Sociedad y el Mundo
Enrique Lihn
Revolución
De la revolución prefiero la necesidad de conversar entre amigos
aunque sea por las razones más débiles
hasta diletando; y soy, como se ve, un pequeño burgués no
vergonzante
que ya en loss años treinta y pico sospechaba que detrás
del amor a los pobres de los sagrados corazones
se escondía una monstruosa duplicidad
y que en el cielo habría una puerta de servicio
para hacer el reparto de las sobras entre los mismos mendigos que se
restregaban aquí abajo contra los flancos de la Iglesia
en ese barrio uncioso pero de cuello y corbata
frío de corazón ornamental
La revolución
es el nacimiento del espíritu critico y las perplejidades que le
duelen al imago en los lugares en que se ha completado para una tarea
por ahora incomprensible
y en nombre de la razón la cabeza vacila
y otras cabezas caen en un cesto
y uno se siente solitario y cruel
víctima de las incalculables injusticias que efectivamente no se
hacen esperar y empiezan a sumarse en el horizonte de lo que era de
rigor llamar entonces la vida
y su famosa sonrisa.
Enrique Lihn
Revolución
De la revolución prefiero la necesidad de conversar entre amigos
aunque sea por las razones más débiles
hasta diletando; y soy, como se ve, un pequeño burgués no
vergonzante
que ya en loss años treinta y pico sospechaba que detrás
del amor a los pobres de los sagrados corazones
se escondía una monstruosa duplicidad
y que en el cielo habría una puerta de servicio
para hacer el reparto de las sobras entre los mismos mendigos que se
restregaban aquí abajo contra los flancos de la Iglesia
en ese barrio uncioso pero de cuello y corbata
frío de corazón ornamental
La revolución
es el nacimiento del espíritu critico y las perplejidades que le
duelen al imago en los lugares en que se ha completado para una tarea
por ahora incomprensible
y en nombre de la razón la cabeza vacila
y otras cabezas caen en un cesto
y uno se siente solitario y cruel
víctima de las incalculables injusticias que efectivamente no se
hacen esperar y empiezan a sumarse en el horizonte de lo que era de
rigor llamar entonces la vida
y su famosa sonrisa.
Enrique Lihn
Jonás
de qué.
En nombre de Isaías, el profeta, pero con el grotesco gesto
inconcluso de su colega Jonás
que nunca llegó a cumplir su pequeña comisión
sujeto a los altos y bajos
del bien y del mal, a las variables circunstancias históricas
que lo hundieron en la incertidumbre de un vientre de ballena.
Como Jonás, el bufón del cielo, siempre obstinado en
cumplir su pequeña comisión, el porta-documentos
incendiario bajo la axila sudorosa, el paraguas raido a modo de
pararrayos.
Y la incertidumbre de Jehová sobre él, indeciso entre el
perdón y la cólera, tomándolo y
arrojándolo, a ese viejo instrumento de utilidad dudosa
caído, por fin, en definitivo desuso.
Yo también terminaré mis días bajo un árbol
pero como esos viejos vagabundos ebrios que abominan de todo por igual,
no me pregunten
nada, yo sólo sé que seremos destruidos.
Veo a ciegas la mano del señor cuyo nombre no recuerdo,
los frágiles dedos torpemente crispados. Otra cosa, de nuevo,
que nada tiene que ver. Recuerdo algo así como.. .
no, no era más que eso. Una ocurrencia, lo mismo da. Ya no
sé a dónde voy otra vez.
Asísteme señor en tu abandono.
Ismael Enrique Arciniegas
En Marcha
Avanza ¡oh Juventud! ¡Sonó la hora!
Potente, de la sombra enervadora,
El pensamiento se alza como Anteo.
Los dioses ya se van, y erguirse veo
La Ciencia en sus altares vencedora.
¡Ya irradia en las tinieblas luz de aurora!
¡Ya rompe sus cadenas Prometeo!
La augusta voz de redención se escucha,
Y la Razón alumbra el limbo oscuro
En donde esclava la conciencia lucha.
¡Adelante! El combate ha comenzado:
¡Entonemos el himno del Futuro
De pie sobre las ruinas del pasado!
Ismael Enrique Arciniegas
En Marcha
Avanza ¡oh Juventud! ¡Sonó la hora!
Potente, de la sombra enervadora,
El pensamiento se alza como Anteo.
Los dioses ya se van, y erguirse veo
La Ciencia en sus altares vencedora.
¡Ya irradia en las tinieblas luz de aurora!
¡Ya rompe sus cadenas Prometeo!
La augusta voz de redención se escucha,
Y la Razón alumbra el limbo oscuro
En donde esclava la conciencia lucha.
¡Adelante! El combate ha comenzado:
¡Entonemos el himno del Futuro
De pie sobre las ruinas del pasado!
Ismael Enrique Arciniegas
Las Garzas
La aurora alumbra el peñascal sombrío,
y de garzas el vuelo ligera bandada
tiende en la quietud del río.
En sus alas la luz se atornasola,
y del oriente entre rosados velos
parecen, blancas, en la orilla sola,
un adiós silencioso de pañuelos.
Efraín Huerta
Un Cuaderno De Dibujo De Nunik Sauret
Lo fugaz ha transcurrido como un día lamidísimo. La
orquídea padeció dulcemente lo suyo, bajo una hoguera
constante y el breve, nervioso incendio de un clavel que no
reventó a tiempo. Se ha cumplido una misión. Una doble
misión, y los labios vuelven a su lugar de origen y la espada
del extraño ojo se dispone al oleaje final. La piel se eriza,
acrece la fiebre, arden las mordeduras; en estos labios una menuda
espuma ilumina el silencio.
