yo / curioso

la venderé al mejor postor

y si él / a su vez / desencantado

la subasta en la plaza /

podré esfumarme al fin

como si nada

1.089
Mario Benedetti

Mario Benedetti

Como Si Nada

A Luz, una vez más.


Cuando el no ser queda en suspenso
se abre la vida ese paréntesisPreguntas al azar (1986)


¿Habrá alguna idea que merezca
no ser pensada de nuevo?ELÍAS CANETTI


Il faut souffler sur quelques lueurs
pour faire de la bonne lumière.RENÉ CHAR


GRACIAS

a Alberto, Ambrosio, Claribel, Chus, Roberto, Sealtiel, Willie y por supuesto a Luz, que como siempre me ayudaron con su lectura crítica de estos poemas cuando sólo eran borradores.


CON LUGAR A DUDAS


COMO SI NADA


Si esta pobre existencia es como un puente

colgante entre dos áridos mutismos

vale decir entre dos muertes

a todas luces (o

mejor a todas sombras)

lo inapelable lo definitivo

lo importante vendría a ser la muerte


¿o no?

somos cardúmenes de vivos

que navegamos ciegos / consolables

de muerte a muerte y sin escalas


de esta tregua brevísima querría

llevarme algunas cosas

verbigracia el latido del amor

el libro que releo en los insomnios

la mirada sin niebla de los justos

y otra vez el latido del amor


esto de no ser más / de terminarse

tiene algo de aventura o de presidio

del ocaso al acaso media un palmo

de la nada a la nada va una vida


allá lejos / la simple ceremonia

de esa boca de niño junto a un pecho

de madre manantial

es un envite inútil a la nada

un simulacro espléndido / un adiós


pero la nada espera / no se olvida

de todas sus promesas serviciales

sus lágrimas de paz y protocolo

sus grietas en la tierra y en el cielo


¿cómo no ser curioso?

¿cómo no hacer apuestas a favor

o en contra hasta que alguien

pronuncie el no va más?


estoy henchido de curiosidad

callado como un pino en el crepúsculo

cuando el sol / ese impar / muere de a poco

y también él esconde sus vergüenzas


curioso y en silencio / yo me espío

a ver si la esperanza cicatriza

o si las servidumbres se desmandan

o si el secreto a voces me concierne


estoy flotante de curiosidad

ávido de saber o de sufrirme

flotante entre mis miedos

esclavo de mis auras

señor de mis cenizas


alguna vez la nada será mía

y yo / curioso

la venderé al mejor postor

y si él / a su vez / desencantado

la subasta en la plaza /

podré esfumarme al fin

como si nada

1.089
Mario Benedetti

Mario Benedetti

Como Si Nada

A Luz, una vez más.


Cuando el no ser queda en suspenso
se abre la vida ese paréntesisPreguntas al azar (1986)


¿Habrá alguna idea que merezca
no ser pensada de nuevo?ELÍAS CANETTI


Il faut souffler sur quelques lueurs
pour faire de la bonne lumière.RENÉ CHAR


GRACIAS

a Alberto, Ambrosio, Claribel, Chus, Roberto, Sealtiel, Willie y por supuesto a Luz, que como siempre me ayudaron con su lectura crítica de estos poemas cuando sólo eran borradores.


CON LUGAR A DUDAS


COMO SI NADA


Si esta pobre existencia es como un puente

colgante entre dos áridos mutismos

vale decir entre dos muertes

a todas luces (o

mejor a todas sombras)

lo inapelable lo definitivo

lo importante vendría a ser la muerte


¿o no?

somos cardúmenes de vivos

que navegamos ciegos / consolables

de muerte a muerte y sin escalas


de esta tregua brevísima querría

llevarme algunas cosas

verbigracia el latido del amor

el libro que releo en los insomnios

la mirada sin niebla de los justos

y otra vez el latido del amor


esto de no ser más / de terminarse

tiene algo de aventura o de presidio

del ocaso al acaso media un palmo

de la nada a la nada va una vida


allá lejos / la simple ceremonia

de esa boca de niño junto a un pecho

de madre manantial

es un envite inútil a la nada

un simulacro espléndido / un adiós


pero la nada espera / no se olvida

de todas sus promesas serviciales

sus lágrimas de paz y protocolo

sus grietas en la tierra y en el cielo


¿cómo no ser curioso?

