Temas
Poemas en este tema

Otros

Gabriel Celaya

Gabriel Celaya

A Blas De Otero

Amigo Blas de Otero: Porque sé que tú existes,
y porque el mundo existe, y yo también existo,
porque tú y yo y el mundo nos estamos muriendo,
gastando nuestras vueltas como quien no hace nada,
quiero hablarte y hablarme, dejar hablar al mundo
de este dolor que insiste en todo lo que existe.

Vamos a ver, amigo, si esto puede aguantarse:
El semillero hirviente de un corazón podrido,
los mordiscos chiquitos de las larvas hambrientas,
los días cualesquiera que nos comen por dentro,
la carga de miseria, la experiencia —un residuo—,
las penas amasadas con lento polvo y llanto.

Nos estamos muriendo por los cuatro costados,
y también por el quinto de un Dios que no entendemos.
Los metales furiosos, los mohos del cansancio,
los ácidos borrachos de amarguras antiguas,
las corrupciones vivas, las penas materiales...
todo esto —tú sabes—, todo esto y lo otro.

Tú sabes. No perdonas. Estás ardiendo vivo.
La llama que nos duele quería ser un ala.
Tú sabes y tu verso pone el grito en el cielo.
Tú, tan serio, tan hombre, tan de Dios aun si pecas,
sabes también por dentro de una angustia rampante,
de poemas prosaicos, de un amor sublevado.

Nuestra pena es tan vieja que quizá no sea humana:
ese mugido triste del mar abandonado,
ese temblor insomne de un follaje indistinto,
las montañas convulsas, el éter luminoso,
un ave que se ha vuelto invisible en el viento,
viven, dicen y sufren en nuestra propia carne.

Con los cuatro elementos de la sangre, los huesos,
el alma transparente y el yo opaco en su centro,
soy el agua sin forma que cambiando se irisa,
la inercia de la tierra sin memoria que pesa,
el aire estupefacto que en sí mismo se pierde,
el corazón que insiste tartamudo afirmando.

Soy creciente. Me muero. Soy materia. Palpito.
Soy un dolor antiguo como el mundo que aún dura.
He asumido en mi cuerpo la pasión, el misterio,
la esperanza, el pecado, el recuerdo, el cansancio,
Soy la instancia que elevan hacia un Dios excelente
la materia y el fuego, los latidos arcaicos.

Debo salvarlo todo si he de salvarme entero.
Soy coral, soy muchacha, soy sombra y aire nuevo,
soy el tordo en la zarza, soy la luz en el trino,
soy fuego sin sustancia, soy espacio en el canto,
soy estrella, soy tigre, soy niño y soy diamante
que proclaman y exigen que me haga Dios con ellos.

¡Si fuera yo quien sufre! ¡Si fuera Blas de Otero!
¡Si sólo fuera un hombre pequeñito que muere
sabiendo lo que sabe, pesando lo que pesa!
Mas es el mundo entero quien se exalta en nosotros
y es una vieja historia lo que aquí desemboca.
Ser hombre no es ser hombre. Ser hombre es otra cosa.

Invoco a los amantes, los mártires, los locos
que salen de sí mismos buscándose más altos.
Invoco a los valientes, los héroes, los obreros,
los hombres trabajados que duramente aguantan
y día a día ganan su pan, mas piden vino.
Invoco a los dolidos. Invoco a los ardientes.

Invoco a los que asaltan, hiriéndose, gloriosos,
la justicia exclusiva y el orden calculado,
las rutinas mortales, el bienestar virtuoso,
la condición finita del hombre que en sí acaba,
la consecuencia estricta, los daños absolutos.
Invoco a los que sufren rompiéndose y amando.

Tú también, Blas de Otero, chocas con las fronteras,
con la crueldad del tiempo, con límites absurdos,
con tu ciudad, tus días y un caer gota a gota,
con ese mal tremendo que no te explica nadie.
Irónicos zumbidos de aviones que pasan
y muertos boca arriba que no, no perdonamos.

A veces me parece que no comprendo nada,
ni este asfalto que piso, ni ese anuncio que miro.
Lo real me resulta increíble y remoto.
Hablo aquí y estoy lejos. Soy yo, pero soy otro.
Sonámbulo transcurro sin memoria ni afecto,
desprendido y sin peso, por lúcido ya loco.

Detrás de cada cosa hay otra cosa que es la misma,
idéntica y distinta, real y a un tiempo extraña.
Detrás de cada hombre un espejo repite
los gestos consabidos, mas lejos ya, muy lejos.
Detrás de Blas de Otero, Blas de Otero me mira,
quizá me da la vuelta y viene por mi espalda.

Hace aún pocos días caminábamos juntos
en el frío, en el miedo, en la noche de enero
rasa con sus estrellas declaradas lucientes,
y era raro sentirnos diferentes, andando.
Si tu codo rozaba por azar mi costado,
un temblor me decía: «Ese es otro, un misterio.»