Unas manos afiladas toman la rojiza espada.
Una rosada, anhelante primavera va a ser hendida.
Se está a la orilla de lo incierto, con las olas y una ardiente
arena como el cielo donde los ensalivados tulipanes se despiertan a la
luz, mientras allá arriba los pechos se aplastan como dos
guitarras adormidas de ansioso dolor.
Flamea la espada hoy dorada: vigorosa, endurecida insignia.
Todo es húmedo y es real y es embriagante y es oloroso y es aromático.
Suavísimamente, primero, la lenta y pulida rama espadeante busca
su casa, la caliente casa donde construirá su guerra compartida,
su agitada batalla florecida entre ayes de infinita transparencia.
Un índice macho se ha extraviado en la ensoñadora puerta
estrecha.
La tarea alcanza la perfección de la rosa sexual.
Mar adentro, la mar de licores, leche y miel de nardos es adentrada.
«Tus caderas rechinaron como la última carroza del cortejo».
Abril de 1980
Efraín Huerta
Lope De Vega 510 ¡polanco!
¡Polanco!
Soy una isla
(Llamadme Islaím
Amados balleneros)
Una islita
Rodeada de millonarios
Por todas partes
Menos por una
La parte que me toca
Efraín Huerta
Pequeño Larousse
...Nació
En Silao.
1914.
Autor
De versos
De contenido
Social...
Embustero
Larousse.
Yo sólo
Escribo
Versos
De contenido
Sexual.
Efraín Huerta
Che
Para Eugenia Huerta
En
La
Calle
Deben
Pasar
Cosas
Extraordinarias
Por
Ejemplo
La
REVOLUCIÓN
Efraín Huerta
Esto Se Llama Los Incendios
Cuatro fantasmas de plomo cavan la tumba del amor.
Uno, dos, tres, innumerables asesinos decapitan el ángel de la
dicha.
Un jinete de enrojecidos ojos cabalga los incendios.
Algo como una lejana tristeza sucede allá,
en el país de las praderas, del napalm, del oro y de los enormes
ríos
que de pronto se alzan y se preguntan qué pasa,
aló aló qué ocurre en las ciudades de
mármol,
en las ciudades de miasma; ¿qué sucede que se ha roto
el coloquio de los enamorados?
El viento ha perdido
la dirección y la Madre Primavera muestra su pecho cercenado.
Algo como un quebradero de huesos y de plumas
ha coronado de sombra los capitolios y llenado de cenizas
las casas que antes del fuego fueron blancas y púdicas como una
guerra no declarada.
¡Aló aló Vietnam, aló padre y poeta Ho Chi
Minh!
Hola, hermana ceniza, hermano dedo, hermanas barbas,
hola querido Comandante Guevara, viento-verdad, columna asesinada,
allá arriba de nosotros, cerca del cielo o del infierno,
algo ardiente como una roja espuma se levanta
y es tu palabra insomne, tu agonía, la línea de tu
sueño.
Pólvora y miedo en el país llamado
"el país más poderoso de la tierra".
En cada casa norteña, un becerro dorado.
En cada palacio del sur, la suma por centenares de esclavos.
En todas las casas una Biblia nunca leída, acaso murmurada,
jamás entendida.
Pero olvidemos el poder, el orgullo, los becerros
y las Biblias y no olvidemos a Abraham Lincoln río Mississippi
abajo
casi al encuentro de don Benito Juárez desterrado
y liando tabaco virginiano; a Abraham Lincoln con su testimonio a cuestas,
su vigor de coloso y su tristeza secular.
Cuando Abraham Lincoln fue asesinado
un poco de atardecer cayó sobre el mundo de los negros
y las plegarias se sucedieron como un amargo río de lágrimas.
Llamearon las pupilas acusadoras, pero nada más. Ah, sí:
Un poeta de luenga barba blanca y ojos marinos se enfermó por la
muerte de un capitán de la vida.
Los blancos habían empezado a linchar y
los capuchones del Ku Klux Klan erizaron el silencioso territorio.
Comenzaba a oler a pólvora, a sangre fresca,
a sudor de jinetes bramadores y a incendios.
Palomas delirantes aparecieron tal presagios,
hasta que los fusiles con miras telescópicas ocuparon
el lugar de los arcángeles y callaron las aleluyas.
El agua del río padre tornóse espesa sangre
y el blues se arrinconó como un perro sarnoso.
Cuando hace pocos amaneceres asesinaron a Martin Luther King
un poco de niebla fustigó el mundo de los negros.
Pero entonces ya no solamente llamearon las pupilas
sino la madera, los minerales, los supermercados,
las farmacias, los bancos, las estaciones de policía,
las radiodifusoras, las estaciones de TV...
Ardieron de costa a costa las ciudades para que iluminaran una muerte
y hubiera un destello de esperanza en la piel negra y en la piel roja,
y hasta un poco de luz de algo que se llamó bondad, ¿o se
llamaba piedad,
o bíblicamente, malditamente se llamaba violencia?
Hoy nada sabemos. Ni siquiera dónde empieza la cola de una
serpiente de plomo
ni dónde termina el dolor de una viuda ni qué
entraña se arrancaron los huérfanos
para gemir muertos de angustia en las noches de Memphis y de Atlanta.
Se necesita ser muy hombre para no ser violento.
Se necesita saber musitar un versículo.
