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Poemas en este tema

Humor e Ironia

José Cadalso

José Cadalso

Letrillas Satíricas Imitando El Estilo De Góngora Y Quevedo

Que un sabio de mal humor
llame locura al amor,

ya lo veo;
pero que no se enloquezca
cuando otro humor prevalezca,

no lo creo.

Que una doncella guardada
esté del mundo apartada,

ya lo veo;
pero que no muera ella
por salir de ser doncella,

no lo creo.

Que un filósofo muy grave
diga que de amor no sabe,

ya lo veo;
pero que no mienta el sabio
con el pecho y con el labio,

no lo creo.

Que una moza admita un viejo
por marido o por cortejo,

ya lo veo;
mas que el viejo en confusiones
no dé por cuernos doblones,

no lo creo.

Que un amante abandonado
diga que está escarmentado,
ya
lo veo;

pero que él no se desdiga
si encuentra grata a su amiga,

no lo creo.

Que una vieja ya se asombre
hasta del nombre del hombre

ya lo veo;
pero que ella no quisiera
ser de edad menos severa,

no lo creo.

Que una mujer a su amante
jure ser siempre constante,

ya lo veo;
pero que se pase un día
y ella quiera todavía,

no lo creo.

Que de todas las mujeres
no importen los pareceres,

ya lo veo;
pero de que la que amamos
el parecer no sigamos,

no lo creo.

Que la mujer, cual cristal,
la quiebre un soplo fatal,

ya lo veo;
pero que pueda soldarse
si una vez llega a quebrarse,

no lo creo.

Que al espejo las coquetas
estudien mil morisquetas,

ya lo veo;
pero que sea el cristal
el objeto principal,

no lo creo.

Que bastante he murmurado
en lo que está criticado,

ya lo veo;
pero que mucho no pueda
criticarse en lo que pueda,

no lo creo.

Que la novia moza y linda
al novio viejo se rinda,

ya lo veo;
pero que crea el barbón
que ella rinde el corazón,

no lo creo.
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Juan Bautista de Arriaza y Superviela

Juan Bautista de Arriaza y Superviela

La Función De Vacas

Grande alboroto, mucha confusión,
voces de “Vaya” y “Venga el boletín”,
gran prisa por sentarse en un tablón,
mucho soldado sobre su rocín;
ya se empieza el magnífico pregón,
ya hace señal Simón con el clarín,
el pregonero grita: “Manda el Rey”,
todo para anunciar que sale un buey.

Luego el toro feroz sale corriendo
(pienso que más de miedo que de ira);
todo el mundo al mirarle tan tremendo,
ligero hacia las vallas se retira;
párase en medio el buey, y yo comprendo
del ceño con que a todas partes mira
que iba diciendo en sí el animal manso:
“Por fin, aquí me matan y descanso”.

Sale luego a echar plantas a la plaza
un jaque presumido de ligero;
zafio, torpe, soez, y con más traza
de mozo de cordel que de torero;
vase acercando al toro con cachaza;
mas no bien llega a ver que el bruto fiero
parte tras él furioso como un diablo,
vuelve la espalda y dice: “Guarda, Pablo”.

Síguese a tan gloriosa maravilla
un general aplauso de la gente;
uno le grita: “Corre, que te pilla”;
otro le dice: “Bárbaro, detente”.
Y al escuchar lo que el concurso chilla,
iba diciendo el corredor valiente:
“Para qué os quiero, pies? dadme socorro.
¿No es corrida de bestias? Pues yo corro”.

A las primeras vueltas ya se halla
el toro solo en medio de la arena;
por no saber qué hacerse, va a la valla,
a ver si en algún tonto el cuerno estrena;
mas desde allí la timida canalla,
que estando en salvo de valor se llena,
al pobre buey ablandan el cogote,
unos con pinchos, y otros con garrote.

En esto, con su capa colorada
sale a la plaza un malcarado pillo;
puesto en jarras, la vista atravesada,
y escupiendo al través por el colmillo,
dice con una voz agacharada:
“Echen, échenme acá el animalillo”;
mas viene el buey; él piensa que le atrapa;
quiere echarle la capa, pero escapa.