Hablábamos distantes, inútiles, correctos,
distantes y vacíos porque Dios se ocultaba,
distintos en un tiempo y un lugar personales,
en las pisadas huecas, en un mirar furtivo,
en esto con que afirmo: «Yo, tú, él, hoy, mañana»,
en esto que separa y es dolor sin remedio.

Tuvimos aún que andar, cruzar calles vacías,
desfilar ante casas quizá nunca habitadas,
saber que una escalera por sí misma no acaba,
traspasar una puerta —lo que es siempre asombroso—,
saludar a otro amigo también raro y humano,
esperar que dijeras —era un milagro—: Dios al fin escuchaba.

Todo el dolor del mundo le atraía a nosotros.
Las iras eran santas; el amor, atrevido;
los árboles, los rayos, la materia, las olas,
salían en el hombre de un penar sin conciencia,
de un seguir por milenios, sin historia, perdidos.
Como quien dice «sí», dije Dios sin pensarlo.

Y vi que era posible vivir, seguir cantando.
Y vi que el mismo abismo de miseria medía
como una boca hambrienta, qué grande es la esperanza.
Con los cuatro elementos, más y menos que hombre,
sentí que era posible salvar el mundo entero,
salvarme en él, salvarlo, ser divino hasta en cuerpo.

Por eso, amigo mío, te recuerdo, llorando;
te recuerdo, riendo; te recuerdo, borracho;
pensando que soy bueno, mordiéndome las uñas,
con este yo enconado que no quiero que exista,
con eso que en ti canta, con eso en que me extingo
y digo derramado: amigo Blas de Otero.
1.115
Gonzalo de Berceo

Gonzalo de Berceo

Escomienza La Vida Del Glorioso Confesor Sancto Domingo De Silos

En el nomne del Padre, que fizo toda cosa,
Et de don Ihesuchristo, fijo de la Gloriosa,
Et del Spíritu Sancto, que egual d'ellos posa,
De un confesor sancto quiero fer una prosa.

Quiero fer una prosa en román paladino,
En qual suele el pueblo fablar a su vecino,
Ca non so tan letrado por fer otro latino:
Bien valdrá, como creo, un vaso de bon vino.

Quiero que lo sepades luego de la primera
Cuya es la ystoria, metervos en carrera:
Es de Sancto Domingo toda bien verdadera,
El que diçen de Silos, que salva la frontera.

En el nomne de Dios, que nombramos primero
Suyo sea el preçio, yo seré su obrero,
Galardón del laçerio yo en él lo espero,
Que por poco serviçio da galardón larguero.

Señor Sancto Domingo, dizlo la escritura,
Natural fue de Cañas, non de basa natura,
Lealmente fue fecho a toda derechura,
De todo muy derecho, sin nula depresura.

Parientes ovo buenos, del Criador amigos,
Que siguíen los ensiemplos de los padres antigos.
Bien sabíen escusarse de ganar enemigos:
Bien les veníe en mientes de los buenos castigos.

Juhán avíe nomne, el su padre ondrado,
Del liñaje de Mans un omne señalado,
Amador de derecho, de seso acabado,
No l'falsaríe su dicho por aver monedado.

El nombre de la madre deçir non lo sabría.
Como non fue escripto non l'devinaría;
Mas váyala el nombre de Dios, e Sancta María:
Prosigamos el curso, tengamos nuestra vía.

La çepa era buena, emprendió buen sarmiento,
Non fue como caña, que la torna el viento,
Ca luego así prendió, como de buen çimiento,
De oír vanidades non le prendíe taliento.
497
Gabino-Alejandro Carriedo

Gabino-Alejandro Carriedo

Aquilo Que Eu Sou

AQUILO QUE EU SOU


Se quiserem saber quem sou

—Não sei quem sou.CARLOS NEJAR



Um projecto de existência

consubstancial ao pó,

um impulso instintivo,

um ríctus fundamental

de hesitação.


No limiar rarefeito

da minha caminhada,

um homem só,

o mais efémero,

como no dizer de Rilke.


Embora seja oclusivo

ea descida forçosa,

preciso é pesquisar

a origem para despir

o próprio ser.


A tarefa é portanto

desmascarar o mundo

e suas lacras.

Redimir mesmo nos seres

sua consciência esquecida.


Proceder ao inventário

da humana condição,

quer dizer, rodopiar

a linguagem dos conceitos,

pura metamorfose.


Ou melhor: redescobrir

as relações enigmáticas

do simples acto de existir

no exacto do facto

para lá dos parâmetros comuns.


Daí que isto pareça obscuro

aqueles que não sabem ler.

A simbiose dos relógios

numa história em mudança

que apodrece o trajecto.