Hoy necesito
mucha cobardía para callarme la oración
por Martin Luther King,
y para no decir nada sobre la sangre que lo ahogó
como a un cordero para holocausto
en la piedra solar de una colina mosaica.
¡Aló aló Martin Luther King, hombre negro degollado!
Hola Martin Lutero Rey, pacífico hacedor de incendios,
campanada king king de la rebelión, tam tam descuartizado,
suave africano de la dura Norteamérica.
Aló asesinado
aló mortificado en cuerpo y alma
aló balaceado
Hola enterrado en alma y cuerpo
hola acribillado
santo negro de las llamas
de los negros incendios
te bendigo
te bendecimos
liberador.
Ahora bendícenos, reverendo,
desde tu cielo ceñudo
desde la cálida oscuridad de tu celda celeste
¡No eres más que un cuchillo ni menos que un motín!
Por la muerte de Malcolm X
por la vida veloz de Stokely Carmichael
condúcenos, oh animoso,
oh tumultuario,
hacia el sofocante purgatorio
de los vastos jardines
incendiados!
9-10 de abril de 1968
Efraín Huerta
Esto Se Llama Los Incendios
Cuatro fantasmas de plomo cavan la tumba del amor.
Uno, dos, tres, innumerables asesinos decapitan el ángel de la
dicha.
Un jinete de enrojecidos ojos cabalga los incendios.
Algo como una lejana tristeza sucede allá,
en el país de las praderas, del napalm, del oro y de los enormes
ríos
que de pronto se alzan y se preguntan qué pasa,
aló aló qué ocurre en las ciudades de
mármol,
en las ciudades de miasma; ¿qué sucede que se ha roto
el coloquio de los enamorados?
El viento ha perdido
la dirección y la Madre Primavera muestra su pecho cercenado.
Algo como un quebradero de huesos y de plumas
ha coronado de sombra los capitolios y llenado de cenizas
las casas que antes del fuego fueron blancas y púdicas como una
guerra no declarada.
¡Aló aló Vietnam, aló padre y poeta Ho Chi
Minh!
Hola, hermana ceniza, hermano dedo, hermanas barbas,
hola querido Comandante Guevara, viento-verdad, columna asesinada,
allá arriba de nosotros, cerca del cielo o del infierno,
algo ardiente como una roja espuma se levanta
y es tu palabra insomne, tu agonía, la línea de tu
sueño.
Pólvora y miedo en el país llamado
"el país más poderoso de la tierra".
En cada casa norteña, un becerro dorado.
En cada palacio del sur, la suma por centenares de esclavos.
En todas las casas una Biblia nunca leída, acaso murmurada,
jamás entendida.
Pero olvidemos el poder, el orgullo, los becerros
y las Biblias y no olvidemos a Abraham Lincoln río Mississippi
abajo
casi al encuentro de don Benito Juárez desterrado
y liando tabaco virginiano; a Abraham Lincoln con su testimonio a cuestas,
su vigor de coloso y su tristeza secular.
Cuando Abraham Lincoln fue asesinado
un poco de atardecer cayó sobre el mundo de los negros
y las plegarias se sucedieron como un amargo río de lágrimas.
Llamearon las pupilas acusadoras, pero nada más. Ah, sí:
Un poeta de luenga barba blanca y ojos marinos se enfermó por la
muerte de un capitán de la vida.
Los blancos habían empezado a linchar y
los capuchones del Ku Klux Klan erizaron el silencioso territorio.
Comenzaba a oler a pólvora, a sangre fresca,
a sudor de jinetes bramadores y a incendios.
Palomas delirantes aparecieron tal presagios,
hasta que los fusiles con miras telescópicas ocuparon
el lugar de los arcángeles y callaron las aleluyas.
El agua del río padre tornóse espesa sangre
y el blues se arrinconó como un perro sarnoso.
Cuando hace pocos amaneceres asesinaron a Martin Luther King
un poco de niebla fustigó el mundo de los negros.
Pero entonces ya no solamente llamearon las pupilas
sino la madera, los minerales, los supermercados,
las farmacias, los bancos, las estaciones de policía,
las radiodifusoras, las estaciones de TV...
Ardieron de costa a costa las ciudades para que iluminaran una muerte
y hubiera un destello de esperanza en la piel negra y en la piel roja,
y hasta un poco de luz de algo que se llamó bondad, ¿o se
llamaba piedad,
o bíblicamente, malditamente se llamaba violencia?
Hoy nada sabemos. Ni siquiera dónde empieza la cola de una
serpiente de plomo
ni dónde termina el dolor de una viuda ni qué
entraña se arrancaron los huérfanos
para gemir muertos de angustia en las noches de Memphis y de Atlanta.
Se necesita ser muy hombre para no ser violento.
Se necesita saber musitar un versículo.
Hoy necesito
mucha cobardía para callarme la oración
por Martin Luther King,
y para no decir nada sobre la sangre que lo ahogó
como a un cordero para holocausto
en la piedra solar de una colina mosaica.
¡Aló aló Martin Luther King, hombre negro degollado!
Hola Martin Lutero Rey, pacífico hacedor de incendios,
campanada king king de la rebelión, tam tam descuartizado,
suave africano de la dura Norteamérica.
Aló asesinado
aló mortificado en cuerpo y alma
aló balaceado
Hola enterrado en alma y cuerpo
hola acribillado
santo negro de las llamas
de los negros incendios
te bendigo
te bendecimos
liberador.