Hecha al fin la señal de retirada,
que en otras partes suele ser de entierro,
pues muere el animal de una estocada
o a las furiosas presas de algún perro,
sale el manso y pastor de la vacada,
y al reclamo del áspero cencerro,
la plaza al punto el buey desembaraza,
quedando otros más bueyes en la plaza.
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José Asunción Silva

José Asunción Silva

Día De Difuntos

La luz vaga... opaco el día,
la llovizna cae y moja
con sus hilos penetrantes la ciudad desierta y fría.
Por el aire tenebroso ignorada mano arroja
un oscuro velo opaco de letal melancolía,
y no hay nadie que, en lo íntimo, no se aquiete y se recoja
al mirar las nieblas grises de la atmósfera sombría,
y al oír en las alturas
melancólicas y oscuras
los acentos dejativos
y tristísimos e inciertos
con que suenan las campanas
¡las campanas plañideras que les hablan a los vivos
de los muertos!
¡Y hay algo angustioso e incierto
que mezcla a ese sonido su sonido,
e inarmónico vibra en el concierto
que alzan los bronces al tocar a muerto,
por todos los que han sido!
Es la voz de una campana
que va marcando la hora,
hoy lo mismo que mañana,
rítmica, igual y sonora,
una campana se queja,
y la otra campana llora,
ésa tiene voz de vieja,
ésta de niña que ora.
Las campanas más grandes, que dan un doble recio
suenan con acento de místico desprecio,
mas la campana que da la hora
ríe, no llora.
Tiene en su timbre seco sutiles ironías,
su voz parece que habla de goces, de alegrías,
de placeres, de citas, de fiestas y de bailes,
de las preocupaciones que llenan nuestros días,
es una voz del siglo entre un coro de frailes,
y con sus notas se ríe,
escéptica y burladora,
de la campana que ruega
de la campana que implora
y de cuanto aquel coro conmemora,
y es porque con su retintín
ella midió el dolor humano
y marcó del dolor el fin;
por eso se ríe del grave esquilón
que suena allá arriba con fúnebre són,
por eso interrumpe los tristes conciertos
con que el bronce santo llora por los muertos...
¡No la oigáis, oh bronces! ¡no la oigáis, campanas,
que con la voz grave de ese clamoreo,
rogáis por los seres que duermen ahora
lejos de la vida, libres del deseo,
lejos de las rudas batallas humanas!
¡Seguid en el aire vuestro bamboleo,
no la oigáis, campanas!
¿Contra lo imposible qué puede el deseo?
Allá arriba suena,
rítmica y serena,
esa voz de öro
y sin que lo impidan sus graves hermanas
que rezan en coro,
la campana del reló
suena, suena, suena ahora
y dice que ella marcó
con su vibración sonora
de los olvidos la hora,
que después de la velada,
que pasó cada difunto,
en una sala enlutada
y con la familia junto
en dolorosa actitud
mientras la luz de los cirios
alumbraba el ataúd
y las coronas de lirios,
que después de la tristura
de los gritos de dolor,
de las frases de amargura,
del llanto desgarrador,
marcó ella misma el momento
en que con la languidez
del luto huyó el pensamiento
del muerto, y el sentimiento...
seis meses más tarde o diez...
Y hoy, día de muertos, ahora que flota,
en las nieblas grises la melancolía,
en que la llovizna cae, gota a gota,
y con sus tristezas los nervios embota,
y envuelve en un manto de la ciudad sombría,
ella que ha medido la hora y el día
en que a cada casa, lúgubre y vacía
tras del luto breve volvió la alegría;
ella que ha marcado la hora del baile
en que al año justo, un vestido aéreo,
estrena la niña, cuya madre duerme
olvidada y sola, en el cementerio
suena indiferente a la voz de fraile
del esquilón grave y a su canto serio;
ella que ha medido la hora precisa,
en que a cada boca, que el dolor sellaba,
como por encanto volvió la sonrisa,
esa precursora de la carcajada,
ella que ha marcado la hora en que el viudo
habló de suicidio y pidió el arsénico
cuando aun en la alcoba, recién perfumada,
flotaba el aroma del ácido fénico
y ha marcado luego la hora en que, mudo
por las emociones con que el goce agobia,
para que lo unieran con sagrado nudo,
a la misma iglesia fue con otra novia;
¡ella no comprende nada del misterio
de aquellas quejumbres que pueblan el aire,
y lo ve en la vida todo jocoserio
y sigue marcando con el mismo modo
el mismo entusiasmo y el mismo desgaire
la huida del tiempo que lo borra todo!
Y eso es lo angustioso
y lo incierto
que flota en el sonido
ésa es la nota irónica que vibra en el concierto
que alzan los bronces al tocar a muerto.
¡Por todos los que han sido!
ésa es la voz fina y sutil,
de vibraciones de cristal,
que con acento juvenil
indiferente al bien y al mal,
mide lo mismo la hora vil,
que la sublime o la fatal
y resuena en las alturas,
melancólicas y oscuras
sin tener en su tañido
claro, rítmico y sonoro,
los acentos dejativos
y tristísimos e inciertos
de aquel misterioso coro,
con que ruegan las campanas, las campanas,
¡las campanas plañideras
que les hablan a los vivos
de los muertos!
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Luis de Góngora y Argote

