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Poemas en este tema

Soledad

José Angel Buesa

José Angel Buesa

Rosa Del Otoño

Melancólicamente, en tu faz contraída
reflejando el dolor,
piensas en lo monótona que transcurre tu vida
sin placer, sin amor...

Entristecida miras que duplica el espejo
tu estatuaria triunfal,
porque te ves desnuda, sin que esboce le reflejo
a un amante ideal...

¡Y te encuentras muy sola en tu lecho impoluto,
tu lecho virginal!
Y en tu alma, la pena prende un jirón de luto,
un paño funeral...

En tus noches insomnes, todo tu ser se agita
por el ansia sensual,
y lentamente mira que tu faz se marchita,
pobre rosa otoñal...

En tus desesperadas horas, cuando palpita
y arde tu carne de mujer
soberbia y vehemente, quisieras ser maldita
sacerdotisa del placer,

y, sumisa al instinto pagano en ti despierto,

amar hasta desfallecer...
¡y no hay una caricia para tu desconcierto,

ni un gran abrazo te hace arder!

Pide una mano trémula que la estruje y arranque

la flor de tu virginidad,
y, como un loto abierto en la paz de un estanque,

lloras tu inmensa soledad...

¡Cuántas veces entornas los ojos dulcemente,

y, en azul embriaguez,
sueñas en que te inician en el misterio ardiente

una y otra vez!...

Y tus dedos, que piensas, febril que son ajenos,

una caricia divinal.
Ponen sobre las combas sedeñas de tus senos,

con lentitudes de ritual...

Y contemplan tu ardor vibrante, condenada

a la esterilidad,
y sientes que le besa la boca descarnada

de la fatalidad...

¡Y en vano! El frío lecho donde suspiras sola,

sabe de tu dolor,
y ante un ara quimérica tu juventud se inmola,

igual que una áurea flor...

Pobre rosa estrujada, virgen entristecida:

Fundado en tu pavor
al ver lo estérilmente que se te va la vida,

sin placer, sin amor!...

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José Angel Buesa

José Angel Buesa

Elegía Para Ti Y Para Mí

ELEGÍA PARA TI Y PARA MÍ


Nous, nous rencontrerons par hassard, dans la rue...PAUL GÉRALDY
I


Yo seguiré soñando mientras pasa la vida,

y tú te irás borrando lentamente en mi sueño.


Un año y otro año caerán como hojas secas

de las ramas del árbol milenario del tiempo,


y tu sonrisa, llena de claridad de aurora,

se alejará en la sombra creciente del recuerdo.
II


Yo seguiré soñando mientras pasa la vida,

y quizás, poco a poco, dejaré de hacer versos,


bajo el vulgar agobio de la rutina diaria,

de las desilusiones y los aburrimientos.


Tú, que nunca soñaste más que cosas posibles,

dejarás, poco a poco, de mirarte al espejo.
III


Acaso nos veremos un día, casualmente,

al cruzar una calle, y nos saludaremos.


Yo pensaré quizás: «Qué linda es, todavía».

Tú, quizás pensarás: «Se está poniendo
viejo».


Tú irás sola, o con otro. Yo iré solo, o con otra.

O tú irás con un hijo que debiera ser nuestro.
IV


Y seguirá muriendo la vida, año tras año,

igual que un río oscuro que corre hacia el silencio.


Un amigo, algún día, me dirá que te ha visto,

o una canción de entonces me traerá tu recuerdo.


Y en estas noches tristes de quietud y de estrellas,

pensaré en ti un instante, pero cada vez menos.
V


Y pasará la vida. Yo seguiré soñando,

pero ya no habrá un nombre de mujer en mi sueño.


Yo ya te habré olvidado definitivamente,

y sobre mis rodillas retozarán mis nietos.


Y quizás, para entonces, al cruzar una calle,

nos vimos frente a frente, ya sin reconocernos.
VI


Y una tarde de sol me cubrirán de tierra,

las manos, para siempre, cruzadas sobre el pecho.


Tú, con los ojos tristes y los cabellos blancos,

te pasarás las horas bostezando y tejiendo.


Y cada primavera renacerán las rosas,

aunque ya tú estés vieja, y aunque yo me haya muerto.


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José Angel Buesa

José Angel Buesa