¿cómo no hacer apuestas a favor

o en contra hasta que alguien

pronuncie el no va más?


estoy henchido de curiosidad

callado como un pino en el crepúsculo

cuando el sol / ese impar / muere de a poco

y también él esconde sus vergüenzas


curioso y en silencio / yo me espío

a ver si la esperanza cicatriza

o si las servidumbres se desmandan

o si el secreto a voces me concierne


estoy flotante de curiosidad

ávido de saber o de sufrirme

flotante entre mis miedos

esclavo de mis auras

señor de mis cenizas


alguna vez la nada será mía

y yo / curioso

la venderé al mejor postor

y si él / a su vez / desencantado

la subasta en la plaza /

podré esfumarme al fin

como si nada

1.089
Mario Benedetti

Mario Benedetti

Un Reloj Con Números Romanos

No se culpe a nadie de mi vidaJulio Cortázar

¿Te llama la atención mi reloj? ¿Verdad que es
lindo? A mí siempre me gustaron los relojes con números
romanos. ¿Crees que está atrasado porque marca las once y
cuarto? No, no está atrasado. Simplemente, hace diez años
que está detenido en esa hora. ¿Por qué? No es tan
simple de contar. Nunca hablo de eso, nada más que por miedo a
que no me crean. ¿Serías capaz de creerme? Entonces te lo
cuento. Más que un recuerdo, es un homenaje. Diez años.
Recuerdo la fecha, porque todo ocurrió al día siguiente
de mi cumpleaños. Tenía quince y estaba bastante
orgulloso de mi nueva edad. Pasaba ese verano en casa de mis
tíos, en un pueblecito mallorquín, en medio de un
increíble paisaje montañoso. Después de las
muchedumbres y el tránsito enloquecido de Barcelona, aquello era
un paraíso. Por las mañanas me gustaba ir a la cala que
quedaba allá abajo; en hora tan temprana estaba siempre
desierta. En esa época nadaba muy mal, así que nunca me
alejaba mucho de la orilla porque en ciertos momentos del día
las olas, altísimas y todopoderosas, eran siempre un peligro. Me
bañaba desnudo y eso constituía todo un disfrute en aquel
agosto particularmente caluroso. Esa mañana descendí casi
corriendo por el sendero irregular y pedregoso que llevaba a la cala, y
una vez allí, sin mirar siquiera a mi alrededor, me quité
el short. Iba a meterme en el agua, cuando sentí que alguien me
gritaba, algo como buenos días. Miré entonces y vi a una
mujer joven, morena, hermosa. Llevaba una mínima tanga, pero su
busto estaba al descubierto. Sentí un poco de vergüenza y
me tapé con las manos, pero ella empezó a caminar y
enseguida estuvo junto a mí. No tengas vergüenza, dijo (en
un correcto español pero con acento extranjero, como si fuese
inglesa o alemana). Mira, yo también me quito esta menudencia,
agregó, y así estamos iguales. Preguntó
cómo me llamaba y le dije que Tomás. Tom, repitió
ella. Eres lindo, Tom. Creo que me puse rojo. Ven, dijo, y
tendió su mano hacia mí. Yo le di la mía. Ven,
repitió y me miró calmosamente. Sonreía, pero era
una sonrisa triste. ¿Nunca has estado con una mujer? Dije que
no, pero sólo con la cabeza. ¿Y qué edad tienes?
Ayer cumplí quince, contesté con mi orgullo algo
recuperado. Entonces empezó a acariciarme, primero los hombros,
luego el pecho (yo reí porque me hizo cosquillas), la cintura,