Luis de Góngora y Argote

Que Pida A Un Galán Minguilla

Que pida a un galán Minguilla
Cinco puntos de jervilla,
Bien puede ser;
Mas que calzando diez Menga,
Quiera que justo le venga,
No puede ser.

Que se case un don Pelote
Con una dama sin dote,
Bien puede ser;
Mas que no dé algunos días
Por un pan las damerías,
No puede ser.

Que la viuda en el sermón
Dé mil suspiros sin son,
Bien puede ser;
Mas que no los dé, a mi cuenta,
Porque sepan dó se sienta,
No puede ser.

Que esté la bella casada
Bien vestida y mal celada,
Bien puede ser;
Mas que el bueno del marido
No sepa quién dio el vestido,
No puede ser.

Que anochezca cano el viejo,
Y que amanezca bermejo,
Bien puede ser;
Mas que a creer nos estreche
Que es milagro y no escabeche
No puede ser.

Que se precie un don Pelón
Que se comió un perdigón,
Bien puede ser;
Mas que la biznaga honrada
No diga que fue ensalada,
No puede ser.

Que olvide a la hija el padre
De buscarle quien le cuadre,
Bien puede ser;
Mas que se pase el invierno
Sin que ella le busque yerno,
No puede ser.

Que la del color quebrado
Culpe al barro colorado,
Bien puede ser;
Mas que no entendamos todos
Que aquestos barros son lodos,
No puede ser.

Que por parir mil loquillas
Enciendan mil candelillas,
Bien puede ser;
Mas que, público o secreto,
No haga algún cirio efeto,
No puede ser.

Que sea el otro Letrado
Por Salamanca aprobado,
Bien puede ser;
Mas que traiga buenos guantes
Sin que acudan pleiteantes,
No puede ser.

Que sea médico más grave
quien más aforismos sabe,
Bien puede ser;
mas que no sea más experto
el que más hubiere muerto,
No puede ser.

Que acuda a tiempo un galán
con un dicho y un refrán,
Bien puede ser;
mas que entendamos por eso
que en Floresta no está impreso,
No puede ser.

Que oiga Menga una canción
Con piedad y atención,
Bien puede ser;
Mas que no sea más piadosa
A dos escudos en prosa,
No puede ser.

Que sea el Padre Presentado
Predicador afamado,
Bien puede ser;
Mas que muchos puntos buenos
No sean estudios ajenos,
No puede ser.

Que una guitarrilla pueda
Mucho, después de la queda,
Bien puede ser;
Mas que no sea necedad
Despertar la vecindad,
No puede ser.

Que el mochilero o soldado
Deje su tercio embarcado,
Bien puede ser;
Mas que le crean de la guerra
Porque entró roto en su tierra,
No puede ser.

Que se emplee el que es discreto
En hacer un buen soneto,
Bien puede ser;
Mas que un menguado no sea
El que en hacer dos se emplea,
No puede ser.

Que quiera una dama esquiva
Lengua muerta y bolsa viva,
Bien puede ser;
Mas que halle, sin dar puerta,
Bolsa viva y lengua muerta,
No puede ser.

Que el confeso al caballero
Socorra con su dinero,
Bien puede ser;
Mas que le dé, porque presta,
Lado el día de la fiesta,
No puede ser.

Que junte un rico avariento
Los doblones ciento a ciento,
Bien puede ser;
Mas que el sucesor gentil
No los gaste mil a mil,
No puede ser.

Que se pasee Narciso
Con un cuello en paraíso,
Bien puede ser;
Más que no sea notorio
Que anda el cuerpo en purgatorio,
No puede ser.
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