A otros, no bastándoles con cerrar los ojos, se lo — Leonardo da Vinci

A otros, no bastándoles con cerrar los ojos, se los tapaban con las manos puestas una sobre otra, para no ver el cruel destrozo causado por la ira divina en la humana especie. ¡Cuántos lamentos desesperados partían de entre los peñascos! El ímpetu de los huracanes lanzaba por los aires grandes ramas de encinas cargadas de hombres.
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