siempre sonriendo con infinita tristeza. Cuando llegó a mi sexo,
éste ya la estaba esperando. Entonces sonrió más
francamente y con un poco menos de tristeza, pero no se detuvo
allí, continuó acariciándome y así
llegó a mis tobillos y a mis pies llenos de arena. En ese
momento comprendí que me estaba enseñando algo y
resolví ser un buen alumno. También yo empecé a
acariciarla, pero en sentido inverso, de abajo hacia arriba, pero
cuando llegué a aquellos pechos tan celestiales, me sentí
desfallecer. De amor, de angustia, de esperanza, de nueva vida,
qué sé yo. Nunca más he sentido una
sensación así. Entonces, sin decirnos nada, nos tendimos
un poco más allá, donde el agua apenas lamía la
arena, y ella prosiguió minuciosamente su clase de
anatomía. La verdad es que a esa altura yo ya no precisaba
más lecciones y la cubrí sin ninguna timidez, casi te
diría que con descaro. Y mientras disfrutaba como un loco,
recuerdo que pensaba, o más bien deliraba: esta mujer es
mía, esta mujer es mía. Cuando todo acabó,
continuó besándome durante un rato. Luego se quitó
el reloj (precisamente este reloj) de su muñeca y me lo dio.
Mira, se ha detenido, eso quiere decir algo, guárdalo contigo. Y
yo, que siempre había querido tener un reloj con números
romanos, lo puse en mi muñeca, a ella le dije gracias y la
besé otra vez. Entonces dijo: Eres lo mejor que me podía
haber pasado, justamente hoy. Ahora me voy contenta, porque nos
descubrimos y fue algo maravilloso, ¿no te parece? Sí,
maravilloso, pero a dónde vas. Al mar, Tom, me voy al mar.
Tú te quedas aquí, con el reloj que se ha detenido, y no
digas nada a nadie. A nadie. Me besó por última vez y su
lengua estaba salada, como si fuera un anticipo del mar que la
esperaba. Empezó a caminar lentamente, se metió en el
agua y de inmediato fue rodeada por el coro de las olas, que cada vez
se fueron encrespando más. Ella siguió avanzando, sin
nadar, dejándose llevar, empujar, acosar violentamente por aquel
mar que (lo pensé entonces) era un viejo celoso, desbordante de
ira y de lujuria. Un viejo que no la iba a perdonar y a mí me
salpicaba como escupiéndome. Y así hasta que la
perdí de vista, porque las olas, una vez que golpeaban en las
rocas, regresaban con ímpetu y la llevaban cada vez más
lejos, más lejos, hasta que por fin tomé conciencia de mi
abandono y empecé a llorar, no como un muchacho de quince
años sino como un niño de catorce, sobre los despojos de
mi brevísima, casi instantánea felicidad. Jamás
apareció su cuerpo en las costas de Mallorca, nunca supe
quién era. Durante unos meses quise convencerme de que tal vez
fuese una sirena, pero luego descartaba esa posibilidad, ya que las
sirenas no usan relojes con números romanos. Bueno, creo que no
usan relojes en general. Aun hoy, cuando voy de vacaciones a Mallorca,
bajo siempre hasta la cala y me quedo allí, desnudo y a la
espera, dispuesto a darle cuerda nuevamente al reloj no bien ella surja
desde el mar, huyéndole a las olas iracundas de aquel viejo
rijoso. Pero ya ves, en mi reloj de números romanos las agujas
siguen marcando las once y cuarto, igual que hace diez años.
1.001
Mario Benedetti

