Lista de Poemas

La religión nunca debe olvidarse porque entonces los pecados perderían su gracia.

Antes que anochezca

Oh Luna! Siempre estuviste a mi lado, alumbrándome en los momentos más terribles; desde mi infancia fuiste el misterio que velaste por mi terror, fuiste el consuelo en las noches mas desesperadas, fuiste mi propia madre, bañándome en un calor que ella tal vez nunca supo brindarme; en medio del bosque, en los lugares más tenebrosos, en el mar; allí estabas tu acompañándome; eras mi consuelo, siempre fuiste la que me orientaste en los momentos más difíciles. Mi gran diosa, mi verdadera diosa, que me has protegido de tantas calamidades; hacia ti en medio del mar; hacia ti junto a la costa; hacia ti entre las costas de mi isla desolada. Elevaba la mirada y te miraba; siempre la misma; en tu rostro veía una expresión de dolor, de amargura, de compasión hacia mí; tu hijo. Y ahora, súbitamente, luna, estallas en pedazos delante de mi cama. Ya estoy solo. Es de noche.
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El mundo alucinante

El verano. Los pájaros derretidos en pleno vuelo, caen, como plomo hirviente, sobre las cabezas de los arriesgados transeúntes, matándolos al momento.
El verano. La isla, como un pez de metal alargado, centellea y lanza destellos y vapores ígneos que fulminan.
El verano. El mar ha comenzado a evaporarse, y una nube azulosa y candente cubre toda la ciudad.
El verano. La gente, dando voces estentóreas, corre hasta la laguna central, zambulléndose entre sus aguas caldeadas y empastándose con fango toda la piel, para que no se le desprenda el cuerpo.
El verano. Las mujeres, en el centro de la calle, empiezan a desnudarse, y echan a correr sobre los adoquines que sueltan chispas y espejean.
El verano. Yo, dentro del morro, brinco de un lado a otro. Me asomo entre la reja y miro al puerto hirviendo. Y me pongo a gritar que me lancen de cabeza al mar.
El verano. La fiebre del calor ha puesto de mala sangre a los carceleros que, molestos por mis gritos, entran a mi celda y me muelen a golpes. Pido a Dios que me conceda una prueba de su existencia mandándome la muerte. Pero dudo que me oiga. De estar Dios aquí se hubiera vuelto loco.
El verano. Las paredes de mi celda van cambiando de color, y de rosado pasan a rojo, y de rojo al rojo vino, y de rojo vino a negro brillante... el suelo empieza también a brillar como un espejo, y del techo se desprenden las primeras chispas. Solo dándole brincos me puedo sostener, pero en cuanto vuelvo a apoyar los pies siento que se me achicharran. Doy brincos. Doy brincos. Doy brincos.
El verano. Al fin el calor derrite los barrotes de mi celda, y salgo de este horno al rojo, dejando parte de mi cuerpo chamuscado entre los bordes de la ventana, donde el aceite derretido aun reverbera.
(…)
Pero las revoluciones no se hacen en las cárceles, si bien es cierto que generalmente allí es donde se engendran. Se necesita tanta acumulación de odio, tantos golpes de cimitarra y redobles de bofetadas, para al fin iniciar este interminable y ascendente proceso de derrumbe.
(…)
Las manos son lo mejor que indica el avance del tiempo.
Las manos, que antes de los veinte años empiezan a envejecer.
Las manos, que no se cansan de investigar ni darse por vencidas.
Las manos, que se alzan triunfantes y luego descienden derrotadas.
Las manos, que tocan las transparencias de la tierra.
Que se posan tímidas y breves.
Que no saben y presienten que no saben.
Que indican el límite del sueño.
Que planean la dimensión del futuro.
Estas manos, que conozco y sin embargo me confunden.
Estas manos, que me dijeron una vez: -tienta y escapa-.
Estas manos, que ya vuelven presurosas a la infancia.
Estas manos, que no se cansan de abofetear a las tinieblas.
Estas manos, que solamente han palpado cosas reales.
Estas manos, que ya casi no puedo dominar.
Estas manos, que la vejez ha vuelto de colores.
Estas manos, que marcan los límites del tiempo.
Que se levantan y de nuevo buscan el sitio.
Que señalan y quedan temblorosas.
Que saben que hay música aun entre sus dedos.
Estas manos, que ayudan ahora a sujetarse.
Estas manos, que se alargan y tocan el encuentro.
Estas manos, que me piden, cansadas, que ya muera.
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Identificación y contexto básico

