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Poemas en este tema

Naturaleza y Elementos

Julián del Casal

Julián del Casal

Las Alamedas

Adoro las sombrías alamedas
Donde el viento al silbar entre las hojas
Oscuras de las verdes arboledas,
Imita de un anciano las congojas;

Donde todo reviste vago aspecto
Y siente el alma que el silencio encanta,
Más suave el canto del nocturno insecto,
Más leve el ruido de la humana planta;

Donde el caer de erguidos surtidores
Las sierpes de agua en las marmóreas tazas,
Ahogan con su canto los rumores
Que aspira el viento en las ruidosas plazas;

Donde todo se encuentra adolorido
O halla la savia de la vida acerba,
Desde el gorrión que pía en su nido
Hasta la brizna lánguida de yerba;

Donde, al fulgor de pálidos luceros,
La sombra transparente del follaje
Parece dibujar en los senderos
Negras mantillas de sedoso encaje;

Donde cuelgan las lluvias estivales
De curva rama diamantino arco,
Teje la luz deslumbradores chales
Y fulgura una estrella en cada charco.

Van allí, con sus tristes corazones,
Pálidos seres de sonrisa mustia,
Huérfanos para siempre de ilusiones
Y desposados con la eterna angustia.

Allí, bajo la luz de las estrellas,
Errar se mira al soñador sombrío
Que en su faz lleva las candentes huellas
De la fiebre, el insomnio y el hastío.

Allí en un banco, humilde sacerdote
Devora sus pesares solitarios,
Como el marino que en desierto islote
Echaron de la mar vientos contrarios.

Allí el mendigo, con la alforja al hombro,
Doblado el cuello y las miradas bajas,
Retratado en sus ojos el asombro,
Rumia de los festines las migajas.

Allí una hermosa, con cendal de luto,
Aprisionado por brillante joya,
De amor aguarda el férvido tributo
Como una dama típica de Goya.

Allí del gas a las cobrizas llamas
No se descubren del placer los rastros
Y a través del calado de las ramas
Más dulce es la mirada de los astros.
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Julián del Casal

Julián del Casal

Kakemono

Hastiada de reinar con la hermosura
Que te dio el cielo, por nativo dote,
Pediste al arte su potente auxilio
Para sentir el anhelado goce
De ostentar la hermosura de las hijas
Del país de los anchos quitasoles
Pintados de doradas mariposas
Revoloteando entre azulinas flores.

Borrando de tu faz el fondo níveo
Hiciste que adquiriera los colores
Pálidos de los rayos de la Luna,
Cuando atraviesan los sonoros bosques
De flexibles bambúes. Tus mejillas
Pintaste con el tinte que se esconde
En el rojo cinabrio. Perfumaste
De almizcle conservado en negro cofre
Tus formas virginales. Con oscura
Pluma de golondrina puesta al borde
De ardiente pebetero, prolongaste
De tus cejas el arco. Acomodose
Tu cuerpo erguido en amarilla estera
Y, ante el espejo oval, montado en cobre,
Recogiste el raudal de tus cabellos
Con agujas de oro y blancas flores.

Ornada tu belleza primitiva
Por diestra mano, con extraños dones,
Sumergiste tus miembros en el traje
De seda japonesa. Era de corte
Imperial. Ostentaba ante los ojos
El azul de brillantes gradaciones
Que tiene el cielo de la hermosa Yedo,
El rojo que la luz deja en los bordes
Del raudo Kisogawa y la blancura
Jaspeada de fulgentes tornasoles
Que, a los granos de arroz en las espigas
Presta el sol con sus ígneos resplandores.
Recamaban tu regia vestidura
Cigüeñas, mariposas y dragones
Hechos con áureos hilos. En tu busto
Ajustado por anchos ceñidores
De crespón, amarillos crisantemos
Tu sierva colocó. Cogiendo entonces
El abanico de marfil calado
Y plumas de avestruz, a los fulgores
De encendidas arañas venecianas,
Mostraste tu hermosura en los salones,
Inundando de férvida alegría
El alma de los tristes soñadores.
¡Cuán seductora estabas! ¡No más bella
Surgió la Emperatriz de los nipones
En las pagodas de la santa Kioto
O en la fiesta brillante de las flores!
¡Jamás ante una imagen tan hermosa
Quemaron los divinos sacerdotes
Granos de incienso en el robusto lomo
De un elefante cincelado en bronce
Por hábil escultor! ¡El Yoshivara
En su recinto no albergó una noche
Belleza que pudiera disputarle
El lauro a tu belleza! ¡En los jarrones,
Biombos, platos, estuches y abanicos
No trazaron los clásicos pintores
Figura femenina que reuniera
Tal número de hermosas perfecciones!
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Julián del Casal

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