Mario Benedetti

Un Reloj Con Números Romanos

No se culpe a nadie de mi vidaJulio Cortázar

¿Te llama la atención mi reloj? ¿Verdad que es
lindo? A mí siempre me gustaron los relojes con números
romanos. ¿Crees que está atrasado porque marca las once y
cuarto? No, no está atrasado. Simplemente, hace diez años
que está detenido en esa hora. ¿Por qué? No es tan
simple de contar. Nunca hablo de eso, nada más que por miedo a
que no me crean. ¿Serías capaz de creerme? Entonces te lo
cuento. Más que un recuerdo, es un homenaje. Diez años.
Recuerdo la fecha, porque todo ocurrió al día siguiente
de mi cumpleaños. Tenía quince y estaba bastante
orgulloso de mi nueva edad. Pasaba ese verano en casa de mis
tíos, en un pueblecito mallorquín, en medio de un
increíble paisaje montañoso. Después de las
muchedumbres y el tránsito enloquecido de Barcelona, aquello era
un paraíso. Por las mañanas me gustaba ir a la cala que
quedaba allá abajo; en hora tan temprana estaba siempre
desierta. En esa época nadaba muy mal, así que nunca me
alejaba mucho de la orilla porque en ciertos momentos del día
las olas, altísimas y todopoderosas, eran siempre un peligro. Me
bañaba desnudo y eso constituía todo un disfrute en aquel
agosto particularmente caluroso. Esa mañana descendí casi
corriendo por el sendero irregular y pedregoso que llevaba a la cala, y
una vez allí, sin mirar siquiera a mi alrededor, me quité
el short. Iba a meterme en el agua, cuando sentí que alguien me
gritaba, algo como buenos días. Miré entonces y vi a una
mujer joven, morena, hermosa. Llevaba una mínima tanga, pero su
busto estaba al descubierto. Sentí un poco de vergüenza y
me tapé con las manos, pero ella empezó a caminar y
enseguida estuvo junto a mí. No tengas vergüenza, dijo (en
un correcto español pero con acento extranjero, como si fuese
inglesa o alemana). Mira, yo también me quito esta menudencia,
agregó, y así estamos iguales. Preguntó
cómo me llamaba y le dije que Tomás. Tom, repitió
ella. Eres lindo, Tom. Creo que me puse rojo. Ven, dijo, y
tendió su mano hacia mí. Yo le di la mía. Ven,
repitió y me miró calmosamente. Sonreía, pero era
una sonrisa triste. ¿Nunca has estado con una mujer? Dije que
no, pero sólo con la cabeza. ¿Y qué edad tienes?
Ayer cumplí quince, contesté con mi orgullo algo
recuperado. Entonces empezó a acariciarme, primero los hombros,
luego el pecho (yo reí porque me hizo cosquillas), la cintura,
siempre sonriendo con infinita tristeza. Cuando llegó a mi sexo,
éste ya la estaba esperando. Entonces sonrió más
francamente y con un poco menos de tristeza, pero no se detuvo
allí, continuó acariciándome y así
llegó a mis tobillos y a mis pies llenos de arena. En ese
momento comprendí que me estaba enseñando algo y
resolví ser un buen alumno. También yo empecé a
acariciarla, pero en sentido inverso, de abajo hacia arriba, pero
cuando llegué a aquellos pechos tan celestiales, me sentí
desfallecer. De amor, de angustia, de esperanza, de nueva vida,
qué sé yo. Nunca más he sentido una
sensación así. Entonces, sin decirnos nada, nos tendimos
un poco más allá, donde el agua apenas lamía la
arena, y ella prosiguió minuciosamente su clase de
anatomía. La verdad es que a esa altura yo ya no precisaba
más lecciones y la cubrí sin ninguna timidez, casi te
diría que con descaro. Y mientras disfrutaba como un loco,
recuerdo que pensaba, o más bien deliraba: esta mujer es
mía, esta mujer es mía. Cuando todo acabó,
continuó besándome durante un rato. Luego se quitó
el reloj (precisamente este reloj) de su muñeca y me lo dio.
Mira, se ha detenido, eso quiere decir algo, guárdalo contigo. Y
yo, que siempre había querido tener un reloj con números
romanos, lo puse en mi muñeca, a ella le dije gracias y la
besé otra vez. Entonces dijo: Eres lo mejor que me podía
haber pasado, justamente hoy. Ahora me voy contenta, porque nos
descubrimos y fue algo maravilloso, ¿no te parece? Sí,
maravilloso, pero a dónde vas. Al mar, Tom, me voy al mar.
Tú te quedas aquí, con el reloj que se ha detenido, y no
digas nada a nadie. A nadie. Me besó por última vez y su
lengua estaba salada, como si fuera un anticipo del mar que la
esperaba. Empezó a caminar lentamente, se metió en el
agua y de inmediato fue rodeada por el coro de las olas, que cada vez
se fueron encrespando más. Ella siguió avanzando, sin
nadar, dejándose llevar, empujar, acosar violentamente por aquel
mar que (lo pensé entonces) era un viejo celoso, desbordante de
ira y de lujuria. Un viejo que no la iba a perdonar y a mí me
salpicaba como escupiéndome. Y así hasta que la
perdí de vista, porque las olas, una vez que golpeaban en las
rocas, regresaban con ímpetu y la llevaban cada vez más
lejos, más lejos, hasta que por fin tomé conciencia de mi
abandono y empecé a llorar, no como un muchacho de quince
años sino como un niño de catorce, sobre los despojos de
mi brevísima, casi instantánea felicidad. Jamás
apareció su cuerpo en las costas de Mallorca, nunca supe
quién era. Durante unos meses quise convencerme de que tal vez
fuese una sirena, pero luego descartaba esa posibilidad, ya que las
sirenas no usan relojes con números romanos. Bueno, creo que no
usan relojes en general. Aun hoy, cuando voy de vacaciones a Mallorca,
bajo siempre hasta la cala y me quedo allí, desnudo y a la
espera, dispuesto a darle cuerda nuevamente al reloj no bien ella surja
desde el mar, huyéndole a las olas iracundas de aquel viejo
rijoso. Pero ya ves, en mi reloj de números romanos las agujas
siguen marcando las once y cuarto, igual que hace diez años.
1.001
Mario Benedetti