Ahora bendícenos, reverendo,
desde tu cielo ceñudo
desde la cálida oscuridad de tu celda celeste
¡No eres más que un cuchillo ni menos que un motín!
Por la muerte de Malcolm X
por la vida veloz de Stokely Carmichael
condúcenos, oh animoso,
oh tumultuario,
hacia el sofocante purgatorio
de los vastos jardines
incendiados!
9-10 de abril de 1968
Efraín Huerta
Esto Se Llama Los Incendios
Cuatro fantasmas de plomo cavan la tumba del amor.
Uno, dos, tres, innumerables asesinos decapitan el ángel de la
dicha.
Un jinete de enrojecidos ojos cabalga los incendios.
Algo como una lejana tristeza sucede allá,
en el país de las praderas, del napalm, del oro y de los enormes
ríos
que de pronto se alzan y se preguntan qué pasa,
aló aló qué ocurre en las ciudades de
mármol,
en las ciudades de miasma; ¿qué sucede que se ha roto
el coloquio de los enamorados?
El viento ha perdido
la dirección y la Madre Primavera muestra su pecho cercenado.
Algo como un quebradero de huesos y de plumas
ha coronado de sombra los capitolios y llenado de cenizas
las casas que antes del fuego fueron blancas y púdicas como una
guerra no declarada.
¡Aló aló Vietnam, aló padre y poeta Ho Chi
Minh!
Hola, hermana ceniza, hermano dedo, hermanas barbas,
hola querido Comandante Guevara, viento-verdad, columna asesinada,
allá arriba de nosotros, cerca del cielo o del infierno,
algo ardiente como una roja espuma se levanta
y es tu palabra insomne, tu agonía, la línea de tu
sueño.
Pólvora y miedo en el país llamado
"el país más poderoso de la tierra".
En cada casa norteña, un becerro dorado.
En cada palacio del sur, la suma por centenares de esclavos.
En todas las casas una Biblia nunca leída, acaso murmurada,
jamás entendida.
Pero olvidemos el poder, el orgullo, los becerros
y las Biblias y no olvidemos a Abraham Lincoln río Mississippi
abajo
casi al encuentro de don Benito Juárez desterrado
y liando tabaco virginiano; a Abraham Lincoln con su testimonio a cuestas,
su vigor de coloso y su tristeza secular.
Cuando Abraham Lincoln fue asesinado
un poco de atardecer cayó sobre el mundo de los negros
y las plegarias se sucedieron como un amargo río de lágrimas.
Llamearon las pupilas acusadoras, pero nada más. Ah, sí:
Un poeta de luenga barba blanca y ojos marinos se enfermó por la
muerte de un capitán de la vida.
Los blancos habían empezado a linchar y
los capuchones del Ku Klux Klan erizaron el silencioso territorio.
Comenzaba a oler a pólvora, a sangre fresca,
a sudor de jinetes bramadores y a incendios.
Palomas delirantes aparecieron tal presagios,
hasta que los fusiles con miras telescópicas ocuparon
el lugar de los arcángeles y callaron las aleluyas.
El agua del río padre tornóse espesa sangre
y el blues se arrinconó como un perro sarnoso.
Cuando hace pocos amaneceres asesinaron a Martin Luther King
un poco de niebla fustigó el mundo de los negros.
Pero entonces ya no solamente llamearon las pupilas
sino la madera, los minerales, los supermercados,
las farmacias, los bancos, las estaciones de policía,
las radiodifusoras, las estaciones de TV...
Ardieron de costa a costa las ciudades para que iluminaran una muerte
y hubiera un destello de esperanza en la piel negra y en la piel roja,
y hasta un poco de luz de algo que se llamó bondad, ¿o se
llamaba piedad,
o bíblicamente, malditamente se llamaba violencia?
Hoy nada sabemos. Ni siquiera dónde empieza la cola de una
serpiente de plomo
ni dónde termina el dolor de una viuda ni qué
entraña se arrancaron los huérfanos
para gemir muertos de angustia en las noches de Memphis y de Atlanta.
Se necesita ser muy hombre para no ser violento.
Se necesita saber musitar un versículo.
Hoy necesito
mucha cobardía para callarme la oración
por Martin Luther King,
y para no decir nada sobre la sangre que lo ahogó
como a un cordero para holocausto
en la piedra solar de una colina mosaica.
¡Aló aló Martin Luther King, hombre negro degollado!
Hola Martin Lutero Rey, pacífico hacedor de incendios,
campanada king king de la rebelión, tam tam descuartizado,
suave africano de la dura Norteamérica.
Aló asesinado
aló mortificado en cuerpo y alma
aló balaceado
Hola enterrado en alma y cuerpo
hola acribillado
santo negro de las llamas
de los negros incendios
te bendigo
te bendecimos
liberador.
Ahora bendícenos, reverendo,
desde tu cielo ceñudo
desde la cálida oscuridad de tu celda celeste
¡No eres más que un cuchillo ni menos que un motín!
Por la muerte de Malcolm X
por la vida veloz de Stokely Carmichael
condúcenos, oh animoso,
oh tumultuario,
hacia el sofocante purgatorio
de los vastos jardines
incendiados!
