Temas
Poemas en este tema

Muerte y Luto

Juan Luis Panero

Juan Luis Panero

Un Año Después De Ya No Verte

Olor de solitario y soledad, cama deshecha,
cegados ceniceros en esta tarde de domingo,
helado soplo de noviembre en el cristal
y un vaso medio lleno de cansancio.
Te escribo por hacer algo más inútil aún
que pensar en silencio o imaginar tu voz,
o escuchar una música herida de recuerdos
o pedir al teléfono un absurdo milagro.
“Éste es el corrido del caballo blanco
que en un día domingo feliz arrancara”.
Éste es el corrido, pero nadie canta,
y un muerto con mi nombre, vestido con mis trajes,
me saluda y observa por los cuartos vacíos,
me mira en la distancia como si fuera un niño
y acaricia en sus dedos un rastro de ternura.
Sobre su frente inmóvil va cayendo tu nombre
y humedece sus labios una lluvia perdida.
Olor de soledad y humo de aniversario
mientras busco, dolorosamente trato de recordar
tus ojos insomnes con su vaho de mendigo,
devorando su luz, ahogando su locura.
Tus dos ojos como picos de presa que se clavan
y rasgan y desgarran la piel de nuestro amor.
Soplo de embriagado recuerdo, agria melancolía,
rescoldo que tu lengua aún enciende
en estas horas de strip-tease solitario
en que celebro en tu derrota todas las derrotas.
Un año después y tu pelo, tu largo pelo
ardiendo desbocado entre mis manos,
clavado para siempre en esta almohada,
recorriendo esta casa, sus rincones y puertas
como un viento insaciable que buscase su fin.
Un año después de ya no verte,
definitivamente talando en tu memoria,
qué real sigues siendo, qué difícil herirte.
La sosegada certidumbre de esta mesa en que escribo
puede tener la pasión estremecida de tu piel
y la ropa que el sillón desordena
puede ahora ocultar el temblor de tus pechos.
Sobre tu seco abierto y tus muslos de arena,
sobre tus manos ciegas que persiguen la noche,
qué triste es el cuchillo, qué aciaga la hoja.
Un muerto con mi nombre y mis uñas mordidas,
un cadáver grotesco, me dicta estas palabras,
me señala en los cuadros, en la pared manchada,
el destino de hoy, de este día cualquiera,
al borde de mi vida, al borde del invierno,
al borde de otro año que empieza con tu ausencia,
al borde de mis ojos y tu voz que ahora escucho.
Un año después de ya no verte,
mientras te escribo, odiando hasta la tinta,
en esta tarde de noviembre, olor de solitario y soledad,
helado soplo en el cristal vacío. Un muerto.
337
Juan Liscano

Juan Liscano

Marea Viva

Como la ola pero no como la mar inacabable
como la ola solamente que nace y se derrumba
como la ola que muere de su propio impulso
que se expande rugiente y se estrella espumea destella
hasta abolirse en la ribera o regresar a su origen
como la ola que es un temblor del tiempo
tú y yo sobre la playa

frente a las olas
en el tiempo que nos destruye y nos repite.

Más tarde

después

cuando no estemos
¿verán otros ojo este mismo movimiento
con los ojos de quienes lo contemplamos ahora?
¿podremos asomarnos a aquella mirada?
¿tendrá la nostalgia en otros labios

sabor a salitre
como ahora la tiene en tus labios?
¿Despedirán las aguas descendentes
este profundo macerado olor sulfuroso
levemente carnal y carnívoro
que evoca despojos de líquenes de algas de mariscos?
si así fuese: ¿los sabrán nuestros polvos

lo sabrá nuestra muerte?

Desde lo profundo del otoño marino
te invito a subir hacia el día futuro clarísimo
en que alguna pareja enlazada

semejante a la nuestra
al contemplar las olas que rompen destellan espumean se abolen
pensará en la muerte uniforme general
pensará en la suya y en quienes más tarde
podrán perpetuar la mirada con que se aman ahora
la mirada con que también ven moverse las olas
en el tiempo sien duración que las repite y las destruye.

Acaso sientan ellos entonces vivir su eternidad.
Acaso la sentirán como si fuera el firmamente
acaso empiecen a ascender hacia su nebulosa
como las aguas vivas del mar en tiempos de equinoccio.

533
Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

Quince Monedas

QUINCE MONEDAS


A Alicia Jurado


Un poeta oriental


Durante cien otoños he mirado

tu tenue disco.

Durante cien otoños he mirado

tu arco sobre las islas.

Durante cien otoños mis labios

no han sido menos silenciosos.
El desierto


El espacio sin tiempo.

La luna es del color de la arena.

Ahora, precisamente ahora,

mueren los hombres del Metauro y de Tannenberg.

LLueve


¿En qué ayer, en qué patios de Cartago,

cae también la lluvia?

Asterión


El año me tributa mi pasto de hombres

y en la cisterna hay agua.

En mí se anudan los caminos de piedra.

¿De qué puedo quejarme?

En los atardeceres

me pesa un poco la cabeza de toro.

Un poeta menor


La meta es el olvido.

Yo he llegado antes.

Génesis, IV, 8


Fue en el primer desierto.

Dos brazos arrojaron una gran piedra.

No hubo un grito. Hubo sangre.

Hubo por vez primera la muerte.

Ya no recuerdo si fui Abel o Caín.

Nortumbria, 900 A.D.


Que antes del alba lo despojen los lobos;

la espada es el camino más corto.

Miguel de Cervantes


Crueles estrellas y propicias estrellas

presidieron la noche de mi génesis;

debo a las últimas la cárcel

en que soñé el Quijote.

El Oeste


El callejón final con su poniente.

Inauguración de la pampa.

Inauguración de la muerte.

Estancia El Retiro


El tiempo juega un ajedrez sin piezas

en el patio. El crujido de una rama

rasga la noche. Fuera la llanura

leguas de polvo y sueño desparrama.

Sombras los dos, copiamos lo que dictan

otras sombras: Heráclito y Gautama.

El prisionero


Una lima.

La primera de las pesadas puertas de hierro.

Algún día seré libre.

Macbeth


Nuestros actos prosiguen su camino,

que no conoce término.

Maté a mi rey para que Shakespeare

urdiera su tragedia.

Eternidades


La serpiente que ciñe el mar y es el mar,

el repetido remo de Jasón, la joven espada de Sigurd.

Sólo perduran en el tiempo las cosas

que no fueron del tiempo.

E. A. P.


Los sueños que he soñado. El pozo y el péndulo.

El hombre de las multitudes. Ligeia…

Pero también este otro.

El espía


En la pública luz de las batallas

otros dan su vida a la patria

y los recuerda el mármol.

Yo he errado oscuro por ciudades que odio.

Le di otras cosas.

Abjuré de mi honor,

traicioné a quienes me creyeron su amigo,

compré conciencias,

abominé del nombre de la patria,

me resigné a la infamia.


799