Mario Benedetti

El Sexo De Los Ángeles

Una de las lamentables carencias de información que han padecido los
hombres y mujeres de todas las épocas se relaciona con el sexo de los
ángeles. El dato, nunca confirmado, de que los ángeles no hacen el amor
quizás signifique que no lo hacen de la misma manera que los mortales.


Otra versión, tampoco confirmada pero más verosímil, sugiere que si
bien los ángeles no hacen el amor con sus cuerpos (por la mera razón de que carecen de los mismos) lo celebran en cambio con palabras, vale
decir con las adecuadas.


Así, cada vez que Ángel y Ángela se encuentran en el cruce de dos
transparencias, empiezan por mirarse, seducirse y tentarse mediante el intercambio de miradas que, por supuesto, son angelicales.


Y si Ángel, para abrir el fuego, dice: “Semilla”, Ángela, para atizarlo, responde: “Surco”. Él dice: “Alud”, y ella tiernamente: “Abismo”.


Las palabras se cruzan, vertiginosas como meteoritos o acariciantes como copos.


Ángel dice: “Madero”. Y Ángela: “Caverna”.


Aletean por ahí un Ángel de la Guarda, misógino y silente, y un ángel de la Muerte, viudo y tenebroso. Pero el par amatorio no se interrumpe,
sigue silabeando su amor.


Él dice: “Manantial”. Y ella: “Cuenca”.


Las sílabas se impregnan de rocío y, aquí y allá, entre cristales de nieve, circulan el aire y su expectativa.


Ángel dice: “Estoque”, y Ángela, radiante: “Herida”.


Él dice: “Tañido”, y ella: “Rebato”.


Y en el preciso instante del orgasmo ultraterreno, los cirros y los
cúmulos, los estratos y nimbos, se estremecen, tremolan, estallan, y el
amor de los ángeles llueve copiosamente sobre el mundo.
681
Mario Benedetti

Mario Benedetti

La Vuelta De Mambrú

Cuando Mambrú se fue a la guerra, llevaba una almohadilla y un
tirabuzón. La almohadilla para descansar después de las
batallas y el tirabuzón para descorchar las efímeras
victorias.


También llevaba un paraguas contra venablos, aguaceros y
palabrotas; un anillo de oro para la suerte y contra los orzuelos y un
llavero con la llave de su más íntimo desván.



Como a menudo le resultaba insoportable la ausencia de la señora
de Mambrú, llevaba un ejemplar del “Cantar de los Cantares”, a
fin de sobrellevar los veranillos de San Juan, un abanico persa y otro
griego.



Llevaba una receta de sangría para sobornar al cándido
enemigo y para el caso de que este no fuera sobornable llevaba un
arcabuz y un verduguillo.


Así mismo unas botas de potro que rara vez usaba, ya que siempre
le había gustado caminar descalzo y un calidoscopio
artesanal, debido probablemente a que Marei, Edison y Lumiere no
habían nacido para inventar el cine.


Llevaba por último, un escudo de arpillera porque los de hierro
pesaban mucho y dos o tres principios fundamentales mezclados con la
capa bajo el morrión.


Nunca se supo como le fue a Mambrú en la guerra, ni cuantas
semanas o siglos se demoró en ellas. Lo cierto es que no
volvió para la Pascua ni para Navidad. Por el contrario,
transcurrieron centenares de Pascuas y Navidades sin que volviera o
enviara noticias. Ya nadie se acordaba de él ni de su perra.
Nadie cantaba ya la canción que en su tiempo era un hit.



Y sin embargo, fue en medio de esa amnesia que regresó en un
vuelo regular de Iberia, exactamente el miércoles pasado. Tan
rozagante que nadie osó atribuirle más de un siglo y
medio. Tan lozano que parecía el bisnieto de Mambrú.