9-10 de abril de 1968
Efraín Huerta
El Viejo Y La Pólvora
A Jesús Arellano
Viejo sangre de toro
viejo marino anciano de las nieves
viejo de guerras de enfermerías
de heridas
Viejo con piel de flor
viejo santo de tanto amor
viejo de juventud niño de canas
viejo amadasantamente loco de amor siempre
viejo perro soldado
anciano de los trópicos
viejo hasta lo eterno
joven hasta el espacio azul de muerte
Viejo viejo cazador
matador amador
amante amante amante amante
Puntual exactamente amante
lento y certero
marino viejo tempestad y bochorno
sudor de manos
Viejo dios todos los días
de Dios escribir amar beber maldecir
beber tu propia sangre
viejo sangre de res
bendita seas maldita sangre tuya
cuando el disparo
seco bestial rotundo como un templo mancillado
degolló la marea la selva la cumbre las heridas
el amor total el infortunio la dicha la embriaguez
y un rostro dio fulgores amarillos a la muerte
y un ataúd de pólvora un ataúd un ataúd
y dos palabras
Ernest Hemingway
5 de julio de 1966
Efraín Huerta
Un Pectoral De Pavor Para El Capitán Fiallo
Ardía el caballero con sus ojeras rotas
llameaba su piel e iluminaba la ciudad
Moría de hambre el capitán Fiallo
acostado en su lecho de una bruta piel de toro
y un leño por almohada
brasa de muerte y soledad
rezos y campanadas
esquilas como cementerios del aire
Ardía desde el corazón hasta el vientre del valle
al que tardíamente había llegado
capitán
caballero
de los pobres
Tan tarde así que ya el crepúsculo era anciano
y las estelas eran viejas de siglos
El que moría era pálido como sus hazañas
y el oro de su bolso no cabría nunca en su tumba
porque —digo— había llegado tarde y nunca supo
caballero de codicia
capitán
y encomendero
que a un paso de su vida y a un paso de su muerte
yacían los tesoros las joyas del olvido
los caracoles de reluciente esperma marina
y la silenciosa pureza del cristal de roca
Y entonces muere el más rico de los pobres sin saberlo
el pobre
(el de pan duro mojado en agua serenada
el de un leño de mezquite por almohada
el dormido en una bruta piel de toro)
el capitán español
el benefactor español
el encomendero español
el bien llamado
el bienamado capitán Fiallo
el pobre
(Oaxaca tiene una calle con su nombre)
tan honradamente pobre como un vals empobrecido
(tiene también Oaxaca un sucio cine antiguo teatro llamado Macedonio Alcalá
y allí el vals Dios nunca muere se arrastra entre ratas
como el propio Alcalá moribundo en su negro petate)
tan pobre el capitán que sus niños y niñas lloraron
como muertecitos de alambre
y sus lágrimas eran de yeso
y los corregidores frailes y tenientes volvieron el estómago
al pie de los laureles de bronce
Pues en el horizonte
al poniente
y junto a montes color de tigre
una colina como una leona en reposo
se preñaba de rayos y de lluvia
(Xipetótec desollaba el agua, el relámpago y la Tumba 7)
porque el capitán —pintado al óleo a la entrada del museo—
había muerto tan aterido y flaco como un murciélago en su urna
y la riqueza ignorada y desdeñada podía esperar dos siglos
El capitán no tuvo perlas ni ámbares ni caracoles
ni oros ni plata ni azabaches ni turquesas
ni dagas de obsidiana ni pedernales ni cristales de roca
Mísero capitán
encomendero español
muerto como un perrito
como un perrito muerto
a la sombra de la sonora carcajada de Cosijo
en el corazón del marquesado
en la raíz de los tesoros
en el pulmón lunar de la noche mixteca
a un tiro de arcabuz de un pectoral
ennegrecido y turbio
como su amarga vida de bien aconsejada hipocresía
Descanse en paz
capitán
Fiallo de nombre
Efraín Huerta
Agua Del Dios (1)
Agua dulce, agua amarga,
agua de soledad, agua de nada,
agua quebrada para el verde amor
y la amarilla piedad;
agua sin sombra para el aire
de esta región llamada
la más transparente de la sangre.
Dios mío dije ayer en la frontera fuego-sueño
y un elemento lleno de voz y cielos agua y tierra
me respondió desde el fondo del corazón de la tragedia:
Acércate, abre las piernas del viento
y húndele tu puñal de purísima obsidiana.
Pero nadie vive de aire sino de hambre
y el canto que anhela lo heroico pierde la alegría
y todo se quebranta como una conversación entre vasallos.
Oh dios mío vuelvo a decir y desde una región
de corales terrestres y desamparo, la misma voz
de siempre: Llora un instante, mírate en el espejo de mi tiempo
y aprende a vivir como un hombre adormilado.
¿Entonces soy el perro-poeta de rodillas
o el jaguar vencido, hincada la mandíbula en la tierra que nada engendra?
Con el hocico enfermo de plumas y cuarzos
subo y bajo bajo y subo la pirámide del miedo,
oh dios endemoniado y brujo, tragador de hongos,
dios de soles envilecidos y príncipes y sacerdotes homosexuales,
yo estoy en adoración todos los días en nombre de mis muertos
y de mis vivos, de todos los que amo y de todos los que no he aprendido a odiar,
así, de rodillas, salvajemente mexicano,
adherido a las hoyos inmundos de tu ancha cara sin horizontes.
Porque se debe decir, partiendo
en dos la podrida manzana de la epopeya:
la patria es
impecable como un asesinato al pie de las ruinas
y una mujer que no pudo parir ni una oración,
la patria es diamantina como la hora del alba en que un hombre es
crucificado
y los panes y semillas del hombre parecen crecer entre telarañas
y rayos e incendios, oh dios de dioses,
ciegan y matan la inmensidad del sueño.
