Saliéndose un día la hoja de afeitar de su mango, — Leonardo da Vinci
Saliéndose un día la hoja de afeitar de su mango, que le sirve también de estuche, y habiéndose expuesto al sol, lo vio reflejado en su cuerpo, de lo que se envaneció grandemente y volviendo atrás su pensamiento, exclamó:
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