Por supuesto ante retorno tan insólito hubo una conferencia de
prensa en el abarrotado salón Vip. Todos querían conocer
las novedades que traía Mambrú después de tanta
guerra. Cuántas heridas, Cuántos grilletes.
Cuántos casus belis. Cuántos pillajes y zafarranchos de
combate. Cuánto orgullo, cuántas lecciones.
Cuántos laureles, cuántas medallas y cruces y
chafalonías.


Ante el asedio de micrófonos que diecinueve hombres de
prensa blandían como cachiporras, Mambrú, oprimido pero
afable solo alcanzó a decir: —Señores no sé de
qué me están hablando. Traje una brisa con arpegios, una
paciencia que es un río, una memoria de cristal. Un
ruiseñor, dos ruiseñoras, traje una flecha de arco iris y
un túnel pródigo de ecos. Tres rayos tímidos y una
sonata para grillo y piano. Un lorito tartamudo y una canilla que no
tose. Traje un teléfono de ensueño y un aparejo para
náufragos. Traje éste traje y otro más. Y
un faro que baja los párpados, traje un limón
contra la muerte y muchas ganas de vivir.



Fue entonces que nació la calma y hubo un silencio transparente.
Un necio adujo que las pilas se hallaban húmedas de llanto y que
por eso los micrófonos estaban sordos y perplejos.


Poquito a poco aquel asedio se fue estrechando en un abrazo y
Mambrú viejo y joven y único sintió por fin que
estaba en casa.
791
Mario Benedetti

Mario Benedetti

Preguntas Al Azar Iv

¿Cuánto me queda?
¿siete? ¿diez? ¿quince setiembres?

¿le pregunto al azar
acaso porque sé
que el azar no responde?

y así y todo
el azar
¿es realmente un azar?

aún no he movido el rey
y la torre está quieta
o sea que hasta aquí
puedo enrocar mis riesgos

no instruí a mi reloj
para mañana
no hay por lo tanto garantía
de despertar a tiempo
por otra parte
sé proteger el sueño
con mis gastados párpados
de manera que puedo
arrimarme soñando
a esa espléndida nada
nada prometedora

la misma nada en que se despeñaron
mis hermanos de siempre
también los bienvenidos
que un día se malfueron
entre otros mi padre con su asfixia
y su postrer mirada
de candoroso pánico

¿qué diferencia podrá haber
ahí en tan hueco enigma
entre las vidas transparentes
y las compactas de asco
entre los tiernos pechos
de la hermosa lujuria
y los verdugos con medallas?
¿habrá acaso una sola y final
desolación?
¿cabrá algún jubileo?

en el gran agujero universal
¿se habrá acabado la noticia?
¿terminado el pronóstico?
¿borrado la memoria?
¿degollado el futuro?
la sobornable amnesia
del imposible dios
¿será infinita?

¿tal vez la única igualdad posible
entre yo mismo y la inminente
caravana de prójimos
será el no ser
el no existir?

¿nadie será ni más ni menos
inexistente que otros?
¿o por ventura o desventura
habrá tal vez un colmo
de oscura inexistencia?
¿una nada más nada
que las otras?

ante tan humillante incertidumbre
¿no sería mejor
confiar tan sólo en nuestras huellas
nuestro jadeo nuestro limo
en el amor que desentrañan
dos vértices de musgo
en los odios y mitos que inventamos
en las palabras como norias
en las palabras como sueños?

antes que el indecente
rasero igualitario
del no pensar
el no existir
no amar
no disfrutar
no padecer
¿no será preferible
la sideral distancia
que separa
lo justo de lo injusto?

francamente me asquea
la rara vecindad de mi no ser
con el canalla ahora inexistente
mi próximo no prójimo
en el amplio vacío

¿cuánto me queda?
¿siete? ¿diez? ¿quince setiembres?

¿y qué es después de todo
eso que espera?

¿la noche interminable?
¿un sol sin atenuantes ni crepúsculos?
¿la calima tediosa?
¿la noche? ¿alguna noche?
¿la noche como muro?

lo cierto es que no tengo
con respecto a esa noche sin murciélagos
ninguna expectativa o esperanza

¿o será que la muerte
no es realmente mi noche predilecta?

le pregunto al azar
al mudo
sordo
ciego

le pregunto al azar
le pregunto al azar
desalentadamente
le pregunto al azar
que no responde

¿estará mudo sordo ciego?

¿o
para nuestro escarnio
habrá muerto
el azar?
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