Efraín Huerta
Agua Del Dios (2)
Agua espesa, divinamente pantanosa,
agua de olvido, espejo de tinieblas,
agua donde penetra el alma y nada se oye.
Fresca agua para el rostro, para toda la carne
mancillada y expuesta
sanguinolenta en todos los mercados.
Agua como la patria abierta en canal.
Patria bárbara y militar
dejada de la mano de los dioses,
fugitiva del agua que todo lo purifica.
Patria nuestra muerta de rocío
y yerbas pisoteadas por asesinos y ladrones
y después más ladrones y más
y más y nunca terminan asesinos
y carceleros, oh dios,
ah amada, desventurada
patria-cárcel
Tal es mi furia y mi testimonio dijo el dios
en el instante del sagrado crepúsculo, cuando las colinas
se alejaron hacia un infinito de miseria.
No otra es mi palabra, mi árido paisaje de sangre,
la soledad amorosa que me es negada, los ojos
que me hieren, los poros con que hiero y salvo.
Oh dios, ay dios de heridas y puñales,
dios de piedra punzante, hubo una hora en que
todo pareció como el estallido del alba
y las sonrisas esplendieron como pétalos
y el amor era magnífico hasta la belleza total.
Después nos acribillaron y nos arrebataron
la desnuda libertad.
Parece no importar, oh tú, horripilante
y solitario lleno de asco dios de la infamia,
gran sacerdote del exterminio.
A tus pies, hombre y duelo,
junto a tus heridas cristalinas y tu agua,
me arrodillo otra vez a contemplar el paso de mi patria,
y digo que todo podría ser tan hermoso y sagrado
como el amor, como el Amor,
como el AMOR, oh dios,
recíbeme en tu piedra,
¡hazme vivir!
Septiembre-octubre de 1964
Efraín Huerta
Agua Del Dios (2)
Agua espesa, divinamente pantanosa,
agua de olvido, espejo de tinieblas,
agua donde penetra el alma y nada se oye.
Fresca agua para el rostro, para toda la carne
mancillada y expuesta
sanguinolenta en todos los mercados.
Agua como la patria abierta en canal.
Patria bárbara y militar
dejada de la mano de los dioses,
fugitiva del agua que todo lo purifica.
Patria nuestra muerta de rocío
y yerbas pisoteadas por asesinos y ladrones
y después más ladrones y más
y más y nunca terminan asesinos
y carceleros, oh dios,
ah amada, desventurada
patria-cárcel
Tal es mi furia y mi testimonio dijo el dios
en el instante del sagrado crepúsculo, cuando las colinas
se alejaron hacia un infinito de miseria.
No otra es mi palabra, mi árido paisaje de sangre,
la soledad amorosa que me es negada, los ojos
que me hieren, los poros con que hiero y salvo.
Oh dios, ay dios de heridas y puñales,
dios de piedra punzante, hubo una hora en que
todo pareció como el estallido del alba
y las sonrisas esplendieron como pétalos
y el amor era magnífico hasta la belleza total.
Después nos acribillaron y nos arrebataron
la desnuda libertad.
Parece no importar, oh tú, horripilante
y solitario lleno de asco dios de la infamia,
gran sacerdote del exterminio.
A tus pies, hombre y duelo,
junto a tus heridas cristalinas y tu agua,
me arrodillo otra vez a contemplar el paso de mi patria,
y digo que todo podría ser tan hermoso y sagrado
como el amor, como el Amor,
como el AMOR, oh dios,
recíbeme en tu piedra,
¡hazme vivir!
Septiembre-octubre de 1964
Efraín Huerta
Estuario
Opresora. Todo lo aprisionas
con tu lengua y pasos de giganta,
oh desconocida oh luminosa
hija de ríos hecha de jade y miel.
Cárcel doy a tu pálida
presencia, gacela ojos de tigre,
cárcel me doy de amor,
mordedura, paciente fuego, ala
y marea, faro en la mar abierta.
Desciendes y derribas
la muralla del ansia. Das tregua
a la cosecha secreta del alba,
cuando los ojos cierra el puerto
al verano y la espuma.
Todo aprisionas con fría garra
deleitosa y madura,
opresora, dientes y lengua de giganta,
dormido espectro, oleaje
de apasionada mansedumbre
muerto de miedo y libertad.
Mayo de 1963
Efraín Huerta
Despliegue De Asombros Ante Un Dios
A Margarita Peña
A Salvador Amelio
Lo primero es el cielo. Después viene
el espléndido dios que todo lo atruena
con su nariz agujereada y sus miembros
comidos por el hambre de siglos.
El dios vivo y marcado, ungido
con cenizas y lágrimas en cada poro.
El dios traído a un templo a través de otros
templos y otras catedrales y otros misterios.
El dios puesto de pie, venerado,
herido de dolor y de miseria.
Oh dios de cielos y caminos, dios
de agua y furor, dios maldito de misericordia,
devóranos con tu boca sin labios
y tu dura palabra de serpientes heladas.
Oh sordo, ciego y luminoso dios,
enciende alguna vez el rostro del pueblo,
de este bosque sin dueño, propiedad
de todos y de nadie. Patria de espejos
y mediodías, patria embriagada de muerte.
Húndela, inúndala, oh dios sacado
del secreto, dios que miró abrirse
vientres mestizos y padeció la primera herradura.
Efraín Huerta
Despliegue De Asombros Ante Un Dios
A Margarita Peña
A Salvador Amelio
Lo primero es el cielo. Después viene
el espléndido dios que todo lo atruena
con su nariz agujereada y sus miembros
comidos por el hambre de siglos.