Reynaldo Arenas es un destacado escritor cubano, nacido en Holguín. Es conocido principalmente por su obra poética, aunque también ha incursionado en la narrativa y el ensayo. Su producción literaria se desarrolla en el contexto de la Cuba post-revolucionaria y su exilio, abordando temas cruciales como la identidad, la memoria, la opresión y la búsqueda de libertad. Escribe en español y su obra se inserta en la literatura latinoamericana contemporánea.

Infancia y formación

La infancia de Arenas estuvo marcada por la Cuba rural y los cambios sociales que trajo la Revolución. Su formación literaria, en gran medida autodidacta, se nutre de lecturas diversas y de su propia experiencia vital. La temprana exposición a la literatura y su sensibilidad para captar la realidad influyeron en su desarrollo como escritor.

Trayectoria literaria

La trayectoria literaria de Reynaldo Arenas se inicia en Cuba, donde publica sus primeros trabajos. Tras su salida de la isla, su obra adquiere una proyección internacional. Su poesía y prosa exploran las tensiones entre la realidad cubana, la memoria del pasado y la experiencia del exilio. Ha participado en numerosos eventos literarios y ha sido traducido a varios idiomas.

Obra, estilo y características literarias

Entre sus obras poéticas más destacadas se encuentran "El mundo, ese gran desconocido" y "La luz que me alumbra". Sus poemas suelen abordar la soledad, la incomunicación, la búsqueda de identidad y la reflexión sobre el paso del tiempo. Su estilo se caracteriza por un lenguaje intenso, a menudo metafórico y cargado de simbolismo, con una voz poética que puede ser a la vez íntima y universal. Arenas explora la fragilidad de la condición humana y las complejidades de la existencia.

Contexto cultural e histórico

Arenas vivió y escribió en periodos cruciales de la historia cubana, desde los primeros años de la Revolución hasta la actualidad. Su obra refleja las tensiones políticas y sociales de Cuba y de América Latina, así como la experiencia del exilio. Ha sido crítico con los regímenes autoritarios y ha defendido la libertad de expresión y el pensamiento individual.

Vida personal

La vida personal de Reynaldo Arenas ha estado marcada por su lucha por la libertad de expresión y su experiencia como disidente. Sus relaciones personales y su perspectiva del mundo se han visto influenciadas por estos desafíos. La experiencia del exilio y la distancia de su tierra natal han sido temas recurrentes en su vida y obra.

Reconocimiento y recepción

Reynaldo Arenas ha recibido reconocimiento por su obra literaria, especialmente en círculos académicos y entre lectores interesados en la literatura cubana y latinoamericana. Su poesía y prosa son valoradas por su profundidad y su valor testimonial.

Influencias y legado

Arenas ha sido influenciado por la tradición literaria hispanoamericana y universal. Su legado reside en su contribución a la literatura de exilio y en su capacidad para explorar temas universales desde una perspectiva personal y comprometida. Su obra ha influenciado a otros escritores que abordan la temática de la identidad y la memoria.

Interpretación y análisis crítico

La obra de Arenas ha sido objeto de análisis crítico que destaca su habilidad para interrogar la realidad, la memoria y la identidad. Sus escritos invitan a una reflexión sobre las estructuras de poder y la resistencia del espíritu humano.

Infancia y formación

Aunque su obra es conocida por su intensidad y profundidad, hay aspectos de su vida personal que no son ampliamente divulgados, manteniendo un aura de misterio en torno a su figura.

Muerte y memoria

Reynaldo Arenas se encuentra vivo. Su obra continúa siendo una referencia importante en la literatura cubana y latinoamericana contemporánea.