Porque em verdade acontece

que as coisas nao sao mudas;

as coisas falam;

têm sua própria voz:

a da epiderme das pedras.


O homem só reflecte a assonância

das palavras cunhadas pelas coisas,

onde as formas se confundem

com as vivencias dos viventes

nos traços de um labirinto.


A palavra sòmente

propõe e dimensiona

as sílabas que vou pondo

naquela classe de livro

tão obsessivamente laborado.


A reinvenção do homem

sem salvação apenas.

Se o mundo é quase um caos,

vão manter-se as dirimências

entre o homem e o mundo?


Empenhar-se no esforço

de restaurar os sonhos,

é a teoria das espécies,

o contrato intuitivo

entre o homem e o mundo?


Um louco a procurar

as razões da vida,

mesmo da inútil criação,

mais seus deuses possíveis,

isso é o que eu sou.

334
Gabino-Alejandro Carriedo

Gabino-Alejandro Carriedo

Aquilo Que Eu Sou

AQUILO QUE EU SOU


Se quiserem saber quem sou

—Não sei quem sou.CARLOS NEJAR



Um projecto de existência

consubstancial ao pó,

um impulso instintivo,

um ríctus fundamental

de hesitação.


No limiar rarefeito

da minha caminhada,

um homem só,

o mais efémero,

como no dizer de Rilke.


Embora seja oclusivo

ea descida forçosa,

preciso é pesquisar

a origem para despir

o próprio ser.


A tarefa é portanto

desmascarar o mundo

e suas lacras.

Redimir mesmo nos seres

sua consciência esquecida.


Proceder ao inventário

da humana condição,

quer dizer, rodopiar

a linguagem dos conceitos,

pura metamorfose.


Ou melhor: redescobrir

as relações enigmáticas

do simples acto de existir

no exacto do facto

para lá dos parâmetros comuns.


Daí que isto pareça obscuro

aqueles que não sabem ler.

A simbiose dos relógios

numa história em mudança

que apodrece o trajecto.


Porque em verdade acontece

que as coisas nao sao mudas;

as coisas falam;

têm sua própria voz:

a da epiderme das pedras.


O homem só reflecte a assonância

das palavras cunhadas pelas coisas,

onde as formas se confundem

com as vivencias dos viventes

nos traços de um labirinto.


A palavra sòmente

propõe e dimensiona

as sílabas que vou pondo

naquela classe de livro

tão obsessivamente laborado.


A reinvenção do homem

sem salvação apenas.

Se o mundo é quase um caos,

vão manter-se as dirimências

entre o homem e o mundo?


Empenhar-se no esforço

de restaurar os sonhos,

é a teoria das espécies,

o contrato intuitivo

entre o homem e o mundo?


Um louco a procurar

as razões da vida,

mesmo da inútil criação,

mais seus deuses possíveis,

isso é o que eu sou.

334
Gabino-Alejandro Carriedo

Gabino-Alejandro Carriedo

A Veces, Cuando Llueve

A veces llueve en el rincón del patio
y entonces pienso que el gentío se moja.
Se siente frío, es la verdad, no todos
comprenden que estar solo no es alegre.

A veces llueve, es cierto, en la alameda
donde los chicos juegan en verano
con sus fusiles que recuerdan cosas
que nunca quiero recordar ni debo.

A veces es abril; otras, otoño.
A veces cuando escribo a la familia
o bien sentado sueño en la ventana,
contemplo cómo pastan las ovejas.

Y a veces me despeno cuando llueve;
entonces me imagino en la colina
con la paz en los ojos divisando
la tranquila ciudad que abraza el Duero.

Pero estoy en la cama simplemente
y escuchando llover tras los cristales
con una soledad no compartida
que nunca puedo digerir del todo.

Dibujo —entonces, seres no nacidos
que buscan a su padre en mi despensa,
figuras de latón junto a la estufa,
madres que hacen carbón con los cartones.

A veces, cuando llueve, no distingo
la luz pintada y, entre tanto, nada
me impide ver el mundo y su amargura,
la vida y su desnuda realidad.

Pero a veces, también, contemplo el mundo,
cuando llueve, con ojos comedidos,
y leyendo los diarios de la tarde
las horas paso haciendo crucigramas.

Cuando llueve es mejor poner la Radio
Nacional y escuchar al locutor:
un pato que se ha ahogado en el estanque
y un discurso del Papa alas monjitas;

una revista en el Martín, pantanos
que se inauguran cada dos por tres,
una venta de restos post-balance,
Gibraltar, muebles López y un refresco.

Pero a veces, también, y cuando llueve
contemplo que no hay cómodas ni mesas
en la casa, ni nadie que te mire
con ternura y te vele por la noche;

ni leche que tomar por la mañana
cuando. despiertas, como en un susurro,
ni quien —novia— te dé los buenos días
ni nada cuando llueve en el alféizar.

Por eso lloro amargamente entonces...
440