El dios vivo y marcado, ungido
con cenizas y lágrimas en cada poro.
El dios traído a un templo a través de otros
templos y otras catedrales y otros misterios.
El dios puesto de pie, venerado,
herido de dolor y de miseria.
Oh dios de cielos y caminos, dios
de agua y furor, dios maldito de misericordia,
devóranos con tu boca sin labios
y tu dura palabra de serpientes heladas.
Oh sordo, ciego y luminoso dios,
enciende alguna vez el rostro del pueblo,
de este bosque sin dueño, propiedad
de todos y de nadie. Patria de espejos
y mediodías, patria embriagada de muerte.
Húndela, inúndala, oh dios sacado
del secreto, dios que miró abrirse
vientres mestizos y padeció la primera herradura.
Efraín Huerta
El Tajín
a David Huerta
a Pepe Gelada
...el nombre de El Tajín le fue dado por los indígenas
totonacas
de la región por la frecuencia con que caían rayos sobre
la pirámide...
1
Andar así es andar a ciegas,
andar inmóvil en el aire inmóvil,
andar pasos de arena, ardiente césped.
Dar pasos sobre agua, sobre nada
—el agua que no existe, la nada de una astilla—,
dar pasos sobre muertes,
sobre un suelo de cráneos calcinados.
Andar así no es andar sino quedarse
sordo, ser ala fatigada o fruto sin aroma;
porque el andar es lento y apagado,
porque nada está vivo
en esta soledad de tibios ataúdes.
Muertos estamos, muertos
en el instante, en la hora canicular,
cuando el ave es vencida
y una dulce serpiente se desploma.
Ni un aura fugitiva habita este recinto
despiadado. Nadie aquí, nadie en ninguna sombra.
Nada en la seca estela, nada en lo alto.
Todo se ha detenido, ciegamente,
como un fiero puñal de sacrificio.
Parece un mar de sangre
petrificada
a la mitad de su ascensión.
Sangre de mil heridas, sangre turbia,
sangre y cenizas en el aire inmóvil.
2
Todo es andar a ciegas, en la
fatiga del silencio, cuando ya nada nace
y nada vive y ya los muertos
dieron vida a sus muertos
y los vivos sepultura a los vivos.
Entonces cae una espada de este cielo metálico
y el paisaje se dora y endurece
o bien se ablanda como la miel
bajo un espeso sol de mariposas.
No hay origen. Sólo los anchos y labrados ojos
y las columnas rotas y las plumas agónicas.
Todo aquí tiene rumores de aire prisionero,
algo de asesinato en el ámbito de todo silencio.
Todo aquí tiene la piel
de los silencios, la húmeda soledad
del tiempo disecado; todo es dolor.
No hay un imperio, no hay un reino.
Tan sólo el caminar sobre su propia sombra,
sobre el cadáver de uno mismo,
al tiempo que el tiempo se suspende
y una orquesta de fuego y aire herido
irrumpe en esta casa de los muertos
—y un ave solitaria y un puñal resucitan.
3
Entonces ellos —son mi hijo y mi amigo—
ascienden la colina
como en busca del trueno y el relámpago.
Yo descanso a la orilla del abismo,
al pie de un mar de vértigos, ahogado
en un inmenso río de helechos doloridos.
Puedo cortar el pensamiento con una espiga,
la voz con un sollozo, o una lágrima,
dormir un infinito dolor, pensar
un amor infinito, una tristeza divina;
mientras ellos, en la suave colina,
sólo encuentran
la dormida raíz de una columna rota
y el eco de un relámpago.
Oh Tajín, oh naufragio,
tormenta demolida,
piedra bajo la piedra;
cuando nadie sea nada y todo quede
mutilado, cuando ya nada sea
y sólo quedes tú, impuro templo desolado,
cuando el país-serpiente sea la ruina y el polvo,
la pequeña pirámide podrá cerrar los ojos
para siempre, asfixiada,
muerta en todas las muertes,
ciega en todas las vidas,
bajo todo el silencio universal
y en todos los abismos.
Tajín, el trueno, el mito, el sacrificio.
Y después, nada.
Junio de 1963
Efraín Huerta
Sandra Sólo Habla En Líneas Generales
Donde habita, donde come, donde
parece un arenoso acantilado,
allí es un cordero de ámbar con ojos de anís
y algo acerca de la dicha sexual tiene escrito en la frente.
Luego viene lo intolerable y maligno
(tal vez su madre, su padre o su hermana),
porque como he dicho dicha digo
que la veo y no la reconozco bajo arcos de triunfo
cocinados a cuchillo,
hablando palabras de fuego sobre el Mediterráneo
(que para ella fue Tequesquitengo o no fue nada),
deshaciéndose en fulgores sobre la soberana idiotez de la
Gioconda
(que a ella, lo sé a ciencia cierta, le pareció
una simple putita de Polanco),
bebiendo vinos rojos, besos rojos canalla, perra,
paseándose verdosamente, sandramente
por ciudades que no conozco y que no me importan
como no me importa ella sino porque existe
y es posible verla de lejos, de cerca,
comiendo bajo los húmedos azules de Nápoles,
viendo sin ver y hablando en líneas generales
como en un remanso de siniestra paz gastronómica.
Hace dos días con sus noches pude verla
(ella vive en las calles de Racine
y yo en Lope de Vega, lo cual es todo un drama en seis actos)
y en sus ojos había una tormenta edénica y turbadora
como antes y después del primer pecado
lo virginal no quita lo caliente,
Eva maldita Eva milenaria Eva evasiva Eva exúbera
Eva general Eva particularmente deseada y detestada
Eva que sabe a postre de manzana postre de mieles
Eva que huele a café con Leche-de-la-Mujer-Amada
Eva liberada Eva que viajó por Europa
y en verdad que nunca salió de estas amargas calles
¿para qué, si sus alas son dos liras rotas
y en el Foro romano sólo discurren los homosexuales
y alguna pelirroja horizontal originaria de Brooklyn?
Esos hace dos días supe que Sandra había visto piedras
talladas
y visto pinturas en sórdidos museos
y visto a Sofía Loren de lejos, de tan lejos
como de aquí a ella, Sandra de los ojos
que brillan y rebrillan como santelmos a la mitad del naufragio,
Sandra anónima Sandra espigada Sandra para morirse de una buena
vez
Sandra ¿por qué te llamas estúpidamente Sandra?
Sandra ojos de cordero degollado Sandra catedralicia
Sandra Santa Capilla Sandra Nuestra Señora
Sandra diabla y demonia sandrísima
que nunca me miró de frente que nunca me dijo buenas tardes
lo que yo hubiera querido era un buenas noches,
Sandra fugaz heroína de un poema fugaz
como el paso de una azucena por el palacio de algo así como un
poeta.
21 de diciembre de 1966
Efraín Huerta
Praga, Mi Novia
Lily me espera a las 11 en el puente del rey Carlos,
al pie de San Juan Nepomuceno, santo de piedra,
santo de agua, mudo, ahogado.
Lily cree en Dios y yo corro hacia ella
y hacia el río y después
los dos iremos hacia las colinas,
hacia el Castillo, hacia la Catedral,
y caminaremos la Callejuela de los Alquimistas
donde Lily descubre oro en las puertas y en las flores
y uno es un gigante que no cabe en las pequeñas casas.
Veremos grandes patios, hermosos panoramas,
y ella me obsequiará el prometido retrato de Neruda
del viejo checo Jan, no del chileno Pablo
y yo habré de contarle cómo es el mar
y si algún día regresaré.
Lily me dirá que cuente con ella
y que Praga es mi novia
y que ya no sueñe con las noches danubias
ni con «la negra Viena de los ojos azules»,
porque aquí, a nuestros pies,
un río de bronce y plata nos mira
y es un río que se llama Voltava.
Corro porque Lily me espera
y es posible que ya no crea en Dios
lo que sería sencillamente horrible para ella.
Sus ojos que tanto han llorado deben mirar
hacia la dulzura del santo que no dijo nada
como ella tampoco parece decir nada cuando la beso
y en su español murmura «No me beséis»
y yo tengo que reírme y casi me muero de risa.
Al día siguiente
porque ya Carlos Augusto León se ha ido a Zurich
a volar hacia América con su medalla de oro
en el pecho y sus cuentos de llaneros venezolanos,
al día siguiente bailaremos valses
y al otro día Lily (sólo me queda ella)
esperará el filo de oro de la tarde
para llevarme hasta la puerta del Cementerio Judío
y dejarme de la mano de Dios
para que yo solo con mi alma pise aquellas flores de pavor
y me quiebre los ojos sobre las lápidas labradas
llenas de siglos
y a media voz recuerdo el poema de Nezval.
Porque ahí sólo pisamos la ceniza
y Lily, que cree en Dios,
no quiere entristecer su adoración
por el pequeño Niño Jesús de Praga
que se quedó en su nicho, allá en lo alto de la
Malá Strana
con sus quince vestiditos de oro y plata de todos los colores.
Y entonces, como no hay nada ni nadie a la vista,
sueño que los viejos huesos crecen en los dorados árboles
y que una flor tiene la lengua de fuera
porque Lily debe estar loca
y los rabinos están hechos polvo
y en la sinagoga el candelabro mueve los brazos
y el gran Libro abierto me habla
y la palabra «nazis» me da náuseas
y debo entonces pedir la paz en todos los ríos
y para todos los poetas, hombres, niños, mujeres,
y no solamente para la turbia paz del Cementerio
ni la paz para la ceniza que se come
ni para las astillas de huesos que recogí en Oswiecim
ni mucho menos la paz del ghetto de Varsovia.
Por eso, Lily, que cree en Dios y es hermosa y católica,
me dice que si estoy en Praga es porque soy malo
y debo ser un sanguinario comunista
pero que todo me lo perdona
(es tan buena) porque le corrijo su español
y le cuento de mis amigos de México y de las estrellas de cine
y que hay un pueblo lleno de canales y guitarras
y dos terribles volcanes muertos cubiertos de nieve
y para su consuelo una gran cantidad
de iglesias y mucho sacerdotes.
Por eso corro y dejo atrás la fina lluvia
y ya no quiero tampoco recordar la fría tierra de
Lídice,
porque me encanta la vieja ciudad y aunque me canse
(cuando regrese a México haré que me operen)
no puedo dejar a Lily con sus panes
y sus frutas, tampoco con sus ojos
que parecen ojos de santa flagelada
ni con su amarga risa de niña.
No me pierdo por Praga, porque ¿cómo perderme
en brazos de una novia amorosa?
Lily me dijo apenas ayer que me entregaba
el corazón de la ciudad
y yo me bebo el aire del río
y va no le pido más porque nada me niega
y porque debo llegar a una hora fija, a las 11,
al pie de San Juan Nepomuceno,
santo de piedra,
santo de agua,
mudo,
ahogado.